lunes, 25 de enero de 2016

DON PABLO SORIANO MARTÍNEZ, NUEVO CURA DE TORREBAJA (VALENCIA).


Conversación con el vicario parroquial del Rincón de Ademuz.





“Principalmente,
los sacerdotes estamos para estar cerca de Dios y estar cerca de las personas. 
Para acercar a la gente a Jesús y el mensaje del evangelio: 
la amistad con el Señor y el cuidado y amor a los demás”
-del contenido de la entrevista-.



Desde la primavera pasada se venía rumoreando que don José Antonio –me refiero a don José Antonio Durá Bataller-,[1] el cura párroco de Torrebaja (Valencia), se marchaba a misiones, hasta que él mismo lo confirmó en una homilía. Primero estaría en Madrid durante unos meses, haciendo un curso de preparación, y después iría a donde le destinaran, no sabía si a África, América del Sur o Asia. Llegado el momento, se marchó. La despedida fue un momento triste para los feligreses, que siempre acaban encariñándose con su párroco. Pero es así, lo asumen como algo natural y sufren el duelo de la pérdida, hasta que conocen al nuevo sacerdote. El problema vendrá cuando el señor obispo deje de enviarnos un “cura de almas” que atienda el cuidado espiritual de nuestras personas.

Antaño los curas pasaban muchos años en los pueblos y aldeas del Rincón de Ademuz, conocían a todos los vecinos por sus nombres o apodos, su trayectoria personal y familiar, tenían casera y formaban parte del vecindario y del paisaje, constituyendo las “fuerzas vivas” del municipio, junto con el alcalde, los maestros y el comandante del puesto de la Guardia Civil, si había cuartel. Hoy todo ha cambiado, es distinto; los curas pasan poco tiempo en cada pueblo, son muy jóvenes y están muy preparados, llevan muchas parroquias, no tienen casera, apenas les da tiempo de conocer a los feligreses de iglesia, poco a los señores del Ayuntamiento y nada o casi nada a los maestros, si es que hay niños y escuela. Sin duda, son otros tiempos...

Con los nuevos tiempos han venido otras formas de hacer y de comportarse. Hace ya muchos años que los curas retiraron la sotana, para pasar al alzacuello, pero hoy han dejado incluso ese distintivo que los caracteriza. Bien es cierto que no todos, pues cada cual tiene su estilo. El nuevo cura de Torrebaja y otras parroquias de la comarca es persona tranquila, considerada y respetuosa, con suave sentido del humor, cualidad siempre apreciable. Cuando le propuse una entrevista para esta página le pareció bien, no me opuso ningún reparo ni condición. Quedamos un par de veces, y a la tercera tuvimos el encuentro para conversar. La conversación tuvo lugar en el estudio de mi casa, una tarde de invierno después de comer, y fue del tenor siguiente.


Contenido de la entrevista.

Don Pablo es persona muy joven, me da apuro llamarle de usted, ya que tiene la edad de mi hijo pequeño; pero la gente mayor le nombra de esta forma, mostrando así su respeto y deferencia, algo digno de elogio. Los niños, sin embargo, le tutean, como hacen con sus maestros, lo cual, aunque parezca un signo de cercanía y confianza, es más bien signo de los tiempos. Porque el maestro no puede ni debe ser amigo del alumno; los alumnos tienen sus propios amigos -aunque esto es un parecer personal-. Don Pablo se presentó puntual a la entrevista, viste de oscuro y porta alzacuellos. Iniciamos la conversación mientras tomamos un te blanco de roca.

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Don Pablo Soriano Martínez, cura del equipo interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), durante la entrevista (2016).

-- Pablo, cuéntame algo de tu infancia, ¿dónde naciste, quiénes son tus padres, tienes hermanos?

  • Nací en Valencia capital, en 1990, soy hijo de Guillermo y Beatriz y somos seis hermanos, hay dos por encima de mí, Enrique, al que llamamos Quique y Beatriz, que vive en Mallorca; yo hago el tercero en el número de orden y después vienen tres chicos más, Jorge, Santi y Guillermo. Mi padre es médico del trabajo y mi madre actualmente estudia historia del arte... Pertenezco a la parroquia de San Miguel y San Sebastián, cuya iglesia está por la zona del Botánico, allí iba yo a misa los domingos con mi familia, recuerdo al párroco, don Salvador Roca y al vicario, don José Luis, que siempre fueron ejemplares para mí. Después vino don Juan Andrés, el párroco actual.

-- ¿Dónde estudiaste, a qué colegios has ido, cómo nace tu vocación sacerdotal?

  • Estudié en el colegio El Vedat de Torrente, un colegio concertado próximo a Valencia, mi padre ya estudió allí, y todos los hermanos hemos ido allí también. Siempre he estado en el mismo colegio, desde que empecé la escuela hasta los 18 años, allí terminé segundo de Bachiller. Hice el bachillerato de letras y del colegio pasé directamente al seminario. Sí, yo ya tenía pensado ser sacerdote desde muy joven, aunque entré con la idea de ver si era eso lo que el Señor quería para mí, que fuera sacerdote. Pertenezco a una familia cristiana, pero mis padres siempre nos han dejado una gran libertad para estudiar lo que quisiéramos. Claro, nos educaron en valores humanos y cristianos, pero cada cual ha elegido el camino hacia el que se ha sentido llamado. Yo de pequeño sentía que Dios quería eso para mí, que fuera sacerdote; no fue algo que se me ocurrió de pronto. El colegio tiene una capilla y ya de niño me salía ir allí a rezar. Mi formación religiosa y espiritual procede de mi familia y del colegio, más que de la parroquia; de hecho la catequesis la recibí en el colegio. En el colegio asistía a misa muy a gusto, y ayudaba como monaguillo. Un sacerdote eligió a varios alumnos y nos preparó para ayudar en las celebraciones. Claro, en el colegio había sacerdotes y para mí fueron un ejemplo a seguir. Ya te digo, siempre he tenido la sensación de haber nacido para ser sacerdote, al principio era sólo una idea, que con el tiempo fue consolidándose. Pero no creas, me han gustado otras cosas, el cine, la historia del arte... A mis mejores amigos no les extrañó mucho mi decisión de hacerme sacerdote, porque ya sabían de mis ideas, y el ambiente en el que me desenvolvía era favorable a eso... Claro, si a un chico le gustan mucho las motos, a nadie le extraña demasiado si un día dice de hacerse piloto. No, ninguno de mis amigos dejó de hablarme o se enfadó por ello, como sucedió en algún caso que conozco. Cuando les dije a mis padres que quería ser sacerdote no recuerdo exactamente lo que me dijeron, pero se alegraron muchísimo, mis hermanos también... Es cierto que algunos amigos me dijeron “qué pena, te lo has pensado bien, porque podrías hacer otras cosas”, pero siempre amistosamente, en buen plan. Puedo decirte que mis amigos del colegio son los mismos que ahora, además de otros que he ido haciendo; a todos les estoy muy agradecido por su amistad, porque me comprendieron y ayudaron en momentos de bajón en el seminario...


