sábado, 9 de abril de 2016

DESDE EL MIRADOR DE LA REPLACETA DE TORREBAJA (VALENCIA).


Reflexiones y soliloquios acerca de la gente, el paisaje y la vida del campo
en el Rincón de Ademuz.





“El presente es la viviente suma total del pasado”
-Thomas Carlyle (1795-1881),
historiador, ensayista y crítico social escocés-.







Consideraciones previas.

Propiamente, en todo artículo de opinión cabe la reflexión y el soliloquio... Si nos atenemos al concepto, “reflexión” es todo acto mental en el que se considera algo, con el propósito de estudiarlo o comprenderlo; mientras que “soliloquio” es una conversación interior que uno mantiene consigo mismo; esto y no otra cosa es esta entrada, un monólogo escrito relativo a distintas cuestiones de mi interés, y quizá del común, a la vez que una forma de ocupar un tiempo, a falta de cosa mejor que hacer.

Desde la barbacana de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), puede contemplarse un panorama espléndido, con la vega del Turia a nuestros pies y los montes de La Dehesa de los Terreros enfrente.[1] Me gusta este paisaje, porque es sencillo y natural, en la medida en que puede serlo un panorama tan modificado por la mano del hombre, y porque es mío, en tanto constituye uno de los panoramas de mi infancia y de la vida rural.


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Vista general de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), un balcón sobre la vega del Turia, con detalle de la fuente (2016).

La Replaceta es una placita cementada sita al levante del pueblo, abierta a la vega del Turia, que por esta parte denominamos El Rento, por donde discurre el río de norte a sur. El nombre de la partida proviene, seguramente, de que fue la primera que se cultivó, la que laboraban los primeros renteros. En el pueblo, a la plazuela se la conoce con esta sencilla denominación, La Replaceta, pero su nombre oficial es Plaza Rey don Jaime [I el Conquistador], así figuraba en la placa antigua que la nombraba. Al poniente queda limitada por la fachada oriental, lado del evangelio de la iglesia parroquial, que se halla bajo la advocación de Santa Marina Virgen -copatrona del pueblo junto con san Roque-. Entre la fachada y la placeta pasa la calle Fuente –antigua Pedro Arnalte, un señor gobernador civil de Teruel natural de Torrebaja-, que comunica la plaza del Ayuntamiento con la parte sur occidental de la población, donde se halla el complejo escolar y el merendero La Ribera, con el "Pabellón Cavanilles" y el polideportivo municipal. Valga un inciso para decir que la denominación del pabellón Antonio Josep Cavanilles fue un acierto -no cabía mejor nombre-: Pues por aquí pasó el célebre botánico valenciano en los primeros días de septiembre de 1792 -procedía de Castielfabib y se dirigía de nuevo a Vallanca, de donde había partido por la mañana, vía Ademuz-. El naturalista debió vadear el Ebrón justo en este punto, frente al lugar donde se ha levantado el pabellón, edificio de estética poco agraciada, quiero decir inapropiada al lugar y de escaso mérito artístico –a mi parecer-. En cualquier caso, como puede verse en El Rincón de Ademuz visto por el botánico Cavanilles, el sabio abate valenciano nos ofrece una apreciación certera de la comarca, aguda y llena de matices. [2]


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Vista parcial de la parroquial "Santa Marina Virgen" en Torrebaja (Valencia), con detalle del campanario (2016).
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Vista parcial (oriental) de la vega del Turia, partida de El Rento, desde la barbacana de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), 2016.

Decía que la placeta está cementada, aunque en sus primeros momentos debió ser de tierra batida. El cementado de las calles y plazas en los pueblos del Rincón de Ademuz es penoso, herencia de los primeros sesenta, cuando se labraron los primeros alcantarillados, tras la traída de las aguas potables a las poblaciones. Anteriormente las calles y plazas eran de tierra, aunque no todas, pues consta la existencia de que las había empedradas en Ademuz, Castiel, Vallanca, Sesga... El cementado de las calles resulta altamente perjudicial para la propia calle y para las casas adyacentes: al no dejar transpirar el agua de lluvia que se filtra, esta aparece en las viviendas, en forma de desconches y humedades. Sería mucho mejor empedrar las calles y plazas con adoquines, dejando en las vías una ligera hondonada en el centro para la escorrentía del agua. Además de prácticos, los adoquines, aún siendo de cemento, son más bellos, y prácticos: caso de averías en las tuberías del agua potable o en las acometidas, hay que romper el cemento, de ahí que la mayoria de las calles aparzcan plagadas de remiendos; mientras que si se utilizaran adoquines sólo cabría levantarlos, arrglar el desperfecto y volverlos a colocar. En cualquier caso, soy un enamorado de la piedra, tengo debilidad por este noble material con el que se han levantado algunos hermosos muros en Torrebaja en los últimos años: Ojalá se utilice más la piedra en el futuro..., aprovechando la cantera de Vallanca.

