domingo, 25 de enero de 2015

PROPUESTAS DE FUTURO PARA EL RINCÓN DE ADEMUZ (I).


Una mirada retrospectiva al “Análisis Geográfico Comarcal”
de Carles Rodrigo Alfonso (1998)


“[El Rincón de Ademuz] un territorio unitario,
una comunidad histórica
con orígenes que pueden remontarse
en su actual configuración al siglo XIII”
Carles Rodrigo Alfonso-.



            Fue durante los Primeros Encuentros en el Medio Rural celebrados en Torrebaja (Valencia), a finales de otoño de 1998 cuando conocí a Carles Rodrigo Alfonso (Valencia, 1964). Coincidimos en el stand de publicaciones que la Asociación para el Desarrollo Integral del Rincón de Ademuz (ADIRA). Yo estaba atendiendo la caseta de la asociación y él venía de presentar su libro Rincón de Ademuz: análisis geográfico comarcal (Valencia, 1998). Carles me propuso hacer un intercambio, yo le regalaba un cartapacio con mis artículos en Diario de Teruel editados por la asociación y él me regalaba su libro. Conservo aquel ejemplar con gran cariño, pues además de que la obra constituye para mí un texto de cabecera que me ilustra e inspira cuando escribo sobre la comarca, contiene una afectuosa dedicatoria del autor: Para Alfredo, compañero en la tarea de “descubrir” el Rincón. C. Rodrigo, 25 de octubre de 1998. Algún día habrá que valorar la actuación de aquella agrupación, uno de cuyos logros fue la edición de este estupendo trabajo...

            Los lectores de mis artículos sabrán que muchas veces cito la obra de este autor, ya que para mí constituye uno de textos más completos escritos sobre la comarca, publicado cuando la bibliografía sobre la zona era muy escasa. Juan Piqueras, profesor de Geografía de la Universidad de Valencia así lo atestigua en el prólogo de la obra: “Carles Rodrigo, geógrafo de profesión y de vocación, es un valenciano de las tierras bajas que ha subido hasta aquí desde Valencia y ha sentido la fascinación por el Rincón de Ademuz. Antes de ponerse a escribir ha leído todo o casi todo lo que había ya escrito sobre esta tierra, que no era mucho. Y, lógicamente, le ha sabido a poco. Por eso, animado por la curiosidad del saber y el conocer, ha viajado y visitado hasta el último paraje... [...] Ha convivido con las gentes, ha establecido contactos que luego se han traducido en amistades, y al final, ha acabado sintiéndose él mismo un miembro más de esta colectividad, con la que ha adquirido un compromiso muy personal”. Prueba de ello es este libro, cuya “intención rebasa la mera transmisión de conocimientos y vivencias para adentrarse en el terreno de las propuestas que puedan mejorar las condiciones de vida de las gentes del Rincón (de Ademuz)”, termina diciendo el prologuista.

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Portada del libro "El Rincón de Ademuz: análisis geográfico comarcal" (Valencia, 1998),  obra de Carles Rodrigo Alfonso. Tamaño 17x24 cm; 252 páginas (2015).

            El libro resulta ser todavía “el más actual y completo que jamás se haya escrito” sobre el tema en la comarca, pues además de analizar de forma pormenorizada la geografía de la zona en relación con la historia, la actividad económica y la demografía, establece un amplio abanico de proposiciones, que son las que vamos a permitirnos exponer y analizar a continuación. Hace poco volví a releer algunas páginas de este libro, las relativas a las propuestas de futuro y las conclusiones;[1] pues es en el periodo invernal, estando bajo mínimos, cuando más se evidencia la severa realidad del Rincón de Ademuz, su retraimiento y orfandad.


