miércoles, 15 de octubre de 2014

“LA CRUZ DE LOS TRES REINOS”, HISTORIA Y MITO EN EL PAISAJE (y II).


A propósito de la declaración de la Muela de los Tres Reinos como 
Paraje Natural Municipal.



            Superado el último tramo de la ladera, respiramos aliviados... En la parte superior de la cornisa de cabecera vemos una praderita de flores que me parecieron del género crocus, similares a las del azafrán (Crocus sativus); florecillas semejantes las encontraremos por distintas parte del sendero, emergiendo de la misma tierra. Antes de proseguir conviene detenerse un momento sobre el cornisamiento de la vaguada, para admirar el magnífico paisaje que se ofrece a nuestra contemplación: el vallejo y barranco por donde discurre la rambla, evidente por la hilera de chopos ya tocados por el otoño que la señalan, las laderas meridionales del cerro de La Muela del Royo y el caserío aldeano al fondo, éste en posición suroriental. El lugar donde nos encontramos responde a la misma interpretación geomorfológica que el barranco del Regajo y el del Recuenco, ya que les afectan idénticos fenómenos de karstificación (disolución de la roca por el agua) y gelivación (acción del hielo y deshielo sobre la roca). Por efecto del socavamiento de su base, grandes bloques de roca del borde del escarpe (tormos) se han desprendido sobre el barranco, produciendo un efecto singular.

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Detalle de flores similares a las del azafrán (Crocus sativus) en el paraje de la Fuente del Abrevador en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), camino de La Cruz de los Tres Reinos (2014).

            El camino continúa bajo el saliente del cerro, para internarse en el bosque, ya convertido sendero. Caminamos entre pinos (Pinus nigra y sylvestris), enebros (Juniperus communis), sabinas (J. thurifera) y variedad de quercus, quejigos y encinas. La dirección nos la marcan las franjas paralelas blancas y amarillas que hallamos pintadas sobre rocas, sobre los troncos de los árboles y en las mismas losas que jalonan el piso. De trecho en trecho vemos pequeños amontonamientos de piedras delimitando el paso, cual hitas y señales de dirección. El bosque parece cerrarse por momentos, mas enseguida se abre en grandes espacios abiertos de suelo desnudo. El silencio se ve interrumpido por la suave brisa sobre los árboles, por el vuelo rápido de alguna ave asustada a nuestro paso... Con la excepción de alguna avecilla y varias lagartijas, no vimos animales por la zona, quizá porque se esconden ante la presencia humana o por sus hábitos nocturnos; no obstante, evidenciamos rastro de su existencia en la tierra removida de la zona del Abrevador, huellas de pisadas, excrementos, ramaje tronchado y mordisqueado por la fauna cinegética, etc. En todo caso, se han catalogado varias especies vulnerables: alondra ricotí, sapillo pintojo meridional, y otras protegidas: rana común, sapo común, lagarto ocelado, culebra bastarda, alondra común, arrendajo, triguero, garduña, tejón, musgaño de Cabrera. En cierto punto el sendero da sobre un camino ancho, continuaremos por éste, yendo por la izquierda. Poco más adelante dejaremos el camino y retomaremos el sendero, tirando ahora por la derecha: las franjas blancas y amarillas que venimos siguiendo así nos lo indican. Con todo, el sendero no está perfectamente señalizado, bien podría invertirse algún dinero en regenerarlo, renovando las señales borradas por la intemperie y el paso del tiempo, y mejorando el piso.

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Detalle de los roquedos que coronan el paraje de la Fuente del Abrevador en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), camino de La Cruz de los Tres Reinos, con el caserío al fondo (2014).
 
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Detalle de los roquedos de cabecera en el paraje de la Fuente del Abrevador en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), a cuyos pies discurre el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos (2014).


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Detalle del abrupto paisaje, superada la Fuente del Abrevador en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), por donde discurre el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos (2014).
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Detalle del comienzo del sendero que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), superada la Fuente del Abrevador (2014).

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Detalle del sendero que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), superada la Fuente del Abrevador (2014).

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Detalle del sendero que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), superada la Fuente del Abrevador (2014).

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Detalle del paisaje que se observa desde el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre (2014).

