miércoles, 15 de marzo de 2017

RELATOS TESTIMONIALES: MAQUIS EN LIBROS, TERUEL (1948).


Testimonios y anécdotas de convecinos del Rincón de Ademuz referidos al maquis español de la posguerra, sin pretensión de hacer historia.



“Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, 
si todos los testimonios decían lo mismo, 
entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. 
El que controla el pasado -decía el eslogan del Partido-, controla también el futuro.
El que controla el presente, controla el pasado”
-George Orwell, 1984, Parte I, cap. III-.[1]







Palabras previas.
La entrada de hoy se basa en unas páginas mecanografiadas –con alguna nota marginal manuscrita- que recientemente hallé entre ciertos papeles que, mediados los años noventa del pasado siglo, me envió desde Barcelona Miguel Marín Adán (1907-2001). Por aquella época él ya se encontraba sin ánimos para escribir o publicar nada, de ahí que me enviara cierta documentación, dándome libertad para publicarla si creía que podía tener algún interés. Las páginas de referencia aluden a cierto hecho ocurrido a finales de diciembre de 1948 en Libros (Teruel), aunque relacionados con Torrebaja, municipio del Rincón de Ademuz donde residía la persona que le relató lo sucedido con los guerrilleros del maquis antifranquista y el Somatén Armado de la época.

Acerca de Libros cabe decir que es un pequeño municipio ubicado al sur de la provincia de Teruel, apostado en la margen derecha del río Turia, por cuyo extremo oriental discurre la doble CN-330-420. Quien mejor ha definido el escenario de su caserío, sin embargo, es Pascual Madoz (1847), señalando que está situado “en un barranco debajo de un elevadísimo peñasco, resguardado de todos los vientos”;[2] quien conozca el paraje habrá de reconocer que la descripción es ajustada. Situado a 766 m de altitud sobre el nivel del mar, se halla a 27 kilómetros de la capital provincial (Teruel), su gentilicio es “librense” o “libreño-ña”.

Detalle de la entrada meridional a Libros (Teruel), por la CN-330, procedente del Rincón de Ademuz (Valencia), 2015.

El edificio más notable de la localidad es la iglesia parroquial de “San Juan Bautista”, obra neoclásica del siglo XIX, basada en mampostería ordinaria, situada en la plaza mayor del lugar. Frente al caserío -margen izquierda del Turia, a los pies de un picudo cerro rocoso- hay un pequeño oratorio bajo la advocación de la “Virgen del Pilar”. En las estadísticas de población del primer tercio del siglo XX, Libros figura como el municipio más poblado de la zona turolense: 1.308 habitantes (1920), 1.691 (1930) y 1.241 (1940), debido a que en su censo contaba la población del barrio minero de La Azufrera, situado al sureste del municipio. Con la excepción de la minería, su economía se basaba en la agricultura, aunque en tiempo de Madoz, “sin embargo de la bondad de las tierras, (la agricultura estaba) sumamente abandonada”.[3] Tras el cierre de las minas en los años cincuenta, el declive poblacional y económico del lugar fue imparable, incrementándose en las décadas siguientes, hasta el punto que en la actualidad apenas rebasa el centenar de habitantes: 113 (2016).


Detalle de la entrada meridional a Libros (Teruel), por la CN-330, procedente del Rincón de Ademuz (Valencia), 2015.
torrebaja-valencia-miguel-fortea-garrido
El señor Miguel Fortea Garrido, taxista, posando con dos niños junto a su vehículo en Torrebaja (Valencia), ca.1956 [Foto procedente del Archivo Familiar].

Maquis en Libros (Teruel).
Como se dice arriba, el incidente que se pretende relatar lo recoge el estudioso castielfabiense Miguel Marín Adán en un escrito mecanografiado con notas marginales manuscritas, basado en el testimonio de Miguel Fortea Garrido, natural y residente en Torrebaja, donde ejerció como taxista en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo XX:
  • <El día de los Santos Inocentes -28 de diciembre de 1948-, estaba yo en mi casa cuando dos tratantes me requirieron para llevarles a Libros, donde pretendían comprar ganado. Querían que los llevara al anochecer, pues los corderos sólo pueden verse estabulados, el resto del día están pastando./ Marchamos a Libros después de cenar, sobre las 22:00 horas. Al llegar bajo el olmo (que había junto a la carretera) nos paró el vecino Ramón Jimeno –Ramón iba acompañado de otros y nos dijo-: Bajad, no habléis y seguidnos –nos llevaron a una casa cercana donde había otras personas, y allí nos dejaron-./ Al bajar del coche vimos por allí a varios hombres armados, que resultaron ser maquis. En la casa donde nos recluyeron pasamos algunas horas, junto a otros forasteros que, como nosotros, habían sido confinados.>

En nota manuscrita del mecanografiado original dice el recopilador que, según supo después por Antonio Fortea Esparza, hijo de Miguel Fortea Garrido, “uno de los tratantes de ganado era Alcalde de Villarquemado”, Teruel. Sigue relatando:
  • <Como los tratantes llevaban encima el dinero para pagar los corderos, para evitar se lo robaran, se les ocurrió esconderlo en la cochinera de los cerdos, y éstos no hacían más que acercarse a ellos gruñendo.../ Estuvimos en aquella casa hasta que se marcharon los maquis. Después, hablando con los vecinos, pudimos averiguar lo sucedido: Sobre las 21:30 horas, procedentes de las inmediaciones de Tramacastiel, los maquis entraron en Libros por la carretera, y fueron directamente a la casa de un tal Atienza, electricista del lugar, cuya vivienda estaba a la salida del pueblo, dirección Teruel. Allí cortaron el teléfono de la compañía eléctrica y salieron a la carretera./ En aquel momento, procedente de Teruel llegaba el vecino Ceferino Serrano con su camión, al que obligaron a cruzar en la carretera el vehículo que llevaba, impidiendo así la circulación por aquel sector. En la fachada de la casa contigua (a la del electricista) había una bombilla que los maquis rompieron; al oír el ruido salió por la ventana un vecino renegando, pero como le apuntaran con el fusil, cerró el pico y la ventana, desapareciendo en el interior./>

