martes, 8 de enero de 2019

DELFÍN ZUBERO BADIOLA Y LOS TÚNELES DE CASAS BAJAS, VALENCIA.



Anécdotas y comentarios, a propósito de la construcción de la carretera de 
Casas Bajas a Santa Cruz de Moya (Cuenca).



El dueño del bar accedió y Godofredo encandiló a los presentes con su música.
Emocionado, exclamó Delfín:
- Si no ocurre ninguna desgracia en la perforación de los túneles,
te compro el mejor acordeón de Valencia.
Y así fue. Le regaló un acordeón que en aquellos tiempos le costó cuatro mil pesetas”
-Del contenido textual-.











Palabras previas, a modo de justificación.
Hace tiempo escribí acerca de las Carreteras y caminos del Rincón de Ademuz (2017),[1] después publiqué Los túneles carreteros del Rincón de Ademuz: Anexo fotográfico (2018).[2] Y en relación con los anteriores, El puente de Santa Cruz de Moya [I y II] (2018)[3] -trabajos todos ellos relativos a las comunicaciones en la comarca.

La entrada de hoy -Delfín Zubero Badiola y los túneles de Casas Bajas (2019)- se halla vinculada con los anteriores, pues pretende acopiar información referente al Jefe de obras que dirigió la construcción de la carretera de Casas Bajas a Santa Cruz de Moya, incluidos los túneles de Casas Bajas.

Resultaría de interés buscar el aspecto humano de la peripecia que supuso la construcción de aquella carretera y sus túneles en los años treinta y cuarenta del pasado siglo; habrá que conformarse, sin embargo, con rastrear al personaje que dirigió los trabajos. La búsqueda comienza en un par de folios mecanografiados que hace años me entregó una vecina de Casas Bajas, la señora Lucía Antón Valentín, hija de Godofredo y de Federica; aquellos textos quedaron relegados en una carpeta que recientemente hallé entre otros papeles. Al releerlos me apercibí de que contenían información de gran valor para el propósito de hoy, pues su publicación contribuirá a completar los textos iniciales, y el conocimiento general sobre el tema.

El propósito de la crónica se centra en la exposición y el comentario del texto de referencia, ampliado con otras noticias relativas al Jefe de obras que dirigió la construcción de la carretera y la perforación de los túneles, señor Delfín Zubero Badiola (1889-1968), fallecido en Jaca (Huesca) el día 11 de marzo de 1968.




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Salida meridional de Casas Bajas (Valencia), por la carretera N-330a -detalle del rulo utilizado en la construcción de la carretera (2018).


El registro de la señora Lucía: un relato testimonial.
El documento que me entregó la señora Lucía Antón Valentín (de Casas Bajas) es un texto en dos folios mecanografiados por una cara, carece de fecha y de firma; no recuerdo que me dijera de dónde procedía, ni quién lo había escrito; tampoco recuerdo que se lo preguntara -literalmente, dice-:
  • Tramo de carretera de Casas Bajas a Santa Cruz de Moya.//Se iniciaron los trabajos en 1930./ Su construcción fue adjudicada, mediante subasta a pliego cerrado, a la empresa constructora SANZ de Madrid. Esta puso al frente de los trabajos a Delfín Zubero, oriundo de Jaca (Huesca), en atención a sus méritos y a la confianza de que gozaba entre los directivos de la empresa./ Delfín, que vivió en Casas Bajas mientras duraron los trabajos, se ganó las simpatías de los del pueblo por su carácter abierto y campechano./ No poseía titulo de ingeniero, pero sí conocimientos amplios de lo que se precisa para construir una carretera. Los había adquirido en sus largos años de trabajo en la empresa. Y lo demostró sobradamente no solo construyendo los trozos de fácil trazado sino también perforando los dos túneles próximos al pueblo. Inició la perforación por ambas bocas y las dos galerías se encontraron en el centro, como estaba previsto./ El llamado túnel de Rayuelo fue el más difícil por su longitud y por la gran dureza y resistencia de la piedra que hubo que arrancar y sacar./ Los años treinta de este siglo fueron un periodo inquieto, marcado por frecuentes cambios e inestabilidad política. A ello hay que añadir las dificultades de tipo económico, que retardaban una y otra vez la entrega del dinero presupuestado. La obra y la estancia de Delfín en Casas Bajas se prolongaron, pues, considerablemente./ Dada su popularidad, se han conservado en el recuerdo algunas anécdotas referidas a este personaje. He aquí una:/ Llovía copiosamente y no se podía salir a trabajar. Delfín se hallaba con sus amigos en el café del tío Colas (Ni)colás jugando a las cartas, cuando se abrió la puerta y apareció, calado hasta los huesos, un ciego cuya figura llamó enseguida su atención./Preguntó Delfín cómo se llamaba y si era del lugar. Los compañeros le dijeron que sí, que era de allí y que se llamaba Godofredo. Entonces dirigiéndose a él le rogó que tocase, si lo permitía el tío Colas, algunas piezas con su acordeón./ El dueño del bar accedió y Godofredo encandiló a los presentes con su música./ Emocionado, exclamó Delfín:/ -Si no ocurre ninguna desgracia en la perforación de los túneles, te compro el mejor acordeón de Valencia./ Y así fue, le regaló un acordeón que en aquellos tiempos le costó cuatro mil pesetas. Pero, según contaba Godofredo después, no se lo pudo comprar en Valencia sino en Zaragoza./ La obra avanzaba muy lentamente y sobrevino la guerra civil./ El túnel del Rayuelo fue acondicionado como refugio contra los bombardeos de la aviación, cuando en él se albergó durante tres días Indalecio Prieto, ministro de la guerra, a la espera de que fuese conquistada por los republicanos la ciudad de Teruel (8 de Enero de 1938)./ Acabada la contienda, se terminó dicho tramo de carretera, trabajando a jornal los hombres de Casas Bajas y algunos forasteros.