            Propuestas de futuro para el Rincón de Ademuz.
            El autor comienza por reconocer la enorme dificultad que entraña “la elaboración de un proyecto de futuro para el Rincón (de Ademuz)”, al tiempo que justifica el esfuerzo que ello supone por dos razones básicas, de un lado “una nueva actitud desde la administración” y de otro, “por el empeño de al menos un sector de residentes”.
            No cabe duda que la administración autonómica ha cambiado su forma de ver y percibir ese trozo de territorio valenciano situado fuera de su provincia, entre Cuenca y Teruel, prueba de ellos son las cuantiosas inversiones públicas habidas en los últimos años en la comarca. Pero también cabe reconocer que la actitud de los propios rinconademucenses hacia su tierra ha variado, desde la resignación y la apatía de los años inmediatamente posteriores a la gran emigración de los años sesenta hasta las posturas más activas y entusiastas de hace unos años, incluso de la actualidad. Este “sector de residentes” está formado por gente de edad intermedia, muchos de ellos padres con hijos pequeños o en la adolescencia, conscientes de que ésta es su tierra y de que quieren vivir aquí; y ello no sólo porque la aman, sino porque creen en sus posibilidades de desarrollo, convencidos de que aquí también se puede vivir y prosperar.
            El autor justifica el diseño de un “plan comarcal de actuación” basándose en esta voluntad de vivir en la zona de cierta parte de la vecindad rinconademucense, propósito que debería establecer “los objetivos, las estrategias y las acciones para conseguirlos”. Ciertamente, el plan que propone no es más que un marco teórico, aunque sólidamente asentado en “el análisis de la actual situación de la comarca y en las circunstancias que han conducido a ella”, lo que supone un profundo conocimiento de “su problemática y sus posibilidades”. El propósito último del proyecto es “estabilizar el actual volumen de población” en la zona, incluso “conseguir un ligero incremento de esta población residente”, rejuveneciendo su media de edad. ¡Ahí es nada, que diría el clásico! Ello nos da entender que el autor ha detectado el problema capital de la comarca, cual es la despoblación, efecto y consecuencia a su vez de sus características generales: montañosa, rural, escasamente poblada y remota. La cuestión del despoblamiento ha sido puesta también de relieve por el estudio que conocemos como “Serranía Celtibérica” de España (2013), territorio parejo al de una Comunidad Autónoma española, ubicado en pleno Sistema Ibérico y enmarcado por tres capitales de provincia –Soria, Teruel y Cuenca-, con una superficie de 63.102,97 km2, habitado por 503.566 habitantes, lo que supone una densidad de población de 7,98 hab/km2, cifra análoga a la que poseen la zona de Laponia en los países escandinavos.[2] La comarca del Rincón de Ademuz se halla incluida en el territorio de la Serranía Celtibérica, pero su densidad de población es todavía más baja, pues apenas alcanza los 6,79 hab/ km2, lo que evidencia una dramática situación demográfica.

Densidad de población de los municipios del Rincón de Ademuz (2013).
Municipio
Extensión
(km2)
Población (habitantes)
Hombres/Mujeres
Densidad
Población (Hab/km2)

ADEMUZ
100,66
1.203 (640/563)
11,95
CASASALTAS
15,89
159 (83/76)
26,99
CASASBAJAS
22,61
213 (111/102)
9,42
CASTIELFABIB
106,27
262 (129/133)
2,46
PUEBLA DE SAN MIGUEL
63,72
75 (43/32)
1,17
TORREBAJA
4,82
445 (235/210)
92,32
VALLANCA
56,49
159 (88/71)
2,81
TOTAL
370,46
2.516 (1.329/1.187)
6,79 hab/km2
Datos de población tomados del INe (2013). Elaboración propia.

            Consciente de los déficit de la comarca, el autor advierte que las propuestas anteriores deberían completarse “con un crecimiento del nivel y calidad de vida”, para lo cual debiera estimularse “el desarrollo de un sistema productivo eficiente”, lo que supondría aumentar “la ocupación laboral” y “la dotación de todo tipo de servicios, incluidos los culturales”.
            De todo lo anterior puede deducirse que la ubicación geográfica de la comarca –zona de montaña, escasamente poblada y rural- se halla relacionada con la demografía y la elevada media de edad de sus habitantes, lo que a su vez explica la necesidad detener la despoblación, asentando la gente a la tierra y potenciando el sistema productivo, aumentando la ocupación laboral, el incremento del nivel de vida y la calidad de los servicios, entre los que deben incluirse los relacionados con la formación y la cultura.


