miércoles, 3 de septiembre de 2014

“EL CASTILLO DE BARRACHINA” EN MOYA (CUENCA).

 Visita guiada a los Aguasales y cerro del Castillo de Barrachina, 
partida del término de Moya (Cuenca).



“Después del almuerzo iniciamos la subida al cerro del castillo por la ladera occidental...
No hay camino que valga, razón por la que emprendemos la ascensión
monte a través, zigzagueando por la ladera, sorteando aliagas y matas de romero”.


          Aunque hacía tiempo que tenía previsto ir al denominado “Castillo de Barrachina” en Moya (Cuenca), no fue hasta estos últimos días de verano que pude visitarlo. La excursión la hice en compañía de unos amigos -los señores César Muñoz Aguilar (Casasbajas, 1931) y su hermano Ambrosio (Casasbajas, 1939)-, nietos de Mariano Muñoz Blasco y Petra Blasco Luz, antiguos renteros de Barrachina. Ambos son naturales de esta localidad del Rincón de Ademuz (Valencia), y les conozco desde nuestra primera visita al rento, hace ya algunos años.[1]
            Quedamos junto a la fuente de la plaza mayor de Casasbajas –Rey don Jaime-, y a la hora prevista pasé a recogerles. La plaza del lugar es un amplio espacio rectangular que se abre en el centro del pueblo, frente a la fachada septentrional de la iglesia parroquial del Salvador. El lugar estaba prácticamente desierto, a excepción de un par de clientes sentados frente al bar “El Rulo” y algunas mujeres que acudían a recoger el pan que traen de fuera, pues ya no hay horno ni panadería en la población.
            El día estaba parcialmente cubierto, lo que era de agradecer después de los calores sufridos este verano. En estas primeras horas de la mañana se respira un aire de especial quietud en nuestros pueblos, ya de por sí tranquilos y silenciosos. Una suave brisa agitaba las hojas de los arbolitos en torno de la fuente, impregnando el aire de aroma de pan recién horneado... Mi amigo Ambrosio sale de la panadería con una cañada, quiere que almorcemos en el rento. Lleva también jamón serrano, tomates de su huerto y una botella de vino cosechero. Con esas vituallas, buen calzado, bastón y sombrero tomamos el camino del rento de Barrachina.

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Detalle de fachadas de viviendas en la plaza Rey don Jaime de Casasbajas (Valencia), 2014.

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Detalle del brocal y pilón de la fuente sita en la plaza Rey don Jaime de Casasbajas (Valencia), 2014.


            En busca del rento de Barrachina.
            Para ir a Barrachina desde Casasbajas (Valencia) cabe seguir dos caminos... El del interior, que sale de la población por los pajares, vía Los Aljezares –donde la cruz de don Ramón Fos Adelantado-,[2] y el de la carretera que lleva a Santa Cruz de Moya (Cuenca), siguiendo la ribera del Turia hasta el comienzo de “Las Emes”.[3] Elegimos el de la carretera, atravesamos los túneles por debajo del barranco del Rayuelo y rápidamente entramos en la comunidad de Castilla-La Mancha. Aunque hay muchas curvas por lo agreste del terreno, el firme de la carretera es bueno y el paisaje magnífico.
            Justo cuando la carretera comienza el ascenso que la convierte en “Las Emes”, antes de atravesar el puente de un profundo barranco, nace un camino a la derecha de la vía. Dicho camino es el que venimos buscando y que nos llevará hasta el rento de Barrachina. Al otro lado de la calzada hay una planicie al nivel de la ribera derecha del Turia, propiamente conocido como Rincón de la Madera, donde se acumulaban los troncos de los pinos para su recuento, antes de comenzar su viaje por el río hasta Valencia. En la margen izquierda del Turia la ribera se estrecha, mientras su ladera asciende rápida, densamente poblada de pinos, se trata de El Quemao, partida de monte que perteneció a la marquesa de Moya: Siendo yo niño –recuerda el señor César-, todos los meses venía el guardia forestal del marquesado a inspeccionar la zona; venía de Fuentelespino de Moya, hacía noche en el rento, en casa de los abuelos, luego pasaba hasta esta parte del Quemao...
            En el arranque del camino que conduce a Barrachina hay una placeta donde aparcamos el vehículo. El camino es más bien una trocha bordeada de aliagas, romeros, hinojos y espartos bordes (albardín), que discurre por la vertiente alta de un profundo barranco. En algunos puntos se han levantado grandes paredones, para ampliar la vía y contener el terraplén. Observamos también algunas cornicabras (Pistacia terebinthus), del género pistacia, cuyas hojas recuerdan las del algarrobo, arbustos de boj común (Buxus sempervirens), de hojillas rojizas por la sequía, tupidos tamariscos (Tamarix spp.). En la parte alta de la ladera frontera hay una oquedad con las paredes oscuras, que propiamente llaman la cueva Ahumada: Allí hacían sal, hirviendo el agua de los Aguasales... –comentan mis acompañantes-. Ellos nunca vieron hacer sal allí, pero es lo que siempre han oído. Los muros de la gruta aparecen oscuros, por el humo u otras razones.
            El camino por el que ascendemos es relativamente amplio, parece que en algún momento histórico fue usado incluso por carros, pero hoy se halla abandonado. Las piedras de la ladera caen sobre la vía y la maleza tiende a envolverlo todo. El barranco se halla seco, aunque en lo profundo del lecho crecen los carrizos, prueba que conserva algo de humedad: Nosotros siempre lo hemos conocido con agua, aunque fuera un hilillo... Poco más adelante llegamos a un punto donde el camino que venimos siguiendo toca la rambla, la cual se ensancha ampliando su cauce.

