sábado, 4 de agosto de 2018

LAS RUINAS DE LA IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ (MOYA, CUENCA).


Notas para una aproximación a la iglesia de San Bartolomé,
a propósito de su restauración.



“Tiene planta de cruz latina con una sola nave,
y con un crucero que se coronaba en una cúpula semiesférica
sobre cuatro pechinas”
-Del contenido textual-.










Palabras previas, a modo de introducción.
En Moya, la antigua cabecera del Marquesado de su nombre, solo quedan ruinas. Cabe hacer alguna salvedad en la afirmación, cual es el caso de la iglesia de Santa María la Mayor (siglo XIII), que se halla en buen estado. La Casa Ayuntamiento (antiguo pósito) fue restaurada en los años noventa, durante la actuación de la Escuela Taller (2005-2006)), así como las principales puertas de la villa: la de San Juan, la de San Diego, la de La Calzadilla, la de los Ojos -quedaron por restaurar la “puerta falsa” (puerta de San Francisco, por donde accedían los frailes del vecino convento franciscano), la de Carros y la de la Albacara.

El convento de las Concepcionistas -monjas de la Concepción Franciscana (siglo XVII)- ha sido también restaurado en alguna de sus partes (iglesia conventual), así como la iglesia de la Santísima Trinidad (recientemente recuperada). Todo lo demás son ruinas, un ingente cúmulo de ruinas que incitan a la melancolía y el desasosiego. A la melancolía por aquello de romántico que tiene toda bella construcción humana devastada; al desasosiego, por la calma con que la administración se toma la rehabilitación de unas ruinas que nunca debió permitir llegaran al estado en que se hallan.

Al listado de actuaciones restauradoras cabe añadir ahora la iglesia de San Bartolomé, situada al comienzo de la calle del Cortijo, entre la puerta de San Diego y la de la Calzadilla. La de San Bartolomé es una de las siete iglesias de la antigua villa de Moya –junto con San Juan, San Pedro, San Miguel, Concepción Franciscana, Santísima Trinidad, Santa María la Mayor-: la iglesia dio nombre a la Bajada de San Bartolomé, vía empedrada que desciende desde la plaza hasta la puerta de San Diego. El muro de la epístola de esta iglesia apoya sobre el tercer Recinto (siglo XIV) y conforma un cubo octogonal que inicialmente pudo ser un elemento defensivo en ese tramo de la muralla exterior.

El artículo compila notas sueltas acerca de la iglesia de San Bartolomé, derribada durante la Guerra Civil Española (1936). Más que “derribada” cabría decir que fue “desmontada”, ya que su destrucción no fue resultado de un hecho de guerra (bombardeo, voladura...), sino de la decisión política, que mandó el desteje del edificio y el aprovechamiento de tejas y maderas de su cubierta, descolgando de paso sus bronces.


Fachada frontal (meridional) de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), con detalle de la espadaña, antes de su restauración (2017).


La entrada tiene como objetivo divulgar la existencia de las ruinas de la antigua iglesia parroquial, al tiempo que expone datos de su restauración. Valgan como prólogo las palabras que Sáez Fernández le dedica en su Guía práctica de Moya (2011):
“[Iglesia] De San Bartolomé (s. XV-XVII). Se encuentra junto a la puerta “De la Villa formando parte de la muralla exterior al E(este) de la Villa. De estilo herreriano, con decoración barroca posterior. Queda en pie parte de su espadaña. En el año 1927, con ocasión de celebrarse en ella el XLII Septenario, sufrió un devastador incendio. Restaurada siguió en uso hasta su destrucción definitiva durante la guerra civil española de 1936-39. Esta iglesia constaba de una nave con planta de cruz latina y bóveda de media naranja en el crucero. Los brazos también estaban rematados por un cúpula de media naranja”.[1]

Durante mi última visita a Moya estaban en plena labor reconstructora de la iglesia; además, tuve ocasión de encontrarme con Ana Marín Sánchez, la joven arquitecta moyana que ha hecho el proyecto de restauración. Sus palabras explican el sentido de la rehabilitación y los criterios seguidos.

Vista oriental (fachada de la epístola) de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), durante la restauración (2018).

