viernes, 1 de junio de 2012

LA CELEBRACIÓN DE PENTECOSTÉS EN EL RINCÓN DE ADEMUZ (I).

Crónica y testimonio de la celebración 
en la ermita de Santerón (Algarra) y en Mas del Olmo (Ademuz).


Veni, Sancte Spiritus,/ Veni, nostri cordium,/
Et emitte caelitus/ Lucis tuae radium
.

Secuencia de Pentecostés,
con la que la Iglesia católica pide su asistencia al Espíritu Santo.


Palabras previas.
El mes de mayo, emblema y paradigma del esplendor primaveral en nuestra latitud, es también un tiempo de celebraciones religiosopopulares en el Rincón de Ademuz, todas ellas vinculadas al calendario estacional del ecumene comarcano, extensivo a las lindantes tierras aragonesas y castellanas; no en vano el Rincón de Ademuz se halla situado –no enclavado- entre Cuenca y Teruel, compartiendo devociones y tradiciones con los territorios limítrofes.
Entre las fiestas más conocidas del santoral encontramos el “Día de la Cruz”, que se celebra en Ademuz y otros pueblos de la comarca, la romería de Santa Quiteria -que toca a Puebla de San Miguel (Valencia) y Arcos de las Salinas (Teruel)-, la romería Virgen de Santerón -que toca a Algarra (Cuenca) y Vallanca (Valencia) y la “Pascua Granada” -que toca a Mas del Olmo y Sesga, aldeas de Ademuz (Valencia)- y que también tiene algo de peregrinaje. El Día de la Cruz en Ademuz es una fiesta de larga tradición, referida a la “bendición” de los términos, que ha tratado de recuperarse, aunque con escaso éxito hasta ahora. La marcha de Puebla de San Miguel a Hoya de la Carrasca se mantiene, aunque con altibajos; la de Santerón es cada día más conocida, y la de Pascua Granada, que también se conserva, aunque no sin dificultad.
En el origen de las dificultades por salvaguardar estas antiguas tradiciones locales se halla la mengua de los empadronamientos y el envejecimiento poblacional, factores que inciden negativamente en su sostenimiento, casi tanto como la pérdida de la fe religiosa católica y la irreligiosidad en general, signos manifiestos de nuestro tiempo en la Europa occidental, un territorio que hasta mediados del siglo XV fue propiamente conocido como Cristiandad. Hay una cita atribuida al célebre escritor y político francés André Malraux (1901-1976) que señala: El siglo XXI será religioso o no será... –donde dice “religioso” podría escribirse “espiritual” o “místico” y la frase tendría el mismo sentido-. En lo personal, desearía que fuese así –que nuestro siglo pudiera ser y fuera espiritual-: porque pienso que esta dimensión de lo anímico resulta consustancial a la naturaleza humana. Al menos en el sentido que yo entiendo al prójimo y a mí mismo, como una unidad indisoluble de alma/espíritu y cuerpo, esto es, de trascendencia y materialidad. Sin embargo, tiendo a pensar que nos encontramos en un interregno, como dicen les sucedía a los ciudadanos del Imperio Romano en los comienzos del siglo I, cuando muchos ya no creían en el panteón de los antiguos dioses y Cristo no se había manifestado todavía...
Por razones complejas, a muchos coetáneos les resulta poco razonable creer, porque han perdido la fe en lo Sagrado o en lo Santo, esto es, en el mysterium tremendum et fascinans de que habla el teólogo alemán Rudolf Otto (1869-1937),[1] y nada les preocupa menos que la salvación de su alma. Piensan que la religión es un cúmulo de sabiduría – misteriosa, obsoleta y anclada en el pasado- que nada les aporta en su cotidianeidad, y que la propia praxis moral es referente, circunstancial y relativa. Y aunque tienen hambre de espiritualidad, y necesidad de esperanza –prueba de ello es su búsqueda entre las religiones o filosofías esotéricas alejadas de nuestra cultura-, todavía no han encontrado nada ni nadie que pueda ofrecérsela. Más allá de la definición ilustrada de religión, entendida como “el conjunto de creencias, normas morales y prácticas rituales que un individuo o grupo mantiene hacia lo que considera divino o sagrado”, me inclino a entender la religión en el sentido tomista que el profesor de la Universidad Pontificia Salesiana -Adriano Alessi (Omegna, 1941)- nos propone: Religio est recta ordinatio hominis ad Deum, esto es, la recta ordenación del hombre a Dios, entendiendo a Dios como un ser absoluto y personal.[2]

