domingo, 2 de septiembre de 2012

LA ERMITA DE SAN PEDRO EN EL CUERVO (TERUEL).


 Visita guiada al ermitorio, 
a propósito del estado de abandono en que se halla.

“En el interior de la pobl., 
hay una ermita (San Roque) y otra fuera (San Pedro)”.
Pascual Madoz,  
Diccionario…, Madrid, 1847, tomo VII, p. 260.



            Palabras previas.
            El Cuervo –la villa de El Cuervo- es un pequeño pueblo turolense, cuyo municipio se halla situado al noroeste del valenciano Rincón de Ademuz, aguas arriba del Ebrón, por encima de Castielfabib y su aldea de Cuesta del Rato.
            De El Cuervo tengo gratos recuerdos, pues mis abuelos maternos eran de este lugar. Aprovechando que mis tías de Barcelona venían a pasar el verano, mi padre nos subía a mi hermano y a mí, junto con mi madre, para pasar la temporada estival. Subíamos desde Torrebaja, donde vivíamos, con un carro de varas que mi padre preparaba al efecto, poniendo al carro su piso de tablas y atando sillas a los costados para sentarnos. El vehículo iba tirado por un mulo, cargando todo lo necesario para la estancia en la casa solar de mis abuelos. Lamentablemente, tengo vagos recuerdos de mis ascendientes, apenas les conocí pues fallecieron siendo yo muy niño. Lo mismo podría decir de los paternos. Sin embargo, las pocas imágenes que gozo de ellos me resultan entrañables... ¡Qué suerte tener abuelos! –eso he pensado siempre, y lo sigo pensando-.

Vista parcial del caserío de El Cuervo (Teruel) -con Castielfabib (Valencia), al fondo- desde la entrada de la ermita de san Pedro (2012).

            De aquellos recuerdos de infancia en El Cuervo evoco con emoción los baños en el río, las excursiones con mis tías y primos, los juegos en el patio de los abuelos, a la sombra de la parra y junto a una frondosa higuera que había en un lado, y las siestas después de comer. La siesta la echábamos en la cambra, tumbados sobre unos colchones de farfollas de maíz que allí había... En cuanto los mayores se dormían, los niños –mi hermano y yo- salíamos con enorme cuidado de los colchones, pues hacían mucho ruido con sólo moverte, y escapábamos a jugar al castillo, elevación situada al sureste del pueblo, junto a la casa familiar, desde donde se divisaba todo el caserío, la iglesia y su torre, el cementerio, la vega del Ebrón, la Peña Blanca -que tenía una cruz en lo alto-, el rojizo peñasco de Los Picarzos y la villa de Catielfabib al fondo... Han pasado muchos años desde entonces, pero todavía puedo percibir con ternura el peculiar sonido de la campana del reloj de la iglesia señalando el paso de las horas, la frescura y claridad del agua de Las Pozas y el acre tufo de la cabrada regresando al pueblo al atardecer...
            Desde la eminencia del castillo se divisaba también un edificio que se hallaba en la cima de un cerro por encima del pueblo, en posición noroeste, correspondiente a la ermita de san Pedro. En nuestras excursiones de exploración por los contornos, alguna vez llegamos hasta el lugar de la ermita, desde donde la vista del pueblo resulta especialmente hermosa, en línea con el caserío de Castielfabib y su iglesia-fortaleza, que se halla al fondo del valle. El horizonte más lejano lo cierran al sureste las estribaciones de Javalambre y la sierra de Tortajada. Mis recuerdos datan de finales de los años cincuenta, principios de los sesenta, cuando yo tenía unos ocho o diez años...

Buscando la ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), entre los pajares de las eras (2012).
Buscando la ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), que se halla en el cerro de su nombre (2012).


