lunes, 24 de febrero de 2014

UN CIUDADANO CORRIENTE, A PROPÓSITO DE LA ASONADA DEL 23-F DE 1981.


Reflexiones y soliloquios de un lugareño.


En última instancia,
“Los hombres se dividen en dos bandos:
los que aman y crean y los que odian y destruyen”
-José Martí (1853-95),
político y poeta cubano de origen español-



            Ayer se cumplió el 33º aniversario del fallido Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, tenía yo 29 años, camino de 30. Por aquella época me hallaba en Cartagena, cumpliendo el servicio militar obligatorio. Sí, estaba yo ya un tanto talludito, pues me sucedió lo que a aquel personaje de un cuento de Samuel Beckett (1906-89) -Primer amor (1973)-, en cuya lápida había un curioso epitafio que decía: Yace aquí quien tanto huía que también de ésta escaparía... –también yo pensaba librarme de la mili, por eso agoté todas las prórrogas, pero no me valió-. Al final tuve que ir, y por suerte o por desgracia me tocó la Marina, en cuyo cuerpo pasé dieciocho largos meses de mi vida...

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El autor en La Azohía-Mazarrón (Murcia), con lepanto, peto nuevo y tafetán (diciembre de 1980).
          Como marinero de oficio, mi destino fue Capitanía General y estuve en la Enfermería. Evocados en la distancia, no tengo tan malos recuerdos de aquella época, aunque para mí fue un tiempo complejo por diversas circunstancias en las que no entraré. De aquellos días recuerdo con especial emoción mis estancias en la playa de La Azohía cerca de Mazarrón (Murcia), adonde solía ir cada vez que tenía oportunidad, para bañarme, tomar el sol, leer y meditar. Esto fue en la primavera, verano y otoño de 1981. Había un antiguo torreón vigía en lo alto de la montaña, abocado al mar, sobre la Almadraba, desde donde se podía contemplar un paisaje marinero espléndido... Muchos años después volví por allí con mi mujer y mis hijos, el paisaje continuaba siendo hermoso, pero todo aquello había cambiado, las antiguas casitas de pescadores habían sido sustituidas por apartamentos y no había rastro de las pequeñas embarcaciones de pesca que yo conocí, rodeadas de redes por remendar y viejas anclas oxidadas.

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El autor en La Azohía-Mazarrón (Murcia), charlando con un lugareño (diciembre de 1980).

La mayoría de mis compañeros de mili eran gente sencilla, mucho más jóvenes que yo. En Capitanía los había de todas las profesiones, administrativos, albañiles, camareros, carpinteros, fresadores, tapiceros, mecánicos, sanitarios... Con algunos de ellos trabé amistad, aunque después no la he continuado. Como suele pasar, nuestras vidas se cruzaron un momento y luego cada cual siguió su camino, pero recuerdo que existía una sana camaradería entre nosotros. Había muchos catalanes, aunque la mayoría eran valencianos y murcianos. Ni el idioma ni la procedencia constituyeron nunca un problema. Uno de aquellos mozos, estudiante catalán de Bellas Artes, en agradecimiento por haberle curado de un contagio venéreo, me regaló un par de retratos al carboncillo, uno de mi novia y otro mío; y esto a partir de unas simples fotografías de fotomatón. Los dibujos son estupendos, todavía los conservo enmarcados, y no sólo porque son buenos o me lo parecen, sino porque mi novia de entonces acabó siendo mi mujer... Otro marinero, ebanista murciano de Calasparra, me hizo un pipario con recortes de madera, pues por entonces fumaba yo en pipa. También conservo aquel armarito, aunque ya dejé el nefasto hábito tabáquico... Con mis impresiones de entonces podría llenar un libro, pero no creo que aquellas batallitas de la mili pudieran interesar a nadie..., así que no las contaré. Soy consciente de que mis recuerdos sólo son significativos para mí, esto es, que no tienen más interés que el particular. Pero siempre es bueno, aunque sólo sea como ejercicio para la memoria, evocar el pasado, ¿qué hacíamos, dónde estábamos hace tantos o cuantos años, cómo ha evolucionado nuestra vida y sus circunstancias, qué ha sido de nuestras ilusiones y afanes de juventud? Por supuesto que mis palabras no van a formar parte de nada, pero muchas veces, sin darnos cuenta, participamos o somos testigos de la Historia, y nuestra opinión, la de la gente común, tiene también su relevancia y no tenemos por qué ocultarla. No en vano la historia general se nutre de las pequeñas historias particulares...

Primera página del diario ABC del martes, 24 de febrero de 1981.

Particularmente, recuerdo con especial intensidad la larga noche del 23-F... Estaba yo en la Enfermería de Capitanía General de Cartagena, hablando por teléfono con mi novia de entonces, que me había llamado desde Valencia. Nosotros no podíamos llamar fuera de Capitanía, pero a través de la centralita sí podían pasarnos llamadas del exterior. Decía que estaba yo hablando, y que la novia me refería con pasmo lo que estaba ocurriendo en Valencia. Una hilera de tanques iba por las calles desiertas, no sé si por la avenida del Puerto, aunque nadie sabía bien lo que estaba ocurriendo, y estando en esta conversación entró el Tte. Coronel médico, el cual me ordenó colgar el teléfono de inmediato... Hablando para sus adentros recuerdo que comentó: ¡Ya era hora que apareciera en España alguien con un par de cojones...! –yo no entendí a qué se refería, eso lo comprendí después-. El médico jamás había venido a esa hora de la noche a la Enfermería, sólo aparecía un momento por la mañana a firmar recetas del personal y poca cosa más, pues a los marineros les atendíamos nosotros y un enfermero Subteniente que había... Además de la consulta y sala de curas, en la Enfermería cabían dos camas: en una dormía yo y en la otra un compañero. Aquel día estaba yo de guardia y el Tte. Coronel me dijo: Esta noche dormirá usted en el sollado, yo dormiré aquí... –absolutamente sorprendido me fui con mi petate al sollado, una nave enorme y llena de literas donde pernoctaba la marinería-. Tras el toque de silencio apagaban la luz y nadie hablaba, pero entre los ronquidos y otros retumbos aquello parecía una caja de disonancias. La gente estaba inquieta, nadie sabía bien lo que estaba ocurriendo, aunque intuíamos era grave, pues el ruido de sables, como el diálogo de puños y pistolas, siempre resulta amenazante. A la mañana siguiente me personé en mi puesto de la Enfermería, pero el Tte. Coronel no estaba. Al ir a deshacer la cama donde había dormido el oficial, vi debajo de la almohada una pistola enorme y me llevé un buen susto, dejé allí el arma y me fui a desayunar... Cuando volví la pistola ya había desaparecido..., así fue como viví aquellos momentos del intento de golpe de estado que hubiera podido cambiar la historia de España. Por los camareros y demás personal de servicio en la vivienda del Capitán General, sita en la parte alta del edificio, supimos que durante aquella larga noche el Almirante estuvo fuera hasta la madrugada...
En cualquier caso, yo continué mi servicio en Capitanía como hasta entonces, siendo uno de mis cometidos, entre otros, llevar el periódico a casa del Tte. Coronel médico. Vestido de uniforme iba a un kiosco por el diario, invariablemente el ABC, lo recogía y se lo llevaba a su domicilio. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, no me resultaba degradante tener que llevar la prensa a casa del médico, pues aunque marinero también era yo de la profesión; al contrario, ya que el recado era motivo para pasar un buen rato fuera de Capitanía. El único inconveniente es que debía ir de uniforme, con el lepanto puesto, algo que me atormentaba... Durante el trayecto hojeaba la prensa, de esta forma me enteré de lo sucedido en el Congreso de los Diputados en Madrid. al Tte. Coronel médico le decían don Luis –persona de mediana edad y más bien seria-; no era mal tipo, pero sí distante y frío, por no decir indiferente. Conmigo siempre se portó correctamente, aunque nunca se interesó por los que estábamos en la Enfermería, ni por nuestras circunstancias personales. Tenía su despacho en una habitación junto a la enfermería, la estancia poseía un mobiliario fúnebre, de madera oscura y muy historiada, nada acorde con una consulta médica moderna. Su trabajo era rutinario, acudía porque no tenía más remedio y permanecía allí lo justo. Se le pasaba la firma en portafolios, con las recetas y otros documentos. A veces le dejábamos una nota, dándole aviso que su señora había telefoneado, para que la llamara. Pero él se limitaba a firmar, signado incluyo la nota del aviso. Cuando nos apercibimos de ello le poníamos nuestros propios permisos, y los firmaba. Una pequeña malicia que nunca tuvo consecuencias. No, no era mal tipo... Por otra parte, tampoco entendí nunca el comportamiento de otros oficiales y suboficiales, Capitán General incluido, por el aprovechamiento privativo que hacían del personal de marinería. Aunque sin poder generalizar, imagino que era una práctica común en todos los ejércitos...
Hoy no abogaría yo por la vuelta del servicio militar obligatorio, pero estimo que con un giro de 180º aquel periodo de la vida de tantos jóvenes españoles de entonces no hubiera sido un tiempo irremediablemente perdido. De la misma forma creo que la historia oficial que nos han contado sobre aquel triste episodio del 23-F no es completamente verdadera, al menos está incompleta o quedan muchos puntos oscuros y cabos por atar. A propósito de un interesante libro de Javier Cercas -Anatomía de un instante (2009)-:[1]
  • <El relato del 23-F sirvió para consolidar la imagen del rey Juan Carlos, al considerarlo desde todos los ámbitos el salvador de la democracia con su actitud aquella noche de febrero del año 1981. Todas las dudas o errores que cometió durante esas fechas, y las previas, fueron completamente escondidos o minusvalorados para instaurar el relato preferente que ha servido a la monarquía durante 30 años. Algo que también sucedió con todos los actores políticos y sociales que durante los días previos al 23-F conspiraron para instaurar un gobierno de concentración al margen de las urnas, y que posteriormente ganaron las elecciones y ocuparon cargos de responsabilidad>.[2]
Y continua:
  • <Los puntos negros del 23-F son aquellos elementos que fueron olvidados en el relato mayoritario e institucional, y que, si bien no significan una implicación directa de los actores en el golpe de Estado, sí señalan una irresponsabilidad política, unas maniobras completamente antidemocráticas o sombras sobre una actuación que trascienden el relato conocido...>.[3]