Vista parcial de la ermita de Santerón-Algarra (Cuenca), desde la noguera que sombrea la placeta (2012).


Hay dos lugares en el Rincón de Ademuz donde los comarcanos celebran con especial intensidad la festividad de Pentecostés: Mas del Olmo (Ademuz) y la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca). Previamente a su descripción, cabe decir que la solemnidad de Pentecostés es una de las más importantes del culto católico -junto con la de Resurrección y Navidad-: su liturgia incluye la célebre “secuencia” medieval del veni, sancte espiritus: un antiguo poema latino con el que la Iglesia solicita el auxilio del Espíritu Santo, previamente al inicio de su actividad evangelizadora: Veni, Sancte Spiritus,/ Veni, nostri cordium,/ Et emitte caelitus/ Lucis tuae radium.// Ven Espíritu Santo, ven a nuestro corazón y desde el cielo envía un rayo de tu luz.[3] Como es sabido, el término Pentecostés es palabra de origen griego, significa “quincuagésimo día” y alude a los cincuenta días desde el Domingo de Resurrección: su celebración (que no siempre cae en la misma fecha) pone fin al tiempo pascual, conmemora la bajada del Espíritu Santo sobre los Discípulos y el comienzo de las actividades de la Iglesia -tal como se describe en los Hechos de los Apóstoles, quinto libro del Nuevo Testamento-.[4]


La solemnidad de Pentecostés en Santerón.
Acerca de la ermita de Santerón y de la celebración del Septenario –que se celebra cada siete años, y que consiste en subir por la imagen de la Virgen a su ermita de Santerón (Algarra) y bajarla hasta la villa de Vallanca (Valencia), donde tiene lugar el Novenario, para volver a subirla pasado este tiempo- he escrito en varias ocasiones.[5] Sin embargo, nunca había tenido la oportunidad de subir por Pentecostés, celebración anual que tiene lugar en la misma ermita algarreña y su entorno. Desde el Rincón de Ademuz, para llegar hasta el santuario hay varios caminos: el tradicional desde Vallanca, que atraviesa la sierra de Santerón por una trocha cerca del pico Talayón (1602 m.), es el más accidentado y, paradójicamente, el que antaño se utilizaba para subir por la Virgen y subirla; el nuevo desde Vallanca, que discurre varios kilómetros por la misma vía que el anterior pero que se separa de aquella para continuar en dirección al rento de Vallongo o Valluengo y atravesar la sierra por el “collado del Burro”, siendo éste el que actualmente siguen la mayoría de los peregrinos, pues resulta más cómodo y permite el paso de vehículos. Y un tercero, siguiendo el camino desde Algarra… Para ir a Algarra desde el Rincón de Ademuz conviene seguir la variante de la carretera nacional-330, que discurre entre Torrebaja (Valencia) y Manzaneruela (Cuenca). Una vez llegados al Pinar Llano, ya en la provincia de Cuenca, tomaremos un desvío que aparece a la derecha y que conduce a Pedro Izquierdo, cuyo caserío está al poniente, tras un cerro alomado. Cruzaremos la aldea y llegaremos de inmediato a Santo Domingo de Moya, localidad que se halla en una explanada, al norte del altozano donde yacen las ruinas desmochadas de Moya y su señorial castillo. Desde Pedro Izquierdo hasta Santo Domingo el espectáculo del cerro moyano resulta magnífico, de una belleza plástica considerable, cambiante según la hora del día y la estación.
Vista meridional del cerro de Moya (Cuenca), desde la carretera de Landete (2012).
Vista parcial de Santo Domingo de Moya (Cuenca), con el cerro moyano al fondo, desde la carretera de Pedro Izquierdo (2012).




