miércoles, 28 de noviembre de 2012

“TIEMPO DE TRASHUMANCIA”, ÚLTIMO LIBRO DE MARIANO LÓPEZ MARÍN.


A propósito de la última publicación del cronista oficial de Salvacañete (Cuenca).


"Desde niño he conocido el fenómeno de la trashumancia en mi propia familia.
Recuerdo cuando íbamos a esperar a los pastores
 que regresaban del reino a los corrales del Castillejo, en Casas Nuevas".


            Del autor y su obra.
           Hace algún tiempo alguien escribió un comentario en una entrada de mi blog, felicitándome por cierto artículo relativo a las ruinas de Moya;[1] lo firmaba Mariano López Marín, cronista Oficial de Salvacañete (Cuenca). Este fue mi primer contacto con el autor, pues yo pensaba que no le conocía. Pero en sucesivos correos personales el firmante me recordó que habíamos coincidido durante una “gachada” en Casasbajas –durante la VIII Feria Comarcal, en octubre de 2004- y que nos había presentado un amigo común, el señor Ángel Antón Andrés.[2]
            El señor Mariano –me refiero a Mariano López Marín (Salvacañete, 1953)- es maestro de Enseñanza Primaria en el colegio “Canónigo Muñoz” de Utiel (Valencia), donde ejerce como tal desde hace casi tres décadas, además de ser Cronista Oficial de su pueblo natal –desde 2004-: el tiempo vital lo distribuye básicamente entre su familia, la profesión y el estudio, investigación y divulgación de todo lo relativo a su tierra, de la que es probado entusiasta.

Vista de Salvacañete (Cuenca).
Vista de Salvacañete (Cuenca)
[Fotografía de Alfredo Montero Martínez].

            La pasión por su tierra se pone de manifiesto en sus colaboraciones periodísticas en diarios y revistas, encargándose además de los aspectos culturales de las fiestas locales y otras actividades educativas y didácticas. Su afición al estudio y el conocimiento histórico le han llevado a investigar todo lo relativo al antiguo marquesado de Moya, la sierra de Albarracín y el señorío de Molina de Aragón en relación con Salvacañete, haciendo extensiva su indagación a la zona donde reside, Requena y Utiel (Valencia). Prueba de ello son sus publicaciones etnográficas -Folklore de Salvacañete (2000)- e históricas -Salvacañete: su historia y sus gentes (Valencia, 2004)-; así como su participación en Congresos: Las revueltas comuneras en el Marquesado de Moya (1520-21). Participación de los comuneros de Mira y Requena. III Congreso de Historia comarcal (2007); El Señorío y castillo de Torrefuerte o de las Veguillas en los confines del Marquesado de Moya. II Encuentro de escritores e historiadores de Cuenca (2008); Las Herrerías del Cabriel: un proceso de industrialización y de relación entre zonas de frontera. IV Congreso de Historia comarcal (2009). Y sus publicaciones digitales en la web de Salvacañete y Amigos del Cabriel.
            En cualquier caso, se reconoce un apasionado del terruño, siendo el cariño por sus gentes lo que le ha llevado a estudiar, descubrir y popularizar la historia local mediante artículos, libros y conferencias.

El autor -Mariano López Marín (Salvacañete, 1953)- durante la presentación de su último libro: Tiempo de trashumancia (Valencia, 2012).
          
“Tiempo de trashumancia”, su última publicación.
El pasado 11 de agosto, López Marín hizo en Moya la presentación oficial de su último libro –Tiempo de trashumancia (Valencia, 2012)-: la promoción tuvo lugar en la iglesia de Santa María la Mayor, la más antigua y emblemática de las parroquias del marquesado. La introducción al acto la realizó don Teodoro Sáez Fernández, Cronista Oficial de Moya, que leyó unas páginas que traía escritas. Después el autor comentó el contenido del libro y firmó ejemplares a los numerosos asistentes que se lo solicitaron.
Como evidencia su título, el libro dice de la trashumancia, esto es, “de la acción y resultado de trasladar al ganado de las dehesas de invierno a las de verano, y viceversa”: una actividad en franco declive, pero que tuvo su relevancia en el pasado inmediato de la serranía de Cuenca y Albarracín. Porque no se trata sólo de llevar y traer el ganado, sino de la actividad vital, etnológica, cultural y económica que ésta conlleva. Ya que los ganaderos marchaban en los comienzos del otoño y regresaban en mayo, lo que implica seis meses de invernada, en que los hombres se hallaban lejos del pueblo, con todo lo que suponía para ellos y sus familiares, que quedan en casa: Cuántas veces al regresar los pastores en primavera conocían a un nuevo hijo que había nacido...
Uno de los aspectos más interesantes del libro de López Marín es que está escrito desde dentro –con un lenguaje sencillo y cálido, alejado del academicismo insensible- pues el autor se reconoce hijo de pastor trashumante, como otros ganaderos salvacañeteros: Desde niño he conocido el fenómeno de la trashumancia en mi propia familia. Recuerdo cuando íbamos a esperar a los pastores que regresaban del reino a los corrales del Castillejo, en Casas Nuevas... Pero no se trata de un libro de memorias, tampoco de simple recopilación testimonial, ya que el autor ahonda en la búsqueda de los antecedentes históricos del fenómeno pecuario, buscando en la bibliografía y archivos, y reuniendo abundantes referencias historiográficas.
La experiencia me dice que para ver si un libro me interesa, antes de nada debo observar el índice, donde se suele mostrar el contenido; por eso siempre aconsejo mirarlo en primer lugar. Con una simple ojeada podremos saber si el volumen es de nuestro interés. Porque muchas veces compramos libros por compromiso, porque tratan de nuestro pueblo o comarca, porque conocemos al autor o allí se menciona a alguien conocido, familiar o amigo..., pero sin la menor intención de leerlo. Cuando lo mejor que podemos hacer por un libro es leerlo y valorar su contenido.