En septiembre de 1964, Francisco Candel (1925-2007) y sus amigos catalanes (Javier Fábregas y Antonio Orihuela) pasaron por Torrebaja, procedentes de Ademuz, vía Las Vueltas: Llegamos a una plaza. Está cortada como a pico por un lado y en él hay una barandilla de hierro. Debajo se ve otra calle, arboleda y huertos, y de lejos, el río -anota el escritor casasaltense.[3] Como puede verse, está diciendo del lugar: los caminantes entraron por el camino del río, cruzaron el Ebrón y ascendieron por la avenida de la Diputación y calle Fuente, hasta La Replaceta.


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Vista de la fuente de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), con detalle de las acacias que la circundan, y la barbacana detrás (2016).


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Vista de la fuente de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), con detalle de las acacias que la circundan, y la barbacana detrás (2016).

En este mismo lugar de La Replaceta se armó una gran hoguera en los primeros días de agosto de 1936, aquí ardieron las imágenes, elementos mueble, cuadros y ornamentos sagrados de la iglesia parroquial, incluido un antiguo y deteriorado retablo que había del siglo XVII, seguramente donado por los Ruiz de Castellblanque, patronos del templo. Tras la quema se formó un pequeña procesión, con un mozo disfrazado de cura -los corporales en alto y la muchachada detrás-, subiendo por la calle del Rosario... En nuestro sufrido país las hogueras han sido desde antiguo un símbolo de purificación, donde quemar los fantasmas reales o ficticios que de tiempo en tiempo atormentaban a la sociedad, bien sean personas, imágenes sagradas o libros. Ingenuamente, algunos se preguntarán: ¿Quiénes prendieron fuego a las cosas de la Iglesia, sin duda gente mala o inconsciente? No, nada de inconsciente, y no sé si buena o mala, pero sabían lo que hacían. Sabemos que vino un grupo de gente armada con esa consigna, y la gente del pueblo, cierta gente del pueblo, con mejor o peor voluntad les ayudó. Esto fue lo que ocurrió en todas o casi todas las iglesias y ermitas de la zona. En algunos lugares aprovecharon la fogata para quemar los libros del registro civil y parroquial. Sin duda, toda una hazaña por parte de aquellos héroes de la revolución. El anticlericalismo estaba en el ambiente, y la Iglesia y los curas, considerados "enemigos de la libertad", formaban parte de los elementos a batir, cual si ciertamente fueran la causa de todos los males de España... En todo caso, la destrucción del patrimonio artístico y documental fue considerable.

Al fondo de la plaza hay una fuente de dudoso gusto con forma de obelisco truncado, coronada por una luminaria de tres faroles, enmarcada a su vez por un par de acacias de bola, y por detrás una barbacana, murete de obra en forma de escalón con una baranda de hierro en la parte alta. La barandilla es muy útil, porque protege de eventuales caídas, pero en mi infancia se hallaba expedita y no hay constancia histórica de que nadie se cayera nunca por ella al Cantón, vía que la bordea por abajo. El Cantón es una antigua calle, que formaba parte del camino viejo de Ademuz a Teruel por esta parte, es decir, del Camino Real o Nacional de Castilla y Valencia a Aragón.[4]

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Vista parcial (oriental) de la vega del Turia, partida de El Rento, desde la barbacana de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), con los Puntales del Mediero a fondo (2016).
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Vista parcial (septentrional) de la vega del Turia, partida de El Rento, desde la barbacana de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), con detalle del puente de la variante de la CN-330 al fondo (2016).

Los campos, la vega y el paisaje: un regalo para los sentidos.