Continúa diciendo:
  • <Los maquis obligaron a Atienza (el electricista) y a Ceferino (el del camión) a acompañarles a casa del vecino Ramón Jimeno, hombre corpulento y bravucón que cuando se suscitaba la conversación de los maquis decía: ¡Hombre, ya me gustaría a mí verles y enfrentarles...! Los maquis le dijeron: Sabemos que quería usted vernos. Pues bien, aquí nos tiene, somos los Guerrilleros de Levante y esperamos cumpla las amenazas... A lo que el hombre respondió: El decir, no quiere significar hacer... –y se los llevaron al Ayuntamiento, donde los dejaron junto con otros vecinos-./ Seguidamente (los maquis) marcharon a casa de Manuel “el de la Maestra”, personaje presumido y valentón, albañil de profesión, que con otros convecinos formaba parte del recién formado somatén, y que tuvo que entregar su arma a los maquis. A Manuel le internaron en la casa Lugar, junto a los demás somatenistas. Marcharon después a casa de un tal Alegre -cabo o jefe del somatén-, cuya casa estaba a la salida del pueblo, camino de las eras, en dirección al Rincón de Ademuz. Llamaron a la puerta pero no abrieron. Volvieron con otros del Ayuntamiento y llamaron de nuevo; entonces abrió la mujer, diciendo que su marido no estaba. Los maquis registraron la casa sin encontrarle, sin duda por haber huido por la parte de atrás>

Concluye el relato:
  • <Cuando recorrían el pueblo, (los maquis) echaron el alto a un hombre que huía por las callejas del lugar, y dispararon al aire. Los impactos de las balas pudieron comprobarse después junto a la ventana de una casa próxima, bajo el alero. Entraron en las casas de los más pudientes, entre ellas la de un sobrino del maestro Rafael Güemes, del que seguramente obtuvieron dinero, aunque la cantidad nunca se supo, y provisiones./ Cuando algunos vecinos eran conducidos (por los maquis) al Ayuntamiento, uno de ellos, al pasar junto al olmo de la plaza se escondió detrás del tronco, trepando hasta las ramas, y allí permaneció acurrucado y desapercibido hasta que (los maquis) se marcharon>.

Detalle de la entrada septentrional a Libros (Teruel), por la CN-330, procedente de Teruel (2011).
Comentario al texto.
Los hechos que Marín Adán recoge del señor Miguel Fortea Garrido constituyen un elaborado del propio relator, toda vez que no fueron recogidos mediante grabación magnetofónica, ni se basan en una declaración jurada o documento similar. Sencillamente, se trata de la narración de un hecho que le contaron al relator, toda vez éste que emplea palabras propias. El detalle de fechas, nombres y lugares citados redunda, sin embargo, en su credibilidad.

El relato tiene lugar a finales de los años cuarenta (28 de diciembre de 1948), y se desarrolla entre Torrebaja (Valencia) y Libros (Teruel), poblaciones distantes unos ocho kilómetros. Un taxista de Torrebaja (Miguel Fortea Garrido) es requerido por dos compradores de ganado para un servicio en Libros, uno de los tratantes al parecer “era Alcalde de Villarquemado”, Teruel. Después de cenar marcharon a Libros, para ver un ganado que pretendían comprar. Al llegar a Libros, estando a la altura del monumental olmo que había junto a la carretera un vecino (Ramón Jimeno) les hace bajar, conminándoles a guardar silencio y a seguirle, conduciéndoles a una casa próxima, donde había otras personas forasteras. Según veremos, el tal Ramón Jimeno no parece tener nada que ver con los maquis, pero llevó al taxista y a los tratantes a una casa. Desconocemos el motivo, pues el texto no lo explica; pudo ser sin embargo a petición de los guerrilleros. Al bajar del coche observaron que en las inmediaciones había hombres armados, “que resultaron ser maquis”.

El taxista, los comerciantes de ganado y “otras personas forasteras” estuvieron retenidos en una casa hasta que se marcharon los maquis. Estando allí, los tratantes escondieron el dinero que llevaban “en la cochiquera de los cerdos”, para evitar ser despojados. De la actividad desarrollada por los maquis en el pueblo supieron después, merced a lo que comentaron los vecinos del lugar. Sobre las nueve y media de la noche los maquis entraron en Libros por la carretera, procedentes de la parte de Tramacastiel, yendo directamente a la casa del electricista, “un tal Atienza”, cuya casa se hallaba a la salida del pueblo, dirección Teruel. ¿Cómo sabían los maquis del electricista y dónde vivía? Seguramente por informantes locales.[4] Allí cortaron el teléfono de la compañía eléctrica, incomunicando el pueblo, para evitar que alguien diera la alarma. En ese momento llegaba de Teruel un vecino con su camión (Ceferino Serrano), transportista “al que obligaron a cruzar en la carretera el vehículo que llevaba, impidiendo así la circulación por aquel sector”. En la fachada de una casa inmediata a la del electricista, los maquis rompieron una bombilla del alumbrado público, seguramente para evitar ser identificados. Un vecino que se asomó por la ventana protestado fue amenazado con un fusil, ante lo cual “cerró el pico y la ventana, desapareciendo en el interior”.