Primera página del diario El País, del martes 24 de febrero de 1981.

Pero quizá convenga que sea así... En cualquier caso, no soy un ferviente monárquico, aunque apoyo moderadamente la monarquía (y no por simpatía hacia la real institución y sus miembros, aunque cabría matizar), en especial después de lo ocurrido en los últimos meses con la imputación de una infanta de España por los tejemanejes de su señor marido. Bien está que se respete la presunción de inocencia, aunque el daño ya está hecho -tanto en las personas como para la monarquía-: si hay juicio y le absuelven mal, pues pensaremos que será por ser quien es y si lo sancionan peor, pues un rey con un yerno en cárcel no resulta admisible: ya no cabe término medio. La justicia recibirá presiones de todas partes y sea como fuere quedará en entredicho. Lo del monarca y la cacería de elefantes resulta también de mal gusto, en especial si se contempla con un fondo de cinco millones y pico de parados. Pero don Juan Carlos pidió perdón, algo que le honra frente a los políticos, que ni piden perdón ni dimiten por sus errores. El caso es que la gente común no entendemos como estos individuos, situados en lo más alto de la pirámide social, rodeados de prerrogativas y exenciones, tan finos y elegantes ellos, sin más mérito que la familia de pertenencia o por contrato matrimonial se muestren tan ávidos e insaciables.


Al mismo tiempo, y con todos los respetos hacia los que piensan lo contrario, rechazo la aparición y profusión de banderas republicanas en tantas y cuantas manifestaciones y eventos públicos se convocan -y ello venga o no a cuento-; pues fastidia a los espectadores o participantes en dichos actos que no comulgan con esa opción. De tanto reivindicarla a destiempo, la tricolor se ha convertido antes en signo de régimen que en símbolo de nación. Asimismo, siempre me ha sorprendido la desafección de una parte de la ciudadanía española por la bandera nacional, singularmente entre los llamados de izquierdas –entiendo que ser de un bando es distinto a ser de otro, ¡pero no mejor!: en cualquier caso, siguiendo el pensamiento del político y poeta cubano José Martí (1853-95), me inclino por los que aman y crean, frente a los que odian y destruyen, que en una contienda son los dos grupos de personas posibles-. ¡Qué envidia me produce al respecto la actitud de los norteamericanos de Estados Unidos ante su bandera! Aquí a los que hacen gala de su enseña les tildan de fachas, ¡valiente majadería! Yo me siento orgulloso de la mía, me refiero a la rojigualda ondeando al viento, en tanto representa a la gran nación española desde hace más de doscientos años (salvando el segundo periodo republicano). Y si mañana la cambiaran por otra distinta, respetaría y amaría la nueva, mientras siga simbolizando a nuestro país –me refiero a España-. Todo esto sin estridencias ni fanatismos. Ya lo decía Manuel Azaña (1880-1940): ¡España ya está creada..., lo que hace falta crear ahora es a los españoles! –no le faltaba razón al personaje-. Pero como decía el mismo presidente: Por ese lado, el país no da para otra cosa... –¡así nos ha ido, así no va, así nos irá!-.


En cualquier caso, estoy convencido de que en un régimen republicano de cualquier tipo, además de no aportar nada nuevo a la democracia y la justicia común (a los derechos de los trabajadores y a la libertad individual y colectiva), España se fragmentaría. Por otra parte, si algún día entramos en república, ¿tolerará el régimen banderas de otra forma de gobierno que no sea la propia? Habría que verlo..., ¡o mejor no! Por lo demás tenemos el precedente de los dos periodos republicanos habidos en nuestro país: la Iª República que apenas duró un año (1873-74) y tuvo cinco presidentes -aquí la “Niña Bonita” terminó como el gallón morón, ergo, “sin plumas y cacareando”-. Y la IIª República, que tuvo dos presidentes y duró cinco años (1931-36) -ésta concluyó todavía peor, en una espantosa e incivil contienda (1936-39) provocada por las acometidas de uno y otro lado, y que abrió la puerta a una larga dictadura autoritaria y personalista (1939-75)-. ¡El vencido vencido y el vencedor perdido! Aunque siempre habrá quien piense, ¡a la tercera va la vencida! Es posible, pero yo me digo: Si un sistema medio funciona, ¿por qué cambiarlo por otro que no sabemos cómo marchará? A fortiori, antes que cambiar, perfeccionar, mejorar y pulir lo que ya tenemos. Debo ser un conservador, mejor un liberal recalcitrante, ¡qué le vamos ha hacer!; pues no creo en las revoluciones, que se sabe cómo empiezan y no cómo terminan.  De ahí que los experimentos políticos de este tipo, mejor con gaseosa, porque en la España de hoy el problema no es la forma de gobierno, sino los políticos y sus trápalas. De ello tenemos ejemplos por doquier... Vale.
 

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.


[1] Anatomía de un instante. (2014, 15 de febrero). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 12:42, febrero 24, 2014 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Anatom%C3%ADa_de_un_instante&oldid=72590246.
[2] El relato de los héroes del 23-F y los sucesos escondidos, en: http://www.eltambor.es/2014/02/el-relato-de-los-heroes-del-23-f-y-los-sucesos-escondidos/, del domingo 23 de febrero de 2014.
[3] Ibídem.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EN MITAD DE LA INVERNADA.


Reflexiones y soliloquios de un lugareño.


“El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo,
 pues cada cual piensa que posee buena provisión de él”
-René Descartes (1596-1650),
pensador y filósofo francés-.



            Climatológicamente hablando, este invierno está siendo bastante irregular en el Rincón de Ademuz, y por extensión en otros lugares de esta zona geográfica del poniente valenciano, entre Cuenca y Teruel; al menos a mí me lo parece...
Hoy 11 de febrero el día ha amanecido triste, con el cielo gris plomo, no se mueve una brizna de aire, tampoco hace frío, como si fuera a nevar..., pero ni nieva ni llueve. Para variar de actividad tras los últimos trabajos sobre epidemiología descriptiva publicados, en los que había abordado el tema de las causas de muerte en Torrebaja durante tres periodos históricos de la primera mitad del siglo XX, culminados en una última entrada, donde trato de las conclusiones,[1] había pensado coger la moto y subir al Hontanar: el Hontanar en un puerto de montaña a más de mil doscientos metros sobre el nivel del mar, que se halla en el trayecto del Rincón de Ademuz hacia Cuenca, vía Salvacañete. Poco más arriba de las casas y la fuente que dan nombre al lugar -justo por encima del caserío, frente a los viveros forestales-, hay un área de descanso con mesas y asientos desde donde puede contemplarse una de las vistas más espectaculares de la comarca: con el valle del Turia a nuestros pies y las sierras de Javalambre y Tortajada cerrando el horizonte al levante... Pero para disfrutar de la panorámica es mejor subir un día despejado, mejor en la primera hora de la tarde, con el céfiro a nuestra espalda, y los últimos rayos del sol poniente reverberando sobre las cumbres nevadas del Javalambre. Dejaremos la excursión para otro día...

Vista parcial de la plaza del Ayuntamiento de Torrebaja (Valencia), con detalle del torreón de los Picos, anejo a la Casa Grande y al edificio Consistorial (2014).

