lunes, 17 de octubre de 2011

EL CORO INTERPARROQUIAL DEL RINCÓN DE ADEMUZ EN EL LIV SEPTENARIO DE MOYA

 De la participación de las parroquias del Rincón de Ademuz 
en el Septenario moyano.



La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”.
Platón (427-347 a.C.), filósofo griego.







El sábado pasado -24 de septiembre de 2011- estuve en Moya (Cuenca) con el Coro Interparroquial del Rincón de Ademuz, que fue para cantar una misa en honor de la Virgen de Tejeda, “perla del Marquesado”. La idea de ir en peregrinación a Moya para visitar a la Virgen surgió en una reunión de la Cofradía de Santerón (Vallanca). Sin embargo, la invitación al coro la cursó el párroco de Moya -don Daniel Jiménez- al arcipreste de Ademuz -don Eduardo Rengel Albert-: convidando así a las gentes de este arciprestazgo valenciano a participar en los actos del LIV septenario moyano.
El Coro Interparroquial está formado por los coros de las distintas parroquias rinconademucenses -Ademuz, Casasaltas, Casasbajas, Vallanca y Torrebaja- y lo componen básicamente mujeres y unos pocos hombres, además del director -Abel Muñoz, de Casasaltas- y el organista -Daniel Aparicio Sánchez, de Torrebaja-: de alguna forma, las voces uncidas por la música del órgano representaron por un momento a las gentes que habitan el Rincón de Ademuz, comarca que siempre ha profesado gran fervor por la Virgen de Tejeda.



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Detalle del cartel anunciador del LIV Septenario de Moya (Cuenca), sito en El Arrabal (2011).

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Zona de aparcamiento en El Arrabal de Moya (Cuenca), 2011.




Para llegar a Moya desde nuestra comarca el mejor trayecto es por la nueva carretera de Manzaneruela (Cuenca) a Torrebaja: arribados al “Pinar Llano” hay que estar atentos, para tomar un desvío que aparece enseguida a la derecha, en dirección Pedro Izquierdo, lugarcillo desde el que ya se divisa el imponente cerro sobre el que se asientan las ruinas de la antigua Moya, capital del marquesado de su nombre: la vista es espléndida, pues el cerro coronado por las murallas de la fortaleza es singularmente hermoso, con el sol iluminando la vertiente meridional.
El trayecto es corto, lo hacemos en coches particulares que ponen los propios miembros del coro y sus acompañantes. Rápidamente llegamos a Santo Domingo, para seguir por la izquierda la carreterita que viene del norte, procedente de Algarra y Casas de Garcimolina, en dirección a Huertos de Moya y Landete. En pocos minutos arribamos a un desvío que aparece a la derecha, una trocha polvorienta que asciende hasta El Arrabal, el caserío que se asienta a los pies del castillo moyano. Los del lugar han levantado un arco de bienvenida para la Virgen, y las humildes casas están engalanadas de banderitas multicolores, con colchas y banderas de España rodeando los balcones. Aparcamos en unas rastrojeras que hay a ambos lados del camino, para llegar andando al punto donde se halla la parada de microbuses que han dispuesto al efecto, para trasladar a los peregrinos hasta la entrada de la fortaleza.


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Interior de la iglesia de Santa María la Mayor en Moya (Cuenca), antes de la celebración (2011).

Cuando llegamos a la parada ya hay gente esperando, pese a ser varios los vehículos que realizan la subida. Montamos en el microbús, pagando un euro por persona, pero el precio es sólo por la subida, para bajar hay que pagar otro tanto, o bajar andando. Según me explica el joven conductor, han tenido una semana muy ajetreada, baste decir que el sábado anterior, 17 de septiembre, día siguiente de la arribada de la Virgen a Moya, recaudaron más de cinco mil euros, según demostraban los billetes expedidos.
Desde el punto de parada hasta la iglesia de Moya hay un trecho asfaltado y otro de tierra y mal empedrado; entramos en la fortaleza atravesando las ruinosas murallas de almenas desdentadas, imaginando lo hermosas que serían en tiempos de su mayor esplendor. La imagen de la Virgen de Tejeda lleva tres siglos largos atravesando estas mismas murallas, camino de “su casa”, en la iglesia de Santa María -a la que se denomina “la mayor de Moya”-. Salió de Garaballa en la madrugada del día 16, para llegar a Moya al atardecer, tras 18 kilómetros de viaje con paradas, portada sobre los hombros de las devotas gentes de los términos que atraviesa: Garaballa, Landete y Moya, y yendo precedida por ocho danzantes que no paran de bailar en todo el trayecto.



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Interior de la iglesia de Santa María la Mayor de Moya (Cuenca), durante la celebración (2011).