 
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Detalle de la carretera de Casasbajas (Valencia) a Santa Cruz de Moya (Cuenca), antigua CN-330, en cuya margen derecha (frente al Rincón de la Madera), nace el camino que lleva al rento de Barrachina en Moya (Cuenca), 2014.



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Detalle del comienzo del camino que lleva al rento de Barrachina en Moya (Cuenca), desde la antigua CN-330 (2014).


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Detalle de muros de piedra en el camino que lleva al rento de Barrachina en Moya (Cuenca), desde la antigua CN-330 (2014).

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Detalle de una planta de esparto o atocha (Stipa tenacissima), empleada para hacer pleita, en el camino del rento de Barrachina en Moya (Cuenca), 2014.


            Una visita a los Aguasales.
Dejamos el camino y nos desviamos hacia la izquierda, por una zona gredosa que se interna en otro barranquito de la parte opuesta. El cauce de esta ramblita aparece como cubierta de escarcha, por cuyo centro discurre un líquido de aspecto ferruginoso. Al acercarnos más observo que el agua es clara, lo oscuro es el cauce. A ambas márgenes el lecho aparece nevado. Pero no se trata de nieve, sino de sal...
            Poco más arriba observo una pequeña cascada, con gruesos chorretones níveos a modo de estalactitas. El somero nacimiento de la fuente salada es apenas perceptible, ya que nace bajo una roca. Por los alrededores se observan multitud de trozos de cerámica procedente de vasijas de barro, y restos de carboncillos y ceniza que emergen apenas rascas la superficie: Parece que la producción de sal estaba muy perseguida entonces, pero la gente hacía sal hirviendo el agua... Sí, la hacían por la noche, para que no los pillaran... Quizá venga de ahí la expresión ¡Vaya noche para hacer sal! -que empleaban los viejos-. Ello podría explicar la existencia de los tizones y la ceniza que los arrastres de tierra hacen emerger. Los fragmentos de cerámica, bases de cántaros, asas y otras piezas, podría explicarse porque la extracción de sal estaba vedada, quizá encontraron a alguien recogiendo agua y le rompieron las vasijas con las que se recogía o almacenaban el agua... –pero esto no es más que una hipótesis improvisada-.
            Propiamente, la zona es conocida como Los Aguasales -en razón de las fuentes saladas que hay-: La sal era para los animales, no para consumo humano... Mis acompañantes se criaron en el rento y de niños recorrían estas trochas con los animales -en especial el señor César-: Una o dos veces al mes traíamos aquí el rebaño, para que las ovejas y corderos tomaran la sal... Pascual Madoz (1806-1870), en su Diccionario (Madrid, 1846) ya dice de una "masada o caserío de Barrachina", ubicada "entre barrancos y montes cubiertos de pinos" a una legua al sur de Moya y poblada entonces por tres vecinos, mencionando la existencia en su término de "fuentes de agua salada que sirven para el surtido de los habitantes y abrevadero de los ganados".[4] Los animales del monte también buscan el salitre, particularmente los rumiantes. Además de con los animales, mis acompañantes venían también con su abuela Petra a coger agua con garrafas, luego en el rento la dejaban evaporar al sol... A las caballerías también se les ponía en el pesebre una piedra rojiza de sal que traían de una cantera de Santa Cruz de Moya (Cuenca), para que la lamieran...