El texto, que contiene algunas correcciones y añadidos manuscritos, se ha expuesto a renglón seguido; las barras inclinadas (/) significan punto y aparte; la cursiva, añadido a mano. Desde una óptica historiográfica, el material objeto de estudio constituye un “testimonio o memoria”, escrito en tercera persona por alguien conocedor del asunto. El paso siguiente en la investigación es la lectura crítica del mismo, para situar el suceso en su momento histórico y comentar los hechos.




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Vista general de la plaza Rey Don Jaime de Casas Bajas (Valencia), con la parroquial al fondo (2018).


Glosa al texto: notas y referencias.
A tenor del texto, los trabajos relativos a las obras de la carretera de Casas Bajas dieron comienzo en 1930. Ello significa que el proyecto debió concebirse con anterioridad al advenimiento de la II República -probablemente durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) -una época de gran actividad constructora en lo que a comunicaciones se refiere.

Las obras fueron adjudicadas a una constructora de Madrid, mediante el sistema de “subasta a pliego cerrado”. La empresa adjudicataria (SANZ de Madrid) puso al frente de los trabajos al señor “Delfín Zubero, oriundo de Jaca (Huesca)”. Se refiere al señor Delfín Zubero Badiola (1889-1968) -que a la fecha debía contar unos 38 años. El motivo por el que la constructora madrileña confió los trabajos al señor Delfín fue “en atención a sus méritos y a la confianza de que gozaba entre los directivos de la empresa” -digamos que por su experiencia, buen hacer profesional y formalidad.

Al parecer, el señor Delfín residió en Casas Bajas “mientras duraron los trabajos”. Entendemos que habla en sentido general, esto es, que vivió mucho tiempo en el pueblo, pues los trabajos se prolongaron durante años, aunque con intervalos y sin precisar fechas. Durante su estancia en el pueblo “se ganó las simpatías de los del pueblo por su carácter abierto y campechano”. La afirmación se halla en consonancia con el texto de su necrológica (que exponemos más adelante), allí dice de “su carácter afable y simpático, su cordialidad y caballerosidad, (que) le granjearon en todo momento el afecto y cariño de todos”.[4] El texto no alude a su estado social -si es que ya estaba casado o tenía familia por entonces.

