jueves, 14 de diciembre de 2023

CARTAS DESDE MI RINCÓN (II).


A un amigo de la infancia, con el que tantos recuerdos comparto.




«Libertad es poder (decir y) hacer lo que debemos».

-Montesquieu (1689-1755), filósofo y jurista francés

cuya obra destaca en el contexto de la Ilustración-.


«No temas a los que te critiquen de frente,

porque de estos podrás defenderte;

teme más bien a los que lo hagan por detrás,

porque ante estos estarás indefenso»

-Sentencia popular-.




Definición del subgénero epístola:

«Epístola es sinónimo de carta y hace referencia a un tipo de texto que busca establecer un canal de comunicación a través de la forma escrita, siendo el medio de notificación más usado en toda la historia de la humanidad. A menudo la carta es usada con la intención de expresar ideas, pensamientos, sentimientos, deseos, etc.»



Querido amigo,

ha pasado algún tiempo desde nuestra última charla, cierto. Yo también echo de menos el saber de ti, así como tu encomio a la hora de considerar las sencillas noticias del pueblo que mis cartas te llevan. Ya conoces el dicho: Si quieres ser internacional, escribe de tu pueblo, de tu aldea. Además, tus consejos, críticas, comentarios... son siempre bienvenidos, de sobra lo sabes. Hoy día se escriben pocas cartas, y menos todavía los jóvenes, que se comunican rápidamente por medio del móvil, del correo electrónico, del facebook, del whatsApp… en nuestra época, me refiero a la infancia y primera juventud, la gente escribía cartas a sus familiares, aunque solo fuera una o dos veces al año. Recuerdo el caso de mis padres, que vivían aquí en Torrebaja y escribían a sus hermanas y cuñados de la ciudad. Mi afición a la escritura proviene de esa época, de cuando me enviaron a estudiar el bachillerato a Barcelona, a casa de unos tíos sin hijos. Mis padres me escribían todas las semanas y yo les contestaba; mis tíos me obligaban a ello. Entonces me molestaba, pero hoy les agradezco que lo hicieran. En mi familia, la más cultivada, por decirlo de alguna forma, pues ninguno tenía más estudios que los primarios, era mi madre. Pero esto carece de importancia, es lo sucedía en la mayoría de familias. Sin embargo, mi padre tenía una especial habilidad con los números, que por desgracia yo no heredé, pues todavía cuento con los dedos; y ello no obstante ser universitario de ciencias. Vaya, es un hándicap que no he logrado superar. Imagino que debe ser cuestión de entrenamiento y quizá también de cierta configuración en las conexiones neuronales.


Paisaje urbano en Ademuz (Valencia),
puesto de venta de manzanas y otros productos (2023).


Como te decía, mi madre poseía algo más de cultura académica que mi padre; aunque mi padre tenía una letra estupenda, angulosa y bien perfilada, lo que denotaba gran personalidad. Debió adquirirla en las escuelas de su infancia, que discurrió en el pueblo en las primeras décadas del siglo XX. En ocasiones me hablaba de las escuelas a las que asistió, estaban en las plantas altas del antiguo edificio consistorial, donde continuaron estando hasta los primeros años sesenta en que se construyeron las nuevas Escuelas Nacionales: el flamante complejo escolar estaba en lo que después se llamó avenida de la Diputación. Cuando le preguntaba sobre sus maestros él solo recordaba a uno que llamaban don Astrolabio -se refería a don Astrolabio Garcés Gómez (1875-1933)-, que según contaba solo les enseñaba a reñir en los recreos.1 Don Astrolabio procedía de Báguena un pueblo de Teruel y al parecer casó en Villel. De su matrimonio nacieron varios hijos: un varón conocido como Garcés, y tres chicas: Angelita, Carolina y Mariana. Esto me lo contaba mi amigo, el señor Francisco Provencio Garrido (Torrealta, 1924), de grata memoria y que fue a la escuela con él. Como te decía, don Astrolabio estuvo muchos años en Torrebaja, pues mi padre, nacido en 1905, ya le tuvo de maestro, y también mi amigo Provencio. Por Provencio supe que Carolina, que había estudiado para enfermera, fue fusilada cuando la guerra en Villel: tenía 20 años cuando la mataron. El señor Provencio no sabía quiénes la asesinaron, si fueron los nacionales o los rojos; tampoco supo decirme el por qué de su asesinato.2 Otros informantes dicen que el asesinato tuvo lugar en Teruel y que los asesinos fueron los fascistas. Cuando digo otros informantes me refiero a la señora Trinidad Martínez Arnalte (Torrebaja, 1941), por la que supe que la esposa de don Astrolabio era la señora Rosario Marín Sarmiento (de Villel). Me contaba de Carolina que era “muy guapa y de ideas avanzadas; decía que no había cielo ni infierno, que éramos polvo y al polvo volveríamos”. Lo del cielo y el infierno es cuestión de creencia, pero lo de que hemos de volver a la tierra de donde procedemos no hay duda. La señora Trinidad no sabía tampoco la causa de su asesinato, pero sí “que la mataron los nacionales” en Teruel, y que antes de la ejecución “pidió le permitieran arreglarse”, y que se puso tan guapa “que a los que tenían que disparar les daba pena de lo bien que paraba, por eso fue de pedirle que se volviera; pero ella dijo que no, que prefería morir de frente y con su ideal”.3 ¡Vaya historias!, pensarás. Desconozco la veracidad de este relato, pero así me lo contaron y así te la cuento. Dados los detalles tiene la pinta de ser verdad lo narrado, aunque seguramente mitificado por la aureola romántica y el paso del tiempo.


