martes, 27 de junio de 2017

JABALOYAS, PUEBLO DE TERUEL (I).


Aproximación al conocimiento de Jabaloyas
-a través de sus edificios religiosos más emblemáticos-:
iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ermita de la Virgen de los Dolores y
ermita de San Cristóbal, y noticias de la revolución y guerra civil (1936-1939) en la localidad.



El pueblo ha conservado atractivos rincones y
algunos edificios interesantes de traza medieval,
con bonitas ventanas geminadas y portadas de medio punto blasonadas,
algunas con bellísimas dovelas
José Albi Fita (1922-2010), Albarracín y su serranía (1992)-.









Palabras previas, a modo de justificación.
Jabaloyas es un lugar recóndito, “ensimismado en su soledad”, que diría el poeta, cuyo solo nombre evoca mitos y leyendas, particularmente de brujas y otros seres prodigiosos, aunque sin saber muy bien por qué. En tanto natural y vecino del Rincón de Ademuz, su nombre, como el de tantos otros lugares de la zona, lo vengo oyendo desde niño. Su topónimo –Jabaloyas- suena rotundo, denotando gran personalidad –al menos a mí me lo parece-; deriva, según dicen, de cierto personaje francés del tiempo de la conquista cristiana.

Respecto de sus principios, cabe recurrir al tópico para decir que se remontan a la noche de los tiempos, y aunque existen multitud de referencias historiográficas al lugar (bajomedievales y modernas) hay que decir con el estudioso local Frutos Aspas Rodríguez (Jabaloyas, 1924), que “el grueso de las fuentes (autóctonas) de información escritas sobre Jabaloyas fueron expoliadas y quemadas durante la Guerra Civil Española de 1936-1939 en uno de los días que más oscuridad arrojó sobre el futuro y alma de este pueblo”.[1] Entendemos se refiere a la quema de sus archivos (municipal, parroquial...), cuya destrucción perjudicó enormemente la investigación, y el mantenimiento de su rico patrimonio mueble y ornamental.

La primera vez que estuve en Jabaloyas, sin embargo, fue en la romería de San Cristóbal, a finales de los años noventa del pasado siglo XX (1998). No recuerdo cómo supe de la existencia de esta celebración, el caso es que participé subiendo al cerro Javalón (1.695 metros de altitud), y dejando constancia de ello en un artículo –A Jabaloyas por San Cristóbal- escrito para la sección Desde el Rincón de Ademuz que yo hacía entonces para Diario de Teruel, y que posteriormente formó parte de mi primer libro.[2] De aquella romería y excursión recuerdo en particular el estupendo paisaje que se observa desde el cerro (con el pueblo en la base de la vertiente septentrional), la celebración religiosa en una humilde ermita (San Cristóbal), una procesión por la explanada y la comida que siguió: nos dieron una bandejita con carne para asar a las brasas de las hogueras que encendieron los organizadores. Tras el ágape bajamos al pueblo, allí descubrí las singulares casas de aspecto medieval y renacentista, con preciosos arcos adovelados de medio punto en las fachadas, luciendo algunas curiosos escudos labrados en la clave. En el conjunto del caserío llamó mi atención la Casa de los Diezmos, la Casa de la Sirena, la ermita de la Virgen de los Dolores (completamente arruinada entonces) y su fabulosa iglesia fortificada, obra del Quatrocientos (siglo XV). De aquella estancia en Jabaloyas –y subida al Javalón- guardo los mejores recuerdos, pudiendo verse el escrito de hoy como continuación del primero, compuesto al influjo de aquel paisaje que me subyugó.

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Vista parcial (meridional) de Jabaloyas (Teruel) desde la pista de Alobras (Teruel), con detalle del campanario de la parroquial (2017).

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Vista parcial (meridional) de Jabaloyas (Teruel) desde la pista de Alobras (Teruel), con detalle del campanario de la parroquial (2017).


Camino de Jabaloyas, desde el Rincón de Ademuz.
A Jabaloyas -desde el Rincón de Ademuz- puede irse por distintos caminos. El más corto y cómodo a mi parecer es yendo por Arroyo Cerezo (el Royo), Veguillas de la Sierra y Alobras.[3] Al arribar a Alobras cabe tomar una pista asfaltada que nace a la mano izquierda, como si fuéramos a visitar la Ermita de San Roque y el Pino Ramudo, éste lamentablemente extinto. Pero antes de tomar la citada pista, estando en el lugar sería imperdonable no entrar en el pueblo para ver –y admirar- una de las más bellas estampas que pueden verse, el olmo de la plaza y la iglesia parroquial: la fábrica del templo data de mediados del siglo XVII (1651-55), construida a expensas de don Juan Valero Díaz, ilustre personaje natural de Alobras que fue secretario del rey Felipe IV de España. ¿Qué podría decirles del olmo negrillo (Ulmus minor), uno de los pocos ejemplares que quedan vivos en la zona, árbol centenario de gran vitalidad cuya sola imagen evoca un tiempo pretérito? Pues que merece la pena conocerlo, por su noble porte y majestuosidad...

El trayecto desde Alobras hasta Jabaloyas discurre entre densos pinares y continuas revueltas, el piso de la pista está asfaltado en parte del trazado, después continúa de tierra apisonada con firme en buen estado. En el bosque predomina el pino laricio (Pinus nigra Arnold), también conocido como negral y salgareño, de tronco recto y resinoso, la corteza gris (joven)-plateada (viejo), su ramaje crece horizontal respecto del tronco, lo que le confiere aspecto singular. Hay viejos ejemplares de cuyo tronco se extraían antiguamente las tedas para iluminar las cocinas con los tederos de chimenea.

En un punto de camino veremos aparecer a nuestra mano izquierda un desvío, se trata de la subida al cerro Javalón por la ladera meridional (suroccidental). Conforme ascendemos el panorama se amplía por momentos, permitiéndonos observar desde la cima uno de los paisajes más espléndidos de la comarca, solo comparable al que puede observarse desde la cumbre de su vecino, el frontero Pico Javalambre (2.020 metros de altitud), que queda en posición suroriental, al otro lado del valle de Túria.

Para ir a Jabaloyas, sin embargo, continuaremos por la pista principal, bordeando el cerro por su base. Durante el trayecto encontraremos lugares para descansar, dotados con mesas y bancos bajo árboles propios de la zona, encinas, quejigos, sabinas... Conforme bordeamos la base del Javalón hacia el norte el paisaje cambia, el bosque y las quebradas dejan paso a las planicies con cultivos de cereal, extendiéndose hacia el levante y el noreste. De pronto comienza a verse Jabaloyas, un somero caserío de tejados rojos en el que destaca a la derecha del pueblo la mole de la parroquial con su fabulosa torre. Merece la pena detenerse en este punto para admirar el sereno panorama del pueblo rodeado de cultivos, con predominio del verde-tierno en primavera y el amarillo-oro en verano y otoño.


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Vista parcial (meridional) de Jabaloyas (Teruel), con detalle del campanario de la parroquial desde la Ermita de la Virgen de los Dolores (2017).