Cartel anunciando la presentación de la última publicación -Tiempo de trashumancia (Valencia, 2012)- de Mariano López Marín en Salvacañete (Cuenca).

La estructura del libro que mostramos se halla organizada en torno a catorce apartados, cuya descripción basta para saber si responde a nuestras pretensiones:

(1)   Prólogo.
(2)   Introducción y justificación del trabajo.
(3)   [I] La vuelta de los pastores del reino. Tiempo de trashumancia en Salvacañete.
(4)   [II] Antecedentes históricos de la trashumancia y de las vías pecuarias.
(5)   [III] La ganadería en Salvacañete y en el Marquesado de Moya en el siglo XVIII.
(6)   [IV] Rutas trashumantes en el Marquesado de Moya en el siglo XVIII. Las vías pecuarias desde el siglo XVIII hasta la actualidad.
(7)   [V] La trashumancia ganadera en la Serranía Media y Baja de Cuenca, en la Sierra de Albarracín y en las Tierras de Molina de Aragón, y su relación con Salvacañete. Análisis socioeconómico hasta el siglo XXI.
(8)   [VI] La trashumancia en Salvacañete desde el punto de vista etnológico. Palabras del valenciano incorporadas al habla de los pueblos de la Serranía Baja de Cuenca. Vocabulario ganadero utilizado en Salvacañete. San Miguel, un santo que marca el calendario festivo, agrícola y ganadero: tiempo de contratación de pastores y de ferias. Instalaciones auxiliares para la ganadería. Profesiones unidas a la ganadería: esquileo, lana, telares y batanes. Cuando mi padre fue pastor y ganadero.
(9)   [VII] La ganadería en Salvacañete en el siglo XX y principios del XXI.
(10)           [VIII] Viejas estampas de ganados y de trashumancia en Salvacañete y sus aldeas.
(11)           [IX] Las cañadas, veredas y cordeles y su importancia cultural, histórica y etnológica.
(12)           [X] La Vereda Real de Castilla y el paso de los ganados trashumantes de Salvacañete por Chera.
(13)           [XI] Homenaje poético a profesiones unidas a la trashumancia.
(14)           Agradecimientos y bibliografía.

Viendo la reseña epigráfica del contenido del libro, enseguida advertiremos si resulta de nuestro interés. Aunque uno no puede dejar de preguntarse, ¿a quién puede interesar hoy el conocimiento de esta actividad? Pues se trata de un tema local muy específico, aunque no sólo trata de Salvacañete, sino de toda la serranía baja de Cuenca y regiones del entorno, incluyendo las más próximas de Albarracín en Teruel y otras más alejadas, como las de Molina de Aragón en Guadalajara. Resulta evidente que les interesará con preferencia a los salvacañeteros, pero no en exclusiva, pues a mí que no lo soy también me ha interesado, en tanto trata de un fenómeno agropecuario que hace a la historia comarcal y general, y todo lo que hace a la zona me concierne. 

"Antiguos camino pastoriles de España", mapa elaborado por Vicente Paredes Guillén, arquitecto.

Desde una óptica personal, me ha interesado el capítulo (4) [II] Antecedentes históricos de la trashumancia y de las vías pecuarias. Resulta de interés saber cómo la actividad trashumante se ha venido desarrollando desde la antigüedad prerromana, extendiéndose hasta nuestros días. Sin embargo, su origen en la región proviene de la Reconquista, desarrollándose paralelamente al avance cristiano. Igualmente ver cómo la supresión de la Mesta por el aumento de población y el hambre de tierras llevó a la “fiebre” por las “tierras de pan llevar”, lo que condujo a la tala y roturación de terrenos improductivos que finalmente hubo que abandonar, “quedando convertidos éstos en páramos desarbolados” de los robles, pinos y encinares que los poblaban. Como dice el autor, lo razonable hubiera sido reformar la Mesta, no abolirla, “aprovechando los aspectos positivos de aquella organización”.
Los siguientes también me han gustado, particularmente el capítulo (5) [III] y (6) [IV] que dicen de la ganadería y trashumancia en Salvacañete y tierras del marquesado -en el siglo XVIII-, incluyendo el desarrollo y descripción de las vías pecuarias de la zona.
El capítulo (7) [V], donde se dice de la trashumancia ganadera en la serranía media y baja de cuenca, y sus relaciones con Albarracín y las tierras de Molina de Aragón, resulta especialmente trabajado, diciéndonos de los orígenes y evolución de la actividad ganadera y trashumante en la zona serrana, y de los distintos sistemas utilizados en el traslado de los ganados: ferrocarril, camión, vías pecuarias. En el transporte por ferrocarril estudia las estaciones, las fechas de carga y descarga y su situación en la última década del siglo pasado. Respecto al transporte mediante camión, lo justifica por la “incomodidad de viajar a pie, especialmente en invierno debido a las inclemencias del tiempo, y la escasez de pastos en la vía pecuaria, y las condiciones y precios del transporte ferroviario y la posterior desaparición”, lo que ha favorecido que este medio “experimentara un auge muy importante en los últimos años” del decenio 1980-90. Respecto al uso de las vías pecuarias, estudia sus infraestructuras y las rutas ganaderas hasta las estaciones de embarque, los itinerarios hacia levante y Sierra Morena, diciendo también del estado viario, favorecido por el propio tránsito ganadero. Asimismo, dice del factor humano, considerando que “el inicio de los ganaderos en la actividad trashumante no es algo casual”, pues éstos “trashuman por tradición familiar”, estableciendo una serie de consideraciones. Concluye el capítulo con un “resumen”, donde manifiesta que “a pesar de todos los problemas y dificultades que los ganaderos trashumantes encuentran hoy en día”, lo que más les preocupa “es la escasez de beneficios económicos”, lo que de facto “condiciona la supervivencia de la trashumancia”.