Arribados a Santo Domingo, continuaremos por la carretera que viene de Landete y los Huertos de Moya, y seguiremos hacia el noroeste, esto es, en dirección a las Casas de Garcimolina y Algarra. El grueso del caserío de Garcimolina se halla en una ladera de suave pendiente, a mano derecha de la carretera, pero Algarra está en un alcor, hasta el punto que las casas que miran a la huerta y valle del marquesado, esto es, al suroeste, podríamos calificarlas de colgantes, pues sus muros nacen del propio resalte del monte. En mi viaje a la ermita seguí este último camino, circundé la base del cerro sobre el que se yergue la población y subí por la ladera opuesta, donde ya me esperaban para ir a Santerón. Fuimos en un todo terreno, pues el piso de la pista que conduce a la ermita y al rento de su nombre es muy irregular, con algunos tramos buenos, siendo pasables o malos los demás. Durante el trayecto nos encontramos con varios grupos de peregrinos, jóvenes, chicos y chicas que iban camino de la ermita para asistir a la celebración. Conforme avanzamos el paisaje se va haciendo cada vez más agreste, con el cielo despejado y una suave brisa de montaña agitando las ramas altas de los pinos negrales que bordean la pista; durante la primera parte del pasaje, antes de llegar al alto, hemos visto algunos árboles de tronco señorial, son robles que duermen su sueño secular al borde del camino. Arribados a la planicie ya se divisa el Talayón a la derecha, esto es, al levante y poco más abajo la cabecera del valle, que se explaya longitudinalmente hacia el noroeste, conformando un amplio anfiteatro natural rodeado de montañas pinadas, donde la ermita ocuparía el lugar del proscenio.


Vista  de Algarra (Cuenca), desde la carretera de Landete (2012).

La ermita de Santerón se halla en la hondonada del rento de su nombre -al noroeste del valle y rodeada de un pradillo-: se trata de un edificio de planta rectangular –orientado de este a oeste-, con muros de mampostería enlucidos y cobertura de teja árabe a dos aguas. Tiene la entrada en la fachada meridional, descentrada hacia los pies y cubierta de un tejadillo con armadura de pares y tabicas conformando un singular atrio exterior, con pilones de madera soportados por un murete de obra. A la cabecera posee una estructura octogonal correspondiente al presbiterio y a los pies un edificio anexo de obra reciente y mal planteado, que se alza donde antaño estuvo la vivienda del ermitaño: la denominación de la ermita y sierra de Santerón podría proceder del latín sanctuarium (santuario), de donde vendría también el de “santero” o ermitaño cuidador que allí moraba; aunque esta sería una deducción demasiado sencilla, frente a las más complejas que proponen algunos historiadores y lingüistas, los cuales descartan la filiación latina del término en pro del origen céltico del topónimo y de la misma festividad.[6] Frente al santuario hay unos cobertizos conformando una placeta, en cuyo extremo occidental crece una copuda noguera (Juglans regia) sombreando el recinto. Hasta los años sesenta del pasado siglo, frente a la ermita existió un formidable olmo (Ulmus carpinifolia), pero se secó por efecto de la grafiosis y hubo que talarlo, en evitación de daños en la techumbre del edificio. En su búsqueda de elementos justificativos de la tradición antigua -celtibérica o prerromana- Fernández Nieto (1997), a la sazón Jefe del Departamento de Historia de la Antigüedad y de la Cultura Escrita de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, encuentra en la fiesta de Santerón distintos "aspectos sacrales" en el ágape o "banquete ritual" que hasta hace pocos años celebraban las autoridades en el piso alto de la casa del santero: 
  • "En efecto, formando parte de la propia fábrica de la ermita, en prolongación del coro, existe una fría y oscura habitación rectangular de planta baja utilizada por el ayuntamiento de Algarra para realizar una comida el día del Santerón; la estancia cuenta con una gran mesa y varias bancas de madera. Los platos a consumir corren a cargo de la propia corporación municipal, pero la participación se halla rigurosamente limitada, puesto que los vecinos se hallan excluidos y sólo banquetean, a puerta cerrada, las autoridades -en la actualidad, en el banquete participan el alcalde y los concejales de Algarra, párroco de Salvacañete y dos representantes del Instituto de la Guardia Civil destacados desde el puesto de Landete-. La habitación destinada a esta comida es bastante reciente, pues data de una reforma llevada a cabo hacia el año 1965. Entonces se arrasó el edificio anejo a la iglesia (la casa del santero), que poseía una superficie mucho mayor que la actual estancia, en cuyo piso superior existía una gran sala exenta, toda de madera -incluyendo las tablas de división de los pisos-; y allí se realizaba, en absoluto silencio y aislamiento, la colación reservada al grupo de personas que ejercían la jefatura civil/religiosa de la comunidad".[7]