-- ¿Cómo fue tu entrada en el seminario, qué recuerdos tienes de entonces?

  • Como te decía, del colegio pasé directamente al seminario Mayor, con la intención de ver si era eso lo que el Señor quería para mí. Al terminar el Bachillerato me fui a hablar con el rector del seminario, don Rafael Albert, y le expuse lo que pensaba, que desde niño ya quería ser sacerdote y todo eso. Él me dijo que bien, que en verano había una convivencia con chicos que pretendían entrar en el seminario, que allí hablaríamos. Asistí a la convivencia y finalmente decidí probar mi vocación... Claro, el colegio y el seminario son cosas muy distintas, yo no tenía una idea clara de lo que era aquello, no me lo había imaginado. Simplemente quería ser sacerdote, sin pensar que entre ambas situaciones había que cursar siete años de estudio. Cierto, hay chicos que entran en el seminario antes de los 18 años, pero van al seminario Menor, que es como un colegio normal; algunos ya no continúan después en el Mayor, porque ven que aquello no es lo suyo. Durante este periodo de formación en el seminario Mayor sucede lo mismo, algunos lo dejan antes de terminar, porque ven que no es su camino. De hecho tengo varios compañeros que entraron conmigo y lo dejaron. En mi época entramos catorce jóvenes de toda la diócesis de Valencia, justamente cuando menos seminaristas ha habido en Valencia; esto fue en 2008, y desde entonces ha aumentado mucho el número de alumnos... En el seminario nos juntamos personas dispares, de diferentes lugares y con formaciones distintas, había uno que era arquitecto, otro albañil, otro fontanero..., como se dice “cada uno de su padre y de su madre”. Algunos habían empezado otras carreras o trabajado algunos años, casi todos mayores que yo; yo era de los más jóvenes, aunque detrás de mi había otro más joven en mi curso.

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Don Pablo Soriano Martínez, cura del equipo interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), durante la entrevista (2016).

-- ¿Y cómo era la vida de un seminarista en tu época?

  • Los seminaristas residíamos en el seminario Mayor de Moncada, en Valencia, allí hacíamos la vida, comíamos y dormíamos durante la semana. Todos los días íbamos a la facultad de Teología, que está en la calle Trinitarios, junto a la iglesia del Salvador: Sí, cae por la plaza de la Almoina, detrás de la catedral. Después de las clases volvíamos al seminario para comer, y por la tarde estudio, oración y la santa misa. Convivíamos entonces en el seminario unos cincuenta seminaristas. Había también otras actividades, dependiendo de los cursos; en los primeros, clase de griego y latín, también deportes, fútbol, frontón, y un retiro al mes. Claro, la convivencia con los demás seminaristas es muy intensa, al final todos acaban siendo tus amigos, te llevas bien con todos y con algunos mejor... Aunque yo continuaba mi relación con mis amigos del colegio, a veces venían a verme al seminario y tomábamos un café. Y cuando iba a casa, pues salía con ellos a dar una vuelta, cenar o lo que fuera, con total normalidad. No, durante la semana no veía a mi familia, sólo algunos fines de semana. Por Navidad, fallas y vacaciones de verano me iba a casa. Los fines de semana nos mandaban de prácticas a distintas parroquias, para aprender y ayudar. Aunque esto dependía del año que cursaras, durante los dos primeros los fines de semana nos íbamos a casa. En tercero y cuarto, íbamos a la parroquia que nos asignaban. En quinto, sexto y séptimo años nos mandaban algo más lejos de casa, entonces residíamos en la parroquia, con el sacerdote que la llevaba. Mis años de seminario han sido de los más felices de mi vida, he disfrutado muchísimo, he conocido a mucha gente y he hecho grandes amigos, de esos a los que te ofreces para lo que sea. El seminario es también un lugar de prueba, donde uno aprende a conocerse a si mismo, donde vas conformando tu imagen de Dios, a la vez que vas descubriendo lo que Él quiere de ti. Para mí fueron años muy intensos, de estudio y formación, convivencia y oración, de crecimiento interior y de maduración personal. Porque las personas solemos cometer siempre los mismos errores, y no podemos dejar de luchar para mejorar.



-- Respecto a la formación académica, ¿qué estudios hace el seminarista para ser cura, qué asignaturas te han gustado más, qué opinión te merecen los profesores?