En busca de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé.
Pascual Madoz (1806-1860), al decir de la situación de Moya (en 1848) anota que la villa se halla “al estremo E(este). de la prov(incia). sobre un monte redondo, áspero y encumbrado, fortificado en lo ant(iguo), y reedificada la muralla y cast(illo) en el año de 1836 por las tropas de la reina”. En tiempo del estadista, intramuros de la villa había unas 90 casas de buena construcción y cómodas, por el contrario de las de los barrios y El Arrabal, “que en lo general valen poco”.[2]

Para subir a Moya hay varios caminos, el más rápido y cómodo, si vamos en coche, es por las rampas de carretera que desde El Arrabal llevan al acceso principal por la puerta de Carros. Sin embargo, el más aconsejable, si vamos caminando, es por El Arrabal, vía la calle Arriba hasta la puerta de la Villa, la más monumental del conjunto amurallado. Cuando subo a Moya, tanto si voy solo como si voy acompañado procuro seguir este camino, con la esperanza de encontrar algún vecino en El Arrabal, para charlar y preguntarle acerca de la antigua ciudad amurallada. La última vez que subí fue una calurosa tarde de julio –suerte que en el cerro corría algo de brisa-; al bajar me encontré con unas vecinas que charlaban sentadas en el poyo corrido de una casa de la Plazoleta, dos mayores y una más joven: las mayores recordaban los días de su infancia, cuando subían cada día hasta la villa para ir a la escuela. Dado el estado de las ruinas, cuesta creer que todavía viva gente que conoció la villa, aunque fuera en sus últimos estertores.

El Arrabal es uno de los cuatro barrios de Moya, junto con Los Huertos, Pedro Izquierdo y Santo Domingo. El lugar creció al amparo de La Coracha y su puerto seco, lugar de peaje y aduana medieval donde se pagaban impuestos por los productos que entraban a Castilla desde Valencia y Aragón. Todavía puede verse la senda que comunica La Corcha con El Arrabal. La senda está muy perdida, llena de piedras y abrojos, aunque antaño fue muy transitada.

Decía arriba que para subir a Moya resulta aconsejable hacerlo por El Arrabal, atravesando el barrio y continuando por la ladera hasta la puerta de la Villa. El camino es abrupto y sinuoso, su piso estaba en malas condiciones hasta hace poco; hoy está enlosado, lo que resulta una bendición. Conforme ascendemos, el horizonte se amplía, atrás quedan los tejados de las humildes casas del barrio, muchas de ellas con los tejados desfondados y sus entresijos al descubierto.


Vista del caserío de El Arrabal de Moya (Cuenca), desde la puerta de la Villa (2017).


Casi sin apercibirnos nos encontraremos al pie de la puerta de la Villa, abierta en el tercer Recinto (siglo XIV), que corresponde a la muralla exterior. La puerta de la Villa, sin embargo, fue construida a finales del siglo XVI (1589), siendo corregidor del Marquesado el licenciado Perea de Velasco, vecino de Toledo. Al menos eso dice el texto labrado en el frontis, sobre el arco de la entrada. La puerta de la Villa está almenada y constituye un monumento en sí misma, un prodigio de perfección y belleza. La entrada forma un acceso en acodo, para favorecer la defensa, de forma que el acceso inferior luce el aspecto de un arco de triunfo romano –propiamente responde a “Las medidas del romano” (1526), obra del arquitecto y tratadista burgalés, Diego de Sagredo (1490-1528).


Vista de la puerta de la Villa, siglo XVI (1589), abierta en el tercer Recinto (siglo XIV) de la muralla de Moya (Cuenca).


Antes de entrar en la puerta de la Villa conviene alzar la vista hasta las ruinas de un gran edificio que se alza a la derecha, encumbrado sobre la muralla del tercer Recinto (siglo XIV), se trata de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé que venimos buscando. Desde esta perspectiva merece la pena destacar el cubo octogonal que sobresale de la muralla, correspondiente al crucero de la epístola del templo, con funciones claramente defensivas. Hay quien piensa que el cubo se construyó originariamente como torreón defensivo en ese lienzo de muralla, siendo más tarde aprovechado para la iglesia. Otros dicen que el torreón se construyó a propósito como crucero del templo. Desde un punto de vista arqueológico, y dadas las múltiples actuaciones que la iglesia sufrió a lo largo del tiempo, resulta difícil hacer una afirmación categórica, respecto de una u otra proposición.