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Barranco de Los Aguasales, Moya (Cuenca), 2014.

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Detalle de fuente salada en el barranco de Los Aguasales, Moya (Cuenca), 2014.

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Barranco de Los Aguasales, Moya (Cuenca), 2014.

            En la parte alta de la misma ladera donde nos encontramos hay un risco que sobresale del monte, le denominan La Peñarroya, en razón de que su parte central e inferior muestra este color: La peña servía como reloj, pues al mediodía se ilumina completamente... La sombra que hace conforme avanza el sol marca las siguientes horas del día... Entonces no hacía falta llevar reloj, además de que pocos tenían. Las pendientes de esta parte del monte aparecen hoy peladas, con sabinas dispersas y pinos, ya que al abandonarse los cultivos la naturaleza reclama lo suyo. En otro tiempo, sin embargo, fueron tierras de labor abancaladas, donde crecía el cereal y frondosos viñedos de viejas cepas, cuyas uvas sacaban un grado estimable de alcohol: A la hora de vendimiar las uvas se bajaban a lomos de animales, mediante banastos, hasta la carretera; de allí a Casasbajas iban  por la carretera, con carros...

            Atravesando de nuevo la rambla dejamos la zona de Los Aguasales y volvemos al camino que venimos siguiendo. En un extremo del cauce izquierdo hay una barraca de piedra en seco con la techumbre cubierta de tierra: La barraca la utilizaban para guarecerse en las tormentas, y para guardar el hato... La parte más elevada del cerro forma una cordillera rocosa llamada Los Ceñajos, cuya cresta cierra el horizonte hacia el suroeste... Algunos puntos oscuros en los roquedos delanteros señalan la existencia de cuevas, cuya boca se amplía conforme ascendemos. El camino muestra grandes rehoyos de tierra rojiza, resultado de las lluvias torrenciales. Este verano apenas ha llovido, los romeros y aliagares aparecen agostados, resecos, amarillentos. A ambos lados del camino y por toda la ladera aparecen arnachos, saladillos, ontinas blancas y otros arbustos muy apreciados por los ganados y conejos: La abundancia de estos arbustos indica que ya no hay animales que los pasten... Asimismo, el arnacho (Ononis tridentata) es un buen indicador de la existencia de yeso en el suelo, pues crece sobre este tipo de formación geológica, resultado de la evaporación del mar eoceno. Abundan también los árboles del tipo Juníperus, como los enebros de punzantes hojillas, cuyas nebrinas (gálbulos, propios de los enebros femeninos) dicen si se utilizan o utilizaban en la elaboración de la ginebra, y macerados en aguardiente sirven para fabricar un resolí llamado ratafía. También se ven algunas sabinas y espinos albares (majuelos), aunque dispersos...

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Detalle de arnacho (Ononis tridentata), arbusto leñoso muy abundante en la zona, que crece en suelos de yeso (2014).

            Por esta parte del camino abundan las piedras de espejillo, pues son tierras de aljez... En otro tiempo cuando las gentes tenían necesidad de obrar ellos mismos se hacían el yeso quemando estas piedras calizas. Para los hornos empleaban todo tipo de arbustos, aliagas y romeros, ya que la leña escaseaba. Para los hornos de pan cocer empleaban el mismo combustible, de ahí que los montes más cercanos a las poblaciones estuvieran prácticamente pelados...
            El primer camino lo hicieron los renteros y propietarios de fincas de la zona, más tarde los forestales trazaron otro, pero éste no llegó a utilizarse... El camino atraviesa una zona de arcillas muy oscuras, continuando después las vetas calcáreas y los yesares. Tras varios repechos se llega a una zona llana, desde donde ya puede verse el caserío de Barrachina y las zonas de cultivo. Las casas se hallan a la izquierda, sobre un somero altozano, parcialmente arruinadas. Por detrás del caserío el alcor se eleva en rápida pendiente, constituyendo el puntal Redondo. Las antiguas fincas de labor se explayan en suave declive hacia levante, buscando el cauce del Turia... Hacia el norte el vallejo lo cierran unos cerritos arcillosos aplanados, por cuya ladera discurre el camino que viene de Casasbajas. Cierta parte más rojiza del cerro es conocida como Los Atajillos, se trata de sendas secundarias que acortan el camino en dirección al rento: Cuando ensancharon el camino principal, en los desmontes encontraron restos humanos... Las sepulturas que los contenían estaban formadas por losas de piedra, a modo de féretros.

