lunes, 17 de octubre de 2011

FLORES PARA MARÍA, LA VIRGEN DE TEJEDA.

 Crónica y testimonio de la ofrenda de flores 
a la "Virgen de Tejeda" en Garballa (Cuenca), 
a propósito del LIV Septenario de Tejeda.



"[...] da igual que la imagen porte cabellera o no la lleve, pues, 
aunque sería preferible seguir la costumbre, lo importante es el símbolo: 
María de Tejeda no es otra que María, la madre de Jesús de Nazaret y 
madre espiritual de los creyentes. Todo lo demás son zarandajas y ganas de fastidiar..."
-del contenido textual-.






El pasado miércoles -7 de septiembre de 2011-, víspera de la Virgen de Tejeda, estuve en Garaballa (Cuenca) con unos amigos, fuimos a ver la ofrenda de flores que las cofradías de los pueblos del entorno brindan a esta Virgen, “perla del Marquesado" de Moya. Este año la festividad tiene un significado especial, pues también se celebra el LIV Septenario de Tejeda, con la subida de la imagen a Moya (Cuenca), para celebrar el novenario.

Para ir desde el Rincón de Ademuz hasta Garaballa, el mejor trayecto es ir por Landete y desde aquí -pasando por la ermita de la Fuen María-, tomar después la dirección de Garaballa. La tarde era estupenda, en las choperas de los barrancos ya comenzaba a pintar el otoño, y el cielo mostraba un azul intenso iluminando los espesos pinares serranos. Durante el trayecto hablamos de los beneficios que nos ha traído la nueva carretera de Manzaneruela (Cuenca) a Torrebaja (Valencia), comunicando los pueblos del Rincón de Ademuz con los de Cuenca por esta vía, cuando antes era necesario bajar hasta Santa Cruz de Moya, atravesando las temibles “Emes”, o subiendo hasta Salvacañete por las empinadas cuestas de “El Hontanar”. Todos estos pueblos, tan próximos visualmente, quedaban enormemente lejos por la falta de buenas comunicaciones. Asimismo, hablamos de las semejanzas entre la Virgen de Tejeda y la Virgen de Santerón, pues ambas tienen similitudes en su hallazgo/aparición, en la vestimenta y la forma de venerarlas, incluido los célebres septenarios y su popular celebración.

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Vista parcial del monasterio de Tejeda en Garaballa (Cuenca), desde la entrada (2011).

Al llegar a Garaballa lo primero que llama la atención es el campanario del monasterio y el caserío anexo, que se distribuye meridionalmente entorno del mismo, ascendiendo por la vertiente de un cerrillo alomando. Aunque llegamos a buena hora, los campos que rodean el monasterio ya están invadidos por multitud de vehículos, hasta el punto de ser necesarias varias parejas de la Guardia Civil para dirigir el tráfico y ordenar los aparcamientos: nos envían a una zona arbolada frente al convento, donde ya hay varias docenas de vehículos estacionados sobre los rastrojos. Para ir desde el lugar del estacionamiento hasta el monasterio cabe pasar por una carretera que discurre frente a la fachada noroeste de los edificios conventuales: junto a éstos concurren unas fincas baldías, lo que me hizo recordar una simpática anécdota que contaba mi padre siendo yo niño, y que resulta del tenor siguiente:
  • Había un matrimonio muy pobre en la zona, tan pobre que sólo tenía una burra para laborar sus escasas tierras. El caso es que necesitaban otro animal, de ahí que pensaran en echar la burra al caballo, para ver de tener un muleto... Llevaron el animal a la remonta, y como tardara en preñarse cavilaron ofrecer a la Virgen de Tejeda el primer muleto que tuvieran, y los siguientes ya serían para ellos. Sea por lo que fuere, en el siguiente apareo la burra se preñó y nació un hermoso muleto... El animal crecía sano y fuerte, siempre corriendo de un lado para otro tras la burra, hasta que llegó el momento de ofrecerlo a la Virgen. El caso es que el animal era muy hermoso, y el matrimonio se encariñó con él, además de serles muy útil para las faenas del campo. De ahí que fuera el matrimonio a hablar con el prior, para dilucidar el dilema que se les planteaba: habían ofrecido el animal a la Virgen, pero no podían prescindir de él... Al prior, que había sido cocinero antes que fraile, enseguida se le ocurrió la solución: deberían traer muleto y burra a los huertos que había tras del convento, atarían a la burra en un punto y dejarían al mulo suelto, y si el animal entraba en el corral del convento significaba que la Virgen lo quería, y tendrían que conformarse. El matrimonio aceptó la proposición, haciendo lo acordado... A todo esto, el día iba avanzando, y a eso del medio día, cuando más calienta el sol y con más furia pican las moscas, un legó abrió una puerta del corral, de forma que el mulo, buscando algo de frescor se metió dentro..., y ¡zas!, el fraile cerró la puerta de golpe. El pobre matrimonio, que estaba allí esperando la decisión de la Virgen, se quedó pasmado, aunque aceptando tan soberana decisión, pero no sin antes exclamar: “¡Virgen de Tejeda, milagros haces, pero bien te los cobras...!
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Detalle de la banda de música que amenizó la ofrenda de flores a la Virgen de Tejeda en Garaballa (Cuenca), año 2011.

Conforme nos acercamos al lugar de la ofrenda el contexto de fiesta se va caldeando, con el gentío dirigiéndose hacia la plaza del templo y zonas adyacentes, que aparecen rodeadas de tenderetes de ropa, objetos de regalo, turrones, caramelos y chupadores, además de puestos de comida: de ahí que en el ambiente flotara un agradable aroma de embutido a la plancha, salchichas y choricillos que despertaba a los muertos. Grupos de gente ataviados con trajes populares portan preciosos ramos de flores, son los serranos y serranas de las distintas cofradías que van a la ofrenda. Las calles de la población y entorno del claustro están engalanados de banderitas, con colchas multicolores, paños o colgaduras luciendo insignias de la Virgen, y muchas banderas españolas ciñendo los balcones.