Camino de acceso a la ermita de Santeron en Algarra (Cuenca), con detalle de la construcción existente a los pies del ermitorio, en cuyo solar se alzaba la casa del ermitaño (izquierda) y la noguera que sombrea la plazuela (derecha), año 2012.

La ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), vista desde un extremo de la placeta, con detalle de la una caballeriza en primer plano (derecha) y la noguera que hay a la entrada (izquierda), año 2012.
La ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), vista desde el cerro frontero, con detalle de la estructura poligonal, correspondiente al presbiterio (2012).
Cuando llegamos ya hay mucha gente en la ermita, unos fuera consumiendo bebidas en las barras que han colocado en uno de los cobertizos y charlando, y otros dentro del santuario, viendo a la Virgen y preparando la celebración. Después de dar una vuelta por los alrededores y saludar a algunos amigos y conocidos, me siento bajo la noguera, para contemplar mejor el espectáculo que me rodea. Bajo los soportales de la entrada se han instalado algunos tenderetes de objetos religiosos, rosarios, libritos, estampas, velas... y una parada de turroneros con sus dulces: turrones, chupadores y alajúes. Junto al nogal venden objetos de cerámica, basados en tejas con diversos motivos decorativos. Don Manuel Auñón, párroco de Alcalá de la Vega (Cuenca), en su informe -de 1787- redactado para el proyecto de Diccionario Geográfico de España del geógrafo y cartógrafo Tomás López Vargas Machuca (1731-1802), al decir de Algarra, anota:
  • "[...] y dentro de su término a una legua de distancia en lo ondo, y llanura de un gran prado (hay) otra (ermita) con el nombre de nuestra Señora de Santerón aparecida, cuya festibidad se celebra el segundo día de Pentecostés, con mucho concurso de gentes de todos los Lugares circunvecinos, y en particular de los moradores de Ballanca, Obispado de Segorbe, que dista una legua. Cerca de dicha Hermita esta al saliente (levante) un gran cerro que a su falda divide los Reynos de Castilla y Valencia, principiando el de esta pasado dicho Monte o Cerro con una Cordillera de Peñas puestas naturalmente de Canto que hace dicha separación a distancia de un tiro de fusil de la referida Hermita a la que dicho día de su sitio concurren algunos Joyeros, Roperos, Quinquilleros y algunas con fruta del tiempo, a cuyo concurso se da el nombre de feria, se hallan tres casas, vulgo las de Santerón y pertenecen a la feligresía de Algarra".[8]   
La ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), con detalle del prado que la circunda, vista desde una eminencia del cerro frontero (2012).
            En un extremo del pradillo hay varios caballos con sus monturas… En otro tiempo había carreras de caballos por el prado y los jinetes alardeaban de los adornos de sus cabalgaduras. Este aspecto de la fiesta no es tampoco baladí, pues encierra elementos "agonísticos", esto es, de exhibición y competición, ya existentes en las celebraciones de la antigüedad prerromana, céltica y griega:
  • "La asistencia a Santerón [...] solía realizarla la mayoría de los varones con los mejores atavíos y muchos de ellos llevaban en la grupa a las mujeres (esposas, hermanas y novias). [...]/ Realmente, los caballeros protagonizaban la última manifestación de la fiesta. Después de la comida, daba comienzo una serie de carreras y de desafíos ecuestres, cuyo propósito era averiguar quién mostraba mayor dominio en velocidad y pericia. En estas pruebas, tan pronto se enfrentaban los jinetes de una misma comunidad como menudeaban, sobre todo, los retos entre dos cabalgaduras de distinta población".[9]