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Vista de Los Ceñajos, monte que cierra el horizonte por el suroeste, desde el camino que lleva al rento de Barrachina en Moya (Cuenca) -en la vertiente opuesta a dicho monte se hallaba el caserío y rento de Asturias, por donde pasó el célebre botánico valenciano, Antonio Josef Cavanilles Palop en 1792, camino de Vallanca, en el Rincón de Ademuz-  (2014).

En cierto punto del camino que venimos siguiendo, ya en la parte llana, afloran piedras de rodeno: En cierta ocasión el abuelo Mariano encontró en esta ladera una piedra rodena perfectamente labrada, de unos sesenta centímetros de diámetro y unos seis centímetros de grosos, perforada por el centro... Pensando que era un molino de mano la llevó a la casa y allí desapareció, debió llevárselo alguien... El presunto molino de mano, también llamado portátil, fue hallado en la ladera occidental del cerro del castillo. Decía que mis acompañantes han traído algo de comer, así que nos sentamos junto a una barraca parcialmente derruida para almorzar. Durante el ágape, mis acompañantes evocan recuerdos de su infancia en el rento:
  • <El abuelo Mariano Muñoz Blasco y la abuela Petra Aguilar Luz tuvieron diez hijos -cinco chicos y cinco chicas-: Ambrosio, que era nuestro padre, María (que casó con uno de la Balsa en Ademuz), Eduvigis, Esteban (que murió en guerra, durante la batalla del Ebro), Mario, Mariano, Felicidad, Basilia, Eugenio y Felisa, que todavía vive... Los hijos varones, después de la faena subían a Casasbajas para ir a la escuela nocturna con una maestra. Dormían en el pueblo y a la hora de almorzar ya estaban en el rento. Las chicas no iban, el abuelo decía que a las muchachas no les hacía falta ir a la escuela... Ellos sí, por eso aprendieron todos a leer y escribir, nuestro padre tenía una caligrafía muy maja. Los abuelos tenían aquí mucha hacienda, un cuarto o más de las tierras del rento eran suyas. Aquí se cultivaba de todo, igual que en la huerta de Casasbajas, frutales, hortalizas, cereales, etc. Las mejores tierras de secano eran para el trigo y la cebada, las más flojas para la avena y el centeno. También había mucha viña, el abuelo tenía un cubo en el rento... Contaban los abuelos que aquí habían estado los moros, y que cuando los expulsaron decían: ¡Barrachín, Barrachín, cuánto oro se queda en ti...!>.
Siguen diciendo:
  • <Yo me críe aquí en el rento con los abuelos –señala el señor César-, a los siete años ya iba con un tío nuestro a vigilar el ganado... Los residentes en el rento, aunque naturales de Casasbajas eran vecinos de Moya, y cuando tenían que votar en la República iban a Moya, y también para pagar los arbitrios. Después de la guerra hubo por aquí mucho trasiego de guardias civiles y maquis... Los guardias solían preguntar a los niños: ¿Habéis visto a los bandoleros? En cierta ocasión iba yo con el ganado, ya casi de noche, y me aparecieron cuatro parejas de civiles: Me preguntaron por la Hoya de Mora. Les dije que no conocía esa partida, pero sí una llamada Hoya el Moro. De la sierra de Santerón los maquis bajaban por esa parte, y cruzaban el río hacia Santa Cruz de Moya. En una cueva que hay por esa parte es donde se concentraban los maquis, allí fue donde cogieron o mataron a varios... En otra ocasión vinieron guardias de Ademuz y de Santa Cruz, con caballos y andando, y se juntaron aquí en el rento una veintena... Luego vino una pareja de guardias de Algarra, éstos venían andando con sus macutos y pasaban aquí la noche: Se guisaban ellos mismos y los abuelos les proporcionaban los medios... Después ya vinieron de Santa Cruz, hasta que la cosa de los maquis acabó y dejaron de venir...>

En relación con el maquis, se alude aquí a “Cerro Moreno”, lugar de Santa Cruz de Moya donde hubo un campamento de la Asociación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA): dicho campamento fue asaltado por la guardia civil, causando la muerte de varios guerrilleros –esto fue el 7 de noviembre de 1949-. En este campamento se integraron algunos vecinos, y actuaba como centro de enlace y soporte del maquis.[5]