El Jefe de obras carecía de títulos académicos de ingeniería, aunque poseía suficientes conocimientos prácticos para responsabilizarse de la construcción de la carretera. Su experiencia, adquirida “en sus largos años de trabajo en la empresa”, la demostró en la construcción de la carretera, “no solo construyendo los trozos de fácil trazado sino también los dos túneles próximos al pueblo”. Se refiere al primer túnel, conocido como “del Rayuelo”, por hallarse próximo al barranco de este nombre, y al segundo túnel, denominado “de Abajo”, por su posición respecto del primero. Estos túneles carreteros se hallan en la antigua carretera provincial de Valencia a Ademuz (C-234) -posteriormente, CV-35-: actualmente se denomina carreta N-330a. El texto destaca que el maestro de obras “Inició la perforación por ambas bocas y las dos galerías se encontraron en el centro, como estaba previsto”. El hecho debió constituir un acontecimiento asombroso para los trabajadores que participaban en las obras, y para los lugareños en general.


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Detalle del rulo utilizado en la construcción de la carretera N-330a (entonces, C-234, de Valencia a Ademuz), a la salida de Casas Bajas (Valencia), 2018.


Narra que “El llamado túnel de Rayuelo fue el más difícil por su longitud y por la gran dureza y resistencia de la piedra que hubo que arrancar y sacar”. Propiamente, el túnel del Rayuelo (situado inmediatamente por debajo del puente que salva el barranco del Rayuelo) se halla en el punto kilométrico 263 de la carretera N-330a, mide 87 metros de longitud y su trazado hace ángulo recto. El túnel de Abajo se halla en el punto kilométrico 262 de dicha carretera nacional, mide 77 metros de longitud y su trazado es recto. Ambos están en la margen derecha del Turia, labrados en el mismo tipo de roca caliza de la zona -aunque parece que el primero “fue el más difícil”, antes quizá por la longitud y angulación del trazado que por la dureza de la roca.

Alude a la complejidad del momento histórico que fueron los años treinta en España, “un periodo inquieto, marcado por frecuentes cambios e inestabilidad política”, que supusieron “dificultades de tipo económico, que retardaban una y otra vez la entrega del dinero presupuestado” -todo ello para justificar que tanto la duración de las obras como la estancia del Jefe de obras en Casas Bajas se prolongaron en el tiempo.

Deducimos que durante su estancia en Casas Bajas el señor Delfín debió ser un personaje popular, lo que coincide con el mencionado texto de su necrológica, que también le reconoce “carácter afable y simpático”, hasta el punto que “su cordialidad y caballerosidad le granjearon en todo momento el afecto y cariño de todos” los que le conocieron y trataron. Prueba de ello es la anécdota que centra el relato: la historieta dice de un día lluvioso que impidió a los trabajadores salir a trabajar, razón por la que el Jefe de obras y algunos amigos estaban en el bar del tío Colas, jugando a las cartas. Como veremos más adelante, jugar a las cartas fue una gran afición en el señor Delfín. A todo esto entra en el local un ciego “calado hasta los huesos” -se trataba del señor Godofredo Antón Candel (1917-2001)-; su figura llama la atención del Jefe de obras y pregunta a los contertulios quién era ese individuo, y si procedía del lugar. Ello hace pensar que el hecho aconteció al comienzo de la estancia del señor Delfín en Casas Bajas, ya que hubiera sido difícil no conocer siquiera de vista a un personaje como el señor Godofredo. Sin embargo, visto su segmento vital, el señor Godofredo contaba 13 años en 1930. Ello hace pensar que el suceso pudo tener lugar algo más adelante. Le explicaron que Godofredo era un músico ciego, y el maestro de obras le solicitó que tocara. De haber sucedido así los hechos estimamos que el músico llevaría consigo el acordeón, dado que con el permiso del tío Colas se puso a tocar algunas piezas con su instrumento. Apuntado el dato de la edad, la anécdota resulta creíble, pues no sería de extrañar que el joven Godofredo tocara en el bar. De hecho, probablemente iba a tocar para entretener al personal y ganarse algún dinero; no en vano era un día de lluvia y los obreros de la carretera no podían salir a trabajar.


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Detalle del rulo utilizado en la construcción de la carretera N-330a (entonces, C-234 de Valencia a Ademuz), en la salida meridional de Casas Bajas (Valencia), 2018.


