domingo, 13 de julio de 2014

ACERCA DE LA RESTAURACIÓN DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA ANA EN TORREALTA.


Entrevista con don Vicente Luis Galbis y Giner, 
director del Curso de Restauración.


 Estas claves de la iglesia de Torrealta son de yeso de mucha calidad, 
se nota que el señor del Lugar echó la casa por la ventana, 
que no reparó en gastos...



            Palabras previas.
            La primera noticia que tuve acerca de la restauración del altar mayor y cúpula de la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja)[1] fue a través del párroco -don José Antonio Durá Bataller-,[2] que anunció el próximo inicio de los trabajos a cargo de un Grupo de Estudiantes de las Facultades de Historia del Arte y de Bellas Artes de la Universidad de Valencia, a la vez que solicitaba la colaboración de la feligresía, para que llevaran a la iglesia periódicos viejos y botes de cristal...
            Nada más conocer la noticia pensé en acercarme a la iglesia de Torrealta, para ver de cerca el desarrollo de aquellas labores; pero no me dio tiempo, pues a los pocos días vino a mi casa el sacerdote, para decirme que quería presentarme al director del grupo que iba a llevar a cabo las obras de restauración. Quedamos en ir a Torrealta al día siguiente por la tarde. Cuando llegamos, el templo se hallaba literalmente patas arriba: el altar vacío, las imágenes de los santos descendidos de sus peanas y hornacinas, los bancos retirados hacia los lados y un gran andamio metálico de dos plantas ocupando todo el presbiterio, hasta la bóveda. Entre las barras del andamiaje se veía movimiento de gente joven en plena faena, rascando, picando...
            El director estaba en la parte superior de la plataforma y tras las presentaciones quedamos en vernos al día siguiente, a la hora del almuerzo. Cuando yo llegué a la iglesia el grupo todavía trabajaba, pero a la hora prevista los alumnos -entre los que predominaban las chicas, en traje de faena y llenas de polvo-, dejaron su labor y se retiraron a almorzar. Mi entrevistado y yo nos quedamos en el templo, sentados en uno de los bancos de la izquierda, junto a las claves de la bóveda (florones) que acababan de desmontar. 

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Don Vicente Luis Galbis y Giner (Onteniente, 1968), director del Curso de verano de recuperación de artesanías tradiciones en el medio rural, posando en las gradas de acceso a la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.


Contenido de la entrevista.
            La entrevista consistió en una simple conversación acerca del curso de verano que dirige y sus características, del estado de la iglesia y su importancia artística y arquitectónica, y de los trabajos que pensaban llevar a cabo, y fue del tenor siguiente...

       Comencemos por el principio, cuál es tu nombre completo, dónde y cuando naciste, qué puedes decirme de tu currículo y capacitación profesional?
  • Mi nombre es Vicente Luis Galbis y Giner, nací en Onteniente, Valencia -en 1968- y soy historiador, formado en historia del arte y restauración, licenciado en la Universidad de Valencia. Soy también profesor de instituto, y hago cosas conjuntamente con la Universidad... No imparto clases en ésta, pero doy cursos de extensión universitaria, además de estos de restauración, que ya llevamos veintiséis años haciendo: éste creo que es el más duradero de la Universidad de Valencia. Me refiero a los cursos de estas características que saca la Universidad, como por ejemplo los de Arquitectura, que han tenido lugar aquí en el Rincón de Ademuz, sobre construcciones tradicionales, por parte del Politécnico..

Ciertamente, este tipo de cursos de restauración no es novedoso en la comarca, pues hace unos años –durante el verano de 2004 y 2005- el propio Galbis y Giner dirigió la restauración de la pequeña iglesia de Santa Bárbara en Mas del Olmo (Ademuz).[3]


            ¿Cómo se organizan estos cursos?
  •  Se organizan desde la facultad de Historia del Arte... En la Universidad teníamos una preocupación, que ésta fuera un simple instrumento de formación teórica... Afortunadamente y poco a poco la Universidad ha ido variando esto, quiero decir que cada vez hay más formación práctica, aunque todavía queda un peso, quiero decir un desequilibrio en este sentido... Antes las clases eran todas magistrales; hoy todavía las hay, pero van aumentando las prácticas. Para ello lo primero era intentar llevar a la práctica todo el conocimiento teórico. Otra inquietud es intentar recuperar el sentido de la universidad medieval, en la que existía un trabajo conjunto de profesores y alumnos, lo cual servía para investigar, crear sociedad... Claro, porque los alumnos suelen salir con un gran bagaje teórico, pero sin experiencia personal, en el sentido de saber hacer y compartir conocimientos; es decir, lo que es la experiencia de la vida entre alumnos... Por eso te digo lo de recuperar el espíritu de la universidad de la Edad Media, para que profesores y alumnos puedan trabajar conjuntamente por intentar mejorar la sociedad... Este era y sigue siendo el propósito de nuestros campos de trabajo...

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Detalle del andamio instalado en el presbiterio de la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), durante los trabajos de restauración (2014).
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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -hornacina de inspiración renacentista, construida después de la Guerra Civil (1936-39)- (2014).


            Entonces, ¿cuáles son los objetivos de estos cursos de verano?
  •  Básicamente, enseñanza y aprendizaje, oferta cívica y compromiso social... Lo de enseñanza y aprendizaje se refiere a la formación que reciben los alumnos en la Universidad o en otros centros, caso de un alumno que no ha tocado nada de restauración en la Universidad, pero ha asistido a escuelas privadas de pintura, restauración u otro tipo, donde se adquieren distintas habilidades que le facilitan el trabajo en este campo. Lo que se pretende es demostrar que todas las experiencias son buenas para acercarse a esta labor... Se trabaja con materiales directos, tocándolos, poniendo en práctica lo que dicen los libros. ¡Esto es fundamental! Después está la oferta cívica, que se refiere a lo que te decía antes, la posibilidad de tener una convivencia con una serie de personas, no sólo entre compañeros y con los profesores, sino con la gente de los pueblos donde están los edificios que se restauran. Te pongo un ejemplo: cuando llegamos al lugar donde vamos a trabajar, lo primero es distribuir a los alumnos en grupos, para que vayan a ducharse a las distintas casas del pueblo... Esto tiene una doble vertiente: de un lado la puramente práctica del aseo, y de otra la transmisión a los vecinos (por parte de los alumnos) de lo que van haciendo en el edificio que se restaura: esto es también muy importante, porque así los vecinos aprenden a apreciar lo que tienen. Porque están tan acostumbrados a verlo que no lo valoran. Además, en la relación que los vecinos entablan con los alumnos, aquellos transmiten conocimientos sobre el lugar que difícilmente podrían adquiridse de otra manera, y que sirven para interpretar un dato que encontramos durante el proceso de restauración, pistas que colaboran a una mejor comprensión del edificio y del trabajo de restauración en general. Después está la relación humana... Puedo contarte que a veces he vuelto a alguno de los lugares donde hemos restaurado una iglesia o ermita y me he encontrado con gente que todavía guarda la foto con la persona, chico o chica que iba a ducharse a su casa... -y ello al cabo de años-. Porque se han establecido lazos de simpatía y amistad entre las familias o vecinos y los alumnos. Todo esto resulta muy enriquecedor para todos, tanto para los alumnos como para los vecinos... Esta es la función cívica que te decía. Después está el compromiso social... Ahora está de moda lo de las ONGs, pero nosotros llevamos veintiséis años haciéndolo... Pensamos que la Universidad no puede guardarse las cosas para sí, sino que debe revertir a la sociedad lo que recibe de ella. Siempre trabajamos con pueblos de estas características, donde no llega la administración, fundamentalmente porque en lo político no interesa; esto es, localidades con poca población, lo que significa pocos votos... Y porque ellos (los vecinos) son tan pocos que económicamente no pueden asumir el gasto real de un trabajo de estas características. Nosotros venimos y a cambio de la comida, el alojamiento y los materiales hacemos la obra. Esto suele hacerse en varios años, básicamente para que sea menos costoso...