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Los hermanos Muñoz Aguilar -César (izquierda) y Ambrosio (derecha)-, posando en el rento de Barrachina en Moya (Cuenca), con detalle del antiguo caserío, al fondo-izquierda (2014).
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Vista del rento de Barrachina en Moya (Cuenca), desde el camino que discurre por la base del "cerro del Castillo", con detalle del caserío al fondo (2014).
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Vista del rento de Barrachina en Moya (Cuenca), desde la cota media del "cerro del Castillo", con detalle de las zonas de cultivo y el antiguo caserío, al fondo-izquierda (2014).

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Vista del entorno del rento de Barrachina en Moya (Cuenca), con detalle del "Puntal Redondo" a la izquierda, y el caserío de Barrachina en la base del mismo, a la derecha (2014):


Subida al cerro del castillo de Barrachina.
Después del almuerzo iniciamos la subida al cerro del castillo por la ladera occidental... No hay camino que valga, razón por la que emprendemos la ascensión monte a través, zigzagueando por la ladera, sorteando aliagas y matas de romero. La pendiente es pronunciada, aunque con abancalamientos de trecho en trecho; el piso es de tierra y piedras sueltas, sirviéndonos de ayuda -y de impedimento- algunos roquedos que, cual muralla natural, hallamos en la parte alta de la vertiente. Conforme ascendemos el horizonte se amplía hacia poniente, descubriéndonos una nueva perspectiva del valle y de su entorno.
En cierto punto de la ascensión apreciamos piedras con restos de calicanto adheridos, lo que indica que debió haber algún tipo de construcción en esta parte. En el zigzagueo arribamos a la cima por la ladera noroccidental, en donde hay a modo de depresión en la falda. En el ángulo septentrional observamos los restos de una cimentación circular o redondeada, basados en mampostería de piedra local sin labrar o escasamente labrada, aparejada sin orden en los tamaños ni en las hiladas, tomada con argamasa de cal y canto de grano grueso. En el interior de un hipotético torreón a medio excavar encontramos una cesta terrera y una azada, lo que nos hace suponer que alguien ha estado buscando restos antiguos, hecho que se confirma por los trozos de cerámica variada (celtíbera e islámica/andalusí) que hay acumulados en un lado. No podemos más que lamentar este tipo de vandalismo arqueológico, pues para que una excavación sea productiva debe ser realizarla por especialistas, siguiendo los protocolos adecuados a cada caso y circunstancia.
La cima del montículo denominado “castillo de Barrachina” es una planicie irregular -de forma alargada, orientada de norte a sur- que debió poseer algún tipo de parapeto o muralla en todo o parte de su perímetro, torreones o estructuras similares. Pues en el extremo sureste hay también restos de edificaciones antiguas, del mismo estilo que las descritas. Dado el tipo de fábrica y la situación, es de pensar que el cerro pudo ser utilizado como atalaya desde la que vigilar y defender el paso del Turia, que discurre por la base oriental del altozano. En el interior del recinto fortificado hay también restos de construcciones muy perdidas, y varios socavones que pueden corresponder a prospecciones furtivas...
Nos hallamos en un punto estratégico del término de Moya... Hacia el norte se aprecia la antigua carretera nacional 330, la entrada del segundo túnel (según se baja) y el caserío de Casasbajas, pueblo valenciano del Rincón de Ademuz: una zona de frontera entre Aragón y Castilla desde época medieval. Hacia el sur se observa la misma carretera en la parte denominada Las Emes, que penosamente asciende por la ladera camino de Santa Cruz de Moya. Frontero por levante está el monte Quemado. Al poniente se halla el Puntal Redondo, el arruinado caserío del rento y los otrora ricos campos de cultivo. Hacia poniente, el horizonte lo cierran La Dehesilla y Los Ceñajos. En la vertiente opuesta de este último monte se hallaba el caserío y rento de Asturias, por donde pasó el sabio abate valenciano Antonio Josef Cavanilles (1745-1804) camino de Vallanca, vía el Pinar Llano -en 1792-: "Salí de este pueblo [Santa Cruz de Moya] por el barranco y camino de Asturias que guia para las tierras de Ademuz, y por tres quartos de hora subí la cuesta hasta llegar á las elevadas llanuras" -dice el ilustrado botánico en sus Observaciones (Madrid, 1797)-.[6]

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Vista septentrional del valle del Turia, desde el cerro del "Castillo de Barrachina", con detalle del segundo túnel de la antigua CN-330 y el caserío de Casasbajas (Valencia), al fondo (2014).