Al arribar a la iglesia de Moya lo primero que llama la atención es el arco vegetal que hay dispuesto a la entrada, se trata de un arco de bienvenida basado en una estructura de madera forrada con ramas de sabina o ciprés, conformando cuatro arcos de medio punto y cúpula, que luce banderitas en las esquinas: bajo dicho arco pasa la imagen de la Virgen antes de entrar en “su casa” de Moya, y también al salir. La entrada del templo es singular, posee un atrio porticado y una escalera con dos tramos. Lo primero es acercarnos para saludar a la Virgen y al Niño, que se hallan junto al presbiterio, lado del evangelio: llegó con manto rojo, pero hoy porta uno morado y sus andas se hallan ricamente adornadas de preciosas flores naturales.
En tanto comienza la celebración, unos aprovechan para fotografiarse junto a la virgen con amigos y familiares, mientras otros visitan el templo. Se trata de un edificio con planta rectangular, una sola nave y arcadas apuntadas de ladrillo: la techumbre posee artesonado de madera a dos aguas, en cuyo presbiterio luce un retablo barroco, con coro alto a los pies. Al coro se accede por una escalerita de caracol que hay junto a la puerta meridional, la misma escala continua hasta el piso de campanas, donde también se halla un antiguo reloj de principios del siglo XVIII, restaurado en Barcelona hace unos años. La torre es de tipo espadaña, con dos ojos para los bronces.


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El Coro Interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), durante su actuación (2011).


El templo se va llenando rápidamente: mientras la feligresía toma asiento, el organista armoniza los tonos del instrumento y los miembros del coro ocupan su lugar. Todo está ya dispuesto, salen los clérigos y el organista arranca con un canto de entrada: “Hija de Sión”, que es un himno a la Virgen en castellano, aunque se va a cantar la misa de san Pió X –el gran reformador de la música litúrgica- que es toda el latín. Continua con el “Kyrie” otro cántico que eriza el vello y sigue con el “Gloria”, que emociona por su magnificencia y excelsitud; el “Credo” no se canta, por su extensión; viene después el “Sanctus” y el “Benedictus”, estupendamente entonados, en los que se reconoce la santidad y majestad del Señor como Dios del universo: hermosos cantos que demuestran las bellezas de la religión cristiana, como ya reconocía Chateaubriand en “El genio del cristianismo”.
En el coro predominan las voces femeninas, aunque las pocas masculinas son muy recias, lo que favorece el contraste. Los cantos de Entrada, los salmos, el Ofertorio, el Aleluya y las letras de comunión son también en castellano, y no tienen que ver con esta misa, pero enriquecen el conjunto. La celebración concluye con un canto final, el “Himno a Nuestra Señora de Tejeda”, bella composición que refleja la fe de los devotos: “Porque eres de mi terruño/ todo su orgullo, su tradición;/ tesoro de mis mayores/ y es nuestra herencia tu devoción”. El coro, director y organista, están satisfechos con el resultado, corroborando las palabras de san Pío X, cuando dice: “Ni hay que cantar, ni hay que rezar durante la misa; hay que cantar y rezar la misa”.[1]


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El Coro Interparroquial del Rincón de Ademuz (Valencia), durante su actuación (2011).

Tras la celebración, la feligresía va desalojando la iglesia, saliendo por ambas puertas del templo. Sorprende la cantidad y variedad de gentes que se han dado cita en este día, próximo a concluir el LIV Septenario de Moya. De facto pueden verse vecinos de casi todos los pueblos del marquesado, del Rincón de Ademuz y otros pueblos del entorno, demostrando –como bien ha dicho el párroco de Moya- que la fe no tiene lindes, pues la festividad de la Virgen de Tejeda sobrepasa las fronteras físicas, políticas y culturales establecidas por la historia, uniendo a los creyentes en una misma devoción. Pedimos a la Virgen por nuestros familiares, amigos, vecinos y conocidos, para que interceda por nosotros y nos guarde hasta el próximo septenario, prefiriendo no pensar en los años que tendremos para entonces.

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Pórtico de la iglesia de Santa María la Mayor de Moya (Cuenca), 2011.

Los miembros del coro también se despiden y dispersan, yendo cada uno para su lugar. Un grupo de ellos ha reservado mesa en un restaurante de Landete, donde quedan para comer: después de cantar y celebrar a la Virgen también hay que comer, pues –como diría el clásico-: “Sin condumio no hay fiesta que valga...”. Vale.
 

 NOTA:
[1] El Papa san Pío X (1903-14), siendo Patriarca de Venecia, el 1 de mayo de 1895 publicó una carta pastoral acerca del canto y la música de Iglesia: “El canto y la música sacra por su melodía deben excitar a los fieles a la devoción, disponiéndolos a recibir más fácilmente los frutos de la gracia que acompañan a todos los santos misterios celebrados con solemnidad. [...] la música sacra debe por esto mismo armonizarse con el texto y presentar las cualidades sin las cuales no sería más que un entremés: en particular, la santidad, la perfección del arte y la universalidad”.

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Parte del Coro Interparroquial del Rincón de Ademuz, a la salida del restaurante en Landete (Cuenca), 2011.