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.
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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.


¿Cuánto duran los cursos, qué tipo de alumnos asiste, cómo se desarrollan...?
  • Esto depende del caso y de la disponibilidad, pero entre doce y quince días, porque tenemos la experiencia de que más tiempo cansa a los vecinos, y también a los alumnos... Poseemos el prestigio de la seriedad, aquí los alumnos no vienen de vacaciones: empezamos sobre las nueve de la mañana y terminamos sobre las dos de la tarde. Y por la tarde, empezamos a las cuatro y media y terminamos sobre las nueve y media, ello con dos pequeños recesos de media hora, porque son necesarios, pero se trabaja a machamartillo. En cuanto a la durabilidad del curso, te decía que depende de las circunstancias, porque siempre surgen imprevistos. Por ejemplo, estamos trabajando en una pared y de pronto empieza a no coger la pintura, con lo que ya tienes un problema... Ello supone un retardo en el plan previsto, por lo que todos los años tenemos que hacer un par de jornadas nocturnas. Claro, los alumnos se lo toman muy en serio. ¿Sus edades?, pues oscilan entre los 18 y los 23-24 años, lo que suele durar la Universidad, aunque este año tenemos una alumna de 40 años, pero no es lo habitual... Aunque también permitimos que los alumnos ya licenciados repitan en los cursos, porque es muy interesante que haya gente con experiencia, de forma que los que han asistido a un curso previo puedan hacer de tutores de los que asisten por primera vez: ello resulta beneficioso para todos, ya que el trabajo cooperativo es básico, hasta el punto de constituirse en objetivo. ¡Aprender a trabajar de forma conjunta es esencial en nuestro campo! Estos alumnos veteranos suelen estar especializados en una habilidad que se les da especialmente bien, hasta constituirse en maestros -como diríamos en expresión medieval-. Ello es muy importante para la organización de nuestro trabajo y también lo será para el futuro profesional de los alumnos. Claro, siempre hay alguien a quien puede no gustar la experiencia, pero son los menos... La inmensa mayoría quedan muy contentos. En cuanto al tipo de alumnos, pues es multidisciplinar, porque asisten los tres grupos que controlan el tipo de trabajo que hacemos: historiadores del arte, restauradores de Bellas Artes y arquitectos. Procuramos que en nuestros cursos asistan alumnos de las tres especialidades, porque el mayor grado de perfección en la restauración de un edificio se logra bajo esta triple perspectiva. Cada grupo aporta su visión del proceso, sus conocimientos y destrezas... Porque la clave para una correcta interpretación está en la confluencia de estas especialidades... Por supuesto, los cursos son voluntarios; nosotros los ofertamos y los alumnos se van apuntando según sus preferencias. La oferta se hace en la web de la Universidad, aunque también los presentamos en las clases, con imágenes, para hacerlos más atractivos... Los alumnos se apuntan y se comprometen a trabajar durante el tiempo que dura el curso. Sí, después reciben una certificación que les sirve para su currículo académico y profesional. Pero ya te digo, los participantes suelen quedar muy satisfechos, porque no es sólo una experiencia de aprendizaje de conocimientos teóricos y prácticos, también de connivencia; ten en cuenta que estamos conviviendo durante todo el curso, veinticuatro horas diarias. De ahí que sea tan importante cuidar las maneras. Este es otro de los objetivos esenciales del curso, el aprendizaje cívico, aprender a convivir... Porque la convivencia siempre trae problemas, y hay que educarse en resolverlos. Debemos contar también con el cansancio, que aumenta con el paso de los días, y puede llevar a roces entre las personas. Por ello el curso resulta tan enriquecedor... Cierto, de aquí han surgido parejas que han acabado casándose...

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -descubrimiento de un escudo de armas en el lienzo izquierdo (evangelio) del presbiterio- (2014).

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.


¿Y cuál es tu misión como director del curso?
  • Bueno, pues la de dirigir, organizar, moderar el grupo, tomar decisiones técnicas... Pero los alumnos no me tienen sólo como director, ya que continuamente me ven trabajar con ellos... Quiero decir que no soy el típico coordinador que observa y manda, también hago mi labor, codo con codo junto a ellos. A la vez que trabajo observo el desarrollo del grupo y de cada alumno en particular, básicamente para ver su disposición y estado de ánimo... Tienes que ver que conforme pasan los días el cansancio aumenta: ello puede afectar al desarrollo del trabajo individual, del grupo y del curso. Hay que estar pendiente de cada uno en particular para animarle, en especial cuando se enfrenta a una labor difícil o que les sobrepasa; entonces tengo que cambiarle de actividad... Sí, ya llevo muchos años en esto y tengo mucha experiencia en el manejo de los grupos...


            Vicente, ¿cómo surge entonces este campo de trabajo en la iglesia de Torrealta?
  •   En la práctica puede resultar un campo de trabajo, pero es mucho más... Nosotros le llamamos Curso de verano de recuperación de artesanías tradiciones en el medio rural –este es su nombre oficial-. No nos gusta la expresión “curso de restauración”, porque se queda corta, ya que el curso es algo más: acercar al alumno a las artesanías tradiciones, además de darle una formación práctica integral y humana. Hablo de “artesanías tradicionales”, pero también utilizamos materiales modernos, porque en un momento determinado interesa por razones técnicas o prácticas... Date cuenta que estos edificios se hallan en pie desde haces siglos, habiendo sido levantados con unas técnicas y unos materiales que hoy resultan desconocidos o han dejado de utilizarse. Mientras que otros edificios construidos con materiales o técnicas modernas se hallan deteriorados... De ahí que nos diéramos cuenta que hay elementos, y formas antiguas de hacer las cosas, con una durabilidad de la que carecen las actuales. Propiamente, nuestro objetivo es revalorizar los materiales y técnicas tradiciones. Aunque, como te digo, esto no excluye que en un momento determinado utilicemos materiales actuales... Volviendo a tu pregunta, este campo de Torrealta surge a través de don José Antonio, el párroco, con el que nosotros ya habíamos trabajado en Benilloba, en Alicante, durante cinco años. En realidad esto es un círculo, aunque nosotros nunca vamos a pedir las cosas... El secreto de que hayamos durado tanto como organización es que no dependemos de un presupuesto de la Universidad o de la Administración pública, que en un momento puede recortarse o suspenderse... Nacemos de la iniciativa personal, éste es el secreto de nuestra durabilidad, partir del ánimo y del interés de las personas. Unas veces la iniciativa viene de los párrocos, otras de la propia gente del pueblo, de una cofradía, de un Ayuntamiento... Vienen a nosotros, nos muestran su proyecto, nosotros nos acercamos al lugar, lo valoramos, vemos su viabilidad, etc. Lo primero es comprobar si el edificio precisa de una actuación previa, por ejemplo en el tejado, ya que no tendría sentido hacer una restauración en el interior si la cobertura está dañada, pues con dos lluvias se estropearía la labor restauradora...
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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.