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Detalle de restos de cerámica variada (de cocción, preparación de alimentos, de mesa y otros tipos) dejados a la intemperie por algún vandálico "buscador de tesoros" en la cima septentrional del cerro del "Castillo de Barrachina" en Moya (Cuenca), 2014.
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Vista del rento de Barrachina en Moya (Cuenca), desde el "cerro del Castillo", con detalle de antiguas edificaciones en la zona septentrional, basadas en mampostería de piedra local sin labrar o escasamente labrada, aparejada sin orden en los tamaños ni en las hiladas, tomada con argamasa de cal y canto de grano grueso: los restos que se muestran en la foto corresponden a un torreón circular parcialmente excavado por los furtivos, sito en el extremo nororiental, de fábrica posterior al resto de la fortificación (2014).

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Vista del valle del Turia y carretera de "Las Emes" en Moya (Cuenca), desde el cerro del "Castillo de Barrachina", con detalle de antiguas edificaciones en la zona meridional, basadas en mampostería de piedra local sin labrar o escasamente labrada, aparejada sin orden en los tamaños ni en las hiladas, tomada con argamasa de cal y canto de grano grueso (2014).


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Vista del valle del Turia y carretera de "Las Emes" en Moya (Cuenca), desde el cerro del "Castillo de Barrachina", con detalle de escombros sobre la ladera, procedentes de las antiguas edificaciones (2014).


A modo de epílogo.
La excursión al “castillo de Barrachina” nos ha descubierto un lugar recóndito e inédito del término de Moya (Cuenca), muy vinculado al Rincón de Ademuz por Casasbajas (Valencia). Nos ha sorprendido el lugar de Los Aguasales y sus fuentes salitrosas, el conocimiento de ciertos arbustos y el siempre admirable paisaje de nuestra humilde tierra, incluyendo el nombre respectivo de las partidas del término.
A priori, imaginaba yo que con el “castillo de Barrachina” sucedía lo que con el “castillo de los moros” de Sesga (Ademuz), que ni es castillo ni fue nunca de los moros, pues éste resulta ser un castro o despoblado celtíbero. Pero me equivocaba... Pues, a tenor de los estudios de superficie realizados por Huélamo Gabaldón y Solias Arís (1996), basados en distintas variables -el enclave, el topónimo, los restos arquitectónicos y la cerámica hallada (de predominio andalusí, aunque mezclada con restos ibéricos)-, el yacimiento  puede pertenecer a un hisn  (lugar fortificado y hábitat islámico) que tuvo su vigencia entre los siglos IX-X y XII-XIII, el cual desapareció o fue abandonado tras la conquista cristiana de estos lugares a principios del siglo XIII. De la misma forma, la cerámica celtíbera, "muy rodada", indica un asentamiento ibérico previo al islámico. Dicen los autores citados en las conclusiones de su admirable trabajo...
Respecto al enclave:
  • <Dadas las características topográficas del enclave, es evidente la función defensiva y de control de paso sobre el río Turia, una vía natural de comunicación entre la Serranía y la costa, en un punto de confluencia de muchos intereses. La comarca donde se asienta la fortaleza de Barrachina se encuentra en un lugar fronterizo entre Sharq-al-Andalus (el Levante) y la Marca Media (al-Tagr al-Awsat), en los límites de los territorios de Albarracín, Alpuente y Santaver-Toledo-Cuenca. Por ello, el dominio de esta vía  de  paso  pudo  ser  importante   en   determinados   momentos>.[7]
 Respecto a las técnicas constructivas (tipología):
  • <Las características técnicas de la construcción de la fortificación andalusí de Barrachina, con presencia de hiladas de piedras a sardinel como falsos tizones nos remiten a paralelos formales considerados, habitualmente, como beréberes y típicos del Tagr al-awsat, la Marca Media. La distribución de este estilo constructivo se centra en el curso alto y medio del Tajo, el curso alto del Duero y, especialmente, la zona del Sistema Ibérico, todos ellos, territorios con ecosistemas que permiten un aprovechamiento ganadero, base económica fundamental de esos grupos tribales norteafricanos>.[8]