Hoy los caballos, mulos y burros con que venían los devotos han sido sustituidos por vehículos a motor, que yacen aparcados en hilera junto a la vereda y circundando los laterales del ermitorio. El ambiente que se respira es festivo, a lo que colabora el buen tiempo y la hermosura del paisaje serrano, bajo un cielo azul que va cubriéndose con algunos trazos blanquecinos de nubes altas. Los grupos familiares y de amigos buscan alguna zona de sombra bajo los pinos, donde se reunirán tras la ceremonia religiosa para comer. Pero los vecinos de cada una de las localidades que tradicionalmente concurren a la celebración -Algarra, Casas de Garcimolina, Casas Nuevas, El Cubillo y Salvacañete por Cuenca y Arroyo Cerezo y Vallanca por Valencia- no se ponen en cualquier parte, sino en los lugares establecidos por la costumbre:
  • "A su vez, todos los pueblos asociados a la festividad inician una comida perfectamente separados unos de otros, y a tal objeto se instalan siempre en un mismo sitio, determinado por costumbre ancestral. Esta segregación en siete posiciones espaciales constituye a la par un deber y un derecho. Únicamente los vecinos de Algarra están autorizados a comer debajo del árbol contiguo a la ermita -se refiere al antiguo olmo-, mientras que el resto de la comunidades se distribuye en seis pequeñas eminencias conocidas de antemano, no demasiado alejadas entre sí, las cuales dibujan casi un semicírculo en torno a la ermita (al árbol y a la fuente)".[10]


Vista de la plazoleta que hay frente a la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), desde los soportales de la entrada.

Vista del atrio exterior de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), con detalle de la armadura del soportal.

            Me decido a entrar en la ermita antes que se llene… Observo que las maderas de la cobertura del atrio han recibido algún tratamiento, pues lucen como nuevas. El portón de entrada también se halla en proceso de restauración, le han añadido unos listones de madera y rascado la vieja pintura acrílica que lo recubría. El interior de la ermita es oscuro, la única luz que recibe del exterior procede de la puerta de entrada y de una ventana rejada abierta en el presbiterio, lado de la epístola, y de otra similar que hay en la sacristía. El piso es de terrazo rojo y las paredes blancas, con unos dibujos geométricos azules, del mismo género que los del púlpito. El coro se halla a los pies, elevado sobre una gruesa viga con zapatas en los extremos, con sencillos canecillos correspondientes a las jaldetas del piso: se sube por una escalerita al fondo, lado del evangelio. Desde el coro -que luce una estupenda balaustrada de madera torneada- se aprecia a placer la nave central y única del templo, y el presbiterio, que destaca al fondo, tras un sólido arco toral basado en piedra sillar que descansa en impostas voladas. Adosado al muro de la derecha, junto antes del arco hay un púlpito de obra, al que se accede por una somera escalerita.

