miércoles, 7 de diciembre de 2011

A MAS DEL OLMO (ADEMUZ), POR SANTA BÁRBARA

 Evocando la tradición “caridadera” 
de la aldea ademuceña.



Santa Bárbara bendita,/ que en el cielo estás escrita,
con papel y agua bendita,/ del trueno líbranos.
Padre nuestro. Amén Jesús.




            Desde Ademuz hasta Mas del Olmo, vía Val de la Sabina.
El sábado, 3 de diciembre de 2011, subí a Mas del Olmo (Ademuz) para celebrar a santa Bárbara, titular de su parroquia y patrona de la aldea. Iba acompañando a mi esposa, miembro del coro interparroquial, que ese día cantaba en la misa por la festividad. El objetivo era asistir a la eucaristía, realizar la procesión, presenciar la tradicional bendición y entrega de los "panes de la caridad"; y también comer un asado de hermandad con los del coro en el local social de la aldea. Conozco el lugar por haber ido muchas veces, y también tengo allí buenos amigos; hace años estuve para la fiesta de la Santa, pero me apetecía subir de nuevo para ver cómo había evolucionado la celebración.[1]
            Y con ese propósito, a media mañana, nos dirigimos a Mas del Olmo, siguiendo la carreterita que, partiendo de Ademuz por el puente del Sotillo, se dirige a Puebla de San Miguel, vía Val de la Sabina. El día había amanecido cubierto, pero conforme avanzaba se iba despejando, de forma que a la hora que partimos lucía un sol espléndido, aunque con algunas nubes deshilachadas en el cielo. Desde Ademuz hasta el Val la carretera discurre por la ladera del monte, lado derecho de la rambla, donde lucen unos tupidos cipreses protegiendo la vertiente. En pocos minutos arribamos a la aldea y sin entrar en ella tomamos la dirección que nos indica un cartel a la izquierda, con la señalización de la distancia: 8,5 km a Mas del Olmo y 13,5 a Puebla de San Miguel. La ascensión por dicha vía –más bien camino rural asfaltado- es peligrosa: plagada de curvas, estrecha y con la amenaza constante de un vertiginoso despeñadero a un lado.
            Arribados al alto el ánimo se relaja a la vista de la planicie, que se extiende hasta las cotas bajas y medias de la sierra de Javalambre, con las crestas ya nevadas perfilando el horizonte hacia levante. La carreterita continua hasta Puebla de San Miguel, en dirección a Hoya de la Carrasca y Losilla; pero nosotros la dejamos antes de entrar en el puente que cruza la rambla, adentrándonos en la aldea por la parte baja.


            Llegada a Mas del Olmo, iglesia, misa y procesión.
Aparcamos en una placeta, poco más allá del callejón cubierto donde se halla el consultorio médico y la antigua escuela del lugar. El silencio es absoluto, aunque se perciben pequeños grupos de gente que suben y bajan en dirección a la iglesia. La mañana está fresca, pese a que ya es mediodía; de algunas chimeneas salen lánguidos penachos de humo. Nos encaminamos al templo siguiendo una calleja estrecha que da a la rambla, donde el horno de pan cocer. Los árboles de la vertiente todavía conservan sus hojas, aunque ya amarillentas y mortecinas. Atravesamos el ramblar y continuamos hacia la derecha por una umbrosa costanilla, rápidamente llegamos a la iglesia. El templo ya está abierto y se observa movimiento dentro: algunas vecinas entran y salen de la sacristía, ayudando a la hermana Ana –de la Fraternidad Reparadora- que está preparando el altar para la celebración.
            La iglesia todavía está vacía de feligreses, aprovecho para subir al coro y sentarme en uno de sus bancos, por delante de la hermana Verónica, que se había colocado detrás; desde este lugar puede contemplarse a placer el pequeño templo, a la vez que recogerse un momento antes de la celebración. La restauración de que fue objeto el lugar merece el mejor elogio, pues lo ha dejado impecable, conservando techumbres y respetando la tradición ornamental. La iglesita posee una sola nave en dos tramos más presbiterio; se halla orientada de este a oeste, con la entrada en la fachada meridional, y una singular torre-campanario a los pies, lado del evangelio. Al coro, que se alza en la parte posterior, se accede por una empinada escalerita; la techumbre vierte a dos aguas, tipo par hilera con tabicas, y luce espléndida después del saneamiento practicado –obra de la Universidad de Valencia-.[2]
En el anverso del arco toral que soporta la bóveda aparecen los símbolos que identifican a santa Bárbara –un torreón con tres ventanas, que indican la Trinidad, y la palma del martirio- enmarcadas en un círculo vegetal. Asimismo, producto de la restauración, pues antes no existía, llama la atención un texto que orla la parte superior de la cornisa con grandes letras oscuras: OYE PROPICIA SEÑORA MI RUEGO DE AMOR PROFUNDO Y EN LAS TORMENTAS DEL MUNDO SÉ ¡OH! MADRE MI PROTECTORA. EN ESTE REVUELTO MAR DEL MUNDO, MADRE BENDITA SÓLO AL HOMBRE EL MAL EVITA LA FE QUE LE PUEDE DAR.