Paisaje urbano en Ademuz (Valencia),
detalle de caja con manzanas esperiegas y pimientos (2023). 

Te mencionaba arriba al hijo varón de esta progenie, pues la historia de esta familia no concluye aquí. Resulta que investigando acerca de vecinos de la comarca y su entorno que habían estado en campos de concentración nazis, en Alemania, encontré el nombre de José-Enrique Garcés Marín, natural de Villel (Teruel). De inmediato relacioné el nombre de este señor con don Astrolabio y para comprobarlo me dirigí al Registro Civil de Villel (Teruel), donde pude verificar que se trataba del mismo individuo. José-Enrique, alias Garcés, estuvo preso en el campo de Krems-Gneixendorf, siendo deportado a Mauthausen, de donde fue liberado el 5 de julio de 1945. Por lo que pude averiguar, el tal Garcés fue un destacado dirigente del FETE-UGT y del PSOE turolense durante la II República. La razón por la que sobrevivió en el campo de exterminio está relacionada con su profesión, era peluquero. Profesiones de este tipo permitieron sobrevivir a mucha gente; los primeros que cayeron fueron los intelectuales, historiadores, filólogos y gente así.4


Pero volvamos al hilo de la historia familiar, a la hora de escribirme, mi madre dictaba y mi padre escribía. Esto fue así durante los largos años que pasé en Barcelona -desde 1964 hasta 1970-; prueba de ello son los paquetes de cartas que todavía conservo. Bueno, no es que fueran tantos los años que pasé en la ciudad condal, pero a mí se me hicieron eternos. El estudio no me gustaba y nunca respondí al concepto de estudiante brillante. Sin embargo, siempre fui un buen lector, me aficioné a ello leyendo tebeos y periódicos, en particular La Vanguardia Española, como se denominaba entonces el diario catalán. Mi tío era taxista y lo compraba todos los días, y yo lo leía con fruición. Permite un inciso para hablarte de mis tíos. Él era un catalán por los cuatro costados: sus apellidos eran Vallvé Gastó. Mí tía era aragonesa de El Cuervo (Teruel): sus apellidos eran Garzón Casino. Él siempre se dirigía a ella en catalán, pero invariablemente ella le contestaba en castellano. Nunca se lanzó a hablar catalán; no sé por qué, pero esto le ha sucedido a muchos emigrantes de aquella época. Ellos siempre me trataron con cariño, pero su afecto no compensó nunca mi soledad. De entonces data también mi afición a la escritura, pues fue cuando comencé mi primer diario, a resultas de leer “Amor: el diario de Daniel”, de Michel Quoist (1927-1997),5 en una edición del Círculo de Lectores de 1967 que todavía conservo. Quoist pertenece a ese grupo de “teólogos del compromiso cristiano con el mundo”, algo que en la actualidad parece fuera de lugar, pero que entonces estaba en plena vigencia. Lo cierto, sin embargo, es que esta idea del “compromiso cristiano con el mundo” parece estar en consonancia con el espíritu del actual sínodo de la sinodalidad. La lectura de su libro dejó una impronta en mi espíritu, y siempre he recordado aquel título con afecto. En la segunda mitad de los sesenta estaba yo en plena adolescencia, y el libro me gustó mucho, porque decía cosas que sentía y de las que nadie me había advertido. Como bien sabes, en aquella época los padres no hablaban a sus hijos de sexualidad; era un tema tabú, además de que tampoco hubieran sabido cómo hacerlo. Y en la escuela tampoco se enseñaba esta materia; como mucho se decía de la polinización de las flores y frutas por los insectos. Yo era entonces un chico retraído y con escasas relaciones, además de con granos de acné en la cara. Acostumbrado a la vida libre del pueblo, los primeros años de mi estancia en Barcelona fueron un horror. Te decía que escribir el diario constituía para mí un ejercicio de evasión muy placentero al que casi todos los días dedicaba un tiempo. Escribir sobre uno mismo y sobre el mundo que nos rodea constituye un notable ejercicio intelectual, además de una labor de introspección considerable; no es fácil, pero sirve como ejercicio para aprender a conocerse, lo cual siempre es recomendable. Dicen que en el pórtico del templo de Apolo en Delfos ya se recomendaba eso de conocerse a sí mismo. Ello abunda en la importancia que tiene el autoconocimiento, además de reconocer su dificultad.