Vista del interior de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), con detalle de la armadura de la cobertura.
La venerada imagen de la Virgen de Santerón -nombrada novia de Vallanca y reina de estos montes- sobre sus andas en un lado del presbiterio de la ermita de su nombre en Algarra (Cuenca), durante la celebración (2012).
            El techo de la ermita se halla enlucido y encalado, no se observa la viga central (hilera), pero sí dos traviesas longitudinales en la parte media de cada vertiente, y dos gruesas traviesas a modo de tirantes dispuestas perpendicularmente a la nave, que apoyan sobre los estribos de los muros laterales. Dichos maderos sirven de apoyo a los pendolones que soportan la hilera y a los de las vigas longitudinales de ambas pendientes. Estando en el coro, apoyado sobre pasamanos de la baranda, se me acercan dos amigos, Vicente y su esposa –me refiero al señor Vicente Amado Aparicio (Ademuz, 1955)-, que durante las últimas semanas han estado trabajando en la ermita, raspando las maderas que soportan la techumbre (que estaban encaladas), saneándolas y pintándolas para recuperar sus tonos naturales. También han pintado el techo y las paredes, les falta la balaustrada del coro y las puertas de entrada. El trabajo corre por cuenta del Ayuntamiento de Algarra, que se lo encargó, pero no sabe si participará la Cofradía de Santerón, que tiene su sede en Vallanca. A posteriori,  el alcalde de Algarra -don Antonio Huerta Marín (Algarra, 1931)-, me comentó que es probable que la mencionada Cofradía se haga cargo de la restauración de la cúpula del presbiterio, aunque todavía no hay nada decidido al respecto.

La venerada imagen de la Virgen de Santerón -nombrada novia de Vallanca y reina de estos montes- sobre sus andas en un lado del presbiterio de la ermita de su nombre en Algarra (Cuenca), con detalle del retablo (2012).
            El piso de la nave se halla revestido de terrazo rojo, resultado de una actuación anterior, que corrió por cuenta de un devoto de Vallanca. A ambos lados de la nave hay dispuestos una serie de bancos, formando un pasillo central. La entrada al presbiterio la marca el arco toral, también restaurado: ahora luce la piedra de las dovelas que forman la arcada y las impostas voladas que lo soportan. Lo más llamativo del ábside es la cobertura, basada en una armadura en ochavo u octogonal de madera en estilo mudéjar, que nos recuerda la iglesia de Santa Eulalia en Mérida (Badajoz): la de Santerón consta de ocho faldones unidos por limas moamares, el almizate es octogonal y en su punto central luce una estrella encasetonada de ocho puntas centrada por una pieza rectangular, con un pendolón que apoya en la viga que lo soporta. Las maderas de la armadura lucen distintos colores –azul, blanco, granate…- y merecerían una adecuada restauración.
            El presbiterio posee un altar exento y otro adosado de obra, sobre el que hay un retablo basado en una hornacina enmarcada por dos columnas doradas de finas estrías salomónicas. En un saliente del presbiterio, lado de la epístola, se halla la sacristía -estancia iluminada por una ventana rejada-, que posee un antiguo armario cajonero para las vestiduras litúrgicas.

Lado de la epístola del presbiterio de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), con detalle de los estandartes de la Virgen al fondo y de los antiguos sillones de la Sede (2012).
Vista parcial de la cúpula del presbiterio de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), basada en una armadura en ochavo u octogonal de madera en estilo mudéjar (1896), desde la arcada que divide nave y altar (2012).
            Tras la inspección del templo busco mi asiento a los pies del púlpito, un lugar discreto por delante del arco toral, en espera de la ceremonia. Mis compañeros de banco son personas mayores, han venido desde El Cubillo (Cuenca) y son devotos de la Virgen de Santerón, como también lo fueron sus padres. Mucha gente se acerca hasta la imagen, ubicada sobre sus andas en un lado del presbiterio: son personas de distintas edades -jóvenes, viejos y de mediana edad-, que se acercan a cumplimentar a la Virgen, persignándose delante de ella o llevándose los dedos a los labios y besando después el manto. Algunos llevan cirios que han comprado a la entrada y los encienden, dejándolos en un rincón. Lo que más me llama la atención, sin embargo, es ver como los padres alzan a sus hijos pequeños hasta la imagen, para que los niños besen o rocen con sus deditos el albo manto de la Virgen…