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Detalle del paisaje que se observa desde el camino que lleva hasta La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre (2014).

            Pasamos junto al enorme ejemplar de pino laricio (Pinus nigra) y después frente a dos gemelos de la misma especie, para dar sobre una penillanura en declive norte-sur. Don Miguel de Unamuno vería aquí el cráneo desnudo de la tierra; porciones, franjas resecas de su calavera que en estas altitudes emergen descarnadas... Con menos imaginación, nosotros sólo distinguimos prosaicas rocas calizas redondeadas entre la vegetación o la tierra descubierta. El sendero prácticamente desaparece bajo nuestros pies, por lo que seguimos las señales en forma de palos o pequeños postes que de trecho en trecho nos indican el curso a seguir. Caminamos en dirección norte, por un canchal en suave pendiente… Junto a los pinos y enebros crecen los rosales silvestres plagados de escaramujos y variedad de plantas rastreras formando pequeñas manchas verdosas sobre el suelo. Abundan también los rabos de gato (Sideritis tragoriganum), variedad usada en medicina humana y veterinaria tradicional contra las heridas y mordeduras, y otras de pequeño tamaño que crecen al abrigo de las lajas erizadas que cubren la zona. Poco más arriba, en un calvero veremos un espacio de varios metros cuadrados, protegido por una tela metálica sujeta por postes de madera, se trata de una Microrreserva de Flora de la Generalidad Valenciana. Pero por la zona hay otras muchas plantas de interés: boca de dragón (Antirrhinum senpervirens), saxifraga (Saxifraga carpetana), variedad de tomillo (Thymus borgiae), ontina plateada (Artemisa lanata), etc. El terreno es yermo, pedregoso, escasamente productivo... Sobrepasado el espacio vallado arribaremos a la otra vertiente del cerro, desde donde ya puede verse la gran fosa tectónica de Calatayud-Teruel-Mira en el segmento que corresponde a esta zona –a nuestros pies se halla el caserío de Veguillas de la Sierra (Teruel), sito al fondo de la planicie que forma la vertiente septentrional del cerro de La Muela-: cabe recordar que nos hallamos en las ramificaciones meridionales del gran Sistema Ibérico.

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Detalle de plantas rastreras en el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre (2014).


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Detalle de canchales en el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre (2014).

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Detalle de canchales en el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre (2014).

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Detalle de plantas rastreras y matas de rabo de gato (Sideritis tragoriganum) en el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre (2014).

            El camino hasta la cumbre continúa por la izquierda: pasamos junto a un apostadero de cazadores, teniendo ya a la vista el pilón geodésico del Instituto Geográfico Nacional y el poste con las paletas de señalización que coronan la cima: nos hallamos en La Cruz de los Tres Reinos, en el extremo noroccidental del Rincón de Ademuz, a 1.560 m de altitud. Una placa metálica en la cara anterior del citado pilón nos advierte que se trata de un "vértice geodésico", esto es, un punto que sirve para localizar una posición geográfica exacta mediante el sitema de triangulación: hay tres categorías de vértices, llamados grados, según la longitud de sus lados. Me llama la atención que en la placa ponga "La destrucción de esta señal está penada por la ley". Razón por la que me pregunto, ¿acaso habrá alguien que se atreva a destrozar o dañar estas señales? Debe ser que sí, ya que se advierte. Ello me recuerda unos cartelitos que había en los tranvías de mi infancia en Barcelona, donde se indicaba: "Prohibido blasfemar y decir palabras soeces", y "Prohibido escupir por la ventañilla", porque había quien blafemaba, decía palabras malsonantes o escupía. Parece que el comportamiento incívico o antisocial está en la naturaleza humana -al menos hasta alcanzar cierto grado de educación-: hasta ese momento hay personas que sólo responden al palo o la amenza de sanción. Propiamente, el visitante puede llevarse una decepción, ya que como mínimo espera encontrar una hermosa cruz de término en el lugar. En Geografía General del Reino de Valencia (1924), el historiador y político valenciano, José Martínez Aloy (1855-1924), anota:
  • <Un desengaño nos aguarda en este apartado lugar, que es el fin de la segunda jornada, aquí estuvo según Cabanilles, la cruz de los Tres Reinos, que dio nombre, aún vigente a la montaña y su abrupta partida, pero hoy ha desaparecido el monumento terminal, y algunas piedras toscas, de cualquier manera amontonadas, constituyen la única indicación visible del trifinio. Un pequeño cuadrilátero, señalado con tinta negra, atestigua el paso de los ingenieros por aquel apartado lugar, que solo, y de tarde en tarde, visitan los pastores y algún ferviente secuaz de Diana. Cuentan aquellos, con la mayor buena fe del mundo, que allí, sentados a una sola mesa, comían antaño los tres monarcas sin salir de sus respectivos territorios>[1]
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Pilón -Punto Geodesico del Instituto Geográfico Nacional- que corona la cima de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), 2014.
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Detalle de la placa del Vértice Geodésico del Instituto Geográfico Nacional de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), en la que se advierte: "La destrucción de esta señal está penada por la ley" (2014).