El electricista (Atienza) y el transportista (Ceferino Serrano) fueron conducidos a la casa del vecino Ramón Jimeno, “hombre corpulento y bravucón” citado arriba, que en las conversaciones de maquis se crecía, diciendo que le gustaría encontrarse con ellos, “verles y enfrentarles”. Según puede deducirse, los maquis estaban informados de sus bravuconadas por algún informante local, de ahí que fueran a su casa, identificándose como “Guerrilleros de Levante”. El hombre, acobardado, se echó para atrás en sus bravatas: El decir, no quiere significar hacer... –dijo exculpándose-. Los maquis condujeron a los tres vecinos citados al Ayuntamiento, dejándoles allí junto con otros. A continuación, los maquis se dirigieron a casa de “Manuel el de la Maestra”, individuo “presumido y valentón, albañil de profesión” miembro del somatén (milicia civil armada), al que después de quitarle su arma llevaron también a la Casa Lugar, “junto a los demás somatenistas”. Los maquis fueron después “a casa de un tal Alegre”, cabo del somatén que vivía a las afueras del pueblo, en el camino de las eras. En segunda instancia abrió la mujer, que dijo no estar su marido: “Los maquis registraron la casa sin encontrarle, sin duda por haber huido por la parte de atrás”. Resulta indudable que los maquis sabían de la existencia del cabo del somatén por informadores locales.

En su recorrido por las calles del pueblo, los maquis dieron el alto a alguien que huía, y dispararon al aire, “. Los impactos de las balas pudieron comprobarse después junto a la ventana de una casa próxima, bajo el alero”. Entraron en las mejores casas del pueblo, “entre ellas la de un sobrino del maestro Rafael Güemes (existió un tal José Güemez, maestro natural de Libros que ejerció como tal en Torrealta antes de la guerra),[5] “del que seguramente obtuvieron dinero, aunque la cantidad nunca se supo, y provisiones”. Un vecino de los que fueron llevados por los maquis al Ayuntamiento, “al pasar junto al olmo de la plaza se escondió detrás del tronco, trepando hasta las ramas, y allí permaneció acurrucado y desapercibido hasta que (los maquis) se marcharon”. El monumental olmo negrillo de Libros se hallaba realmente junto a la carretera, junto a la actual fuente.

El relato cuenta una historia perfectamente creíble, relacionada con la actividad del maquis en la zona meridional de la provincia de Teruel. Según vemos, los maquis fueron a libros, cortaron las comunicaciones, detuvieron a algunas personas y se llevaron dinero y provisiones. Según parece, no hubo más daños. Cuestión de interés para la historiografía local es la mención del somatén, milicia civil armada que actuó en la inmediata posguerra. Y el hecho de que los somatenistas tuvieran las armas en su casa hace pensar que a la fecha no había cuartel de la Guardia Civil en la población.

Vista frontal (oriental) de la parroquial de "San Juan Bautista" en Libros (Teruel), 2011.

Contexto histórico.
Sobre el maquis y la guerrilla antifranquista hay una extensa bibliografía, gran parte de ella sesgada y tergiversada por la facción y la ideología, al igual que las películas de este tema. Además, en las últimas décadas se ha producido una idealización romántica de lo que realmente fueron aquellas partidas armadas de gente “echada al monte”. Un historiador de tanto prestigio como García de Cortázar ha escrito (2002):
  • <En los bosques, los guerrilleros del maquis contaron sus secretos a los árboles y escondieron en la envoltura de la noche sus esperanzas, librando una batalla contra la dictadura que sabían perdida de antemano>.[6]

Ajustadamente, bellas palabras, literatura, por no decir claramente palabrería... El maquis español tuvo una clara impronta comunista, con todo lo que ello significa. Había también grupos de orientación socialista y anarquista, pero los más y significados –eficientes y organizados- fueron sin duda los comunistas. A finales de 1944 tuvo lugar la invasión del valle de Arán por un nutrido grupo de guerrilleros, organizada por el partido comunista (PCE). Pretendían sublevar a la población española “humillada, hambrienta, desarmada y cansada de guerras” –dice García de Cortazar-. Entiendo que la población estuviera “hambrienta, desarmada y cansada de guerras”, pero no consigo entender lo que quiere decir cuando emplea el calificativo “humillada”. La invasión del valle de Arán fracasó rotundamente, la población general se mostró absolutamente indiferente –desafecta e insensible- ante aquel hecho y las pretensiones de los guerrilleros; además, el ejército franquista actuó con diligencia. La mayoría de los expedicionarios invasores se retiraron, quizá con algo de susto en el cuerpo ante lo sucedido; que otros se vieron atrapados, buscando refugio en sus lugares de procedencia, escondiéndose en el monte y uniéndose a las partidas de maquis y gente emboscada que ya había desde el fin de la guerra civil (1939).[7]

Atendiendo a la decisión de Stalin de desarticular el maquis comunista en España, “en octubre de 1948 el Buró del PCE comunica la decisión a un grupo reducido de camaradas del aparato del Partido, incluidos algunos delegados del grupos guerrilleros”.[8] Sin duda, la época de apogeo del maquis español (1945-1947) había pasado:
  • <A la altura de 1948, la actividad guerrillera distaba de merecer la aureola romántica que después se le ha atribuido. Al contrario, estas partidas, con muy escaso apoyo popular fuera de áreas muy concretas, vivían fundamentalmente del saqueo y el robo, y de ahí precisamente que gozaran de tan escasas simpatías entre la población. [Además], la actividad guerrillera no suponía ninguna amenaza política de consideración para el régimen de Franco; sus golpes consistían habitualmente en atracos a bancos y pagadurías, asesinatos de curas y alcaldes, secuestro de “caciques” y colocación de bombas en instalaciones públicas; es decir, acciones que alteraban seriamente el orden público, pero que no minaban en ninguna medida la solidez del poder>.[9]

Vista parcial (suroriental) de Libros (Teruel), desde el cerro de la Virgen (2015).