Las cosas son como son, pero más importante que la misma realidad es la forma cómo cada uno la vive, y más todavía cómo la recuerda. Recuerdo otros inviernos más soleados y tranquilos, en que después de comer me apetecía salir a pasear por la orilla del río. Mis paseos suelen ser en compañía de mi mujer, aunque a veces, las menos, voy solo. Aunque hiciera frío, bastaba que la tarde fuera soleada, bien abrigados nos poníamos en marcha. Cruzábamos el Turia por el puente de La Palanca y continuábamos por el camino del Otro Lado –ya en término de Ademuz-: la vía discurre entre la margen izquierda del río y la variante de la carretera nacional 330 de Alicante y Murcia a Francia por Zaragoza a su paso por estos pagos, hasta el puente de Guerrero, frente al molino de Abajo -me refiero al molino del Señor, que otros llaman del Mayorazgo-. Durante nuestros paseos muy raramente nos encontramos con alguien, además de que hay poca gente los vecinos no suele pasear, como si estuviera mal visto. De encontramos con alguien, lo propio es detenerse para saludar y cruzar unas palabras, pero otras veces sólo hacemos un gesto con la mano -todo depende de quién se trate y del estado de ánimo de cada cual, pues todas las personas no estamos en la misma onda-. En cualquier caso, nada excusa la descortesía...
Pero como decía, este invierno es diferente, parece más desapacible y triste que el de otros años, será por eso que salimos menos y después de comer nos quedamos a sestear en el sofá, viendo los documentales de la dos en televisión... Nada tiene que ver tampoco este invierno y los de los últimos años con los de antaño, mucho más largos y rigurosos, en que las nevadas eran frecuentes e intensas, hasta impedir cualquier actividad en el campo, momento que aprovechaban los agricultores para recomponer los aperos y otra faenas, mazar alubias, desgranar maíz... Hablando de estos temas un amigo comentaba que en los años treinta y cuarenta caían una media 800 ml de lluvia al año, cuando ahora apenas llega a los 200 ml.  No sé qué será, o quizá sí lo sé y prefiero no expresarlo, pero cada año, cada estación y cada época de la vida es diferente y tiene su afán, hasta el punto que lo que en algún momento nos subyuga en otro nos fastidia. Los seres humanos somos así..., sea como fuere creo que siempre hay que luchar contra la apatía y la irresolución, contra el abatimiento y la molicie hacia la que el cuerpo tiende. Y digo esto consciente de no ser persona optimista, más bien todo lo contrario, soy un pesimista, lo que en estos tiempos equivale a ser un realista informado. Pero el que yo sea pesimista no significa que esté triste y melancólico, me río cuando algo me hace gracia, me gusta la vida y disfruto de ella, si bien a mi manera, como cada cual. Y aunque algo misántropo, no llego a ser huraño. Prueba de ello es que hace un par de semanas estuvimos mi mujer y yo en El Soto de Ademuz con unos amigos, comiendo calçots recién traídos de Tarragona; los asamos en una parrilla sobre brasas y los comimos con salsa romesco. Y como plato fuerte unos judiones de La Laguna del Marquesado (Cuenca). Entre la comida, la bebida y la buena compañía pasamos una tarde estupenda, al amor del fuego bajo, evocando yo en algún momento, en relación con los ricos calçots, el tiempo de mi adolescencia en Barcelona. No, aunque lo parezca no llego a ser huraño... Hay quien se entretiene yendo al bar, pero no es mi caso; si bien nada tengo contra los bares y la gente que los frecuenta. Simple cuestión de preferencias...

Vista general de Torrebaja (Valencia) en invierno, desde El Carril (2014).

Aunque salir menos me ha llevado a leer más..., ¡no hay mal que por bien no venga! Hace unos días terminé de leer un libro que me dejó algo descolocado, mejor desazonado: se trata de “Los misterios de Jesús” (1999), obra conjunta de Timothy Freke y Peter Gandy, traducida por Jordi Beltrán y con prólogo de Iker Jiménez. Trata del origen oculto de la religión cristiana, un tema inquietante. Yo soy creyente, católico practicante, y me apasionan estos temas. Ya sé que nadie me ha preguntado por mi fe, pero tampoco tengo por qué ocultarla. En el trato con las personas es conveniente saber de qué pie cojea cada uno, mejor saberlo de entrada que descubrirlo a destiempo. Respecto del libro, creo que siempre es bueno profundizar en el conocimiento de lo que uno cree. Creer no es un simple acto de la voluntad, como podría ser la cuestión ideológica en política, creer es algo más complejo, más íntimo y profundo. Aunque la ideología también puede llegar a ser muy visceral. En cualquier caso, huyo de los fanatismos. Tocante a la fe, estimo que no puede creer cualquiera, quiero decir que no basta con proponérselo..., aunque siempre es un buen comienzo. Porque esto de la fe es una gracia o un don de Dios –al menos eso dice la teología y yo lo creo, porque lo he vivido-. Hay quien opina que los creyentes son gente cobarde, personas que precisan de una esperanza a la que aferrarse para sobrevivir, aunque sea falsa. Yo pienso lo contrario, ya que hace falta mucho valor para creer y confesarlo en estos tiempos tan poco propicios para la mística, y mucho más para ser consecuente con lo que uno cree. Intuyo que ser creyentes nos ayuda a ser mejores, pero no forzosamente. No hablo de la fe existencial al estilo del pensador y siquiatra alemán Karl Jaspers (1883-1969), que la entendía como una “distensión entre la duda y la creencia”, sino de la fe religiosa, personal, espiritual, profunda. Aunque todo dependerá del individuo y sus circunstancias...
La tesis de los autores del libro de referencia viene a decir que en su origen el cristianismo era muy variado, había muchos grupos o sectas, hasta que cuajó en dos grandes grupos: los gnosticos y los literalistas. Los gnósticos tienen sus raíces en las antiguas religiones mistéricas paganas, personificadas en última instancia en el Osiris (egipcio)-Dionisos (griego) o el Mitra persa, el hombre-Dios que muere y resucita: Jesús sería  para la tradición judía el mismo personaje mítico, y sus seguidores místicos y librepensadores. Frente a estos se hallaban los literalistas, los que pensaban que Jesús había existido realmente como persona en un tiempo histórico concreto, siendo la Iglesia de Roma la que encarnó está tradición y la que triunfó finalmente como institución jerárquica, autoritaria y dogmática. El libro en cuestión me resultó muy inquietante, no porque echara por tierra mis creencias básicas, que por otra parte reconozco superficiales, sino porque me descubría un mundo extraño -ignoto, impensado-, ya que nunca nadie me había explicado la cuestión de esta manera. El corpus bibliográfico que manejan los autores no es para tomarlo a broma... Lo que más me gustó, sin embargo, fue la hermosa dedicatoria de los autores: El presente libro está dedicado al Cristo que hay en ti –obviamente, se refiere al lector-. Esto me tranquilizó... Ya sé que habrá muchos a los que estos temas les resbalan, pero hay un momento en la vida de las personas en que no hay más remedio que preguntarse por la trascendencia, lo que nos lleva a inquirir por las tres preguntas clásicas de la filosofía de hoy y de siempre: ¿De dónde venimos (al nacer), qué hacemos (en este mundo), dónde vamos (al morir)? ¿Existe Dios? Y de existir, ¿se preocupa por nosotros, por el planeta tierra y sus moradores? Como es sabido, se trata de preguntas sin respuesta, o mejor dicho, cuestiones que cada cual debe responder como pueda, ya que dejarlas en blanco produce más desazón.


Vista de Los Llanos, con detalle del caserío de Mas de los Mudos (Castielfabib) y Torrealta (Torrebaja) al fondo, desde El Carril (2014).

Soy de los que piensan que una cosa lleva a otra y un libro a otro... Hay gente que, con la mejor voluntad, te deja o sugiere un libro para que lo leas, porque a ellos les ha interesado o gustado mucho. No saben que los buenos lectores, me refiero a los que leen con asiduidad, suelen tener su propia guía de lectura, basada en una temática o en intereses propios. Decía que un libro lleva a otro, y eso me sucedió a mí. El inquietante libro de Timothy Freke y Peter Gandy no me dejó indiferente, tampoco paralizado. Aunque me parece un libro interesante, no se lo recomendaría a cualquiera que no esté dispuesto a profundizar en el tema,  “con la mente abierta y el corazón sereno”. La inquietud que me dejó aquel libro me condujo a otro de John Paul Meier “Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico” (1991). El tomo primero de este título expone las raíces del problema y de la persona de Jesús. Meier es un sacerdote católico, “uno de los más relevantes investigadores bíblicos de nuestra generación”, profesor de Nuevo Testamento en la Universidad Católica de América, en Washington, D.C. En comparación con el anterior, más fácil de leer por su pretensión divulgadora, éste otro es mucho más erudito y por ende difícil de entender y asimilar, razón por la que se precisa más preparación. Basta observar que las notas bibliográficas al final de cada capítulo, la mayoría en lengua inglesa y alemana, ocupan casi tanto como el propio texto del apartado. Ando por las primeras páginas, en las que se diserta sobre el “Jesús real” y el “Jesús histórico” –cuestión terminológica en la que el autor insiste-. Para responder a la pregunta básica, ¿quién era Jesús?, el ensayista nos hace la siguiente proposición:
  • <Supongamos que a un católico, un protestante, un judío y un agnóstico –todos ellos historiadores serios y conocedores de los movimientos religiosos del siglo I- se les encerrase en la biblioteca de la Escuela de Harvard y se les prohibiese salir de allí hasta no haber elaborado un “documento de consenso”, sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué intentó en su tiempo y lugar...>

El libro de John P. Meier sería ese presunto “documento de consenso” –plasmado en tres densos volúmenes: I: Las raíces del problema y de la persona, II/1: Juan y Jesús. El reino de Dios, II/2: Los milagros, III: Compañeros y competidores-. Otro de los problemas del libro es que resulta un poco caro en su edición de tapa dura (que es el formato en el que a mí me gusta leer los libros), incluso en los portales del libro de lance; pero yo he tenido suerte, me lo han dejado. En cualquier caso, resulta más que recomendable, sobre todo para los interesados en este tipo de asuntos intelectuales, religiosos y espirituales. Al fin y la cabo, los libros son como las lentejas...