            A la hora de definir los límites del Rincón de Ademuz, Antonio J. Cavanilles (1745-1804) nombra a la aldea del Royo, escribiendo:
  • <El reyno de Aragón desde este segundo punto hasta la rambla de Riodeva forma los límites orientales del Rincón (de Ademuz); continúalos aquella hasta que entra en el Turia; empieza de nuevo á hacerlos Aragón desde la derecha del Turia, y formando allí un arco sigue de oriente á poniente por la parte septentrional del Rincón de Ademuz hasta llegar casi á la altura del Rayo (sic). No léjos de esta aldea (Arroyo Cerezo) está el tercer punto y mojón divisorio de los tres reynos, tocándose allí Valencia, Aragón y Castilla>[2]

            Propiamente, no he encontrado referencias a “la cruz de los Tres Reinos” en las Observaciones de Cavanilles (Madrid, 1797); pienso por ello que la cita de Martínez Aloy aludiendo a la cruz que cita el botánico debe hallarse en otro texto. Llegados a este punto merece la pena disfrutar del pintoresco paisaje que se ofrece a nuestra contemplación, examinando con detenimiento el panorama en el sentido de los cuatro puntos cardinales. Hacia el norte, noroeste se distingue el inconfundible contorno de naveta invertida del cerro Jabalón (1.692 m), la altura más prominente de esta parte, que en nuestra perspectiva todavía conserva su peculiar forma. Hacia el sur, la sucesión de montes poblados de densos pinares, con la serranía de Santerón y su pico el Talayón (1.602 m) cerrando el horizonte. Hacia el levante, se observa la sucesión de montes, cerros y lomas en declive hasta la depresión del Turia y las vertientes occidentales de la sierra de Javalambre, con el pico Javalambre (2.020 m) en posición nororiental y el Alto de las Barracas (1.836 m), en situación sureste. La perspectiva oriental resulta ser la más amplia y despejada, con el caserío de Veguillas de la Sierra en la planicie. Hacia poniente, el horizonte se aleja en una sucesión ininterrumpida de montículos densamente arbolados, conformando la serranía de Cuenca, entre la sierra de Albarracín (noroeste) y Cañete (suroeste). El quebrado paisaje cambia, no obstante, a cada momento, según la evolución de las nubes y la posición solar, cuyos rayos iluminan y sombrean sucesivamente cerros, laderas y vaguadas, en amena sinfonía de formas y colores. No se cansa uno de mirar y mirar, intentando adivinar la posición de las poblaciones conocidas en la inmensidad del panorama, mar de cerros, lomas y alcores; montes primitivos bajo cielos oceánicos, cuyo oleaje se percibe en el silbo del viento brizando las punzantes agujas de los pinos; antiquísimo y pétreo paisaje, mineral, antediluviano.

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Detalle del paisaje que se observa desde el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre, con el caserío de Veguillas de la Sierra (Teruel), al fondo (2014).

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Detalle del paisaje que se observa desde el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), cerca ya de la cumbre, con el caserío de Veguillas de la Sierra (Teruel), al fondo (2014).
 
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Detalle del poste y paletas de dirección y altitud en la cima de La Cruz de los Tres Reinos (1.560 m) en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), orientación noroeste (2014).