Acerca del aserto de esta afirmación en nuestra zona, véase el atentado contra la central eléctrica de Castielfabib, el 18 de mayo de 1946,[10] y el asesinato del alcalde de El Cuervo y de su mujer (en febrero de 1948), y el mismo hecho de los sucedido en Libros a finales de diciembre de 1948. De los asesinatos de El Cuervo, escribí (2000):
  • <De este tiempo se recuerda [...] un hecho especialmente luctuoso y que conmocionó a la población, relacionado con aquellos guerrilleros. [Se trata] del asesinato del alcalde de entonces, Pedro Gómez Egido, de la familia de los Zurdos, de 41 años y de su mujer, Ignacia Jiménez Argilés, de 35 años, que en la tarde-noche del 13 de febrero de 1948 aparecieron muertos en su casa, presuntamente por haber denunciado a la Guardia Civil la falta de algunas reses de su ganado, lo que atrajo guardias a la población y diversas acciones de represalia contra los maquis. [...] El matrimonio dejó una hija de unos 4 años, de nombre María del Carmen, que en el momento de los hechos se hallaba en la iglesia con algún vecino o familiar, pues era la hora del rosario. [...] Testigos del sepelio fueron el Gobernador Civil de la Provincia [Manuel Pizarro Cenjor, experto en la lucha antiguerrillera e impulsor de las contrapartidas] y el Sr. Juez de Instrucción>.[11]

El hecho podrá contarse de otra manera, añadiendo variedad de matices, incluso justificaciones. Pero la realidad incontrovertible fue el asesinato de un matrimonio –el alcalde de El Cuervo y de su esposa-, que dejó una niña de cuatro años huérfana: un acto sin duda heroico computable en la memorable historia del maquis.

El territorio del valenciano Rincón de Ademuz fue escenario propicio para el encuentro de la población civil ajena a la actividad del maquis, por encontrarse estratégicamente situado entre Cuenca y Teruel, lugar de paso de las partidas guerrilleras. Durante años se contaron en voz baja las anécdotas de aquellos encuentros, aunque han quedado pocas reseñas escritas. La vecina Carmen Aparicio Muñoz (Casasbajas, 1930), hija de Felipe y María de Tejeda vivían en las Casas de la Balsa, en Ademuz, con su familia:
  • <Allí vivimos muy felices y confiados hasta que vino lo de los maquis... la Guardia Civil vigilaba todo aquello y con frecuencia pasaba por allí, entraban en casa y mi madre les dejaba hacerse café en el fuego bajo o les preparaba algo de comer. Los guardias les decían que cerraran las puertas por las noches, pues hasta entonces se quedaban siempre abiertas...>.[12]

Las partidas de maquis vivían en el monte, alejados de los núcleos de población, en lugares más o menos accesibles y poco transitados. No producían nada, y para contribuir a su sustento no les quedaba otra opción que robar y requisar lo que necesitaban en los rentos y masías existentes en la zona donde estaban establecidos o por donde pasaban. Conocedores de las rutas de los arrieros y trajinantes, los maquis les utilizaban como correos y para aprovisionarse de lo que precisaban: comida, tabaco, prendas de vestir, calzado... Los rentos de las Tóvedas, Casa Molina, ambos Colladillos y otros tantos asentamientos fueron testigos del paso y actividad guerrillera del maquis, sufriendo sus incautaciones. El encuentro con los grupos guerrilleros no era –en general- plato de buen gusto para la gente de estos parajes, fuera de los enlaces y colaboradores que -como hemos visto en el “Informe Ibáñez” (1947),- tenían.

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el cerro de la Virgen (2015).

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el cerro de la Virgen (2015).

Antonio Álvaro Cortés (a) el Chavo de Ademuz [esposo de Isabel Hernández Montesinos y padre de Antonio, José e Isabel Álvaro Hernández], tuvo un encuentro con una partida de maquis que nunca olvidó. Antonio el Chavo, para contribuir en la economía familiar solía ir a los pueblos de la Sierra de Albarracín a vender productos del campo que el mismo cultivaba, uvas, manzanas, lo que fuera. Esta actividad fue común en los años cuarenta en los vecinos de Ademuz y otros pueblos de la comarca. En cierta ocasión, durante una de aquellas salidas, se encontraba cenando en la posada de Arroyofrío, lugar en el entorno de Toril y Masegoso, pueblos de Teruel. Mientras cenaba oyó que un grupo de gente subía en tropel por las escaleras, vestían chaquetas de cuero y portaban armas, algunos con barba, otros sin afeitar. Pasaron por el comedor, lo miraron y se metieron en una habitación. El señor Álvaro pensó enseguida que era una partida de maquis, y que ya habrían estado allí otras veces, porque conocían los tientos de la casa. Su hijo José Álvaro Hernández (Ademuz, 1950) hace el relato de lo que le sucedió a su padre:
  • <Al pronto mi padre no reconoció a nadie, pero cuando salieron de la habitación los observó mejor y reconoció a uno de Ademuz, aunque llevaba barba. Entonces los maquis le hicieron pasar a la habitación de la que ellos había salido, y le cerraron. Desde dentro podía escuchar lo que decían –y oyó decir al de Ademuz-: Ho hay más remedio que matarlo..., ¡hay que matarlo esta misma noche!, porque tiene un cuñado que es guardia civil... Mi padre comenzó a recelar que aquello iba en serio, porque era cierto que tenía un cuñado guardia, mi tío José Hernández Montesinos, hermano mayor de mi madre, que había estado en el puesto de Manzanera y en aquel momento estaba en el de Villel. Al final no pasó nada, los maquis se marcharon de la posada, pero él se quedó con un susto de muerte. Al día siguiente mi padre continuó con la venta de lo que llevaba por los pueblos y rentos de la zona, pero cuando regresó a Ademuz ya vino malo, muerto de miedo por lo que le había sucedido>.[13]