Jabaloyas en la historia.
Valeriano Herrero Herrero, en su libro –La villa de Alpuente (1993)-, bajo el epígrafe “Los Jabaloyas en Alpuente” refiere que el contenido del mismo procede de ciertas notas inéditas proporcionadas por Francisco Cosín Zapater, siendo su autor Nicomedes Cortés. Las anotaciones se refieren a un despacho de Felipe II de España (datado en Madrid, el 1 de mayo de 1562), dirigido a don Juan Jabaloyas, “concediéndole privilegios relativos a su escudo de armas, en atención a destacados servicios prestados” por el tal Jabaloyas y sus antecesores. Al parecer, el autor de las anotaciones manifiesta haber tomado los datos de un documento original, procedente del archivo de Juan de Mendoza, “cronista y rey de armas de los reyes más antiguos”.[4]

Según manifiesta Herrero Herrero, el documento objeto de exposición se hallaba ya extractado por el autor (Nicomedes Cortés), siendo un traslado hecho en Madrid, sin fecha, realizado por Juan Baños de Velasco, cronista general, de orden de Felipe IV de España y “a petición del interesado (Juan de Jabaloyas), natural y vecino de Alpuente, bisnieto de Vicente Jabaloyas, destinatario del citado privilegio real, del que presentamos las conclusiones:
  • <La familia Jabaloyas, procedente de Francia, estaba emparentada con la distinguida francesa de Valois./ Pasaron de Francia para ayudar a Jaime I (de Aragón) en la conquista de Mallorca, por el año 1229, distinguiéndose en varias hazañas./ Fueron los fundadores del pueblo de Jabaloyas, cerca de Albarracín, en la provincia de Teruel./ V(icente) Jabaloyas conquistó Alpuente, entrando el primero y tomando posesión en nombre del rey, que le propuso por Castellano de los castillos de Alpuente y el Poyo y le hizo merced de varios territorios en la Villa y del palacio del rey moro, que poseía dicho Sr. Rey D. Jaime./ Que los Jabaloyas tomaron parte en la conquista de Granada, al lado de las fuerzas de la reconquista y bajo las órdenes de los Reyes Católicos./ Que igualmente tomaron parte en defensa del emperador Carlos V, cuando vino a España con un séquito de flamencos, que acapararon los principales cargos civiles y eclesiásticos de la nación, provocando en Castilla el levantamiento de los llamados “comuneros”, a la vez que producía en Valencia y Mallorca otro movimiento de signo marcadamente social>[5]


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Vista parcial (meridional) de Jabaloyas (Teruel) desde la pista de Alobras (Teruel), con detalle del campanario de la parroquial (2017).

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Plaza Nueva de Jabaloyas (Teruel), con detalle de La Lonja (Casa de los Diezmos) a la derecha y la torre de la parroquial al fondo (2017). 


El propio Herrero Herrero, sin embargo, reconoce no haber podido “comprobar estas notas con el original”, aunque las acepta como verdaderas “por el encabezamiento y otros detalles” que estima auténticos. Para avalar la autenticidad de lo que dice el documento utiliza las referencias dadas por los hermanos García Carraffa (Alberto y Arturo) en su Diccionario (1922) –relativas al origen del apellido Jabaloyas- “que procede de la casa de los condes de Valois en Francia; [...] el primer caballero que pasó a España fue Vicente de Valois, que vino a servir al rey de Aragón, en compañía de Oliver de Germens”. Dicen los genealogistas:
  • <Sus descendientes se establecieron en el monte llamado Gabalón, lugar que hubieron de abandonar por las dificultades del terreno, fundando nueva casa, y poblando el lugar, hoy villa de Jabaloyas, perteneciente al partido de Albarracín, en la provincia de Teruel./ Sin duda, la primera denominación de este segundo pueblo debió ser Baloyas, pues así se apellidaban caballeros procedentes de dicha casa, como el mencionado Valois o de Baloyas./ Este caballero, en sus luchas contra los moros de Valencia, se conquistó la villa de Alpuente, que hoy pertenece al partido judicial de Chelva (Valencia)./ El monarca le concedió como premio el palacio que en la mencionada Villa habitó un reyezuelo moro, con muchas heredades./ Con estos bienes fundó un vínculo perpetuo, que después disfrutaron sus descendientes, los Jabaloyas, establecidos en Alpuente./ Sirvieron con fidelidad al Emperador Carlos V, combatiendo a los comuneros./ Felipe II (de España) concedió a otro Vicente Jabaloyas, privilegio para aumentar sus armas.../>[6]


Esto es lo que sabemos respecto a los orígenes cristianos de Jabaloyas, y lo aceptamos como razonable, a falta de otras referencias.


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Detalle de reja de forja en la ventana de una casa de Jabaloyas (Teruel), 2017.

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Vista parcial del caserío de Jabaloyas (Teruel), con detalle de árbol y fuente en la plaza Vieja (2017).


Jabaloyas a mediados del siglo XIX.
Al decir de Jabaloyas (que Pascual Madoz grafía Javaloyas), el estadista escribe (1847):

  • <JAVALOYAS: 1. con ayunt. al que está agregado el barrio de Arroyo-frio, en la prov. de Teruel (8 leg), dióc. y part. jud. de Albarracin (5), aud. terr. y c. g. de Zaragoza (29). SIT, á la falda de un cerro en paraje montuoso y quebrado con libre ventilacion, especialmente del N., razon por lo que el CLIMA es sumamente frio, aunque sano. Consta de 140 CASAS repartidas en 12 calles y 2 plazas, aquellas de mediana construccion, y entre las mismas la del ayunt.; hay una escuela de niños concurrida por 50, y dotada con 1,500 rs.; una fuente de buenas y abundantes aguas en el sitio mas principal de la pobl.; igl. parr. (La Asuncion de Ntra Sra.) servida por un cura de término, y un cementerio estramuros que en nada perjudica á la salud pública. El TÉRM. se estiende 2 leg. de N. á S., y otras tantas de E. á O., confinando por el N. con Valdecuenca; E. Tormon; S. Alobran, todos 3 á 2 leg., y O. con Toril (3); en él se encuentran 2 ermitas dedicadas á Ntra. Sra. de los Dolores y S. Cristobal; el barrio de que hemos hecho mérito, que en lo ecl. forma curato por sí con independencia de Javaloyas, y varios manantiales de aguas muy delgadas y esquisitas. El TERRENO es de regular calidad, quebrado y de secano, con varios montes que crian pinos, sabinas y otros árboles, 3 deh. de pasto y varios prados naturales con abundante yerba, especialmente de vallo y trébol. Los CAMINOS son de herradura, y se comunican con los pueblos limítrofes; se hallan en mal estado por la naturaleza del terreno. La CORRESPONDENCIA se recibe de la cab. del part. una vez en la semana, traída por peatón, PROD.: centeno, trigo morcacho, que es la mas abundante, cebada, avena, patatas, lentejas y pastos de verano que aprovecha el ganado lanar y cabrío, que es el mas preferido, y hay caza de conejos, perdices y liebres. IND.: la agrícola y un molino harinero de balsa. POBL.: con el barrio de Arroyo-frio, 170 vec, 680 alm. RIQUEZA IMP.: 103,717 reales. El PRESUPUESTO MUNICIPAL asciende á 7,085 rs., que se cubren con 403, producto de un molino harinero, 1,031 de 2 hornos, 901 de pastos, 340 de los puestos públicos, y el déficit por reparto vecinal>.[7]


Comentario al texto de Madoz (1847).
El estadista define a Jabaloyas como “lugar” con ayuntamiento propio, que tiene como anexo “el barrio de Arroyo-frio”, situado en la provincia de Teruel (de la que dista 8 leguas), en la diócesis y partido judicial de Albarracín (5 leguas), audiencia territorial y capitanía general de Zaragoza (29 leguas). Desde su separación de Segorbe (en 1577), la diócesis de Albarracín tuvo vida propia y adquirió cierto esplendor, siendo su primer prelado don Martín de Salvatierra (1578-1583). El postrer obispo fue don José Talayero Royo (1829-1839): desde su fallecimiento Albarracín tuvo solo Vicarios capitulares y Administradores apostólicos, nombrados por el obispo de Teruel, y ello hasta la unión de ambas diócesis, cuyo primer pastor conjunto fue don Francisco de Paula Moreno y Andreu (1876-1880). Sitúa la población con su particular precisión “á la falda de un cerro en paraje montuoso y quebrado”, expuesta sin embargo al viento del norte (cierzo), siendo esta la razón de su climatología, fría, aunque saludable.

Respecto al caserío, contaba entonces con unas 140 casas, inclusa la consistorial, en general “de mediana construccion” y repartidas en una docena de calles y dos plazas. Entre las casas cabría contar también “una escuela de niños”, a la que asistían medio centenar de alumnos (sin especificar sexos), dotada con 1.500 reales. El callejero de Jabaloyas es el siguiente: calle Brozas, calle Cerco Iglesia, calle Cubillo, calle Escuelas, calle Fuente (también, calle del Agua), calle Herrería, calle Horno, calle Horno de las Peñas (anteriormente, calle Empedrada), calle Hortal, calle Iglesia, calle Larga, calle Mesón, y calle Trinquete. Y dos plazas: plaza Nueva y plaza Vieja (también plaza Mayor). Nombres sencillos, prácticos, descriptivos, consuetudinarios...