       ¿Podrías contarme qué has encontrado en esta iglesia de Torrealta, cuál es su valor histórico, artístico, cultural, arquitectónico...?
  •  La de Torrealta es una iglesia de principios del siglo XVI, creo que muy poco o escasamente valorada... Resulta muy interesante por la bóveda del presbiterio, de estilo gótico-mudéjar. También es llamativo el hecho de que en el entorno de las poblaciones cercanas no haya ninguna cúpula de estas características, con la excepción de la existente en la ermita de San Miguel en Val de la Sabina, aldea de Ademuz. Aquella tiene también una cúpula gótica, de un gótico rural más sencillo; mientras que esta de Torrealta resulta mucho más elaborada. Claro, la de aquí surge en el momento de máximo esplendor social y económico de los Garcés de Marcilla, cuando éstos gozan de más cargos públicos, como alcaides del castillo de Castielfabib; también poseen cargos en Ademuz, ello les posibilita la financiación, porque del señorío de Torrealta, al ser tan pequeño, probablemente sacarían poco... Además está la expulsión de los moriscos –en 1609-, que dejó estos términos despoblados... Hemos de ver que el torreón y la Casa Grande se construyeron a la par, primero el torreón y después la Casa Grande, lo que constituye la casa solariega de los señores del lugar, probablemente construida a finales del siglo XV. A principios del XVI se levanta la iglesia local. Los Garcés de Marcilla vivían entonces aquí en Torrealta, y el torreón defensivo constituye la expresión de su poderío... Ya te digo, la iglesia es pequeña, pero posee una bóveda de mucha calidad, con unas claves de transición, gótico-renacentistas que son una pasada, quiero decir que están muy bien trabajadas, con mucho detalle y finura.

          Se nombra aquí a la ermita de San Miguel Arcángel de Val de la Sabina (Ademuz), que también posee una cúpula en el presbiterio en estilo gótico, aunque más rústico y sencillo que la de Torrealta.[4] Asimismo, se alude al torreón fortificado de Torrealta, uno de los edificios más notables y singulares de la comarca.[5]


      En la memoria para la restauración de la techumbre que hizo el arquitecto valenciano Francisco Cervera Arias se dice que la iglesia la construyó el señor de Torrealta con esclavos argelinos, ¿qué opinión te merece esta afirmación?
  • También yo he leído esto que dices, pero no me atrevería a afirmarlo... Creo más bien que forma parte de una tradición oral. ¡No, no apostaría por eso! Ten en cuenta que aquí estamos en Aragón y de este tipo de bóvedas hay varias en Aragón. De Daroca hasta aquí he documentado hasta tres bóvedas de este estilo..., entre ellas la de la misma Daroca. Ello nos dice que la tradición constructiva de estas cúpulas viene de Aragón. Hipotéticamente podría decirse que el señor de Torrealta conocía estas bóvedas y contrató a los artesanos que las hacían, indicándoles exactamente lo que quería. En la catedral de Tarazona hay también una cúpula similar. He estado buscando en la bóveda de aquí elementos que pudieran corresponder a un maestro que trabajó la escayola en aquella catedral... El molduraje es muy similar, pudo realizarlo el mismo artesano en su juventud..., pero esto es sólo una hipótesis. Lo que pretendo decirte es que esta bóveda de Torrealta es de mucha calidad, no es cualquier bóveda de crucería...
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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.
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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.



            Entonces ¿en qué va a consistir vuestra intervención en la iglesia?
  •  El estado de la iglesia es bastante bueno... Además, no está excesivamente dañada por actuaciones previas. Es la ventaja de los pueblos pequeños y con pocos medios, que no se han llevado a cabo rehabilitaciones importantes..., me refiero a que no ha habido cambios estructurales notables. Ello ha favorecido que se conserve en bastante buen estado, al menos la bóveda. De esta forma, sacar lo original resulta más fácil, y estamos en esa fase. En este momento estamos haciendo catas en distintos lugares, donde suele ser habitual que aparezcan elementos decorativos o de otro tipo, como los paneles laterales, cerca de la clave central... Justamente, en el muro lateral de la izquierda ha aparecido un escudo de armas que puede ser del señor del Lugar: todavía no lo he visto con detenimiento pero es posterior a la bóveda. Puede ser de finales del siglo XVII... Claro, los señores en un momento determinado deciden decorar la iglesia. Sí te puedo decir que el escudo está realizado sobre decoración original. Porque hay a modo de imitación de sillares de piedra, algo muy típico de finales del XV y principios del XVI: es decir, el escudo es algo puesto sobre la decoración original de la iglesia en esta parte del presbiterio. En la parte alta de la bóveda no nos ha salido de momento nada especialmente interesante. Aunque hemos encontrado que a finales del siglo XIX se produjo una fisura en la bóveda y decidieron reforzarla con un arco. Ha salido la fecha de esta actuación  -año 1880-: aprovecharon entonces para hacer toda esta decoración de elementos geométricos azulados que vemos en las paredes laterales del presbiterio, y que según me dicen los mayores del Lugar estaba por todo el perímetro interior de la iglesia. Estos mismos dibujos azulados se hallan en una ermita de El Cuervo, pues datan de la misma época: Sí, esto es muy típico de finales del XIX y principios del XX –que es cuando hacen el refuerzo del arco por la fisura que aparece en la bóveda-. Las catas que estamos haciendo decidirán cómo se va a recuperar la decoración posterior del templo. Aunque sobre ello ha pesado la decoración típica de la época, y lo que hay en las distintas bóvedas del entorno. Claro, esto va por tendencias: en un momento determinado se pone de moda una forma de decorar y todos la siguen... Se trata de buscar pistas que nos permitan ser lo más fieles posibles de cara a la recuperación de la decoración original. Nos han salido unos tonos de azul que pueden ser originales, pero también puede corresponder a las pinturas del XIX que te decía... Porque a principios del XVI era frecuente pintar de lapislázuli los paños entre las nervaduras, simulando la bóveda celeste y pintando estrellas doradas sobre ese cielo, estrellitas plateadas o doradas, según las posibilidades... Todavía estamos analizando la composición de las capas, esto retarda la labor, pero no hay otra manera. No, la cornisa dorada no es original, eso se ve muy bien en el presbiterio, en la pilastra sobre la que apoyan las nervaduras de la bóveda: el saliente probablemente sea ya del siglo XX, como los azulejos del zócalo del altar y las hornacinas, que datan de la posguerra. Las molduras de las hornacinas están muy bien hechas, no sé si el que las hizo tuvo esa intuición o fue instruido por alguien, lo cierto es que imitan muy bien la decoración renacentista. Las veneras de los huecos son típicas de esa época y están labradas con mucha delicadeza, son realmente finas y bonitas. El caso es que vienen muy bien, porque las claves de la bóveda son también renacentistas, y las hornacinas entonan muy bien con este estilo decorativo.