Corral o paridera utilizado por los ganaderos durante la trashumancia, sito en La Arcolla (Chera), de paso por la Vereda de Castilla, también conocida como "vereda alcarreña".

Con todo, el que más me ha complacido es el capítulo (8) [VI], donde se dice de la trashumancia desde el punto de vista etnológico. Resulta curioso ver cómo han arraigado en esta zona de Castilla palabras de origen valenciano, traídas por los ganaderos trashumantes: fenómeno que también se produce en otras actividades de desplazamiento de personas, como fueron la siega o cosecha del arroz, el trasporte de la madera por los ríos, el de los arrieros con sus recuas de pollinos, o el comercio al por menor de ciertos productos entre localidades alejadas. De la misma forma, resulta útil la recopilación del lenguaje propiamente ganadero, aplicado a los tipos de ganado –cabras, ovejas, vacas- y al pastor y sus vestidos: abarcas, manta, morral, polainas, zurrón... Y a las actividades propias de la profesión, la esquila y sus herramientas, incluyendo multitud de voces del antiguo acerbo común: palabras y expresiones que con una terminología específica nos dicen de la vida diaria de otro tiempo y que las nuevas generaciones ya no comprenden. Dentro de este mismo capítulo se recoge la influencia del santoral en el devenir del calendario festivo, agrícola y ganadero de estos pagos. Aquí se acopian curiosidades etnológicas e históricas vinculadas a la devoción de san Miguel, tanto en tierras de Salvacañete como en las del antiguo marquesado: la vida de los pastores y el tiempo de su contratación, el desarrollo de las ferias de ganado: En los bares se celebraban los “alboroques”, cuando se hacían los tratos..., pues en las ferias se llevaban a cabo multitud de transacciones: La feria de Landete en San Miguel marcaba un antes y un después en el pueblo, en la comarca y en zonas próximas como el Rincón de Ademuz y pueblos limítrofes de Cuenca y Teruel... –como hijo de tratante, yo también he conocido este ambiente-: Cuando las gentes regresaban a sus localidades de origen venían con una caballería nueva, con una venta realizada de alguna cría [...], con aperos nuevos que habían comprado [...], tal vez una caldera nueva y con algún recuerdo para los familiares, generalmente dulces como el turrón o los chupones...

Ganado trashumante de los hermanos Martínez -Vidal e Ismael- cruzando la CN-420 en La Almarcha (Cuenca).

El capítulo sigue con el estudio de las instalaciones auxiliares para la ganadería, como los corrales, descubiertos y parideras, abrevaderos, lugares donde se colocaban las “álegas” piedras para la sal: todo ello combinado con una rica toponimia. Asimismo, recoge la serie de profesiones relacionadas con la actividad ganadera, tal el esquileo y las antiguas industrias relativas a la lana, como batanes y telares: Un aspecto económico que mantuvo unido, durante al menos un siglo, a Salvacañete con la Comunidad de Aldeas de Albarracín fue la industria textil ubicada en Tramacastilla. A la fábrica de lanas de esta localidad iban gentes con caballerías cargadas de lana desde Salvacañete y sus aldeas y desde otros lugares próximos como Alcalá de la Vega, Salinas del Manzano, El Cubillo y otros del partido de Cañete. Y en el trajín caminero: Se traían mantas y otros productos como madejas de lana, mandiles, pantalones de pastor, cordellates, hilo para calcetines, todos ellos necesarios en una economía rural basada en el intercambio de productos entre unas zonas y otras... El capítulo concluye con la inclusión del testimonio del padre del autor -Cuando mi padre fue pastor y ganadero-, de gran interés para la comprensión del desarrollo, problemática y circunstancias de la vida local en otro tiempo, por lo demás no tan lejano.
En el siguiente capítulo (9) [VII] se dice de la ganadería en Salvacañete –en el siglo XX y XXI-: entre otras cuestiones, aquí recoge la particular trashumancia de las colmenas, un aspecto menos conocido de la actividad económica local, asimismo afectada por la necesidad del desplazamiento estacional.
En el capítulo (10) [VIII], se recogen una serie de evocaciones literarias relativas al mundo rural y ganadero, que el autor vincula a Salvacañete y la Hoya del Peral -de donde eran sus antecesores paternos-, así como en La Hondonada, Masegarejo, Torrefuerte, Casas Nuevas y Valle de Carmona: topónimos todos ellos familiares para los vecinos del Rincón de Ademuz. La lectura de sus impresiones sobre estos lugares nos aproxima al conocimiento del mundo de la trashumancia y la vida campesina.

La esquila, una actividad ganadera relacionada con la trashumancia.
Ganados trashumantes en la vereda.