  • Los dos primeros años en el seminario, primero y segundo, se estudia Filosofía. La filosofía me gustó mucho, hasta el punto de querer cursar toda la carrera, porque ya te digo que se estudian sólo dos años. Después se estudia Teología, que me gustó todavía más que la filosofía. Dentro de la Sagrada Escritura, se estudia el Antiguo Testamento, con asignaturas como el Pentateuco o los Profetas, y Nuevo Testamento, con asignaturas como los Evangelios sinópticos, o el Evangelio de san Juan, las Cartas de san Pablo, etc. Otras asignaturas son Moral fundamental, Moral Social, Moral sexual, Ética, Antropología, etc. Dentro de la Teología se estudia Cristología, que es el estudio particular de Cristo, Creación y pecado original, Trinidad, Patrología, que es el estudio de los santos padres de la Iglesia. Ya te digo, me gustó mucho la filosofía, pero más la teología, y dentro de ésta, me sentí muy atraído por Creación y pecado, y Trinidad. Además del estudio de la materia académica, hay que consultar y leer la bibliografía correspondiente... Aquí descubrí algunos textos de Benedicto XVI antes de ser Papa que me engancharon mucho. Me gustó también el estudio de la Biblia, pero para saber Biblia hay que saber muy bien antes hebreo y griego. En realidad, me gustaría ampliar cualquier materia de las que he estudiado... Respecto a los profesores, pues guardo el mejor recuerdo de todo ellos, creo que han sido muy buenos, cada uno en su materia. Hemos tenido una estupenda relación, y todos me han ayudado. Ten en cuenta que la facultad es pequeña, quiero decir que hay poca gente y el trato muy personal. Claro, además de los seminaristas siempre hay quien desea ampliar estudios en esa materia y asiste a las clases.
Don Pablo Soriano Martínez, cura del equipo interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), durante la entrevista (2016).

-- Bueno, al terminar los estudios llega la hora de ordenarse, primero el diaconado y luego el presbiterado.

  • Primero me ordenaron como diácono, un año antes de terminar los estudios, estando en sexto curso. El diaconado lo recibí de don Carlos Osoro, el anterior arzobispo de Valencia, que ahora está en Madrid. Este es ya un paso importante, implica un compromiso "oficial" o formal de entrega. En la práctica, sin embargo, sigues estudiando un año más, pero los fines de semana, desde jueves o viernes resides ya en la parroquia en la que haces las prácticas. Y el último año se hace mitad y mitad, de lunes a jueves en el seminario y de jueves a domingo en la parroquial. Yo hice las prácticas en la parroquia de El Grao de Gandía. En esta fase ya vas haciendo cosas, llevando grupos de jóvenes, en las misas haces la homilía, porque ya eres diácono, visitas a enfermos, etc. En el Grao de Gandía disfruté muchísimo, sobre todo con el grupo de jóvenes juniors. El último año terminas los estudios y se recibe la ordenación sacerdotal. Mi comienzo como sacerdote fue muy particular, interesante diría, porque dos semanas después de ordenarme me marché como sacerdote con un grupo de jóvenes a Calcuta, en la India. Mi ordenación fue el 13 de junio de 2015, en la Catedral de Valencia, oficiando el cardenal don Antonio Cañizares. Al día siguiente, 14 de junio, celebré mi primera misa en mi parroquia, San Miguel y San Sebastián de Valencia. Fue un momento muy emocionante, y aunque era domingo asistieron muchos sacerdotes, además de mis familiares, padres y hermanos, y muchos amigos. También personas que yo había conocido durante mis prácticas en la parroquia de San Nicolás de Bari, en El Grao de Gandía, y en la parroquia de San Juan Bosco de Torrente, y compañeros del seminario.
Don Pablo Soriano Martínez, durante la ordenación como diácono por el arzobispo de Valencia, don Carlos Osoro Sierra, que le confirió el Ministerio en la Iglesia del Seminario Metropolitano de Valencia, en Moncada (2014, mayo 17).

Don Pablo Soriano Martínez posa junto a sus compañeros tras la ordenación como presbítero por el cardenal arzobispo de Valencia, don Antonio Cañizares, en la Seo de Valencia (2015, junio 13).



-- ¿Cómo fue lo del viaje a Calcuta, qué te pareció aquello, y en qué otros lugares has estado?

  • Ya te digo que fue algo muy particular, el grupo que marchaba a la India necesitaba un sacerdote y me propusieron a mí, que acababa de ordenarme. Solicité el permiso necesario y me lo concedieron, así que me marché. Del grupo sólo conocía a dos personas. Todo fue muy bien, una experiencia muy interesante, estuvimos casi un mes. Antes de ordenarme, en los veranos de años anteriores estuve en Huancavelina, en Perú, ciudad situada en la parte centro y sur del país, en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes, a casi cuatro mil metros de altitud. Allí estuve un mes, otro verano estuve en Guinea Conakry, en Siguirí, en una misión llamada Saint Alexis, con un sacerdote salesiano, Rafael Sabé, con el que estuve durante veinte días, viendo toda la zona que él lleva. También organizamos un campamento con unos cien niños y jóvenes del pueblo. Sí, el tema de las misiones me gusta, siempre me ha atraído  ese mundo, y cada vez que he tenido oportunidad de conocerlo me he sentido muy feliz. En las misiones puedes hacer poco, además de que hay muchos voluntarios. Es más lo que aprendes, ver la labor de los misioneros, cómo vive la gente, los escasos medios de que disponen, los enfermos que hay y todo eso. Te das cuenta de lo mal que viven muchas personas fuera de Europa, de las terribles desigualdades que hay en el mundo. Poder ver de cerca la pobreza extrema que encontramos en Calcuta nos enseñó mucho, sobre todo a valorar más lo que tenemos aquí.

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Don Pablo Soriano Martínez, siendo todavía seminarista, posa en Yaulí, zona de Huancavelina (Perú) con unos niños (2012).

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Don Pablo Soriano Martínez, siendo todavía seminarista, durante un campamento (Colonias) en Guinea Conakry (2013).


-- Al enterarte de qué te destinaban como sacerdote al Rincón de Ademuz, ¿qué te pareció, conocías la comarca antes de venir a Torrebaja?