Respecto de la cerámica:  
  • <La cerámica nos informa, asimismo, a través del estudio de sus paralelos, de dos grandes regiones: Levante (Sharq-al-Andalus) y Marca Media (Tagr-al-Awsat), aunque también, lógicamente, los mismos tipos aparecen en otros lugares, como es el caso de la Marca Superior (Tagr-al-Alá). Ello no puede extrañar, pues ha de tenerse en cuenta que nos encontramos ante un lugar que va basculando en las influencias que recibe a partir de las cambiantes fronteras y relaciones que se van estableciendo alo largo de la Edad Media>.[9]
 Respecto a la cronología del asentamiento:
  • <La cronología del asentamiento nos la proporcionan las cerámicas recogidas en la prospección y ésta iría desde los siglos IX-X, con piezas como las ollas de tipo valenciano, hasta los siglos XII-XIII, con cerámicas que ofrecen una clara filiación almohade, como pueda serlo la cantimplora o alguna de las formas de ataifor. Esto probaría que el yacimiento estuvo en uso hasta, como mínimo, la conquista cristiana de la zona, que se produce entre los dos últimos decenios del siglo XII y los dos primeros del siglo XIII>[10]
Y concluye:

  • <A partir de aquí, y para finalizar, podemos ver como las noticias históricas confirman las fechas que nos ha proporcionado la arqueología acerca del abandono de la fortificación, hecho éste que tendría lugar a finales del siglo XII o a inicios del XIII. El conocimiento histórico de ese hecho resulta importante desde el momento en que nos proporciona un límite cronológico para la presencia de cerámicas andalusíes en este territorio>.[11]

 Sirva el punto para insistir en la necesidad de evitar cualquier tipo de actividad (prospección de superficie o en el subsuelo) en un yacimiento arqueológico  que no sea llevada a cabo por profesionales debidamente autorizados. Cualquier otra actuación podrá ser calificada de vandálica, y denunciable.


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Vista del barranco de Los Aguasales, desde el cerro del "Castillo de Barrachina" en Moya (Cuenca), con detalle de Peñarroya en la ladera izquierda (2014).


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Vista occidental del montículo cónico conocido como "cerro del castillo", en el rento de Barrachina, término de Moya (Cuenca), con detalle de Peñarroya, al fondo-derecha, desde el camino y zonas de cultivo (2014).

Por lo demás, el hallazgo de vestigios de actividad humana -un presunto “molino de mano” tallado en piedra rodena en la ladera del cerro del castillo y las “tumbas basadas en losas, a modo de féretros" en las vertientes meridionales del monte del Esparto- apoya la hipótesis de que la zona del rento de Barrachina estuvo ocupada desde épocas mucho más antiguas que las del hisn islámico, pudiendo corresponder a asentamientos celtíberos. Lamentablemente, los hallazgos referidos nunca fueron documentados... Vale.



[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2009, vol. III, p. 146.
[3] ID. Los guerrilleros del maquis antifranquista, ¿héroes o villanos?, del sábado 26 de abril de 2014.
[4] MADOZ, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar, Madrid, 1846, vol. IV, p. 38.
[5] Ibídem.
[6] CAVANILLES PALOP, Antonio Josef. Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos, de Orden Superior, en Madrid en la Imprenta Real, Año de 1797,/Valencia 1989, volumen II, párrafo 100, pp. 72-73. Vid SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo.  El Rincón de Ademuz visto por el botánico Cavanilles, del jueves 15 de marzo de 2012.
[7] HUÉLAMO GABALDÓN, Juana María y SOLIAS ARÍS, José María. La fortificación rural andalusí de Barrachina (Moya, Cuenca), en Moya I. Estudios y documentos, Edita Diputación Provincial de Cuenca, 1996, pp. 58-88. 
[8] Ibídem.
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem.

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ANEXO GRÁFICO


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Los restos arquitectónicos: "Los restos constructivos, que ocupan toda la cumbre de la montaña, ofrecen una longitud aproximada de unos 70 metros de largo por una anchura que varía entre los aproximadamente 6 a 8 metros en los extremos y 16 metros en el centro. La forma general recuerda la de un rectángulo muy alargado en derección aproximada N-S con uno de los lados largos ligeramente abombado y una torre (rectangular) en el extremo sur". En el extremo noreste se observa la base de un torreón circular, de fábrica posterior [Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].