            Breves consideraciones históricas.
            La villa de El Cuervo es muy antigua, en el siglo XVI perteneció al señorío de los Condes de Fuentes, y ya se nombra en los documentos de pre-conquista –segundo pacto de Daroca (1142), en relación con el testamento de Alfonso I el Batallador- y en los de conquista de estos lugares por Pedro II el Católico, junto con Tormón (Teruel), Castielfabib y Ademuz (Valencia) y Santa Cruz de Moya (Cuenca).
            De la época de conquista cristiana existe un documento donde se hace referencia a los privilegios concedidos por el rey aragonés a la Orden del Hospital, que dice:
  • Instrumentum domini regis Petri... Dei gratia rex Aragonem, el comes Barchinone, damus, concedimos et laudamos... a la Orden de Caballeros del Hospital, en atención a la gran ayuda prestada en la toma de Castell Phaví, et Ademuç, et castellum que dicitur Lo Corbo, la Iglesia de esta villa con sus diezmos y primicias y el Lugar de las Heras, para la construcción de iglesias, ermitas, oratorios... Datum Castelli favi, ipso iam capto, VII kalendas septembris per manun Ferrari, Notari nostri, era Mº CCº XXXXº octava (26 de agosto de 1210).[1]

            Al decir de este momento, Zurita anota en sus Índices:
  • [Expedición contra Valencia] A finales de marzo el rey [don Pedro II de Aragón] reúne sus tropas en Monzón, y hace una incursión por tierras del reino [moro] de Valencia. [En aquella ocasión] Conquistan la villa de Ademuz, Castielfabib y Sertella con sus castillos. Estas fortalezas no se agregan al reino de Aragón [como hubiera sido lo propio], sino que forman el reino de Valencia, que puestas en la frontera eran como las primicias de una gran expedición. Los castillos próximos se rindieron y aceptaron las condiciones propuestas [por los conquistadores]./ En la lucha de Ademuz se distinguió don Atorella, señor de Quinto, hijo de Pedro Ortiz, y aquel día en presencia del rey, del obispo de Zaragoza se ofreció y entregó a don Pedro de Monteagudo maestre del Temple y a su orden [la villa de Ademuz].[2]
Vista parcial de El Cuervo (Teruel), desde las laderas del cerro de san Pedro (2012).

            El texto del cronista aragonés no menciona El Cuervo, pero es evidente que se conquistó en aquella jornada, al igual que Tormón, Alobras y Veguillas, pues la frontera de Aragón –in extremo sarracenorum- con el reino almohade de Valencia por occidente se hallaba en Tramacastiel, Libros y Riodeva, aldeas dependientes del vecino castillo de Villel, mientras que al oriente iba por Cascante y Valacloche, cayendo también en aquella expedición Camarena y Arcos (Teruel), Santa Cruz de Moya, Sertella (Cuenca) y otros lugares. A propósito de Sertella –Serrella, Serretilla o Serreilla- merece la pena hacer una anotación, pues se trataba de un lugar desconocido acerca de cuya ubicación geográfica se ha abierto una interesantísima polémica. Inicialmente, el investigador Niceto Hinarejos Ruiz lo había ubicado en Alcalá de la Vega (Cuenca).[3] Sin embargo, en una reciente conferencia a la que asistí -que tuvo lugar el 15 de agosto, en la iglesia de Santa María de Moya-, organizada por Régulo Algarra Hernández y patrocinada por la asociación “Amigos de Moya”, el investigador Guillermo de León Virtudes, basándose en estudios documentales y geográficos, propuso la hipótesis de que dicho lugar se hallaba en término de Santa Cruz de Moya, en un cerrito sobre la zona denominada Casas Quemadas, uno de los núcleos de los Rentos de Orchova.[4] Con todo, la polémica parece no estar cerrada...[5]

            Existe otro interesante documento, de fecha inmediata a la conquista cristiana de estos lugares -datado en Lérida a 20 de octubre de 1210-, mediante el que el rey Pedro II permuta con el Temple la mitad de lo que él tenía el Ascó (Tarragona), a cambio de la quinta que los templarios tenían en Ademuz, Castielfabib, El Cuervo y Serrella, diciendo:
  • [...] En el intercambio, es claro que vosotros debáis tener y recibir sin cuestión alguna no sólo el cambio de aquella quinta parte que en Ademuz, Castiel Fabib, Cuervo y Serrella y sus términos (arrebatados recientemente a los sarracenos, gracias a Dios, por Nos, el Rey) a partir de la donación de mi abuelo Ramón Berenguer IV de feliz recuerdo, Conde de Barcelona, sino también confirmación de mi padre Alfonso II, de feliz memoria y por la nuestra, para que permanezcan siempre firmes y seguras [...][6]

