viernes, 5 de agosto de 2016

EL HORNO DE MAS DEL OLMO (ADEMUZ), ACTUAL MUSEO DEL PAN.


Recuerdos –evocaciones y remembranzas- de unos masdelosmeños octogenarios.




Visitar el Museo del Pan es como viajar al pasado,
a un tiempo que fue el de nuestra infancia y juventud.
Esperemos que los que vengan detrás sepan mantener todo esto, y valorarlo…”
-del contenido de la entrevista-.




A modo de introducción.

La presente entrada debe verse como una continuación de otra previa -JOSÉ MANUEL BLASCO BLASCO (a) PEPE el Santo, NATURAL Y VECINO DE MASDEL OLMO (ADEMUZ)-,[1] donde se trataban aspectos tradicionales de valor antropológico, sociológico y etnográfico en relación con la vida en la aldea en otro tiempo.

En aquella primera entrega se trataron distintas cuestiones relativas al quehacer de la comunidad de los de Mas del Olmo, todas ellas basadas en la tradición, y asentadas en la memoria de las personas consultadas. Ya que a falta de fuentes documentales primarias, el estudioso debe recurrir a otras formas de información, siendo el testimonio directo de personas que vivieron en el tiempo que se pretende investigar, una de las mejores. Lo que en etnografía se ha denominado “elicitación de informantes”, un método para provocar y recopilar información.[2]

En cualquier caso, aunque la memoria de mis informantes pudiera fallar en algún punto del relato, dentro de la hipótesis de trabajo planteada, las fuentes consultadas constituyen materia prima de primer orden. Dentro del “Modelo” o plan de trabajo establecido, la información puede y deber ser tratada de forma acorde a lo que se pretende, clasificándola de forma crítica, comparándola y complementándola con la procedente de otras fuentes,[3] etc.

El objetivo propuesto es recoger información respecto al horno comunal “de pan cocer” de Mas del Olmo (Ademuz) -un tradicional “horno de poya” hoy convertido en Museo del Pan-, para exponerla de forma ordenada y crítica, disponiéndola así para una redacción historiográfica útil.

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Cartel en el muro exterior del "Museo del Pan Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2011.


Contenido de la entrevista.

La entrevista tuvo lugar una tarde de comienzos de agosto, en la casa del matrimonio compuesto por el señor Julio Morales Aparicio y su esposa, la señora Amelia Blasco Blasco (Mas del Olmo, 1931), estando presente el hermano de ella, señor José Manuel (Mas del Olmo, 1928) y una familiar de ellos, la señora Ramona.


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Mis informantes -de izquierda a derecha-: el señor Julio Morales Aparicio, su esposa la señora Amelia Blasco Blasco y su hemano, el señor José Manuel, todos ellos naturales y vecinos de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2016.

-- Amelia, ¿qué puedes decirme del horno de Mas del Olmo, ha estado siempre en el mismo sitio o hubo otros anteriores?
  • Yo siempre he conocido el mismo horno, el que está en el bajo del Ayuntamiento, allí ha estado siempre, pero quiero recordar que hubo otro más antiguo en el piso de debajo de las Escuelas, donde el consultorio médico... En este punto interviene su hermano, el señor José Manuel: Sí, yo me acuerdo algo, poco... El horno viejo estaba en el bajo de las Escuelas, todavía recuerdo la leña que había allí acumulada, arriba y abajo, pero parece que hubo un incendio y este fue el motivo de que construyeran el actual, además de que el viejo era muy pequeño y como la población debió aumentar por entonces, esa debió ser la razón de que se construyera el actual: Sí, esto fue antes de la guerra, entonces había mucha gente aquí. Ten en cuenta que en el año 42 éramos 110 vecinos (unos 450-500 habitantes). Este año hizo un invierno muy malo, la tía Carolina, que bajaba al médico a Ademuz, se heló... Continúa la señora Amelia: el horno nuevo se construyó en el barrio de La Era, ahora lo han restaurado y se llama “Museo del Pan”.