Continúa relatando:
  • <Mi madre servía en la casa de doña Enriqueta Eced Carreras, la hermana de don Jesús el cura... Con ella trabajaba también una chica de Ademuz, novia del maquis que mi padre se encontró en Arroyofrío. La Guardia Civil vigilaba la casa, pensando que algún día el maqui iría a ver a su novia y podrían detenerle. Pero parece que el maquí subía por los tejados y bajaba por la chimenea, y nunca le detuvieron. Mi padre me contaba todo esto, sabía muchas cosas porque había sido sereno en Ademuz –junto con Manuel Navarro Gea (a) el Prensa- y conocía las idas y venidas de la gente>.[14]

Pero la historia no termina aquí, tiene su continuación en Francia, muchos años después, cuando Antonio el Chavo y su hijo José fueron a vendimiar junto con otros de Ademuz a una finca próxima a Perpiñán, donde el puerto de El Barcarés:
  • <Un domingo que no se trabajaba pensaron hacer unas gachas en un local grande que había. Después de comer se presentó allí un individuo que yo no conocía. El hombre se dirigió a algunos de los comensales, saludándoles con mucha familiaridad, menos a mi padre, pues según supe después era el maqui de Ademuz con el que se había topado en Arroyofrío... Mi padre se dirigió al él y le dijo: Qué, ¿y a mí no me saludas...? El hombre respondió que no le conocía. Entonces mi padre comenzó a contar el asunto de lo sucedió en la posada de Arroyofrío hacía tantos años, y terminó diciéndole: ¡Entonces llevaban barba y metralleta, pero ahora no llevas...! Y se enzarzaron en una pelea, hasta que los separaron. Entonces el antiguo maqui y otros de Ademuz se marcharon del local, parece que al pueblo, a casa de uno de Ademuz que llamaban Juan el Rosendo...>.[15]

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el merendero, margen izquierda del Turia (2015).

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el merendero, margen izquierda del Turia (2015).


Mi relator –José Álvaro Hernández (a) el Chavo- desconocía los antecedentes del tal Juan el Rosendo, razón por la que tuve que explicárselo. Se trataba del señor Juan Hernández Aparicio (a) Rosendo o Roseldo, de profesión albañil, anarquista de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que fue miembro del Comité Revolucionario constituido en Ademuz durante la Guerra Civil Española (1936-1939).[16] Según otro testimonio: Parece que antes de terminar la guerra huyó para Francia con algún alijo y se compró allí una buena finca... Sí, por el sur, por donde iban a vendimiar los de Ademuz; por ellos se supo lo de la finca, que era muy hermosa y tenía incluso tractores, ¡fíjate, tractores en aquella época...! –esto según el testimonio del señor Domingo Aparicio Hernández (1922-2009)-.[17]

En la dramática historia del maquis español hay multitud de circunstancias poco conocidas que merece la pena reseñar, en particular su dramático final. Por ejemplo, la decisión de liquidar las guerrillas del maquis comunista parte de Stalin (octubre de 1948) –el encargado de llevar a cabo esta misión fue Santiago Carrillo-; pero el PCE no la hizo pública hasta 1951, pasados tres años de la orden del Buró Político. Sin embargo, el PCE “no va a dejar en los años siguientes de prodigar los llamamientos al combate y de dorar la píldora de la mitología guerrillera”,[18] “lo cual conllevaba el asesinato de los guerrilleros recalcitrantes” –dice Carlos Semprún en un artículo en ABC, en 1994-.[19] Es más, cuando la guerrilla comunista ya debía haber sido desmantelada (febrero de 1950), la propagandista Dolores Ibárruri (a) Pasionaria publicaba en “El Guerrillero” (órgano de los guerrilleros de Galicia) llamamientos al combate.[20] El propio Enrique Líster (1907-1994) se pregunta: “¿Qué juego era ése? Dos años después de haberse tomado la decisión de liquidar el movimiento guerrillero y cortarle toda ayuda, se le sigue incitando a que continúe la pelea.../ Sería falso pretender que a partir de 1946 se daban las condiciones en el país para generalizar la lucha armada como forma principal. Las guerrillas pudieron ser un elemento decisivo en la liquidación del franquismo en los años 1945-1946. A partir de ahí, en el plano internacional y sobre todo europeo, se fueron produciendo acontecimientos cada vez más favorables al franquismo y desfavorables a las fuerzas democráticas”.[21]

Aquí surge una vez más la sempiterna paradoja comunista, cuando Líster dice al final del párrafo citado “fuerzas democráticas” se está refiriendo realmente a las opositoras del franquismo en aquel momento. Y llamar democráticas a las organizaciones marxistas de entonces (comunistas, socialistas...), que habían despreciado a la república burguesa y buscaban implantar la dictadura del proletariado resulta cuanto menos extravagante, por no decir francamente ofensivo para la historia.