Los siguientes capítulos (11) [IX] y (12) [X] dicen de los caminos ganaderos, esto es, de las cañadas, veredas y cordeles, destacando su importancia cultural, y de la Vereda Real de Castilla –también conocida como “vereda alcarreña”-, apartado en el que se incluyen las “jornadas de vereda”, que el autor describe en diez etapas: desde Salvacañete-Benarruel (Moya) hasta Turís-Llombay (Valencia), según un trabajo realizado por Antonio García Lacruz, Cronista Oficial de Chera. El trazado incluye una serie de mapas con el recorrido de las diez etapas necesarias para cubrir el camino, los lugares de paso tradicionales y su distancia en kilómetros.
El último capítulo (13) [XI] constituye una dedicatoria poética a las profesiones vinculadas con la ganadería: pastores, esquiladores, cabreros, duleros...: vaya mi homenaje más sincero en forma de versos nacidos del corazón de alguien que vivió en su familia la realidad de la ganadería y de la trashumancia. Se trata de eso, de un homenaje poético –bucólico y pastoril- lleno de sentimiento.
El autor deja un apartado final (14) para los “Agradecimientos” y la “Bibliografía”: la reseña bibliográfica constituye la apoyatura científica e historiográfica utilizada para justificar un trabajo, que aquí se avala sobradamente.

Ganados trashumantes en la vereda.

Ganados trashumantes camino de la Fuente del Pino en Salvacañete (Cuenta) [Fotografía de Alfredo Montero Martínez].


A modo de conclusión.
Tiempo de trashumancia (2011) –obra de Mariano López Marín encuadernada en rústica, tapa blanda, 21x30 cm, 159 páginas, Editorial Rodeno- es para mí un libro precioso, con un contenido denso y ameno, generosamente trabajado, en el que hay muchas horas de esfuerzo e ilusión. Como se decía arriba, está escrito desde dentro, con sabiduría y amor, a la vez que con “mucho empeño y dedicación”, lo que se hace evidente desde las primeras páginas.
Tras su lectura vemos como en el mundo rural de nuestros padres y abuelos todo estaba relacionado, el hombre y su actividad, los animales, los campos y el medio natural, formando una sociedad compleja e interdependiente, cuyo desarrollo tenía lugar en el marco repetido de las estaciones y ordenado por el santoral.
La recopilación llevada a cabo por el autor constituye un acierto en todos sus aspectos, pues contribuye a acercarnos –cuando no a descubrirnos- ese mundo en trance de desaparecer que fue el de la ganadería trashumante, con todas las implicaciones, económicas, etnográficas, culturales y humanas que conlleva. Y lo hace desde una doble perspectiva, aunando su conocimiento personal -afectivo, familiar, vital- con el estrictamente historiográfico, basado en la bibliografía y los documentos.
El libro incluye gráficos, tablas, mapas y fotos... Quizá sean las fotografías en blanco y negro lo único que desdice del contenido, pues el medio utilizado impide disfrutar de las estupendas imágenes: para ello hubiera sido necesario usar papel satinado o aumentar el tamaño de las mismas.


Los hermanos Martínez, ganaderos de la trashumancia, descansando tras una etapa en la vereda.

Pastor trashumante con su ganado en la vereda.
           
            En suma, se trata de uno de esos libros en los que aprender -y comprender- cómo fue la vida rural de otro tiempo en esta zona, siempre sacrificada, dificultosa y precaria. Pienso que el autor puede sentirse satisfecho, pues su obra se lee con agrado, en tanto recopila con gran objetividad, a la vez que con sencillez y ternura el esfuerzo de los que nos precedieron por las veredas y caminos de nuestra historia local... ¡Felicidades Mariano y gracias por tu dedicación! Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).





[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Visita guiada a las ruinas de Moya (Cuenca), en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2012/10/visita-guiada-las-ruinas-de-moya-y-ii.html, del jueves 18 de octubre de 2012.
[2] ID. A Ángel Antón Andres, in memoriam, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2011/10/angel-anton-andres-in-memoriam.html, del lunes 17 de octubre de 2011.


Nota
Las fotografías utilizadas para ilustrar esta entrada proceden de:
LÓPEZ MARÍN, Mariano. Tiempo de trashumancia, en: http://mariano-recuerdosyaoranzas.blogspot.com.es/2012/11/tiempo-de-trashumanciahomenaje-los.html, del sábado 24 de noviembre de 2012, y del perfil del propio autor en facebook: https://www.facebook.com/mariano.lopezmarin.3/photos.

Portada del último libro de Mariano López Marín: Tiempo de trashumancia (Valencia, 2012), Ediciones Rodeno.

viernes, 23 de noviembre de 2012

PUERTAS Y CALLES DE LA ANTIGUA VILLA DE MOYA (CUENCA) [y II].

 A propósito de la restauración de las puertas de sus murallas.

 



Desde el punto donde nos encontramos, para ir a la Puerta de los Ojos deberemos circundar el montículo que tenemos a nuestra izquierda, propiamente denominado El Altillo o plazuela de San Miguel. Al final del camino observaremos a nuestra derecha un imponente edificio, se trata del antiguo convento de la Concepción Franciscana –siglos XVI-XVII-, cuya puerta de entrada luce una estupenda fachada labrada en piedra: posee dos claustros cubiertos, aljibes, bodegas... Junto a la puerta de entrada se hallaba la iglesia de San Pedro, hoy un montón de ruinas. A la izquierda se halla la mencionada elevación de El Altillo y junto a ésta un recinto cerrado conocido como iglesia de San Miguel, cuyo solar fue habilitado como cementerio a finales del siglo XIX (1888) -su parroquia y la de San Pedro fueron agregadas a la de Santa María la Mayor -en 1822- (Sáez Fernández, 2011). Desde este punto nos encaminaremos hacia la Plaza Mayor, siguiendo el callejón del Alcalde, vía que discurre junto al edificio de las Concepcionistas. Pero si nos hemos acercado hasta la iglesia de San Miguel, quizá debamos tirar por la calle de las Rejas -también conocida como del Coso-, que discurre casi paralela a la anterior y nos conducirá al mismo lugar. 

Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la Casa Ayuntamiento -antiguo Pósito-, con la espadaña de la Trinidad al fondo, desde el pórtico de la iglesia de Santa María la Mayor (2012).
Ruinas de Moya (Cuenca), calle de las Rejas o del Coso, con la Casa Ayuntamiento a la izquierda y los montes de Santerón al fondo, cerrando el horizonte (2012).

La Plaza Mayor -a la que también se conoce como de Isabel II o de la Constitución- es un espacio rectangular sito en el centro espiritual y administrativo o político de la antigua villa de Moya, prueba de ello es que se halla rodeado de varios edificios emblemáticos -religiosos y civiles-: la iglesia de Santa María la Mayor (este), la Casa Ayuntamiento (noreste), la iglesia de la Santísima Trinidad (noroeste) y la Casa del Corregidor (suroeste), entre otros edificios ruinosos. Un buen lugar desde donde contemplar la plaza y los edificios aledaños es desde el soportal de la iglesia de Santa María, que se halla en un punto elevado, al que se accede mediante unas gradas, tanto desde la calle de las Rejas como desde la de Madre de Dios Arriba. La plaza ha sido lugar tradicional de reunión para los de la villa, donde hacer mercado, bailar y celebrar corridas de toros, festejos a los que han sido y son muy aficionados los moyanos. Existe una histórica fotografía de los años 1920-30 realizada desde la Plaza que nos muestra el aspecto de esta parte de la villa, exactamente del grupo de casas frente a la iglesia de Santa María, entre la bajada de San Bartolomé y la calle de las Rejas: allí pueden verse unas pobres viviendas de deficiente fábrica, con balcones de madera sobre soportales cuadrangulares (a la izquierda) y una casa por debajo de la iglesia (a la derecha), de la que se observa el detalle de la reja que protege el ventanal que da a la capilla del "Cristo de la Caída", con la familiar silueta de la espadaña de la iglesia de San Bartolomé al fondo.

Ruinas de Moya (Cuenca), fotografía de los años 1920-30, correspondiente a la "Casa de las Rejas" (izquierda), con detalle de las casas de dos plantas con soportales y la espadaña de la iglesia de San Bartolomé al fondo [Tomada de la "Guía práctica de Moya (Cuenca)", (Valencia, 2011), p. 77].
Ruinas de Moya (Cuenca), detalle del enmorrillado en la Bajada de San Bartolomé, con la iglesia de Santa María la Mayor, al fondo (2012).

Para ir a la Puerta de los Ojos dejaremos la Plaza Mayor y tomaremos la calle que discurre entre la iglesia de Santa María y la Plaza, denominada de la Madre de Dios Arriba, que guía hacia el sur... La de Santa María es un edificio exento, de forma que por su fachada meridional (epístola), discurre una calleja denominada callejón de Santa María, que va de Madre de Dios Arriba a Madre de Dios Abajo. A los pocos pasos veremos una desviación a la derecha, propiamente conocida como Bajada a la Puerta de los Ojos: la calleja es estrecha, encosterada y empedrada de morrillos, según el estilo de la villa, que sigue modelos del siglo XVIII: el siglo de la Ilustración, que apostó por una mejora en el saneamiento de villas y ciudades.
Ruinas de Moya (Cuenca), vista exterior de la Puerta de los Ojos, antes de su restauración [Tomada de la "Guía práctica de Moya (Cuenca)", (Valencia, 2011, p. 54].

Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la Puerta de los Ojos, desde el borde del cantil de la casa del Corregidor (2012).

La antigua Puerta de los Ojos tiene su origen en el siglo XII, como el resto de la muralla del Primer Recinto. Pero el aspecto actual procede de una remodelación realizada en el siglo XV, en tiempos del primer marqués, don Andrés de Cabrera (1430-1511). De este mismo tiempo datan las obras realizadas en el castillo y un torreón semicircular próximo a la Puerta de Carros. Según ilustra un panel sito al exterior:
  • <La nueva entrada de los Ojos se diseña como un patinillo sobre el que se abre un arco de medio punto de grandes dovelas [...]. A sus flancos se disponen cámaras de tiro para la artillería con troneras de palo y orbe. Si un enemigo inoportuno traspasaba la entrada, la disposición de patio permitiría acosarlo desde arriba por los cuatro flancos que lo cerraba./ El tamaño de las cámaras de tiro indica que no podían contener más que pequeñas piezas como ribadoquines o mosquetes, que por su pequeño tamaño tiene la ventaja de la movilidad. Pensamos que debido al alto coste que supone la artillería, sólo la realeza podía permitirse el lujo de tener un parque de piezas completo. Lo común era que se dispusiera de un número reducido, que era trasladado al punto crítico según las necesidades de un determinado momento, de ahí que se prefieran bocas de fuego ligeras fácilmente transportables>.[1]