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Detalle de apostadero de cazadores en las proximidades de la cumbre de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), con el pico Jabalón (1.692 m) al fondo (2014).

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Detalle del paisaje que se observa desde las proximidades de la cumbre de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), orientación noreste (2014).

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Detalle del paisaje que se observa desde la cumbre de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), orientación levante (2014).
Detalle del paisaje que se observa desde la cumbre de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), orientación noroeste (2014).

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Detalle del paisaje que se observa desde la cumbre de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), orientación noroeste (2014).
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Detalle del paisaje que se observa desde la cumbre de La Cruz de los Tres Reinos en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), orientación poniente (2014).


            El camino de regreso, vía La Muela del Royo.
          El camino de regreso a Arroyo Cerezo bien puede ser el mismo que hemos utilizado en la sabida, pero en dirección inversa… Existen, sin embargo, caminos alternativos. Uno de ellos podría ser buscando la pista de Veguillas de la Sierra, vía El Saz, del que dijimos. Sin embargo, si hemos partido del Royo, éste no es el más aconsejable, pues luego deberíamos volver a Arroyo Cerezo por la carretera, vía el barranco del Recuenco. Todo dependerá de las ganas de caminar que tenga cada uno, y del medio utilizado. Por ello aconsejo seguir el trayecto por la cornisa de La Muela, circundándola de norte a sur, hasta arribar a la Fuente del Abrevador, lugar por donde hemos pasado en la subida. Y desde la fuente, bajar por la rambla hasta el Royo…
           Para nuestro propósito, buscaremos el camino de Veguillas, cuyo trazado veremos al pie del cerro de La Cruz de los Tres Reinos, el cual se interna en la pinada en dirección oriental. No hay más que seguir el camino y cuando éste comienza a descender por la ladera septentrional de La Muela, dejarlo y continuar monte a través, hasta llegar al escarpe de la cornisa. Conforme nos acercamos al borde veremos ampliarse nuestro horizonte hasta donde la vista se pierde, quedando a nuestros pies un sotillo de chopos maderables, la cuadrícula de las fincas de labor del Campo del Royo y la ininterrumpida sucesión de montes, cerros y collados, que descienden escalonadamente hasta el valle del Turia, para volver a subir por las laderas occidentales de Javalambre, hasta cerrar el horizonte al levante.

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Vista del Campo del Royo desde la cima de La Muela del Royo en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), con detalle de los campos de cultivo, dirección nororiental (2004).

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Vista del Campo del Royo desde la cima de La Muela del Royo en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), con detalle de los campos de cultivo, dirección levante (2004).
 
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Vista del Campo del Royo desde la cima de La Muela del Royo en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), con detalle de los campos de cultivo, dirección suroriental (2004).
            La cima de La Muela del Royo constituye una planicie irregular, similar a la que vimos en el barranco del Recuenco y el Mirador de la Fuente del Abrevador, hasta el punto de poder aplicar a su paisaje la misma interpretación geomorfológica, basada en fenómenos karsticos, gelivación y desprendimiento de los bloques pétreos por socavamiento de su base. Sobre el cantil hay grandes bloques de piedra a punto de desprenderse: pueden tardar días, años, siglos en caer, tienen todo el tiempo para hacerlo, pero caerán… Otros ya se han desprendido, quedando en posiciones inverosímiles. Las raíces de las añosas encinas y sabinas que crecen por la cornisa colaboran en el desprendimiento, introduciendo sus rugosas raíces entre las grietas de las rocas, cual si de una gelifracción vegetal se tratara. En cierta ocasión estuve en la vertiente septentrional del cerro de La Muela, subiendo por la zona de El Saz. La cornisa del cerro ha sufrido los mismos fenómenos físico-químicos descritos, hasta el punto de formar una cantera natural: ello fue aprovechado por los de Veguillas para construir su iglesia parroquial Santísima Trinidad –erigida en el primer cuarto de siglo XVIII-: La piedra la labraban al pie de la cantera, todavía quedan allí bloques a medio tallar; después la transportaban hasta el pueblo mediante una variedad de aparvadera que aquí llaman barrastra


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Vista de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), desde la cima del cerro de La Muela del Royo, dirección suroriental (2004).