Nombra “una fuente de buenas y abundantes aguas en el sitio mas principal de la población”, lo que induce a pensar que la fuente pública de referencia es la misma que el callejero sitúa en la calle Fuente –una hermosa fuente neoclásica con pilón cubierto y abrevadero corrido-:
  • <De planta rectangular construida con piedra de cantería, su parte izquierda destinada para abrevadero, con frontal de piedra y un ligero tejadillo también con sillares protegiendo su estructura, y la zona de uso público, constituye una bovedilla de medio cañón que cubre los dos caños, cubierta con tejadillo de piedra con molduras a dos vertientes. En su parte frontal (baja) junto a los caños de salida del agua, aparece la fecha de 1820>[8]

Seguramente la fuente es más antigua, pudiendo corresponder la fecha inscrita a alguna remodelación.

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Vista parcial del caserío de Jabaloyas (Teruel), desde la Casa de la Sirena, con el campanario de la parroquial al fondo (2017).

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Vista parcial del caserío de Jabaloyas (Teruel), desde la Casa de la Sirena, con edificio renacentista al fondo (2017).



Menciona también la iglesia parroquial, puesta bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora, de la que diremos, entonces “servida por un cura de término”. Asimismo, nombra “un cementerio estramuro que en nada perjudica á la salud pública”. Al decir “extramuros” debemos pensar que quiere decir situado fuera del casco urbano, invitándonos a pensar que pueda ser el ubicado en La Lomilla, al poniente de la población. Sin embargo, a tenor de las lápidas que todavía se conservan en el recinto amurallado de la parroquial (sector del evangelio, cabecera y pies), cabe pensar que se refiere a este camposanto parroquial, dado que el aquí ubicado todavía conserva algunas lápidas del primer tercio del siglo XX.


Respecto al término municipal, lo define de forma redondeada (circular), con dos leguas de extensión de norte a sur y otras tantas de este a oeste, limitando al norte con Valdecuenca, al sur con Alobras, al este con Tormón y al oeste con Toril. Dentro de su jurisdicción hay dos ermitas, una dedicada a Nuestra Señora de los Dolores (situada en La Veguilla, al sureste de la población) y San Cristóbal (situada en lo alto del cerro Javalón). Alude también al lugar de Arroyofrío, “que en lo eclesiástico forma curato por si con independencia de Jabaloyas”, cuya iglesia –Santísima Trinidad, edificio del silgo XVII- no menciona. En la actualidad, Arroyofrío pertenece a la unidad pastoral de Terriente (junto con El Vallecillo, Terriente, Toril y Masegoso), incluido en el Arciprestazgo de Albarracín. Asimismo, refiere que dentro del término hay “varios manantiales de aguas muy delgadas (finas) y esquisitas”, aunque sin nombrarlas.

Respecto del terreno, dice ser “de regular calidad, quebrado y de secano”, con montes de pinos, sabinas y otros árboles, tres dehesas y prados naturales “con abundante yerba, especialmente de vallo y trebol”. Por “vallo” debemos entender una variedad de hierba, siendo el trébol de prado (Trifolium pratense) una planta muy común.

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Fachada renacentista (siglo XVI) en una casa de Jabaloyas (Teruel), 2017.

Respecto de los caminos, “son de herradura, y se comunican con los pueblos limítrofes”, justificando su mal estado “por la naturaleza del terreno”. La comunicación terrestre de Jabaloyas con Valdecuenca tiene hoy lugar por una carreterita estrecha en relativo buen estado (TE-V-9001), mientras que la comunicación directa con Alobras se realiza mediante una pista de tierra, asfaltada en algún tramo. Viendo el aislamiento en que al presente se encuentra Jabaloyas , podemos inferir cuál sería su situación hace cincuenta, cien años y más hacia atrás. Como tantos otros lugares de la Sierra de Albarracín, la correspondencia se recibía desde la cabecera de partido una vez a la semana, “traída por peaton”, como hemos visto que se realizaba –hasta los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX- entre otros pueblos limítrofes, Alobras, Tormón, Veguillas de la Sierra, El Cuervo,[9] mediante los carteros rurales de enlace, sistema que se vino utilizando también entre Ademuz y sus aldeas (Mas del Olmo, Sesga, Val de la Sabina), y con Puebla de San Miguel.[10]

Respecto de la producción agropecuaria, dice de cereales (avena, cebada, centeno, trigo morcacho), hortalizas (patatas), y lentejas (Lens culinaris). Los pastos de verano debieron ser también importantes, aprovechados por el ganado lanar y cabrío, “que es el mas preferido”. Y caza menor: conejos, liebre y perdices.

Respecto de la industria, dice “la agrícola y un molino harinero de balsa”, el habitual en los lugares donde el cauce de agua es escaso o discontinuo, sin aludir a un molino de viento de base circular situado al borde del barranco de la Canaleja (norte), cuyas ruinas todavía perviven. Lo más probable es que en tiempo del estadista dicho molino llevara ya muchos años arruinado.

Respecto de la población, incluyendo el barrio de Arroyofrío, contaba entonces con 170 vecinos (cabezas de familia), ello suponía 680 almas (habitantes).

La riqueza impositiva era de 103.717 reales de vellón, ascendiendo el presupuesto municipal a 7.085 reales, cubierto mediante un molino harinero (403 reales), dos hornos (1.031 reales), pastos (901 reales), presupuestos públicos (340 reales), siendo el resto cubierto mediante “reparto vecinal”.

Mediado el siglo XIX (1847) existía un lugar (alquería) en la provincia de Valencia, partido judicial Carlet, término jurisdiccional de Monserrat que tenía el nombre de Javaloyes.[11] Desconocemos la vinculación que pueda tener este “Javaloyes” valenciano con el Jabaloyas turolense. Asimismo, existe un río de nombre "Jabalón"  en la provincia de Ciudad Real, que nace en los Ojos de Montiel y es afluente del Guadiana por la derecha (Madoz, 1847, tomo IX, p. 477). En cualquier caso, los términos: Jabaloyas, Jabaloyes, Jabalón, Javalón... poseen un fuerte sabor árabe, como Albarracín, Guadalaviar y Guadiana. Ello hace que nos preguntemos, ¿existía un lugar denominado "Jábalo" en tiempo de los moros, esto es, con anterioridad a la conquista cristiana de la zona? Francamente, no sabría responder. A tenor de lo expuesto parece que la fundación fue de cristianos (explicación mítico-heráldica); careciendo -sin embargo- de una justificación historiográfica clara.


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Detalle de arco adovelado con escudo en la clave y ventanas de arco rebajado labradas en piedra en una casa de Jabaloyas (Teruel), 2017.

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Detalle de arco adovelado con escudo en la clave y ventanas de arco rebajado labradas en piedra en una casa de Jabaloyas (Teruel), 2017.


Subida al cerro Javalón (1.692 m).
El cerro Javalón (antiguamente, monte Gabalón) es el más alto de la zona, su figura se hace omnipresente, aunque de aspecto cambiante según el lugar desde donde se observa. Desde el Rincón de Ademuz, el Javalón tiene la figura de una naveta invertida, pero desde la Cruz de los Tres Reinos su aspecto es más bien alomado.

Procediendo del Rincón de Ademuz, vía Alobras, el camino que sube al Javalón nace a la mano izquierda de la pista que venimos siguiendo, y asciende rodeando la vertiente suroccidental del cerro. El piso de la pista se halla en buen estado, nada que ver con el que conocí hace años, estrecho, plagado de piedras y profundas arroyadas. Conforme se asciende el panorama se amplía, ensanchándose rápidamente en sentido noroccidental, y meridional. La cima del monte es relativamente llana, la planicie posee forma alargada, extendiéndose de norte a sur. Una vez en la cima del monte, si seguimos el camino que continua por la derecha llegaríamos al extremo meridional, donde se halla el observatorio forestal y la zona de antenas. Pero como nuestro objetivo es la Ermita de San Cristóbal tomaremos el camino de la izquierda, que nos conducirá a la explanada del ermitorio, situada en posición septentrional.