Plaza de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), en los momentos iniciales de la procesión (2012).
Plaza de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), en los momentos iniciales de la procesión (2012).
Plaza de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión por el pradillo (2012).
            Tras la misa, concelebrada por tres sacerdotes –el párroco de Algarra, el de  Salvacañete y el de Vallanca- tiene lugar la procesión por el pradillo de la ermita hasta la “mesa de la Virgen”. La piedra tiene grabada una inscripción que dice: Año 1916/ don Antonio José Mª Dolz, cura párroco de Santo Domingo de Moya/ por Julián López Martínez/ Viva la Virgen (de) Santerón. Salen los crucíferos de Algarra y Vallanca y tras ellos la venerada imagen de la Virgen, que tradicionalmente sacan los algarreños. Las andas descienden hasta casi el nivel del suelo, pues el alero del soportal es bajo. Una vez en la placeta comienza la procesión hasta la “mesa”, el mencionado bloque de piedra de una sola pieza que se halla unos cientos de metros hacia el sureste: allí descansa la imagen durante unos minutos, encarada hacia su ermita, mientras se reza y canta una salve. El espectáculo procesional es muy hermoso, singularmente por el paisaje de plena naturaleza en que se desarrolla la marcha. A propósito de la denominada "Mesa de la Virgen", Fernández Nieto (1997) anota:
  • "El día de la festividad, el pueblo de Algarra (autoridades y vecinos), que se situaba previamente en la ermita de la Virgen, salía al encuentro de cada una de las comunidades participantes a medida que aquéllas iban acercándose en comitiva al lugar santo. En la actualidad el rito de la recepción tan sólo se tributa a los habitantes de Vallanca -la comunidad más numerosa-, [...]: toda la comunidad de Vallanca, que antiguamente se desplazaba andando y en caballerías hasta el valle, se reúne (al arribar a la ermita) junto a un gran bloque (la mesa de la Virgen) y esperan la llegada de la gente de Algarra, que marcha presidida por las autoridades civiles, aunque les precede una persona que lleva cruz y estandarte. Cuando han llegado ante el grupo foráneo que aguarda en la mesa, el portaestandarte baja ligeramente la cruz y el pendón y las autoridades de Vallanca efectúan como una señal de acatamiento; acto seguido, ambas comunidades se funden y emprenden juntas el camino hacia la ermita".[11]

Pradillo de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión, con detalle de los estandartes y de la imagen de la Virgen sobre sus andas (2012).
Pradillo de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión, con detalle de La Mesa (2012).
            Tras la misa y procesión hasta la Mesa de la Virgen, la vuelta hasta la ermita se hace por el mismo camino, solo que al llegar a la placeta se circunda el edificio comenzando por la cabecera y continuando por los pies, esto es, en sentido contrario a las agujas del reloj, para entrar de nuevo en la ermita:
  • "[...], la misa constituye sólo el preámbulo ineludible de aquella ceremonia que los asistentes perciben como el núcleo ritual, a saber, la procesión de la Virgen, cuyo desarrollo es muy simple, puesto que se procede a transportar las andas hasta el gran bloque cuadrangular de piedra tallada, distante unos doscientos metros de la ermita y que ocupa asimismo una posición central respecto del valle. En la superficie de la piedra se deposita la peana, de ahí el nombre que recibe de mesa de la Virgen; luego se reza una salve. El actual bloque de piedra fue construido a comienzos de este siglo a expensas de un antiguo párroco y reemplaza a una vieja roca, desbastada por arriba, que cumplía la misma función. La pompé regresa desde la mesa a la ermita, da tres vueltas con la imagen alrededor del edificio, siguiendo el sentido de la izquierda, y entra por último en el recinto sagrado para devolver la imagen al altar".[12]