La actividad del maquis antifranquista –“cada vez menos guerrillera y más bandolera”- continuó algunos años más. Cuenta Javier Esparza que el último “guerrillero” fue José Castro Veiga (a) el Piloto, que desde la pérdida de su partida (en 1949), vivió prácticamente solo como un forajido. La última fechoría de su largo historial delictivo fue el robo de quince mil pesetas a un vecino de O Saviñao, justificándolo “en concepto de multa que le impone el Gobierno legítimo de la República” (sic). Localizado en Chantada (Lugo) “tras ser delatado por un antiguo enlace, caía abatido por la Guardia Civil a orillas del río Asma, al sur de la provincia de Lugo” (el 10 de marzo de 1965). Veinte años después la izquierda gallega le hizo un homenaje: “[A los actos] fueron invitados, aunque no acudieron, los líderes comunistas Gerardo Iglesias, Santiago Carrillo, Enrique Lister, Ignacio Gallego y Bautista Álvarez, así como responsables en Galicia del PSOE, PC, EG, y BNG”.[22] Triste epílogo para la guerrilla antifranquista...

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el merendero, margen izquierda del Turia (2015).

Como colofón del epígrafe, valga decir que Enrique Lister, en su obra citada –Así destruyó Carillo el PCE (1983)- dice textualmente: “Pienso que Stalin es uno de los más grandes revolucionarios de todos los tiempos; opino que no es ni el dios que hemos adorado durante muchos años ni el monstruo que ha descrito Jruschov”.[23] Se refiere al “Informe Jruschov”, pronunciado por Nikita Krushchev en las sesiones secretas del 24 y 25 de Febrero de 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista Soviético.[24] Cabe estar de acuerdo con Lister, siempre que por revolucionario se entienda su habilidad para encaramarse a un poder omnímodo con el que desató una de las etapas mas cruentas de la historia de la patria rusa, causando millones de muertos y un sufrimiento inconmensurable entre sus compatriotas: el Gran Terror, la Colectivización, la Deskulakización, el GULAG... La historia general ha demostrado que la descripción de Stalin por N. Jruschov en su célebre informe se asimila más con la realidad, sin tratar de justificar al personaje por las dificultades del momento histórico, como hace Lister. Mientras todo esto sucedía o había sucedido en Rusia, en España los marxistas (comunistas y una facción de los socialistas) luchaban por establecer un régimen inspirado en el soviético. No cabe pensar otra cosa, más que los engañaron... Sea como fuere, Iósif Stalin (1878-1953) figurará para siempre entre los personajes más siniestros de la historia de la humanidad: paradigma de verdadero “enemigo del pueblo”, junto con Hitler, Mao y Pol Pot, el lider camboyano de los Jemeres rojos.

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el merendero, margen izquierda del Turia (2015).

Acerca del Somatén Armado.
El Somaten es una institución de larga trayectoria en España, tiene su origen en Cataluña durante la baja Edad Media. La explicación del término es doble, mientras unos autores la hacen derivar de “sons-atens” (estamos atentos), otros dicen que procede de “so menten”, es decir, de la forma de convocar reuniones, “metens s`o”, (haciendo ruido).[25] Ambas explicaciones parecen perfectamente plausibles. Resulta ocioso intentar hacer una reseña histórica completa del Somatén en España, cuando hay tan estupendas monografías al respecto, comenzando por la citada de González Sorroeche (1985), o la de Navajas Zubeldia (1991) cuyo texto completo puede encontrarse en el portal Dialnet.[26]

De la existencia del somatén ya teníamos noticia en la comarca durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), según puede verse en una entrada previa –Don Miguel Primo de Rivera de paso por el Rincón de Ademuz (2012)-, donde vemos a los miembros del somatén de Torrebaja –cuyo cabo era don Antonio Hernández Garrido, médico de la localidad- formados con sus escopetas en la CN-420, al paso del dictador: hecho ocurrido el 7 de agosto de 1927.[27]

Del paso de la comitiva de Primo de Rivera por las Minas de Libros, Villel y Villastar -en aquel mismo viaje- también hay constancia, así como de los arcos triunfales que levantaron, y de las pancartas que pusieron en los distintos pueblos por donde pasó.[28] De hecho, tras el golpe de estado de Primo de Rivera, los somatenes se generalizaron en España, por Real Decreto de 20 de septiembre de 1923, “con el fin de organizar grupos armados totalmente adictos al régimen, condición ésta indispensable para ser somatenista y, por otra parte, para fomentar un ambiente de exaltación de los valores castrenses dentro de la población civil. Es decir, por motivos psicológicos y propagandísticos, más que verdaderamente efectivos”.[29]

No obstante, fueron disueltos con el advenimiento de la II República (1931), seguramente por las connotaciones ideológicas de estos cuerpos armados. En 1936, tras el golpe de estado de los militares derechistas contra la II República, los somatenes fueron restablecidos en la zona rebelde (franquista), para apoyar y reforzar el levantamiento militar derechista. Finalizada la Guerra Civil Española (1936-1939), aquellos cuerpos fueron de nuevo disueltos, reinstaurándose -sin embargo- poco después como “Somatenes Armados”, con el objetivo de que colaboraran con las fuerzas armadas –singularmente, la Guardia Civil en las zonas rurales- en su lucha contra las guerrillas del maquis, de orientación básicamente comunista.