Detalle de cartel en el atrio interior de la Ermita de San José en Pego (Alicante), 2023.

No deja de llamarme la atención tu interés por cómo ha evolucionado el asunto del Consejo de Parroquia de Torrebaja del que te decía en mi última carta; máxime cuando sé que no eres persona de Iglesia ni te inquietan estos temas. Pero va a resultar que eres como muchos ateos, que tienen todo el día a Dios en la boca. Lamentablemente, el asunto no terminó bien; pero podía haber funcionado. Al respecto de esta cuestión preferiría no hablarte ahora, porque todo está muy reciente y conviene que todos los que han intervenido en el asunto reflexionen con calma sobre lo ocurrido. Aunque de algunos sé que ya han pasado página y están en otra cosa; y de otros que incluso se han alegrado. El proyecto que la mayoría teníamos para el funcionamiento de la parroquia era bueno -impregnado con los aires del sínodo (2021-2024)-, tan bueno que el Diablo no podía consentirlo y se ha metido de por medio para estropearlo. Ya conoces el dicho: Detrás de la cruz siempre está el Diablo. El Diablo tiene muchos nombres y muchas caras, y aunque tú no creas en él te aseguro que existe: el Diablo es sencillamente el Mal con mayúscula. Algún día te contaré con detalle lo sucedido; hoy te lo explicaré con una humorada. Imagínate lo que pasaría si un elefante entrara en una cacharrería... o mejor si un cura trabucaire hubiera disparado su arma contra el Consejo en una habitación cerrada: Pues que hubiera saltado por los aires -me dirías; justo lo que ha pasado-. Al final tendré que darte la razón cuando dices que, en tanto institución, "la Iglesia es como es; si quieres la tomas, y si no la dejas". Sé que desde un principio te llamó la atención que en el otoño de mi vida tomara la decisión de comprometerme con la parroquia; nunca lo había hecho antes, es por ello quizá que mi desconsuelo ha sido mayor ante el revés sufrido. Hace años asistí con mi mujer a un curso sobre sagradas escrituras, teología, moral… patrocinado por el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas (IDCR), en Ademuz. No fue un cursillo de fin de semana: duró cuatro años. Allí se nos enseñó que “creer es razonable”; al menos yo así lo entendí. Pero, ¿qué sucede cuando observas que los que rigen las parroquias tienen actuaciones no razonables? Exacto, que la fe se tambalea… porque es débil y frágil. Para intentar encontrar al responsable de lo sucedido, merecería la pena traer al texto aquel principio del Derecho Romano: Cui prodest, ¿a quién beneficia lo sucedido? ¿Al Consejo?, no; ¿ a la parroquia?, no; ¿a la Iglesia?, tampoco. Entonces, ¿a quién? Seguramente, a nadie, ya que todos hemos perdido; pero de haber algún ganador ha sido el párroco… su prepotencia. Pensarás que esto que te cuento no es bueno para la Iglesia -algunos incluso serían partidarios de matar al mensajero-; pero no, lo que realmente perjudica a la institución es lo contrario... el silencio, la ocultación, la opacidad, y en última instancia el autoritarismo.


Es una lástima que no pudieras venir a la Fiesta de la Manzana Esperiega; este año, como te dije, se celebraba en Castielfabib. Si vienes para Pascua te acompañaré a la villa para que puedas ver por ti mismo, y juzgar, el aspecto de la nueva plaza y la fuente que han colocado. El tiempo acompañó, todo hay que decirlo; tanto esfuerzo y desvelos como debieron hacer los organizadores se hubiera deslucido con el mal tiempo; hubiera bastado con un cielo cubierto, tanto más con lluvia o frío. Hice una crónica del evento -IX FIESTA DE LA MANZANA ESPERIEGA: CASTIELFABIB 2023-: te envío el enlace para que puedas pasar un rato leyéndola.6 Ya sé que una crónica no se puede comparar con la asistencia; pero, a falta de pan, buenas son tortas.

