miércoles, 28 de diciembre de 2011

LAS NAVIDADES DE MI INFANCIA EN TORREBAJA (VALENCIA)

   Recuerdos -evocaciones y remembranzas- de un torrebajense nacido en los cincuenta



No desprecies el recuerdo del camino recorrido. 
Ello no retrasa vuestra carrera, sino que la dirige; 
el que olvida el punto de partida pierde fácilmente la meta”.
Pablo VI (1897-1978),
pontífice de la Iglesia Católica.


           Dicen que cuando un hijo empieza a citar a su padre es signo de que está entrando en la madurez... No sé si será cierto, pero personalmente siempre me resulta agradable nombrar, recordar y evocar a mis padres; y más ahora, cuando ellos ya han desaparecido físicamente de mi lado. Intuyo que esto mismo les debe suceder a otras muchas personas...
          Lo que se dice pasa con las personas, que conforme maduran recuerdan mejor los hechos de su infancia, ocurre también con el tiempo vital –me refiero a los hechos sucedidos en el transcurrir de nuestra vida-; entre otras razones porque del pasado lejano solemos guardar recuerdos nítidos (memoria a largo plazo), mientras que de hechos recientes puede que apenas nos acordemos (memoria a medio o corto plazo). Es el proceso de la memoria, una función del cerebro a la vez que un fenómeno de la mente que nos permite a las personas clasificar, almacenar y recuperar la información correspondiente de los acontecimientos pasados. Todo depende de las neuronas, de sus sinapsis e interrelaciones y de su vinculación con una parte del cerebro llamada hipocampo...[1] Pero yo no quiero hablarles de los procesos fisiológicos de la memoria, sino de mis recuerdos en relación con la Navidad y los Reyes Magos de mi infancia en Torrebaja... Porque la Navidad es propicia para evocar, compartir, enternecerse e incluso llorar, y también para renacer –retoñar, renovarse...- y continuar.
Vista parcial de Torrebaja (Valencia), desde el puente del Ebrón, con detalle del antiguo camino de acceso al pueblo, correspondiente al actual Paseo de la Diputación (años sesenta, mediados).
No obstante el sentir y la experiencia de cada uno al respecto del tiempo navideño, yo soy partidario de seguir la recomendación de la gran poetisa americana -Grace Noll Crowell (1877-1969)- cuando dice: Aunque se pierdan otras cosas a lo largo de los años, mantengamos la Navidad como algo brillante... [Y] Regresemos a nuestra fe infantil...; pues, para reorientar nuestra vida y seguir avanzando a veces conviene echar un paso atrás.

            Antecedentes sociales y familiares.
         Biológicamente somos hijos de nuestros padres, en la misma medida que en lo cultural y social lo somos de nuestro tiempo, del tiempo histórico que nos ha tocado vivir. Para centrar mis recuerdos, evocaciones que por otra parte no tienen más importancia que la de ser mías y de los que las comparten conmigo, cabe establecer las coordenadas históricas y sociales correspondientes; pues todo hecho se produce en un tiempo y un lugar, elementos sin los cuales resulta imposible entender e interpretar el acontecer... Nací en Torrebaja, un pequeño pueblo del Rincón de Ademuz, comarca de montaña situada en el poniente valenciano, entre Cuenca y Teruel. Mis padres se casaron en Torrebaja siendo ya algo mayores: mi padre –Alfredo Sánchez Esparza (1905-84)- procedía de Torrebaja, de una familia de agricultores y tratantes, mientras que mi madre –Francisca Garzón Casino (1914-99)- había nacido en el distrito de Carabanchel Bajo (Madrid), en una familia originaria de El Cuervo (Teruel), que a principios del siglo XX había emigrado a la villa y corte, donde mi abuelo era guardia de seguridad...[2] En el momento de su matrimonio (1951) él residía en Torrebaja (se dedicaba a las faenas del campo y al trato de animales), mientras que ella estaba en Barcelona, donde ejercía como dama de compañía en la casa de una familia de la alta burguesía catalana –me refiero a doña Trinidad Rius Fabra, viuda de don Jaime Nadal Camps y de Ballester-. Tras su casamiento en la iglesia local (situada todavía en una nave de la carretera que hacía las funciones de templo, pues la originaria había sido demolida por causa de la guerra), mis padres se asentaron en la localidad. Yo nací al año siguiente de su boda (1952), en una casa propiedad de una tía de mi padre –me refiero a Rogelia Sánchez Garrido- situada en la calle de san Roque (dicha vivienda es actualmente propiedad de los herederos del poeta Ricardo Fombuena Vidal), pero siendo yo niño mis padres se trasladaron a otra casa que compraron en la calle del Rosario, donde había estado la farmacia local durante la guerra y en años anteriores. Allí nació mi hermano menor -José Mª Sánchez Garzón (1955)-, pues fuimos dos hermanos.
            Desde una óptica sociopolítica, el tiempo de mi nacimiento se corresponde con el denominado Despegue económico (1951-1957), que pertenece al final de la Era Azul del franquismo: relativamente dicho “despegue económico” estuvo “animado por el deshielo internacional y matizado por el inicio de la dependencia económica y militar de España respecto de Estados Unidos”.[3] No en vano los niños y niñas de mi generación conocimos la ayuda americana a los colegios españoles basada, en leche en polvo y queso que nos daban en los recreos –la leche en el receso de la mañana y el queso en el de la tarde- correspondiente a esa época que tan magistralmente caricaturiza Luis García Berlanga en su conocida película “¡Bienvenido, Mister Marshall!” (1953). Lo cierto es que muchos de aquellos escolares de los años cincuenta probaron el queso y la leche por primera vez con ocasión de aquel “obsequio” americano; porque la mayoría de los niños de entonces no se desayunaban leche con colacao, sino café de malta con sopas de pan, un bocadillo con una tajada o un huevo frito y una morcilla, aunque no siempre juntos -según las costumbres y posibilidades de cada casa-.

Vista parcial de Torrebaja (Valencia) desde la ermita de San Roque (años cincuenta, finales).

            Mis recuerdos de Navidad en Torrebaja.
            Nací en el seno de una familia católica... Es cierto, había que ir a la iglesia; pero yo iba con gusto. De hecho tuve mucho interés en ser monaguillo –lo fui durante muchos años y nunca me arrepentí de serlo, pues todo lo que aprendí en la iglesia fue bueno y provechoso-. Insistí mucho a mi madre para que me acompañara para hablar con el señor cura –me refiero a don Pedro-Manuel Miguel Benedicto, el párroco de entonces (1958-59)-; una mañana nos presentamos mi madre y yo en la sacristía, antes de la misa de ocho, y mi madre le expresó mi deseo. El cura me miró con fingida seriedad y me dijo: “Conque quieres ser monaguillo...” –yo le dije que sí-. Entonces el sacerdote, poniéndome la mano sobre la cabeza me dijo: “Bueno, pues ya lo eres...” –quedando así confirmado como acólito-. En el turno de ayudar a misa me tocó el viernes, y durante muchos, muchísimos viernes ayudé a misa, cuando ésta todavía se celebraba con el sacerdote de espaldas al pueblo; además de preparar las vinajeras y ayudar al cura a revestirse, también había que cambiar el evangelio de lugar y levantar la casulla del celebrante al alzar a Dios, además de tocar la campanita de la consagración y otras muchas cosas más que no vienen al caso... Continué de monaguillo con don Salvador Pla Álvarez y también con don Gabriel Sancho Marín, siendo durante su curato cuando me marché a Barcelona, para estudiar el bachillerato (1964).
Mi madre nos urgía a mi hermano y a mí para arreglarnos y acudir a la misa dominical, pero ella no solía ir, por el contrario de mi padre, que puntualmente venía del campo los domingos y mi madre ya le tenía preparada la muda para asearse y vestirse... No es falso orgullo de hijo, pero mi padre tenía buena planta. No hace mucho una vecina me decía: “Cuando tu padre se ponía el traje parecía un doctor...” –y era cierto, pues tenía una elegancia natural, aunque ello no significa que todos los doctores la tengan-.
Los recuerdos de las Navidades de mi infancia en Torrebaja están íntimamente unidos a dos belenes que colocaban en los escaparates de las dos tiendas que había en la calle del Rosario, hoy ya desaparecidas... Uno en el estanco de Paco (a) el Estanquero –me refiero a Francisco Tortajada Gea (1905-1991)- y otro en “El Pequeño Siglo”, la popular tienda de ultramarinos de los Ritos.[4] Mis recuerdos datan de finales de los años cincuenta, principios de los sesenta, cuando yo tenía 6, 8 ó 10 años. Toda la chiquillería de entonces nos pasábamos horas y horas subidos en un pequeño escalón de ladrillo que había al pie de los expositores... Los escaparates de ambas tiendas eran grandes ventanales encristalados con marcos de madera, en uno de ellos se exponían los juguetes –muñecas, cocinillas, pelotas, cochecitos, patinetes, tambores, triciclos...- y en el otro el belén... Para hacer las montañas utilizaban grandes piezas de corcho, del mismo material que el portal del Nacimiento, las casitas de Belén o el palacio de Herodes... La nieve se formaba con harina y las figuritas eran de barro... Las que más me gustaban eran las de las ovejitas, con su lana rizada y las patitas de alambre..., y los pastores que se ponían alrededor de una hoguera con un puchero al fuego... Los Reyes Magos –inefables Melchor, Gaspar y Baltasar- eran unas imponentes figuras que bajaban de las montañas montadas en sus camellos...