            Lentamente se va llenando el templo, sale el sacerdote revestido de rojo, pues se celebra a santa Bárbara, que fue virgen y mártir. Escuchar la Santa Misa en templos tan hermosos y humildes –cual éste de Mas del Olmo, alejado del terrenal rumor y las pasiones- me produce un especial regocijo interior. En el ambiente se percibe la fe sencilla de los asistentes, mezcla de ardor y tradición. Dispuesto para la celebración me viene a la memoria la exhortación del Proslógion (I) de san Anselmo de Canterbury (1033-1109),[3] padre de la escolástica y ferviente defensor de la Inmaculada Concepción de María, y me digo:
  • “Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícale algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia...”.[4]

            Los cantos de esta misa fueron a cargo del coro interparroquial, siendo organista Daniel Aparicio Sánchez,[5] de Torrebaja; dirige, el señor Abel Muñoz Sánchez, de Casasaltas. Concluida la celebración se hizo una procesión por las calles de la aldea, recorriendo el barrio de La Plaza, La Era y vuelta al de La Ermita, portando en andas las imágenes de la Virgen del Consuelo, que llevaban las mujeres, y la de santa Bárbara, portada por hombres: delante iba la cruz procesional y los estandartes –azul el de la Virgen, rojo el de la santa, por su martirio-; el señor cura va tras las imágenes. En este día tan señalado para la aldea resulta emocionante (y conmovedor a la vez) ver la concurrida comitiva recorriendo sosegadamente las solitarias callejas de ambas vertientes, con los cantos resonando en los rincones y portales de las casas vacías. Hay un momento en que las imágenes deben bajarse casi a ras del suelo, para poder pasar bajo el callejón cubierto; mientras que en otros lugares la calleja se estrecha, permitiendo apenas el paso del anda. Durante toda la procesión la pequeña Santa Bárbara (1741) no ha dejado de sonar un instante, anunciando la marcha de las imágenes por la localidad. De vuelta al templo son colocadas a ambos lados del presbiterio, mientras un hijo de la aldea ya mayor –Miguel Luz Ramírez- se dispone a cantar los Gozos de santa Bárbara: no puede describirse el canto con palabras, hay que escucharlo para sentir su honda vibración en el ánimo; del mismo sólo diré que sabe a antiguo, cual una salmodia ancestral que remite a tiempos pretéritos.[6]

            La bendición de los "panes de la caridad" y el "pan de las Almas".
            Concluida la celebración –misa, procesión y gozos- nos dirigimos a un edificio restaurado que hay en el barrio de La Plaza, junto a la rambla, correspondiente al antiguo horno comunal y actual Museo del pan. La ceremonia a la que asistí hace años no ha variado un ápice, razón por la que puede contarse con las mismas palabras; sólo ha cambiado el nombre de los encargados de la fiesta y el del señor cura que bendecirá los panes; hoy es don Eduardo Rengel Albert, párroco de Ademuz:

  • <El público asistente abarrota la sala del primer piso, de cuyas paredes penden cuadros encristalados con singulares fotografías de la aldea, de alto valor etnológico y etnográfico, representando escenas de otro tiempo: celebraciones religiosas, apicultura y faenas del campo (siega, trilla,…). Han preparado una mesa con bebidas (vino, cerveza y refrescos) y exquisiteces de boca (píngano, cortezas de cerdo, papas fritas…) primorosamente dispuestas por el Ayuntamiento para degustación de los asistentes.// Al fondo de la estancia se abre otra habitación menor, cuyo piso aparece cubierto por varios cientos de panes de estrella perfectamente dispuestos en hileras. Llega el cura, revestido con estola roja y acompañado del monaguillo, que porta el acetre con el hisopo. Reza una oración consagratoria y -en medio del común regocijo- bendice los panes. El pedáneo y otro vecino toman dos molletes y los van troceando, repartiéndolos a "pizcos" entre los presentes, que los comen de inmediato. El acto invoca una celebración comunitaria primitiva, reflejando el deseo de participación en una totalidad: el “amparo barbariano” extendido a toda la colectividad. Después se prueban las bebidas y manjares del aperitivo.// Entretanto, otros vecinos han ido colocando los dorados panes (este año alcanzaron los cuatrocientos ochenta) en cestos de mimbre, para ir repartiéndolos, uno por familia, entre los presentes. En la actualidad, por causa de la despoblación que padece la aldea (33 habitantes/1996; 18 habitantes/2004), se encomienda el pan a algún panadero de la zona; antaño, sin embargo, se amasaba y horneaba en el horno local, constituyendo su elaboración una fiesta en sí misma>.[7]

            La creencia popular percibe que el pan bendito, además de alimento (nutriente) resulta portador de propiedades espirituales -de la misma forma que “el pan dormido de San Antón” y “los rollos de San Blas” protegen de las enfermedades y “males de garganta” a quienes lo ingieren con devoción-.
  • <Como toda tradición, la fiesta de santa Bárbara ha sufrido su propia evolución, condicionada en las últimas décadas por la escasez de vecinos. Desde tiempo inmemorial, varios aldeanos se constituían en “caridaderos”, personas encargadas por la comunidad de recoger las limosnas para la fiesta de los panes. Los más viejos recuerdan que pudo haber entre cuatro y seis, pero en las últimas décadas sólo son dos. Dichos vecinos se elegían “por tanda de calles”, según el orden que se llevaba en la pedanía. Llegado finales de noviembre, se pasaban casa por casa con una talega, para recoger el “trigo de la caridad”. Cada vecino, según su voluntad y posibilidades, donaba una cantidad, que oscilaba entre un cuartal y media fanega de trigo>.[8]
    • <Terminada la recolección, el trigo se portaba a lomos de animales al “molino del Señor” en Torrebaja, bajando por la loma Romance, Molares, barranco del Charcal y umbría de La Sagra; y también al más próximo de Los Cuchillos, que se halla en el camino de Sesga, donde el molinero, invariablemente, les preparaba a los portadores un buen caldero de gachas tras la molienda. Arribados de nuevo a la aldea, tras cerner la harina, el salvado resultante se repartía entre los que habían donado trigo, proporcionalmente a lo que habían contribuido.// Las mujeres de la casa de los “caridaderos” eran las encargadas de preparar la masa, ayudadas por familiares y voluntarias, aportando, además, la levadura y la sal. Durante la noche, los hombres iban por leña al monte de Puebla de San Miguel, exponiéndose a la ira de los pueblanos. De esta forma, uno o dos días antes de santa Bárbara, según la cantidad de harina conseguida, se comenzaba a hornear. La faena se iniciaba pasada la media noche y se continuaba hasta terminar la masa, que podía ser bien avanzada la mañana. Conforme se sacaban los panes se contaban, depositándolos en los escriños y cubriéndolos con las frazadas. El que hacía treinta, la llamada “poia”, correspondía al hornero, así como los que salían rotos o deformados>.[9]
    • <La misma mañana de la celebración, los propios “caridaderos” preparaban a su cargo un gran caldero de gachas, donde no faltaban las sabrosas sardinas saladas de barril ni las tajadas de cerdo fritas y el ajoaceite. Tampoco el vino de la cosecha local (antaño hubo muchas viñas por la zona, como lo prueban los cubos existentes), que previamente habían recogido también “de caridad” por la aldea, pasando de portal en portal con un puchero y un boto, que luego abocaban al tonel dispuesto al efecto por el Ayuntamiento. La comida comunal se alegraba con bailes, amenizados por los propios lugareños, utilizando laúdes y guitarras.// Desde la mañana la aldea bullía de gente, parientes, amigos y convidados de los pueblos y aldeas vecinas, sin que faltaran nunca los pobres de cada lugar, siendo los más asiduos y abundantes los de Santa Cruz y Casasaltas… La fiesta religiosa era similar a la descrita, pagándose los gastos de Iglesia con el producto de ciertas tierras en secano que la Santa tenía en el término, cultivadas por diversas familias. Igualmente respecto al reparto de los panes, que se hacía tras la bendición, disponiéndose los concurrentes en largas filas. El primero era para el señor cura. Luego iban pasando los pobres, visitantes y vecinos, quedando en último lugar los “caridaderos”. Si sobraban panes se hacía una “retorneta”, consistente en un segundo reparto, reservado a los vecinos que habían entregado caridad>.[10]
    • <Durante la fiesta se constituía “el pan de las almas”, consistente en que determinados vecinos, en razón de promesas, peticiones o agradecimientos a la Virgen, daban para ese fin alguno de los panes que les habían tocado en el reparto. De esta forma se llenaban una o varias cestas, que eran subastadas al día siguiente (Virgen del Consuelo) al mejor postor. Al tercer día, con el producto de la venta de los molletes se celebraban las misas por los difuntos de la aldea>.[11]