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Vista de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), desde la cima del cerro de La Muela del Royo, dirección suroriental (2004).
            Desde el alto de La Muela del Royo es paisaje resulta espectacular, admirable, glorioso..., en la medida que los parajes terrenales pueden serlo. No basta un adjetivo para calificarlo, se necesitan varios para aproximarse siquiera a lo que pueda ser, a las emociones que pueda suscitar, a la sutil belleza de su armónico colorido, en el que dominan las manchas térreas de los labrantíos sobre el fondo verdioscuro de los cerros más lejanos, bajo el azul pálido de la bóveda celeste. Se dice que "somos lo que comemos, lo que leemos y lo que pensamos"; por el mismo argumento deberíamos ser también lo que vemos y lo que sentimos. No debe extrañarnos, pues, que la gente del campo posea una mentalidad y una visión del mundo distinta de los moradores de las ciudades, en las que predomina un permanente murmullo sordo, cuando no el ruido declarado, las luces multicolores intermitentes, el cemento y el asfalto. Pero no son sólo esas las diferencias entre la ruralidad y la civilidad, está también la diferente valoración del tiempo y el espacio, las relaciones personales y vecinales, y de las personas con el entorno, etc. Las imágenes que conservo del Campo del Royo corresponden al verano de hace unos años, con los campos recién segados, dibujando rectángulos tendidos sobre la línea brumosa del horizonte. Los rastrojales circundados de fincas en barbecho, a su vez rodeados de cerros y barrancos, entre los que destaca el del Recuenco, con sus peculiares vertientes y canchales. Por el contrario del homo sapiens, para el predominante homo videns de la sociedad actual resulta evidente que "una imagen vale más que mil palabras", pero ante espectáculos naturales como éste en el que nos encontramos habremos de reconocer la certeza de lo que escribe Aurelio Arteta en Tantos tontos tópicos (Barcelona, 2012), "que no hay imagen que valga sin palabras que le acompañen", porque "la imagen no dice o enseña nada sin la palabra que la ilustre, la enmarque en sus categorías teóricas y la explique". Lo cierto, sin embargo, es que palabras escritas e imágenes visuales se complementan -el problema se produce cuando unas predominan sobre las otras-, ya que las palabras escritas estimulan el intelecto y tienden a la objetividad y la comprobación, en tanto las imágenes estimulan los sentidos y tienden a la subjetividad y la interpretación; la conjunción de ambas formas de expresión -palabras fijadas (objetividad), imágenes visuales (subjetividad)- constituye la esencia de la humana percepción del mundo y su particular representación.

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Vista de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), desde la cima del cerro de La Muela del Royo, dirección suroriental (2004).

Más allá del Recuenco se divisa el cerro de La Morrita, dominando la planicie de La Nava. Los pobladores iberos del despoblado de La Morrita (siglo VII-IV a.C), algunos de cuyos restos fueron descubiertos en las necrópolis de Los Corrales y La Umbría vieron con sus celtíberos ojos este mismo paisaje, con pocas variantes. Ellos percibirían quizá los montes más poblados, sin los labrantíos, pero la silueta de los cerros y altozanos, su forma y colorido sería similar, por no decir la misma que tras tantos siglos podemos ver hoy nosotros, hispanos pobladores de este mismo paisaje. No sabría decir por qué, pero ante tan impresionante espectáculo me viene a la memoria aquella célebre frase de Marco Tulio Cicerón (106 a.C-46 d.C): Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis... "La historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera del pasado". Es probable que la frase resulte pedante, y tal vez lo sea; pero no me negarán que resulta eficaz para solemnizar el momento. Aunque la Historia ya no es lo que fue... Carlos Marx (1818-1883) dejó escrito: Hasta ahora los filósofos han considerado el mundo, lo que deben hacer en lo sucesivo es transformarlo. A propósito, escribe Ratzinguer: "Con ello la tarea de la filosofía se redefine una vez más de raíz. Traducida al lenguaje de la filosofía, esta máxima quiere decir que el verum quia factum -cognoscible y grávido de verdad es lo que el ser humano ha hecho hasta ahora (la Historia) y puede considerar- es reemplazado por el nuevo programa: verum quia faciendum, o sea, la verdad que importa en adelante es la factibilidad. Dicho de otra forma: la verdad con la que tiene que ver el hombre no es la verdad del ser ni tampoco, en último término, la de sus acciones ya realizadas (la Historia), sino la verdad de la transformación, la configuración del mundo, una verdad relacionada con el futuro y la acción".[3] Por lo demás, nuestro tiempo pasará, como pasó el de los lejanos pobladores iberos de estos parajes, y probablemente vendrán otros moradores detrás de nosotros, cuyo tiempo también acabará pasando. Porque la realidad del ser humano es vivir y pasar, dejando a nuestros legatarios lo mejor de nosotros, como así lo hicieron nuestros predecesores... ¡Al menos eso quisiéramos creer!