  • La noticia de que me destinaban como cura al Rincón de Ademuz la recibí estando en Calcuta, me llamaron del arzobispado notificándomelo personalmente, antes de que apareciera el nombramiento en PARAULA, el periódico de la diócesis. Para mí fue una gran alegría, recibí la noticia con mucha ilusión. Yo ya conocía la zona por haber estado aquí en un par de ocasiones. La primera vez vine con un grupo de seminaristas a visitar a Pablo -ser refiere a don Pablo Bohigues Giner, un sacerdote que estuvo aquí en Torrebaja hace unos años-. A don Pablo le conocía del seminario, donde coincidimos dos años: Todos nos llevábamos muy bien con él, resultaba muy fácil dado su carácter, aunque era algo mayor que la mayoría de nosotros. La segunda vez que estuve en el Rincón de Ademuz antes de ahora fue el año pasado, en que vinimos un grupo a ver a José Luis –se refiere a don José Luis Doménech Bardisa, el cura de Ademuz-. Antes de instalarme definitivamente en Torrebaja vine para estar con José Antonio, el cura de Torrebaja, para conocer la casa, la parroquia y que me explicara los pueblos y aldeas que llevaba. Empecé en Torrebaja el día 13 de agosto, nunca había estado como sacerdote en ninguna parroquia. Cuando uno llega a un lugar nuevo lo que hace es mirar y callar, porque no sabe nada del nada. Sabes que antes de llegar tú se han hecho muchas cosas y que cuando me marche se seguirán haciendo: Sí, hay que tener claro que la historia no empieza con uno. A mi llegada hicimos la misa en la iglesia parroquial de Santa Marina Virgen y después hubo un aperitivo en el Recinto Ferial: Me sentí exageradamente bien acogido por la gente, vine con don Arturo Ros, el vicario episcopal, que representa al señor obispo. Vino también parte de mi familia, los que pudieron venir, y todo muy bien. La Casa Abadía es muy grande para mis necesidades, aunque sólo utilizo una parte; digamos que vivo en la planta baja, el resto no lo utilizo. La iglesia también está muy arreglada, muy cuidada y limpia. Tiene la ventaja de que es nueva, sin los problemas de los edificios antiguos. Ello supone que puedes dedicarte por entero a las personas, a las celebraciones. Aunque yo tampoco me imaginaba nada, venía a trabajar con lo que hubiera, sin pedir nada... La gente me ha cuidado también mucho, he recibido atenciones de todos, unos me traen fruta, otros hortalizas, lo que tienen, además de ofrecerse para lo que necesite: Sí, me he sentido muy acogido...


-- Hablemos de las parroquias que llevas en el conjunto del antiguo arciprestazgo del Rincón de Ademuz.

  • Las parroquias del Rincón de Ademuz las llevaban antes dos sacerdotes, uno residía en Ademuz y otro en Torrebaja –esto hasta el año pasado-. El de Torrebaja, José Antonio, llevaba ocho parroquias y el de Ademuz, José Luis, otras tantas. Ahora se han repartido entre tres sacerdotes: José Luis, Javier López y yo. Javier reside también en Ademuz y lleva Casasaltas, Casasbajas y Mas de Jacinto, aldea de Castielfabib. José Luis lleva Ademuz, Vallanca y Castielfabib. Y yo llevo Torrebaja, Torrealta y Los Santos. En el resto de parroquias, nos turnamos: Sí, ahora formamos un equipo, no como antes que cada uno se encargaba de las parroquias por separado, aunque hubiera relación entre ellos. Por ejemplo, la catequesis y confirmación del Rincón lo llevamos entre los tres. Que hay una celebración importante en alguna parroquia, pues nos juntamos los tres. Los pueblos y aldeas de la zona me han gustado mucho, cada lugar tiene su cosa, su peculiaridad. En Torrebaja hay más gente joven, hacemos deporte y alguna excursión. En Torrealta hay poca gente, personas mayores, pero muy bien también, tienen una iglesia preciosa. En Los Santos también muy bien, allí voy a celebrar los domingos, y voy a abrir la iglesia para que la gente pueda ir a rezar y confesarse si quiere, y luego visito a los ancianos. Pero misa entre semana no hay en Los Santos. Me desenvuelvo bien con todos, niños, jóvenes y mayores; pero si tuviera que elegir preferiría los jóvenes y las personas mayores, los que sufren o están solos. Los jóvenes me interesan especialmente, porque son personas que están empezando la vida, y porque puedes ayudarles a pensar en otras cosas, a abrirles perspectivas... No, de momento no he tenido problemas con nadie, espero no tenerlos en el futuro. Al contrario, todos me han tratado muy bien, superbien. Con los ayuntamientos tampoco. La verdad es que tengo muy buena relación con las personas de los Ayuntamientos. En cuanto nos enteramos de que hay alguna persona pasándolo mal, intentamos colaborar todos. Pues saben que al final estás ahí para ayudar a la gente, como si los curas y la Iglesia fuéramos un servicio más para los pueblos: Claro, trabajamos con Cáritas Diocesanas y estamos en contacto con la trabajadora social.

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Don Pablo Soriano Martínez de diácono con don Rafael Sabé, sacerdote salesiano con el que estuvo en Guinea Konakry (2014).

-- Pablo, ¿cuál es tu labor diaria, qué haces cualquier día de la semana?