            Se alude aquí al hallazgo de un escudo en un lateral izquierdo (evangelio) del presbiterio, todavía por estudiar. No obstante, pudiera corresponder al que el autor de la genealogía de esta familia nombra en su libro (1780): “Este Escudo de armas es el que mandó D. Juan Garcés de Marcilla, Ram de Vintimilla, en la fundación de su mayorazgo, que trajesen sus herederos, y descendientes, las quales se hallan puestas como indicios de su Patronato en la Iglesia de su Lugar de Torre-Alta en el Altar mayor, y en el florón de la bóveda del Presbiterio”.[6] Asimismo, se hace referencia a la ermita de San Pedro, en el Cuervo (Teruel), en relación con la cenefa de motivos geométricos y vegetales azules que aparecen en distintos lugares, correspondientes a la misma época, finales del XIX, principios del XX.[7]

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -escudo de armas pintado sobre el lienzo izquierdo (evangelio) del presbiterio- (2014).

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -fisura en el arco, claves de bóveda desmontadas- (2014).


            De esta forma, ¿cuál sería la siguiente fase?
  • Pues una vez determinados qué colores y en qué partes se van a utilizar, habría que elaborar las pinturas y pintar... Sí, las pinturas las elaboramos nosotros mismos, usando pigmentos líquidos, pinturas basadas en blancos nucleares, que permiten matizar. No, cualquier pintura no sirve... Utilizamos también los pigmentos en polvo mezclados con látex o cola diluida en agua, elementos que sirven para compactar el pigmento.

            Decía que la conversación ha tenido lugar en el interior de la iglesia, sentados en un de los bancos de la izquierda. Sobre los bancos hay una serie de piezas desmontadas, correspondientes a las claves de la bóveda.


            ¿Qué puedes decirme de estas piezas que hay aquí desmontadas?
  • Estas piezas son las claves de la bóveda, que se han podido desmontar gracias a un perno que las sujeta a la bóveda con una especie de cruceta. Se trata de claves de transición, del gótico al renacimiento: las parte superior es absolutamente gótica mientras que el remate inferior es totalmente renacentista: con adornos en relieve basados en motivos animales y vegetales... Están hechas de yeso, como las nervaduras de la bóveda. Las bóvedas aragonesas de este tipo se construyen con dos materiales básicamente, yeso y ladrillo. La bóveda de la torre de Olalla (Teruel) es muy parecida a ésta mudéjar, de yeso. Todavía tenemos que hacer una cata en uno de los nervios, porque puede que utilizaran también el ladrillo; está por ver... Estas claves de la iglesia de Torrealta son de yeso de mucha calidad, se nota que el señor del Lugar echó la casa por la ventana, que no reparó en gastos: Sí, en la bóveda hizo una inversión muy fuerte... Claro, el señor sabía lo que quería y mostró así su poderío..., por eso contrató buenos profesionales. Ahora estamos trabajando en los muros laterales, que fueron recubiertos de papel pintado y de papel tela, y una especie de moqueta: azul en el testero y roja en el fondo de las hornacinas.
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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -florón lateral en estilo gótico-renacentista dispuesto en la bóveda de crucería- (2014).


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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -clave de bóveda dispuesto en el centro de la crucería- (2014).


            Para finalizar, ¿cómo termina vuestra actuación?
  • Bueno, este año vamos a trabajar en la bóveda y altar mayor del presbiterio, pero en los dos años siguientes actuaremos sobre una parte de la nave central, y finalmente sobre las capillas laterales y el coro. Nuestra actuación termina, no obstante, con la protección de lo actuado y con unas recomendaciones para el mantenimiento del lugar. Es muy típico de las iglesias que el piso se limpie con agua (lo que antes era baldear), pero esta forma de limpiar constituye una fuente de humedad: lo aconsejable es utilizar aserrín húmedo, que permite limpiar igual sin levantar polvo ni dejar humedad. Igualmente si van a utilizarse velas, que las pongan en lugares que no dañen las paredes y techos con el humo, etc.

            Y en lo personal, ¿cómo concluye vuestra relación de grupo con el pueblo?
  • Uno de los propósitos del curso es no convertirnos en elementos ajenos o extraños al pueblo donde estamos haciendo la restauración, de ahí que distribuyamos a los alumnos por las casas para ducharse y asearse, con todo lo que ello comporta. Además, el último día hacemos una comida de hermandad, para confraternizar con los vecinos... Queremos que se queden con un buen recuerdo de nuestro paso por aquí, no como el de alguien que ha estado, ha hecho algo y se ha marchado: lo interesante es que los vecinos sepan lo que hemos hecho y los motivos que nos han llevado a ello, y sobre todo que aprendan a valorar y cuidar lo que tienen. Muchos de los lugares donde vamos cobran vida. Con frecuencia, la relación de cordialidad y amistad de los alumnos con los vecinos que les han acogido es a veces muy duradera, hasta el punto de que se llaman, se invitan para las fiestas, etc.

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -claves de bóveda desmontadas- (2014).

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia) -claves de bóveda desmontadas- (2014).

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Detalle de los trabajos de restauración en la iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta (Torrebaja-Valencia), 2014.

         
Palabras finales, a modo de epílogo.
La entrevista concluye con una fotografía del director del curso a la entrada de la iglesia parroquial de Torrealta, sobre las gradas. Don Vicente Luis Galbis y Giner ha resultado un entrevistado muy asequible y cercano, gran conocedor de su oficio, extraordinario comunicador y con experiencia probada en el manejo de grupos.

Con sencillez y entusiasmo nos ha descubierto la riqueza de esta pequeña iglesia parroquial de Santa Ana en Torrealta, mandada construir por el señor del Lugar en estilo gótico-mudéjar a principios del siglo XVI. El templo se halla en buen estado, habiendo sufrido escasas modificaciones en su fábrica original, en lo que probablemente ha colaborado la tradicional pobreza de medios de la parroquia y su escasa vecindad. Lo más notable de la iglesia es sin duda la cúpula del presbiterio, su tracería gótica y las claves de la bóveda, paradigma en la  transición del estilo gótico al renacentista. Como dice el director del curso, “se nota que el señor del Lugar echó la casa por la ventana, que no reparó en gastos”. Tanto el torreón como la Casa Grande anexa constituyeron la afirmación de su poder, justamente en el momento de máximo esplendor de los Garcés de Marcilla de la época señorial.


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Don Vicente Luis Galbis y Giner (derecha), director del curso de verano posando junto al señor José Díaz Gómez, vecino de Torrealta (Torrebaja) que colabora en los trabajos de restauración de la iglesia (2014).

     La conversación nos ha dado a conocer el Curso de verano de recuperación de artesanías tradiciones en el medio rural patrocinado por la Universidad de Valencia, su dinámica y objetivos. Sin la menor duda que la experiencia será doblemente interesante y enriquecedora, tanto para los alumnos como para el vecindario de Torrealta y su pequeña iglesia: una de las más antiguas del Rincón de Ademuz, además de verdadera joya artística. A los alumnos del curso de verano y a su director, ¡nuestras más expresivas gracias por su labor en pro del rescate de nuestro patrimonio! Vale.




[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La iglesia de Santa Ana en Torrealta, aldea de Torrebaja(Valencia), del martes 30 de abril de 2013.
[3] ID. Mas del Olmo, aldea de Ademuz: paradigma del buen hacer en la conservación de su patrimonio, en Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 225-228.
[4] ID. La ermita de San Miguel Arcángel en Val de la Sabina (Ademuz), del sábado 30 de marzo de 2013.
[5] ID. El torreón de Torrealta (Torrebaja), del domingo 23 de octubre de 2011.
[6] GARCÉS DE MARCILLA, J T., Memoria genealógica perteneciente a la familia que mayor renombre gozó en la ciudad de Teruel, Editada por el caballero Josep Thomas Garcés de Marcilla, Presentada a Su Majestad en la Oficina de don Manuel Martín, Madrid, 1780, Número17.
[7] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La ermita de San Pedro en el Cuervo (Teruel), del domingo 2 de septiembre de 2012.

domingo, 6 de julio de 2014

“EL GOBIERNO DE LA CASA”, TRABAJO DEL TALLER LITERARIO DE LA ESCUELA DE ADULTOS DE ADEMUZ.