Volviendo a la puerta de la Villa veremos que la rampa inferior posee, aunque parcheado, parte del empedrado original; sobre el arco luce una hornacina sin imagen, aunque debió tenerla en su momento. Las puertas de una fortificación eran siempre puntos débiles en una muralla, de ahí que solieran adornarse con una imagen sagrada, buscando la divina protección en caso de asedio. Se conservan todavía los orificios de los goznes de las puertas, así como las escotaduras para la tranca en las jambas. Situándonos en el espacio inferior y mirando hacia el norte podremos observar una hermosa panorámica del caserío de Santo Domingo de Moya, enmarcado por el arco del acceso inferior.

Sobre el arco de la entrada superior hay una gran piedra labrada en el frontis, con un texto que alude a la data de la puerta y al corregidor que la mandó hacer, encuadrada por tres escudos: uno grande (superior: de los marqueses de Moya) y dos menores (laterales: con las armas de la villa). Unas escaleras con peldaños de madera y estructura de hierro en Y permiten acceder a la parte superior de la puerta.


Vista fronto-lateral derecha (suroriental) de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), desde las inmediaciones de la puerta de la Villa (2017).


Una vez en la parte alta nos toparemos con un extenso lienzo murado, se trata del segundo Recinto (siglo XIII), que se extiende de norte a sur. Hacia el meridión veremos el acceso principal al espacio amurallado, que procede de las rampas de la puerta de Carros: único acceso mediante vehículos rodados. Junto a la entrada principal se halla la puerta de San Juan (por la iglesia intramuros de este nombre que hubo junto a la puerta), desde dicha puerta hasta el lugar donde nos hallamos se conoce como calle de la Carrerilla. Desde nuestra posición giramos hacia la derecha, mirando al norte. El espectáculo que se nos ofrece al frente son las ruinas de la iglesia de San Bartolomé, su acceso por la parte de los pies y la fachada meridional, coronada por una espadaña de tres ojos en restauración. A nuestra izquierda queda la muralla interior (segundo Recinto). Frente a la arruinada iglesia se halla la puerta de San Diego, de factura similar a la puerta de San Juan –ambas del siglo XIV-. Por la de San Juan se accede directamente al corazón de la antigua villa de Moya. La subida/bajada de San Bartolomé conserva también parte del empedrado original, aunque muy deteriorado por las arroyadas que forma la costanilla. Desde la iglesia de San Bartolomé, la travesía que lleva hasta la puerta de la Calzadilla discurre entre la muralla interior y el tercer Recinto (siglo XIV), dicha vía se conoce como calle del Cortijo. Una vez situados, veamos algunos datos acerca de la iglesia y su restauración.


La iglesia parroquial de San Bartolomé.
Hasta su desmantelamiento al comienzo de la Revolución Española de 1936, la iglesia de San Bartolomé era una de las más importes de la villa, junto con Santa María la Mayor y la Trinidad. Situada sobre el lienzo de muralla del tercer Recinto (siglo XIV), poseía una sola nave y estaba orientada en dirección norte (cabecera) sur (pies). Su planta era de cruz latina, con un gran crucero con bóveda en media naranja, cuyos extremos formaban dos cubos octogonales, asimismo con cúpulas semiesféricas: el de la epístola (derecha) con carácter claramente defensivo, por situarse en el tercer Recinto, sobresaliendo de la muralla exterior.

Por suerte se conservan algunas fotografías de la iglesia de San Bartolomé anteriores a la revolución española de 1936 (años veinte y treinta del siglo XX), que ilustran acerca del exterior del templo:

  • A] La primera foto, tomada desde la calle de la Carrerilla, enfoca una escena religiosa que tiene lugar frente al templo. Corresponde a la imagen de la Virgen de Tejeda con orla y sobre sus andas, saliendo de la iglesia. Rodeada de fieles, la imagen encara la Carrerilla, puede tratarse de la bajada de la Virgen. No obstante su interés, el objeto de nuestro estudio es la iglesia de San Bartolomé, situada al fondo, en perspectiva frontal. El encuadre permite observar la fachada de los pies y parte de la espadaña, que aparece cortada a nivel del frontis triangular. Entre la fachada y la espadaña corre una cornisilla de piedra labrada. La foto muestra parte de la delantera de una casucha a la izquierda, entre la muralla interior y el templo, dejando un pasadizo entre ambas. Al fondo se observa otra construcción, probablemente el crucero del evangelio. La casucha responde a la descripción de Madoz (1848), pues se trata de una construcción que vale poco; la parte alta, bajo el alero, posee un encofrado de rodillos verticales, las ventanas con un marco de jalbegue... Otros datos curiosos: las campanas de los vanos inferiores de la espadaña están bandeando, un varón ha subido a la tapia del atrio exterior, alguien se asoma a la ventana blanqueada de la casa...[3]

Vista frontal (meridional) de la iglesia de San Bartolomé con detalle de la imagen de la Virgen de Tejeda sobre sus andas con orla almendrada (ca.1927) [Tomada de Sáez Fernández, 2011, p. 68].

  • B] La segunda foto, tomada quizá desde la muralla, por encima de la puerta de san Diego, muestra una imagen frontal del templo. Frente al muro del evangelio está la casucha de que decíamos arriba, adosada a la muralla y puerta de san Diego, formando callejón con la iglesia. Por suerte, dicho inmueble ha desaparecido. Cabe centrarse en la imagen del templo, visto en una perspectiva fronto-lateral izquierda (sur-occidental): se detalla la fachada de los pies, por donde tenía su entrada principal y única. Poseía un atrio exterior con arco adovelado en medio punto y albardilla de losas, el resto de la tapia está cubierto de teja árabe. Dicha puerta era frontera a la puerta de san Diego y permitía el acceso al atrio exterior, por el que se accedía a la puerta principal del templo. La entrada luce arco de dovelas enmarcando un portón de madera. El frontis muestra un muro de mampostería ordinaria tomado con argamasa de cal, los esquinares de sillería. Sobre la entrada puede verse una ventana rejada enmarcada en piedra. En la línea de fachada se alzaba la espadaña de piedra caliza, basada en tres vanos –dos inferiores y uno superior- con sus campanas, rematada por frontis triangular con veleta de hierro forjado. La espadaña de estilo herreriano es sobria. El herreriano constituye la última etapa de la etapa renacentista en España, que evolucionó desde el plateresco hasta el purismo clásico del segundo tercio del siglo XVI. Por detrás de la espadaña se halla la cobertura del cuerpo principal de la construcción, basada en teja árabe vertiendo a dos aguas. En un plano posterior hay una estructura cuadrangular, corresponde a la cúpula del crucero, con cubierta a cuatro aguas y veleta de hierro forjado. En la parte derecha de la foto hay una construcción que sobresale de la fachada de la epístola, probablemente la sacristía. Al pie de este último edificio asoma el ramaje de árbol (quizá un olmo negrillo) que crece en el atrio exterior.[4]

Vista fronto-lateral izquierda (suroccidenal) de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), con integridad de elementos arquitectónicos y ornamentales (años veinte-treinta del siglo XX) [Tomada de Sáez Fernández, 2011, p. 114].

  • C] La tercera foto, tomada desde el talud de la ladera (en las inmediaciones del rellano de la puerta de la Villa), muestra una singular perspectiva sur-oriental del templo, que permite contemplar el edifico por esta parte antes de su devastación. La construcción todavía conserva sus elementos ornamentales: la ventana rejada de la fachada de los pies, la espadaña intacta (campanas incluidas), pudiendo detallarse también la estructura de los edificios anexos en la fachada de la epístola –quizá la sacristía-, y el muro oriental del atrio exterior. El encuadre no permite ver el torreón del crucero de ese lado, pero sí la estructura cuadrangular correspondiente a la cúpula, veleta incluida. La imagen podría datarse entre los años veinte y treinta del siglo XX, en cualquier caso antes de la Revolución de 1936.[5]

Vista fronto-lateral derecha (suroriental) de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), con integridad de sus elementos arquitectónicos y ornamentales (años veinte-treinta del siglo XX) [Foto cedida por José Benedicto Sacristán, de Fuentelespino de Moya, Cuenca].