Venciendo la comodidad me he decido a dar una vuelta por el campo... No me gusta pasear por el pueblo, sus calles desiertas, las puertas cerradas, las persianas bajadas... me entristecen el ánimo –sobre todo cuando el día no acompaña; los días soleados es otra cosa-. Bajando por la calle Fuentecillas hacia las Casas de la Venta veo que entre las últimas casas y la fuente de los Pobres han abierto una calle nueva.[2] Antes era un camino de piedras muy en pendiente, apenas transitable. Ahora es una calle en toda regla, con aceras a los lados y piso cementado. La nueva calle, río Turia la llaman, comunica la de Fuentecillas con la de Valencia. En la margen izquierda, están construyendo una magnífica pared de piedra cara vista para sujetar el terraplén. Sin duda que la piedra bien encarada siempre luce más que el bloque de cemento, incomparablemente mejor. Me dicen que la piedra procede de la cantera de Vallanca: Estupendo, pues ante similar calidad y precio, mejor utilizar lo autóctono –pienso para mis adentros-. Esta parte del caserío se encuentra al levante del pueblo, encarada al norte, por lo que la calle será poco transitada y menos en invierno, por el hielo. Desconozco si lo habrá valorado el Consistorio, espero que sí. Pero quizá hubiera sido preferible hacer una gran escalinata con amplios peldaños, como las que hay en Ademuz, comunicando la Avenida de Valencia con la calle Mesón, ya que la pendiente de la nuestra puede que supere el 10% de desnivel. ¡Pero ahora ya está y lo hecho, hecho está...!

Vista de la nueva calle y detalle del muro de piedra cara vista en Torrebaja (Valencia), vía que une la calle Fuentecillas con la de Valencia (2014).

Detalle del muro de piedra cara vista en el camino bajo la calle Fuentecillas en Torrebaja (Valencia), 2014.
Detalle del muro de piedra cara vista en el camino bajo la calle Fuentecillas en Torrebaja (Valencia), 2014.

En la parte baja del terraplén del Cantón están haciendo un muro, con el mismo tipo de piedra de Vallanca, bordeando el camino que discurre por esa parte del Rento: entre la fuente de los Pobres y el antiguo cauce del Ebrón. No voy a discutir la cuestión de las prioridades que pueda haber en el pueblo, pero habrá que coincidir en que el muro está quedando muy bien, lo cual no deja de colaborar en la “puesta en valor”, mejor revalorización, de esta parte del pueblo, desde siempre tan dejada, pues no hay que olvidar que la zona del Cantón, donde el antiguo refugio de la guerra, fue durante décadas y hasta los primeros años sesenta, el mingitorio de las escuelas de niños. ¡Todos los alumnos de entonces orinaban allí! Hoy la bajada posee una sólida baranda de metal y frondosos árboles crecen en la ladera, con el muro de piedra todo quedará mejor, más pulcro y hermoso: No merece la pena ahorrar en estética... –ésto o algo similar decía el poeta y “apóstol de la no violencia” italiano, Lanza del Vasto (1901-81), y con razón, pues bastante fealdad hay ya en el mundo-. Por eso hay que alabar cualquier actuación municipal, pública o privada que hermosee el entorno. Estoy con los que piensan que la belleza ambiental mejora a las personas, aunque no necesariamente; de la misma forma que la miseria y la fealdad las torna ruines -aunque esto es sólo una impresión personal-. Y cuando digo bello no me refiero a lo caro y reluciente, más bien a lo sencillo y natural. Como puede comprobarse, ante las personas guapas propendemos a ser más amables; quizá por analogía en un lugar hermoso tendamos a portarnos mejor.
En el acceso al Parque Artesanal, zona a la entrada del pueblo que popularmente conocemos como polígono industrial, también están levantando este tipo de muros de piedra. En este mismo entorno han construido una torre cuadrangular de bloques forrada de piedra -con delicados bloques labrados en las esquinas-: faltan los adornos bolados y lanceolados en la parte alta. Intuyo que con la idea de que simbolice al pueblo y su señero torreón de Los Picos, el que luce en la plaza del Ayuntamiento, adosado a la Casa Grande y al edificio Consistorial: torreón que dio nombre a Torre Baja, la antigua Torre Fondonera u Hondonera de las crónicas –por oposición a la Torre Somera o Jusana, que es Torre Alta-.[3] Contra las voces que se oponen a este tipo de actuaciones quiero decir que quizá haya otras prioridades en el pueblo, pero cuando no se pueden llevar a cabo, mejor hacer cosas pequeñas que mejoren lo que hay, antes que empecinarse en acometer grandes proyectos que después no se pueden terminar... ¡Y esto no va sólo por Torrebaja, sino por el Rincón de Ademuz en general!

Detalle del torreón que se está construyendo a la entrada de Torrebaja (Valencia), émulo de la torre de los Picos existente en la plaza del Ayuntamiento (2013).

De regreso de mi paseo me encontré con un vecino de Ademuz que se ha construido una mansión en Torrebaja... Tras los saludos de rigor, me preguntó: ¿Qué, cómo va lo del proyecto de campo de golf, parece que va otra vez en marcha...? Pues no sé nada -le respondí confuso-. Y era cierto, nada sé de este proyecto, aunque sí me gustaría saber. El proyecto del campo de golf en Torrebaja –inicialmente presentado por la mercantil Río Ebrón Residencial (2005)- planea sobre la población desde hace años, como si de un nubarrón se tratara, sin saber si estallará en una lluvia benéfica o en pedrisco destructor. En tiempos de nuestros padres ya hubieran mandado al tío Julián a la era de san Roque, para que lanzara media docena de cohetes y espantara el nublado. Es un rumor del que se habla en los mentideros vecinales, pero del que nadie sabe nada a ciencia cierta. Entendido así es una espada de Damocles que está condicionando la dinámica del lugar sin caución alguna. Se asemeja al proyecto de concentración parcelaria del año 1978, que tras un cuarto de siglo de andadura, se terminó tarde y mal. En cualquier caso, ha servido de poco..., aunque mejor están los campos ahora de lo que estaban, todo hay que decirlo.
Según consta en la prensa escrita, aquel macroproyecto se presentó en Torrebaja ante empresarios, representantes de la Administración autonómica y provincial, y de la Mancomunidad de Municipios del Rincón de Ademuz. Sobre planos y hermosos dibujos coloreados –¡bien es cierto que el papel todo lo soporta!- los autores de la propuesta, los señores Carlos Soler y Enrique Negre, del despacho de arquitectos “Carlos Soler Arquitectos”, explicaron de forma exhaustiva la actuación prevista: un campo de golf de 18 hoyos, un club de golf, un centro de hípica, otro de pesca y un tercero de tenis, un hotel, viviendas y apartamentos tutelados (320), una escuela ambiental, un centro de interpretación de la naturaleza y un observatorio astronómico... -y dos huevos duros, añadiría yo, como se decía en aquella célebre película A Night at the Opera (1935) de los hermanos Marx-.
Aquella idea debía contar con el beneplácito y la colaboración entusiasta de las administraciones públicas, siendo el Plan de Ordenación Urbana de Torrebaja lo primero que se debía abordar. Según se dijo, la iniciativa de aquel plan partió del propio Ayuntamiento, y desde el principio ya hubo varias empresas interesadas: Bladigolf, Vistagolf, la constructora del Grupo Martí y Novavega. Incluso se habló de una Unión Temporal de Epresas (UTE) –informaron desde el Ayuntamiento-.[4]
El señor alcalde de entonces, don Francisco-Javier Varela Tortajada, lo explicaba así:
  • <[...] es algo espectacular porque aunque en la costa ya están acostumbrados a este tipo de proyectos para nosotros es la primera vez y esperamos que genere nuevas inversiones privadas en el pueblo que refloten la economía e inviertan la tónica de despoblación actual>[5]

Estupendas palabras, pero la realidad no se hace sólo con deseos y buenas intenciones. El proyecto era tan espectacular y grandioso que resultaba fantástico, y lo fantástico sólo cabe en los cuentos de Las Mil y una noches, en que los personajes viajan sobre alfombras mágicas voladoras. Lo cierto, sin embargo, es que ya han pasado catorce años y de todo aquello aquí no hay nada de nada..., aunque sí muchas idas y venidas de coches negros con los cristales tintados. Del asunto ya hablamos cuando entrevisté al señor alcalde de Torrebaja –me refiero a don Octavio Gómez Luis-.[6] Por eso decía que sucede lo que con la Concentración Parcelaria, que ante un proyecto de ese calado nadie hace nada en el campo, ni se cultiva, ni se compra ni se vende, por si al final cuaja en algo y las tierras se ponen a precio de oro. ¡A campo revuelto, ganancia de pastores! Bien es cierto que llegaron a firmarse compromisos de compraventa por algunas propiedades, a 600 euros la cuartilla, cuando la mejor tierra de la zona no llega a los 300 euros bien pagados. 