-- ¿Cómo funcionaba el horno, quién lo gestionaba, había algún hornero profesional...?
  • El horno de Mas del Olmo era comunal, municipal, todos los vecinos eran horneros, cuando les tocaba, porque iba a “tanda de vecinos” –se avisaba unos a otros-: Oye, que mañana te coca el horno... - aunque cada cuál ya lo sabía-. El que hacía de hornero se encargaba de ir al monte por la leña, traerla al pueblo, llenar el horno, prenderlo y todo lo que llevaba de consigo... Esto fue siempre así, pero en los últimos años lo echaban a subasta, cuando empezó a haber menos gente y no todos querían hacer de horneros. En este punto tercia el señor Julio: La subasta consistía en que uno o más vecinos que les interesaba el horno ofrecían más dinero que los demás interesados, y se lo quedaba. La subasta era por un año... También sucedía que le tocaba a uno y éste cedía el turno a otro que le interesaba –porque no era obligado-: El padre de la Ramona, que tenía mucha familia, se lo quedaba a veces, porque al que le tocaba no le interesaba... Continúa la señora Amelia: El horno funcionaba de continuo, aunque hubo una época en que como decía Julio el horno se subastaba para un año y se lo quedaban dos, tres o cuatro vecinos, ellos se apañaban. Entonces ardía cuatro días a la semana: lunes, miércoles, jueves y sábado. El encargado del horno iba al monte de noche “a hacer romeros” que decían: aliagas y romeros, sobre todo... Iban al monte de Puebla de San Miguel, por la noche, para que no los pillara el forestal, porque en Mas del Olmo no teníamos leña. Claro, los de la Puebla iban detrás de ellos para denunciarlos... No, los de la Puebla no nos querían por eso, porque les quitábamos la leña. Tercia el señor José Manuel: Si los cogía el guardia (a los que iba por leña), les quitaban la azada... Una vez lleno el horno, sobre las dos o las tres de la madrugada, se le daba fuego a la leña, para que el horno se fuera calentando: las piedras de abajo y la bóveda de arriba. La hora de encender el horno dependía de la época del año –en verano antes y en invierno después-, porque el horno se abría al amanecer... Cuando se terminaba la leña el hornero recogía el rescoldo hacia la izquierda, barría el piso del horno y cerraba la tapa, para que se calentara bien... Tercia el señor José Manuel: Así se calentaban más las losas, con los fuegos que bajaban de la bóveda. Las piedras del horno las trajeron de Begís-Torás, un pueblo de la provincia de Castellón... Y de un molino de la zona de Camarena o Riodeva, aún recuerdo yo haber ido a este molino a moler dos o tres veces... Una vez bien caliente el horno, se barría de nuevo y comenzaban a hornear el pan. Para iluminar el interior del horno se utilizaba un tronco de madera ardiendo puesto en un lado.

Respecto a Begis-Torás (Alto Palancia, provincia de Castellón), fue un solo municipio hasta 1843, en que Torás se segregó de Bejís para formar municipio independiente. En cuanto al “molino de la zona de Camarena o Riodeva”, puede que se refiera al Molino de Montereta, próximo a Los Amanaderos del Riodeva, donde hubo un molino.

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Vista parcial del caserío de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle del "Museo del Pan-Horno" a los pies, desde el barrio de la Ermita (2016).


-- A todo esto las mujeres preparaban la masa, disponiéndola para hornear.
  • Claro, las mujeres que amasaban ese día sabían cuándo se prendía el horno y lo que duraba el proceso, tenían la masa dispuesta para el amanecer, cuando abrían el horno. Las masas se hacían en casa, cada una en la suya... La masa se ponía en un capazo, envuelta en el mandil y la masera, una ropa blanca que era la que estaba en contacta con la masa... Una vez había subido la masa se le daba la mano en la artesa, se cogían pastones, se amasaban y se iban colocando de nuevo en el capazo. Yo le hacía una cruz y decía: La masa está amasada y en manos de la Virgen la masa está entregada... Se tapaba con la masera y luego con el mandil, y se llevaba al horno. En los bancos del horno se troceaba la masa y daba forma a los panes, y se les dejaba que subieran otro poco, en espera de meterlos al horno... Había lo que se llamaba "ensanchadura", que era un trozo de masa que se dejaba para fermentar la siguiente.