Las imágenes comentadas constituyen valiosos documentos gráficos, en tanto permiten imaginar el conjunto del edificio antes de su devastación.

Desde un punto de vista arquitectónico, el templo muestra distintos momentos constructivos, y sus modificaciones. Por ejemplo, en el cubo del crucero de la epístola se han descubierto pinturas en estilo gótico, lo que permite datar su fábrica en los siglos XIV-XV. Asimismo, existen “revocos decorativos con cenefas de hojarasca pintada”, actuaciones correspondientes a una segunda reforma, en el siglo XVI. Sin embargo, el aspecto actual corresponde al último momento constructivo (siglo XVIII), basado “en estucos que simulaban arquitecturas fingidas en consonancia con el barroco clasicista de inspiración europea”.[6]

A finales de la primera mitad del siglo XIX (1848), la bibliografía dice que “despues de la supresión las 6 igl(esias) han quedado reducidas á 2, la principal bajo la advocación de la Santísima Trinidad, está servida por un cura de primer ascenso y por varios tenientes para los 7 anejos de Santo Domino, Pedro Izquierdo, Fuente del Espino, Garvalla, Campalbo, Manzaneruela y Masegar”.[7] De otras fuentes sabemos que mediado el siglo XIX (1852), la iglesia de San Bartolomé tenía agregadas las parroquias de la Santísima Trinidad, así como la de San Pedro y la de San Juan.[8]

Las desamortizaciones del primer tercio del siglo XIX afectaron al Convento de las Concepcionistas (monjas de la Concepción Franciscana), ello motivó que durante los siguientes Septenarios –entre 1836 y 1934- la iglesia de San Bartolomé fuera sede de los novenarios a la Virgen de Tejeda. Consta que en 1927 (XLII Septenario) la iglesia sufrió un gran incendio, del que un bardo local dejó constancia con sus versos.[9] El templo fue restaurado de inmediato, utilizándose hasta el comienzo de la Revolución Española de 1936, momento en que se destejó, retirándose el armazón de la techumbre y descolgándose las campanas, lo que labró su ruina definitiva.

Respecto del momento histórico, merece la pena hacer una anotación, relativa al asesinato de don Agustín Navarro Zapata (1871-1936), cura párroco de Henarejos, natural de Fuentelespino (Moya). En el Estado Número 3 de la Causa General de Cuenca, ramo separado de Moya, puede observarse que en cierto momento del expediente se comenta: “Fue desmontada la iglesia de San Bartolomé de esta villa, vendiendo sus maderas, tejas y campanas”, frase que nos remite al testimonio del sobrino del sacerdote -señor Secundino Navarro Sáiz (Fuentelespino, 1931)-: Tras detenerle lo subieron a Moya y [...], le hicieron padecer lo que quisieron. Le mandaron sacar cosas de una iglesia, maderas o lo que fuera y no sé cuántas perrerías. Allí lo tuvieron un tiempo, él pedía agua para beber, pero ni agua le daban… -presuntamente, el clérigo fue obligado a participar en el desarme de la iglesia de San Bartolomé-.[10] Podríamos especular respecto a las personas o entidades responsables del desmonte y posterior ruina de la iglesia, estimando que la máxima autoridad civil de la villa en aquel momento era el Comité Revolucionario. Asimismo, cabe preguntarse qué sentido tenía desmontar el templo, vendiendo sus maderas, tejas y campanas. De haber sido pecuniario el motivo principal, ¿a qué fin se destinó el dinero obtenido con la venta de los materiales? La pregunta es retórica, porque difícilmente podremos saberlo. En humilde opinión, dado el contexto histórico, el propósito fue claramente irreligioso y anticlerical.

Vista meridional (fachada de los pies) de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), durante la restauración (2018).



Vista parcial de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), durante la restauración, detalle del arco de la entrada (2018).