Vista parcial de Torrebaja (Valencia), desde El Reguero (2014).


No sé si algunos propietarios llegaron a percibir algún dinero por aquellas transacciones, pero la mayoría nada. El principal inconveniente que yo le veía al proyecto era que había que vender las fincas y con un término tan diminuto como el de Torrebaja -4,7 km2-, el municipio pasaría a ser en la práctica propiedad de una empresa foránea, como en la época señorial lo fue de los Ruiz de Castellblanque. Una vez vendidas las tierras, si la empresa cambiaba de idea o el proyecto no llegaba a materializarse, las consecuencias podrían llegar a ser nefastas para el municipio. Parece que después cambió el propósito y la empresa, y se dijo que en vez de comprar, lo que se haría es alquilar las propiedades..., pero estamos en las mismas: nadie sabe nada de nada, solo habladurías, bulos, rumores. Por eso la gente anda tan desconfiada, tanto que ya no se cree nada, ni aunque lo diga el alcalde.
De regreso del paseo me pongo a escribir estas líneas, sin más pretensión que entretener al lector y pasar el resto de la tarde en casa. Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Conclusiones al estudio de las causas de muerte en Torrebaja durante tres periodos históricos de la primera mitad del siglo XX, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2014/02/conclusiones-al-estudio-de-las-causas.html?spref=fb, del domingo 9 de febrero de 2014.
[2] ID. La fuente de los Pobres, un receso en el Camino Real, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2011/11/la-fuente-de-los-pobres-de-torrebaja-un.html, del sábado 19 de noviembre de 2011.
[3] ID. La Casa Grande y el torreón de Los Picos de Torrebaja (Valencia), en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2011/10/la-casa-grande-y-el-torreon-de-los.html, del miércoles 26 de octubre de 2011.
[4] CIVERA, Miriam. Una empresa plantea construir un campo de golf, un hotel y 320 viviendas en Torrebaja, en: Levante El Mercantil Valenciano, sección Comarcas, del sábado 11 de junio de 2005, p. 36.
[5] Ibídem.
[6] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don Octavio Gómez Luis, alcalde de Torrebaja (Valencia), en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2011/10/don-octavio-gomez-luis-alcalde-de.html, del lunes 17 de octubre de 2011.

domingo, 9 de febrero de 2014

CONCLUSIONES AL ESTUDIO DE LAS CAUSAS DE MUERTE EN TORREBAJA DURANTE TRES PERIODOS HISTÓRICOS DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX (y II).



Análisis comparativo de la mortalidad durante la
Dictadura de Primo de Rivera (1923-30), en la
IIª República (1931-36) y en la
Posguerra inmediata (1939-1945).




Tabla 14: Distribución comparativa de las medidas de tendencia central en los fallecidos en Torrebaja (Valencia), mayores de 1 año.
MEDIDAS
Periodo I
Periodo II
Periodo III
Media aritmética
(Valor promedio)
51,28 años
49,17 años
60,32 años
Mediana
(Valor central del conjunto de datos ordenados)
63 y 67 años
58 años
67 años
Moda
(Valor que más se repite)
01 (6 casos),
70 (8).

02, 65, 72, 75 y 82 años (4 casos).
76 y 67 años (5 casos), 66, 72 y 80 (4).

Elaboración propia (2014).

            La tabla adjunta resulta muy expresiva, pues permite comprobar como han evolucionado las distintas medidas de tendencia central de la edad de los fallecidos en los tres Periodos Históricos estudiados:

* La Media Aritmética (valor promedio) se halla en los 51,28 años en el I Periodo, descendiendo a 49,17 años en el II, para situarse en el III Periodo en los 60,32 años. Es decir, la media de edad de fallecimiento sufre una caída en el Periodo II, mientras que en el III Periodo se remonta, situándose por encima de los valores del I Periodo.
* La Mediana (valor central del conjunto de datos ordenados) se sitúa en los 63 y 67 años en el I Periodo, para caer en el II Periodo hasta los 58 años, remontándose en el III Periodo hasta los 67 años, esto es, alcanzando los valores del I Periodo.
* La Moda (valor que más se repite) se sitúa en los 01 años (6 casos) y 70 años (8 casos) en el I Periodo, mientras que en el II Periodo las edades de mortalidad se amplían –02, 65, 72, 75 y 82 años (4 casos)-, tendencia que se continúa en el III Periodo –76 años (5 casos), 66, 72 y 80 años (4 casos).

Viendo la tabla adjunta, en la que se compara la mortalidad de los párvulos menores de un año en los tres periodos históricos objeto de estudio, observamos lo siguiente:

* En el Periodo I: el mayor número de fallecimientos se produjo en tres picos de edad correspondiente a 01 mes (5 casos), seguido de 02 meses (4 casos) y 04 meses (3 casos).
* En el Periodo II: el mayor número de fallecimientos se produjo en un pico de edad, correspondiente a 01 meses (4 casos).
* En el Periodo III: el mayor número de fallecimientos se produjo en dos picos de edad, correspondiente a 01 meses (7 casos) y 03 meses (3 casos).

Tabla 15: Distribución comparativa de la mortalidad en Torrebaja (Valencia), según la edad de defunción.
PERIODO HISTÓRICO
EDAD DE FALLECIMIENTO
(De los párvulos menores de un año, en meses)
I] 1923-1930
01 (5), 02 (4), 04 (3), 05 (1), 06 (3), 08 (2), 09 (2).
II] 1931-1936
01 (4), 05 (1), 08 (1).
III] 1939-1946
01 (7), 02 (1), 03 (3), 04 (1), 05 (2), 06 (1), 07 (2), 08 (1), 11 (2).
Elaboración propia (2013). Lectura: 01 mes (5 casos), etc.

            Otra forma de ver los mismos datos es mediante la tabla siguiente:

Tabla 16: Distribución comparativa de los casos de muerte en Torrebaja (Valencia), según la edad del fallecido.
EDAD
(en meses)
PERIODO I
(1923-30)
PERIODO II
(1931-36)
PERIODO III
(1939-46)
TOTAL
01
05
04
07
16
02
04
00
01
05
03
00
00
03
03
04
03
00
01
04
05
01
01
02
04
06
03
00
01
04
07
00
00
02
02
08
02
01
01
04
09
02
00
00
02
10
00
00
00
00
11
00
00
02
02
TOTAL
20
06
20
46
Elaboración propia (2014).

            Según puede observarse, durante los Periodos I y II fallecieron idéntico número de párvulos menores de 1 año (20 casos), muy por encima de los 06 casos del Periodo II, lapso en el que las muertes se concentraron en edades más tempranas que en los demás periodos, en que se espaciaron a lo largo de los distintos meses, esto es, hubo una mayor sobrevivencia de los párvulos dentro del año.

Tabla 17: Distribución comparativa de las medidas de tendencia central en los fallecidos en Torrebaja (Valencia), párvulos menores de 1 año.
MEDIDAS
Periodo I
Periodo II
Periodo III
Media aritmética
(Valor promedio)
04,1 meses
02,83 meses
04,1 meses
Mediana
(Valor central del conjunto de datos ordenados)
04 meses
01 mes
03 meses
Moda
(Valor que más se repite)
01 mes (5 casos),
02 (4), 04 (3).
01 mes (4 casos)
01 mes (7 casos),
03 (3), 05, 07 y 11 (2), 02 y 04 (1).

Elaboración propia (2014).

            E] Acerca del sexo o género de los fallecidos:
Las tablas expuestas, en la que se comparan los tres periodos históricos objeto de estudio, nos permiten afirmar lo siguiente:

* En el Periodo I: hubo un total 105 fallecimientos [50 M (18p) y 55 V (21p)], de los que 39 fueron párvulos menores de 7 años. En términos lineales, fallecieron 5 varones (V) más que mujeres (M) y 3 párvulos masculinos más que femeninos.
* En el Periodo II: hubo un total 85 fallecimientos [43 M (13p) y 42 V (08p)], de los que 17 fueron menores de 7 años. En términos lineales, fallecieron un número similar de mujeres y hombres, y 5 párvulos femeninos más que masculinos.
* En el Periodo III: hubo un total 97 fallecimientos [49 M (16p) y 48 V (13p)], de los que 29 fueron párvulos menores de 7 años. En términos lineales, fallecieron una cifra similar de mujeres y de varones, y 3 párvulos femeninos más que masculinos.