Fiesta de la Manzana Esperiega: Castielfabib 2023.

Últimamente hay muchas cosas que me llaman la atención, por ejemplo la forma en que se rotula en los edificios y vehículos oficiales en Valencia. Las lenguas oficiales en nuestra Comunidad Autónoma son el castellano y el valenciano; digamos que nuestra comunidad es bilingüe. Sin embargo, si te fijas podrás comprobar que en los centros oficiales en la zona -me refiero al Rincón de Ademuz: un territorio del interior tradicionalmente de habla castellana-, en las Escuelas, en el Centro de Salud, en los coches de Bomberos, forestales… casi toda la cartelería se rotula solo en valenciano. Si la rotulación fuera en ambas lenguas el asunto tendría un pase; pero no, solo se titula en valenciano. Es muy curioso esto de la inmersión lingüística. Curioso y peligroso. Si alguien leyera estás páginas podría pensar que estoy en contra del valenciano (del catalán, del vasco o del gallego), que soy un retrógrado nacionalista español, y cosas peores; pero no, ni estoy en contra del valenciano, ni soy un reaccionario. Soy español, eso sí. El valenciano es la lengua materna de mi mujer, de mis suegros y de toda su parentela, que son naturales de la Marina Alta. Y yo mismo, cuando vamos a su pueblo y arribamos a La Safor, de forma espontánea comienzo a hablar en valenciano. No hablo un valenciano perfecto, pero le pongo voluntad y me hago entender. Mis suegros, ella en particular, hablaban un valenciano muy castizo, lleno de giros y expresiones que no se enseñan en la escuela. En España tenemos al menos cuatro lenguas cooficiales importantes: catalán, gallego, valenciano, vascuence, siendo el español nuestra koiné, la lengua común: un idioma hablado por seiscientos millones de personas en el mundo. Las comunidades con lenguas particulares tienden a la inmersión lingüística, y dedican a estas más horas lectivas que al español. Me da la impresión de que todo esto tiene un precio y que algún día habrá que pagarlo. En Francia, cuyo lema nacional es “Liberté, Égalité, Fraternité”, el asunto lo resolvieron por Ley: «el francés es la lengua de la República» -dictó su Consejo Constitucional (en 2021)-. En este sentido, “Francia le ha dado dos lecciones al mundo, primero prohibiendo el lenguaje inclusivo en las escuelas y después vetando la inmersión lingüística”.7 Sin la menor duda, ¡en la España actual esto resultaría impensable: no en vano somos uno de los países más descentralizados del mundo! A la vista de lo que está sucediendo con la politización de las lenguas y otras cuestiones me pregunto a dónde nos llevará todo esto. Entre estas dos posturas, dado el desmadre español, me quedo con la solución francesa. Creo que la lengua propia de las comunidades que la tienen debe cuidarse (protegerse, estudiarse, divulgarse…), pero no en detrimento de la lengua común. Tampoco debería imponerse; entendería, sin embargo, que se valorara como mérito en un currículo, en oposiciones… pero nunca obligarse. Recientemente he escuchado una conferencia magistral dada en Bruselas por la prestigiosa jurista española Teresa Freixes (Lérida, 1950), Catedrática de Derecho Constitucional bajo el título: Desmontando las mentiras de la amnistía.(*) Allí cuenta que muchos docentes han recibido mensajes como este: "Si no acredita usted el nivel C de Catalán nos veremos obligados a prescindir de sus servicios". Y da la cifra de más de quince mil docentes -desde primaria a la universidad- y otros profesionales que han abandonado Cataluña en los últimos años por esta causa. Como se dice ahora, el vídeo debería hacerse viral, ya que su contenido resulta imprescindible para conocer lo que se está cociendo en las altas esferas del poder: me refiero al contubernio entre el Gobierno y los partidos nacionalistas, secesionistas y adláteres. Según el estudio de dos profesores de economía de la universidad de Barcelona, “la inmersión lingüística en Cataluña lastra el rendimiento de los castellanohablantes”.8 Aunque imagino que a los nacionalistas catalanes esto les traerá al pairo. Por lo demás, ya sabes, el lenguaje inclusivo es el que utilizan los políticos que se tienen por progresistas: Buenos días a todos y a todas… En su pretensión de ir un poquito más lejos proponen sustituir la marca de género por una letra E o una X: “Buenos días a todes” o “Buenos días a todxs”. Como diría el escritor, articulista y profesor universitario español Félix Ovejero (Barcelona, 1957) a otro propósito: “En un ámbito más amplio (estos progres) fallecerían de una muerte ridícula”. No sé si al papa Francisco podríamos incluirlo entre los progresistas, pues también escribe sobre “los hermanos y las hermanas laicos” -aunque quizá el pontífice solo pretende estar en el siglo-.9



Paisaje urbano en Ademuz (Valencia),
obras de "Eliminación talud, aparcamiento y jardín central"
en la avenida de Valencia (2023).