-- En vuestra juventud había mucha gente en la aldea, ¿cómo se organizaba el turno para amasar cada día?
  • En el horno hay una caja con unas tablillas numeradas dentro -en total veinte boletos, así les llamaban-: Las mujeres sacaban su boleto, que contenía el número de orden para amasar al día siguiente. Claro, si iban diez mujeres a pedir número para amasar, se sacaban todos los boletos del cajón y se colocaban sólo las primeras diez tablillas: Tantos boletos como mujeres querían hornear en ese momento... Metías la mano y sacabas el boleto con el número. Si habías sacado el número uno, se lo dabas al hornero y él te daba una chapa con ese número. Los boletos de madera estaban siempre en el horno, no salían de allí; pero la chapa con el número te lo llevabas a casa, y se lo entregabas al hornero día siguiente cuando entrabas a hornear. Cada cuatro masas era una hornada... Sólo entraban cuatro amasadoras por vez: del uno al cuatro, la primera hornada; del cinco al ocho, la segunda; del nueve al doce, la tercera..., así hasta que se acababan las masas. Esta era la forma de organizar las hornadas.


-- Tengo entendido que el horno de Mas del Olmo era un “horno de poya”, ¿qué significa exactamente?
  • La “poya” era la forma de pagar al hornero... Se contaban los panes que salían del horno, y uno de cada treinta era para él, si hacías pastas -magdalenas, rolletes-, entonces le correspondían una de cada doce... Claro, si te salían menos de treinta (veintisiete o veintiocho) se le daba igual, no ibas a contar exacto. Para saber cuáles eran los panes de cada una, se marcaban con una señal personal: así no había confusión cuando salían del horno. Aunque la mayoría llevaban la señal de la “pintadora”, que eran un objeto de metal circular con varios circulitos dentro, así salían los “panes de estrella” que llamaban. También se hacían unas cortaduras paralelas, que formaban unos cuadrados. Se amasaban también bollos: panes alargados, a los que se les ponía a veces algo de aceite, como las cañadas; enharinados; rollos de peineta; sobados: se hacían con lo que se recogía de la masa, y llevaban más harina que los panes habituales, a veces se les ponía manteca de cerdo y tenían forma de rollo, este pan era muy bueno para comer uvas. Antes la gente comía mucho pan, no se le daba tiempo a que se pusiera duro, ni que se ranceara... –tercia el señor Julio-. Aquí la gente no pasó nunca hambre, excepto alguna familia que iba más apurada... Entonces se aprovechaba todo: A las gallinas se les daban los boñigos de las caballerías como pienso, mezclados con el salvado. En Ademuz y Val de la Sabina muchos estaban peor que aquí, aquello era más pobrecico. Pero la mayoría vivía bien, no como en Casasaltas que había muchos pobres: “En Santa Cruz nació el hambre, por Casasbajas pasó, en Casasaltas hizo noche y en Libros se avecinó” –eso se cantaba antiguamente-. Los de Casasaltas nunca faltaban a recoger el mollete que se daba por Santa Bárbara, algunos se ponía en la cola dos o más veces, sí, daban la vuelta por la Era para recoger más de uno, por eso los vigilaban. Cuando encapazabas para llevarte a casa el pan horneado, se solía dar al hornero un trozo de pan de propina, como un cuarto. Estos trozos se dejaban en una cesta que tenía preparada el hornero a la salida... Al final, cuando ya quedábamos pocas vecinas, además del pan de la poya le dábamos al hornero un trozo de masa cada una, con esa masa le salían a él varias poyas más. Este sistema le aprovechaba más que los trozos... Los panes horneados se ponían en una cesta y se llevaban a casa: al día siguiente se colocaban en la artesa, ladeados, así se conservaban mejor, cada amasada duraba una semana... Cuando veías que la artesa se vaciaba pensabas: Mañana o pasado tengo que ir a sacar número para amasar... 


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Objetos del "Museo del Pan-Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle de medida de vino, mandil y masera, sobre las tablas del amasador (2011).