Tabla 17: Distribución comparativa de los índices de masculinidad o razón de sexo en los fallecidos en Torrebaja (Valencia), durante los periodos históricos que se estudian.
MEDIDAS
Periodo I
Periodo II
Periodo III
Índice de
masculinidad (total)
55 varones/50 mujeres x 102= 110,00%
42 varones/43 mujeres x 102= 96,67%
48 varones/49 mujeres x 102= 97,95%
Índice de
masculinidad (parcial)
21 párvulos varones/18 párvulos mujeres x 102=
116,00%
08 párvulos varones/13 párvulos mujeres x 102= 61,53%
13 párvulos varones/16 párvulos mujeres x 102= 81,25%
Elaboración propia (2014).

            Para interpretar correctamente las cifras expuestas debemos saber que si el resultado fuera 100% significaría que falleció igual número de hombres que de mujeres. Como en el numerador se colocan las cifras referentes a los varones y en el denominador las relativas a las mujeres, cuando la cifra aumenta por encima de 100% indica el porcentaje de varones fallecidos respecto de las mujeres y si disminuye por debajo de 100% indica el porcentaje de mujeres fallecidas respecto al de varones.
Hay que destacar, sin embargo, que en el Periodo II las series de finales del año 1935 (octubre a diciembre) y los primeros meses de 1936 (enero a julio) que debieran computarse se hallan lamentablemente incompletas, lo que constituye un sesgo a tener en cuenta. De la misma forma, las series son muy cortas para observar claramente el fenómeno.
            En cualquier caso, la tendencia parece clara, durante el Periodo I fallecieron más varones que mujeres, hecho compatible con una sociedad rural en la que predominan los varones. Mientras que en el Periodo II y III se produjeron un mayor fallecimiento de mujeres, hecho que en el Periodo III podría vincularse a que entre ambos periodos hubo una guerra civil en la que la mayoría de fallecidos en el frente fueron varones.

F] Acerca del estado social de los fallecidos:
Las tablas expuestas, en la que se comparan los tres periodos históricos objeto de estudio, nos permiten afirmar lo siguiente:

* En el Periodo I: de los 105 fallecidos, la mayor parte son solteros (45 casos), siéndolo a expensas de los párvulos (39 casos), y siempre a costa de los varones. Los 60 fallecidos restantes se reparten casi por igual entre casados y viudos, aunque con más viudas que viudos, existiendo 4 fallecidos adultos en los que no se reseña estado.
* En el Periodo II: de los 85 fallecidos, la mayor parte son solteros (36 casos), siéndolo a expensas de los párvulos (21 casos), y siempre a costa de las mujeres (13p). Los 49 fallecidos restantes se reparten de forma desigual entre casados (27 casos) y viudos (19), con más varones casados (16) que mujeres (11), y más viudas (13) que viudos (06), existiendo 3 fallecidos adultos en los que no se reseña estado.
* En el Periodo III: de los 97 fallecidos, un tercio son solteros (33 casos), siéndolo a expensas de los párvulos (29 casos), la mayoría mujeres (13V/16M). Los 64 fallecidos restantes se reparten entre casados (22V/15M) y viudos (08V/17M), aunque con el doble de viudas que viudos, existiendo 2 fallecidos adultos en los que no se reseña estado.
Tabla 19: Distribución comparativa de la mortalidad en Torrebaja (Valencia), según estado social de los fallecidos (porcentual).

PERIODO HISTÓRICO

ESTADO SOCIAL DE LOS FALLECIDOS


NO RESEÑADO
TOTAL
100,00%
SOLTEROS
CASADOS
VIUDOS
V
M
V
M
V
M
I]
1923-1930
25
23,80%
20
19,04%
18
17,14%
11
10,40%
11
10,40%
16
15,23%
04
03,80%
105

II]
1931-1936
19
22,35%
17
20,00%
16
18,82%
11
12,94%
06
07,05%
13
15,29%
03
3,52%
85
III]
1939-1946
16
16,49%
17
17,52%
22
22,68%
15
15,46%
08
08,24%
17
17,52%
02
02,06%
97
TOTAL
60
20,20%
54
18,18%
56
18,85%
37
12,45%
25
08,41%
46
15,48%
09
03,03%
297
100,00%
Elaboración propia (2013). Lectura: Mujer (M), Varón (V), Total (T). Nota: los dígitos y porcentajes en rojo se refieren al cómputo total de los tres periodos, mientras que los dígitos y porcentajes en negro se refieren a los valores parciales de cada periodo.

         Según puede verse en la tabla anterior, los Periodos I y II muestran una gran similitud en la distribución de los porcentajes, de forma que la mayoría de los fallecidos son solteros, con predominio de los varones sobre las mujeres y siempre a costa de los párvulos. Entre los casados, fallecen más los varones y entre los viudos, las viudas. Sin embargo, en el Periodo III la mayoría de los fallecidos corresponden a los varones casados; entre los viudos siguen predominando los fallecimientos de viudas, pues los maridos fallecieron antes. Entre los solteros apenas hay un punto de diferencia.
         En la comparativa de los tres periodos, se confirma la misma tendencia general, la mayoría de los fallecidos son solteros (60V/54M), con predominio de los varones (20,20%) sobre las mujeres (18,18%). Entre los casados (56V/37M), predominan los hombres (18,85%) sobre las mujeres (12,45%), y entre los viudos (25V/46M), predominan las mujeres (15,48%) sobre los varones (08,41%).


G] Acerca de la naturaleza/vecindad y profesión de los fallecidos:
Las tablas expuestas, en la que se comparan los tres periodos históricos objeto de estudio, nos permiten afirmar lo siguiente:

* En el Periodo I: la inmensa mayoría de los 105 fallecidos figuran como naturales y vecinos de Torrebaja, repartiéndose los demás entre los distintos municipios de la comarca (Ademuz, Casasaltas, Casasbajas, Castielfabib, Vallanca) y extracomarcanos: Aragón, Castilla y Valencia.
* En el Periodo II: la inmensa mayoría de los 85 fallecidos computados figuran como naturales y vecinos de Torrebaja, repartiéndose los demás entre los distintos municipios de la comarca (Ademuz, Castielfabib y Puebla de San Miguel) y extracomarcanos nacionales –Castellón, Murcia, Palencia y Teruel-, con predominio de los turolenses. Curiosamente figura un párvulo de 5 meses natural de Buenos Aires (Argentina).
* En el Periodo III: la inmensa mayoría de los 97 fallecidos figuran como naturales y vecinos de Torrebaja, repartiéndose los demás entre los distintos municipios de la comarca (Ademuz, Castielfabib, Puebla de San Miguel y Vallanca) y extracomarcanos de distintas provincias: Albacete, Alicante, Badajoz, Burgos, Castellón, Cuenca, Guadalajara, Teruel y Valencia.


IV.- Tasas de mortalidad.
Como se ha dicho repetidamente en los capítulos precedentes, desde una óptica epidemiológica, siempre resulta de interés conocer la Tasa de Mortalidad General (TMG) de una población en un momento determinado, al objeto de poder compararla y ver su evolución en el tiempo. Para su cálculo se precisa el censo de la localidad -1920/ 1.057 habitantes, 1930/ 952 habitantes, 1940/1.007 habitantes-, pues dicha tasa mide los fallecimientos habidos en una comunidad por cada cien (102) o mil habitantes (103). Dada la pequeñez de las muestras, aquí utilizaremos la medida por cien habitantes. Sin embargo, en cuanto indicador de salud, el valor de esta tasa es moderado...


Tabla 20: Tasa de Mortalidad General en Torrebaja durante el período de estudio (1920, 1930, 1940).
1920
1930
1940
11/1.057x102=
1,04%
13/962x102=
1,35%
18/1.007x102=
1,78%
Elaboración propia (2014).

En la tabla siguiente se muestran las cifras de la Tasa de Mortalidad General (TMG) en Torrebaja, comparadas con las de España en esos años, por cien habitantes (102).

Tabla 21: Evolución de la Tasa de Mortalidad General (TMG) en España, comparada con la obtenida en Torrebaja (Valencia).
AÑO
TMG en España (%)
TMG en Torrebaja (%)
1920
2,32
1,04
1930
1,68
1,35
1940
1,65
1,78
INE: Movimientos naturales de la población. Anuarios estadísticos. Las TMG en España proceden de PIÉDROLA GIL (1989), p. 70. Elaboración propia (2014).