Paisaje urbano en Ademuz (Valencia),
obras de "Eliminación talud, aparcamiento y jardín central"
en la avenida de Valencia (2023).


No sé si te habrás enterado, pero en Ademuz están de obras. Me refiero a una gran obra pública, porque en obras siempre están, como en todas partes. En la avenida de Valencia, por la parte del talud, margen derecha del Turia, entre la gasolinera y la tienda del Pellejero, están haciendo un gran movimiento de tierras. Según el panel informativo colocado al efecto, lo que se pretende es eliminar el talud y hacer un aparcamiento de coches con jardín central. La obra la promueven el Ayuntamiento de Ademuz y la Generalidad Valenciana, cuenta con un presupuesto de más de tres millones de euros y el plazo de ejecución alcanza hasta abril de 2025. Las obras se incluyen en el "Plan Conviure" (2021), que supone ayudas para la rehabilitación de edificios y la adecuación al entorno urbano en municipios. Esto es lo que hay, aunque es de pensar que el presupuesto se incrementará y el plazo de ejecución se alargará; es lo que suele suceder. No he visto el proyecto, pero a simple vista resulta ambicioso (necesario, conveniente), imagino que con la pretensión de resolver el problema del aparcamiento en la villa. En verano toda esta parte de la carretera (avenida de Valencia) es un desconcierto de coches (pasando por la carretea, entrando y saliendo del somero aparcamiento) habilitado junto a la carretera. Lo admirable es que hasta ahora no se haya precipitado ninguno por el talud. Pero sí, la obra promete; lo deseable sería que no hicieran una chapuza como la del I.E.S. “Virgen de la Huerta”. Espero hayan aprendido la lección y lo que vaya a construirse se integre con la arquitectura vernácula de la zona. Que no desentone al menos, como la Pirámide del Louvre, que constituye la entrada principal al museo parisino. Como imagino ya sabes, la pirámide de Ieoh Ming Pei generó una gran controversia en su momento (1984), como sucedió cien años antes con la Torre Eiffel (1889), pero que hoy nadie se atrevería a retirar; ni la torre ni la pirámide. Eso es lo que necesitamos en el Rincón de Ademuz, obras bellas y duraderas, aunque de entrada susciten controversia.


Paisaje urbano en Ademuz (Valencia),
obras de "Eliminación talud, aparcamiento y jardín central"
en la avenida de Valencia (2023).

Detalle del cartel,
relativo a las obras de "Eliminación talud, aparcamiento y jardín central"
en Ademuz (Valencia), 2023.


Respecto a lo que me preguntas del huerto, pues he de decirte que bien. Ahora solo quedan algunas coles, puerros y nabos de invierno. Siempre te ha llamado la atención que en mi jubilación me dedicara a la hortaliza. Has de pensar que siempre he tenido querencia por el pueblo y que nuestra opción -la de mi mujer y la mía- por la vida rural fue tomada hace ya muchos años. Mi afición por la horticultura no debería sorprenderte, es lo que le sucede a muchos jubilados de mi generación y de la precedente. A todos los que en nuestra infancia y primera juventud vimos a nuestros padres y abuelos trajinar con animales y laborar las tierras. No olvides que somos hijos de agricultores; al menos yo no quiero ni deseo olvidar mis orígenes. De vivir en el pueblo imagino que a ti también de hubiera gustado hacer el huerto, pero las circunstancias de tu vida fueron otras, te llevaron a otra parte. Los huertos que ahora cultivo están en la partida de Callejones, hace tiempo que escribí sobre ello.10 Los huertos han estado abandonados desde la muerte de mi padre, hace cuatro décadas. Cuando mi hermano y yo repartimos su herencia a mí me tocaron estos huertos, y son lo que ahora cultivo. El cultivo de hortalizas no es cualquier cosa. Lo de “agricultor tonto patata gorda” solo vale para el primer año. Después hay que aprender a preparar la tierra y saber el momento de plantar o sembrar cada producto. No, no es tan fácil como algunos piensan. Requiere esfuerzo, observación, constancia; hay que labrar, abonar, regar. Pero es muy satisfactorio y divertido. Toda mi vida laboral atendiendo pacientes en una consulta y ahora cultivando la tierra. El cambio ha sido radical, pero positivo. El drama de un profesional de la sanidad es que cuando se jubila no puede aprovechar su experiencia y conocimientos para nada; al menos yo no he podido. Además, la falta de práctica hace que más pronto que tarde vayas olvidando todo lo que aprendiste. El primer año de jubilado lo pasé regular; tenía un sueño repetido, que estaba en una sala de urgencias frente a un paciente y no sabía qué hacer. Ya conoces el dicho: saber medicina es saber hacer. También soñaba cosas absurdas, como que no encontraba la taquilla donde guardaba mi uniforme. Yo nunca llevé bata en la consulta, utilizaba solo la chaquetilla. Otras veces no encontraba mi maletín, o el fonendo… sueños absurdos que me sobresaltaban. De ahí que encontrar una actividad en la que ocupar una parte del día me resultara tan providencial. Ya sabes que me gusta leer y escribir, pasear y viajar..., pero no vas a estar todo el día leyendo, escribiendo, paseando, viajando. Además, una cosa no quita la otra.