-- Amelia, cuéntame algo más de la fiesta de Santa Bárbara y de la fiesta de los panes de la caridad.
  • Antes la gente daba más que ahora, era más caritativa... Había seis caridaderos, y con talegas iban por las casas recogiendo el “trigo de la caridad” que llamaban. Unos daban una fanega, que era mucho, otros media fanega, una cuartilla, un cuartal..., lo que querían o podían. Tercia el señor José Manuel: Una fanega de trigo eran treinta kilos, media fanega quince... Los caridaderos iban de casa en casa y la gente les daba lo que podía, daban según la voluntad, si eran muchos de familia daban algo más: El padre de mi prima Ramona daba una fanega, porque eran doce de familia... También se pasaba a recoger vino con un boto, luego lo echaban en un tonel que se ponía en la Era –esto el día de Santa Bárbara-. Pero lo de recoger el trigo era unos días antes de la fiesta, porque había que bajar a molerlo. Bajaban con las caballerías al molino de los Cuchillos, y al molino de los Lázaros, en Torrebaja. Cada uno llevaba dos caballerías, si bajaban cuatro, pues ocho caballerías con dos talegas cada una... Cada talega pesaría algo más de cincuenta kilos. Bajaban por la tarde y pasaban allí la noche, moliendo... Tercia el señor Julio: Dormíamos en un chamizo de la cuadra que el tío Lázaro tenía frente al molino, mientras él molía. Por la mañana nos hacía un caldero de gachas con sardinas y tocino, y con la harina molida nos subíamos a Mas del Olmo. Nosotros nos maliciábamos que el molinero hacía sisa. Por eso se quedó uno vigilando toda la noche –uno que llamaban Ricardo-, pero por la mañana dijo que el molinero no había cogido nada. El tío Lázaro, que se había dado cuenta de la maniobra, nos dijo: Habéis comido de lo vuestro, porque cada vez que iba a comprobar el chorrillo yo me llenaba la manga de harina… Sí, el tío Lázaro sabía mucho, y su mujer más... El molinero tenía dos hijos muy tremendos, Paco y Pepe... Por parte de ella tenía tres más: Ignacio, Victoria y otra chica. Ignacio se casó con Ramona, una del Val de la Sabina que aún era pariente nuestra, y tuvieron una hija...

Cuando se dice del “molino de los Lázaros” se refiere al Molino de Abajo de Torrebaja, también nombrado como “Molino del Señor”, “Molino Viejo” o “del Mayorazgo”, que estaba frente al puente de Guerrero. Sigue comentado la señora Amelia:
  • Cuando regresaban los hombres con la molienda, se llevaba a la sala del Concejo, que está encima del horno, cuatro artesas, para cerner y amasar. Y otra más para la levadura... El sexto caridadero aportaba las estrides (trébedes) y la caldera para calentar el agua para la masa. Cernían las mujeres de los caridaderos, aunque siempre había quien les ayudaba. El día que se cernía era una fiesta... El salvado resultante del cernido se repartía entre los que habían dado el trigo, en proporción a lo que había aportado cada uno. Claro, cuando se recogía el trigo se tomaba nota de lo que aportaba cada uno, para poder darle después el salvado que le correspondía. La noche que se amasaba, cada caridadera llevaba un perol de levadura madre. Las levaduras se mezclaban en la artesa de la levadura. Cuando llegaba la hora de amasar, se cogía un perol de aquella levadura madre y se hacían las masas en las demás artesas. La levadura sobrante se repartía después entre las mujeres de los caridaderos, que la guardaban para cuando tenían ellas que amasar. El día de Santa Bárbara por la mañana pasaban por las casas con un boto y un perol a recoger vino y luego lo echaban a un tonel que ponían en la Era, porque aquí había mucho viña y varios cubos. Tercia el señor José Manuel: En el Puntal habían tres cubos, aquí en la Era había dos más, que ya son cinco; al subir a la Iglesia otro, seis; el de la tía Pinta, siete; el del tío Pinche, ocho; el del tío Teodorito, nueve; el de Prudencio, diez –por lo menos diez cubos, dice el señor José Manuel-. Un año se juntó el sacacubos del Prudencio, que está en el frontón, con la fiesta de Santa Bárbara, y había tanta gente que en el salón Ayuntamiento no se cabía: Si se echan un alfiler no cae al suelo... Por la mañana de Santa Bárbara se hacía un caldero de gachas para la familia de los caridaderos, las mujeres que habían ayudado y demás... Una vez cocido el pan se contaba, el que hacía treinta para el hornero, y también los que salían defectuosos, feos, torcidos. Los panes se iban poniendo en unas cestas y se subían al salón del Ayuntamiento, allí se colocaban en una habitación, en el suelo, se ponían de lado, haciendo hileras, y allí se dejaban hasta que el cura los bendecía. La bendición se hacía después de la misa y procesión por las calles de la aldea. Después de la bendición de los panes, se reparten entre los asistentes... A estos panes se les llamaba “molletes”. Hoy ya no se hornea, el "pan de la caridad" lo mandan hacer a algún horno de la zona; pero por lo demás, todos se hace igual.