Dado que el valor de la TMG como indicador de salud es reducido, en especial si hacemos una lectura directa, buscamos los índices de Swaroop-Uemura, que miden los fallecimientos de personas mayores de 50 años en un año, en relación con el total de fallecimientos anual. Su mérito radica en que sirve como medida indirecta del grado de desarrollo de una comunidad, de forma que tenderá a acercarse al 100% cuanto mayor grado de desarrollo tenga ésta, lo cual ocurriría si todas las personas vivieran más de 50 años; asimismo, se acercará a 0% cuando la mayor parte de la población no alcance el medio siglo de vida.[1]
            Las tablas expuestas, en la que se comparan los tres periodos históricos objeto de estudio, respecto del Índice de Swaroop-Uemura nos permiten afirmar lo siguiente:

* En el Periodo I: el indicador muestra cifras oscilantes, aunque in crescendo desde el 33,33% de 1923 hasta el 76% de 1930, con un pico de 80% en 1924, ello es debido a que de los 10 fallecidos en ese año, 8 tenían más de 50 años. El valor promedio del lapso equivale a 52,70%.
* En el Periodo II: el indicador muestra cifras oscilantes, que apenas sobrepasan el 50%: 52,63% (1931), 62,50 (1932), 61,53% (1933), bajando hasta el 38,88% (1934) e incrementándose ligeramente en 1935 (40,00%). Lamentablemente, el índice para 1936 (100,00%) es falso, pues sólo pudo computarse un fallecido y éste tenía 80 años. El valor promedio del lapso equivale a 51,10%.
* En el Periodo III: el indicador muestra cifras oscilantes, comienza y termina con cifras de 66,66% (1939 y 1946), aunque con picos de elevación en 1940 (88,88%) 1944 (81,25%), y notables descensos en 1941 (41,66%), 1943 (26,66%) y 1945 (50,00%). El valor promedio del lapso equivale a 61,00%.


Tabla: 22: Valor promedio del Índice de Swaroop-Uemura en Torrebaja (Valencia), durante los periodos históricos que es estudian.

Periodo I
(1923-30)
Periodo II
(1931-36)
Periodo III
(1939-46)
Índice de
Swaroop-Uemura
52,70%
51,10%
61,00%
Elaboración propia (2014). Nota: el Índice del Periodo II no es enteramente válido, pues en 1936 sólo se halló un individuo de 80 años, razón por la que dicho año no se computa para el valor promedio.

Como se dice en los capítulos anteriores, otra tasa de mortalidad muy específica y de enorme valor epidemiológico es la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI), que mide el riesgo particular de fallecimiento antes del año de vida. Para su cálculo es preciso conocer el número de fallecidos antes de cumplir el año de vida, en relación con el número de nacidos vivos en un año, por cien (o mil) nacidos vivos.

Se ha calculado también la Tasa de Mortalidad Posneonatal (TMPN), que recoge el número de recién nacidos vivos fallecidos con más de un mes y antes del año de vida: el interés de esta última tasa se halla en que refleja las muertes por patología infecciosa, a la par que las carencias nutricionales y/o los errores en la crianza. Aunque dichas tasas suelen calcularse por 1.000 nacidos vivos (103), dada la pequeñez de las muestras aquí se realiza por 100 nacidos vivos (102).

Tabla: 23: Valor promedio de la Tasa de Mortalidad Infantil y de la Tasa de Mortalidad Posneonatal en Torrebaja (Valencia), durante los periodos históricos que es estudian.

Periodo I
(1923-30)
Periodo II
(1931-36)
Periodo III
(1939-46)
Mortalidad infantil (TMI)
10,72%
06,52% (*)
14,22%
Mortalidad posneonatal (TMPN)
08,21%
03,31% (*)
10,29%
Elaboración propia (2014). (*) Dichas tasas no son enteramente válidas, pues faltan datos desde octubre de 1935 hasta julio de 1936, razón por la que el cálculo se ha realizado de 1931 a 1935.


V.- Palabras finales, a modo de epílogo.
            Cuando me propuse realizar el presente ejercicio epidemiológico lo primero que me planteé fue si era admisible comparar tres periodos históricos tan distintos como la Dictadura de Primo de Rivera y Dictablanda de Berenguer (1923-30), la IIª República (1931-36) y la Posguerra inmediata (1939-46). La respuesta fue afirmativa, siempre que se utilizara idéntico método, los mismos parámetros y las mismas variables biológicas y sociales. Con ser momentos historiográficos y políticos distintos, los segmentos temporales objeto de estudio tienen algo en común, el haberse visto afectados por cambios políticos significativos, lo que me llevó a pensar si aquellos tuvieron alguna influencia en el devenir cultural, social y sanitario de una pequeña población del poniente valenciano, como era entonces y sigue siendo Torrebaja, uno de los siete municipios del Rincón de Ademuz.
            Las variables objeto de estudio son la causa de muerte, la fecha de óbito, la edad de fallecimiento, el género o sexo de los fallecidos y el estado social. Y cuando ha sido posible, la profesión del finado, la naturaleza y vecindad. Se han desechado otras variables: si el fallecido otorgó testamento o no, el grado de cumplimiento religioso (si recibió o no el Sacramento de la Penitencia y la Extremaunción) y el tipo de entierro eclesiástico, que no hacen al estudio propuesto. La materia prima objeto de estudio procede básicamente de los libros de Defunción y Bautismo parroquiales (dos de los Quinque libri), aunque algunos datos han sido completados con los del juzgado municipal. La validez de ambas fuentes está fuera de toda duda, pues tanto el Juez Municipal como el párroco utilizaron para componer sus actas los certificados de defunción expedidos por el facultativo de turno.
           El estudio no ha podido librarse de algunos sesgos de importancia que afectan el II Periodo Histórico (1931-36), como el hecho incomprensible de que falten por cumplimentar las actas de defunción parroquiales, desde octubre de 1935 hasta julio de 1936, esto en los libros parroquiales, hecho que se hace todavía más enigmático en los libros municipales. ¿Cómo puede explicarse, ya no justificar, porque es injustificable, que muchas de las actas de ese periodo se hallen en blanco y otras sólo contengan el nombre del finado? En cualquier caso, el hecho de que muchas de las actas de ese periodo no estén cumplimentadas debe estar relacionado, pues la secuencia administrativa para componer un acta de defunción comienza con el certificado médico que debía expedir el facultativo que certifica el fallecimiento: dicho documento resultaba imprescindible, entonces y ahora para dar sepultura al cadáver. Expedido el certificado médico la familia se personaba en el Juzgado Municipal para manifestar el fallecimiento, el secretario cumplimentaba el acta de defunción basándose en el certificado medico y el Juez y el secretario, junto con el familiar o persona manifestante y los testigos firmaban al pie del acta. El mismo certificado de defunción servía al párroco para componer su acta en los libros parroquiales, autorizando así la sepultura eclesiástica. Esto es así, pues el párroco, tras anotar la causa de la muerte añade según “relación” o “certificación” facultativa. En algún momento esta secuencia se interrumpió y las actas quedaron sin cumplimentar. Lo lamentable es que los datos que debían aportar las actas no realizadas son irrecuperables...
         ** Acerca de las causas de muerte [A], si seleccionamos las seis primeras causas en cada periodo, observaremos que las dos primeras –Hemorragia cerebral y Asistolia- son las mismas en las tres etapas del estudio, aunque con distinta frecuencia. Ello nos lleva a afirmar que aparentemente no hubo cambios sociales, culturales, alimentarios y sanitarios sustanciales en los lapsos de tiempo estudiados que pudieran modificar las causas de muerte. Con todo, ya se ha hecho la advertencia de que la causa “Asistolia” no puede considerarse, ni entonces ni ahora, causa de muerte, más bien traduce la dificultad, imposibilidad o insolvencia del médico para encontrar el motivo del óbito. En los certificados de defunción actuales, bajo el epígrafe “Causa de defunción” se consideran distintos apartados: Causa inmediata, Causas antecedentes, Causa inicial o fundamental y Otros procesos –que no siempre resultan fáciles de establecer-.
          A efectos estadísticos, la cumplimentación de las actas de defunción judiciales requiere especial cuidado, como lo prueba la circular remitida el 10 de agosto de 1939 a los jueces municipales. En aquella nota, el Jefe Provincial de Estadística de Valencia, señor Julio Baeza hace una serie de recomendaciones. En lo que hace a los registros de defunción –punto 8º de 12º- dice: “Que los encargados del Registro procuren, que en los partes de defunción no falta nunca la causa de la muerte para que en los boletines figure bien determinada tanto la inmediata como la fundamental con preferencia esta última a la primera, de no ser las dos”. Ello viene a demostrar que el grado de cumplimiento de los registros era deficiente, partiendo la carencia del propio certificado médico de defunción, en el que no sabemos si se registraba la causa inmediata o la fundamental.
            Como hemos podido ver por los cálculos realizados, globalmente el II Periodo computa un menor número de fallecimiento, en principio porque se estudian un menor número de años. Sin embargo, cuando se comparan los porcentajes entre los tres periodos estudiados, la cifra real de fallecimientos del II Periodo es superior a la esperable.
       ** Acerca de la fecha de óbito (mes del año) [B], se ha podido observar que las tablas ofrecen escasas variaciones en los tres periodos, hasta el punto que visto globalmente, el mayor número de óbitos se produce en los meses de enero y febrero, seguidos de agosto y octubre, esto es, en invierno, seguido del verano y del otoño. Por el contrario, el menor número de fallecimientos de cada periodo y globalmente se produce en mayo, junio y julio respectivamente.
        ** Acerca de la hora de óbito [C], hemos podido comprobar que el mayor número de fallecimientos se concentra en momentos puntuales del día, tales las 23:00 horas, las 18:00 horas, las 02:00 y las 03:00 horas, esto es, a última hora de la noche, a media tarde y en las primeras horas de la madrugada. El menor número de óbitos se concentra en las 20:00 horas, seguido de las 24:00 horas, las 19:00 horas, las 15: horas y las 10:00 horas, esto es, a primera y última hora de la noche, a primeras de la tarde y media mañana.
         ** Acerca de la edad de fallecimiento [D], las tablas demuestran que el mayor número de óbitos se produce en párvulos de 1 y 2 años de edad, y en los adultos en la séptima y octava década de su vida, seguidos de los que se hallan en la sexta y octava. Asimismo, se ha podido observar que hay una serie de grupos de edad en los que no se produjo ningún óbito en ninguno de los periodos estudiados. Comparando las medidas de tendencia central de los párvulos mayores de un año y adultos se observa que la Media aritmética y la Mediana de la edad disminuyeron en II Periodo, ello significa que se fallecía en edades más tempranas, remontándose en el III Periodo hasta alcanzar los valores del I Periodo. De la misma forma, en el II Periodo la Moda amplia su base, esto es, la edad de fallecimientos se dispersa en un arco de frecuencia de mortalidad mayor. Algo similar se observa en las tablas que estudian los datos correspondientes a los párvulos menores de 1 año, con la particularidad que en el I y III Periodos la Moda se dispersa más que en el I Periodo: ello significa que en este lapso las muertes se concentran en el primer mes, mientras que en los otros periodos los fallecimientos se dan en un arco mayor, desde los 4 meses hasta los 11 meses, lo que traduce procesos patológicos infecciosos y/o errores o deficiencias en la alimentación.
         ** Acerca del sexo o género de los fallecidos [E], observando los Índice de Masculinidad de cada lapso, podemos decir que en el I Periodo fallecieron más varones que mujeres, hecho que casa con una típica social rural dedicada a la agricultura, mientras que en el II y III Periodos fallecieron más mujeres que hombres, fenómeno que se repite entre los párvulos menores de 7 años. Globalmente, el hecho podría estar relacionado con la circunstancia de que entre el II y el III Periodo se ha producido una guerra civil, en la que el mayor número de fallecidos en el frente fue a cargo de los hombres –pero esto es sólo una hipótesis-.
        ** Acerca del estado social de los fallecidos [F], según puede verse en las tablas expuestas, los Periodos I y II muestran una gran similitud en la distribución de los porcentajes, de forma que la mayoría de los fallecidos son solteros, con predominio de los varones sobre las mujeres y siempre a costa de los párvulos. Entre los casados, fallecen más los varones y entre los viudos, las viudas. Sin embargo, en el Periodo III la mayoría de los fallecidos corresponden a los varones casados; entre los viudos siguen predominando los fallecimientos de viudas, pues los maridos fallecieron antes. Entre los solteros apenas hay un punto de diferencia.
            En la comparativa de los tres periodos, se confirma la tendencia general, la mayoría de los fallecidos son solteros (60V/54M), con predominio de los varones (20,20%) sobre las mujeres (18,18%). Entre los casados (56V/37M), predominan los hombres (18,85%) sobre las mujeres (12,45%), y entre los viudos (25V/46M), predominan las mujeres (15,48%) sobre los varones (08,41%).
** Acerca de la Naturaleza/vecindad y profesión de los fallecidos [G], como se evidencia en las tablas expuestas, la gran mayoría de los fallecidos son naturales y vecinos de Torrebaja: un pequeño porcentaje de éstos figuran como feligreses de la iglesia parroquial de “Santa Marina”, pero residentes en la aldea-barrio de Los Pajares/Las Eras, zona urbana contigua a Torrebaja pero perteneciente a Castielfabib. Por su proximidad a Torrebaja, dichos vecinos utilizaban los servicios de esta localidad, entre los que se hallaban los religiosos y funerarios. Además de los nativos, en los Periodos I y II figuran como residentes vecinos naturales de otros pueblos del Rincón de Ademuz (Ademuz, Casasaltas, Casasbajas, Vallanca y Puebla de San Miguel), así como de zonas limítrofes de Aragón, Castilla y Valencia. La diferencia más notable la hallamos en el Periodo III, en el que se repite la misma situación que en los periodos anteriores, con la peculiaridad de hallar vecinos de zonas muy distantes del entorno comarcal y provincial limítrofe, como Albacete, Alicante, Badajoz, Burgos, Castellón, Cuenca, Guadalajara y Valencia. Probablemente efecto de los desplazamientos habidos por causa de la Guerra Civil (1936-39). Respecto de las profesiones, aunque apenas se hace mención de ellas, entre los hombres predominan los agricultores/labradores, como corresponde a una zona rural dedicada al sector primario, además de sacerdote y transeúnte (Periodo I); en algunos casos se alude al oficio del padre (albardero, comerciante, labrador), asimismo se nombra la de maestro nacional, sacerdote y sastre (Periodo II) y médico (Periodo III). Entre las mujeres, la profesión que predomina era lo que entonces se entendía como “labores propias de su sexo”: muchas de aquellas mujeres, sin embargo, además de ocuparse de la casa y el cuidado de la prole, solían atender a los animales del corral y puntualmente ayudaban a los hombres en las faenas del campo.