Calle del Rosario esquina Arboleda, con los escaparates de la célebre tienda de "El Pequeño Siglo" en Torrebaja (Valencia).

Había otra tienda en la carretera, la del tío Ceferino –me refiero a Ceferino Gómez Martínez (Torrebaja, 1915)-, donde se expendían “Vinos y Licores”; ésta era una tienda frecuentada en exclusivo por hombres, donde la consumición típica era la cazalla y el vino con cacahuetes o tramusos, pero donde también se exponían juguetes colgados de unas estanterías que había a la izquierda, en la parte alta...
Respecto a las comidas navideñas, recuerdo que mi madre cuidada mucho la de Noche Buena y el día de Navidad, con la mesa bien dispuesta y la vajilla, cristalería y cubertería de su boda; y menos la cena de Noche Vieja, aunque nunca faltaron los dulces habituales ni las uvas de fin de año, ni la calabaza asada -mi postre preferido en invierno, junto con las manzanas y naranjas-. Por la tarde de ese último día del año mi padre bajaba de la cambra unos enormes racimos de uva, que tenía allí colgados, para seleccionar los mejores granos... Recuerdo que las uvas las tomábamos, como ahora, al compás de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, pero escuchadas a través de la radio, porque tele no había... Eran momentos sencillos, aunque plenos de íntima felicidad; pues, desde bien temprano supe que aquellas celebraciones, con toda la familia unida no iban a durar siempre. Por eso me entristecía cuando mi madre cantaba aquel villancico cuyas estrofas finales o estribillo dicen:

La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va,
y nosotros nos iremos y no volveremos más...

Calle del Rosario esquina Arboleda, con los escaparates de la célebre tienda de "El Pequeño Siglo" en Torrebaja (Valencia).

El belén de casa de mis padres.
En nuestra casa de Torrebaja se comenzó a poner el belén siendo nosotros pequeñitos... Cuando nos hicimos mayorcitos mi madre nos enviaba a mi hermano y a mí a recoger algunas ramas de pino o ciprés para hacer la cueva del nacimiento, y musgo para formar el verde de las montañas... Las ramas de ciprés las cogíamos de uno enorme, que había en la partida de Los Callejones; pero si nos decidíamos por el pino íbamos hasta La Loma, donde crecían buenos ejemplares de pinos negrales. Pero el verdín lo cogíamos de la acequia de La Hoya... Después había que poner una mesa en un rincón del comedor y comenzar la preparación, empezando por formar la cueva del Nacimiento y el piso de paja, con la mula y el buey, la Virgen y san José y la cunita con el Niño dentro. Seguidamente colocábamos el resto de figuras, los pastores con corderitos o brazados de leña al hombro, camino del pesebre, para ofrendarlos al Niño Dios. Nuestro belén tenía muchas figuritas de barro coloreadas, unas mayores que otras, pero todas muy bonitas; al final le añadimos una piara de cerditos... Pastores y pastoras, mujeres lavando en el río -que figurábamos con un trozo de espejo-, un puente y variedad de animalitos: corderitos, ocas, gallinas y un gallo de cresta colorada... y los Reyes Magos, montados sobre sus camellos y conducidos por pajes de trajes exóticos, tocados con turbantes. Cada figura la íbamos colocando donde nos parecía, con las inevitables discusiones... Nuestro belén procedía de Barcelona, desde donde nuestras tías nos enviaban las figuritas, incluyendo el “caganet” o "caganer", que siempre situábamos tras una roca o arbusto e íbamos cambiando cada día de lugar, como al gallo de cresta colorada... Lo último en colocar era la estrella de oriente que guiaba a los Reyes Magos; la poníamos sobre la entrada de la cueva del pesebre, junto al ángel que anunciaba la Buena Nueva, y que hacíamos recortando un trozo de cartón y pintándolo de rojo y amarillo –porque el papel de aluminio no se había inventado todavía-.

Calle del Rosario, escaparates de la antigua tienda de "El Estanco" en Torrebaja (Valencia).

La noche mágica de Reyes.
No cabe duda que cada familia tiene sus peculiaridades, y en lo que hace a la tradición de los Reyes Magos no iba a ser una excepción. Mis recuerdos de esa época no deben verse, pues, como una generalización; lo que escribo son tan sólo mis recuerdos de aquellos años más o menos desfigurados por el tiempo y la forma en que creo los viví... Mi hermano y yo esperábamos la noche de Reyes con gran expectación, como pienso hacen los niños de todas las casas en nuestra cultura, tanto de hoy como de entonces... Nuestra casa poseía en la parte de atrás un patio exterior con una puerta que daba a otro recinto por donde corría un ramal de la acequia de Castielfabib, que regaba la zona de La Porcal. Dicho patio se hallaba dividido por una escalera que bajaba de la casa a la acequia; en uno de los lados había balconcito con una baranda de hierro que daba sobre una parte de patio... En dicho balcón colocábamos varios recipientes, uno con trigo o cebada, otro con maíz desgranado y alguna panoja suelta, y un cubo o gaveta con agua..., todo ello para alimento y bebida de las caballerías de Sus Majestades. En los belenes se representa a los Magos montados en camellos, pues son animales propios del desierto; pero yo intuía que a Torrebaja vendrían en caballos, como era lo propio... Porque, aunque en esa época de la infancia todo resulta mágico –asombroso e intemporal- no acababa yo de ver aquí camellos... Nosotros ya escribíamos carta a los Reyes, y sin olvidar el sello la poníamos con todo cuidado en un buzón que había en el estanco. La noche mágica había que acostarse temprano y no hacer ruido, para no asustar a las cabalgaduras ni a los pajes. La mañana del día de Reyes nos despertábamos temprano y con viva emoción nos levantábamos para ver lo que nos habían dejando. Los regalos los encontrábamos al pie de la cama, dentro de sus envoltorios, basados en papel de embalar: recuerdo con especial intensidad un triciclo con el asiento de madera y un balancín con forma de caballo de cartón; un soldadito con casaca roja, que al caminar golpeaba los platillos, una sillita, un patinete, un juego de birlos, un camión de madera..., además de las golosinas de caramelo y carbón dulce, y alguna moneda suelta. Eran los regalos habituales en aquel tiempo, con los que mi hermano y yo nos poníamos a jugar de inmediato... No lo recuerdo, pero puedo imaginar la emoción de mis padres al observar nuestra ingenuidad, mezcla de alegría y sorpresa ante los regalos, saltando sobre la cama... Porque –como dice el clásico- las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen –Baltasar Gracián, dixit-. En el balconcito donde habíamos puesto el pienso había desaparecido el agua del cubo: Mira, los animales se han bebido el agua... –interpretaba mi padre-. Y dentro de los capazos del pienso aparecían también algunas castañas, naranjas o mandarinas -frutas aquí entonces infrecuentes, que constituían una verdadera delicia-.

Calle del Rosario, escaparates de la antigua tienda de "El Estanco" en Torrebaja (Valencia).

En suma: hoy –después de tantos años y ya camino de la madurez- todavía recuerdo con emoción y añoranza aquellos dulces días de mi infancia en la Torrebaja de los años cincuenta... Y agradezco a mis padres que pudieran darnos a mi hermano y a mí aquellos momentos de felicidad, de la misma forma que doy gracias a Dios por habernos dado a mi esposa y a mí el poder ofrecérselos a nuestros hijos. ¡Padres, no regateéis felicidad a vuestros hijos; porque al final el recuerdo de su contento será lo único que permanezca...!
Pero mi infancia no terminó con el despuntar de la pubertad, en la adolescencia, sino mucho antes: precisamente un año en vísperas de Reyes, cuando un chico mayor, señalándome ante los demás, exclamó: “¡Éste todavía no se ha enterado que los Reyes son los padres...!” –me quedé tan pasmado que no supe qué contestar, y me marché corriendo a casa, no sé si llorando a preguntárselo a mi madre-; ella, lógicamente, lo negó, pero ya nunca fue igual, porque la duda había penetrado en mi alma... Recuerdo que esto sucedió saliendo de “Casa Ceferino” y el chico que lo dijo era Daniel (a) el Sastrecilllas; todavía no se lo he perdonado, aunque tendré que hacerlo... ¡No en vano estamos en Navidad! Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.