A propósito de la edición del libro correspondiente al curso 2012-13.


“Lo que no se convierte en recuerdo, se fue”
Antonio Porchia (1885-1968), poeta italo-argentino-.



            Un libro -el objeto cultural por excelencia- constituye siempre un regalo muy socorrido, aunque lo difícil es acertar en la elección del título, pues para atinar hay que conocer muy bien a la persona y sus hábitos lectores. Hace pocos días mi mujer me trajo uno: Mira, te he traído un libro, seguro que te gustará; ¡lo han hecho las mujeres de la escuela de adultos de Ademuz...! –dijo persuadida del acierto-.
            Se trataba del libro cuyo título se reseña en el epígrafe “El gobierno de la Casa” (2012-13), una publicación sencillamente editada en tapa blanda [15x21 cm., 120 páginas] con algunas fotografías en blanco y negro en su interior. En la portada del libro puede verse el rostro y torso de unas preciosas niñas al estilo de los años cuarenta, una de ellas con velo, posiblemente del traje de la boda o primera comunión, otras con un libro delante, sin duda fotos del colegio. Entre los rostros puede verse también el de una persona mayor...
            El regalo fue acertado y muy de mi gusto, no hay duda que la persona que me lo regaló me conoce bien. En cualquier caso, el libro resulta estupendo y se merece un comentario, pues el resultado obtenido es ejemplar. Mi glosa incluye algunos dictámenes críticos..., aunque siempre positivos y afectuosos.


Detalle de la portada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia), curso 2012-2013.



            Contenido e índice del libro.
            El libro comienza con la fotografía de una señora mayor, y una dedicatoria: “Con el recuerdo de nuestra compañera, Vicenta Argilés”. Probablemente se trata de una de las asistentes al taller literario de la Escuela de Adultas recientemente fallecida. A continuación, bajo el título, se reseñan las Autoras, ordenadas por orden alfabético del primer apellido: Jacinta Amado Garrido, Ángeles Andrés Ramírez, Teresa Aparicio Muñoz, Encarnación Aparicio Soriano, Teresa Blasco Adalid, Azucena Monleón Degracia, Encarnación Montesinos Martínez, Purificación Pérez Peinado y Carmen Rubio Blasco.
            En el reverso de la primera pagina se han colocado tres citas, que traducen la clave en que debe leerse el libro: una del escritor colombiano Gabriel García Márquez (1927-14), premio Nóbel de Literatura (1982), otra del poeta satírico bilbilitano Marco Valerio Marcial (40-104) y una tercera del poeta italo-argentino Antonio Porchia (1885-1968). Todas aluden a la memoria, a la importancia de los recuerdos, pero yo me quedo con la de Porchia: “Lo que no se convierte en recuerdo, se fue”. No en vano las personas somos recuerdos, sueños e ilusiones. Y aunque la vida no es ningún sueño, sin recuerdos e ilusiones no somos nada –porque lo de vivir exclusivamente del presente no deja de ser una falacia-. Se dice que todo lo que hemos visto, vivido y sentido permanece en algún surco de la memoria, y que puede reaparecer en cualquier momento de nuestra vida: el ser humano es la suma de lo que ha sido (en el pasado),  de lo que es (en el presente) y de lo que será (en el futuro); y en última instancia, tiempo y memoria. Pero, ciertamente, lo que no se evoca, se esfuma.

Detalle de escena del mundo rural, "Hombres sentados a la puerta del molino de la villa" en Ademuz, sin fecha (s/f) [Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].


            La Presentación del libro resulta un ejercicio de discreción, mesura y buen hacer, juzguen ustedes mismos (la cursiva es mía):
  • <La época que nos ha tocado vivir está resultando ser una época de crisis, de cambios que, a priori, parece que nos llevan a algo peor respecto al sistema de bienestar que hasta ahora habíamos disfrutado. La ciudadanía está perdiendo sus empleos, su dinero, sus esperanzas... La queja y la indignación invaden las calles de nuestros pueblos y ciudades. La gente está cabreada y se siente indefensa antes las circunstancias que nos han tocado sufrir./ Pero no es la primera vez que los españoles nos encontramos con una situación como esta o, al menos, nuestra historia ha tenido momentos que nos recuerdan fuertemente lo que hoy estamos padeciendo, aunque sea por razones muy diferentes, y hemos conseguido superarlos. Sin ir más lejos, la generación de nuestros abuelos vivieron una época, la de la posguerra, que fue muy dura y de la que, sin duda, podemos aprender mucho./ La generación de loa posguerra daba gracias por todo porque lo había perdido todo. Para ellos, tener un trabajo era  una bendición, como lo era poder comer tres veces al día y vivir sin la cartilla de racionamiento. El coche llegó tan tarde que la gente se sacaba el carné a la edad en la que ahora pensamos en el plan de pensiones. El televisor había que pagarlo en cinco años o más. Los recién casados se iban de vacaciones a Madrid o Barcelona, y casi nadie conocía otro país diferente al suyo propio. Era una generación que quería dejar algo a los hijos pues cualquier día podría sobrevenir una catástrofe, como la que ellos o su familia habían vivido: la casa, las tierras, los animales... Para aquella generación, la vida consistía en trabajar mucho, gastar lo justo, salir pronto de las deudas y ahorrar por si las moscas. Vivieron unos años tan duros, que ahora se les reconoce en la calle porque, cuando hay huelga de transportistas, corren al mercado a por las lentejas, latas de atún y leche porque “esto es como en la Guerra”./ Gracias a ellos, las generaciones posteriores conocimos las mesas llenas de comida y la frase (que) más nos dedicaban era: “Cómete todo porque tú no sabes lo que es pasar hambre”. Nos inflaron a comer. Pero no tres sino ¡cuatro veces al día! Porque a la hora de la merienda nos enchufaban bocadillos de sobrasada, de chorizo, de pan con leche condensada (había una versión a la que se le añadía colacao), y había gente que merendaba unos bocadillos como el antebrazo de un albañil. Comer, comer, comer... Había que dejar el plato limpio porque de lo contrario, uno estaba insultando la memoria de la Guerra Civil, y se iba a la cama con tantos remordimientos que no podía pegar ojo./ Nuestros abuelos, en su mayoría, no eran de una generación rebelde porque tener una casa donde caer muertos después de infinitas jornadas de trabajo y un caldo calentito, ya era una gran rebeldía contra el hambre de la posguerra./ Ahora, a nuestra generación también le ha llegado la crisis. A los de la posguerra, con sus pensiones y sus casas ya pagadas, esto les parece grave pero no tan grave como las cartillas de racionamiento. Las generaciones posteriores nos hemos quedado traspuestos. No hay empleo, no hay dinero, no hay futuro. Así de pronto. ¿Es el fin? No, porque las generaciones anteriores ya conocieron qué es una crisis, y salieron adelante, con mucho esfuerzo, pero nos sacaron adelante>.