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Vista de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), desde la cima del cerro de La Muela del Royo, dirección suroriental (2004).
Avanzamos por la cima de La Muela en dirección suroeste, sin dejar de admirar el grandioso espectáculo... Desde los roquedos de la cornisa que circundan el cerro, en el extremo meridional de la planicie vemos los distintos núcleos de Arroyo Cerezo, cuyo caserío se sitúa en la margen derecha del arroyo que da nombre al poblamiento, entre la vega y el secano. El curso del reguero sigue la orientación oeste-este, señalado por la frondosidad de los chopos que circundan sus riberas, en tanto su ramaje comienza a dorarse bajo el sol del atardecer otoñal. La armonía de colores es perfecta, cual si la paleta que coloreó este paisaje poseyera la experiencia del más sabio de los paisajistas. El caserío se recuesta plácidamente sobre las vertientes septentrionales de la loma frontera, cuyas cimas aparecen peladas de vegetación por la altitud y la infertilidad del terreno, en contraste con las profusamente pinadas del fondo. El núcleo inferior del Royo constituye propiamente el barrio de Abajo, un agrupamiento compacto de casas, en torno a la carreterita que proviene de la nacional de Cuenca-Teruel. Aquí se halla el antiguo edificio de las Escuelas Públicas construido en los finales años cincuenta, principios de los sesenta, hoy reconvertido en Consultorio Municipal donde pasan consulta médicos y enfermeras. De una parte, la carreterita continúa hacia el norte, en dirección a Veguillas, Alobras y Tormón, de otra prosigue hacia poniente para comunicar los demás barrios de la aldea. De esta parte nace también una pista de tierra en dirección meridional, que asciende por las laderas de La Loma. Decía que la carreterita prosigue su curso ascendente, comunicando el barrio de Abajo con el de Arriba, entre ambos queda el Cementerio Local, el menudo “huerto de la muerte” sembrado de cruces blancas que une ambos núcleos, anticipando el símbolo fúnebre que unifica, iguala y junta a los humanos. El barrio de Arriba se halla centrado por el añoso edificio de la iglesia parroquial, sito a la derecha de la calzada, frente a una somera placeta cementada. Del barrio de Arriba sale otro grupo de casas constituyendo el barrio de Arriba del Todo. Entre ambos núcleos nace el camino que lleva a La Cruz de los Tres Reinos, vía la Fuente del Abrevador. Mientras que del barrio de Arriba del Todo parte un camino en dirección suroccidental que comunica con la Hoya del Peral, término Salvacañete, ya en tierras de Cuenca.
No obstante su altitud y alejamiento, y contrariamente a los datos aportados por Philipp Hauser (1887), Arroyo Cerezo no se libró de la epidemia de cólera de 1885 que afectó a la Provincia, incluido el Rincón de Ademuz.[4] Y aunque su paisaje no ha sido escenario pródigo en acontecimientos históricos relevantes, hasta hace pocos años los más viejos del lugar todavía recordaban el trasiego de gentes, soldados y pertrechos por la aldea, pues Alobras y Tormón fueron zona de acantonamiento de la División 64 del XVIII Cuerpo de Ejército Republicano de Levante durante la batalla de Teruel (1937-38).[5]

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Vista de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), desde la cima del cerro de La Muela del Royo, dirección suroriental (2004).