    En otro tiempo nadie quedaba al margen de la fiesta, pero en nuestros días, singularmente la despoblación, la fiesta popular ha quedado considerablemente reducida. Sin embargo, todavía se conserva entre los moradores la antigua tanda de “caridaderos”, en los que pervive el mismo espíritu que animaba a los de hace cien años, y la misma ingenua y santa devoción:

    Santa Bárbara bendita,/ que en el cielo estás escrita,
    con papel y agua bendita,/ del trueno líbranos.
    Padre nuestro. Amén Jesús.


                Asado de carne y embutido en honor de santa Bárbara, visita al horno del pan y las antiguas escuelas.
                Terminado el reparto del pan, con los ricos molletes bajo el brazo, nos dirigimos al edificio comunal de la plaza, donde el frontón. Se trata de un local que sirve de casa de cultura a los aldeanos, además de para bailes y comidas populares. Cuando arribamos ya han dispuesto una larga mesa con todo lo necesario para comer y beber, incluidas las ensaladas. Nos sentamos por grupos, las mujeres en los extremos y los hombres en el centro: porque los hombres y las mujeres suelen hablar y bromear con cosas distintas, aunque no puedan vivir los unos sin las otras.
    Enseguida traen el asado de carne y embutidos, del que damos cuenta entre guasas y risas; pues somos todos conocidos, gente del Rincón de Ademuz, miembros de Coro interparroquial y sus esposos o esposas. Por distintas razonas han faltado algunos, pero la alegría es la misma de siempre. Alguien propone un brindis: “Para que no se queden viudas nuestras mujeres...” –el señor cura y el sacristán (que es mozo) protestan, pero brindan también-.
    Inexplicablemente, el organista ha olvidado su acordeón. Sin embargo, José Cremades -que canta en el coro y toca en la Banda de Música de Ademuz-[12] sacó su saxofón y aún se cantaron algunas canciones, momento que algunos aprovechamos para visitar el Museo del pan y las antiguas escuelas; pero esa es otra historia... Vale.