  • Por ejemplo, un viernes cualquiera me levanto sobre las siete, o siete treinta si me acosté un poco más tarde. A las ocho y media nos juntamos los tres sacerdotes del equipo parroquial del Rincón de Ademuz y rezamos juntos laudes y el oficio de lecturas que tenemos que hacer los sacerdotes diariamente. Cada día nos juntamos en un pueblo, vamos alternando. Después de los rezos desayunamos en la Casa Abadía de cada lugar. Es una forma de estar juntos, de vernos y de programar la labor diaria. De allí yo ya me voy a Los Santos, de diez y media a once abro la iglesia. Durante esa hora la gente sabe que estoy allí, por si quiere algo de mí, confesarse o lo que fuere. Si no viene nadie, aprovecho para rezar. Después ensayamos con el coro parroquial, hasta poco antes de las doce. Elegimos los cantos de la celebración del domingo siguiente. Después me dedico a visitar a los enfermos y personas mayores que hay en el pueblo. En estos pueblos hay poca gente, pero muchos mayores; además, viven solos. De momento voy a la casa de tres personas, pero les tengo dicho que si se enteran de alguien que desee que lo visite me lo digan. En muchas casas me invitan a pasar para tomar un café y charlar un rato. El resto de la mañana lo aprovecho para llevar la comunión a los que no pueden venir a misa los domingos y que desean recibir al Señor. La mañana del viernes finaliza con la comida. Tres días a la semana comemos juntos los tres sacerdotes. Comemos en la Casa Abadía de cada lugar, y cada vez guisa uno: No, yo no sé mucho de cocina, pero me esfuerzo por aprender... Claro, antes dependía de mis padres y después del seminario, pero ahora debo pensar en las comidas de cada día. Por la tarde, a las cuatro tengo catecismo con los de segundo de Comunión, hasta las cinco. Y después me voy a la iglesia de Torrebaja, allí estoy en el confesionario entre las seis y seis y media, por si alguien necesita de confesión. A las seis y media celebro la misa, y a las siete o siete y cuarto termina. Las actividades posteriores depende del día, el viernes en concreto a las ocho hay ensayo del Coro Interparroquial en Ademuz. Después del ensayo vuelvo a Torrebaja y ceno en mi casa; tras la cena, a veces salgo a pasear un rato, después leo algo y me acuesto: No, no veo la televisión, prefiero la radio. La tele la veo sólo cuando juega el valencia; no soy muy futbolero, pero me gusta verlo, en este caso voy al bar, para estar con la gente o los amigos. De las noticias en general me entero por la radio, suelo escuchar alguna tertulia para formar mi opinión, me gusta estar al tanto de lo que pasa. La situación política actual la veo muy interesante, por lo novedoso de la situación, pero complicada..., me refiero a que no creo que se resuelva fácilmente el rompecabezas que hay por el resultado de las elecciones generales. Bueno, como ves no paro en todo el día; estoy todo el día con gente, pero sí, por la noche estoy solo.

Se alude aquí a la soledad de los curas de nuestros pueblos y del mundo rural en general. No en vano don Antonio Díaz Tortajada, dice: "Aquí los curas se encuentran muy solos, por mucho que la gente les ayude y colabore. Ello puede hacer que se desanimen, lo dejen todo y se marchen…". Es una cuestión a tener en cuenta, de ahí que él mismo propusiera la necesidad de "un plan de trabajo y de vida serio y ordenado" para los sacerdotes.[2]


-- ¿Crees que los curas y la Iglesia deben manifestar su opinión respecto de la res pública o más bien debieran estar callados y dedicarse a sus asuntos?

  • Creo que todo el mundo debiera tener la posibilidad de expresarse, y los curas en cuanto personas, también; lo mismo te diría de la Iglesia, que está formada por hombres y mujeres. En ocasiones o respecto a ciertos asuntos que la Iglesia no considera esenciales, pienso que muchas veces quizá no vale la pena hablar, no porque no se pueda, sino más bien pensando en quién va a recibir lo que se dice. En muchos temas la gente no quiere escuchar a la Iglesia, y si no son temas esenciales, pues quizá no valga la pena pronunciarse. Claro, la Iglesia debiera tener también la posibilidad de expresarse y opinar respecto de asuntos de otro tipo que también son muy importantes, y de hecho lo hace. El Papa Francisco, por ejemplo, habla mucho de los pobres, de los refugiados, de los cristianos perseguidos. Porque aquí en Europa muchas veces no nos damos cuenta de lo que sucede en otros lugares del mundo. Por eso creo que la Iglesia puede y debe hablar de todo eso, porque es bueno para despertar las conciencias... Sí, el Papa dice que los curas y obispos debieran “oler a oveja”, yo entiendo que se refiere que debemos estar en la calle, con las personas que peor lo están pasando. Y también estando accesibles a todo el mundo que pueda necesitarnos; pero si hay que privilegiar a alguien, hay que elegir al más marginado, a aquel con el que de entrada menos nos apetecería estar... Ya te digo, “oler a oveja” para mí es como cuando se dice que hay que mancharse las botas de barro. Vamos: trabajar mucho. Principalmente, los sacerdotes estamos para estar cerca de Dios y estar cerca de las personas. Para acercar a la gente a Jesús y el mensaje del Evangelio: la amistad con el Señor y el cuidado y amor a los demás. Entiendo que los curas debemos ser personas normales, me refiero a comportarnos con normalidad, sin dejar de ser sacerdotes. Como los guardias civiles deben ser personas normales sin dejar de ser guardias. En ese sentido la gente sabe o debiera saber las cosas que un sacerdote puede y debe hacer; también lo que no puede ni debe hacer.
Don Pablo Soriano Martínez,
cura del equipo interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), en el patio trasero de la Casa Abadía de Torrebaja (Valencia), 2015.


-- Se cuenta que había unas palomas que molestaban en el campanario de una iglesia, para solucionar el problema un sacerdote propuso darles la primera comunión, pensando sucedería como con los chicos y chicas que la toman por primera vez, que no suelen volver por la iglesia. La pregunta es, ¿por qué la mayoría de los jóvenes se alejan en la actualidad de la Iglesia, y de la religión en general?