            Decía de la discreción y mesura de la presentación, pero yo no sería tan discreto ni mesurado... La presentación compara los tiempos de la posguerra, que fueron los de la niñez y primera juventud de la mayoría de las alumnas del taller literario, con la situación de crisis y cambio social actual, crisis que en el ámbito internacional ha sido “producida por las viles especulaciones de los grandes bancos norteamericanos que (además) han quedado impunes”, y a escala nacional por la mediocridad y falta de visión de nuestros políticos, que no supieron verla ni preverla en su momento. La crisis actual, con todo, no es tan mala como la vivida por las alumnas en los primeros años de la posguerra, en los que muchos ciudadanos sufrieron el fantasma de la represión, del hambre y las cartillas de racionamiento. Esto mismo sucedió en Rusia y muchos otros países centroeuropeos tras la guerra mundial. Prueba de que no ha sido tan grave es que pese a la pérdida de empleos, de dinero y esperanzas la gente no se ha echado a la calle como hubiera sido lo previsible, quizá porque la situación se ha visto almohadillada por las ayudas sociales, el subsidio del paro, las asociaciones caritativas, la solidaridad familiar...

Detalle de paisaje con arquitectura rural, "Edificios de La Balsa" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Aquí se nos propone un ejemplo del que cabe aprender, y una esperanza, conforme podremos salir adelante, como salieron nuestros padres y abuelos de una situación todavía más desesperada como fue la de la posguerra española, con la guerra mundial como telón de fondo. Aunque ya nada será igual, quizás porque la confortabilidad vivida en el pasado reciente, anterior a la crisis, superaba nuestras expectativas; lo que llevó a muchos a vivir por encima de sus posibilidades y a los políticos a no cumplir con su deber de proteger la seguridad y el bienestar ciudadano.
            Qué razón tiene el prologuista cuando dice que “El televisor había que pagarlo en cinco años o más”, y “Los recién casados se iban de vacaciones a Madrid o Barcelona, y casi nadie conocía otro país diferente al suyo propio”. Anteayer fueron los televisores y los coches, pero hoy son las viviendas hipotecadas a treinta o cuarenta años. Las bodas ya no son los festejos que reunían a familiares y amigos para comerse una paella, beber, bailar a los sones de una acordeón y después viajar los recién casados un par de días a la capital de la provincia, hoy son auténticos bodorrios que incluyen viajes de luna de miel a Cancún o Tailandia, lugares que a muchos les resultaría difícil situar en el mapa.
            Hoy la gente no sueña con “dejar algo a los hijos”, “salir pronto de las deudas y ahorrar”; sino en pagar la hipoteca del piso, los plazos del coche para volver a empeñarse. ¡A esto le llaman vivir al día! La gente de antaño aprovechaba todo, cualquier cosa podía arreglarse, mientras que hoy se derrocha y nada se recompone. Ciertamente, cuando se pasa de una situación de precariedad a otra de abundancia no hay tiempo ni razón para la rebeldía, por eso nuestros predecesores no fueron sediciosos ni insurrectos con su realidad. Ello no significa que nuestros hijos y nietos no deban ser revolucionarios y luchen por mejorar su situación y la misma justicia social, sólo que hay que saber de dónde se viene y de la realidad de antaño. De ahí que la abundancia y la comodidad apaguen el espíritu de superación y progreso, cualidades que la generación de las alumnas de la Escuela de Adultos de Ademuz tuvieron en abundancia. Es por ello que en la presentación se insista en la esperanza, conforme de toda crisis puede salirse –porque el aprieto actual no es el primero ni será el último-, aunque sin pretender que las cosas vuelvan a ser como fueron en las décadas pasadas, ya que aquellas circunstancias tampoco eran conformes a la economía real, y la historia nunca no se repite de la misma manera.

Detalle de escena doméstica del mundo rural, "Matacerdo" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Detalle de escena doméstica del mundo, "Echando grano a las gallinas" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].


            Estructura orgánica del libro.
            El libro se halla estructurado en dos partes bien diferenciadas:
-                     la primera constituye una compilación de relatos basados en los recuerdos de las alumnas, incluyendo todo lo relacionado con la economía doméstica y la gestión de los recursos en la posguerra.
-             la segunda es un relato basado en un supuesto de la imaginación, esto es, una familia compuesta de varios miembros (padres, hijos y abuelos), la cual debe ser autosuficiente, como sucedió durante la posguerra inmediata (años cuarenta y primeros cincuenta).

La autosuficiencia a la que se alude en la fábula de la segunda parte entronca con lo que desde una óptica sociológica se denominó Autarquía, situación de la economía y los recursos sociales que padeció España en la posguerra –entre 1945-1951-, no sólo por efecto de la guerra sino también por el aislamiento internacional a que fue sometido el país por los aliados dado el régimen político instaurado y su vinculación con los regímenes fascistas que perdieron la guerra. Los bloqueos de este tipo dañan al régimen político que gobierna, pero muy especialmente a la población.

           La primera parte contiene una serie de epígrafes bajo los que se hallan los títulos de cada experiencia, constituyendo el corpus del libro: -Vivencias, El gobierno de la casa, El precio de las cosas, Los oficios, El huerto, ¡Cómo calentarse y tener luz!, Tiempo de celebraciones, Nos comunicamos, El estraperlo.

PRIMERA PARTE

1. VIVENCIAS

¡Cómo se vivía después de la guerra

Mis vivencias

Cómo se vivía antes

Recuerdo

Lo de antes que era todo económico

La economía

Cómo vivíamos antes

Economía doméstica

Los lavaderos

Mi pueblo

La gente de mi pueblo

Recuerdos

De lo presente a lo pasado

La organización de las familias

Las compañeras de la escuela de adultos

Los juegos de antaño

Cosas de mi niñez

Hace muchos años

De la hierba

Recuerdo de los maestros

Recordando a Vicenta
2. EL GOBIERNO DE LA CASA
La crisis de ayer y de hoy

La vida como era antes

Cómo se guisaba antes

Conserva de tomate

Planchar

Tema de los frutos secos

Plantas silvestres medicinales

Reciclando ropa

Recordando los tiempos pasados

Poema del papel de los años 40

La caza

A cazar

Mi perro Cordiles

Hablaremos del agua

Aprovechando todo
3. EL PRECIO DE LAS COSAS
La crisis de mi niñez

El precio de las cosas

Recordando los precios

Cantando un pasado

Poema de la peseta

Economía doméstica
4. LOS OFICIOS
El afilador

El esquilador de mulos y otros oficios

El esquilador de ovejas

La caldera del espliego

El azafrán

La elaboración del vino

La siembra del tabaco

El molino de la Fuente Vieja

El oficio de espartero

Las caleras

El horno

Trillar

La siega

Las faenas del campo

La elaboración del turrón

Los años 40: la fabricación del yeso

Poema del yeso negro
5. EL HUERTO
Poema de la huerta del rincón

El huerto

El huerto, las hortalizas y el tomate

Mi huerto

El huerto de mi padre
6. ¡CÓMO CALENTARSE Y TENER LUZ!
Maneras de calentarse

Calentarse y guisar

Calentitos en invierno

Domingo de invierno

Cuando el tiempo era menos moderno

Poema del año 53

En la escuela

Cuando yo era joven

La luz que teníamos antes

La vida en Ademuz
7. TIEMPO DE CELEBRACIONES
La Navidad

Cómo se vivía antes la Navidad

Recordando a mis padres

La Navidad de antes

Poema de los años 45: Reyes

El día de Reyes

Poema de un Año Nuevo

El ajuar

Ajuar de novia

Preparándose para la boda

Poema de un ajuar

¡Cómo eran las bodas antes!