No obstante, en los dos últimos años la cosecha no ha sido buena. Los vecinos de huerto que llevan años haciendo la hortaliza dicen que se debe a los calores del verano, a las olas de calor padecidas y todo eso. Otros opinan que en la agricultura no hay nada predecible, que todo depende de muchos factores. El año pasado me fallaron las cebollas, que “se empernaron”, esto es, que les salió a todas flor y no valieron. La cosecha de patatas tampoco fue buena: las sembré antes de san José, y con las lluvias se estropearon. Este año han sido las judías tiernas, que no han tenido nada de tiernas, además de que una tormenta que hubo con pedrisco tiró casi toda la florada. Los tomates, pepinos, pimientos, berenjenas… se salvaron, porque estaban bajo red. Pero como te digo, las judías no prosperaron y las de la siguiente florada tuve que dejarlas “para secas”, de lo dura que estaba la vaina. Tampoco me valieron las calabazas de asar, ni las de cacahuete. El año pasado hubo una gran cosecha, no sabía dónde meterlas; pero este año se estropearon con el pedrisco. Solo se salvaron dos o tres de cabello de ángel, con las que hemos hecho mermelada. Pero ya te digo, de las de asar y guisar nada… una pena porque son riquísimas. De las calabazas se aprovecha casi todo, excepto la piel. Las semillas las dejo secar, una parte la utilizo como simiente para la próxima cosecha y otra la tuesto -sí, en el horno-; una vez tostadas las trituro con el molinillo del café: el polvo resultante lo utilizo para ponerlo en el café con leche del desayuno, dicen que es bueno para la próstata.


Casi todos los días dedico un par de horas al huerto, tomar el sol en plena naturaleza y hacer ejercicio físico me parecen una buena opción para el jubilado que disfruta de salud. También aprovecho para rezar; además, cultivar es colaborar con la obra creadora de Dios. Tengo varios vecinos de huerto, algunos con más de ocho décadas a sus espaldas, y todavía hacen la hortaliza. Seguramente el huerto les mantiene, tanto física como mentalmente. Son gente de buen humor, optimistas, generosos, comparten conmigo experiencias y conocimientos. Me quejaba yo de que me habían fallado varias cebollas; ante mi queja, Ramón me dijo: No te preocupes, así las del al dado serán más gordas… -lo cual resultó cierto-. Pepe fue podador en su juventud, y me aconseja sobre el arte de la poda. Paco es más bien callado, va a la suya, pero nunca te niega un consejo. Hay otro Paco, el de la Agustina, que no pasa día sin venir a saludarme y charlar un rato: ¿Qué hay, Paco, alguna novedad por el pueblo? -No, nada nuevo -suele decir. La verdad es que en el pueblo pasan pocas cosas, aunque los asuntos se suceden sin parar. Ninguno de mis compañeros de huerto es chismoso, da gusto tenerlos como vecinos. Además de estos que te nombro hay otros dos más jóvenes: José Alberto y Aurelio, ambos conocidos de toda la vida. Tengo dos vecinos más, migrantes musulmanes -Mohamed y el-Kibir-: el primero muy sociable y hablador, por el contrario del segundo, que apenas dice nada. Son gente sencilla, ambos casados y con tres hijos cada uno. Están más o menos integrados en el pueblo, lo que les permite su religión y forma de vida; pero gracias a sus hijos no se cierran las escuelas locales.