  • No sé, pero puede que parte de la culpa la tengamos nosotros (los sacerdotes y la Iglesia), que no hemos sabido hacer atractivo lo que anunciamos. Por otra parte está el condicionamiento de los tiempos actuales, en que los jóvenes solemos buscar algo que nos distraiga, que nos haga pasar el tiempo mejor y más rápido, antes que llenarlo con cosas que nos hagan pensar y crecer por dentro. En este sentido la Iglesia no puede competir con el cine, con la televisión y otros medios, con internet y demás. Tampoco es nuestra tarea distraer y hacer pasar agradablemente el tiempo; pero sí estar con ellos... En otra época, sin embargo, antes de la aparición de todos estos medios, en las parroquias había cine, se comentaban las películas, se hacían excursiones, se daban clases de guitarra, se fomentaba la relación y la comunicación con convivencias y campamentos, etc. Estas actividades en su mayoría siguen estando, pero la sociedad no ofrecía tantas cosas como ahora. Pero ya te digo, la misión de la Iglesia (y de los curas en particular) es proponer el mensaje de Jesús y ayudarles a entrar en relación con Dios, a través de la oración, de los sacramentos. Claro, el problema puede estar en la forma de hacerlo para que el mensaje sea atractivo...Por otra parte, los jóvenes queremos una gratificación inmediata, no solemos pensar a medio y largo plazo. De ahí que ir a misa no les resulte placentero, ni cavilar qué hacer con su vida, sobre qué cosas son importantes. A corto plazo uno va tirando, y lo espiritual y religioso se deja de lado. Lo espiritual tiene más interés cuando uno se plantea la vida a más largo plazo. También está el hecho de que en muchas familias no se enseña a los niños y jóvenes a plantearse estas cuestiones, a resolver estos problemas... Además, antes se practicaba un cristianismo de masas, casi todo el mundo se bautizaba, tomaba la primera comunión, se casaba por la iglesia, muchos iban a misa... Hoy es distinto, ya no existe la preocupación del qué dirán, porque nadie te va a señalar, y los que van a misa o practican los sacramentos lo sienten más. La práctica es más reducida y libre, porque yo no es por obligación, por inercia social, sino por convencimiento... Y esta situación es muy buena para que revisemos lo que hemos estado haciendo, o estamos haciendo, mejorar, y renovarnos...

El escritor Enzo Biemmi, religioso Hermano de la Sagrada Familia, sugiere que para acercar a los jóvenes al Evangelio, un camino es "que las puertas de las iglesias sean de cristal y que dentro haya siempre una luz encendida", y alguien dispuesto a proponerles "una experiencia de interioridad, de espiritualidad, de silencio y oración".

  • Claro, la obligación del sacerdote es estar siempre ahí, ofrecerse para lo que la gente precise, para ayudar en lo que pueda. La fe siempre va acompañada de la duda, y en momentos cruciales (de sufrimiento, enfermedad o muerte), las personas podemos ver tambalearse nuestras ideas y creencias. Entonces es cuando más cercano y accesible debe estar el sacerdote. Se trata de una invitación, no de una imposición, es decir: "Yo me preocupo por tí, e intento ser amable contigo y conocerte. Tú sabes que soy cristiano y sacerdote, y que para mí Dios es lo más importante, si tú quieres te hablo de Él. Si no quieres, quedamos como amigos, y para lo que necesites aquí estoy". Pero siempre debe existir la libertad del individuo para aceptarlo o rechazarlo. Personalmente, cuando me encuentro a alguien que piensa distinto o incluso es contrario a mis creencias, no me sale darle peor trato; al contrario, me sale tratarle un poco mejor. Porque entiendo que la fe no es algo fácil, y hay quienes teniendo fe y dudas creen, y los hay que teniendo fe y dudas no creen... En cualquier caso cabe respetar a la gente, porque nadie sabe lo que pensaría o sentiría si la vida le hubiera ido de otra manera. Dios tiene su tempo, quiero decir que puede esperar a cada uno... -porque el tiempo de Dios es distinto del humano-. Claro, uno empieza manejándose en la vida con lo que ha aprendido en casa de niño, luego con lo que le han enseñado en el colegio o los amigos... Si nadie le ha hablado a alguien de Dios, cómo va a tener esa experiencia... Por eso hoy más que nunca el cura debe mostrarse como un amigo que está ahí para ayudarte, para hablar de lo que quieras..., no para imponer la fe, sino para favorecerte; porque pienso que Jesús haría lo mismo, se haría mi amigo para quererme. La conversión es cosa de Dios, el sacerdote sólo hace de puente.
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Don Pablo Soriano Martínez, cura del equipo interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), junto a la Sede en el presbiterio de la iglesia parroquial "Santa Marina Virgen" de Torrebaja (Valencia), 2016.


-- Pablo, ¿cuál es entonces tu misión como cura de estas parroquias del Rincón de Ademuz, además de las funciones administrativas y sacramentales?

  • Además de administrar los sacramentos, de bautizar, confesar, celebrar la misa, dar la comunión, enterrar a los muertos..., lo que me gustaría es hacer lo que haría Jesús, de manera que cuando la gente se encontrara conmigo sintiera que me hallo próximo a Dios. Una de mis prioridades, aunque no lo vea la gente, es rezar, rezar mucho, para estar siempre en contacto con Él. La gente ya tiene sus amigos, para salir, divertirse o tomar una copa. Para eso no hace falta que esté yo. Mi misión es ofrecerles otra cosa, para empezar una amistad sincera: Si te pasa algo, aquí me tienes para lo que precises... Esto es, ser un amigo de verdad. Porque convierte Dios, yo sólo intento no estorbar, y ayudar un poquito. Para eso es necesario tiempo, conocer a la gente... Claro, es imposible ser amigo de todas las personas del pueblo. Las relaciones se van produciendo, las personas te van buscando, te dicen algo. Para eso hay que tratarles con mucho cariño: Claro, la gente sabe que soy sacerdote y en el trato conmigo y con los curas en general siempre sale el tema de Dios. Al igual que con los médicos sale el tema de las enfermedades y las operaciones. Yo les digo lo que pienso... En el Rincón de Ademuz es más fácil ser sacerdote. La gente sabe muy bien qué es un sacerdote, y qué puede aportar. En todo momento me he sentido bien acogido aquí; y respetado, como a cualquier persona. En otros sitios puede ser más complicado, como en las ciudades, donde la mayoría de habitantes, evidentemente, no conocen personalmente al sacerdote. Algunas personas le ven como alguien capaz de hacer mucho daño, aunque con el deber de hacer mucho bien. Y es verdad que se ha hecho mucho daño...