            En la misma línea documental, no podemos obviar otro registro crucial –datado en Agreda a 11 de abril de 1211-, esto es, al año siguiente de la conquista, mediante el que el rey aragonés hace entrega al arzobispo de Toledo –don Rodrigo Ximénez de Rada- de las iglesias de Serrella, et de lo Corvo et de Pinna de Jahya cum mezquitis et decimus et primitiis et oblationibus..., para que las entregue al obispo de Albarracín, y levante allí iglesias.[7]

            Respecto a las iglesias locales, para comprender su evolución inicial, conviene recapitular un tanto, remontándonos al momento en que don Cerebruno, arzobispo de Toledo, cambió el título de la diócesis de Albarracín, que de “Arcabricensis” pasó a denominarse “Segobricensis”, acontecimiento que tuvo lugar en Toledo –a 1 de marzo de 1176-.[8] Posteriormente, el primer obispo de Albarracín, don Martín, instituyó e inauguró la catedral de San Salvador, dictando sus constituciones al cabildo, acontecimiento que tuvo lugar en Albarracín –a 16 de agosto de 1200-.[9]
Pocos años después, tras la conquista cristiana de nuestros lugares, se produjo el ordenamiento de la Iglesia de Segorbe decretado por el arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada, acontecimiento que tuvo lugar en Brihuega (Guadalajara) –a 30 de octubre de 1232-.[10] Dicho documento resulta capital para la historiografía local, pues, entre otras cosas, demuestra la antigüedad de las parroquias originarias, nacidas tras la conquista cristiana de la zona. En un párrafo del registro puede leerse:
  • De ecclesiis post ordinationem praedictam noviter acquisitis, videlicet de Formón, Corvo, Castiel, Ademuz, Ballanca et Sancta Crux, et de ecclesiis in posterum, dante domino acquirendis, vel noviter populandis, sic providimus, ut canonici tertiam parten decimarum pontificalium percipiant integre[11]
Vista parcial de El Cuervo (Teruel), desde las laderas del cerro de san Pedro, con detalle del recinto del cementerio en primer plano (2012).

            Para comprender el significado del texto precedente hay que saber que, según las antiguas constituciones de don Martín (1200), de los nuevos lugares conquistados, al cabildo le correspondían la mitad de los diezmos, lo cual le parecía al obispo demasiado. Al no lograr acuerdo sobre el reparto en las nuevas iglesias conquistadas, el obispo y cabildo de Albarracín acudieron al arzobispo de Toledo, del cual dependían. El arzobispo –don Rodrigo Ximénez de Rada- convocó a ambas partes en Brihuega, con el objeto de concertarles. En aquella reunión se dictaminó que de las iglesias conquistadas -Tormón, El Cuervo, Castielfabib, Ademuz, Vallanca y Santa Cruz-, y de las que se conquistasen a posteriori, el cabildo recibiría sólo el tercio de los diezmos: ut canonici tertiam parten decimarum... El cabildo no se conformó, siendo sometida la cuestión a un nuevo arbitraje, presidido ahora por el obispo de Cuenca. Tampoco esta vez llegaron a ningún acuerdo, protestando en esta ocasión el cabildo. Finalmente, ante las desazones que propiciaba el desacuerdo, el obispo quiso llevar el asunto a Valencia, pero el cabildo, diplomáticamente, temiendo una suerte adversa en el pleito, reservó su derecho y se avino a una concordia, la cual fue firmada por las partes en Albarracín –a 4 de agosto de 1337-.[12]
            Con todo lo anterior sólo pretendemos demostrar historiográficamente la antigüedad de nuestros lugares y sus parroquias, cuya historia es tan extensa y compleja como apasionante.


Fachada anterior (meridional) de la ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), año 2012.
Fachada posterior (septentrional) de la ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), año 2012.