En el acceso a la explanada de la ermita veremos a la mano derecha un cartel informativo –conviene leer los carteles para informarnos del lugar donde estamos: siempre se aprende algo-:
  • <EL JAVALÓN (Jabaloyas). El monte Javalón, con sus 1.692 metros de altura, corona la zona sur de la comarca de la Sierra de Albarracín. En sus alturas se asienta el pueblo de Jabaloyas, conocido como “Jábalo” en época de los árabes. Aunque no se conocen asentamientos antiguos en el término, se han encontrado restos arqueológicos de la “Edad del Bronce”./ Su fundación, así como el castillo, cuyos restos reposan en el monte, no se conoce con exactitud, aunque existen citas de cartas de arriendo de propiedad que datan de 1320./ El mítico Javalón, es quizá uno de los más “expresivos” de cuantos albergan las sierras que componen la comarca de Albarracín. Siempre se ha visto rodeado de un “halo de misterio”, ya que era utilizado por los arrieros como zona de paso y contaban de él esotéricas historias, que le han valido a Jabaloyas el sobrenombre de “Pueblo de las Brujas”./ Pero dejando a un lado historias pasadas, el monte Javalón se nos representa como un impresionante espectáculo paisajístico. Su alzada, sus bonitas cascadas de agua procedentes del deshielo de la cumbre o su gran riqueza florística, hacen de él una peculiar muestra del medio natural serrano./ Desde el precioso rebollar que asienta en sus faldas, pasando por una gran variedad de árboles de mucha importancia ecológica como la sabina, la carrasca, el acebo, el tejo o el arce, árboles típicos de la ribera como sargas y chopos, o la gran cantidad de flores con propiedades aromáticas o medicinales que lo pueblan, el Javalón resulta presentar una envidiable belleza e increíble policromía que lo hacen algo único./ A sus faldas se puede disfrutar además, de dos zonas recreativas con otras tantas fuentes que nos ofrecen sus ricas y fresca aguas/ Faunísticamente, presenta una importante avifauna, principalmente de rapaces, aunque córvidos y paseriformes también son abundantes. Los anfibios, ranas y sapos principalmente y los reptiles, culebras y víboras también cuentan con buena representación>


El texto del panel anuncia el verdadero valor del monte, lugar paisajístico por excelencia, al tiempo que arqueológico, donde presuntamente se hallan los restos de aquel castillo medieval que pudo utilizar el primer señor de Albarracín –don Pedro Ruiz de Azagra (fallecido en 1186)- a finales del siglo XII; al tiempo que solar y asiento de la primera fundación del pueblo, “lugar que hubieron de abandonar (sus fundadores) por las dificultades del terreno”. Resulta poco creíble, sin embargo, que un lugar tan inhóspito como la cima del Javalón estuviera poblado en la época musulmana previa a la conquista cristiana. Ello no contradice la idea de que pudiera haber algún tipo de observatorio, torreón o castillejo precristiano.

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Vista fronto-lateral derecha de la Ermita de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), 2017.


El “halo de misterio” que rodea Jabaloyas y su relación con brujas y trasgos no dejan de ser viejas leyendas, probablemente vinculadas a la soledad de estos parajes, atravesados antaño por arrieros y caminantes. Aspas Rodríguez propone una explicación plausible acerca del origen del mito brujeril jabaloyense, en relación con una antigua procesión penitencial que al parecer realizaba de noche cierta cofradía de Jabaloyas, yendo desde la parroquial hasta la Ermita de la Virgen de los Dolores –situada en las afueras, a medio kilómetro del pueblo-:
  • <[...] llegaron a Jabaloyas unos arrieros que coincidieron con esta procesión y vieron atónitos como un numeroso grupo de personas cubiertas con capas negras de pies a cabeza, avanzaba en completo silencio con la misma dirección, portando velas encendidas... Esta comitiva era inexplicable para los ingenuos arrieros, [...] y creyeron confundir al grupo “fantasmal” con un aquelarre de brujas, siendo tal el pánico e incomprensión, que sin aclarar sus mentes ni pedir explicaciones, regresaron asustados al pueblo más inmediato donde contaron su extraña vivencia, colocando a Jabaloyas el sambenito de “Pueblo de brujas”.>[12]

Anotaba arriba que la vinculación de Jabaloyas con las brujas no deja de ser una burda leyenda, superstición probablemente fundada en algún hecho circunstancial ligado a la ignorancia de lugareños y transeúntes. Propiamente, sin embargo, el valor sustancial del Javalón es el paisajístico y medioambiental, naturalístico. No hemos visto “sus bonitas cascadas de agua procedentes del deshielo de la cumbre”, pero constatamos la singular belleza del panorama observable desde la cima, en la dirección de los cuatro puntos cardinales. Abundan los árboles resistentes a las duras condiciones climatológicas del cerro (acebos, arces, carrascas, sabinas, tejos), así como de ribera (chopos, sargas), éstos en las zonas más húmedas de vallejos y barrancas, y multitud de arbustos aromáticos. En cuanto a la avifauna, resulta fácil ver rapaces y córvidos sobrevolando el anchuroso panorama, así como anfibios (ranas, sapos) en las charcas de las fuentes; no son tan fáciles de ver –sin embargo- los reptiles (culebras, víboras), aunque debe haberlos.

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Vista frontal de la Ermita de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), 2017.

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Vista lateral derecha de la Ermita de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), con la villa al fondo (2017).

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Vista fronto-lateral derecha de la Ermita de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), 2017.


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Vista postero-lateral derecha de la Ermita de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), 2017.


Inexplicablemente, el panel no menciona la existencia de una sencilla construcción situada al borde del cantil, en el extremo nororiental del cerro Javalón (1.692): la Ermita de San Cristóbal. Se trata de un edificio de planta rectangular, orientado de este (cabecera) a oeste (pies), basado en muros de mampostería ordinaria con rústicos sillares en las esquinas y en la entrada, cubierta de teja árabe (en disposición de canal y cobija), vertiendo a cuatro aguas. Con la puerta a los pies, posee una espadaña sobre la entrada, torrecilla sin campana que impresiona por su magnitud, tal vez desproporcionada en el conjunto de la edificación. La primera vez que vi la ermita (en 1998) carecía de espadaña, la hechura del edificio no sugería siquiera ser una ermita, aunque se hallaba en buen estado. Como hemos visto al transcribir a Madoz (1847), la ermita ya existía a mediados del siglo XIX. No consta, sin embargo, la fecha de su construcción, Aspas Rodríguez (2014) dice que “debió construirse poco tiempo después de haber desaparecido el castillo de Javalón”, aunque sin anotar tampoco cuándo desapareció el baluarte. Para conocer la época de construcción de la Ermita de San Cristóbal deberíamos preguntarnos, quizá, por el momento en que se produjo en Jabaloyas el cambio de patrón, ya que a principios del siglo XVII el "patrón de la Iglesia y del Lugar" era Santiago el Mayor, cuya imagen de bulto se hallaba coronando el retablo de pincel que había (Utienes, 1618), mientras que el patrón es hoy san Cristóbal. Por el mismo tiempo cambió la advocación del templo parroquial, que de titularse "Nuestra Señora de los Ángeles" pasó a llamarse la Asunción de Nuestra Señora, su título actual.[13] El cambio en la titularidad del templo y en el patronato del pueblo tuvo lugar en fecha imprecisa, en cualquier caso entre principios del siglo XVII y mediados del XIX (1847). Curiosamente, en el Martirologio romano (libro del aniversario de los mártires y santos), san Cristóbal se celebraba el 25 de julio (a la vez que la festividad de Santiago el Mayor, antiguo patrón de Jabaloyas), para evitar la concomitancia de fechas, la fiesta de san Cristóbal se trasladó al 10 de julio. En cualquier caso, la austeridad de la fábrica de la Ermita, sin pretensiones arquitectónicas ni artísticas -más allá de la espadaña, añadida en la última restauración (2009)-, hace pensar que fue levantada a instancias de la devoción popular por artesanos locales.