Obviamente, los somatenistas del primer franquismo tenían armas, adjudicadas por las Capitanías Regionales, aunque se guardaban en los cuarteles y puestos de la Guardia Civil de cada localidad. En el caso que nos ocupa, llama por eso la atención que Manuel “el de la Maestra” tuviera “que entregar su arma a los maquis”, cuando las armas de los somatenistas se guardaban en el cuartel de la Guardia Civil, y sólo se entregaban en caso de algún servicio. Cabe la posibilidad, sin embargo, que en este caso el somatenista Manuel conservara su arma en su casa, quizá un arma corta, porque a la fecha ya no existía el cuartel de Libros.

En cualquier caso, las armas cortas estaban muy limitadas, reservándose su posesión a las personas de más confianza para el régimen. En rigor, los somatenes carecían de autonomía para actuar por su cuenta, aunque en situaciones especiales podían formar pareja con un número de la Guardia Civil, incluso quedarse al cuidado del Cuartel, si por alguna razón excepcional todos los números habían tenido que salir. Todo somatenista tenía un carné de afiliado, en su interior figuraba un texto extractado del Reglamento del cuerpo:
<El Somatén es una agrupación de hombres honrados que se constituyen para asegurar y conservar la paz del país, defender colectiva e individualmente las personas y propiedades, hacer respetar las leyes y autoridades legalmente establecidas y perseguir y detener a los autores de los delitos (art. 1º). Sólo deberán hacer uso de las armas para el cumplimiento de los fines que se asignan a la institución el articulo 1º de este Reglamento (art. 10º). Los Cabos y Subcabos serán Jefes de la fuerza que constituya el Somatén de sus respectivas demarcaciones y agentes entre la Guardia Civil y los afiliados, pero fuera de los actos de servicio no podrán exigir de estos, sometimiento ni obligación ninguna (art. 13º). Los afiliados al Somatén actuarán a requerimiento de la fuerza de la Guardia Civil, y solo espontáneamente caso de alarma o grave alteración del orden público, para persecución y captura de malhechores, criminales o gente sospechosa y restablecimiento del propio orden (art. 14º). El nombramiento y las insignias del Somatén son un pregón de su valor y seriedad. El nombramiento le honra, porque su misión es de riesgo y sacrificio. En consecuencia, se abstendrá de inmiscuirse en la corrección de faltas a las Ordenanzas municipales, Reglamentos de Policía y disposiciones análogas (art. 20º).>

Se ha dicho que los Somatenes Armados del primer franquismo colaboraron en la represión política en la posguerra, singularmente en las zonas rurales, actuando contra el maquis. Desconozco hechos de este tipo en el Rincón de Ademuz; de haber existido sería del mayor interés conocerlos.

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el merendero, margen izquierda del Turia (2015).

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), desde el merendero, margen izquierda del Turia (2015).

Palabras finales, a modo de epílogo.
El artículo propuesto se basa en el testimonio recogido de un vecino de Torrebaja, taxista de profesión, que es requerido por unos tratantes de ganado para un servicio en Libros, Teruel. Los hechos se desarrollan en las primeras horas de la noche del día 28 de diciembre de 1948.

Llegados a Libros paran donde el antiguo olmo, junto a la carretera nacional, el taxista y los viajeros son intimados a bajar del vehículos –observando la presencia de gente armada en la zona-, haciéndoles entrar en una casa de las proximidades de la plaza. Los tratantes, temerosos de que puedan hurtarles el dinero que portan para la transacción comercial que pretendían, lo esconden en la gorrinera de la casa. concluido el episodio salen de la casa donde les recluyeron y se enteran de lo sucedido... Corte de la línea telefónica de la compañía de la luz, rotura de una bombilla del alumbrado público para ocultar su presencia, cruce de un camión en la carretera de Teruel, a la salida de Libros, arresto de algunos vecinos a los que llevan al Ayuntamiento, algunos disparos al aire para intentar detener a alguien que huía por una calle, incautación de armas a un somatenista, detención de otros somatenistas e intento de detener al cabo del somatén, requisa de dinero y alimentos...

La actuación del grupo guerrillero permite suponer la existencia de vecinos simpatizantes – colaboradores, enlaces, informantes- del maquis en Libros: el “Informe Ibáñez” (1947) permite afirmar que había doce “camaradas organizados” en esta población.

Detalle de interés es el hecho de que el suceso tiene lugar a finales de diciembre de 1948, dos meses después de que el Stalin diera la orden de liquidar el maquis comunista en España. Por lo demás, el testimonio dice de la existencia del “Somatén Armado” de Libros, organización que en la práctica resultó escasamente efectiva.

El contexto histórico del suceso permite interpolar otros acontecimientos relacionados con el maquis antifranquista y la actividad de aquella guerrilla, como el atentado contra La Central de Castielfabib (mayo del 46) y el asesinato del alcalde de El Cuervo y de su esposa (febrero del 48), así como un encuentro fortuito de un vecino de Ademuz con un grupo de maquis en Arroyofrio, Teruel, acontecimiento que tuvo su desenlace muchos años después, en Perpiñán, Francia. 

Vista parcial (nororiental) de Libros (Teruel), con detalle de la fuente y de la CN-330, margen derecha del Turia (2015).

En suma: puestos a entender el conflicto bélico español de los años treinta –revolución y guerra civil española (1936-1939)-, hay que remontarse a sus antecedentes (siglo XIX) y consecuentes (siglo XX); al respecto Vallejo García-Hevia en su obra citada (2009: 31) se pregunta “sobre qué bando, el republicano o frentepopulista y el nacional o franquista, era portador o defensor de la libertad y la igualdad”. Mi respuesta es clara, rotunda, ¡ninguno! Vale.