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Objetos del "Museo del Pan-Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle de Pintadora y Palilla (2011).


-- Entonces, ¿hasta cuándo funcionó el horno de Mas del Olmo?
  • El horno dejó de funcionar en los años ochenta largos, conforme la población de la aldea fue disminuyendo... Hubo gente entonces que se construyó su propio horno. Nosotros –dice la señora Amelia- tuvimos el primero, después se lo hizo mi hermano José Manuel. Mi padre y Julio fueron a buscar las piedras para el horno a la zona de Alpuente, pero al llegar a Hoya de la Carrasca, donde la ermita de santa Quiteria, cogieron las del horno de allí, que ya estaba abandonado: Son unas buenas piedras -de arenisca y muy gruesas-, así conservan mejor el calor... Tercia el señor José Manuel: Cuando quieras traes un cordero y las probamos... Después se lo hicieron Marcos y otro vecino.


-- Según parece, el antiguo horno ha sido recuperado como Museo del Pan, ¿qué os parece esta iniciativa, qué supone para la aldea?
  • Muy bien, de no haberse rehabilitado el edifico hubiera acabado arruinándose… Hacer del horno un museo del pan fue una estupenda idea, porque ha permitido recuperar el edificio y los objetos de hacer el pan y hornear que contiene, todos son originales… Los bancos de amasar que hay a ambos lados son de nogal, los construyó mi padre –se refiere al señor Julio Blasco Aparicio (1899-1993)-, que como sabes era carpintero –dice la señora Amelia-. Lo enseñamos a todo el que quiere visitarlo, y explicamos a los visitantes cómo funcionaba el horno, el nombre de las piezas que hay, y cómo se utilizaban. Hay unos carteles que lo explican, pero es mejor enseñarlo y decirlo… El horno se enciende todavía de vez en cuando, para mostrar su funcionamiento y mantenerlo activo. A través del funcionamiento del horno se puede entender mejor cómo se vivía antaño, la gente trabajaba mucho, era más sencilla, sacrificada y solidaria que ahora…, y lo aprovechaba todo. Visitar el Museo del Pan es como viajar al pasado, a un tiempo que fue el de nuestra infancia y juventud. Esperemos que los que vengan detrás sepan mantener todo esto, y valorarlo…

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Objetos del "Museo del Pan-Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle de Chapas con números (2011).

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Objetos del "Museo del Pan-Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle del Horno (2011).

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Objetos del "Museo del Pan-Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle de Trébede, Fanega y Escobillas (2011).


A modo de epílogo.

El primer “horno de pan cocer” conocido en Mas del Olmo se hallaba en el bajo de las escuelas públicas, como sucede en la vecina aldea de Sesga. La disposición no parece casual, ya que en una zona de inviernos largos y fríos como ésta, el calor del horno aprovechaba para calentar el recinto de las Escuelas que estaba arriba, mejorando su habitabilidad. Este primer horno parece que sufrió un incendio, razón por la que se construyó el horno nuevo, más grande, hecho coincidente con el aumento de población en la aldea. Hemos de pensar que la forma de funcionamiento y gestión del horno viejo serían las mismas establecidas para el horno nuevo, y similares a otros de la contornada.