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Vista del paraje de la Fuente del Abrevador en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), desde La Muela del Royo (2004).

           Avanzando por los cantiles del escarpe de La Muela del Royo en dirección meridional, suroccidental, arribamos a la zona de la Fuente del Abrevador, por donde discurre el camino que seguimos en la subida a los Tres Reinos. Desde aquí descubrimos una nueva perspectiva del vallejo y su circo de montañas, los antiguos corrales de ganado y la potente cornisa pétrea que la corona, incluyendo la captación de agua potable que sirve a la aldea.

            A modo de conclusión.
         La subida a La Cruz de los Tres Reinos es una de las excursiones más completas que podemos realizar en el Rincón de Ademuz, pues en ella se dan cita naturaleza y paisaje, historia y leyenda.
           De un improbable acontecer histórico medieval nos ha llegado una tradición, conforme tres reyes cristianos se sentaron en torno de una mesa, estando cada uno en su reino, y el hecho más factible del encuentro de don Fernando de Antequera (1380-1416) y su séquito con las tres embajadas (Aragón, Cataluña y Valencia), enviadas por las Cortes para felicitar al Trastámara por su elección como nuevo rey de Aragón (1414).
          Respecto del paisaje propiamente dicho, el visitante podrá disfrutar de una continuada lección de botánica y geología, descubriendo variedad de plantas y arbustos a lo largo del recorrido, y los fenómenos de disolución y rompimiento que afectan a roquedos y cornisas. Asimismo, gozará del estupendo panorama pétreo, mineral y antediluviano de la cumbre de los Tres Reinos, y del dilatado panorama del Campo del Royo que desde La Muela puede admirarse.
Asimismo, hemos de pensar que la reciente declaración por parte del Consell de la Generalidad Valenciana de “La Muela de los Tres Reinos” como Paraje Natural Municipal –con una extensión de 567,26 hectáreas, cuya administración y gestión corresponde al Ayuntamiento de Castielfabib-, redundará en una mejora inmediata y perdurable del espacio protegido.

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Camino de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), de vuelta de La Cruz de los Tres Reinos (2014).


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Paisaje aldeano en Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), con la iglesia parroquial de San Joaquín y Santa Bárbara al fondo (2014).
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Detalle de construcción típica de Arroyo Cerezo-Castielfabib (Valencia), 2014.

           En suma: cualquiera que arribe hasta el lugar de La Cruz de los Tres Reinos se sentirá quizá decepcionado por la ausencia de una cruz de termino, pieza que justifique el nombre del cerro trifinio. Es por ello que abogamos por la reposición de aquella “cruz de los Tres Reinos” de la que dice el ilustrado botánico valenciano, Antonio J Cavanilles (Martínez Aloy, 1924). Su renovación debiera ser un compromiso entre los municipios y provincias limítrofes, como muestra de respeto al patrimonio que nos legó la tradición, y de homenaje a su milenario paisaje. Para la elección del monumento de marras convendría hacer una convocatoria pública, corriendo su financiación al cargo de las Entidades municipales y provinciales ligadas al mojón -llegando incluso a la suscripción popular, si fuera necesario-. ¡Ahí queda la propuesta! Vale.




[1] Citado por Josep MONTESINOS I MARTÍNEZ en la presentación de El trifinio de los Tres Reinos, lugar de encuentro, libro que recoge los trabajos del I Simposio La Cruz de los Tres Reinos, Espacio y tiempo en un territorio de frontera (2008).
[2] CAVANILLES, Josep. Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, Madrid, 1997, vol. II, párrafo 97, página 71.
[3] RATZINGUER, Joseph. Fe y Ciencia. Un diálogo necesario, Presencia Teológica, Sal Terrae, Santander, 2011, pp. 85-86.
[4] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Estudio epidemiológico del cólera de 1885 en el Rincón de Ademuz, en Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 123-132.
[5] MARTÍNEZ BANDE, J.M. La batalla de Teruel, Editorial San Martín, S.L., Madrid, 1990, p. 48 y ss. Vid SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Refugios antiaéreos en Torrebaja y otras noticias de la Guerra Civil (1936-39), en Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2008, vol. II, p. 334.

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