[1] Memoria (proceso). (2011, 23 de diciembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 09:07, diciembre 27, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Memoria_(proceso)&oldid=52427726.
[2] Dice el testimonio: <Contaba mi padre –se refiere a José Garzón Casino- que cuando estuvieron a Madrid, donde él ejercía como guardia de seguridad, también trabajaba en una cuadrilla de podadores en los jardines del Palacio Real y en más de una ocasión el rey niño –se refiere a Alfonso XIII- se escapaba de sus cuidadores y se iba a almorzar con los podadores, entre los que se hallaba el abuelo José...>  -según refería Francisca Garzón Casino (1914-99)-.
[3] DE MIGUEL, Amando. Sociología del franquismo, Editorial Euros, Colección “España: punto y aparte”, Barcelona, 1975, pp. 32-33.
[4] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Luis Gómez Martínez, la persistencia de la memoria, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2009, vol. III, pp. 201-207.



domingo, 25 de diciembre de 2011

JULIÁN MARTÍNEZ VIALANAIT, (a) “EL FRANCÉS”.

Recuerdos -evocaciones y remembranzas- de un octogenario 
afincado en Torrebaja (Valencia).



No digas que el tiempo pasado fue mejor que el presente; 
las virtudes son las que hacen los buenos tiempos,
 y los vicios los que los vuelven malos”.
Agustín de Hipona (354-430),
padre de la Iglesia latina.


            Palabras previas.
         Conozco a Julián (a) el Francés –me refiero al señor Julián Martínez Vialanait (Millau-Francia, 1931)- desde hace muchos años, prácticamente desde la infancia... Ya entonces le admiraba, como le admirábamos todos los niños y muchos mayores de entonces; esto era en los últimos cincuenta y primeros sesenta, cuando venía a Torrebaja para festejar con su novia.
Llegaba desde Francia en vespa y estaba por aquí varias semanas, generalmente para las fiestas patronales de septiembre, en que se celebraba a Santa Marina la Melonera. Se hospedaba en casa de algún familiar o en la fonda de Las Lucías; porque, aunque nacido en Francia, desciende de Torrebaja por vía paterna. Cuando participaba en actividades competitivas, carreras ciclistas y pedestres en especial, y siempre causaba asombro y fascinación entre la chiquillería por quedar invariablemente el primero o uno de los primeros en casi todas las competiciones. Cabe decir que la actividad deportiva, excluyendo el juego de pelota, era aquí casi inexistente en aquella época. Sin embargo, lo más notable de él no era la potencia de su pedalada y su resistencia física, sino su ingenuidad, la bondad y simpatía que poseía; porque, contra lo que pueda parecer, el señor Julián era y sigue siendo un hombre bueno, servicial y solidario.
Prácticamente, toda su vida laboral la ha hecho en Francia, donde vivió durante años; sin embargo, su vinculación afectiva con España, con el Rincón de Ademuz y Torrebaja en particular ha sido siempre intensa y continuada. Mucha gente le trata en la comarca y fuera de ella, pero todos le conocen por el Francés –apelativo común para muchos de los emigrados o nacidos en el país galo-. 

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El señor Julián Martínez Vialanait (Millau-Francia, 1931) a la puerta de su casa en Torrebaja (Valencia).
 

Mi relación con él se profundizó a raíz de su venida a Torrebaja a principios de los noventa, pues tras su jubilación se instaló en nuestro pueblo con su esposa: no en vano la ilusión del matrimonio era regresar al pueblo en cuanto pudieran, pues aquí tenían y tienen familiares, amigos y residencia. Por aquella época estaba yo en el Ayuntamiento (1991-95), y el señor Julián se ofrecía de continuo para lo que fuera, pues su capacidad para colaborar en la cosa pública era y es una cualidad esencial en él... Sólo la edad le ha puesto freno, mas sigue teniendo una voluntad de participación admirable.
          Cuando le propuse mantener una entrevista -para saber detalles de su existencia y trayectoria- no puso objeción. Quedamos para una tarde de mediados de diciembre, siendo este texto una recapitulación de aquella conversación.


-- Naturaleza, familia e infancia en Torrebaja.
  • <Mi nombre es Julián Martínez Vialanait y nací en Millau (Francia), en 1931, tengo pues ochenta años... Mi padre era Julián Martínez Cañizares, natural de Torrebaja y mi Madre Luciana Vialanait Carriere, francesa... Mi padre había emigrado de joven a Francia para trabajar y estando allí conoció a mi madre, se enamoraron y se casaron... Fuimos seis hermanos, cuatro varones y dos mujeres: el mayor soy yo, después viene Luciano, le siguen Aurora, Teresa, Eduardo y Antonio, que es el menor... Luciano y yo nacimos en Francia y los demás en España, excepto Antonio, que también nació en Francia, cuando mis padres regresaron allá después de la guerra... Sí, vivimos todos, Luciano y yo en Torrebaja, tres en Francia y otro en Alemania, cada uno por un lado...>

            Respecto a su naturaleza, el señor Julián se reconoce nacido en Millau (en occitano Milhau), ciudad francesa perteneciente al departamento de Aveyron, en la región Mediodía-Pirineos (oficialmente, Midi-Pyrénées). A mediados de los años cincuenta la localidad ya contaba con 19.209 habitantes;[1] en dicho municipio se halla el célebre viaducto de su nombre, el más elevado del mundo, un logro de la arquitectura y la ingeniería diseñado por Norman Foster y su equipo (2001-05).[2]


-- ¿Cómo fue eso de nacer unos en Francia y otros en España?
  • <Bueno, la cosa fue que siendo Luciano y yo pequeños, cuando yo tenía 4 ó 5 años, mis padres vinieron a España para que la familia de Torrebaja nos conociera -a nosotros y a mi madre-; esto sería por el año 1935-36... Y estando aquí estalló la guerra, y ya no pudimos volver hasta muchos años después; claro, hasta que me reclamaron de Francia para hacer el servicio militar. Porque yo tenía el pasaporte francés, y esto de regresar fue ya en 1950... Cuando llegamos a Torrebaja mis abuelos todavía vivían y mi padre tuvo que ayudarles en las cosas de campo, porque ya eran mayores; y en esto que estalla la guerra... A él ya le habían advertido en Francia que la cosa estaba mal en España, pero tenía que venir por la cosa familiar que te cuento...>
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El señor Julián Martínez Vialanait y su esposa en la fuente de los Pobres de Torrebaja (Valencia), años cincuenta, cuando todavía eran novios.

-- ¿Qué recuerdas de la Guerra Civil (1936-39) en Torrebaja?
  • <Mis recuerdos de la guerra en Torrebaja son muy vagos, recuerdo muchas cosas pero sólo detalles, porque yo era entonces muy pequeño, apenas tenía 5 años cuando comenzó y 8 al terminar... Recuerdo que vivíamos en una bodega de Las Eras... Sí, en el edificio de un cubo de hacer vino que mi padre arregló como vivienda, porque mis padres no tenían posibles... Mi hermano Luciano y yo dormíamos en una habitación que había sido la olla del cubo, mi padre la abrió por un lado y la convirtió en habitación; allí dormíamos los dos hermanos... Cuando nacieron los más pequeños, ellos dormían arriba en una habitación con mis padres. Recuerdo que había muchos soldados por los pajares y cambrillas de Las Eras: cuando venían del frente a descansar muchos iban a los pajares para dormir; claro, otros dormían y comían en casas del pueblo, seguramente no había sitio para todos, porque aquí hubo muchos refugiados... Recuerdo que había unos Guardias de Etapas a la entrada del pueblo -por donde la Cruz Roja-, allí tenían una garita. También me acuerdo de cuando venían los aviones a bombardear, les llamaban “pavas”... Bombardearon varias veces, pero sólo una vez en el pueblo; en esa ocasión hicieron mucho daño, hundieron algunas casas y murieron varias personas... Otras veces dejaron caer alguna bomba por Los Llanos y El Carril o por El Rento..., pero en esas ocasiones no ocasionaron daños. Porque aquí (en Torrebaja) estaba el Estado Mayor del ejército republicano que ocupaba la zona... Pero está claro que si hubieran querido arrasar el pueblo lo hubieran arrasado...>

      Cuando dice que bombardearon “sólo una vez en el pueblo; en esa ocasión hicieron mucho daño, hundieron algunas casas y murieron varias personas...”, se está refiriendo al bombardeo del 26 de noviembre de 1938, que causó muchas víctimas y gran destrucción material.[3] Como bien dice el señor Julián, en Torrebaja se hallaba el Estado Mayor del XIX Cuerpo del Ejército republicano de Levante, cuyo comandante era el coronel don Joaquín Vidal Munárriz.[4]