            El Cuervo a mediados del siglo XIX (1847).
            A finales de la primera mitad del Ochocientos, cuando escribe Pascual Madoz (1847), El Cuervo -al que identifica con Fuentes Claras-, es una villa con Ayuntamiento propio, sito en la provincia de Teruel, de cuya capital dista 6 leguas, perteneciente al partido judicial y con administración de rentas en la diócesis de Albarracín, de la que dista otras 6 leguas. La Audiencia Territorial y Capitanía General se hallan en Zaragoza, de la que dista 26 leguas:
  • <SIT. entre dos montes escabrosos, con CLIMA sano y templado. Tiene 60 CASAS, la municipal, cárcel, escuela de primera educación concurrida por 25 alumnos y dotada con 600 rs., é igl., parr. (Ntra. Sra., de la Asunción) que tiene por aneja la de Veguillas: en el interior de la pobl., hay una ermita (San Roque) y otra fuera (San Pedro). Confina el TÉRM., por N., con el de Torman (sic); E., Tramacastiel; S., Castiel, y O., con Alobras. El TERRENO está dividido en monte y regadío que baña el r. Ebran (sic) naciente en la sierra de Albarracín. Sus montes son todo el térm., y estan poblados de pinos y arbustos: sus CAMINOS son locales: recibe el CORREO de Teruel por peatón. PROD.: trigo, morcacho, avena, maiz, alubias, nueces y frutas; cria ganado lanar, caza de liebres, conejos y perdices; pesca de truchas. IND.: algunos tejedores de lienzo y paño, un molino harinero, un batán y un tinte en mediano estado. COMERCIO: exportación de los efectos indicados é importación de las primeras materias. POBL.: 99 vec., 405 alm., CAP. IMP.: 38,686 rs. El PRESUPUESTO MUNICIPAL asciende á 4,717 rs., que se cubren 2,865 de las fincas de propios y lo restante por reparto vecinal>.[13]
Fachada de los pies (occidental) de la ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), con detalle de los machones o contrafuertes (2012).
 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle del alero, basado en tejas sobrepuestas con dibujo triangular en la canal, y restos del revoco exterior (2012).

            La ermita de san Pedro.
            Según vemos por Madoz, el municipio de El Cuervo tuvo dos ermitas: San Roque, situada en el Trascastillo, hoy desaparecida y San Pedro, ubicada en el cerro de su nombre, que se halla en trance de desaparecer. El objetivo del presente artículo es describir el edificio, para que quede alguna constancia de su actual estado, antes que se desvanezca definitivamente.
            Para visitar el ruinoso ermitorio partiremos de la Placeta, espacio abierto junto a la fachada septentrional del templo –Nuestra Señora de la Asunción- sombreado por un centenario olmo (Ulmus carpinifolia). Continuaremos por la calle Liriazo arriba, hasta llegar a la calle Eras, vía que conduce a las antiguas eras y pajares del lugar. La calle está cementada, con predominio de casas en la margen izquierda. Al llegar a la parte alta de la calleja deberemos buscar un paso entre pajares, que lleva a la ladera del cerro donde se halla la ermita que venimos buscando.
            Conforme ascendemos por la pendiente, caminando primero por el lado de una pedregosa finca de almendros y luego por entre resecas matas de romero, nos daremos cuenta enseguida de que nos hallamos en un lugar excepcional –no sé si mágico, pero sí muy especial-: la panorámica que se observa desde este punto ya justificaría, por sí sola, nuestra visita. El caminejo que venimos siguiendo lleva a una era, que posee un par de pajares arruinados. Vale la pena detenerse un momento en el borde del terraplén que forma la explanada para contemplar el panorama que se ofrece a nuestra vista –singularmente en dirección meridional-: en primer plano, a nuestros pies, queda la propia ladera del monte y el cementerio, arrinconado entre casas y huertas; la ausencia de cipreses en su interior y las altas tapias que lo circundan hace que pase desapercibido. En un plano medio se halla el caserío, centrado por la iglesia y su singular torre-campanario (siglo (XVI-XVII), con la eminencia del Castillo a la izquierda (levante). El conjunto del caserío y el cerro donde asentaba la antigua fortificación queda a su vez enmarcado por un círculo de montañas, que se abren hacia el sureste, dejando a la vista la parte umbría del caserío de Castielfabib y su fabulosa iglesia-fortaleza. El horizonte lejano lo cierra  la sierra de Tortajada, que forma las estribaciones más bajas de Javalambre. Resulta difícil sustraerse a la contemplación de tan espléndido panorama –en especial, a la hora del atardecer-, comprendiendo a la vez que la ubicación de la ermita de san Pedro, unos metros por encima y detrás de donde nos encontramos, no se construyó allí por casualidad…

 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle del arco de la entrada (2012).