Otra vez Navidad, dirás. Para personas como nosotros, ya instalados en el otoño de la vida, la Navidad no es la mejor época. Demasiados recuerdos como para ir tañendo las castañuelas. La Navidad es una buena época para los niños y para los padres jóvenes; no para los viejos. No, no me siento viejo, ni mucho menos. Son los recuerdos los que nos hacen mayores, uno acaba encorvándose bajo su peso. La naturaleza nos ayuda en este devenir, permitiendo que vayamos olvidando con los años. Mi niñez en el pueblo fue inmensamente feliz, la propia de un niño sano, querido y deseado por sus padres, que ya eran mayores cuando me tuvieron. Yo nací como tú en los años cincuenta, digamos en el primer franquismo, “una época gris y oscura” al decir de algunos. ¡Vaya majadería! El franquismo fue una época tan triste y gris como pueda serlo hoy día. Todo depende de como le vaya la feria a cada uno. Ya sé que no había libertades políticas entonces, pero a pocos parecía importarles. Al escritor Jon Juaristi Linacero (Bilbao, 1951)11 le he leído escribir que su infancia fue la época más luminosa de su vida. A mí me pasó lo mismo, y somos coetáneos. El franquismo fue lo que fue y la actual democracia es lo que es. ¿Cómo verá esta época un niño cuyos padres estén en paro, divorciados o hayan sufrido un desahucio? Cuando este niño sea mayor seguro que no la recordará como “brillante y luminosa”; y ello no obstante vivir en democracia. El sistema político condiciona, pero no lo es todo. Pero dejemos la política, resulta más divertido hablar de las luces de colores que adornan las calles, y del árbol luminoso que han puesto en la plaza del Ayuntamiento. Luces y árbol iluminan las calles desiertas, dando un aspecto alegre y festivo al pueblo… Para celebrar el encendido se organizó en la plaza una chocolatada para los niños, con el acompañamiento de un castillo de fuegos artificiales.

Plaza del Ayuntamiento de Torrebaja (Valencia),
detalle del árbol luminoso en Navidad (2023).


En la casa de mis padres el belén lo montaba siempre mi madre; nosotros, mi hermano pequeño y yo íbamos al monte de la Loma del Montecillo por ramas de pino para el portal. Con las ramas de pino y unas cortezas de árbol nuestra madre hacía una cueva para la Virgen, san José y el Niño. Al burro y al buey los ponía detrás, “para que con su aliento den calor al Niño”, decía. También traíamos musgo para el prado y las montañas, donde colocaba el palacio de corcho de Herodes. La nieve la hacía con harina. En nuestro belén había también pastores, leñadores, variedad de animalitos y un estanque con patos nadando: el reflejo del agua lo lograba con un trozo de espejo. No faltaba tampoco en nuestro belén la figurita del “caganer”, que siempre nos hacía mucha gracia y cada día poníamos en un sitio. Lo debió mandar alguna tía nuestra desde Barcelona. En nuestra familia, me refiero a la actual -la de mi mujer y mis hijos-, el belén siempre lo ha montado mi esposa; al principio con la ayuda de los hijos pero hoy lo hace ella sola. Los hijos ya se han marchado de casa, pero ello no es óbice para que ella pierda la ilusión de hacer el belén. Aunque hoy solo hace el portal: le basta con el Nacimiento. A veces hemos puesto árbol, pero ya sabes, nosotros somos más de belén que de árbol y Papá Noel. Puedes comprender que con tantos recuerdos las navidades no sean mis fiestas preferidas. En los años cincuenta las calles del pueblo todavía eran de tierra y rebosaban de niños; los escaparates de la tienda de los Ritos (El pequeño siglo) y del estanco de Carmen eran un espectáculo: en uno de los expositores ponían un belén, a cada cual más adornado y bonito, y en el otro juguetes… mirándolos nos pasábamos horas, ¿lo recuerdas? No obstante, mi infancia en el pueblo concluyó el día que me enteré que los Reyes Magos eran los padres. No me lo podía creer; fue un golpazo fuerte para mí. Me lo dijo un chico algo mayor que yo al que decían Daniel el Sastrecillas, y fue a la salida de “Casa Ceferino”, un local donde expedían vinos y licores al que los hombres acudían a beber y charlar. Creo que nunca le perdoné aquella confesión, y de hecho todavía lo recuerdo con amargura. Daniel era uno de tantos muchachos de nuestra época, seguro que lo recordarás. Era un chico alto, delgado, de cabello claro: vivía en la carretera, esquina con la bajada de san Roque. Además de ayudar a su padre en el campo, los sábados y domingos se ocupaba de la máquina del cine, de rebobinar las películas, de arreglar los cortes… Tengo entendido que se marchó a Inglaterra de muy joven, no sé si con algún familiar. Creo que nunca más regresó al pueblo, al menos yo no he vuelto a verle… Pero dejémonos de melancolías y nostalgias, y ¡Viva la Navidad!