-- Pablo, deduzco por tus palabras que  cada día dedicas un tiempo a la oración. Pero, ¿qué es realmente la oración, qué significa rezar para ti, hay algunas oraciones o formas de rezar mejores que otras?
  • Claro, orar es muy importante para todo sacerdote... La oración es un arte, una lucha diaria. Porque rezar es hablar con Dios como con un amigo. Hablar de lo que a uno le preocupa, de las personas que quiere, de las tareas que tiene que hacer ese día. Creo que uno muestra su interés por algo según el tiempo que le dedica. Por eso si uno dice que Dios es importante para él tiene que dedicarle tiempo. Un rato cada día. Unos quizá necesitan cinco minutos, otros una hora. La madre teresa de Calcuta antes de ir a cuidar a los pobres rezaba dos horas cada día. Lo importante es empezar, un poco cada día. Y volver a recomenzar cada vez que por pereza o dejadez se ha dejado de rezar Hay que volver a empezar mil veces. ¡Lo importante es no rendirse!

Tras un momento de reflexión, sigue diciendo:
  • Digo que rezar es un arte porque no sólo se trata de repetir una técnica que siempre dé el mismo resultado. Hay momentos en los que a uno le sale casi espontáneo hablar con Dios de lo que le ha pasado ese día, de lo que le preocupa, de lo que le gustaría conseguir, también sobre personas conocidas, amigos, familiares... Hay momentos (muchos) en los que uno está más "seco", y entonces igual la oración consiste en repetir tranquilamente oraciones conocidas... o simplemente estar en silencio. No creo que sea mejor o peor una oración más espontánea que otra con oraciones más "clásicas". Es conocida esa anécdota del cura de Ars, que encontró muchas veces a un labrador en la iglesia, en silencio, mirando al sagrario. Día tras día. Al final decidió preguntarle qué oraciones rezaba. El labrador contestó: "No digo nada, yo le miro y Él me mira". Para mi lo más importante es no dejar de rezar. Sería algo así como quedar con una persona todos los días un rato. A veces puede parecer que es perder el tiempo... pero yo pienso: ¿Qué tengo yo?, pues... algo de tiempo. Voy a poner ese tiempo. El cuánto, me parece que depende de las circunstancias de la persona que se propone aprender a rezar. Igual alguien que no ha rezado nunca empieza con dos o tres minutos cada día. Y con el paso del tiempo reza quince minutos, o media hora. Pero un tiempo más o menos fijo. Así le muestro a Dios con hechos que me gustaría conocerle y quererle más. Yo me dejo ayudar por un sacerdote que tiene mucha experiencia, y él me va guiando.

Si cita aquí al "cura de Ars", refiriéndose al sacerdote francés Juan María Vianney (1786-1859), patrono de los párrocos, canonizado por Pío XI el 31 de mayo de 1925, cuya onomástica se celebra el 4 de agosto.


-- Una cuestión que surge en relación con los curas es la del celibato, ¿cómo lo vives tú, crees acaso que el matrimonio es malo?

  • Creo que lo que más asusta de este asunto a los jóvenes, entre los que me incluyo, es que el celibato sea para siempre... A los jóvenes actuales no nos gusta, en general, comprometernos. Nos cuesta hacer planes a medio y largo plazo, quedamos para un día de la semana que viene, pero en cualquier momento podemos cambiar una cita por el whatsapp si nos sale un plan más atractivo. Hoy día cuesta mucho comprometerse, tanto en ser sacerdote como para casarse, porque hay muchas posibilidades: Sí, eso de que sea para siempre nos asusta... En el caso del celibato se entiende menos quizá, porque se trata de renunciar a algo que en nuestra sociedad está supervalorado. Por supuesto, para mí el matrimonio es algo buenísimo. Pero mi elección, pues así creo que lo ha querido Dios, es ser sacerdote, y por tanto no casarme. Cuando hay varias puertas en una sala, se entra por una y se deja de entrar por las otras. Esto no quiere decir que las otras sean malas. Al contrario. Pero cada uno tiene que descubrir su camino. El mío es éste. Y nadie me ha obligado, lo he decidido libremente. Pienso que hay muchas maneras de querer a las personas, y de sentirse lleno, o feliz. Conozco a muchos sacerdotes mayores, y muy felices. Creo que tanto un sacerdote como una persona casada ha de ser coherente con su decisión. Y ambas pueden ser muy felices o no serlo.

En cualquier caso, entedemos que lo importante es la libre decisión de cada cual. Por lo demás, desde el punto de vista bíblico, la opción del celibato es perfectamente entendible: "El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tienen mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido" Corintios 7, 32-34.

– Yo poseo muy buenos recuerdos de los curas de mi infancia, porque como algunos maestros y profesores que he tenido influyeron positivamente en mi desarrollo personal.

  • Claro, los curas y los maestros pueden influir en el desarrollo de los niños... Los curas han sido siempre grandes humanizadores, han ayudado a abrir la mente a los niños, en especial cuando éstos empiezan a frecuentar la parroquia: les han enseñado cine, lenguas, literatura, naturaleza..., además de la formación propiamente catequética y religiosa. Antaño todavía más, porque hoy día reciben información de muchos sitios. Hoy el cura es una ayuda más, aunque de tipo espiritual y humana, y creo que sigue teniendo ese papel, especialmente en pueblos como estos del Rincón de Ademuz donde los estímulos externos no son tantos como en la ciudad.

– Desde fuera, ¿cómo ves tú el Rincón de Ademuz?