El panorama que se divisa desde La Replaceta es un regalo para los sentidos, aunque hay que saber mirarlo, olerlo, pasearlo... Decía que apoyados en la baranda de la barbacana se divisa un espectáculo espléndido, al menos a mí me lo parece. Se trata de un balcón sobre la vega, como tantos otros de la comarca, pues similares al de Torrebaja los hay en Ademuz, Castielfabib…, y Vallanca. ¡Si algo tenemos en abundancia es paisajes! Por las mañanas se respira en el lugar un aroma húmedo, con sabor a tierra mojada; por las tardes, el aroma es dulce y tibio. Enfrente se alzan en graderío los montes verdioscuros de La Dehesa de los Terreros, una franja de monte reforestada de pinos en el medio y tardofranquismo, años cincuenta y sesenta del pasado siglo: Agustín Chicharro Navarro, guardia civil retirado hizo de aguador en las cuadrillas que llevaron a cabo aquellos trabajos.[5] En mi infancia, a la salida de la escuela por las tardes, bocadillo en mano recuerdo haber ido a ver los bueyes que labraban la zona, previa a la reforestación. Eran unos animales enormes, de pelajes oscuros, fuertes y dóciles que uncidos surcaban las laderas con parsimonia, lentamente... Hasta ese momento hubo en el monte una gran pobreza arbórea, ni aliagas había, en cuanto crecían un palmo se las llevaban los ademuceros para los hornos de yeso de Los Aljezares,[6] o para los hornos de pan cocer en el villa. La parte de monte con tierra rojiza corresponde a las arcillas miocénicas, por encima de estas, quiero decir a más altura en la vertiente, las tierras arcillosas viran al gris y pardo, correspondientes a tierras calizas, blanquecinas, del jurásico -alternando con glacis pliocuaternarios-, que se elevan hasta los Puntales del Mediero, en las estribaciones del Cerrellar.[7]

Toda esta parte frontera que limita el horizonte por levante se halla en la margen izquierda del Turia, en lo que conocemos como el Otro Lado, término ya de Ademuz. Porque la de Torrebaja es una demarcación escueta, pequeñita, de las más diminutas de la Comunidad Valencia y puede que de España. Ya que el municipio de Torrebaja se instauró en lo que fuera el mayorazgo de los Ruiz de Castellblanque, una finca particular de apenas cuatro kilómetros cuadrados, que permaneció como tal desde su constitución a finales del siglo XVI hasta los años veinte del siglo XIX, cuando desaparecieron los señoríos y mayorazgos en el Trienio Liberal (1820-23).


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Vista parcial (septentrional) de la vega del Turia, partida de El Rento, desde la barbacana de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), con detalle de la bajada de la calle Fuentecillas (izquierda) y las Casas de la Venta, al fondo (2016).
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Vista parcial (oriental) de la vega del Turia, partida de El Rento, desde la barbacana de La Replaceta en Torrebaja (Valencia), con detalle de una punta de ganado pastando (2016).
La vega del Turia se extiende entre el pueblo y el río, cuyo cauce decía que discurre de norte a sur, procedente de Teruel y con dirección a Santa Cruz de Moya, en Cuenca. Llama la atención en primavera ver la tierra rojiza recién labrada, la cuadrícula de las fincas limitadas por el verde tierno de los ribazos, los chopos de las riberas con sus yemas y gatillos a punto de estallar. La floración del almendro tuvo lugar semanas atrás, desde Navidad y principios de enero hubo almendrales en flor en la zona. Ahora es el momento en que florecen los perales, y pronto florecerán los ciruelos y cerezos, después vendrán los manzanos, los últimos en aflorar serán los esperiegos. Da gusto ver los campos con la tierra removida, algunos ya tienen en sus entrañas la sembradura que verdeará los campos este verano. Desde La Canal y El Cau hasta Los Tamarices, pasando por Los Piujares y El Rento..., la vega es una planicie de cultivos con grandes fincas resultado de la Concentración Parcelaria de los años noventa. Amplios caminos, acequias de cemento, drenajes para la evacuación del agua... Llevar a cabo la Concentración Parcelaria constó mucho esfuerzo por parte del Ayuntamiento, y de la Administración Autonómica, que fue quien la financió; porque hubo una gran oposición a cargo de un ruidoso grupo de propietarios. Todavía hay quien la critica, y puede que tengan razón en algunos aspectos, porque nada es perfecto; pero resulta indiscutible que aquellos trabajos de agrupación de la propiedad y el denominado “corte del río”, me refiero al encauzamiento del Ebrón en su tramo final –desde El frontón del Polideportivo hasta Las Ajuntas, donde el río de Castiel vierte sus aguas al Turia-, fue un acierto completo. Lo único reprochable de la Concentración es que tardó veinticinco años en hacerse, un cuarto de siglo en el que el proceso de emigración vació estos pueblos de gente y la crisis de la agricultura se exacerbó. De haberse hecho en su momento, el panorama agrícola de Torrebaja y de la comarca tendría otro aspecto, ya que el proceso concentratorio hubiera influido positivamente en los demás municipios.