Acerca de la restauración de la iglesia de San Bartolomé.
Decía arriba que en una reciente visita a las ruinas de Moya tuve ocasión de conocer a Ana Marín Sánchez (Valencia, 1978), la arquitecto que ha realizado el proyecto de rehabilitación de la iglesia de San Bartolomé. Al pie de la obra me explicó la esencia del proyecto y los criterios seguidos. Posteriormente las palabras se acompañaron de un texto, que incluye dos alzados. Dice en la memoria del proyecto:
“Tras la realización de los Estudios previos, nos encontramos con una falta de información que dificulta el poder llevar a cabo una reconstrucción fiel de los elementos originales, por lo que una actuación de reconstrucción no sería rigurosa históricamente. Si a esto sumamos que la recuperación de los volúmenes desparecidos supondría que la aportación de material sería tal que haría sombra a las estructuras históricas que quedan en pie, resultando más un edificio del S. XXI con ruinas integradas, que una recuperación mesurada de la Iglesia de San Bartolomé, nos lleva a plantear un proyecto de intervención que se limite a consolidar y poner en valor la ruina existente, respetando en todo momento el valor histórico del bien y diferenciando claramente lo nuevo de lo original. Será el propio edificio quien explique, como un libro abierto, su historia, pudiendo leer en él todas las fases e intervenciones que ha sufrido a lo largo del paso de los años./ La propuesta arquitectónica está enfocada a realizar las mínimas actuaciones que permitan cumplir con los objetivos planteados de: 1. Consolidar la ruina existente para que perdure en el tiempo./ 2. Conseguir que el recinto de la Iglesia sea accesible para poder visitarlo./ 3. Dotar de un espacio cerrado y cubierto para poder ser utilizado por el pueblo. Existen tres tipos de trabajos muy diferenciados, por un lado están los trabajos de conservación de los diferentes elementos que se conservan de la Iglesia, por otro lado la propuesta arquitectónica para la cubrición y cerramiento de los vestigios, de forma que estos queden protegidos de la intemperie y por último la reconstrucción de la Espadaña cuyos restos fueron desmontados en la fase previa, permitiendo recuperar la imagen perdida del elemento, que tiene una presencia notable en el paisaje y es un elemento muy valorado a nivel social y cultural”.


Alzado de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), fachada de los pies [Cedido por Ana Marín Sánchez, arquitecto del proyecto de restauración].



Detalles técnicos de la intervención.
Respecto a la descripción general de la Intervención, escribe:
“Atado de las cabezas de los muros de mampostería existentes y consolidación de los arcos formeros y cosido de éstos a la fábrica de mampostería. Dicho atado, por la configuración actual de los arcos, es necesario realizarlo por encima de la altura de cornisa de la cubierta original, lo que conlleva a elevar la nueva cubierta. La sobreelevación quedará en segundo plano diferenciándose así de la construcción original./ Cubrición de la parte de la nave de la iglesia existente mediante cubierta a dos aguas de teja cerámica envejecida, en este caso se utilizará una cubrición de teja curva respetando así la información histórica y las características esenciales de la edificación original de la nave. Para la cubrición del brazo este del crucero (brazo de la epístola) se ha utilizado una cubierta plana de acero, la función de dicha cubierta es la de proteger los restos de la bóveda de cuarto de esfera existente por lo que dicha cubierta debe entenderse como un elemento nuevo y reconocible./ Cubrir y proteger el suelo original de la Iglesia. En la nave se dejarán las zonas que se encuentran en mejor estado del pavimento original como muestra del pasado del edificio./ Cerramiento del espacio de la nave hacia la cabecera mediante muro cortina de acero tratado y vidrio de seguridad. La elección del tipo de cerramiento se ha realizado buscando un cerramiento lo más transparente posible que permita "visitar" el interior de la nave aún cuando este espacio se encuentre cerrado y dar una continuidad entre el espacio interior y el espacio exterior. La utilización de un cerramiento pesado y opaco podría llevar a la confusión de que la nave original tenía las dimensiones del espacio a cerrar y no permitiría una lectura de las dimensiones reales que tenía la Iglesia./ Se consolidarán los interiores de la nave de la lglesia con el criterio de mantenerlos y no recomponerlos”.

Vista parcial de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé (Cuenca, Moya), detalle de capilla en el crucero, lado del evangelio (2018).


Por último, en lo tocante a la reconstrucción de la Espadaña:
“Se volverán a montar los sillares que fueron recuperados y numerados en las labores de los Estudios previos y se repondrán los inexistentes. Recuperando así la imagen perdida de un elemento indispensable para la Iglesia.