            La Puerta de los Ojos permitía la entrada a la villa por la zona occidental del cerro, evitando a los vecinos tener que bordearlo y ascender por la Puerta de Carros, de la Villa o la falsa de San Francisco... Es de suponer que la vecindad utilizaría uno u otro acceso, dependiendo del lugar donde se encontrara y del medio de transporte utilizado, esto es, caminando, con caballerías, carro o carricoche. Desde el quicio de la entrada puede admirarse el espectáculo de los cantiles del cerro, que constituyen una defensa natural en su orientación occidental, con lienzos incompletos de la antigua muralla del siglo XII y el Torreón del Homenaje al fondo. Desde el exterior, la de los Ojos se nos representa imponente, basada en un gran muro anterior y otro lateral izquierdo, formando ángulo. La puerta de entrada mira al sur y se halla descentrada hacia la izquierda, para suavizar la rampa del acceso inferior. Como se dice arriba, está basada en un arco de medio punto con grandes dovelas de piedra, a cuyos lados vemos sendas troneras “de palo y orbe”, con un desagüe en la parte inferior izquierda. El acceso posee actualmente un escalón de obra, pero su original debía ser de menor altura, incluso no poseerlo, para facilitar el acceso con caballería. Por lo demás, la estructura de la entrada en similar a la de otras puertas, con un arco de medio punto al exterior y otro rebajado al interior, y el intradós ocupando el grueso del muro: asimismo, conserva los orificios circulares para los goznes de las puertas y otros cuadrangulares, éstos en la parte lateral e inferior de las jambas, para el madero de la tranca.
Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la vertiente occidental del cerro, desde la Puerta de los Ojos, con detalle del Torreón del Homenaje al fondo (2012).
Ruinas de Moya (Cuenca), vista exterior del arco de medio punto basado en dovelas, correspondiente a la Puerta de los Ojos, con detalle de las troneras "de palo y orbe" (2012).
Ruinas de Moya (Cuenca), vista exterior de la Puerta de los Ojos, con detalle de las zonas restauradas (2012).

Ruinas de Moya (Cuenca), vista exterior de la Puerta de los Ojos, desde el camino de acceso en la ladera occidental del cerro (2012).
Ruinas de Moya (Cuenca), bajada a la Puerta de los Ojos, con detalle del empedrado y la iglesia de Santa María la Mayor, al fondo (2012).
Ruinas de Moya (Cuenca), detalle del enmorrillado en la calle Bajada a la Puerta de los Ojos (2012).

            Dejamos la Puerta de los Ojos, ascendiendo por la rampa empedrada que forma la mencionada Bajada a la de los Ojos, lo que nos permite observar una buena perspectiva de la iglesia de Santa María, de la que destaca su espadaña herreriana de tres ojos y el hastial de la nave central, que luce una somera torrecilla con su cruz en lo alto. Salimos de nuevo a la calle Madre de Dios Arriba, y continuamos por la mano derecha, en dirección al castillo y La Albacara, donde se halla la puerta de este nombre. La calle de Santa María –que así se llama la Madre de Dios- conserva algunos trozos de su empedrado original. Se trata de una calleja más bien estrecha y de piso irregular que va a dar a la parte de arriba del Hospital de Pobres fundado por los hermanos Zapata -en 1512-: dicho centro era también conocido como “Hospital de la Madre de Dios”, de ahí el nombre de las dos calles que lo circundan, según se hallen en una u otra margen del recinto sanitario. La calle de abajo, propiamente llamada Madre de Dios Abajo, también se la conoce como "calle de Olivares", y va a dar a la iglesia de Santa María, justamente a la cabecera del templo, que a su vez aboca a la bajada de San Bartolomé y Puerta de San Diego...

Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la calle Madre de Dios Arriba, desde el Hospital de Pobres, con detalle de la iglesia de Santa María la Mayor y la Casa Ayuntamiento, al fondo (2012).

            De la calle Madre de Dios Arriba se conserva una singular fotografía de J. Turégano –datada en el decenio 1927-1937- que nos ayuda a comprender la fábrica de las casas que la circundaban. Se halla tomada desde la parte alta de la villa, de forma que nos permite observar las casas en línea de fachada con la iglesia de Santa María, cuya espadaña destaca al fondo. Se trata de viviendas de pobre factura, con ventanas rejadas y balconcillos de hierro o madera torneada: en el más próximo al espectador puede verse uno de madera con tejaroz, en el que se hallan un hombre y una mujer, ella mirando hacia la cámara y sonriendo.

Ruinas de Moya (Cuenca), calle Madre de Dios Arriba (ca.1927-1937), con detalle de la espadaña de la iglesia de Santa María la Mayor, al fondo [Foto de J. Turégano, tomada de "Los septenarios. Moya por Santa María" (Valencia, 2004), p.168].
Ruinas de Moya (Cuenca), detalle del enmorrillado en la calle Madre de Dios Arriba (2012).

            La calle Olivares o Madre de Dios Abajo, se prolonga hacia la parte meridional del cerro, para enfilar directamente la entrada del Castillo: que se abre por detrás del foso, entre dos hermosos cubos de muralla semicirculares. La entrada se halla protegida por matacanes y los torreones poseen a los lados troneras “de palo y orbe”, mientras que en su parte alta lucen adornos basados en arquitos ciegos. A estas defensas se las conoce como barreras artilleras o “falsasbragas”, estructuras relativas a la poliorcética medieval que proliferaron a partir de la segunda mitad del siglo XV:
  • <Al ser complicado izar piezas de fuego a las altas torres y recintos de los castillos, se optó por la construcción de esos antemurales perimetrales donde se alojarían las cámaras de tiro, y a los que se les protegería de un foso seco normalmente excavado en la roca natural./ El castillo de Moya dispone de dos barreras, una cubierta mirando al interior de la albacara y la que aloja la entrada principal. Más que para protegerse de amenazas exteriores, estas barreras se concibieron como respuesta a la violencia antiseñorial que proliferó en esta época. Una revuelta armada por parte de la población de la villa podía de un plumazo privar a los marqueses de su más preciada posesión, por lo que se concibió que esta pudiera ser reducida por la artillería del castillo que les mantendría a raya, mientras se tomaban medidas para restablecer el orden>.[2]
Ruinas de Moya (Cuenca), vista general del castillo-fortaleza, detalle de las torres que salvaguardan la entrada, con el Torreón del Homenaje detrás (2012).