Hay un hecho constado, la agricultura se abandonó, por la propia crisis agraria, el minifundio y la emigración, y por otras razones..., entre ellas el desprecio hacia en mundo rural por parte de la gente joven. Y puede que no sin razón, ya que habían visto a sus padres y abuelos sufrir las consecuencias de las malas cosechas, el efecto de los frecuentes pedriscos veraniegos, las riadas periódicas con las temibles inundaciones, la bajada de los precios en las frutas y hortalizas, el incremento de los productos (abonos, pesticidas...) y de la maquinaria agrícola. La pobre economía del mundo rural de antaño, me refiero de los años cincuenta y sesenta para atrás, no supo o no pudo adaptarse al sistema de producción que demandaban los mercados del momento. Se hallaba descapitalizada y no pudo reconvertirse, dado que era una agricultura familiar de supervivencia. Con los sistemas de producción antiguos resulta evidente que no podían prosperar. Las cooperativas y el asociacionismo en general no entraban tampoco dentro de la mentalidad del agricultor rinconademucense de entonces. Incluso hoy día resulta difícil encauzarle en este sentido de la producción y la comercialización...

En De civitate Dei contra paganos, (La ciudad de Dios contra los paganos), Agustín de Hipona (354-430) establece una jerarquía en la actividad humana: en la parte superior sitúa el trabajo intelectual, seguido de la agricultura -pues relaciona el mundo agrario con la obra de Dios-, después la artesanía y el comercio... Dicho de otra manera, el santo de Hipona dispone el trabajo del campo en la parte alta del escalafón laboral, sólo por debajo del intelectual. Lo cual resulta altamente significativo, y no sólo para el mundo de su tiempo, cuando la mayor parte de la población se dedicaba a la agricultura, también para el nuestro. Ya que la base de la economía rural ha sido en la zona –tradicionalmente- la agricultura y la ganadería. A tenor de lo que sucede en la sociedad posmoderna, aquella clasificación agustiniana cabría ponerla hoy en entredicho, y en su punto más alto tal vez habría que colocar la tecnología y las habilidades para la especulación económica y financiera, ya que el trabajo intelectual parece haberse silenciando, degradado. Al menos no se oyen voces como las de Ortega y Gasset, Unamuno, Julián Marías, Pérez de Ayala y otros dilucidando acerca de cuestiones sociales, de política, moral, economía... –su lugar parece que lo han ocupado opinadores y tertulianos de variado pelaje-. Pero ya digo, todavía hay algún necio que critica la Concentración, cuando desde el punto de vista urbanístico y estructural es una de las grandes cosas que se han hecho en Torrebaja en las últimas décadas, junto con la anexión del barrio de Los Pajares a nuestro término y el Parque Artesanal de Los Llanos. ¡Cuántos pueblos de dentro y fuera de la comarca la quisieran para sus campos...! Pero parte de la condición humana es así, criticona, ruin, disconforme...

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Vista parcial (oriental) de la vega del Turia, partida de El Rento en Torrebaja (Valencia), con talle de un peral en flor y los Puntales del Mediero al fondo (2016).
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Vista parcial (oriental) de Torrebaja (Valencia), desde El Rento, con detalle de La Replaceta y el campanario de la parroquial al fondo (2016).

Mi padre, fallecido hace muchos años, fue agricultor toda su vida, y por nada del mundo quiso que sus hijos se dedicaran a la agricultura: Más vale una mala carrera que una buena hacienda –le oí decir con frecuencia de niño-. En su carné de identidad, que todavía conservo, en el apartado Profesión pone “Labrador”. Siendo yo estudiante, cuando venía al pueblo a ver a mis padres, lo primero era ir casa. Saludada a mi madre y si mi padre no estaba, ella me indicaba dónde se hallaba. Porque cuando se marchaba al campo él siempre le decía adonde iba. En cierta ocasión estaba en La Recaba, una partida de huerta por debajo del Molinillo. Tantos deseos tenía yo de verle que me encaminé hacia allí. Le vi de lejos, estaba recogiendo alfalfa en grandes brazadas. Seguí caminando despacio entre los manzanos, hasta un punto en que me detuve, para verle mientras trabajaba: Todavía me parece estar viéndole, encovado sobre las gavillas de forraje. Se llevó una gran sorpresa y tuvo gran alegría al verme, pues no me esperaba. Nos abrazamos y besamos como siempre, y nos sentamos en el ribazo a fumar un cigarrillo, para charlar. Después continuó el trabajo, intenté ayudarle, pero me llené las manos de pinchas y tuve que dejarlo. Mi padre tenía las manos grandes, huesudas y fuertes, con callos, endurecidas por la labor del campo. Desde entonces entiendo que el trabajo del campesino es un trabajo admirable y sufrido, perfectamente serio. Sobre esta cuestión, pues, nada de bromas... Además de sentirme orgulloso de mis orígenes, y tal vez por eso, tengo una gran admiración por personajes que alcanzaron una posición de relieve en la ciencia, la literatura o el arte partiendo de los escalones inferiores, tal Thomas Carlyle (1795-1881), historiador, crítico social y ensayista escocés, cuyo padre fue albañil, o Charles-Louis Philippe (1874-1909), poeta y novelista francés, cuyo padre era aparador de zuecos; sin embargo, siento menos admiración por Manuel Azaña (1880-1940), político jacobino y escritor español, cuyo padre fue notario, como el del genial pintor y escultor español Salvador Dalí (1904-1989), artista excéntrico que tampoco me enamora. Los que parten de una mejor situación social poseen ventaja en la lucha de la vida..., por eso cabe exigirles más.