La albada del Rincón de Ademuz

La Purísima
8. NOS COMUNICAMOS
Los medios de comunicación

Lo que era la comunicación

Ademuz en los años sesenta

Temas de los años 40
9. EL ESTRAPERLO
El estraperlo

Los tiempos del estraperlo
Elaboración propia (2014).

        La segunda parte contiene los relatos del supuesto literario: -Mi familia, Mi abuelo, Las fiestas, Cosas que pasan en casa, La siega y la limpieza de la cuadra, Muchos de familia, Una familia unida, Una familia numerosa, Todos ocupados, Relato de una familia.

Detalle de escena del mundo rural, "Labrando al par con dos burros" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].
Detalle de escena del mundo rural, "Trillando en la era" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Detalle de escena del mundo rural, "Aventando en la era" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].
  
            Los relatos de cada epígrafe son cortos, en ocasiones contados de forma periodística, telegráfica, conservando la chispa de las expresiones populares -ello no obstante la mediación que hayan podido tener de los maestros o profesores del taller-. Cada narración podría servir para un análisis de texto, en el que desmenuzar su contenido, en especial el sociológico, etnológico, etnográfico. El primer relato de Vivencias se titula ¡Cómo se vivía después de la guerra!, en cuyo primer párrafo se dice:
  • <Ademuz era una población de 4.000 habitantes. No había nada, la gente vivía como podía, los niños hasta la hora del colegio cogían el baleo y a recoger los boñigos por las calles, con ese estiercol se abonaba el huerto; así se sembraban patatas y hortalizas. La madre hacía una sartén de sémola o patatas fritas. La familia llenaba la tripica y a trabajar todo el día, y por la noche alubias en ensalada>.

            Puestos en la labor de análisis crítico, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el municipio de Ademuz (aldeas incluidas) alcanzó la cifra de 4.092 habitantes en 1920 –constituyendo el techo poblacional del término-: en 1930 (3.961 hab.), en 1940 (3.866 hab.): quiere decirse con esto que en la posguerra Ademuz no llegó nunca a los cuatro millares, y que el contexto es aproximado.[1] Cuando dice “No había nada, la gente vivía como podía,”... -¿qué quiere decir?, porque lo que se dice haber había muchas cosas, aunque faltaran otras tantas-. Además, la carencia no afectó a todos por igual. Es decir, la relatora expresa su vivencia personal, manifestando la escasez y penuria general de entonces, pero si continuamos su relato comprobaremos que realmente había muchas cosas y se hacían muchas más.

            En el segundo relato del mismo apartado, titulado Mis vivencias, se dice:
  • <Yo voy a escribir (acerca) de lo que he vivido. Tendría yo unos 8 ó 10 años cuando esto pasaba en este pueblo. Éramos unos cinco mil habitantes y también había necesidad como hay ahora en algunos sitios. Había un edificio que está al lado de mi casa, ahora se llama “La Sociedad” antes se llamaba el Servicio Social, que era donde daban un plato de comida al que no tenía. Había una mujer que guisaba y otra que le ayudaba./ Todos los días, o casi todos, hacían lo mismo, patatas con bacalao. Cuando era la hora de comer había cola en la calle. Llevaban el plato bajo el brazo y una cuchara, les echaban dos cazos de comida y ya estaban listos hasta el día siguiente./ Con esto quiero decir que no había colesterol, azúcar ni tensión, no daba tiempo a tenerlo>.

            El relato se basa en una experiencia personal, algo vivido por la relatora en su pueblo al final de la primera década de su vida. Acerca del número de habitantes ya hemos dicho, entendiendo se refiere a que entonces había mucha gente en el pueblo. La narración posee gran valor testimonial, incluso historiográfico, pues dice de la existencia de algún tipo de organización de caridad, tipo Auxilio Social, que daba de comer a los más necesitados del pueblo: casi siempre lo mismo, “patatas con bacalao”. Los comensales portaban “el plato bajo el brazo y una cuchara”. Probablemente era la única comida del día, pues “ya estaban listos hasta el día siguiente”. Y concluye con una nota de humor, diciendo que la escasez de comida evitaba las enfermedades de la abundancia hoy tan frecuentes. Resulta estupendo, pues en pocas líneas hace un bosquejo de la realidad social de entonces.

Detalle de escena del mundo rural, "Vendimiando" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Detalle de escena del mundo rural, "A caballo por las calles de Ademuz", s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Detalle de escena del mundo rural, "A caballo sobre un macho tordo, labrando" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

            En La crisis de mi niñez, primer relato de El precio de las cosas, se dice:
  • <Cuando yo era pequeña todo el mundo estaba en crisis, [...], pero nadie decía crisis, todos pensaban en trabajar. No corría el dinero, sólo eran céntimos, perricas gordas y pequeñas, y reales./ Una docena de huevos costaba veinticinco céntimos. Los celtas cortos costaban dos perras gordas y los cuarterones costaban dos reales, o sea, cincuenta céntimos. Unas zapatillas de esparto y lona te costaban ocho reales./ Los machos que costaban dos mil reales ya son muy buenos, y por una burra se pagaban 200 reales, te criaba, la echabas al caballar y parían muletos muy buenos, que se recriaban y se vendían por quinientos reales, ya esa bien pagado./ Y un huerto grande, donde sembrabas de todo, te costaba cuatro mil pesetas, o sea, 16.000 reales. Pero hasta conseguir esos reales cuánto había que sudar la camiseta./ De lo que costaba la comida ya no lo nombro porque todo se cogía en el campo: garbanzos, guijas, alubias pardas, moradas, del barco, esas eran blancas, para ensalada. Estas se hacían para cenar porque no son flatosas, y la pilaricas, eran muy buenas./ Patatas, macucas, las macucas se echaban en vinagre, y para los matacerdos se ponían adobos para cenar. [...] Todos estos productos de la tierra se hacía trueque con ellos, por manzanas, naranjas por huevos.../ La tierra cuidándola bien rinde mucho. El mejor abono es el hierro, o se, la azada es buena, quita las hierbas. [...] Las gallinas y conejos también eran muy rentables. Los huevos se comían de muchas maneras y se echaba llueca, y así se recriaban los pollicos. Todo, todo era trabajar con mucha idea, nada de quejas>

            Se nombra aquí “los celtas cortos”, una marca de cigarrillos, así como “los cuarterones”, tabaco en forma de picadura; el precio de los animales de labor, machos, burras, muletos, y de la tierra, todo tasado en reales, céntimos y pesetas, expresión de la escasez dineraria, lo que se paliaba mediante el trueque de unos productos por otros.

Precios oficiales para distintos productos en la España de 1940 (febrero).
Aceite
3,5 ptas/ litro
Arroz
1,3 ptas/ kg
Azúcar
2,3 ptas/ kg
Garbanzos
2,3 ptas/ kg
Chocolate
2,1 ptas/ libra
Patatas
0,8 ptas/ kg
Dulce de membrillo
4,75 ptas/ kg
Huevos
6 ptas/ docena
Pan
1 pta/ kg
Tomado de "El franquismo año a año. Lo que se contaba y ocultaba durante la dictadura", 1939-1940: Franco-Hitler: diálogo de sordos en Hendaya, Biblioteca El Mundo, Madrid, 2006, p. 138.