 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle del interior, cobertura y presbiterio (2012).

 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle del altar de obra adosado con retablo neoclásico (2012).

            Desandamos unos pasos y dejamos la era, para volver al caminejo que nos conducirá al lugar del antiguo ermitorio, que corona el cerrillo... Se trata de  un edificio en estado ruinoso, cuya fábrica es de planta alargada, orientado al estilo antiguo –este (cabecera), oeste (pies)-, con paredes de mampostería y cobertura de teja árabe a dos aguas. Posee una sola entrada, abierta en la fachada meridional y descentrada hacia los pies, formada por un arco de medio punto labrado en piedra tosca, el mismo material que forma las cantoneras. Si circundamos el edificio observaremos que, además de la puerta, posee dos aberturas a modo de ventanas, una a la cabecera, en la misma fachada meridional y otra en fachada de poniente, justo bajo el hastial, con la característica de ser ésta una simple abertura longitudinal, tipo arpillera. En ciertos momentos del año, los rayos del sol poniente enfocan directamente sobre la hornacina del altar... Todavía en el exterior, podemos observar otros elementos, como dos machones o contrafuertes parcialmente desmochados que tiene en la fachada de poniente, uno en el centro, línea del hastial, que llega hasta la rendija de la ventana, y otro más grueso y bajo en la cantonera suroeste. Asimismo, merece destacarse el alero, basado en dos hileras de tejas sobrepuestas, en cuya canal puede verse un dibujo vidriado triangular; y amplios rodales de yeso, restos del enlucido originario sobre la mampostería.
            El interior es sombrío, más iluminado por las aberturas que hay entre las tabicas del techo que por las ventanas y la entrada. El piso está lleno de excrementos de oveja, lo que demuestra que el lugar ha servido de encierro o paridera para el ganado. Observamos que en la parte anterior hay un montón de vigas viejas apiladas. En la parte posterior se observa un poyo corrido circundando la base de las paredes, que lucen restos de encalado y un dibujo con motivos geométricos y vegetales a la altura del zócalo, similar a otro que luce en la parte alta del muro. La cobertura se halla en mal estado, aunque todavía recuperable, basada en el sistema tradicional de las techumbres mudéjares aragonesas a dos aguas, tipo par hilera: formadas por pares de vigas que discurren sobre la vertiente y apoyan en una viga central superior, denominada hilera. Sobre los pares aún se conservan las tabicas, aunque se han perdido las de la parte más elevada, dejando ver a su través amplios rodales de cielo. Los pares o alfardas apoyan a su vez en los muros laterales, directamente sobre los estribos, que –desde la cabecera a los pies- aparecen cinchados por varios tirantes, soportando el empuje de la cubierta. El entramado o armadura expresa la sabiduría y solidez de la construcción, típica de las más sencillas techumbres a dos aguas, y que empezó a verse a partir del siglo XV.[14]

 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle del interior, cobertura y pies del templo (2012).

            En la cabecera del ermitorio todavía se conserva en regular estado el altar de obra, adosado, y un retablo neoclásico, basado en una hornacina central con cúpula de media naranja pintada de azul, enmarcada a su vez por dos pilastras simuladas –pintadas en ocre- a cada lado y en distinto plano; todo ello coronado por una estructura triangular, con restos de azulete en el frontis. En la misma pared del testero, lado de la epístola (derecha), sobre la cenefa azul del zócalo, hay una pequeña hornacina, con el hueco todavía pintado de azul.

 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle de la armadura, tipo par hilera con estribos y tirantes (2012).