Sea como fuere, “Godofredo encandiló a los presentes con su música”, y el Jefe de obras, “emocionado”, prometió comprar al intérprete “el mejor acordeón de Valencia” -esto si no ocurría ninguna desgracia en la perforación de los túneles. Parece que los túneles se labraron sin percances, y el señor Delfín cumplió su promesa de regalar a Godofredo un acordeón valorada en “cuatro mil pesetas” -una cantidad respetable entonces. Finalmente, sin embargo, el instrumento fue comprado en Zaragoza, no en Valencia. De esta forma, a las cualidades del señor Zubero Badiola debemos añadir la generosidad. Tan simpática anécdota se enmarca en el contexto de los años treinta del pasado siglo XX, durante las obras de la carretera de Casas Bajas a Santa Cruz de Moya, y el labrado de los túneles y el trazado del puerto de las Emes.

Refiere el relato que “la obra avanzaba muy lentamente”, por causa de la inestabilidad económica, social y política del periodo histórico. A todo esto, “sobrevino la guerra civil” (1936-1939). A finales de julio de 1936, las fuerzas de la Guardia Civil de Teruel se alinearon con los sublevados, los números del instituto armado destinados en los cuarteles de los pueblos del sur de la provincia se replegaron hacia la capital, momento en que comienza la guerra de columnas (julio y agosto de 1936). Fue así como la comarca del Rincón de Ademuz quedó en zona republicana, en Torrebaja se instaló el Hospital de Sangre y el mando del XIX Cuerpo de Ejército. Entre diciembre de 1937 y enero de 1938 tiene lugar la ofensiva de las fuerzas republicanas para la toma de Teruel. De las tres fuerzas de maniobra que se establecieron para aquella magna operación, la Columna de la Izquierda (Sur) partió del Rincón de Ademuz y pueblos del entorno: la División 34 del XVIII Cuerpo de Ejército de Ademuz, Castielfabib y Torrebaja; la División 64 de Alobras y Tormón, y la División 70 de Libros y Tramacastiel.[5] Con motivo de este hecho histórico, “el túnel del Rayuelo fue acondicionado como refugio contra los bombardeos de la aviación”, constando que en dicho túnel “se albergó durante tres días Indalecio Prieto”, a la sazón Ministro de Defensa Nacional (17 de mayo de 1937-5 de abril de 1938), “a la espera de que fuese conquistada por los republicanos la ciudad de Teruel” -ello hace pensar que la estancia de Prieto en Casas Bajas pudo ser a finales de diciembre de 1937 o principios de enero de 1938. Desconocemos la existencia de material documental o gráfico relativo al hecho, queda no obstante el testimonio de este escrito. De lo que no cabe duda es que la batalla de Teruel fue “una de las humanamente más duras de la Historia Universal”.[6]


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Vista parcial de Casas Bajas (Valencia), con detalle de la entrada meridional por la carretera N-330a (2018).


Los túneles de Casas Bajas se labraron antes de la Guerra Civil, pero el tramo de carretera entre esta localidad y Santa Cruz de Moya se concluyó años después de la contienda, “trabajando a jornal los hombres de Casas Bajas y algunos forasteros”. De esta forma podemos deducir que el beneficio económico que para la localidad trajo la carretera debió ser considerable. El censo municipal de Casas Bajas en los años treinta y cuarenta era de unos 775 habitantes -cuando en el Rincón de Ademuz moraban respectivamente 10.582-10.630 habitantes.[7] La construcción del puente de Santa Cruz de Moya sobre el Turia finalizó a comienzo de los años sesenta, hito histórico que -por primera vez en la historia- permitió comunicar directamente por carretera el Rincón de Ademuz con Valencia.

En suma: el contenido del escrito resulta creíble, tanto en lo que hace a los personajes como a los hechos que se narran, los cuales encajan perfectamente en el tapiz del momento histórico en el que se desarrollan.


Delfín Zubero Badiola, contratista y jefe de obras.
El texto de referencia arriba expuesto dice que la empresa adjudicataria de las obras de la carretera de Casas Bajas a Santa Cruz de Moya, incluidos los túneles de Casas Bajas “puso al frente de los trabajos a Delfín Zubero, oriundo de Jaca (Huesca)”. De este modo, el paso siguiente en la pesquisa era averiguar el segundo apellido del señor Zubero. La primera búsqueda me llevó a una nota del semanario independiente “La Unión” de Jaca (1926), referente a dos subastas en la Dirección general de Obras públicas, relativas al plan general de Obras de Arañones, estación internacional. En la segunda subasta, celebrada ante el notario don Antonio Jiménez, el tipo era de 371.626,5 pesetas, se presentaron cinco pliegos, el último de don Delfín Zubero, con 292.819,10 pesetas. Se aprobó este último, por presentar una baja de 68.817,55 pesetas.[8] En la referencia expuesta figura “don Delfín Zubero”, ponente en una subasta de obras en Arañones, pero sin que podamos vincularle de forma fehaciente con el “Delfín Zubero” de la carretera de Casas Bajas.