Para paliar la crisis agraria, y de la economía local en general, se propuso un gran proyecto en Torrebaja, conocido entre los lugareños como “el campo de golf”. No tengo la menor duda que la propuesta fue hecha con la mejor intención. Quero decir que fue traída sin malicia ni designios espurios, ¡faltaría más!, eso es lo que quiero creer. Asomado a la barbacana de La Replaceta, de haberse llevado a cabo aquel faraónico proyecto, imagino que ahora vería la vega y campos parcelada en suaves áreas con verde césped, bosquecillos de álamos y sotos con variedad de árboles de adorno, cochecitos eléctricos -cubiertos o descubiertos- llevando personas de un lado a otro, caddies portando la bolsa de palos de algún jugador, aconsejándole sobre el palo a utilizar, bolas homologadas por la Royal & Ancient, esto es, pelotitas de golf volando por el aire, y gente variada en el driving range, que es el lugar destinado a lazar bolas de golf para practicar el swing o ejercitar la puntería... Hubo quien me propuso afiliarme a un club de golf que se pensaba formar aquí. ¡Solo me faltaba eso, apuntarme a un club de golf! Hubiera tenido que comprarme un traje adecuado y calzado al uso, una bolsa con palos y aprender toda la terminología del deporte..., en inglés, claro. El macroproyecto de marras incluía un picadero (de jinetes y caballos, claro), un observatorio astronómico, viviendas de lujo, casitas adosadas, hoteles, una residencia de ancianos... Todo eso hubiera podido estar muy bien, siempre que no hubiera sido a costa de vender el pueblo, porque la empresa ésta del proyecto de “campo de golf” pretendía comprar la mayor parte del término. De esta forma, Torrebaja hubiera pasado a ser una propiedad privada, como en la época señorial, retrocediendo doscientos años en la historia. Con el agravante de ser su amo una empresa multinacional ubicada en algún lugar impreciso del planeta. Ello hubiera podido tener consecuencias muy graves, nefastas, hasta el punto de condicionar negativa e irreversiblemente el futuro del pueblo.  Pero había vecinos y propietarios a los que esto no importaba..., lo cual es comprensible, porque hay quien sólo se preocupa de sí mismo, y de su bolsa. De ninguna manera quiero pensar mal para acertar; puede que los promotores y partidarios de aquel proyecto no se enteraran realmente de lo que significaba, ni de sus repercusiones a largo plazo. Por otra parte, si te ofrecen dos o tres veces más dinero por cuartilla de lo que realmente vale la tierra, ¿cómo vas a rechazarlo? Digo que es entendible, aunque no justificable. Porque en la mayoría de los casos los herederos de las tierras, hijos y nietos de los propietarios, no se interesaban por ellas, y antes que se las llevara el diablo o verlas arruinadas, mejor venderlas –pensaban muchos-.

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Vista parcial (oriental) de Torrebaja (Valencia), desde El Rento, con detalle de La Replaceta y el campanario de la parroquial al fondo (2016).


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Vista parcial (oriental) de Torrebaja (Valencia), desde El Rento, con detalle del campanario de la parroquial en el centro (2016).