-- ¿Qué otros recuerdos tienen de entonces, fuiste aquí en Torrebaja a la escuela?
  • <Claro que fui a la escuela, pero ya después de la guerra... La escuela estaba en la plaza, donde el Ayuntamiento viejo. ¿Mis maestros?, pues recuerdo a don Carmelo, al que operaron de la garganta y se murió... También fui con don Gregorio y otro que no recuerdo... Sí, me suena don Astrolabio, pero no lo recuerdo. Con ellos aprendí a leer y escribir, lo que se enseñaba entonces; pero aunque era pequeño yo ya tenía mucho interés por la geografía y por la historia... Recuerdo que iba al café de Los Cesáreos a leer Levante y a fonda de la tía Lucía, allí tenían Las Provincias... El tío “retratero” recibía El Heraldo de Aragón... Yo leía las noticias de la prensa sobre Segunda Guerra Mundial, el frente del Este, la batalla de Stalingrado, lo que pasaba con los rusos y los alemanes, veía lo mapas con las ciudades y eso... Bueno, iba, cogía algún periódico atrasado y me lo llevaba, lo leía y al día siguiente lo devolvía y cogía otro... También iba con mi hermano a buscar leña por el monte, aliagas y lo que pillábamos para el fuego de casa. Pero ya te digo, como mis padres no tenían muchos recursos fui poco a la escuela, hasta los diez años o poco mas; enseguida comencé a trabajar... Trabajé en casa del tío Roque el Manzanero, -se refiere al señor Roque Tortajada Martínez (1890-1974)- que era tío nuestro; hacía las faenas del campo, lo que me mandaban... También fui con el tío Vidal, “el padre del piloto” –se refiere al señor Vidal Gimeno Sánchez-, que vivía en la carretera... De mi infancia en Torrebaja guardo buen recuerdo, porque estábamos todos juntos, mis padres y mis hermanos, los abuelos..., pero las condiciones de vida que teníamos no eran buenas; fueron tiempos malos y mis padres -ya te digo- no tenían recursos...>
  • <¿El peor recuerdo de entonces...? No sé, quizá lo más penoso fuera lo que le ocurrió a mi padre... Parece que una vez –esto inmediatamente después de la guerra- estando algo bebido gritó vivas a la República y a Stalin o no sé qué, y le tuvieron unos días en el calabozo... Además, mi padre tenía una burra y después de la guerra iba por esos pueblos de la sierra a vender fruta, ciruelas, peras, uvas... -lo que pudiera, que no sería mucho-; una vez iba yo con él a Valdecuenca  por El Carril  y nos pararon dos individuos a la altura de Cuesta del Rato... No recuerdo qué le preguntaron pero él sospechó que eran miembros de la Guardia Civil disfrazados de maquis, para ver cómo respondía... Él nunca me dijo que fuera del maquis ni que hubiera colaborado o tuviera algo que ver con ellos... Pero sabía que la Guardia Civil sospechaba algo, por eso vigilaba nuestra casa... En cierta ocasión aparecieron unos cascotes de pistola en un huerto del tío Roque el Pito –se refiere al señor Roque Gómez Gómez (1868-1963)- sí, por esa zona de La Cruz arriba... Alguien debió denunciar el hecho y la Guardia Civil enseguida detuvo a mi padre y a otro que llamaban el Alpargatero, uno medio delincuente... El caso es que a mi padre le llevaron al cuartel y le arrearon una paliza de miedo..., desde los huertos que hay detrás del cuartel se oían los gritos que daba...; le rompieron varias costillas. En cuanto lo detuvieron fuimos a buscar al Alcalde, que era tu padre –se refiere al señor Alfredo Sánchez Esparza (1943-56)-, pero estaba de viaje y no le encontraron... De haber estado seguramente hubiera evitado la paliza, pues él sabía que era inocente y que los cascotes de bala eran de ciertas personas de aquí con licencia de armas... Sí, son cosas que le marcan a uno, de las que no se olvidan...>
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El señor Julián Martínez Vialanait durante una carrera ciclista en Torrebaja (Valencia), años sesenta.


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El señor Julián Martínez Vialanait recogiendo un premio en Torrebaja (Valencia), años sesenta.
-- ¿Cómo fue lo de regresar a Francia después de tantos años?
  • <Lo de regresar a Francia fue por varios motivos... Principalmente, porque a mí me reclamaron para hacer la mili, ya que yo había nacido allí y mis padres querían que tuviera esa nacionalidad; pero también porque aquí no teníamos medios para salir adelante; puedes imaginar, un matrimonio y cinco hijos, el mayor yo con 20 años y Luciano con 18, pero los demás todos pequeños... Por eso fue de volver a Francia... Pero el viaje no fue fácil, tuvimos muchos percances... Como mi padre no podía salir legalmente, se marchó por otro camino, pero lo detuvieron y fue a parar a la cárcel de Lérida... Allí lo retuvieron hasta que mi familia de Tarragona -el tío Silvestre y el tío Luciano, hermanos de mi padre- pagaron la fianza y lo dejaron libre; entonces fue a Tarragona y allí estuvo trabajando un tiempo, hasta que pudo salir legalmente del país con su pasaporte... Sí, nosotros entramos en Francia sin problema porque mi madre, Luciano y yo teníamos pasaporte francés... Pero las pasamos mal, porque a mi madre le retuvieron el dinero que llevaba, parece que entonces no se podía sacar dinero de España... No, no era mucho, unas tres mil pesetas que mis padres habían obtenido vendiendo una tierra en Torrebaja... Nos requisaron el dinero y se lo enviaron a mi familia de Tarragona...>

-- ¿Y cómo fueron los primeros momentos en Francia?
  • <Pues malos, muy malos... El primer lugar donde estuvimos fue en Béziers; allí las autoridades nos proporcionaron una habitación en un hotel. Al principio mi madre estaba sola con los cinco hijos: Luciano y yo éramos ya mayores, pero los demás eran todavía muy pequeños... Mi madre tuvo que trabajar para sacarnos adelante, pero con tanto crío no lo tenía fácil... Como allí no había buenas perspectivas, nos fuimos a Decaseville: una ciudad minera, donde vivían mis abuelos maternos. Sí, mi abuelo era un dirigente sindical muy conocido en la localidad; también había allí muchos españoles trabajando... Pero nada más llegar mi hermano Luciano enfermó, tuvo una peritonitis y se puso a morir... Gracias a la amistad que mis abuelos tenían con un médico joven que había, Luciano se salvó; como le vio tan mal, enseguida avisó a otro médico, que era médico cirujano y director del hospital de allí y aquella misma noche le operaron a vida o muerte... Después le pusieron unos tubos en el vientre y por allí le salía un líquido oscuro y venga líquido...; los tubos los llevó mucho tiempo, pero se salvó. No murió de milagro, y cuando el cirujano iba a ver a mi hermano convaleciente, le llamaba “mon petit mort”, mi pequeño muerto... Una cosa curiosa es que el médico joven, que era del Partido Comunista, llegó a ser Alcalde de Decaseville. El cirujano que le operó, sin embargo, era conservador; sí, eran oponentes políticos, pero en el momento de la enfermedad de mi hermano los dos se portaron como profesionales, dejando aparte la cosa política...>

         Tras su entrada en Francia, el primer lugar donde se afincaron fue en Béziers (Besièrs en occitano) una ciudad que a mediados de los años cincuenta ya tenía 64.929 habitantes. Se encuentra en el departamento francés de Hérault (región de Languedoc-Rosellón). La ciudad es el chef-lieu de cuatro cantones -cantón de Béziers-1, -2, -3 y -4- y la subprefectura del distrito de su nombre.[5] De Béziers marcharon a Decazeville (en occitano La Sala), población y comuna francesa, situada en la región de Mediodía-Pirineos, departamento de Aveyron, en el distrito de Villefranche-de-Rouergue y cantón de Decazeville, que a principios de los sesenta ya contaba con 11.855 habitantes.[6]