            Una vez dentro del ermitorio se coloca la imagen en su lugar del presbiterio y se cantan los gozos a la Virgen de Santerón, dando así por concluida la primera parte de la celebración. Salen los fieles del templo y buscan su acomodo en un lugar de los alrededores bien establecido por la tradición para comer junto a familiares, amigos y vecinos, y sestear hasta la tarde, en que regresarán al santuario para el rezo del Santo Rosario. Tras la plegaria, los encargados desmontan la imagen de la Virgen y se la llevan a Algarra, pues la ermita no es lugar seguro. Prueba de ello es que hace unos años la robaron…


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).



[1] Rudolf Otto. (2012, 20 de febrero). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 16:49, mayo 28, 2012 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Rudolf_Otto&oldid=53983742.
[2] ESCUDERO TORRES, Esteban. Creer es razonable. Fenomenología y filosofía de la religión, Valencia, 2002, p. 29.
[3] "Pentecostés." Wikipedia, La enciclopedia libre. 28 may 2012, 11:38 UTC. 28 may 2012, 17:07 <http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Pentecost%C3%A9s&oldid=56548568>.
[4] Hechos de los Apóstoles. (2012, 20 de mayo). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 17:03, mayo 28, 2012 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Hechos_de_los_Ap%C3%B3stoles&oldid=56327635.
[5] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La romería de la Virgen de Santerón, estudio historiográfico, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 403-411. Ibídem. La romería a la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), crónica y testimonio en el XLI septenio, pp. 117-417.
[6] Hipotéticamente, y basándose en la existencia de "un conjunto de hechos todavía vivos que [...] solamente pueden explicarse si conjungamos los análisis histórico-etnográficos y el método filológico con nuestros conocimientos sobre la cultura y civilización de los celtas", se ha propuesto la existencia de una antiquísima "federación celtibérica de Santerón", hermana de otra que "ha dejado su reflejo en la histórica cofradía de La Caballada, enraizada en la villa de Atienza (Guadalajara)". Vid FERNÁNDEZ NIETO, Francisco Javier. La Federación celtibérica de Santerón, en: Pueblos, Lenguas y Escrituras en la Hispania Prerromana, Actas del VII Coloquio sobre Lenguas y Cuturas Paleohispánicas, Zaragoza, 12 a 15 de marzo de 1997, pp. 190-192.
[7] FERNÁNDEZ NIETO (1997), p. 186.
[8] LÓPEZ VARGAS MACHUCA, Tomás. Diccionario Geográfico de España, Biblioteca Nacional de Madrid, Mss. 7298. Vid SÁNCHEZ GARZÓN (2007), p. 404. 
[9] FERNÁNDEZ NIETO (1997), p. 187.
[10] Ibídem, pp. 186-187.
[11] Ibídem, p. 185.
[12] Ibídem, p. 186.

Pradillo de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión, con detalle de La Mesa (2012).
Pradillo de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión, con detalle de la imagen de la Virgen sobre La Mesa (2012).
Pradillo de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión, con detalle de la imagen de la Virgen sobre La Mesa (2012).

Pradillo de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante la procesión, con detalle de la imagen de la Virgen sobre La Mesa (2012).
Detalle del interior de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), durante el canto de los "Gozos de la Virgen" (2012).
Vista parcial de la cúpula del presbiterio de la ermita de Santerón en Algarra (Cuenca), basada en una armadura en ochavo u octogonal de madera en estilo mudéjar (1896), desde el altar (2012).
Vista general de la ermita de Santerón y el rento de su nombre en Algarra (Cuenca), desde el noroeste (2012).