Debo reconocer, sin embargo, que soy un tanto montaraz, pues uno de los lugares donde mejor me encuentro es en el monte -el ágora de la naturaleza-: porque me gustan los espacios abiertos, y la gente me aturde. Pero reconozco que cada día que pasa soy más rural y pueblerino, y tengo la impresión de que acabaré llevando boina. Ello no tiene nada de inaudito, ni es óbice para que sepa que hay torres más altas que el campanario de mi pueblo; ya que, contrariamente a lo que se dice, las personas, conforme nos hacemos mayores, cada vez necesitamos menos espacio vital. Al final acabamos recluyéndonos -nos recluyen, en el mejor de los casos- en una habitación, a una cama o una silla de ruedas. A una vecina a la que yo preguntaba por su padre, me decía: Bien, está bien…, pero ya no sale... –si alguien piensa que exagero, que espere, es cuestión de tiempo-. No, yo no soy persona a la que afecte el tedium vitae, siempre estoy ocupado con algo, y cuando siento morriña, me voy al monte, al campo... El aburrimiento vital es algo que afecta a algunas personas, de la misma forma que las hay propensas a las úlceras de estómago, a las herpes cutáneas o la depresión mental. A propósito del campo, estoy convencido de que plantar chopos no es el mejor destino de la huerta y vega de Torrebaja –es más, estimo que su cultivo debiera estar restringido-; aunque prefiero los chopos, el maíz, la alfalfa..., antes que ver la huerta convertida en un sofisticado campo de golf vallado, cuanto más si ello supone la venta del término. Lo ideal para nuestra huerta, para la huerta del Rincón de Ademuz en general, desde Libros a Casasbajas, sería verla plantada de frutales y hortalizas, incluyo plantas aromáticas o medicinales, cultivos que requieren mucha mano de obra y generan o podrían generar numerosos puestos de trabajo. Pero ésta es sólo una opinión, la mía...


El puente de la variante sobre la vega del Turia.

Desde el mirador de La Replaceta, la vega del Turia se ve cruzada por un enorme puente…, del mismo estilo que el que salva la rambla del Val y la zona de Los Arenales en Ademuz, aunque éstos sean más elevados. Recuerdo las máquinas que perforaban los agujeros donde se asientan los pivotes, las docenas de metros cúbicos de cemento que echaron en cada agujero, las excavadoras de ruedas de oruga que abrieron la caja de la carretera y los dumper llevándose la tierra arcillosa de los desmontes a toneladas. Construido en la segunda mitad de los noventa, el viaducto corresponde a la variante de la carretera nacional (CN-330) de Manzaneruela-Landete (Cuenca) a Torrebaja (Valencia), y franquea el Turia a la altura del puente de La Palanca. La variante de esta carretera, que viene de Alicante y Murcia, pasa por el Rincón de Ademuz y se dirige a Francia por Zaragoza, se une aquí con la carretera nacional (CN-420), que viene de Córdoba vía Tarancón y Cuenca con dirección a Tarragona por Teruel. Ambas vías, a la altura del Jardín de Tomás el Rito –por debajo del Parque Artesanal, popularmente conocido como "Polígono Industrial"-, se unen, formando una hasta Teruel: el antiguo trazado de este tramo data de la época de Primo de Rivera, formando un cuello de botella hasta la capital turolense. No vamos a insistir en la necesidad de construir la autovía de Cuenca a Teruel, mas debería hacerlo; aunque sería insistir en la variante trágica de una causa perdida. Perdida, al menos, para una generación...


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Vista parcial (septentrional) de la vega de Torrebaja (Valencia), partida de El Reguero, con detalle del puente de la variante de la CN-330 al fondo (2016).


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Vista parcial (septentrional) de la vega de Torrebaja (Valencia), partida de El Reguero, con detalle del puente de la variante de la CN-330 al fondo (2016).

En una reciente entrevista que le hice al alcalde de Ademuz –me refiero a don Ángel Andrés González- me comentaba que, al respecto de la carretera de Torrebaja a Teruel, los alcaldes del Rincón de Ademuz, próximamente tenían una reunión con el de Villel (Teruel):
  • Para la gente del Rincón de Ademuz, ya sería bueno que se mejorara la actual carretera… Quiero decir que, quitando algunas curvas y mejorando tramos malos en el actual trazado, esto ya sería mejor que tener que subir por encima de Castiel para coger la autovía de Cuenca a Teruel, caso de que la hicieran... Claro, dada la actual situación económica, si sacáramos la mejora de la carretera actual, que comunica los pueblos de Cuenca, el Rincón y Teruel, ya podríamos darnos por satisfechos.[8]