-- ¿Cómo fueron sucediendo las cosas después, qué hiciste al terminar el servicio militar?
  • <Algún tiempo después ya vino mi padre y las cosas se arreglaron, pues le dieron trabajo en el Ayuntamiento; allí hacía cosa de jardinería... De Decaseville era un famoso político -Paul Ramadier, que fue presidente del Gobierno francés durante los años cuarenta-; en cierta ocasión el político vino a la ciudad y le presentaron a mi padre, diciéndole: “Este señor es yerno de Henri Verdier...” –que era mi abuelo y conocía al presidente por la cosa sindical-. El servicio militar lo hice en Briançon, un pueblo de alta montaña en Los Alpes franceses: allí estuve en un batallón de infantería alpina durante dieciocho meses, una experiencia muy positiva, además hice buenos compañeros; pero imagínate el cambio, de Torrebaja a Los Alpes en poco tiempo... Al terminar la mili volví a Decaseville y enseguida encontré trabajo como peón de albañil. De allí pasé a Oriac, en una zona limítrofe que llaman “el país verde”, porque todo está muy verde, con montañas redondeadas; claro, llueve mucho, por eso está todo tan verde... Allí estuve unos cinco años, trabajando también en la construcción, haciendo restauraciones y demás. Y de allí ya me trasladé a la zona de París... Por aquella época yo ya festejaba con Mari –se refiere a la señora Mª Rosa Manzano Gimeno (1939-2005)-, iba a verla a Torrebaja con una vespa que me compré; sí, desde Francia, me costaba un día y medio llegar... El año 1959, con 28 años me casé con la Mari en la iglesia de Torrebaja; sí, ya en la iglesia nueva de Santa Marina... Nos fuimos a vivir a Francia, a Gagny, un municipio en los alrededores de París, donde yo ya tenía preparado un piso... Más adelante compramos un chalet en las afueras y allí vivimos durante treinta y tantos años; sí, allí nacieron nuestros hijos, Roberto y Javier... Claro, mis padres llegaron a estar con nosotros, viviendo en nuestra casa; fallecieron en Gagny y allí están enterrados...>

            El señor Julián hizo su servicio militar en Briançon, localidad francesa situada en el departamento de los Altos Alpes, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul. Se trata de la segunda ciudad más alta de Europa, situada a 1.350 metros sobre el nivel del mar.[7] Finalmente, ya casado, se instaló con su esposa en Gagny, comuna (municipio) de Francia, en la región de Isla de Francia, departamento de Sena-San Denis, en el distrito de Le Raincy y cantón de Chambon-sur-Voueize. La comuna forma por sí sola el cantón homónimo; a principios de los sesenta contaba con 29.004 habitantes.[8]


-- ¿Cómo surgió en ti la afición deportiva, parece que siempre has estado vinculado al deporte?
  • <Yo he sido siempre amante del ejercicio físico y del deporte, de la bicicleta y de los maratones... Lo que tú recuerdas de cuando competía durante las fiestas en Torrebaja y otros pueblos del Rincón de Ademuz era por esa época, antes y después de casarme... Cuando cumplí los cuarenta años entré en la categoría de “veteranos” y entonces lo tenía todavía más fácil, porque como siempre había hecho mucho deporte y estaba muy entrenado, lo ganaba todo... Yo pertenecía al Club de Atletismo de Gagny y estando en esta asociación fui con un grupo a participar en el Maratón de Nueva York -se refiere al New York City Marathon-, con un recorrido de 26 milles y 385 yardas [42 km] -eso fue el 21 octubre de 1979-; no gané, claro, porque había mucha gente buena. Hice un tiempo de 3:30:40, logrando el puesto 3.039 de mi categoría, aunque este tipo de maratón lo solía hacer en 2 h 50; claro, tengo del certificado de participación -se refiere al The New York Road Runners Club Certifies that-. Aquí me afectó mucho el calor y el cambio horario, pero lo pasamos estupendamente, conocimos la ciudad y muchas cosas más... Porque, además de los que competíamos, venían familiares y acompañantes para hacer algo de turismo cultural...>
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Certificado de participación del señor Julián Martínez Vialanait en el New York City Marathon (1979).




El señor Julián alude a otras muchas competiciones en las que ha participado, entre las que destacan dos por su singularidad, pues ha estado en China, corriendo sobre la muralla y subido al Kilimanjaro, montaña situada entre Kenia y Tanzania conocida como “el techo de África”:

  • <Lo de correr sobre la muralla china fue otra cosa, aquello tuvo lugar a finales de la primavera de 1991; lo organizó un tal Michel van Welden para una asociación llamada Deporte, ciencia y aventura, que tenía una finalidad económica y de difusión cultural y deportiva, pues venía con nosotros un equipo de cine que filmaba todo lo que hacíamos... A China fuimos un grupo de 22 participantes de distintos países y categorías. Seleccionaban un competidor de más de cincuenta años y otro de más de sesenta, ése fui yo... Claro, cuando buscaron a alguien para esta competición en el Club de Gagny enseguida dijeron: Martínez, que vaya Martínez –porque yo era el mejor preparado-. Sí, allí era conocido como Martínez... Había que recorrer unos 176 km sobre la muralla china en 9 etapas -desde Bodaling hasta Shanhaiguan-, y terminé el 8º de mi categoría en un tiempo de 18:03:25. También tengo el certificado de la Agencia de Turismo Internacional de China. Dormíamos en hoteles o en lugares públicos, como residencias universitarias y eso... Nos llevaban de un lugar a otro en autobuses que proporcionaba la Federación China de Atletismo, y también lo pasamos muy bien. Nos llevaban al punto de salida y después nos esperaban en la meta, para trasladarnos al lugar de descanso. Había dos equipos de filmación, uno francés y otro chino, cada uno rodaba por su cuenta; fue una experiencia muy agradable... Durante la estancia en Pekín estuvimos alojados en uno de los mejores hoteles de la capital, vimos la famosa plaza de Tian´anmen, impresionante, donde tuvieron lugar unas importantes manifestaciones años antes; también está allí el mausoleo de Mao Tse-Tung; intenté verlo, pero no puede por las colas tan grandes que había, pero sí estuve en la ciudad prohibida... En el grupo europeo de competición había gente de diversos países; pero no, no había chinos: aunque con los chinos hicimos una competición antes de terminar, pero sin valor para la clasificación...>
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El señor Julián Martínez Vialanait corriendo sobre la muralla china (primavera, 1991).

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 Certificado de la Agencia de Turismo Internación de China, expedido a favor del señor Julián Martínez Vialanait (1991).
 
            El señor Julián se refiere a la célebre plaza de Pekín, también conocida como plaza de la Puerta de la Paz Celestial, símbolo de la nueva China;[9] y a las protestas prodemocráticas que tuvieron lugar en dicho lugar en 1989 -donde murieron masacrados cientos de manifestantes-.[10]

  • <Lo de subir al Kilimanjaro -se refiere a The Kilimandjaro Run- tuvo lugar en enero de 1992 y fue algo parecido a lo de China, pero en África... El Kilimanjaro es una enorme montaña volcánica cubierta de nieve, situada entre Kenia y Tanzania...[11] Fuimos con la misma empresa que cuando estuvimos en China... Claro, tuve que sufrir un reconocimiento médico muy estricto, porque allí no podía ir cualquiera... A Nairobi, que es la capital de Kenia llegamos en avión, y desde allí al lugar de la ascensión fuimos en autobús; cien kilómetros antes de llegar ya se divisa el monte, con la cima cubierta de nieve; porque todo el monte está rodeado de una planicie inmensa... En esta competición fuimos unos 27-28 participantes, además de los acompañantes. Cada competidor tenía un porteador que llevaba las cosas de cada uno, venían también los cámaras y sus ayudantes, el director... Claro, un equipo grande, porque todo lo iban grabando para hacer una película y comercializarla después por las televisiones y en vídeos... Aquí había también etapas, no recuerdo si eran seis u ocho, pero subimos casi seis mil metros [5.896 m]. Las primeras fueron en la selva ecuatorial, como de calentamiento; poco a poco fuimos ascendiendo por el sendero, hasta la zona más elevada, aunque por allí ya no se puede correr por la altura... Para la última etapa recuerdo que salimos de noche -sobre las dos de la madrugada- llevando una linterna en la cabeza para ver el sendero... El piso era de cenizas volcánicas, muy resbaladizas... Yo me guiaba por los que iban delante... Con nosotros venía un médico belga, que también competía, y cada tarde nos controlaba el pulso, la tensión y eso... En cada fin de etapa había unas barracas o casetas de madera donde nos aseábamos y descansábamos: en una barraca más grande se hacía la cena... Allí se guisaba, pero las comidas iban muy mal, por eso llevábamos cosa de comer en las mochillas, para el trayecto... La competición la ganó un suizo, yo llegué el número 12º de la clasificación general y el 1º de los tres que había en mi categoría, con una marca de 14:02:21... Sí, también tengo el certificado de participación firmado por el organizador -se refiere a Michel van Welden-. Allí estuvimos unos 15 días, hicimos algo de turismo, y un safari para ver los animales salvajes, porque allí hay grandes parques y mucho turismo...> 
  • <Sí, viajar ha sido una de mis pasiones... Mucho antes de estos viajes de deporte y aventura que te cuento hice un crucero a Israel y Palestina, lo que llaman Tierra Santa –recorriendo muchos puertos del Mediterráneo, porque el barco navegaba de noche de forma que el día lo teníamos para visitar las ciudades por donde pasábamos-; he estado también en Cuba y en Egipto; el último viaje lo hice con Mari, mi difunta mujer...>
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El señor Julián Martínez Vialanait durante la ascensión al Kilimanjaro (otoño, 1992).

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El señor Julián Martínez Vialanait con unos compañeros, durante la ascensión al Kilimanjaro (otoño, 1992).