Una nueva búsqueda me llevó a un Boletín Oficial del Estado de 1956 -allí encontré a un tal don Delfín Zubero Badiola, vecino de Jaca, provincia de Huesca:
  • En vista del resultado obtenido en la subasta para la construcción de las obras de la C.C.136 entre El Ventorrillo y Biescas, y variantes de la travesía de Biescas en la C.C.136 y 140.-Tramo 2º, provincia de Huesca./ Esta Dirección General ha resulto se adjudique definitivamente al mejor postor, don Delfín Zubero Badiola, vecino de Jaca, provincia de Huesca, con domicilio en Jaca, calle Cervantes, num. 4, que licitó en Madrid, comprometiéndose a terminar las obras once meses después de empezadas, por la cantidad de 679.496,36 pesetas, que produce en el presupuesto de contratar de 751.711,68 pesetas, la baja de 72.215,32 pesetas en beneficio del Estado, previniéndole que en el más breve plazo remita el acta a que se refiere el artículo octavo del pliego de condiciones que rigen en esta contrata./ Lo digo a V.S., para su conocimiento y efectos./ Dios guarde a V.S., muchos años./ Madrid, 31 de marzo de 1956.-El Director general, Pedro de Ansorena./ Sr. Ingeniero Jefe de Obras Públicas de la provincia de Huesca.[9]

La referencia parece clara, estableciéndose ya una vinculación incontrastable entre el señor “Delfín Zubero, oriundo de Jaca (Huesca)” del texto de referencia y “don Delfín Zubero Badiola, vecino de Jaca, provincia de Huesca”. Sin la menor duda, nos hallamos ante el mismo personaje.


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Vista occidental del puente del Rayuelo en la carretera N-330a, situado entre Casas Bajas (Valencia), y el túnel del Rayuelo (2018).