San Cristóbal, cuyo nombre procede del griego "Cristophoro" (=el portador de Cristo), es un santo cristiano del siglo III-IV, venerado por la iglesia copta, católica y ortodoxa. La iconografía tradicional le representa como un varón musculoso que atraviesa un río (cauce de agua) con un niño en brazos o sobre los hombros, que a su vez lleva un globo terráqueo en una mano. Véase por ejemplo el san Cristóbal del Salterio de Westminster (ca.1250) o el grabado de Buxheim (1423). Curiosamente, sin embargo, las representaciones orientales antiguas le pintan con aspecto gigantesco y cinocéfalo, con cabeza de perro, como Anubis, el dios egipcio de la muerte. La vida de este personaje del santoral se asimila a otro de nombre Menas (san Menas), y tiene un antecedente en un personaje de la mitología griego de nombre Jasón, que como san Cristóbal atravesó un río embravecido portando a una anciana que pesaba más de lo que cabía pensar. En el caso del argonauta Jasón, la anciana era la diosa Hera disfrazada, y en el de san Cristóbal, el niño era Jesús de Nazaret. A san Cristóbal se le venera como santo protector de arrieros, viajeros y caminantes, lo que de alguna forma explica que su ermita se sitúe en el cerro Javalón, lugar de paso entre Castilla y Albarracín, vía Jabaloyas. En general, las ermitas dedicadas a este santo suelen ubicarse en puntos elevados, montes o cerros de distinta altura: véase la Ermita de San Cristóbal en la cercana población de Tormón (Teruel).

El interior de la Ermita de San Cristóbal en Jabaloyas es muy sencillo -el piso se halla tres peldaños por debajo del nivel del suelo de la explanada, ello explica que la altura externa del edificio no coincida con la interna, más elevada de lo que pudiera pensarse-: posee un poyo corrido a ambas manos (evangelio y epístola) con el presbiterio al fondo, un escalón por encima del embaldosado del templo (antes era de tierra apisonada), altar adosado y hornacina en triángulo con repisa. Lo más notable es la estructura de la techumbre, basada en el sistema habitual de las coberturas mudéjares a cuatro vertientes, con armadura parhilera, tabicas y lima-bordón en la unión de los faldones de cabecera y pies con los laterales, y tirantes con pendolón (estando los estribos embutidos en la obra, caso de tenerlos). La imagen del titular permanece todo el año en la parroquial, sólo se sube para la fiesta del santo (que tiene lugar el 10 de julio), momento en que tiene lugar la tradicional romería desde el pueblo, festejo que incluye celebración religiosa (misa con procesión de la imagen por la explanada) y comida de hermandad. De la tradicional organización de la fiesta -esplendorosa antaño, en el contexto local- y los elementos que la constituían: Cargos, Mayoral, Mozos del Santo..., apenas queda el recuerdo.[14]



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Vista general (meridional) de la explanada del cerro Javalón (1.692 m) durante la Romería de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), con la ermita al fondo (2017).


Romería de San Cristóbal.
El origen de la Romería de San Cristóbal es desconocido, quiero decir que no existen documentos relativos al inicio y desarrollo histórico de esta celebración, más allá de los recuerdos y testimonios recogidos entre los javaloyenses más ancianos. De haber existido algún documento, desapareció en la quema de los archivos locales (municipales y parroquiales), durante la Revolución Española de 1936. En su obra citada, Aspas Rodríguez (2014) recopiló cierta información, en la que nos basamos para estructurar la que exponemos.

Antaño, quiero decir con anterioridad a los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX, la subida al Javalón para la tradicional romería anual se hacía por la vertiente noroccidental del cerro, utilizando un camino de herradura que todavía pervive, caminando (algunos descalzos, por promesa o devoción) o mediante caballerías con monturas bellamente engalanadas. En la subida se invertía poco más de una hora...

Como es de pensar, la fiesta tenía su organización, rigiéndose por normas tácitamente establecidas por la tradición y la costumbre. Por turno o tanda de vecinos, anualmente se nombraban cuatro “cargos”, que en la práctica recaían en cuatro matrimonios. El de más edad se constituía en “mayoral”, como responsable oficial de la fiesta. Usualmente, en las antiguas cofradía medievales el mayoral era el administrador o responsable máximo de una hermandad, lo que explica el nombre y funciones de este cargo en la romería jabaloyense.

Una vez nombrados los cuatro “cargos”, éstos elegían entre sus vecinos (parientes o amigos) a una pareja de jóvenes (chico y chica, mujer y varón) que recibían el nombre de “mozos del Santo” para que les ayudasen en la organización de la romería. De esta forma, entre “cargos” y “mozos del Santo” para organizar la fiesta se constituía un grupo de dieciséis personas, asimilable a una típica comisión de fiestas patronales en la actualidad. El cometido de la comisión era organizar la fiesta: actos religiosos, música de gaiteros, hacer el pan del santo, acopiar el vino, y su reparto en el cerro tras la misa en la ermita.

La comisión de la fiesta romera solicitaba la colaboración de todos los vecinos de Jabaloyas, incluida la aldea de Arroyofrío. Dicha solicitud implicaba la entrega de una medida de harina panificable (o su equivalente en huevos o dinero), según la voluntad y posibilidades de cada familia. La colecta comenzaba por Arroyofrío, el Domingo de la Santísima Trinidad (siguiente domingo de Pentecostés). A tal efecto, las cuatro mujeres de los “cargos” con sus respectivas “mozas del Santo” se desplazaban a la aldea, vestidas para la ocasión, siendo lo más característico del atuendo el delantal o mandil blanco bordado que se ponían sobre las ropas. Así engalanadas iban por las calles, llamando de puerta en puerta y anunciándose como las “santeras” de san Cristóbal, portando recipientes adecuados para recoger los donativos (capazos o escriños). Esta misma comitiva realizaba la petición en Jabaloyas el siete de julio, esto es, tres días antes de la celebración de la romería, con la particularidad de que las mujeres de los “cargos” realizaban la demanda por la mañana y las “mozas del Santo” por la tarde. El testimonio no explica el motivo de esta separación a la hora de ir a pedir la colaboración vecinal en la villa, ni si cada grupo hacía la petición por todo el pueblo o había un reparto de calles entre ambos grupos de “santeras”.


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Detalle de hoguera en la explanada del cerro Javalón (1.692 m) durante la Romería de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), con la ermita al fondo (2017).


Al día siguiente (8 de julio) tenía lugar el amasado y horneado del pan del santo en el horno público, haciéndose también tortas dormidas y pastas. Todo el trabajo recaía sobre los “cargos” y “mozos del Santo”, labor que se llevaba a cabo en comandita, con alegría y buen humor, en lo que colaboraba la buena comida, el vino y la música que enardecía a los santeros. Al día siguiente (9 de julio) por la tarde, una vez horneado el pan y las pastas del santo, se subía al cerro Javalón, aprovechando el viaje para subir el vino dispuesto en botos de cuero. Todo lo cual se dejaba en un edificio (actualmente desaparecido) que había junto a la Ermita de San Cristóbal, al cuidado de los mismos porteadores, que pasaban allí la noche vigilando el pan y el vino del santo hasta su reparto al día siguiente.

El día de la celebración (10 de julio), a primeras horas de la mañana, un toque de campanas con bandeo anunciaba la reunión de la comisión: la concentración tenía lugar en la puerta de la iglesia parroquial. En este punto comenzaba la romería de san Cristóbal, unos caminando, otros a lomos de sus caballerías magníficamente enjaezadas para la ocasión (con mantas de colores o colchas de cama). Todos vestían sus mejores galas, ellas con vistosos mantones, formando una alegre y sugestiva comitiva encabezada por los “cargos” y “mozos del Santo”. Las caballerías delanteras formaban dos hileras paralelas, a continuación iba la imagen del santo sobre sus andas, seguida del sacerdote revestido y sus acólitos. Por detrás iba el resto de la romería, parejas a caballo y los que marchaban caminando. La procesión se detenía a la salida del pueblo -en la portera de la Canal-: la imagen de san Cristóbal sobre sus andas continuaba su camino ascendente a hombros de sus porteadores, el sacerdote se unía a la comitiva con su cabalgadura, libre ya de las vestiduras litúrgicas. Una vez en la cima del monte, la imagen del santo era llevaba hasta la ermita, colocándola sobre el altar.