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El señor Julián Martínez Vialanait con un compañero, durante la ascensión al Kilimanjaro (otoño, 1992).

El señor Julián Martínez Vialanait con unos compañeros, durante la ascensión al Kilimanjaro (otoño, 1992).


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El señor Julián Martínez Vialanait en la cima del Kilimanjaro (otoño, 1992).


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Certificado de participación del señor Julián Martínez Vialanait en The Kilimandjaro Run (1992).
-- ¿Cómo fue regresar a Torrebaja, siempre habíais tenido esa idea?
  • <Sí, nosotros, mi mujer y yo, siempre pensamos en regresar a Torrebaja cuando yo me jubilara... Vendimos nuestra casa en Gagny y nos vinimos; claro, vinimos muy ilusionados, porque siempre habíamos soñado con vivir nuestros últimos años aquí, donde Mari y yo habíamos pasado la infancia... Aquí conocíamos a todo el mundo y sentíamos que todos nos apreciaban... Además, nos gustaba la vida tranquila del pueblo, la naturaleza y el deporte al aire libre; yo todavía salgo a correr muchas mañana, aunque no es como antes, porque ya tengo 80 años cumplidos... Regresar a Torrebaja fue algo muy hermoso para nosotros, como ver cumplido un sueño, pero mi mujer enfermó y falleció hace algunos años... Ahora vivo con el recuerdo de mi esposa, a la que añoro mucho...; mi hijo pequeño está también en Torrebaja, pero el mayor se casó y vive en Francia con su mujer y sus hijos...>

-- ¿A qué te has dedicado estos últimos años, qué has hecho...?
  • <Bueno, pues he hecho muchas cosas, porque yo no puedo estar parado... Al principio hacía pequeños trabajos de albañilería para la gente que me lo pedía, casi por compromiso... Además, me he preocupado por las cosas del pueblo, como restaurar los casilicios de san Antonio y la Virgen del Pilar, que están en el camino de La Venta; también restauré la fuente de los Pobres y la de La Estrella, y construí varios bancos de asiento: frente a la ermita de san José (en Los Villares), en el frontón (donde el Polideportivo), en la calle Fuentecillas (frente al Consultorio Municipal), y junto a la fuente de los Pobres... En Torrealta construí los pilones de san Antón y san José (a la entrada de la aldea), y el de la Virgen del Carmen (a la salida, camino de la rambla de Riodeva), y varios bancos de asiento... Lo he hecho por gusto, porque disfruto colaborando y creando cosas; algunas de estas restauraciones han corrido por mi cuenta, pero en otras el Ayuntamiento ha pagado los materiales... En los últimos años he restaurado varias cuevas de las que hay en el barrio de Las Minas de Libros (Teruel); sí, lo que llaman viviendas trogloditas, donde vivieron muchos mineros en tiempos de la explotación del azufre... Algunas de estas cuevas son preciosas y muy prácticas, porque mantenían una temperatura constante y se vivía allí muy bien, pese a la precariedad y las condiciones de vida de entonces... Estas viviendas pueden visitarse, de hecho son muy visitadas y en las libretas de visita que he dejado en ellas pueden verse notas de gente de todas las provincias de España, visitantes y descendientes de mineros, incluso de varios países americanos... He sido feliz haciendo estas restauraciones y me llena de satisfacción ver que a la gente le gusta y las valora...>

            El señor Julián alude a la restauración de varios casilicios o pilones de santos en el municipio,[12] así como a la construcción de varios bancos y fuentes en su particular estilo neomodernista, basado en adornos con ladrillos cerámicos troceados.[13]

  • <Sí, siempre me ha gustado colaborar y participar en las cosas públicas... Aquí en Torrebaja me he presentado en las municipales con el partido socialista, aunque soy de Izquierda Unida; pero no, no salí de concejal... No, no soy creyente, pero sí lo era mi mujer... La ideología no me viene de familia, más bien del ambiente laboral; aunque, como te decía, mi abuelo Verdier era sindicalista... Leo los periódicos provinciales –Las Provincias y Levante- y también nacionales –El País, El Mundo...-; y me gusta leer libros de viajes, de historia y geografía... Porque, aunque de joven no pudiera estudiar, siempre me ha gustado aprender...>
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El señor Julián Martínez Vialanait (Millau-Francia, 1931) sentado en uno de sus bancos en Torrebaja (Valencia).

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El señor Julián Martínez Vialanait sentado en uno de sus bancos en Torrebaja (Valencia).


A modo de epílogo.
        La conversación mantenida con el señor Julián Martínez Vialanait nos ha proporcionado una somera perspectiva de lo que ha sido su vida personal y familiar, desde su venida a España siendo muy niño, de su estancia en Torrebaja durante la guerra y en los años posteriores, hasta su regreso a Francia, ya con veinte años cumplidos. Sus recuerdos de esta época son agridulces por las circunstancias que le tocó vivir a su familia, sirviendo a la composición del panorama social y político de los años treinta y cuarenta en la zona.
         Asimismo, son de reseñar las peripecias familiares durante su paso a Francia, la detención de su padre, las angustias de su madre con tantos niños y la enfermedad de su hermano Luciano, que casi le arrebata la vida. El servicio militar en un puerto de alta montaña, la vida laboral en distintos lugares, su casamiento y residencia en la zona de París -donde vivió la mayor parte de su vida conyugal-, y el nacimiento de sus hijos.


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El señor Julián Martínez Vialanait (Millau-Francia, 1931) en Torrebaja (Valencia).
         En suma: me llama la atención en el personaje su afición por los viajes y el deporte, que le llevaron a participar en singulares competiciones en América (Estados Unidos), Asia (China) y África (Kenia). Con todo, lo más reseñable es su carácter abierto, su buen humor y el talante positivo con que ha afrontado siempre los infortunios y dificultades de su vida.  Pero lo que más me subyuga es la capacidad de asombro que todavía demuestra, su inagotable capacidad para la colaboración y una perenne disposición personal para darse a los demás -hasta el punto de ser referente para muchos de sus convecinos-. Y el hambre de saber que tiene; porque como bien decía el sabio aragonés Baltasar Gracián (1601-1658), precursor del existencialismo y de la postmodernidad: "hay mucho que saber y la vida es corta, y no se vive si no se sabe". Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.



[1] Millau (Francia). (2011, 12 de diciembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 15:52, diciembre 22, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Millau_(Francia)&oldid=52154621.
[2] Viaducto de Millau. (2011, 7 de octubre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 18:36, diciembre 22, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Viaducto_de_Millau&oldid=50326456.
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Acerca del bombardeo del Torrebaja del 26 de noviembre de 1938: aportación al conocimiento de la Guerra Civil (1936-39) en el Rincón de Ademuz, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2009, vol. III, pp. 17-33.
[4] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don Joaquín Vidal Munárriz, un coronel republicano en Torrebaja (Valencia), en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/12/don-joaquin-vidal-munarriz-coronel.html, del miércoles 14 de diciembre de 2011.
[5] Béziers. (2011, 9 de diciembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 19:06, diciembre 22, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=B%C3%A9ziers&oldid=52072281.
[6] Decazeville. (2011, 6 de octubre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 19:17, diciembre 22, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Decazeville&oldid=50307186.
[7] Briançon. (2011, 11 de noviembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 19:20, diciembre 22, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Brian%C3%A7on&oldid=51300076.
[8] Gagny, http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Gagny&oldid=50894052 (consultado por última vez diciembre 22, 2011).
[9] Plaza de Tian'anmen. (2011, 24 de noviembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 11:20, diciembre 23, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Plaza_de_Tian%27anmen&oldid=51640780.
[10] "Protestas de la Plaza de Tian'anmen de 1989." Wikipedia, La enciclopedia libre. 20 dic 2011, 01:52 UTC. 22 dic 2011, 10:32 <http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Protestas_de_la_Plaza_de_Tian%27anmen_de_1989&oldid=52341189>.
[11] Kilimanjaro. (2011, 27 de noviembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 11:03, diciembre 22, 2011 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Kilimanjaro&oldid=51727879.
[12] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Patrimonio cultura y religioso en Torrebaja: los pilones o casilicios del Camino Real, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/11/patrimonio-cultural-y-religioso-en.html, del sábado 12 de noviembre de 2011.
[13] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La fuente de los Pobres en Torrebaja, un receso en el Camino Real, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/11/la-fuente-de-los-pobres-de-torrebaja-un.html, del sábado 19 de noviembre de 2011.

martes, 20 de diciembre de 2011

DON CÉSAR-VICENTE SÁNCHEZ BLASCO, ALCALDE DE CASASALTAS (VALENCIA).

   Conversación con un regidor 
del valenciano Rincón de Ademuz

"El mayor problema de Casasaltas
 es el mismo de todos los pueblos del Rincón de Ademuz, 
que no hay ingresos..".
César-Vicente Sánchez Blasco,
alcalde de Casasaltas (Valencia).