Uno de los problemas de nuestro tiempo es que lo queremos todo e inmediatamente, actitud típicamente inmadura, infantil… Mas se nos ha dicho que los españoles somos todos iguales, un derecho que consagra nuestra Carta Magna, con independencia del lugar donde vivamos; lo que más nos debe igualar no es sólo nuestra situación ante la ley, también el disfrute de buenos servicios y las comunicaciones. Porque resulta evidente que tenemos problemas en las comunicaciones, tan cierto como que se han mejorado mucho, muchísimo si comparamos el estado actual de las vías en la comarca con las que había cincuenta, cien años atrás. Basta ver la mencionada variante de la nueva carretera de Manzaneruela a Torrebaja, la mejora de la carretera de Cuenca a Teruel, en su tramo desde El Hontanar hasta Los Santos, la de Los Santos a Ademuz, vía El Montecillo… Y fuera de las nacionales, los caminos rurales que nos ha dejado la Concentración Parcelaria en Torrebaja, amplios, rectos, estupendos…, lástima de ganados que los estropean. Las borregadas también tienen derecho a pasar, pero quizá debieran hacerlo en menor número de cabezas por punta de ganado. Y fuera de la Concentración, el camino del Otro Lado, que viene de Torrealta por la ladera de la margen izquierda del Turia, y comunica el puente de La Palanca con el de Guerrero, y continúa por las Casas de Guerrero hasta el puente de El Botiar, en Ademuz. O los caminos rurales, éstos sí relacionados con la Concentración y en término de Torrebaja, me refiero a los caminos de las riberas del Ebrón en su tramo nuevo, que llega hasta Las Ajuntas y continúa por la derecha del Turia, hasta el puente de Guerrero y molino del Señor. O el que va del molino de san José hasta la Presa del Ebrón, vía Los Albares y continúa aguas arriba en dirección a Los Santos. O el que comunica Torrebaja con El Montecillo –donde el Punto de Interpretación Geológica-, atravesando el puente de La Presa. El listado de caminos y mejoras en las comunicaciones del municipio, y la comarca, sería largo de enumerar, enorme.


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Vista parcial (oriental) de Torrebaja (Valencia), desde El Rento, con detalle del campanario de la parroquial a la izquierda (2016).

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Vista parcial (oriental) de Torrebaja (Valencia), desde El Rento, con detalle del campanario de la parroquial en el centro (2016).
Desde el mirador de La Replaceta, el puente de la variante interrumpe la vista de la vega hacia el norte... Pero yendo por el camino del río, desde el puente de La Palanca, aguas arriba del Turia, hasta La Canal, las huertas se extienden a nuestra izquierda hasta la linde con la carretera nacional 330-420. A propósito del puente de La Palanca, debo hacer un inciso para decir ¡Estupendo, bravo, chapeau!, porque la reposición de sus barandas ha estado muy acertada. Además de bonitas son prácticas, al estar articuladas... Dicho puente fue constuido siendo alcalde don Justo González Tregón (1999-2000), sustituyendo a otro de traviesas que había. Las barandillas de hierro fueron arrancadas por algún vehículo de gran tamaño que pasó por allí, y así estuvo durante ocho años, quizá más... Hace unas semanas que se han repuesto, con el mismo sistema que tiene el puente de Riodeva, a la altura del Almacén de la Azufrera, en Libros, Teruel. Roguemos para que no venga otro energúmeno y las arranque, como las primeras... En los últimos años se han labrado, roturado, varias fincas que llevaban décadas en barbecho, lo cual constituye motivo de alegría. Arribados a La Canal, tubo metálico que pasa el agua de la acequia de La Masada hasta el Otro Lado, el camino sigue hasta El Cau, partida de huerta de Torrebaja donde se halla el pilón trifinio que deslinda el término de Ademuz (este), Castielfabib (oeste) y Torrebaja (sur). La parte de huerta que queda a la mano derecha, yendo desde La Canal a El Cau, pertenece al término de Ademuz: el camino constituye la linde. Dicha partida no entró en la Concentración Parcelaria de Torrebaja, sin duda un error histórico. No entró por la obstinada, contumáz oposición de los propietarios, y la miopía de los municipios (de Ademuz y Castielfabib), que no entendieron lo que realmente se pretendía: unificar la propiedad, modernizarla y facilitar su cultivo.

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Vista del puente de La Palanca sobre el Turia en Torrebaja (Valencia), con detalle de sus barandas nuevas (2016).
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Vista del puente de La Palanca sobre el Turia en Torrebaja (Valencia), con detalle de sus barandas nuevas (2016).

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Vista parcial del puente de la variante de la CN-330 sobre la vega de Torrebaja (Valencia), partida de El Reguero (2016).

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Vista parcial del puente de la variante de la CN-330 sobre la vega de Torrebaja (Valencia), partida de El Reguero, con detalle de los pivotes que lo soportan (2016).


Palabras finales, a modo de epílogo.

Detenida la mirada en el sencillo, familiar, hermoso paisaje que puede observarse desde La Replaceta de Torrebaja (Valencia), pensaba yo en las veces que he leído en los medios o escuchado de mis convecinos acerca de nuestro aislamiento como comarca, del olvido de este singular territorio que es el valenciano Rincón de Ademuz por parte de las autoridades y entidades autonómicas y del Estado.