    [1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La romería de Santa Bárbara en Mas del Olmo, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 217-221.
    [2] En un cartel enmarcado en negro que hay bajo el coro luce un texto que dice: <Mantengamos siempre encendido el misterioso fuego del entusiasmo por lo bello, lo verdadero y lo justo. Es nuestra riqueza real e inagotable. Pues desde ello elevaremos nuestra alma a Dios. Desde el sin poder y la divina belleza, laus Deo, en el año del Señor de 2006, quienes este templo restauramos, desde julio de 2004, de la Universidad de Valencia>.
    [4] Selección del profesor Miguel Navarro, Leer y Orar, en PARAULA, Valencia, domingo 4 de diciembre 2011, p. 28.
    [5] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Daniel Aparicio Sánchez, organista, del lunes 17 de octubre de 2011.
    [6] Los Gozos de santa Bárbara están formados por nueve estrofas de seis versos octosílabos consonantes, donde el primero rima con el cuarto y quinto, y el segundo con el tercero, quedando libre el sexto, que lo hace con todos los demás de esta situación (abbaac). Posee también una composición inicial de cuatro versos a modo de estribillo, donde el primero rima con el tercero y el segundo con el cuarto (abab), que dice: Pues sois Virgen coronada/ y mártir muy excelente/ sednos, Bárbara abogada,/ ante Dios omnipotente.
    [7] SÁNCHEZ GARZÓN (2007), p. 220.
    [8] Ibídem, p. 220.
    [9] Ibídem, p. 221.
    [10] Ibídem, p. 221.
    [11] Ibídem, p. 221.
    [12] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Antón Catalá Civera, director de la Banda de Música de Ademuz,  del lunes 5 de diciembre de 2011. 


    ARCHIVO FOTOGRÁFICO DE LA CELEBRACIÓN.

    Nave de la bellísima iglesia de Santa Bárbara en Mas del Olmo (Ademuz).
    Iglesia de Santa Bárbara en Mas del Olmo (Ademuz), durante la homilía.
    Coro interparroquial del Rincón de Ademuz durante la misa de Santa Bárbara en Mas del Olmo (Ademuz).
    Procesión de Santa Bárbara -estandartes e imágenes- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Procesión de Santa Bárbara -feligresía- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Procesión de Santa Bárbara -feligreses e imágenes- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Procesión de Santa Bárbara -feligreses e imágenes- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Procesión de Santa Bárbara -regreso a la iglesia- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Procesión de Santa Bárbara -entrada en el templo- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Imagen de Santa Bárbara en el retablo del altar mayor, iglesia de Mas del Olmo (Ademuz).
    Los "panes de la caridad" -antes de la bendición- en Mas del Olmo (Ademuz).
    Bendición de los "panes de la caridad" en Mas del Olmo (Ademuz).
    Reparto de los "panes de la caridad" en Mas del Olmo (Ademuz).
    Reparto de los "panes de la caridad" en Mas del Olmo (Ademuz).
    Reparto de los "panes de la caridad" en Mas del Olmo (Ademuz).
    Miembros del coro interparroquial durante la comida de hermandad en Mas del Olmo (Ademuz).
    Miembros del coro interparroquial durante la comida de hermandad en Mas del Olmo (Ademuz).
    Miembros del coro interparroquial durante la comida de hermandad en Mas del Olmo (Ademuz).
    Miembros del coro interparroquial tras la comida de hermandad en Mas del Olmo (Ademuz).
    Miembros del coro interparroquial tras la comida de hermandad en Mas del Olmo (Ademuz).
    Familiares de miembros del coro interparroquial tras la comida de hermandad en Mas del Olmo (Ademuz).

    2 comentarios:

    1. ¡Hola Alfredo! Estos días he vuelto a leer tu interesante blog. Quiero hacer constar mi satisfacción por las crónicas, fotos y documentación que pones a disposición del público. Los que amamos el Rincón apreciamos tu riguroso trabajo y agradeceremos que sigas escribiendo sobre nuestros pueblos, sus gentes y su riquieza cultural. Aprovecho este día de Navidad para desearte paz, felicidad y un año nuevo cargado de buenas noticias. Un abrazo de tu amigo Jesús Blasco (Ademuz).

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    2. Hola, amigo Jesús, gracias por tus elogios, seguramente inmerecidos..., pero siempre bien recibidos. Me alegro que te gusten mis artículos; yo me lo paso estupéndamente escribiéndolos y veo que mucha gente los lee con gusto, así que dos pájaros de un tiro. Aunque nos vimos hace poco, yo también quiero aprovechar el momento para desearte una Feliz Navidad en estos días, además de enviarte mis mejores deseos para el Año Nuevo. Un abrazo para todos, desde Torrebaja.-

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