Hace años que conozco al señor César –me refiero a don César-Vicente Sánchez Blasco (Casasaltas, 1951)- alcalde de Casasaltas (Valencia). Le conocí durante su segundo mandato municipal (1999-2003), con motivo se subir a Puebla de San Miguel, para la presentación de las Guías de Archivos Municipales de la Comunidad Valenciana (2000), que tuvo lugar en aquella población.[1]
Desde entonces hemos coincidido en múltiples actos, tanto civiles como religiosos, pues es persona muy sociable y cumplidora, de las que no se pierden una... De hecho, coincidimos también en Moya, durante el LIV Septenario de la Virgen de Tejeda, con motivo de la misa que cantó el Coro Interparroquial del Rincón de Ademuz en la iglesia moyana.[2] Ambos estuvimos en el alto coro, y fue allí donde le propuse una entrevista como alcalde, pues entonces estaba reciente su nombramiento como primera autoridad municipal. No me puso objeción a la conversación y quedamos para más adelante. Posteriormente nos vimos en la iglesia arciprestal de Ademuz, con ocasión de la Misa de santa Cecilia, donde actuaron conjuntamente el Coro Interparroquial y la Banda de Música de Ademuz.[3] También en la Casa de Cultura de Ademuz, durante la representación del teatrito navideño, donde el señor Cesar hacía de ángel, un ángel de barba entrecana con una amplia vestidura... No es casualidad que hayamos coincidido en dichos actos de iglesia, pues el señor César, además de sociable es persona religiosa; no es vano se reconoce católico practicante y devoto colaborador de su parroquia y el arciprestazgo.

Don César-Vicente Sánchez Blasco, Alcalde de Casasaltas (Valencia), a la entrada de la Casa Consistorial.
Finalmente quedamos en la Casa Consistorial de Casasaltas un domingo por la tarde, a eso de las 17:00 horas; pero por la mañana de ese día me llamó por teléfono, para adelantar la entrevista, pues a la hora prevista tenía que asistir a un cine forum del Itinerario Diocesano en Ademuz. Destaco estas cuestiones porque el aspecto religioso del entrevistado forma parte esencial de la personalidad y el quehacer del señor Cesar; y obviarlo sería ocultar un aspecto decisivo de su idiosincrasia...

Vías de acceso y localidades principales del Rincón de Ademuz (Valencia) [Tomado de la "Guía de Recursos Comarcales" (1999)].


Casasaltas en el contexto comarcal del Rincón de Ademuz (2011).
MUNICIPIO
SUPERFICIE
POBLACIÓN
DENSIDAD
Ademuz
100,4
1.292
12,86
Casasaltas
15,9
168
10,56
Casasbajas
22,6
243
10,75
Castielfabib
106,3
342
2,21
Puebla de San Miguel
63,6
86
1,35
Torrebaja
4,7
457
97,23
Vallanca
56,6
156
2,75
TOTAL
370,1 km2
2.744 habitantes
19,67 hb/km2
Tomado del Instituto Nacional de Estadística (INE). Elaboración propia (2013).

Llegué a Casasaltas unos minutos antes de la hora prevista; la tarde estaba fría, el cielo parcialmente cubierto: no encontré a nadie por la calle, ni en el pueblo ni durante el trayecto desde Torrebaja. La puerta principal del Ayuntamiento estaba abierta, entré a la Secretaría y allí estaba el señor César. Tras los saludos pasamos al despacho de la alcaldía, una sala amplia con una mesa despacho, sillas, estantería y demás elementos; en la pared lucía un retrato del Rey y por debajo el bastón del Alcalde –ordo et potestas responsabilis- como simbolizando de donde emana la autoridad municipal; el ordeno y mando, adeudos de la responsabilidad. Él se sentó en el sillón de la alcaldía y yo enfrente, al otro lado de la mesa; y con una sonrisa en la cara me dijo: “Bueno, tú dirás...”. Y de esta forma le expuse mi idea de la entrevista, más bien una conversación, para que me explicara algo de su persona –naturaleza, familia, infancia, estudios, profesión...-, para pasar después a tratar los aspectos municipales, estado actual del pueblo, problemas y proyectos.

-- Naturaleza, familia e infancia en Casasaltas.
  • <Mi nombre es César-Vicente Sánchez Blasco y nací en Casasaltas en 1951, tengo pues 60 años cumplidos... A mi padre le llamaban César y a mi madre Visitación, y fuimos dos hermanos, Trinidad, que tiene cuatro años más, y yo, que soy el segundo. Sí, toda la infancia la pasé aquí en el pueblo; fui a la escuela hasta los 14 años y después ya me marché a Valencia, cuando tenía sobre 17 años... De la escuela de mi infancia recuerdo al maestro, don Rafael Arnalte Vicente, hermano de un herrero que hubo en Casasbajas... Sólo tuve este maestro y le recuerdo con afecto... Entonces había muchos niños, a la escuela íbamos unos sesenta chicos y otras tantas chicas; claro, entonces los niños y niñas iban separados; además, había veinte o treinta párvulos... Lo recuerdo bien porque por los años 1956-58 se trajeron las aguas potables al pueblo: las aguas provienen de un nacimiento que hay en La Balsa; poco más arriba de donde se cogen para el riego; allí se puso la toma para el agua de Casasaltas, primero se trajo para la fuente del pueblo y años después se distribuyó para el pueblo... Te cuento esto porque con motivo de hacer la carretera nueva -variante de la N-330 de Manzaneruela a Torrebaja-, pues los de las obras comenzaron a echar tierra sobre el nacimiento, camiones y camiones de tierra, hasta enterrar las casetas de las balsas de decantación... Por entonces yo había salido elegido Alcalde en mi primera legislatura (1995-2003), pero como todavía no había tomado posesión no podía hacer nada; así que fui a ver al encargado de las obras y estuvimos hablando, le expuse lo que pasaba y cuando le dije que tendría que quitar la tierra aún me dijo: “¡Pues como no me la lleve a Bilbao...! –porque era vasco-. El caso es que mi primer decreto como Alcalde fue parar las obras de la carretera... Entonces, para documentar el hecho tuve que mirar el expediente de la traída de aguas y allí venía el censo del pueblo: 738 habitantes y demás datos escolares que te comentaba...>
  • <En aquella época, finales de los años cincuenta y primeros sesenta, la gente se dedicaba íntegramente a la agricultura... Yo mismo he hecho lo que hacían los chicos de mi edad, sembrar, segar, regar, coger manzanas..., ayudar a los padres en todo lo que suponía la vida del campo entonces. Mi padre tenía un taller de carpintería; sí, era carpintero, pero carpintero de los que lo hacían todo a mano, él no llegó a gastar las taladradoras eléctricas... Cuando ya fui algo mayor, al salir de la escuela me iba al taller y ayudaba a mi padre a hacer los dentales de los aladros; los dentales son las piezas de madera que lleva el arado en la parte de abajo –por encima llevaba la reja, que era de hierro-: aunque se utilizaba madera de carrasca, que es muy dura, si se labraba mucho en cada temporada había que cambiar los dentales...; yo aguantaba la pieza y mi padre quitaba lo gordo con el hachuelo, luego lo terminaba con el cepillo. Además, yo hacía “gabias”, sí, jaulas para los conejos, así me sacaba algún dinero... Para las jaulas utilizaba los cajones de madera del estanco, donde venía el tabaco; sólo había que poner una tela metálica y una puerta, con un cajón al lado y un agujero, para que la coneja hiciera el nido...>
  • <Sí, yo me crié entre virutas, pero finalmente he sido electricista... Bueno, desde que dejé la escuela a los 14 años y hasta los 17 años estuve plantando pinos... Por aquellos años, alrededor del 65, se hizo una reforestación en esta zona... Íbamos hasta el pico del Gazapo, al despuntar el día ya estábamos allí: lo primero era encender una hoguera y calentar los astiles de las azadas y picos, helados por la escarcha. Nuestra labor consistía en preparar la tierra... La máquina ya había roturado, llevaba un barrón como de un metro para romper el terreno, y nosotros íbamos detrás, quitando las piedras y haciendo algo de hoyo en la tierra, para después poner los pinos –que venían en unas macetitas-; pero eso se hacía en otra fase... Durante varios años fui también a la vendimia, a las Cuevas de Utiel... Sí, íbamos en cuadrilla, había un encargado... Nosotros dormíamos en la misma casa del dueño de la finca: las mujeres –porque venían también chicas y mujeres- dormían arriba en habitaciones, varias en una misma cama; y los hombres y jóvenes en la pajera... Claro, entonces la recogida de la uva en la finca se hacía con carros arrastrados por animales, machos que comían paja; de ahí las pajeras... A las Cuevas de Utiel íbamos con el coche del Chato, claro, por “Las Emes”, Santa Cruz de Moya y Manzaneruela, porque entonces todavía no estaba la carretera nueva... Aún recuerdo a la dueña de la finca, era una señora viuda que llamaban doña Elena... –una hija suya que entonces era moza y nos ayudaba en la vendimia estuvo por aquí hace poco; tenía amistad con don Leopoldo Sánchez, un maestro de aquí que lo fue en las Cuevas->.