Mas no estamos aislados, ni se nos tiene olvidados..., basta ver las mejoras de todo tipo que ha tenido la comarca en los últimos cincuenta años. Valga como muestra que en 2015 llegó a la zona un millón y medio de euros, destinado sólo a la reparación y mejora de los caminos rurales -y riberas-, afectados por las lluvias torrenciales del pasado verano. Visto el resultado de la ayuda recibida, cada cinco años debiéramos tener desastres similares -haciendo cierto el dicho popular-: No hay mal que por bien no venga... Dejemos de hacernos las víctimas, de lloriquear y lamentarnos y pongámonos a discurrir qué hacer para sacar adelante la comarca. Porque es evidente que la zona tiene un potencial inmenso, sin necesidad de vender o hipotecar los pueblos. Aunque está claro que necesitaremos ayuda, un empujón por parte de la Aministración..., eso nadie lo duda.

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Vista parcial  del puente de la variante de la CN-330 sobre la vega de Torrebaja (Valencia), partida de El Reguero, con detalle del "Parque Artesanal" al fondo (2016).

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Vista general (septentrional) de la vega de Torrebaja (Valencia), desde el puente de la variante de la  CN-330, con la aldea de Mas de los Mudos (Castielfabib) y Torrealta (Torrebaja), al fondo (2016).

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Vista general (meridional), de la vega de Torrebaja (Valencia), partida de El Reguero, con el caserío al fondo (2016).

Según las últimas concepciones de la sociología, el medio rural y el urbano ya no son dos categorías contrapuestas, enfrentadas. La "teoría del contraste rural-urbano" que imperó décadas atrás ha evolucionado hacia la "teoría del continuum rural-urbano", que propugna una aproximación entre ambos extremos, y ello merced a la propia evolución de la sociedad, de la economía, la tecnología y las comunicaciones. Otro tanto podría decirse en el aspecto geográfico, donde los sociólgos ven una aproximación-imbricación entre ambos espacios, el rural y el urbano. Porque en el mundo actual el medio rural y el medio urbano son dos realidades cada vez más interdependientes.[9]

De esta forma, es necesario dejar volar la imaginación para buscar soluciones a nuestros problemas, como hacen en otros lugares, revitalizando los pueblos con iniciativas inteligentes que revaloricen el paisaje, la cultura, las tradiciones, el patrimonio..., el mundo rural en general como valor positivo. Porque vivir en el pueblo no es ninguna desgracia, más bien un privilegio. Ya que hay mucha gente joven que harta de la gran urbe desearía regresar a los pueblos, pero les falta un medio de vida. Entiendo también que la vida en el medio rural no sea para todos, dependerá de las circunstancias, de la edad..., de lo que busque cada uno. Vivir aquí tiene algunas ventajas; por el contrario de en la ciudad, puedes salir de casa sin dinero...

Reflexionando sobre el acontecer de los últimos años en Torrebaja, cabe lamentar la desaparición del Agente de Empleo y Desarrollo Local (AEDL), de cuya importancia no fuimos conscientes en su momento. La misión principal de dicho agente era la colaboración en la promoción e implantación de políticas activas de empleo, actividades relacionadas con la creación de actividad empresarial. Más allá de las consideraciones personales que el asunto pudiera suscitar, estimamos que dicho puesto de trabajo, bajo ningún concepto debió desaparecer. Me pregunto si sería posible recuperarlo... Vale.





[1] SÁNCHEZ GARZON, Alfredo. La Dehesa de los Terreros en Ademuz (Valencia), del jueves 22 de octubre de 2015.
[2] ID. El Rincón de Ademuz visto por el botánico Cavanilles, del jueves 15 de marzo de 2012.
[3] CANDEL, Francisco (1977). Viaje al Rincón de Ademuz, Editado por Plaza & Janés, S.A. Editores, Barcelona, pp. 143-144.
[4] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Patrimonio cultural y religioso en Torrebaja: Los casiliciosy Pilones del Camino Real, del domingo 13 de noviembre de 2011.
[5] ID. Agustín Chicharro Navarro, guardia civil retirado, del domingo 10 de febrero de 2013.
[6] ID. Vista guiada a los hornos de yeso de Los Aljezares (Ademuz), del miércoles 19 de octubre de 2011.
[7] ID. Geología, orografía y paisaje del Rincón de Ademuz, del viernes 14 de marzo de 2014.
[8] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don Ángel Andrés González, alcalde de Ademuz (Valencia), del jueves 24 de marzo de 2016.
[9] LARRUBIA VARGAS, Remedios. El espacio rural. Concepto y realidad geográfica, en Bioética. Estudios de Arte, Geografía e Historia 20 (1998) 77-95.