        Los relatos se suceden -breves, jugosos, ingenuos...- cual teselas de un rico mosaico, conformando las pinceladas vivas del gran tapiz del tiempo de la posguerra. Bien es cierto que no todos los relatos poseen el mismo valor (sociológico, literario...), pero entre todos colaboran a la visión que se pretende. En Tiempo de celebraciones, se dice ¡Como eran las bodas antes!:
  • <Dos días antes de la boda se mataban los pollos y conejos, cuando estaban para cortar lo hacían así: los mejores trozos se hacían rustidos y las patas, el cuello y lo demás para caldo./ La comida eran paellas de arroz que según los invitados se hacían cuatro o seis de segundo plato: rustido y de postre: manzana esperiega, y para beber vino del cubo del Perdigacho, que era un clarete muy bueno>

     Bodas íntimas -sencillas, familiares, entrañables...-, nada que ver con las ostentosas celebraciones actuales. En el apartado El estraperlo, se dice de Los tiempos del estraperlo:
  • <Las carnes se criaban en casa, como el cerdo, (los) conejos, (las) gallinas, etc. Las verduras y demás se criaban en el campo y el azúcar, (el) arroz, (el) aceite, (el) chocolate y (la) mantequilla eran de estraperlo. La gente se las ingeniaba para comprarlos>

       Es decir, había productos que se producían en casa, pero otros había que comprarlos. Haberlos, los había; pero no se hallaban al alcance de todos. El estraperlo era el comercio ilegal de bienes y productos sometidos al control, impuesto o tasa del Estado. Hubo quien se enriqueció con estas prácticas del mercado negro..., a costa de los que querían disfrutar de los pequeños placeres de las cosas necesarias, o no tanto. En cualquier caso, el estraperlo, efecto directo del racionamiento, constituyó una lacra que distorsionó el mercado español de los años cuarenta.

Detalle de escena festiva del mundo rural, "En traje de comunión", en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Detalle de escena festiva del mundo rural, "Boda en Ademuz", s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].


Nota acerca de la posguerra española.
Como escribí en otro lugar, a modo de contrapunto del período histórico conviene conocer algunos datos estadísticos de reciente publicación: “Estadísticas históricas de España: siglos XIX-XX/ edición en tres volúmenes coordinada por Xavier Tafunell Sambola, Albert Carreras i Odriozola, Barcelona, 2005. 

CONCEPTO

AÑOS 30
AÑOS 50
Esperanza de vida al nacer
50 años
62 años (1950)
Mortalidad infantil
34,7 por mil (1935)
12,5 por mil (1950)
Estatura media reclutas
165 cm (1935)
168 cm (1950)
Número de maestros
52.000 (1934)
78.000 (1950)
Número de alumnos por maestro
64,7 (1934)
41 (1950)
Enseñanza secundaria
124.000 alumnos (1934)
[34.000 alumnas]
215.000 alumnos (1950)
[75.000 alumnas]
Tomado de Tafunell y Carreras (2005).

Cabe decir que tanto la esperanza de vida al nacer, como la mortalidad infantil y la estatura media de una población se halla en relación con la calidad de vida de aquella, extensivas a las medidas preventivas higiénico sanitarias y a la cantidad y calidad de la alimentación. En este sentido, “los años 40 distaron mucho de ser una década perdida, y sus logros son mucho más destacables al tener que enfrentarse el país a condiciones mucho más difíciles” –Pío Moa dixit-: se refiere a la inmediata posguerra y a la segunda guerra mundial (1939-45), a la implantación de la cartilla de racionamiento, al estraperlo del mercado negro, al maquis, al bloqueo internacional y al consiguiente período de Autarquía (1945-51) que produjo. Es por ello que los datos estadísticos expuestos resultan tan llamativos en aquella época de carestía, incluso inesperados, por no decir increíbles... De ahí que hablar de la posguerra inmediata y del franquismo en su conjunto como una época de estancamiento, triste y gris no sea creíble, siendo más bien producto de la propaganda, la literatura y el cine más tendenciosos; sirvan los datos estadísticos mostrados como prueba de que es necesario poner en duda muchos conceptos admitidos como dogma por cierto sector de ciudadanos, pues lo que el periodo necesita es una amplia revisión.[2]

 

            A modo de conclusión.
Estimo que la compilación llevada a cabo por el taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia) ha cumplido sobradamente con su propósito, enseñarnos “cómo se vivía antaño con lo poco que se tenía”, “cómo se vivió durante la guerra, qué hacía la gente para llevarse un trozo de pan a la boca, a qué se dedicaban”. No obstante las penurias de antaño, éstas se recuerdan con un halo de simpatía, quizá porque sólo se evoca la parte buena, evitando el aspecto negativo que acompaña a toda experiencia intensa.
La labor del taller posee otro mérito evidente, ya que sirve a los intereses de las personas mayores, estimulándolas a salir de casa y relacionarse, algo de vital importancia en esa época en que tendemos a encerrarnos en nosotros mismos. Evocar el pasado remoto y compartir experiencias de infancia y juventud constituye una buena praxis de cara a la prevención del retraimiento y el olvido. Sin embargo, para acrecentar el valor etnográfico del trabajo y situar mejor la fuente de los recuerdos de las autoras, junto al nombre debiera haberse puesto la naturaleza y el año de nacimiento de cada una. Otro pequeño detalle es la ausencia del cifrado en las estupendas fotografías que el libro contiene, poniendo un pie de foto explicativo que dijera del lugar donde fueron tomadas, nombrando a los que en ella aparecen y datándolas con el año aproximado. Asimismo, falta una fotografía de grupo, con las alumnas y los profesores que han conducido el taller. A los maestros les recrimino no haber firmado la presentación, pues pienso que cualquier labor personalizada debe señalarse, además de reconocerse. Así, pues, ¡felicidades a las alumnas y maestros del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz!

Detalle de escena festiva del mundo rural, "Mujeres de negro con velo y peineta" en las Gradas de la iglesia parroquial de Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].
 
Detalle de escena del mundo rural, "Grupo de niños y jóvenes" en Ademuz, s/f
[Foto tomada del libro "El gobierno de la casa", obra del Taller literario de la Escuela de Adultos de Ademuz (Valencia)].

Propiamente, el presente es legatario del pasado, como la juventud lo es de la adolescencia y ésta de la niñez, y “sin gente como ellas (las alumnas del taller) no habríamos llegado donde hemos llegado, ni seríamos lo que somos” –idea que se expone en el prólogo, y que comparto-. De ahí que se insista en la lectura de estas páginas preñadas de vivencias, de ingenuidad, ilusión, esperanza y buen humor. No hay duda de que contienen una valiosa enseñanza, hasta el punto que si reflexionamos sobre la experiencia que transmiten nos instruiremos en la forma de enfrentarnos a los problemas que la sociedad de hoy nos plantea. En cualquier caso, como dijo el clásico latino Caio Titus al senado: Verba volant, Scripta manent... –las palabras vuelan, lo escrito permanece-. Sólo por eso ya merece la pena el trabajo que se expone. Vale.


De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


_________________________________ 
[1] RODRIGO ALFONSO, Carles. El Rincón de Ademuz. Análisis geográfico comarcal, Edita ADIRA, Valencia, 1998, p. 54.
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. De las escuelas y maestros del Rincón de Ademuz en otro tiempo, del 15 de febrero de 2012.