Véase también:
* ANECDOTARIO RINCONADEMUCENSE (y II), del martes 1 de enero de 2013.
* DON MIGUEL PRIMO DE RIVERA DE PASO POR EL RINCÓN DE ADEMUZ (1927), del jueves 1 de marzo de 2012.
* FRANCISCO PROVENCIO GARRIDO, NATURAL Y VECINO DE TORREALTA (TORREBAJA), del sábado 10 de diciembre de 2011.
LOS GUERRILLEROS DEL MAQUIS ANTIFRANQUISTA, ¿HÉROES O VILLANOS?, del sábado 26 de abril de 2014.


[1] Orwell, George [Eric Blair], 1984, traducción de Rafael Vázquez Zamora, Barcelona, Editorial Destino, reedición de 2005 (1ª ed. en inglés, 1949), Parte I, cap.III, pp. 37-46; la cita, en la p. 43. Citado por José María Vallejo García-Hevia, en La Guerra Civil y sus polémicas: ideas e ideologías, hechos y biografías, Revista de Inquisición (Intolerancia y derechos humanos), Volumen 13 (2009), pp. 25-115.
[2] MADOZ, Pascual (1847). Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Madrid, tomo X, p. 277.
[3] Ibídem.
[4] En el denominado “Informe Ibáñez” (1947) dirigido a Santiago Carrillo, a la sazón en Toulouse (Francia), se hace referencia a los “camaradas organizados” en distintos lugres de la zona: Bronchales (12), Villel (20), Villaespesa (10), Masegoso (un grupo), Villastar (12), Libros (12), El Cuervo (2), Tormón (4), San Blas (3), Cascante del Río (2), Arcos de las Salinas (3), y Alobras (3). El tal “Ibáñez” era Doroteo Ibáñez, natural de Azuara (Zaragoza), que actuó como enlace general de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) con el PC, realizando un total de seis viajes entre España y Francia. Vid Informe del Camarada Ibáñez. Archivo Histórico del PCE. Tomado de CAVA, Salvador F. Un año de guerrillas. Los Montes Universales y el maquis, en revista digital de estudios del maquis ENTREMONTES 4 (2012).
[5] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Francisco Provencio Garrido, natural y vecino de Torrealta (Torrebaja),  del sábado 10 de diciembre de 2011.
[6] GARCÍA DE CORTÁZAR, Fernando (2002). Historia de España. De Atapuerca al euro, Editorial Planeta, Historia y sociedad, Sexta edición (marzo 2003), p. 272.
[7] Ibídem.
[8] ESPARZA, José Javier (2010). El libro negro de Carrillo, Editorial LibrosLibres, Madrid, p. 233.
[9] Ibídem, p. 234.
[10] CARRASQUER ZAMORA, José (2011). Los comienzos de la electricidad en Teruel (1889-1936), Edita Fundación Teruel Siglo XXI, Teruel, p. 57.
[11] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2000). Aproximación a la villa de El Cuervo y su parroquial. Edita Ayuntamiento de El Cuervo (Teruel). Valencia, pp. 61-63.
[12] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2008). Las Casas de la Balsa: aportación al conocimiento del poblamiento disperso en el Rincón de Ademuz, en Del paisaje, alma del rincón de Ademuz, Valencia, vol. II, p. 148.
[13] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Anecdotario rinconademucense (y II), del martes 1 de enero de 2013.
[14] Ibídem.
[15] Ibídem.
[16] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2011). Ayuntamientos, Juntas Gestoras y Comités constituidos en Ademuz durante la revolución, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, vol. IV, pp. 169-180.
[17] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2009). La Guerra Civil española en el Rincón de Ademuz, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, vol. III, pp. 136-140.
[18] ESPARZA (2010), p. 239.
[19] SEMPRÚN MAURA, Carlos (1994). Con la mentira en ristre, en ABC del 9 de abril. Citado por ESPARZA (2010), p. 239.
[20] LISTER, Enrique (1983). Así destruyó Carillo el PCE, Editorial Planeta, Colección Documento, primera edición, p. 34 de 79.
[21] Ibídem.
[22] El último guerrillero antifranquista, en EL PAÍS, del lunes 10 de marzo de 1986. Citado por ESPARZA (2010), p. 241.
[23] LISTER (1983), p. 71.
[24] Publicado en el Daily Worker, órgano oficial del Partido Comunista de los Estados Unidos: Informe Secreto de Nikita Jruschov al XX Congreso del PCUS (1956).
[25] GONZÁLEZ SORROCHE, Francisca. El Somatén. Su formación en Melilla (1923-1929), revista del centro asociado de la UNED en Melilla Aldaba 5 (1985), p. 134.
[26] NAVAJAS ZUBELDIA, Carlos. Paz, paz y siempre paz: El Somatén riojano (1923-1925), en revista Berceo 121 (1991), pp. 123-138.
[27] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don Miguel Primo de Rivera de paso por el Rincón de Ademuz (1927),  del jueves 1 de marzo de 2012.
[28] ALDECOA CALVO, J. Serafín (2010). Hacia la dictadura de Primo de Rivera, en Comunidad de Teruel, [Colección: Territorio 33, Director de la Colección: Isidro Aguilera Aragón, Coordinador: Antonio Lozanitos Salvador], Edita Diputación General de Aragón, Departamento de Política Territorial, Justicia e Interior, pp. 159-160.
[29] GONZÁLEZ SORROCHE, Francisca. El Somatén. Su formación en Melilla (1923-1929), revista del centro asociado de la UNED en Melilla Aldaba 5 (1985), p. 133.