En la placeta del convento la gente va buscando su acomodo en las sillas dispuestas a ambos lados, dejando un pasillo central: al fondo hay un tablado con una estructura en la parte posterior, para colocar las flores de la ofrenda a modo de manto o tapiz vegetal. Entrando a la derecha hay un puesto librero, donde la asociación “Amigos de Moya” vende libros y folletos con la historia de la zona, títulos y autores que me son conocidos y queridos.[1] Actualmente la placeta está cementada y rodeada de setos, pero antaño era de tierra apisonada: se hallaba presidida por un crucero en piedra y en la margen del barranco lucían unos hermosos ejemplares de olmo, que yo ya conocí secos, cuyo tronco apenas podían abarcar cuatro hombres de buena braza. En otra época no lejana, cuando el tiempo estacional lo marcaba el santoral, este tipo de celebraciones, además del propiamente espiritual y religioso, tenía un significado social hoy en parte perdido: servía para que los familiares y amigos de los distintos pueblos, aldeas y rentos se vieran y saludaran, para difundir noticias y novedades, para cerrar tratos y concertar matrimonios...

Atravesamos la plaza y arribamos al convento, entrando en la iglesia para visitar a la Virgen, cuya imagen descansa sobre sus andas en un lado del crucero: la recuerdo de cuando vino como peregrina al Rincón de Ademuz.[2] Se trata de una imagen “de las de vestir”, con su pequeña carita morena no mayor que una nuez y aureolada de varias coronas. Lo primero es darle las gracias por poder estar allí, y hacerle cada cual sus peticiones, para después besar su medalla. Hay una larga cola de ancianos, mujeres y niños para rozar el medallón con los labios –aunque a los jóvenes parece que les da vergüenza aproximarse-: la iglesia está llena y se respira devoción. Mientras unos se acercan a la sala de las ofrendas, donde exvotos de todo tipo penden de las paredes, otros se sientan o arrodillan para rezar. 

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Detalle de la ofrenda de flores a la Virgen de Tejeda en Garaballa (Cuenca), año 2011.

Al salir encontramos muchos conocidos, singularmente de Ademuz y otros pueblos del Rincón. De pronto comienza a sonar una voz por los altavoces: es el cura del santuario, que pide hombres y mujeres, y “cuanto más hombres mejor” -lo que hace sonreír a muchos por el doble sentido de las palabras-, pues hace falta fuerza bruta para sacar la imagen a la placeta. Resulta que no hay hombres que se presten, pues son remisos a sacar la imagen sin su tradicional “peluca”... Los medios de comunicación, siempre ávidos de carnaza informativa, ya han publicitado el asunto, cuestión aprovechada por los enemigos de la Iglesia y de la religión para burlarse: da igual que la imagen porte cabellera o no la lleve, pues, aunque sería preferible seguir la costumbre, lo importante es el símbolo: María de Tejeda no es otra que María, la madre de Jesús de Nazaret y madre espiritual de los creyentes. Todo lo demás son zarandajas y ganas de fastidiar... Finalmente sale la imagen, portada a hombros y sobre sus andas, y es colocada junto al tablado. Comienza a sonar la música alegre de una banda, mientras el locutor anuncia el nombre de las cofradías que van entrando en la placeta y haciendo el oportuno comentario: precedidas por el estandarte, los serranos y serranas ataviados con trajes regionales traen flores para ofrendar a la Virgen, flores que van siendo dispuestas sobre una estructura metálica en forma de gran cortinaje vegetal.

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Detalle de las cofradías que ofrecieron flores a la Virgen de Tejeda en Garaballa (Cuenca), año 2011.

La ofrenda dura varias horas, pues son muchas las cofradías: la gente llena la plaza y calles adyacentes, todo es bullicio, alegría y colorido, mientras la pequeña Virgen de cara morenita parece sonreír complacida desde su pedestal... Mañana será la fiesta grande, onomástica de Tejeda y víspera del Septenario: la venerada imagen de la Virgen será portada a hombros y subida hasta Moya, donde la festejarán durante nueve días. De regreso al Rincón de Ademuz, hacemos un alto en la ermita de la Fuen María (Landete), para hacer una merienda-cena: se trata de un lugar arbolado precioso, con césped, agua, mesas, bancos y asadero. Cuando terminamos el ágape ya es de noche, aunque luce una hermosa luna llena iluminando el natural escenario. Vale.


 NOTAS:
[1] GÓMEZ, E y SÁEZ, T., Moya, su historia, sus hombres, sus tradiciones, Valencia, 2001. SÁNCHEZ CREMADES, J Mª., En la espesura de la Serranía, el misterio de Tejeda, Madrid, 2004. GÓMEZ, E y SÁEZ, T., Los Septenarios: Moya por Santa María, Valencia, 2004. Moya (Cuenca), tierra de frontera (1269-1375), historia y documentos, libro coordinado por Teodoro Sáez, en el que han participado Juan Pitarque, Niceto Hinarejos y Eusebio Gómez, Valencia, 2007.
 [2] SÁNCHEZ GARZÓN, A., La Virgen de Tejeda en el Rincón de Ademuz, en: sección Crónica de la revista Ababol 36 (2003) 33-35. ID., Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 163-164.


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Vista del prado que sirvió de aparcamiento, con detalle del monasterio de Garaballa (Cuenca) al fondo (2011).

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