A toque de campanico tenía lugar la concentración de los romeros en la ermita, para la celebración religiosa (misa y procesión de la imagen del santo por la explanada), acompañada con música de caja, gaitas y pita. Concluida la celebración tenía lugar la bendición del pan y el vino del santo, repartido a continuación por los “cargos” y “mozos del Santo” entre los concurrentes.

Tras la comida y el baile de sobremesa se bajaba de nuevo al pueblo, hecho que tenía lugar sobre las cuatro de la tarde. La expectativa festiva de la subida era sustituida en la bajada por la alegría que proporciona el vino y el buen comer. Al llegar la romería a la portera de la Canal se organizaba de nuevo la procesión, con la particularidad de que al arribar a la plaza Nueva se colocaba la imagen de san Cristóbal en una hornacina dispuesta en la fachada de la Casa de los Diezmos (Lonja o Granero), donde tenía lugar un rezo final, que acababa con vivas a san Cristóbal. La procesión continuaba después hasta la puerta de la iglesia, allí se disolvía la procesión, previa la bendición de romeros y caballerías. La imagen del santo se guardaba en la parroquial hasta el año siguiente...


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Detalle de la charanga en la explanada del cerro Javalón (1.692 m) durante la Romería de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), con la ermita al fondo (2017).


La celebración popular continuaba, sin embargo, con carreras de caballos en el Cantón (entre la plaza Nueva y la portera de la Canal). El concurso tenía su vertiente cómica en una carrera de burros, en la que los animales iban a su aire, con los jinetes montados de espaldas.

La fiesta continuaba al día siguiente, que comenzaba con una misa mayor, realizándose en el transcurso del día diversos actos festivos: juegos de pelota y de calva, carreras pedestres y de sacos, tiro de barrón y de garrote, cucañas, juegos de cartas (guiñote), etc. Al atardecer de ese segundo día de fiesta tenía lugar el nombramiento de los “cargos” para el año siguiente, la entrega del nombramiento se hacía a la puerta de la casa del nuevo mayoral. El acto se acompañaba con músicas de caja y pita, se repartía vino entre los concurrentes, y los bailes –y la fiesta- continuaban hasta la madrugada.

Con la emigración de los años sesenta, que despobló la zona, la Romería de San Cristóbal quedó reducida a su mínima expresión. El máximo poblacional de Jabaloyas tuvo lugar en 1910 (959 habitantes). Entre 1950 (549 hab.) y 2001 (84 hab.) el porcentaje de pérdida de población alcanzó el 84,70%. Para preservar su recuerdo, el Consistorio corría con todos los gastos de la fiesta: música, distribución de pan, vino y carne de cordero entre los asistentes que subían al cerro Javalón. Cuando yo conocí esta romería (en 1998) se hallaba en esta situación. La antigua organización de la fiesta romera ha desaparecido, en pan del santo se encarga a una panadería, el vino se compra. Las caballerías enjaezadas han sido sustituidas por vehículos a motor. Nadie sube ya por los tradicionales caminos de herradura. Actualmente, sin embargo, la romería parece haber resurgido, tras décadas de estancamiento. Basta ver el número de asistentes con sus carpas y tiendas, y las colas que se forman para recoger el pan y el vino del santo. Aunque bajo nuevas circunstancias, la tradición romera en honor del santo portador de Cristo continúa en Jabaloyas. ¡Viva san Cristóbal!


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Vista general (meridional) de la explanada del cerro Javalón (1.692 m) durante la Romería de San Cristóbal en Jabaloyas (Teruel), con la ermita al fondo (2017).



Historia, paisaje y algunas reflexiones.
Jabaloyas tuvo cuatro ermitas, además de la Santísima Trinidad de Arroyofrío, de cuya existencia y ubicación dan fe unas letrillas que recoge Aspas Rodríguez (2014): San Cristóbal en un alto/ La Virgen en la veguilla/ San Sebastián en las eras/ Y San Roque en la lomilla.[15] La de san Cristóbal es la del cerro Javalón, la de la Virgen corresponde a la Virgen de los Dolores, situada en La Veguilla (de la que diremos), la de san Sebastián desapareció, al igual que la de san Roque, en cuyo solar se construyó el actual cementerio municipal.

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Vista general de Jabaloyas (Teruel) desde el cerro Javalón (1.692 metros de altitud), 2017.


Lo más notable del cerro Javalón, decíamos, es su paisaje, el grandioso espectáculo de la naturaleza que desde su cima se ofrece a nuestra contemplación: escabrosidades montañosas, panorama de profundos y luminosos horizontes... –que diría el poeta-. La vista más espectacular, sin embargo, se observa desde las inmediaciones de la ermita, que permite apreciar la orientación norte, este y sur. El caserío de Jabaloyas aparece a los pies del cerro, en situación noreste, dispuesto junto al barranco de la Canaleja que le bordea por el norte. Llaman la atención los tejados rojos de las casas, la línea de las calles, la parroquial de Nuestra Señora de la Asunción con su campanario en el extremo distal. El poeta José Albi lo describe así: “El pueblo se levanta sobre las patéticas escarpaduras del abrupto barranco que parece abierto a fuerza de tajos de titanes, entre rupturas violentas e impresionantes peñascales”.[16] Los tejadillos rojos de las casas que decía, contrastan con el verde tierno de los campos que le circundan por en sureste, cuadrículas de trigales y cebadales que en los primeros días de mayo se hallan en pleno esplendor. Desde el pueblo parte una camino bordeado de chopos que lleva hasta la Ermita de los Dolores, ermitorio que la letrilla citada ubica en La Veguilla. La vista se pierde más allá del circo inmediato de montañas pinadas, con la mole pétrea del Javalambre cerrando el horizonte al levante, más allá del valle del Turia, extendiéndose por la Sierra de Tortajada, y estribaciones meridionales. Hacia el noroeste, el pueblo se halla limitado por el “abrupto barranco” de dramáticas vertientes, en cuya margen derecha se halla el asentamiento. Al otro lado de la hendidura de la rambla, la planicie asciende en abancalamientos de cultivo por las faldas del Javalón, tierras rojizas y blanquecinas en cuadrícula, unas labradas, otras en barbecho.

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Vista general de Jabaloyas (Teruel) desde el cerro Javalón (1.692 metros de altitud), con detalle de los campos aledaños (2017).

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Vista general de Jabaloyas (Teruel) desde el cerro Javalón (1.692 metros de altitud), con detalle de los campos aledaños (2017).


Resulta difícil cerrar los ojos ante semejante panorama, uno no se cansa de contemplarlo... Sin ser poeta –ni filosofo- el espectáculo de la naturaleza me provoca en general sentimientos trascendentes. Viendo el de Jabaloyas, desde el cerro Javalón (1.692 m), me vinieron a la memoria ciertos versos de Píndaro (518-438 aJC), concretamente unos que aparecen en la IIIª Pítica de las Odas Triunfales: No creas, alma mía, en la vida eterna;/ trata de agotar el campo de lo posible. Estos versos me parecen sumamente hermosos, a la vez que fatalmente tristes, incluso desesperanzados. No obstante la tradicional ininteligibilidad de su poesía, aquí el poeta griego se muestra paradigmáticamente claro. Parece que Píndaro –su alma- quisiera creer, pero él (su razón) le niega esta posibilidad de trascendencia frente a la realidad. El “campo de lo posible” es lo que hay: lo visible, lo palpable, lo tangible. El de Píndaro es el canto del hombre actual, que vive la misma trágica realidad veinticinco siglos después del poeta heleno. La tragedia del hombre que ha perdido la expectativa de un más allá. El horizonte trascendental del hombre contemporáneo concluye en el féretro: en la incineradora, en la urna y el columbario. También en el agua (mar, río, embalse) y otros lugar donde expandir las cenizas de la cremación, lo que no deja de ser una búsqueda de la trascendencia en su unión con el cosmos. Puede que Píndaro fuera hoy un poeta de éxito, él identificaba el triunfo de lo bello con lo bueno, frente a la mediocridad. Aunque visto el panorama presente, no sé... Yo quiero creer –y creo-: en la vida eterna, en la resurrección de los muertos, en la vida del mundo futuro. Creo en el Dies irae y la Parusía: último día en que la última trompeta llamará a los muertos para el Juicio Final, momento decisivo del retorno glorioso en el que Cristo separará necesariamente a los buenos de los malos para toda la eternidad. Sin una justicia final –suprema, inapelable- la vida del ser humando carecería de sentido: daría igual haber sido bueno que malo, haber hecho el bien o el mal. Esta es mi creencia, mi esperanza... mientras contemplo en silencio el maravilloso panorama que se observa desde el Javalón. Sin duda debe haber paisajes más sublimes, pero yo, que me siento ciudadano del mundo, tengo la sensación -y el sentimiento- de pertenecer a éste...