Alzado de la iglesia de San Bartolomé (Moya, Cuenca), fachada de cabecera [Cedido por Ana Marín Sánchez, arquitecto del proyecto de restauración].


Vista parcial de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé (Cuenca, Moya), detalle de pilastra con capitel y arranque de arcos en la nave, lado del evangelio (2018).

Otros datos de interés.
El proyecto de restauración de las ruinas de la iglesia de San Bartolomé ha sido promovido por el Ayuntamiento de Moya y la Diputación Provincial de Cuenca, y cuenta con un presupuesto de 400.000 euros.

Arquitecta: Ana Marín Sánchez.
Aparejador: Miguel Ángel Carrasco.

En los trabajos previos colaboró la Unidad Militar de Emergencias (UME) del ejército español, colocando unas estructuras de madera en el arco de entrada al atrio exterior, en el de acceso al templo y en un arco formero de la nave, el único que se ha mantenido en pie, para evitar su desmoronamiento durante las catas y excavación arqueológica. La dirección arqueológica ha corrido a cargo de Miguel Ángel Muñoz García, de la empresa “Ares Arqueología y Patrimonio Cultural”, de Cuenca.[11]


Palabras finales, a modo de epílogo.
La historia le fue adversa a la iglesia de San Bartolomé de Moya, Cuenca. De ahí que el proyecto de recuperación de sus ruinas sea encomiable; su valorización permitirá rescatar una parte significativa del devenir de la antigua ciudad amurallada.

No obstante, los entusiastas de las ruinas de Moya echan de menos un Plan General de Actuación sobre el conjunto arqueológico e histórico-artístico del lugar por parte de la Administración, de forma que lo hecho con anterioridad quede integrado con lo que se está haciendo actualmente, al tiempo que marque los criterios para actuaciones futuras. Amén de a los técnicos, el proyecto debería estar abierto a otras instancias (municipales, vecinales...), toda vez que lo que se pretenda hacer con las ruinas afectará a todos.

Contra mejor opinión, una de las primeras actuaciones que debería contemplar el Plan General es la rehabilitación del empedrado de las antiguas calles, de forma que su visita sea cómoda y segura. Asimismo, deberían poder visitarse los espacios ya restaurados (convento de Concepcionistas, iglesia de la Trinidad...), y reponer los antiguos paneles informativos. Cabría pensar también en retirar los postes del alumbrado existentes junto a la iglesia de San Bartolomé; su presencia constituye un anacronismo, además de dañar la estética del conjunto arqueológico. Vale.



Continúa en:





[1] SÁEZ FERNÁNDEZ, Teodoro (2011). Guía práctica de Moya (Cuenca), Edita Asociación Amigos de Moya [Con la colaboración especial de Eusebio Gómez García y Niceto Hinarejos Ruiz], Segunda edición, Valencia, pp. 41-43. ISBN: 84-607-8117-8
[2] MADOZ, Pascual (1848). Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Madrid, tomo XI, pp. 664.
[3] SÁEZ FERNÁNDEZ, 2011: 68.
[4] SÁEZ FERNÁNDEZ, 2011: 114.
[5] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Visita guiada a las ruinas de Moya, Cuenca (I), en Desde el Rincón de Ademuz, del jueves 18 de octubre de 2012.
[6] Ibídem.
[7] MADOZ, 1848, tomo XV, p. 664.
[8] SÁNCHEZ GARZÓN, 2012.
[9] GÓMEZ y SÁEZ, Eusebio y Teodoro (2000). Moya, su historia, sus tierras, sus hombres, sus tradiciones [Coordinadores Eusebio Gómez y Teodoro Sáez], Edita Asociación Amigos de Moya (Cuenca), Imprime Beracom, S.L., Valencia, pp. 347-351. ISBN: 84-607-1155-2
[10] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don Agustín Navarro Zapata (1871-1936), cura párroco de Henarejos (Cuenca), en la Causa General, en Desde el Rincón de Ademuz, del jueves 8 de marzo de 2012.
[11] AUÑÓN, Paco. ¿Qué hace la Unidad Militar de Emergencias en las ruinas de una iglesia de Cuenca?, en SER Castilla-La Mancha, del miércoles 9 de agosto de 2017.

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