En cuanto a las tasas de mortalidad, hemos visto que la Tasa de Mortalidad General (TMT) en España en 1920 (2,32%) y 1930 (1,68%) fue superior a la observada en Torrebaja –1920 (1,04%) y 1930 (1,35%)-, sin embargo, la de 1940 en Torrebaja (1,78%) fue superior a la nacional (1,65%). Pero como se ha dicho, la TMG posee un valor muy reducido como indicador de salud, razón por la que se ha recurrido a los índice de Swaroop-Uemura, que miden los fallecimientos de personas mayores de 50 años: su mérito radica en que sirven como medida indirecta del grado de desarrollo de una comunidad: cuanto más se aproxime al 100% mayor grado de desarrollo tendrá ésta, lo cual ocurriría se todas las personas fallecidas sobrepasaran dicha edad. Viendo el Índice de Swarrop en cada periodo observamos que en el Periodo I posee un valor medio por encima del 50% (52,70%), el cual desciende ligeramente en el Periodo II (51,10%), para alcanzar valores ligeramente superiores a los dos anteriores en el Periodo III (61,00%). En cuanto a valores promedios, de las Tasas de Mortalidad Infantil (TMI) y Tasa de Mortalidad Posneonatal (TMPN), cabe decir que en el Periodo III dichas tasas fueron superiores a las observadas en el Periodo I: ello pudo ser debido a la situación de carestía habida en la posguerra, singularmente la TMPN, que recoge el número de recién nacidos vivos fallecidos con más de un mes y antes del año de vida, midiendo indirectamente las muertes por patología infecciosa, así como las carencias nutricionales y los errores en la crianza. Lamentablemente, los valores obtenidos para estas tasas en el Periodo II son escasamente evaluables, ello por falta de datos completos. Con todo, las cifras halladas para 1931-35 son menores que las de los periodos anterior y posterior estudiados.

Detalle de una "tumba-cruz" latina labrada en mármol, en el cementerio municipal de Torrebaja (2014).

        En suma: el estudio epidemiológico propuesto concluye satisfactoriamente, no obstante las dificultades encontradas en la recogida de datos, en especial durante el Periodo II, correspondiente a la IIª República (1931-36). Ello supone contar con algunos sesgos en la valoración final que hay que tener en cuenta. En lo que hace a las variables estudiadas, los intensos cambios políticos habidos en España en el lapso histórico de los años veinte, treinta y cuarenta estudiados no parece que afectaran a la comunidad torrebajense más allá de lo esperable, pues sus parámetros no cambiaron de forma ostensible. Más bien se observa una continuidad hacia un mayor desarrollo social (índice de Swaroop progresivo entre el Periodo I y II, con leve caída en el II), hecho que se halla en contraste con los promedios de la Tasa de Mortalidad Posneonatal, algo más elevadas en el III Periodo, explicables por la precariedad de la posguerra. Sin embargo, observando los datos en detalle vemos que en el II Periodo hubo algunos cambios que alteraron la dinámica evolutiva, como un número de fallecimientos mayor de lo esperable, la disminución de la edad media de fallecimiento, así como la dispersión de las frecuencias y la disminución de los índices medios de Swaroop-Uemura, indicando un menor grado de desarrollo. Paradójicamente, en este periodo disminuyeron los índices de mortalidad, por debajo de los periodos anterior y posterior, quizá explicable por la pequeñez de la muestra, dado el menor número de años computados.

En cualquier caso, el trabajo, aunque laborioso, ha merecido la pena, pues constituye una forma objetiva de asomarse al pasado. Y aunque los resultados no puedan extrapolarse sin más al conjunto comarcal ni nacional, constituyen un punto de referencia a tener en cuenta. Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


[1] PIÉDROLA GIL, G et alter. Medicina preventiva y salud pública, Salvat Editores, S.A., 8ª edición, 1ª reimpresión, Barcelona, 1989, p. 71.