El nuevo horno fue construido a mediados los años treinta, antes de la Guerra Civil (1936-39). Se halla en el barrio de La Era, frente al regajo o barranco que atraviesa la aldea. Es un edificio de planta alargada, muros mamposteros de piedra careada de la zona con dos alturas y cobertura vertiendo a una agua: en la planta inferior se hallaba el horno y en la superior un local social donde se reunía el Concejo para tratar de los asuntos del común. El edificio ha sido restaurado con esmero, respetando la idiosincrasia constructiva local.

Se trataba de un “horno de poya” tipo moruno con su obrador y un singular sistema organizativo comunal: cada vecino podía ser hornero, el orden se establecía por “tanda de vecinos”; pero no era obligado atender el horno, el turno podía cederse. El encargado del horno ese día se ocupaba de todo lo referente al mismo: ir por leña (aliagas y romeros) al monte, acarrear la leña, llenar y prender el horno, hornear, limpiar el recinto, etc. El turno para hornear las mujeres, porque era una labor fundamentalmente femenina, se establecía mediante dos tipos de números: unos grabados en una tablilla de madera (boletos) y otros en una chapa metálica. Los de la tablilla servían para establecer el orden para el día siguiente, los metálicos se los llevaba cada vecina y servían para entrar a hornear. Cada vez entraban cuatro mujeres con sus masas.

La masa se llevaba al horno ya preparada, en cestos o escriños, tapada con maseras y mandiles para conservar el calor. En el horno se troceaba la masa y se daba forma al pan, se marcaba con la “pintadora” y la señal personal, y se metía al horno: tardaba una media hora en cocerse. Al sacar las piezas se contaban, la que hacía treinta era para el hornero –la denominaba poya-. Si se trataba de pastas (magdalenas, rolletes), la poya era una de cada doce.

De este sistema organizativo comunitario se sirvieron los lugareños de Mas del Olmo para hacer el pan hasta finales de los años ochenta, en que la aldea se despobló. No obstante sus peculiaridades, la forma de funcionar de este horno puede servir para conocer cómo funcionaban otros similares de la zona. Cuando dejó de funcionar, algunos vecinos construyeron hornos particulares en sus casas.

Por iniciativa de la Asociación Cultural de Mas del Olmo, el edificio del horno fue restaurado hace unos años, acondicionando los espacios para fines distintos: se inauguró el día 11 de agosto de 2001. La planta baja aprovecha como “Museo del Pan”, conteniendo una interesante colección museística original relativa al cernido, amasado y horneado: Artesas, Barredores, Capazos, Cedazos, Escobillas, Mandiles, Maseras, Palas, Palillas, Pintadoras, Rasquetas, Retizadores, Talegas, Tornos, Varillas (cernedores), etc. Útiles de labranza y trilla, areles, etc. También contiene unidades de medida de líquidos y cereales, balanzas y romanas. La planta alta sirve como sala de reunión social, a la vez que como local de exposiciones.

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Objetos del "Museo del Pan-Horno" de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle de Palas de hornear (2011).

En suma: el antiguo “horno de pan cocer” de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia) se ha recuperado como espacio museístico, constituyendo una estupenda iniciativa para preservar y difundir distintos aspectos de la vida tradicional de la aldea en otro tiempo, a la vez que como justificación para rehabilitar un edificio público, paradigma de arquitectura vernacular. Vale.



[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. José Manuel Blasco Blasco (a) Pepe el Santo, natural y vecino de Mas del Olmo (Ademuz), del viernes 29 de abril de 2016.
[2] El término “elicitar” (del griego elicitus, "inducido" y elicere, "atrapar"), sería sinónimo de sonsacar, incitar, provocar y en lingüística, sicología y sociología se refiere al traspaso de información de una persona a otra, por medio del lenguaje y de forma fluida: se trata de obtener información de una fuente de manera provocada; método equivalente a lo que en la moderna “computación” sería el traspaso de información de un punto a otro del sistema.
[3] RODRIGO ALFONSO, Carles. El museo del pan de Mas del Olmo,  del miércoles 31 de agosto de 2011.