Descenso del Javalón, camino de Jabaloyas.
Para bajar hasta Jabaloyas desde el Javalón cabe desandar el camino seguido en la subida, hasta encontrar el que viene de Alobras. La pista circunda la base del cerro en dirección septentrional, durante el camino podremos ver las zonas recreativas pobladas de rebollos (quejigos) de que dice el panel informativo visto en la cima del cerro. Son lugares muy agradables, tranquilos, con mesas de asiento entre los quercus, y fuentes. Cuando visitamos Jabaloyas, un día de mediados de junio, comimos en uno de estas áreas de descanso. En aquella excursión me acompañaba mi mujer. Nos gusta comer en plena naturaleza, solemos ir preparados para ello. Aunque también utilizamos los restaurantes, cuando surge la ocasión, para conocer y saborear la comida autóctona. Mas cuando la climatología lo permite preferimos el medio natural, basta buscar el paraje idóneo. Así podemos sestear después de comer –la siesta es importante, algo perfectamente serio-: aquel día dormitamos a la sombra de una añosa sabina. Terminada la siesta continuamos por la pista de Alobras, camino de Jabaloyas.


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Vista parcial del caserío de Jabaloyas (Teruel), con detalle de la Casa de los Diezmos (antigua Lonja o Granero) a la derecha (2017).
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Vista general de la Casa de los Diezmos (antigua Lonja o Granero) en Jabaloyas (Teruel), tras su restauración (2017).


Tras un revuelta aparece a nuestra vista el pueblo, bajo un celaje límpido, enmarcado por unos chopos que crecen junto a un cebadal. Las aliagas estaban en plena floración. El horizonte más lejano lo cerraban al norte la línea azul oscura de los montes de Valdecuenca, en dirección a Albarracín. A la entrada del pueblo hay una fuente con abrevadero bajo unos chopos (la fuente de la Canal), un muro de piedra en seco rodea una propiedad, el caserío está al fondo. Entramos a Jabaloyas por la calle Mesón, dando en una amplia plaza, a la mano derecha nace un camino de tierra bordeado de chopos que conduce a la Ermita de los Dolores. Al fondo derecha de la plaza hay un hermoso edificio antiguo con dos arcos (la Lonja o Casa del Diezmo), que los lugareños conocen como El Granero –un panel adosado a la fachada dice-:
  • <CASA DE LOS DIEZMOS, ANTIGUA LONJA. Esta construcción civil situada en la Plaza Mayor es un buen ejemplo de la arquitectura del municipio: el edifico principal presenta la típica fachada larga de poca altura. Adosados al edifico aparecen también módulos secundarios destinados al ganado./ La fachada principal es de sillería, dotando a la casa de una gran monumentalidad. Ésta se compone de dos pisos, estando el bajo articulado por dos arcos, hoy cegados, que nos informan de que en otros tiempos fue la Lonja de comercio del pueblo. Entre los arcos se observa un escudo de gran belleza. Una potente moldura corrida marca el paso al segundo piso en el que se abren algunos vanos dispuestos aleatoriamente./ Todo el conjunto se remata con u n curioso alero volado de tejas dispuestas en tres niveles diferentes creando formas decorativas muy singulares>


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Detalle de las arcadas y escudo de la Casa de los Diezmos (Granero) en Jabaloyas (Teruel), tras su restauración (2017).
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Vista de la plaza Nueva en Jabaloyas (Teruel), desde las arcas de La Lonja (Casa de los Diezmos o Granero), 2017.




El edificio ha sido restaurado, los arcos cegados descubiertos, entre ellos luce un escudo muy perdido, el interior de la Lonja muestra un techo de cimbras con las vigas vistas. Desde las arcadas de la Lonja pueden verse las fachadas de las casas del otro lado de la calle, la entrada meridional de Jabaloyas por la que hemos entrado en la localidad (desde Alobras), y la Casa de la Sirena, situada al fondo derecha de nuestro panorama. La plaza continúa por una calle, en cuyo fondo se dibuja la formidable torre-campanario de la parroquial. A la mano izquierda de la entrada al pueblo está la Plaza Vieja, rodeada de edificios bajos, de dos alturas. En el centro luce una fuente forrada de piedra con pilón y obelisco en el medio. Junto a la fuente un árbol de ramaje desnudo, tal vez muerto. Cabe la posibilidad, sin embargo, de que todavía no le hayan brotado las hojas. Me impresiona de ser un adelanto, variedad de acacia. Frente al árbol hay una casa con una singularísima fachada, conocida como Casa de la Sirena, construcción del siglo XV con arco adovelado -rebajado, tipo carpanel- enmarcado por un elegante alfiz, en cuyo centro luce un enigmático escudo con la figura de una sirena labrada. La sirenita (ninfa del mar) posee un peine doble en la mano derecha y un espejo en la izquierda. Uno se pregunta, ¿qué hace esta coqueta sirena en el secano de la Sierra de Albarracín? Aunque muy deteriorada, la fachada de esta casa de Jabaloyas constituye un ejemplo de la mejor arquitectura del lugar. En una placa encristalada adosada a la fachada puede leerse el siguiente texto:
  • <LA CASA DE LA SIRENA. El municipio de Jabaloyas es sin lugar a dudas el máximo exponente de la arquitectura civil y popular de la Serranía de Albarracín./ Dentro del municipio, es la Casa de la Sirena el edificio más sobresaliente y señorial. Fue construido en los siglos XV-XVI, en una época de gran apogeo económico en la zona. Éste se ve reflejado en el edificio. La casa sigue la tipología popular de dos pisos en mampostería y con módulos adosados para el ganado. Pero a la vez no escatima en integrar elementos arquitectónicos y decorativos de gran belleza, que le dan un carácter muy señorial al edificio./ LA FACHADA PRINCIPAL. Es en esta fachada donde se concentran la mayor parte de los elementos decorativos. Destaca la portalada gótica que se abre en arco carpanel de gran belleza y el vano sobre la puerta, compuesto de arquillos flamígeos dobles. Por lo que más llama la atención es el blasón central en el que aparece esculpida una figura singular que representa a una sirena que porta un espejo en una mano y un peine en la otra. También destacan el sol y la luna que aparecen esculpidos sobre los vanos superiores>.


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Vista general de la entrada de la Casa de la Sirena en Jabaloyas (Teruel), con detalle del arco rebajado (conopial), alfiz y escudo (2017).

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Vista parcial de la Casa de la Sirena en Jabaloyas (Teruel), con detalle del arco rebajado (conopial), alfiz y escudo (2017).


La singular fachada de esta casa denota un gusto exquisito en el artista que la labró, y en el dueño que la mandó construir, algún rico hacendado del lugar, quizá con antecedentes marineros. Desde la Casa de la Sirena el paisaje urbano denota un fuerte sabor medieval, evidente en una casa de aspecto abandonado sita a la mano derecha, con entrada en arco adovelado de medio punto y ventanas geminadas en la parte alta. La clave del arco luce un escudo labrado con figuras que habremos de ver en distintas casas del lugar. Desde este punto (entrada meridional de Jabaloyas) y antes de continuar con la visita al pueblo decido acercarse hasta la Ermita de los Dolores, situada a unos cientos de metros. 


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Vista parcial de la Casa de la Sirena en Jabaloyas (Teruel), con detalle de sol labrado en la ventana (2017).

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Vista parcial de la Casa de la Sirena en Jabaloyas (Teruel), con detalle de luna labrada en la ventana (2017).

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Vista parcial de la Casa de la Sirena en Jabaloyas (Teruel), con detalle de escudo con sirena labrada (2017).