            Evocaciones de una vecina.
            Para el trabajo de campo, subí varias veces hasta el cerro de la ermita, una de ellas en compañía de la señora Matea Casino Egido (El Cuervo, 1923), que se brindó a acompañarme. Cuando le pregunté qué podía decirme del lugar, me comentó:
  • <Recuerdo que de muchachas subíamos hasta la ermita, haciendo las cruces, y creo que también se subía en procesión, en la fiesta del santo. En la era de abajo trillaba mi familia, uno de los pajares era de una tía mía... Durante la guerra quemaron los santos de la iglesia y de las ermitas, y los soldados que había se metían donde podían, en las casas particulares, en los pajares y en las ermitas. Siendo mi hermano alcalde –se refiere a don José Casino Egido (El Cuervo, 1917-2011)-, el Ayuntamiento vendió la ermita a un particular, pero no sabría decirte los motivos de esta venta. Estos ladrillos que hay dentro –señala varias pilas de losas de barro cocido dispuestas sobre el poyo interior de la ermita- proceden de la iglesia; el mismo que compró la ermita, que era un anticuario de Madrid, casado con una señora de aquí, se quedó los ladrillos y repuso el piso de la iglesia con terrazo. Parece que quería enlosar la ermita con los ladrillos de la iglesia, pero ya ves, no ha hecho nada y la ermita se está cayendo... Por delante de la ermita –señala una fosa parcialmente cubierta de matas de romero, existente al otro lado del camino de subida- contaba mi padre -se refiere al señor Lorenzo Casino Alamán- que había sido cementerio, porque aparecían muchos restos humanos, quizá de cuando los carlistas...>

            La anciana informante posee escasos recuerdos vinculados a la ermita de san Pedro, cuando subían en Semana Santa hasta el lugar, haciendo las estaciones del Vía Crucis y por la onomástica del santo –que se celebra el 29 de junio-; pero no está segura de ello... También recuerda haber venido para la trilla, pues un pajar de la era donde nos hemos detenido durante la ascensión, para contemplar el paisaje, era de un familiar. Hace mención al desvalijamiento del templo y las ermitas durante la Guerra Civil (1936-39). Éste tuvo lugar el 15 de agosto de 1936:
  • "En esta población no ha habido ningún incendio, ni saqueos, solamente hubo destrucción de las imágenes y altares de la Iglesia Parroquial y Hermitas de San Pedro y San Roque, pero fueron las fuerzas rojas ignorando quienes fueran por ser milicianos desconocidos".[15]
  
Reconoce que la ermita de san Pedro fue vendida por el Ayuntamiento, siendo su hermano alcalde, pero desconoce los motivos, precedentes y circunstancias de aquella venta. Sabe con certeza, sin embargo, que las losas de barro cocido que hemos visto apiladas dentro de la ermita pertenecieron al piso del templo parroquial; parece que el adquiriente pretendía enlosar el recinto con estos ladrillos, y quizá restaurar todo el edificio. Menciona también la fosa común existente frente al inmueble, en la margen izquierda del camino por donde se asciende al ermitorio.


 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle de una cenefa con motivos geométricos y vegetales en tonos azules en la parte alta del muro, bajo el estribo (2012).
 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle de una cenefa con motivos geométricos y vegetales que conforma el zócalo (2012).

            A modo de epílogo.
            La villa de El Cuervo (Teruel) es un lugar muy antiguo, ya documentando en tiempos de los moros... Tras la conquista cristiana a principios del siglo XIII (1210), su mezquita (diezmos y primicias), junto con la de Serrella y Pinna de Jahya fue donada por el rey Pedro II de Aragón al arzobispo de Toledo, para que la entregara al obispo de Albarracín y éste levantara allí iglesias.
            La ermita de san Pedro ya la cita Madoz en su célebre Diccionario (1847), pero la estructura de su fábrica y la armadura de su techumbre denota ser más antigua, por lo menos del siglo XVIII. Asimismo, su específica ubicación, en la cima de un cerro que domina la población, indica su importancia para la villa, junto con la iglesia parroquial y la ermita de san Roque. La desaparición de la ermita del santo de Montpellier -de tan arraigada tradición en la zona-, y la venta de la de san Pedro –el principal de los apóstoles- denotan el estado de extenuación de las estructuras sociales, políticas y económicas que alcanzó la villa en cierto momento histórico; de lo contrario, la ermita no se hubiera vendido.