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Paisaje del Rincón de Ademuz (Valencia), con detalle de una barraca tronco-cónica de piedra en seco en primer plano  y el Pico Castro al fondo (897 m), 2006.

            Previamente a cualquier otra consideración, el autor establece que todo “plan de actuación debe favorecer un modelo de desarrollo sostenible e integrado”, evitando “el agotamiento o empobrecimiento de los recursos locales” y completando “las diferentes actividades y sus efectos multiplicadores”. De ahí que todo plan sobre la zona deba contener factores como el sostenimiento y la unificación de los recursos. Respecto a los criterios básicos para el desarrollo del plan de actuación, nos propone las medidas siguientes –que pueden verse como la sistematización de una tormenta de ideas-:

** 1] Cooperación intermunicipal, para afrontar los problemas comunes derivados de la baja demografía: implantando formas de gestión mancomunada.
** 2] Ordenación del territorio municipal y comarcal, reformulando los usos del suelo, por ejemplo.
** 3] Explotación preferente de los recursos potenciales de la zona: entorno natural, actividades agrarias y forestales, recursos humanos, patrimoniales y culturales.
** 4] Potenciación del medio ambiente, principal recurso de la comarca: limitando el impacto ambiental de las actividades económicas, el consumo del suelo y la generación de residuos.
** 5] Renovación de la estructura socioeconómica: modernizando las actividades agropecuarias y su comercialización, fomentando de actividades agropecuarias alternativas, manteniendo, recuperando y conservando el medio natural (forestal), desarrollando la red turística, fomentando una pequeña infraestructura industrial y comercial local, implantando nuevas tecnologías de comunicación y mejorando las existentes.

            Expuestas las medidas para el desarrollo del plan de actuación, que no es poco, surge la pregunta, ¿cómo se hace todo esto, de donde deben provenir las fuentes de financiación para llevarlas a cabo? La exposición de las medidas propuestas, sin embargo, es básica, ya que supone un estudio previo de la situación, un diagnóstico y una propuesta de tratamiento –cual si la comarca fuera un paciente, alguien o algo enfermo-. Respecto a la “Cooperación intermunicipal”, resulta evidente que para afrontar los problemas de la despoblación no queda otra solución que asociarse para la gestión de los servicios comunes: gestión municipal, recogida de residuos sólidos urbanos, abastecimiento de aguas, etc. Baste observar que para las municipales en algunos pueblos ya está resultando difícil encontrar personas con que completar las listas electorales, hasta el punto que de seguir la dinámica demográfica todos nuestros pueblos acabarán siendo concejos abiertos. Pongámonos la mano en el pecho y seamos sinceros, ¿es preciso mantener siete ayuntamientos para gestionar un territorio de 370 km2 habitando por apenas 2.500 habitantes? En realidad son menos, ya que una parte de los censados pasan la mitad del año fuera de la comarca. Sigo preguntando, ¿no sería mejor habilitar un edificio ya existente en alguno de los siete municipios comarcanos donde ubicar la gestión conjunta de todos ellos? Con los medios telemáticos actuales ello sería factible. Esto no significaría pérdida de la identidad municipal, pues cada municipio podría y debería seguir siendo él mismo, generando un gran ahorro en todos los ámbitos, tanto en recursos humanos como en infraestructuras, luz, calefacción, refrigeración, mantenimiento, etc. Lógicamente, el personal sobrante habría que reconvertirlo... Yo no sé cómo ni de qué manera, habría que pensarlo. Pero resulta evidente que no podemos seguir consumiendo un producto que podemos comprar por la tercera parte de lo que nos cuesta producirlo. Conste que no estoy diciendo de la desaparición física de los municipios, como se ha realizado en otros lugares de la Unión Europea, sino de la gestión conjunta de los recursos administrativos municipales de la comarca. Aunque es evidente que en España sobran Ayuntamientos, ya que de los 8.116 actualmente vigentes, 1.070 poseen menos de 100 habitantes. A tenor de la dinámica demográfica cabe pensar que en el curso de los próximos cinco-diez años algunos de los pueblos de la comarca se encontrarán entre esos ayuntamientos españoles con menos de un centenar de habitantes, lo que pondrá en entredicho su continuidad como entidad municipal. Esto ya sucedió en los años cuarenta del siglo XIX, en que Torrealta, pueblo con consistorio y término propio tuvo que adscribirse al más próximo, Torrebaja, por no reunir los 30 vecinos que marcaba la ley. 