  • El Rincón de Ademuz me parece un lugar estupendo. Mucha gente de Valencia me dice que está muy lejos, que hay poca gente... Yo pienso que no sirve de nada que nos quejemos diciendo si está lejos o si hay poca gente, o si la gente es muy mayor. Es verdad que de Valencia está lejos, pero la gente de aquí vive aquí, no en la capital. Los que están lejos son los de Valencia, según se mire... Y hay un poco de todo. Hay bastante gente mayor, es verdad. También hay gente más joven y niños. Al ser pueblos de pocos habitantes la relación con el sacerdote es más cercana. Puedes conocer a todo el pueblo. Rápidamente te enteras si alguien tiene algún problema o necesita ayuda. En Valencia no conozco a las personas del barrio. Pero bueno, no pasa nada si hay más o menos gente. Cuanta menos, más fácil es conocer a cada uno personalmente. En este sentido creo que venir aquí será un bien para mí, mucho mejor que en un pueblo grande próximo a Valencia. Porque como dice el evangelio, aquí el pastor conoce a sus ovejas..., y las ovejas le conocen a él. Aunque no lo parezca, esto es muy importante para un sacerdote... Por ello el Rincón de Ademuz tiene para mí más ventajas que inconvenientes. Los días entre semana, proporcionalmente, seguro que acude más gente a misa que en la mayoría de parroquias de Valencia, y los domingos viene mucha más gente, especialmente en Torrebaja y Los Santos. Me llama la atención, sin embargo, comparado con la mayoría de sitios donde he estado, la cantidad de hombres que vienen, muchos en relación con las mujeres... Sí, creo que aquí la gente ve la función de la Iglesia como un bien, y lo acepta. El Coro Interparroquial me parece estupendo, excelente. ¡Ojalá con el tiempo pudiera incorpararse más gente, sobre todo la gente joven! Pero el próximo día 20 de febrero, con motivo de la peregrinación del Año Santo van a cantar a la catedral de Valencia. También me ha llamado la atención cómo algunas cosas son capaces de unir a la gente de estos pueblos, tal la Sociedad Musical de Ademuz, cuya creación ha sido un verdadero acierto. Porque en la Banda se juntan personas de variada condición, ideas y pueblos distintos: Sí, su fundación ha sido algo extraordinario, y muy bueno para la gente de estos pueblos; es alucinante ver la cantidad de gente que la forma.

Don Pablo soslaya la cuestión de la despoblación que afecta la zona, y es lo que procede; porque con independencia del número de habitantes que haya, a las personas hay que atenderlas. Sin embargo, de cara a la supervivencia y desarrollo de la comarca, el asunto es trascendental, hasta el punto de que "el Rincón de Ademuz agoniza y nadie parece querer darse cuenta".[3] Asimismo, se alude aquí a la Banda de Música de Ademuz, que dirige don Antón Catalá Civera.[4]


-- Como se dice en la introducción, aquí los curas duran poco, sólo vienen misacantanos para hacer tablas, y en cuanto están preparados el señor obispo se los lleva a otros lugares.
  • Tienes razón, de alguna forma para un cura joven esto es como un entrenamiento, porque es la vida real; aunque bueno para el sacerdote, porque aprende mucho, puede que no lo sea tanto para los feligreses, que se acostumbran a la persona: Claro, ello supone un sufrimiento para la gente, porque le cogen cariño y confianza al cura... Hay que ver que esto es admirable, me refiero a las personas de estos pueblos que reciben y acogen a los sacerdotes nuevos, les enseñan todo lo referente a estos lugares, costumbres, tradiciones, aun sabiendo que pronto se marcharán. Las despedidas siempre cuestan, pero es así, tampoco puede evitarse. Aquí venimos a aprender a ser sacerdotes, y con el tiempo se nos envía a otros lugares. Duele tener que decir adios tantes veces, y por eso os estamos muy agradecidos. Yo vengo sin saber cuánto tiempo estaré. Intento trabajar sin pensar en eso, haciendo las cosas como mejor puedo. Así es la vida del cura. Bueno, así es la vida de todos. Pero hay que destacar que la gente aquí es muy acogedora, yo me sentí admitido como si fuera el cura anterior...
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Don Pablo Soriano Martínez, cura del equipo interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), junto a la Sede en el presbiterio de la iglesia parroquial "Santa Marina Virgen" de Torrebaja (Valencia), 2016.


Tras dos horas largas de charla, ponemos aquí el punto final, sin darnos cuenta se ha hecho la hora de la misa de la tarde, y don Pablo prefiere llegar un rato antes a la iglesia para preparar la celebración. La conversación ha tenido lugar amigablemente, con absoluta naturalidad y confianza. Tanto el entrevistado como el entrevistador se han sentido cómodos, como dos amigos de toda la vida. Lo cual, por otra parte, nada tiene de extraño, pues mi entrevistado es muy considerado, atento y cortés.

Por lo demás, resulta admirable el convencimiento y la serenidad que he observado en el nuevo párroco, su entrega e ilusión ante la difícil tarea que le espera. Pues no todo es ofrecimiento y buenas palabras, tendrá también momentos de congoja y decepción, de contrariedad y amargura cuando se enfrente con los problemas humanos que sin duda tendrá que afrontar y tal vez no pueda resolver. De su persona, me ha llamado la atención el grado de madurez que demuestra, su preparación intelectual y humana, no obstante su juventud. De su interior, lo que he podido atisbar es una fe profunda y un deseo sincero de ser útil, de servir a los demás.

Dada su disposición, no albergo la menor duda respecto a la integración de don Pablo entre las gentes del Rincón de Ademuz, gentes por lo demás sencillas, cordiales y acogedoras que sabrán responder con creces a la generosidad del clérigo. Vale.






[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don José Antonio Durá Bataller, nuevo cura de Torrebaja (Valencia), del miércoles 9 de noviembre de 2011.
[2] ID. Don Antonio Díaz Tortajada, sacerdote, escritor y periodista, del jueves 7 de agosto de 2014.
[3] ID. El Rincón de Ademuz agoniza, del martes 15 de diciembre de 2015.
[4] ID. Don Antón Catalá Civera, director de la Banda de Música de Ademuz (Valencia), del lunes 5 de diciembre de 2011.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchísimas gracias por la entrevista y....muchas gracias padre Pablo!! Su testimonio es motivo para dar gracias a Dios y motivo de esperanza.
Encomiendo su sacerdocio y su trabajo en el Rincón de Ademuz...y en el mundo entero!
Un saludo desde Madrid