 La ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), detalle del poyo corrido que circunda la parte trasera del templo, con varias pilas de baldosas de barro cocido, correspondientes al antiguo piso del templo parroquial (2012).

            Con todo, desconocemos los motivos, razones y circunstancias que propiciaron la venta de la ermita de san Pedro a un particular, siendo como parece que era patrimonio municipal. De haber sido parroquial tal vez no hubiera podido venderse... ¿Acaso estaba la venta de la ermita condicionada a su rehabilitación? Lo que resulta incomprensible es el estado de desolación y abandono en que se halla el edificio. Cabría revisar las condiciones en que fue realizada aquella transacción, pues resulta intolerable que su dueño actual deje perder el edificio, cuando todavía podría salvarse. El Ayuntamiento de la villa debería tomar cartas en el asunto y, por todos los medios a su alcance, tratar de recuperar el lugar y rehabilitarlo, haciendo del ermitorio y de su entorno –sino un lugar de culto-, sí un punto de especial interés paisajístico. Porque un pueblo que abandona –descuida o desprecia- su patrimonio no logra más que vergüenza y oprobio... Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).



[1] GUAL CAMARENA, Miguel. Precedentes de la reconquista valenciana, en: Miscelánea de Estudios Medievales, 1961, vol. I, p. 204. SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Acerca de la conquista de Castielfabib: instrumento capital para la historiografía del Rincón de Ademuz, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 285-289.
[2] ZURITA, Jerónimo. Índice de las Gestas de los Reyes de Aragón desde el comienzo del reinado al año 1410, Edición preparada por Ángel Canellas López, Cronista Oficial de la Diputación Provincial de Zaragoza, Institución “Fernando el Católico” (CSIC), Zaragoza, 1984, p. 143.
[3] HINAREJOS, Niceto. La conquista del Rincón de Ademuz y el castillo de Serrella. Conferencia pronunciada el 3 de agosto de 1999 en el salón de actos de la Casa de Cultura de Ademuz, organizada por el Instituto Cultura y de Estudios del Rincón de Ademuz (ICERA), cuya reseña publicó la revista Ababol 20 (1999) 20-24.
[4] PEINADO, Pedro. En busca del castillo perdido de Serreilla, en: http://pedropeinado.wordpress.com/2012/08/25/cronicas-veraniegas-1-en-busca-del-castillo-perdido-de-serrella/, del sábado 25 de agosto de 2012.
[6] GUAL CAMARENA (1961), 167-246.
[7] ALMAGRO BASCH, Martín. Historia de Albarracín y su Sierra, rev. Teruel (1959) 72. Citado por TOMÁS LAGUIA, C. La desmembración de las iglesias de Albarracín y Segorbe, Teruel, 1965, p. 10, y Las iglesias de la diócesis de Albarracín, rev. Teruel 32 (1964) 33-34. Proceso de desmembración, A. Cat. Alb., leg. I, fol. 327.
[8] BLASCO AGUILAR, José. Historia y derecho en la catedral de Segorbe [Tesis Doctoral presentada en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid], Valencia, 1973, p. 45. Dicha obra posee una amplia y rica bibliografía, donde el interesado puede consultar y profundizar.
[9] Ibídem, p. 46.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem, p. 267.
[12] Ibídem, p. 269.
[13] MADOZ, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1847, tomo VII, p. 260.
[14] BARLÉS BÁGUENA, Elena. Techumbres mudéjares aragonesas, en: El mudéjar de Teruel, patrimonio de la humanidad, Instituto de Estudios Turolenses, Ayuntamiento de Teruel, Teruel, 1989, pp. 38-40.
[15] Archivo Histórico Nacional [AHN], FC-Causa General_1416, Exp. 48, p. 6.
Nuestra informante, la señora Matea Casino Egido (El Cuervo, 1923), junto con mi esposa, en la ermita de san Pedro en El Cuervo (Teruel), año 2012.


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