Un paso más sería la constitución de un Pleno de la Mancomunidad, a modo de Ayuntamiento Comarcal, en el que cada municipio tuviera uno, dos o más representantes, en función de su extensión y censo. En cualquier caso, la Mancomunidad “debería tener capacidad de actuación en aquellas cuestiones que sobrepasan el ámbito municipal y con ello superar el problema de las escasas dimensiones demográficas municipales”; pues el problema sigue siendo el mismo, la baja densidad de población (6,79 hab/km2). Las funciones básicas de esta entidad supramunicipal debieran ser, “la gestión compartida en cuestiones relacionadas con la ordenación del territorio, la promoción económica, la dotación de servicios y la política cultural”. La expresión práctica de estas cuestiones podría estar en la creación de una Agencia de Desarrollo Local eficiente y sus funciones prácticas: información, formación, asesoramiento, gestión-tramitación, empleo, etc.


Corrales y parideras en el camino de Val de la Sabina a Sesga en Ademuz (Valencia), 2003.

          Respecto a la “ordenación del territorio municipal y comarcal”, el asunto se hace especialmente necesario en lo que hace a las actividades agrícolas, ganaderas e industriales. No puede ser que cada municipio tenga su poligonito industrial, de la misma forma que ciertas actividades industriales no pueden desarrollarte dentro del casco urbano. Me consta que en un pasado reciente hubo intentos por parte de los ayuntamientos locales de construir un espacio comarcal dedicado a las actividades industriales que actualmente tienen lugar en la zona o pudieran desarrollarse en el futuro. Pero no fue posible, cada municipio quiso arrimar el ascua a su sardina y no hubo entendimiento, prevaleciendo la mentalidad localista y aldeana de siempre... Torrebaja construyo su Parque Artesanal en Los Llanos y Ademuz anda en la delimitación del suyo.

            Respecto de la “explotación preferente de los recursos potenciales de la zona”, el autor estima que estos son el entorno natural, las actividades agrarias y forestales, los recursos humanos, así como los patrimoniales y culturales. No resultará difícil ponerse de acuerdo en que el “entorno natural”, digamos el medio ambiente, los cielos despejados y las aguas abundantes de que hablaba Cavanilles (1797), constituye el mayor potencial de nuestra comarca. Lo primero es valorar estos recursos, lo segundo delimitarlos y protegerlos, para finalmente explotarlos. El proceso ha comenzado con la delimitación y declaración de ciertas áreas de especial interés, como el Parque Natural de Puebla de San Miguel, en el que se incluyen zonas específicas como el “Mirador de Mirar Bueno” y “Las Blancas”[3] o la delimitación de la “Muela de los Tres Reinos” como Paraje Natural Municipal,[4] a los que deberán seguir otros. Las actividades agrarias y forestales han constituido los recursos económicos tradicionales del sector primario en la zona, lo que se hace evidente recorriendo las distintas zonas del regadío y en el secano de nuestros municipios. El sentir general, sin embargo, es que la agricultura y la ganadería no son rentables, lo que justifica su abandono y casi desaparición como actividad económica en la zona. Pero es justamente la tarea agraria y ganadera las que mantienen casi en exclusiva la economía de ciertos municipios, aunque residualmente. En relación con lo que estamos comentando hay unas palabras de Iñiguez Ortiz (1924), que resulta perfectas, además de premonitorias, para definir la situación del Rincón de Ademuz y la causa de sus problemas:
  • Los países de suelo pobre y clima ingrato, cuando no son mineros o industriales, tienen una producción escasa que fatalmente limita el número de pobladores. Cuando en esas regiones la natalidad supera la mortalidad, emigra el exceso de población en busca de sol y de pan; y si nuevas fuentes de producción y riqueza no modifican la economía del país, transcurren los años y los siglos sin que inmigre ningún grupo de familias.[5]