          Atravesando la zona del Castillo, pasando junto al Torreón del Homenaje, daremos a un amplio espacio fortificado, sito en el extremo meridional del cerro, se trata de La Albacara. De este lugar escribí:
  • <La Albacara es un espacio rectangular y amurallado, correspondiente al Primer Recinto, construido por los caballeros de la Orden de Santiago (siglo XII), lo que la convierte en una de las partes más antiguas de la fortaleza. [Su espacio] Está relleno de tierra y escombros procedentes del derrumbe de las estancias superiores, y su misión era servir de resguardo para personas y ganados, y para alojar la tropa antes de una cabalgada. En un lateral por encima de la puerta hay restos de un horno de ladrillo, probablemente una tejería. Lo más notable del lugar, sin embargo, es la vista que ofrece. Desde el extremo meridional, el panorama de la vega resulta admirablemente hermoso, con las cuadrículas de las fincas recién labradas coloreadas en distintos tonos de ocre, en contraste con las frondosas choperas de Los Huertos, ya tocadas por el dorado del otoño, y más allá el caserío de Landete; el horizonte lejano lo cierran los montes de la serranía, donde destaca el Pico de Ranera. Si giramos la vista hacia atrás, esto es, al norte, el espectáculo natural se torna arquitectónico, con la espléndida Torre del Homenaje a la izquierda -que en esta orientación muestra una fachada plana- y las ruinas de las otrora estancias señoriales a la derecha, recortándose contra el cielo azul pálido de la tarde otoñal>.[3]
Ruinas de Moya (Cuenca), vista de La Albacara de la Orden de Santiago (siglo XII), correspondiente al Primer Recinto (2012).
Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la Puerta de la Albacara, abierta en el Primer Recinto, con detalle del cubo semicircular existente entre las rampas de acceso, al fondo (2012).

            La Puerta de La Albacara se abre en la parte media del muro oriental, que en su parte alta todavía luce restos de las almenas y del adarve. Sin embargo, el hueco de la puerta se halla totalmente desportillado, habiendo perdido las dovelas del arco y la mayor parte del jambaje original. Por esta puerta se accede al Cuarto Recinto, espacio circundado de murallas que da sobre la Puerta de Carros. Desde el quicio de la portilla se observa una buena perspectiva de la mencionada entrada y de las rampas de acceso que zigzaguean por la vertiente: destaca el torreón semicircular nombrado arriba –construido en tiempos del primer marqués, cuando se remodeló la Puerta de los Ojos-, sito a la derecha del último tramo de la rampa, sobrepasada la Puerta de Carros.

Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la Puerta de la Albacara, desde el Cuarto Recinto, con detalle de las almenas que protegen el adarve (2012).

         Desde este punto volveremos sobre nuestros pasos, para salir del castillo y seguir el camino que bordea la parte inferior de la ladera, conocido como calle del Arcipreste y que nos conducirá directamente a la Puerta de San Juan, de este nombre por la iglesia que hubo junto a este sector de muralla. Desde el interior, la de San Juan muestra un acceso en rampa con un murete en la parte frontal, que corresponde al camino que venimos siguiendo desde la fortaleza. Por el contrario de las demás puertas de esta parte, la entrada luce un arco de medio punto, tanto al interior y al exterior basado en dovelas, mientras que el intradós aparece relleno de mampostería. Todavía conserva los goznes de piedra en la parte alta y los agujeros para la tranca en los laterales. A la izquierda de la entrada, esto es, en el lado opuesto al lugar donde estuvo la antigua iglesia de San Juan, hay una amplia abertura aboquillada. De este punto en adelante, el camino procedente del castillo se denomina calle del Horno, que discurre por la parte interna del Segundo Recinto, con restos de viviendas a ambos lados, hasta la Puerta de San Diego: desde allí la vía continúa hacia el norte, paralela a la calle de la Botica, hasta arribar a la iglesia de San Miguel, el actual camposanto.

Ruinas de Moya (Cuenca), vista interior de la Puerta de San Juan, antes de la restauración [Foto de T.S.F., tomada de "Los septenarios. Moya por Santa María" (Valencia, 2004), p.182].
Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la Puerta de San Juan, desde la calle Madre de Dios Abajo (2012).

Ruinas de Moya (Cuenca), vista interior de la Puerta de San Juan -siglo XIII-, tras su  restauración, abierta en el Segundo Recinto (2012).

Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la doble arcada de la Puerta de San Juan, tras su restauración, con detalle del orificio de la tranca en el lateral derecho y un torreón del Tercer Recinto, al fondo (2012).
            Salvando el arco de la Puerta de San Juan daremos a la vía conocida como La Carrerilla, por dentro de la verja de madera descrita al principio de la visita. Desde el exterior observaremos la rampa empedrada y el murete que la sujeta, así como la arcada que conforma la entrada. Mirando a su través veremos como las jambas enmarcan un edificio en la parte alta del cerro, se trata del mencionado “Hospital de Pobres” fundado por los hermanos Zapata. Desde este punto nos encaminaremos a la salida, dando por finalizada la visita a las Puertas y Calles de la antigua villa de Moya.

Ruinas de Moya (Cuenca), vista de la fachada exterior de la Puerta de San Juan, con detalle de la rampa de acceso (2012).
              