Plaza del Ayuntamiento de Torrebaja (Valencia), detalle del árbol luminoso en Navidad (2023).

Amigo, voy a dejarlo aquí, si no será el cuento de nunca acabar. Porque siempre hay cosas que rememorar y sobre las que reflexionar. Ya me conoces, no soy de los que dicen “yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho”; más bien soy de los que se arrepienten de muchas cosas que pienso hubiera podido hacer mejor o no hacer. Recuerdo haber oído decir a mi padre que vale más toparse con un malo que con un tonto; porque del malo puedes prevenirte, pero no del tonto. Tan peligroso es encontrarte con un tonto como con un ignorante, “porque los ignorantes tienden a sembrar el caos” -esto se lo oí decir a Alejandra Vallejo-Nájera en una entrevista. Intuyo que la psicóloga está en lo cierto -aunque yo sustituiría "ignorante" por "necio"-, porque es una experiencia que he tenido recientemente. Necio es el que no sabe lo que debería saber; ya te la contaré... Un abrazo desde Torrebaja y ¡Feliz Navidad! Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN

De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


(*) «El pasado 11 de octubre, en el Parlamento Europeo en Bruselas, la prestigiosa catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes ofreció una charla magistral bajo el título “Desmontando las mentiras de la amnistía” para reflexionar sobre las consecuencias jurídicas de una posible ley de impunidad y el papel que Europa puede jugar en la crisis constitucional que vive España».

Véase también:

** CARTAS DESDE MI RINCÓN (I).

** LAS IGLESIAS DEL RINCÓN DE ADEMUZ, UNA UNIDAD PARROQUIAL.

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1 SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. De las escuelas y maestros del Rincón de Ademuz en otro tiempo (I y II), en el sitio web Desde el Rincón de Ademuz, miércoles 15 de febrero de 2012. ID (2022). De las escuelas y maestros del Rincón de Ademuz en otro tiempo, en Desde el Rincón de Ademuz (II)autopublicación Kindle Direct Publishing (Amazon), primera edición, pp. 95-118.

2 SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Francisco Provencio Garrido (Torrealta, 1923), natural y vecino de Torrealta (Valencia), en el sitio web Desde el Rincón de Ademuz, del sábado, 10 de diciembre de 2011. ID (2022). Francisco Provencio Garrido (1923-2019), natural y vecino de Torrealta (Torrebaja), en Desde el Rincón de Ademuz (III), autopublicación Kindle Direct Publishing (Amazon), primera edición, pp. 331-340.

3 Ibídem.

4 ID. De municipios de Cuenca y Teruel próximos al Rincón de Ademuz a los campos de concentración nazis, en el sitio web Desde el Rincón de Ademuz, del jueves, 17 de marzo de 2016. ID (2022). De municipios de Cuenca y Teruel próximos al Rincón de Ademuz a los campos de concentración nazis, en Desde el Rincón de Ademuz (III), autopublicación Kindle Direct Publishing (Amazon), primera edición, pp. 369-383. 

5 «Michel Quoist (1921-1997) fue un presbítero, teólogo, sociólogo y escritor católico francés. […] En sus obras, Quoist gustó de presentar el cristianismo como parte de la realidad cotidiana y no bajo las formas de piedad tradicional. A través de sus libros de espiritualidad contemporánea inspiró a millones de cristianos en todo el mundo, particularmente a aquellos que, tanto antes como inmediatamente después del Concilio Vaticano II, buscaron relacionar su fe de una manera directa con la vida cotidiana». Cf. Wikipedia, voz Michel Quoist.

6 SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. IX Fiesta de la Manzana Esperiega: Castielfabib 2023, en el sitio web Desde el Rincón de Ademuz, del miércoles, 22 de noviembre de 2023. 

7 ROCA BAREA, Elvira. La lengua de la República, en Fundación para la libertad, del viernes 28 de mayo de 2021.

8 SANMARTÍN, Olga R. La inmersión lingüística de Cataluña lastra el rendimiento de los alumnos castellanohablantes, en diario El Mundo, actualizado el jueves 7 febrero 2019. 

9 Carta del Santo Padre Francisco a los sacerdotes de la diócesis de Roma, en L`Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, Año LX, número 32, 11 de agosto de 2023, p. 12. 

10 SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La partida de Callejones en Torrebaja (Valencia), en el sitio web Desde el Rincón de Ademuz, del viernes 24 de julio de 2020. 

11 Cf. Wikipedia, voz Jon Juaristi.

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