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Detalle de carro de varas con ruedas adaptadas en Ademuz (Valencia), 2003.

            Nuestra zona no es minera ni industrial, su suelo es pobre y escaso, excepto en las zonas de regadío, y el clima poco grato, típicamente continental: veranos cortos y calurosos e inviernos largos y fríos. La producción fue siempre escasa, y la economía familiar y de sobre vivencia. Dichas circunstancias limitaron siempre el número de habitantes, hasta el punto de que en el siglo XVII la población era similar a la actual, incluso algo superior. Sólo en los años veinte del pasado siglo XX la zona alcanzó su clímax poblacional, con algo más de 11.000 habitantes (1920). Los recursos se hallaban entonces al borde de la explotación, con todas las tierras susceptibles de cultivo roturadas, incluso las laderas de cerros y montañas. Fue en ese tiempo cuando la natalidad superó la mortalidad, siendo este el motivo y el comienzo de la emigración del exceso de población en busca de pan, antes que de sol y de cielo. Hubo un momento en los años cuarenta y cincuenta en que la producción y exportación de manzanas autóctonas supuso la posibilidad de una fuente de riqueza impensable, aunque la situación duró poco, ya que la coincidencia en el tiempo con el desarrollismo español de los años sesenta y la creación de grandes zonas de cultivo propiciaron la emigración masiva de estos pueblos, y su vaciamiento. La extensión del minifundio y el arraigado sistema de producción familiar impidieron su adaptación a las nuevas exigencias de producción y comercialización...

            Sigue diciendo:
  • En estas condiciones se encuentran muchos valles de la cordillera ibérica. Gentes fecundas y dotadas de enorme vitalidad, sin más ingresos que los limitados de la agricultura y la ganadería, cada año envían al llano, a las ciudades o a América numerosos emigrantes sin recibir en su seno otros elementos extraños que algún comerciante, el maestro de escuela y el sacerdote, todos los cuales influyen algo en la cultura, pero casi siempre son incapaces para modificar las ideas y sentimientos ancestrales.[6]

            Si leemos con atención veremos que está retratando la situación de la celtiberia en general y de nuestra comarca en particular. Pues ese fue el comienzo de la emigración a las grandes ciudades españolas y a América.[7] Comerciantes, maestros, médicoS, sacerdotes... fueron prácticamente los únicos elementos foráneos que recibían las cerradas comunidades rurales de entonces. Los emigrantes que marcharon a las ciudades en su mayoría no regresaron, fue un viaje de ida; sólo algunos de la emigración americana retornaron; en cualquier caso su influencia fue insuficiente “para modificar las ideas y sentimientos ancestrales” de nuestras gentes. Estamos diciendo, obviamente, de la emigración de los años veinte y treinta del pasado siglo. La de la segunda mitad de la centuria, años cincuenta, sesenta y setenta tuvo otras características, pero en el fondo fue lo mismo. La mayoría de los que se marcharon a Europa regresaron a España, pero los que marcharon directamente de los pueblos a las ciudades, no volvieron, o lo hicieron ya jubilados.