               


Calles y plazas de la antigua Moya (Cuenca), villa medieval y moderna.
DENOMINACIÓN
UBICACIÓN
ORIENTACIÓN
Calle Bajada a la Puerta de los Ojos
De la calle Madre de Dios Arriba
a la Puerta de los Ojos
Este-Oeste
Calle Bajada de San Bartolomé
De la Plaza Mayor
a la Puerta de San Diego
Este-Oeste
Calle de la Botica
De la Bajada de San Bartolomé
a la iglesia de San Miguel
Norte-Sur
Calle de la Carrerilla
De la Puerta de Carros
a la iglesia de San Bartolomé
Norte-Sur
Calle de la Placetilla
Entre la Plaza Mayor, la Casa Ayuntamiento, la iglesia de la Trinidad y el callejón del Alcalde
Este-Oeste
Calle de las Rejas/ del Coso
De la Plaza Mayor
a la iglesia de San Miguel
Norte-Sur
Calle del Altillo/
plazuela de San Miguel
Entre la iglesia de San Miguel
y la calle Hornillo
Norte
Calle del Arcipreste
Del Castillo a la Puerta de San Juan
Norte-Sur
Calle del Cortijo/
de San Bartolomé
De la iglesia de San Bartolomé
a la Puerta de la Calzadilla
Norte-Sur
Calle del Hornillo
De la Puerta de la Calzadilla
al Convento de Concepcionistas
Este-Oeste
Calle del Horno
De la Puerta de San Juan
a iglesia de San Miguel
Norte-Sur
Calle Madre de Dios Abajo/
Calle de Olivares
Del Hospital de la Madre de Dios
a la iglesia de Santa María
Norte-Sur
Calle Madre de Dios Arriba/
Calle de Santa María/ del Castillo
Del Hospital de la Madre de Dios
a la iglesia de Santa María
Norte-Sur
Callejón de Santa María
De Madre de Dios Arriba
a Madre de Dios Abajo
Este-Oeste
Callejón del Alcalde
Del Altillo a la Placetilla
Norte-Sur
Plaza Mayor/
de Isabel II/ de la Constitución
Entre Santa María, la Casa Ayuntamiento y la iglesia de la Trinidad
Este-Oeste
Elaboración propia (2012). Nota: la denominación de las calles y plazas se halla en revisión.



Ruinas de Moya (Cuenca), calle del Horno, que discurre paralela a la muralla del Segundo Recinto (derecha) -entre la Puerta de San Diego y la de la Villa-, con detalle de la espadaña de la Iglesia de San Bartolomé (derecha, abajo) y nave de la iglesia de Santa María la Mayor (izquierda, arriba), 2012.

Ruinas de Moya (Cuenca), vista del castillo y Torreón del Homenaje, desde la Puerta de San Juan y calle del Horno (2012).

            Palabras finales.
            El recorrido por los caminos y espacios de la antigua Moya (Cuenca), villa medieval y moderna, nos ha permitido conocer algo de su interior: recintos, puertas, calles, plazas, plazuelas y callejones. Durante las muchas visitas que he realizado al lugar, paseando por sus calles vacías y admirando los ruinosos edificios, pocas veces me he encontrado con alguien.
            Es por ello que durante mis recorridos por el lugar he tenido la sensación de hallarme en un lugar mágico –asombroso y sorprendente- donde el tiempo se ha detenido y los vecinos han desaparecido. Lentamente, con el paso de los años y la acción de los elementos, los edificios se arruinaron y los solares devinieron en un montón de escombros, labor en la que quizá también colaboraron los humanos. No recuerdo mi primera visita al lugar, pero cada vez que subo al cerro me parece que es la primera; y así sería, de no ser porque al deambular por sus callejas, invariablemente, la brisa del recuerdo me susurra sus nombres: Madre de Dios Arriba, Madre de Dios Abajo, del Horno, de las Rejas, de la Botica...
            Las ruinas de la amurallada villa de Moya representan la grandeza de un pasado, que quizá no lo fue tanto, y la decadencia de lo perecedero, porque -como decía el insigne medievalista Claudio Sánchez-Albornoz- "nada aguanta históricamente el paso del tiempo". Volveré una y otra vez a Moya: atraído por sus piedras caídas, por sus edificios carcomidos, por su indecible paisaje. Y cada vez que regrese, sus ruinas desoladas me hablarán melancólicamente de lo que fueron y nunca más volverán a ser, porque lo acaecido es irrecuperable y el motor de la historia no funciona hacia atrás, más que con la imaginación.
            Hay quienes sueñan con una ilusoria reconstrucción, pero todos sabemos que ello es muy difícil, por no decir imposible, debiendo conformarnos con conservar lo que queda; para los tiempos que corren, eso ya sería mucho... Visitemos el lugar y hagámoslo con comedimiento y respeto, interesándonos también por la Historia y su significado, conscientes de que el destino de Moya es propiamente humano, y tarde o temprano a todos nos alcanzará. Vale.




[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Visita guiada a las ruinas de Moya (Cuenca) [y II], jueves 18 de octubre de 2012.
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
* GÓMEZ, Eusebio y SÁEZ, Teodoro. Moya, su historia, sus hombres, sus tradiciones, Edita "Asociación Amigos de Moya (Cuenca)", Valencia, 2001.
* ID. Los septenarios. Moya por Santa María, Edita "Asociación Amigos de Moya (Cuenca)", Valencia, 2004.
* PITARQUE, Juan, HINAREJOS, Niceto y GÓMEZ, Eusebio [Coordinador: Teodoro SÁEZ]. Moya (Cuenca), tierras de frontera (1269-1375), Historia y Documentos (a la luz del Archivo de la Corona de Aragón), Edita "Asociación Amigo de Moya (Cuenca)", Valencia, 2007.
* SÁEZ FERNÁNDEZ, Teodoro. Guía práctica de Moya (Cuenca), Edita "Asociación Amigos de Moya (Cuenca)", Segunda edición, Valencia, 2011 [Cuenta con la colaboración especial de Eusebio Gómez García y de Niceto Hinarejos Ruiz e incluye un plano general desplegable de las ruinas de Moya].