No obstante, una nueva búsqueda me llevó a un relato, en el que un miembro de esta progenie (su nieto favorito) esboza una magnifica semblanza, basándose en sus recuerdos de familia (2005). Del conjunto, extraigo lo referente al señor Delfín Zubero Badiola:
  • Delfín Zubero Badiola, un hombre de los de antes, siempre con traje de chaleco y boina, aunque cuando estaba en Madrid, o en La Coruña o en Cartagena llevaba sombrero, eso se ve en las fotos, pero en mi recuerdo siempre con boina. Recuerdo una foto en que se le ve en el quicio de la puerta liando un cigarro mirando a la cámara./ Comíamos en el comedor de sillas altas estilo castellano, con muebles antiguos y señoriales, él siempre comía cabezas de pescado o de ternasco, sopa, tortilla francesa y algo de lechuga. Yo siempre he desayunado tostadas con aceite y sal, costumbre que él introdujo en la casa, aprendida de sus obreros andaluces, gitanos y extremeños, con los que comía a veces lagarto y culebra. Mis paseos con él en un coche antiguo, de esos que se ponían en marcha con una manivela, son de los recuerdos más gratos de mi niñez. Íbamos a ver a los soldados aprendiendo a marchar, a tirar piedras al río, a explotar dinamita en la cantera, a ver llegar el tren-correo a la estación de Jaca y terminábamos en el Casino Principal, donde las armaduras y tapices me hacían entrar en un mundo de fantasía./ No sabía yo entonces que esa visita estaba relacionada con la partida de naipes que tenía por la noche, que nunca comprometió la economía familiar. Pero su costumbre de las cartas fue tan permanente que el inicio de su muerte ocurrió a la vuelta de una partida, en una noche de lluvia cayo al suelo y se golpeo, quedando en el suelo y enfriándose; la neumonía se complicó, sin salir de la cama desde esa noche murió al mes. En otras épocas famoso por su profesionalidad, fue contratado por las mejores empresas de construcción de antes de la guerra como jefe de obras de la construcción del puerto de La Coruña, donde en una campana de vacío casi pierde una mano, o de la construcción de los polvorines de la base naval de Cartagena. Terminadas las obras volvía a Jaca./ Pili Zubero pasó parte de su niñez en La Coruña y en Madrid siguiendo a sus padres en la construcción física de España./ Muchas carreteras del Alto Aragón fueron obra suya, la de Hecho y Ansó, la de Aragües del Puerto y Jasa. Por cierto en la borda de José de Jasa fue donde se sentó a pagar a los obreros el salario, momento que esperaban unos asaltadores para desvalijarlo. Grande fue su sorpresa cuando del pecho no saco una cartera de dinero, sino una pistola con la que les obligo a meterse en el abrevadero hasta que llego la Guardia Civil. Fue hombre de genio. Muchas casas en Jaca y los valles adyacentes son de su construcción, la casa en Cervantes, 6 y que ahora es casi en su totalidad de los Sarto, pero de la que aun nos pertenece el entresuelo. Y la que yo amo más de sus obras el Instituto de Sabiñánigo donde mis hermanos, mi primo Ricardo Sarto y yo estudiamos. Una obra preciosa y en su momento pionera y ejemplar de lo que debe ser un centro de enseñanza secundaria y polivalente. Los planos eran de un gabinete de Barcelona considerado de lo más granado a nivel mundial, Noseque, Noseque y Mckensey. Nunca fue ninguno de estos arquitectos a visitar las obras, ni siquiera a su inauguración y todas las contrariedades, posibles improvisaciones, y terminado salió de la profesionalidad e imaginación de Delfín y de su hijo mayor (José) Luis Zubero Claver./ He escuchado historias sobre él en el invierno de Aragües del Puerto, en bares de Jaca y en coches particulares, a empresarios, obreros y clientes y siempre han sido historias de respeto y admiración a un hombre emprendedor y valiente. A un hombre de carácter, y por lo que sé por la familia un hombre responsable./ Mi relación con él fue más importante de lo que en un niño pequeño pueda parecer. Fue mi protector, mi mayor cariño y mi cómplice ante las primeras complicaciones con la escuela, la autoridad y las vecinas de mi edad, que me gustaban mucho y no sabia como estar con ellas. Sentí la pena de que por una rabieta ante mis padres, deje su casa y murió sin que nos hubiéramos reconciliado; siempre me pesó y por confesión de mi abuela Elisa para él fue un gran disgusto; perdió su ultima ilusión. Estar con su nieto favorito.[10]


El texto resulta de interés para nuestro propósito, escrito en un estilo poco convencional. Aporta datos personales y familiares acerca del señor Delfín Zubero Badiola. 


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Detalle de la boca meridional del túnel de Abajo en la carretera N-330a -constituye la entrada en el Rincón de Ademuz desde Valencia por la antigua carretera C-234 de Valencia a Ademuz (2018).


La última pesquisa me dio como resultado la esquela y necrológica de este singular personaje, aparecida en "El Pirineo Aragonés", el 12 de marzo de 1968:
  • Falleció el día 11 de marzo don Delfín Zubero Badiola, a los 79 años de edad. Persona de gran prestigio en la ciudad de familia jacetanísima, siendo en su vida profesional excelente Contratista de Obras, no solamente en Jaca donde tiene muchas obras realizadas, sino que también en la provincia de Huesca y Aragón./ Se carácter afable y simpático, su cordialidad y caballerosidad, le granjearon en todo momento el afecto y cariño de todos por lo que su óbito ha sido muy sentido en todos los medios sociales de la ciudad. Los actos del sepelio y entierro del finado se vieron concurridísimos, trasladándose muchos vehículos hasta el cementerio en amplio acompañamiento./ A su resignada esposa doña Elisa Claver Abadía; hijos don José Luis, un buen amigo nuestro, doña Elisa y doña M.ª Pilar, como a sus hijos políticos doña M.ª Victoria Cavero, don Fernando Sarto y don Sabino Zabala, todos excelentes amigos nuestros, les hacemos partícipes de nuestro muy sentido pésame.[11]

Por el obituario sabemos que el señor Delfín Zubero Badiola falleció en Jaca el 12 de marzo de 1968, a los 79 años de su edad. Dejó viuda (doña Elisa Claver Abadía) y tres hijos casados: José Luis, Elisa y M.ª Pilar Zubero Claver.