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Acceso de corral en Casasaltas (Valencia), con detalle de un cubo de plástico a la entrada (2003).
           Sánchez Jiménez (1975) lo dice de otra manera, pero al fin resulta lo mismo:
  • Cuando la libertad no es posible porque no hay opciones y la seguridad se enrarece porque falla el trabajo o las perspectivas de futuro, el espacio en que se vive se vuelve inhóspito y consiguientemente el hombre emigra. A pesar de todo, el despoblado continúa manteniendo su personalidad también hoy en que el porvenir de la vida rural cambia... [...] Las formas de vida rural están en transición o cambio, pero no es el agricultor ni el hombre rural el principal responsable de la crisis de la agricultura en una coyuntura concreta que él no ha producido, ni controlado ni apenas colaborado en su desarrollo.[8]


A propósito de la emigración, uno no puede por menos que preguntarse, ¿por qué se marchó realmente la gente de nuestros pueblos, cuáles fueron los motivos sustanciales que les empujaron al éxodo? El mismo autor anota las causas y factores más o menos relevantes de emigración, distribuyéndolos entre “sociales o parasociales” y “económicos”, según un estudio previo referido a la provincia de Segovia (Roberto Sancho Hazack, s/f)):


Factores más relevantes de emigración

Sociales o parasociales
Económicos
Deseo de que mejoren los hijos
Dificultades económicas personales
Dureza de la vida del campo
Deseo de ganar más
Falta de ambiente “agradable” en los pueblos
Falta de trabajo o irregularidad del mismo

Factores menos relevantes de emigración

Sociales o parasociales
Económicos
Malas condiciones de vivienda
Irregularidad de ingresos
Deseo de estar con otros familiares ya emigrados
Irregularidad de las producciones
Poco cariño por la agricultura

Poco cariño por el pueblo

Elaboración propia: tomado de Sánchez Jiménez (1975).

En líneas generales, en el cuadro propuesto pueden verse las causas y factores más relevantes de emigración en los años sesenta y setenta en España.[9] Hoy habría que revisarlos, incluyendo entre las variables el factor edad y el estado social, y distinguiendo entre jóvenes y solteros, por un lado y entre adultos y casados con hijos, por otro. Entre los primeros, las causas y factores de emigración podrían encontrarse en la “Dureza de la vida del campo”, el “Poco cariño por la agricultura”, dada su escasa rentabilidad, la “Falta de ambiente agradable en los pueblos”, incluyendo en este apartado la dificultad para relacionarse y de encontrar pareja, y el “Deseo de ganar más” –por este orden-. Entre los últimos, quizá sean el “deseo de que mejoren los hijos” y la “falta de trabajo o irregularidad del mismo” las causas y factores que les llevan a emigrar. Para comprobarlo, cabría hacer un estudio al respecto en la zona...






[1] RODRIGO ALFONSO, Carles. El Rincón de Ademuz: análisis geográfico comarcal, Valencia, 1998, pp. 226-240.
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El Rincón de Ademuz y la “Serranía Celtibérica” de España (y II), del lunes 5 de enero de 2015.
[3] ID. “Las Blancas” de Puebla de San Miguel (Valencia), del lunes 15 de septiembre de 2014.
[4] ID. “La Cruz de los TresReinos”, historia y mito en el paisaje, del miércoles 15 de octubre de 2014.
[5] IÑIGUEZ ORTIZ, Mariano. “Ritos celtibéricos. Las fiestas de San Pedro Manrique. I: La hogueras de San Juan. II: Las móndidas”, Sociedad Española de Antropología, Actas y Memorias, 3, Madrid, 1924, p. 57. Citado por BURILLO-CUADRADO, Mª Pilar, BURILLO-MAZOTA, Francisco y RUIZ-BUDRÍA, Enrique. Serranía Celtibérica (España). Un proyecto de Desarrollo Rural para la Laponia del Mediterráneo, Instituto Celtiberia de Investigación y Desarrollo Rural, Campus de Teruel, Parque Arqueológico de Segeda, Servicio de publicaciones de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2013,
[6] Ibídem.
[7] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. De Torrebaja a los Estados Unidos de América en los años veinte, del jueves 13 de diciembre de 2013.
[8] SÁNCHEZ JIMÉNEZ, José. La vida rural en la España del siglo XX, Editorial Planeta, Barcelona, 1975, pp. 6-7. 
[9] Ibídem, p. 86.

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