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Los restos arquitectónicos: "Por lo que respecta a los paramentos del castillo [...] sólo son visibles en una extensión relativamente importante en el agujero dejado por la excavación clandestina del extremo W (oeste). Se aprecia en aquél lugar una edificación levantada en mampostería, conformada, entre otras hiladas más irregulares y mal conservadas, por una fila de sillares dispuestos a sardinel (de canto) creando la apariencia de tizones. Este tipo de edificación es característico de las fortificaciones calificadas como beréberes en la Marca Media, de las que existen ejemplos no sólo de ingeniería militar..." [Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].
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La cerámica: (1) Borde de ataifor (plato) con labio triangular: arcilla rojo claro, dura. Vidriado melado en el interior y parte alta del labio. (2) Borde de ataifor con labio: arcilla amarillenta, dura. Vidriado verde en el interior, algo más claro al exterior. (3) Borde de ataifor con labio: arcilla rojiza. Vidriado verde en el interior y verde-amarillento en el exterior. (4) Pie de ataifor: arcilla rojiza, blanda. Vidriado blanco en el interior (con restos de decoración en manganeso) y amarillo pálido en el exterior; sin ocupar el fondo externo. (5) Fragmento de ataifor: arcilla rojiza con puntos de cal. Vidriado interior melado con faja de manganeso [Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].

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La cerámica: (6) Arranque de asa de jarrita: arcilla castaño claro. Vidriado verde claro. (7) Fragmento de redoma (vasija ancha en la base y estrecha en la parte alta): Vidriado por el interior y exterior, de un tono melado, con trazos en manganeso. (8) Cuello y parte del galbo de una olla, labio liso, cuello con acanaladuras y cuerpo raspado: arcilla castaño claro con gránulos blancos, muy cocida, dura [Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].
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La cerámica: (9) Cuello de olla o jarrita con abundantes estrías en la parte exterior: arcilla gris con puntos negros, porosa. (10) Boca de olla o jarrita: arcilla castaño; posible engobe más oscuro; dura. (11) Borde de olla o jarrita: arcilla roja. Vidriado melado en el interior. (12) Boca y cuello de olla o jarrita: arcilla gris oscuro cargada de cuarzo. Exterior alisado y con engobe castaño claro. Presenta un cordón liso al exterior
[Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].

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La cerámica: (13) Borde de cazuela: arcilla castaño claro, dura; engobe del mismo color interior y exterior. (14) Borde de canuela: arcilla roja, dura; engobe castaño claro. (15) Borde de alcadafe con labio triangular: arcilla castaño rojizo, cargada de granos de cuarzo. (16) Boca de orza: arcilla amarillenta. Vidriado verde oliváceo interior y exterior. (17) Fragmento de borde de tapadera con labio exvasado plano: arcilla blanquecina. Vidriado melado interno y externo [Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].

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La cerámica: (18) Borde de jarra: arcilla blanda con desgrasante negro. (19) Boca de jarra: arcilla castaño muy claro, beige, dura. (20) Labio y cuello de jarra: arcilla castaño-rojizo con puntos negros, muy dura, núcleo gris. (21) Asa estriada de cántaro: arcilla beige. (22) Labio de cantimplora: arcilla castaño claro con granos de cal; bien cocida
[Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].
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La cerámica: (23) Fragmento de tinaja realizada en cerámica basta: arcilla roja y gris en el interior; blanda con numerosas vacuolas debidas al desgrasante desaparecido. Decoración de cordón aplicado con digitaciones (24) Fragmento de asa de tinaja: arcilla castaño claro con desgrasante de cuarzo. Decoración de surcos y pintura rojo oscura con tema triangular más claro. (25) Fragmento de tinaja: arcilla rojo-claro con desgrasante de cuarzo en gran cantidad. Decoración a peine con surcos paralelos horizontales ondulados
[Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].
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La cerámica: (26) Fragmento de tinaja: arcilla basta, gris en el interior y roja por fuera, desgrasante de cuarzo. Decoración de cordón con digitaciones. (27) Borde de gran vaso (alcadafe, maceta, tinaje, anafe): arcilla roja, áspera; engobe rojo en la parte superior del labio. (28) Cerámica ibérica: borde de jarra con sección de cabeza de cisne: arcilla de tipo sandwich; exterior castaño rosado. Fragmento muy rodado. (29) Cerámica ibérica: borde de jarra con sección de cabeza de cisne: arcilla castaño claro. Fragmento muy rodado
[Tomado de HUÉLAMO GABALDÓN y SOLIAS ARÍS (1996)].

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