Ermita de la Virgen de los Dolores.
Para llegar al lugar de la ermita hay que seguir un camino que nace a la derecha de la entrada al pueblo (viniendo de Alobras), y bordear un muro de piedra en seco junto a una noguera. La pista se halla sombreada por dos hileras de chopos, una rambliza discurre paralela al camino. En edificio de la ermita se ve al fondo, parcialmente cubierto por el ramaje de la chopera, dispuesto en la parte alta de un pradillo, entre el camino y los campos de cultivo. La Ermita de la Virgen de los Dolores y su entorno están declarados Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés (2002).[17]

La primera vez que vi la ermita (en 1998) se hallaba en ruinas, la puerta desvencijada, con partes del alero de la cabecera caídas, el interior totalmente arruinado -vacío de moblaje-; las tabicas de la techumbre dejaban ver el cielo a su través... un espectáculo ciertamente penoso, tristísimo. La ermita debía estar así desde hacía años, siendo su degradación consecuencia del despoblamiento del pueblo, y de la zona, pues José Albi (1992) ya la describe arruinada –señalando, sin embargo, el valor de la construcción y la hermosura de su enclave-:
  • <Al final del pueblo –se puede llegar en coche-, un rincón amenísimo con un prado, una hilera de chopos y la ermita de la Virgen de los Dolores. Desde aquí se domina un buen panorama del pueblo, destacando, con fuerza, las colosales proporciones de la parroquia. La ermita, hoy abandonada, pese a su indudable interés, es gótico-mudéjar, quizá de principios del XVII, con claves múltiples y artesonado mudéjar de madera, bien conservado en parte. En el exterior queda un fragmento de un alero de ladrillo, fatalmente condenado a la destrucción>.[18]


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Vista frontal de la Ermita de la Virgen de los Dolores en La Veguilla de Jabaloyas (Teruel), una  notable construcción gótico-mudéjar, siglo XVI-XVII  (2017).

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Vista frontal de la Ermita de la Virgen de los Dolores en La Veguilla de Jabaloyas (Teruel), una notable construcción gótico-mudéjar, siglo XVI-XVII (2017).


Positivamente, edificio en su conjunto se hallaba “fatalmente condenado a la destrucción” de no haberse tomado las medidas pertinentes, pues yo lo vi seis años después que José Albi y el deterioro continuaba. Debemos agradecer a las personas y entidades que han hecho posible su rehabilitación, preservando el patrimonio arquitectónico (y artístico) para las generaciones venideras. Como decía, la ermita se halla a medio kilómetro del pueblo, en la margen derecha de la rambliza, entre el camino y un campo de cultivo donde prolifera un cebadal. Posee planta alargada, orientada como la parroquial en sentido este (cabecera) oeste (pies), con muros de mampostería ordinaria y sillares en las esquina. La fachada principal luce un arco de medio punto con amplias dovelas labradas e impostas levemente voladas. Sobre el arco, un vano de ventana y sobre éste una sencilla espadaña tejada, con un hueco y sin campana. La cobertura es de teja árabe dispuesta en canal y cobija, con vertiente a cuatro aguas.

Circundado el edificio observamos que la construcción debió hacerse en dos fases, recreciéndose hacia los pies en algún momento histórico (siglo XVII, finales), según puede deducirse por el tipo de mampostería y por la composición de alero, basado en ladrillo formando dibujo geométrico complejo en el cuerpo de cabecera y sencillo en la parte ampliada de los pies. Asimismo, en los muros laterales de cabecera posee dos machones o contrafuertes a cada lado. La cabecera luce aspecto poligonal (mitrad de hexágono). En la presente visita no pude ver su interior, tomo su descripción de Aspas Rodríguez (2014) –dice:

  • <El interior quedó prácticamente destruido, la cubierta de la cabecera es de crucería estrellada con medallones pintados. En la separación con la nave, arco triunfal de medio punto, decorado con casetones y coronado por emblema y guirnalda. En la cubierta conserva restos de decoración neoclásica>.[19]

La techumbre de la nave es la habitual en las sencillas cubiertas mudéjares a dos aguas, basada en armadura de parhilera -con arco toral (diafragma) separando ambos espacios-: cabecera y nave.

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Vista fronto-lateral derecha de la Ermita de la Virgen de los Dolores en La Veguilla de Jabaloyas (Teruel),  una notable construcción gótico-mudéjar (2017).


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Detalle del alero lateral derecho en la Ermita de la Virgen de los Dolores en Jabaloyas (Teruel), 2017.


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Vista posterior de la Ermita de la Virgen de los Dolores en Jabaloyas (Teruel), con detalle del alero de cabecera (2017).


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Vista parcial (meridional) de Jabaloyas (Teruel), desde la Ermita de la Virgen de los Dolores (2017).

Posee alto coro a los pies, al que se accede mediante una escalerita situada a la izquierda de la entrada (evangelio). La Ermita de la Virgen de los Dolores de Jabaloyas constituye una bellísima muestra del estilo gótico-mudéjar en la Sierra de Albarracín, una delicia de construcción ubicada en un paraje excepcional que los lugareños conocen como La Veguilla. Desde el lugar de la ermita puede admirarse una plácida vista del pueblo, de cuyo caserío destaca la siempre impresionante mole de la parroquial, y su fabulosa torre. Para continuar la visita a Jabaloyas volvemos hasta la plaza Nueva, donde se halla la Casa de los Diezmos (y el frontón), que quedan a nuestra derecha y proseguimos en dirección septentrional, buscando la iglesia parroquial, cuyo campanario se dibuja al fondo. El templo se halla en el extremo nororiental del caserío, se trata de una monumental construcción exenta -rodeada de un muro almenado y con saeteras, algunas de tipo palo y orbe (siglo XVI)-, cuya fachada principal se abre a una placeta triangular, irregular.







[1] ASPAS RODRÍGUEZ, Frutos (2014). Jirones de mi pueblo, Imprime Grupo Zona, Castellón, p. 15.
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (1998). A Jabaloyas por san Cristóbal, en Diario de Teruel, jueves 2 y 9 de julio. ID. Desde el Rincón de Ademuz, Valencia, 1999, pp. 239-242.
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Veguillas de la Sierra, pueblo de Teruel, del viernes 20 de enero de 2017. ID. Alobras, pueblo de Teruel (I y II), del viernes 24 de febrero de 2017.
[4] HERRERO HERRERO, Valeriano (1993). La villa de Alpuente. Aportación al conocimiento de un pueblo con historia, Edita el autor, Imprime Gráficas Samuel, Segunda edición, Segorbe, p. 141.
[5] Ibídem, p. 143.
[6] GARCÍA CARRAFFA, Alberto y Arturo (1922). Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, Madrid, tomo 45. Citado por HERRERO HERRERO (1993), p. 144.
[7] MADOZ, Pascual (1847). Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, vol. IX, p. 610.
[8] ASPAS RODRÍGUEZ (2014), p. 121.
[9] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Veguillas de la Sierra, pueblo de Teruel, del viernes 20 de enero de 2017.
[10] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2009). Rufo Antón Hernández, la persistencia de la memoria, en Desde el Rincón de Ademuz, Valencia, vol. III, pp. 247-254.
[11] MADOZ (1847), vol. IX, p. 610.
[12] ASPAS RODRÍGUEZ (2014), p. 135.
[13] TOMÁS LAGUIA, César (1964). Las iglesias de la diócesis de Albarracín, en revista TERUEL 32 (1964), p. 55.
[14] ASPAS RODRÍGUEZ, Frutos (2011). Jabaloyas: sus costumbres y sus fiestas, Edita Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín (CECAL), Imprime Perruca Industria Gráfica, Teruel.
[15] ASPAS RODRÍGUEZ (2014), p. 79.
[16] ALBI, José (1992). Albarracín y su serranía, Editorial Everest, S.A., León, p. 150.
[17] ORDEN de 1 de julio de 2002, del Departamento de Cultura y Turismo, por la que se declara Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés la “Ermita de la Virgen de los Dolores” en Jabaloyas (Teruel).
[18] ALBI (1992), p. 153.
[19] ASPAS RODRÍGUEZ (2014), p. 82.

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