Esquela publicada con motivo del fallecimiento del señor Delfín Zubero Badiola (1889-1968), aparecida en "El Pirineo Aragonés", semanario de Jaca (Huesca), el 12 de marzo de 1968.



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Detalle de pilón kilométrico en la carretera N-330a, situado a la salida del túnel del Rayuelo en Casas Bajas (Valencia), 2018.



Palabras finales, a modo de epílogo.
El relato de referencia, aportado por la señora Lucía Antón Valentín, de Casas Bajas, nos ha permitido conocer algo más acerca de la construcción de la carretera de Casas Bajas (Valencia) a Santa Cruz de Moya (Cuenca), incluidos los túneles del Rayuelo y de Abajo.

La anécdota del músico ciego -Godofredo Antón Candel (1917-2001)- en el bar del Tío Colás y su relación con el señor Delfín Zubero Badiola (1889-1968), dice muchos de ambos personajes: del genio musical del ciego y de la sociabilidad del Jefe de Obras de la carretera. Ambos fueron geniales, cada cual a su manera, uno como artista invidente que se ganó la vida tocando el acordeón por pueblos y aldeas del Rincón de Ademuz, otro como contratista y Jefe de obras, que participó “en la construcción física de España”.

La obra civil de Delfín Zubero se extiende por media España: el puerto de La Coruña, polvorines en la base naval de Cartagena, carreteras en Aragón (la de Hecho y Ansó, la de Aragües del Puerto y Jasa), muchas casas en Jaca (incluida la suya de la calle Cervantes, nº 4) y valles adyacentes, el Instituto de Sabiñánigo… y la carretera de Casas Bajas a Santa Cruz de Moya, muros, puentes y túneles incluidos.


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Detalle de pilón kilométrico en la carretera N-330a situado a la salida del túnel del Rayuelo en Casas Bajas (Valencia), 2018.

La carretera N-330a de Casas Bajas a Santa Cruz de Moya continua hoy en pleno uso: el puente del Rayuelo es de gran belleza formal, los túneles del Rayuelo y de Abajo fueron labrados a base de barrenos, las muescas de los taladros todavía son visibles. El trazado por las laderas del Puerto de las Emes constituye un alarde de ingeniería -los obreros trabajaron atados con cuerdas, para prevenir las caídas. La importancia de esta vía fue de gran trascendencia en su momento. Sirva este relato a modo de homenaje a todos los que hicieron posible aquella obra, y al Jefe de obras que la dirigió. Su nombre permanecerá unido a Casas Bajas, a la carretera y a sus túneles. Vale.





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[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Carreteras y caminos del Rincón de Ademuz. Situación actual, a propósito de las reivindicaciones sobre la N-330 de Torrebaja a Teruel, en Desde el Rincón de Ademuz, del lunes 18 de diciembre de 2017.
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Los túneles carreteros del Rincón de Ademuz: Anexo fotográfico, en Desde el Rincón de Ademuz, del lunes 9 de julio de 2018.
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El puente de Santa Cruz de Moya. Recensión para una historia del puente (I y II), en Desde el Rincón de Ademuz, del miércoles 11 de julio de 2018.
[4] Necrológica de Delfín Zubero Badiola, en El Pirineo Aragonés, semanario de Jaca, Año LXXXVI, Núm. 4.400, del 12 de marzo de 1968.
[5] MARTÍNEZ BANDE, José Manuel (1990). La batalla de Teruel. Monografías de la Guerra de España. Número 10, Editorial San Martín, S.L., Madrid, p. 51.
[6] Ibídem, p. 236.
[7] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El Rincón de Ademuz agoniza, en Desde el Rincón de Ademuz, del martes 15 de diciembre de 2015.
[8] La Unión, semanario independiente de Jaca, Año XIX, Núm. 959 de 2 de abril de 1925, p. 3.
[9] Boletín Oficial del Estado (BOE), Núm. 110, 19 de abril de 1956, p. 2566.
[10] KARNUZ, A Cristina, del lunes 5 de septiembre de 2005.
[11] Necrológica, en El Pirineo Aragonés, Año LXXXVI, Núm. 4.400, Jaca 12 de marzo de 1968.



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