-- Siendo hijo de un ebanista, ¿cómo fue que te hiciste electricista?
  • <Bueno, la cosa tiene su historia pues allá por el año 68, cuando cumplí los 17 años, mi padre me mandó a Valencia, para que aprendiera un oficio. A mi me gustaba la mecánica, quería ser mecánico de coches; de hecho yo ya había hecho un curso (de mecánico) por correspondencia en el Instituto Americano. Al llegar a Valencia el primer sitio donde trabajé fue en “Alejandro Soler” –una gran empresa de venta de electrodomésticos que tenía unas nueve sucursales-; sería la mayor de Valencia en este ramo. Allí entré por medio de Jesús Manzano Aguilar, un hermano de José, el alcalde anterior a mí en Casasaltas... Jesús era guardia municipal, pero cuando tenía libre iba a trabajar a esta empresa, como vigilante...; y por su mediación entré yo allí, como ayudante del mecánico para arreglar las furgonetas... Pero como resulta que estaba de vacaciones, pues me pusieron para ayudar a los repartidores... Me vino bien, porque así me conocí Valencia de cabo a rabo... Luego me surgió trabajar con un primo mío –Avelino Morales de Torrebaja- y me puse con él de electricista. Y allí estuve durante años, trabajando como electricista, hasta el año 85 en que me vine a Casasaltas, para trabajar en la instalación eléctrica de una nave para envases perdidos que montaba Avelino... Nosotros trabajábamos en el montaje eléctrico industrial; cuando se hacía la instalación eléctrica de viviendas era circunstancial, casi por compromiso... Primero estuve en montajes y luego pasé a taller, yo hacía el estudio de los cuadros eléctricos y el montaje. No, no hice ningún curso de electricidad, aprendí a golpe de chispazos... Bueno, tenía algún libro que consultaba, pero no tengo ningún título...>
  • <En cierta ocasión –de esto hace ya muchos años, treinta por lo menos- me surgió la oportunidad de ir a Uruguay, allí hicimos el montaje eléctrico de un molino arrocero; por entonces se empezó el cultivo del arroz en aquel país... Nos llevamos los cuadros ya montados, allí sólo había que instalarlos... Uno lo montamos en el puerto de Montevideo y otro en el departamento de Lascano, que está a unos trescientos kilómetros... Allí fuimos por una empresa de Valencia, la que montaba los silos y los elevadores... No, la mano de obra era de allí: allí estuvimos unos tres meses... Entonces aquello era tercermundista cien por cien, las calles de la ciudad eran todavía de tierra, y estaban plantando los semáforos...>

            El señor Sánchez Blasco está lo que se dice soltero y sin compromiso... No se ha casado porque no le ha surgido la ocasión; cuando le pregunto si le hubiera gustado casarse y tener hijos me responde que quizá, pero que si no lo ha hecho es porque seguramente no ha tenido la necesidad, "porque cada cual tenemos nuestro destino y el mío era no casarme...". Desde que se marchó de Casasaltas en su adolescencia (1968-69) estuvo residiendo en Valencia –aunque estuvo en Uruguay y en casi todas las provincias de España-, pero volvió al pueblo para la instalación de la mencionada empresa de envases perdidos (1985) y aquí estuvo poco más de un año...

  • <Sí, hicimos la instalación y estuve aquí poco más de un año, pero como aquello fracasó y se cerró me volví a Valencia, y allí estuve varios meses trabajando, hasta que me volví de nuevo al pueblo... Aquí estuve montando cuadros para la empresa de Valencia, hasta que me buscó Antonio “el electricista de Ademuz” para trabajar con él...; me di de baja en la empresa de Valencia y me quedé aquí con Antonio hasta que me jubilé, porque ya estoy jubilado... Mientras estuve en Valencia viví en casa de mi hermana en Aldaya... Sí, aquí tengo mi casa y soy feliz, me gusta la vida del pueblo: la gente, el campo y la naturaleza... Y si estoy aquí sentado –se refiere al sillón de la alcaldía- es porque quiero a mi pueblo y a su gente, porque quiero servirles... Ya tuve la experiencia de mi anterior Alcaldía, del 1995 al 2003; pero ahora es distinto, entonces estaba trabajando y me suponía un mayor esfuerzo, pero ahora que estoy jubilado lo llevo perfectamente...>
Don César-Vicente Sánchez Blasco, Alcalde de Casasaltas (Valencia), en su despacho de la alcaldía.
-- ¿Qué puedes contarme de tu experiencia como Alcalde, cómo ves el pueblo desde la alcaldía?
  • <Mira, yo siempre me he presentado por el Partido Popular, antes y ahora... Pero ahora ha sido porque no hay gente que quiera participar. Aquí somos cinco concejales, cuatro populares y uno socialista. Pero resulta que el PSOE local no presentó candidatura y presentaron una desde Valencia, todos gente de fuera. El concejal socialista es de Titaguas, no tiene nada que ver con Casasaltas...>

        Lo sucedido en las elecciones municipales en Casasaltas –22 M 2011- es un hecho curioso, y que cada día se planteará con más crudeza en nuestros pueblos, donde resulta difícil encontrar candidatos para formar las listas de los partidos. El descenso de población se pone en evidencia en estos casos...
  • <Claro, es un problema muy grave... Parece que hay una ley o norma que regula estos casos, cuando en un municipio no se presentan candidaturas, el pueblo pasa a depender administrativamente del más próximo... Y yo no puedo permitir que mi pueblo pase a ser aldea de ningún otro...; porque entonces el pueblo se vendría abajo, ya ves lo que pasa con los demás pueblos, que se preocupan lo justo de las aldeas... Si hay plan de aldeas, pues el plan de aldeas, y nada más>.
  • <El mayor problema de Casasaltas es el mismo de todos los pueblos del Rincón de Ademuz, que no hay ingresos... Mira, próximamente tenemos un Pleno para aprobar el presupuesto del año próximo, que asciende a 236.394 €; sólo contemplamos planes provinciales y caminos rurales; de lo demás, subvenciones de Consejería, no hemos puestos ninguna. Y sobre la marcha haremos alguna rectificación, si procede...>
  •  
       Durante la conversación me muestra algunos puntos del Presupuesto, para probar la veracidad de lo que dice:
  • <Mira, de ingresos por impuestos de bienes inmuebles de naturaleza rústica, seis mil euros; de urbana, cincuenta mil euros; por tracción mecánica, ocho mil euros; lo demás son todo cifras pequeñas... Eso es lo que hay... Luego está la aportación del Estado, a tanto por habitante, pero tenemos una población de sólo 165 habitantes. Sí, hay un local municipal que vamos a alquilar, pero a treinta y tantos euros al mes, eso no supone nada... Claro, todo lo que se hace es por subvenciones, y nosotros sólo podemos ir a subvenciones del cien por cien, pues en cuanto el Ayuntamiento tiene que aportar algo, ya estamos... Las correspondientes a los planes provinciales, que suponen un cinco o diez por ciento aún las podemos afrontar, pero las de la Consejería no, porque en estas te subvencionan el cincuenta o sesenta por ciento y el resto debe aportarlo el municipio, y nosotros no podemos aportar un cuarenta por ciento de una cifra elevada...>
Don César-Vicente Sánchez Blasco, Alcalde de Casasaltas (Valencia), mostrando la antigua corneta del alguacil que tocaba su padre y él mismo.
-- ¿Qué perspectivas tiene el Ayuntamiento para estos próximos años, algún proyecto de interés?
  • <El proyecto más ambicioso es construir una residencia de ancianos, un plan que ya viene del Consistorio anterior...; el problema era que no teníamos aprobado el Plan General de Urbanismo. Han tardado dieciséis años aprobarlo, pero ahora ya tenemos catalogado y definido todo el territorio municipal... Por ejemplo, del río Turia hacia levante –lo que llaman Fuente Vellido- todo es zona protegida; las actuaciones que se hagan tienen que hacerse con permisos particulares para cada caso... Toda la huerta, de una u otra margen, es también zona protegida de Cauces y Riberas; cualquier actuación requiere permiso de la Consejería correspondiente... La zona de Los Pajares, igualmente: las rehabilitaciones tienen que hacerse respetando lo que ya hay hecho y las ampliaciones no pueden superar el veinte por ciento; y siempre guardando las características de la edificación... Todo esto tiene su parte buena y su parte mala, es complicar la vida a los que vivimos aquí; pero, por otra parte, significa que se respetará el entorno y no se harán barbaridades como se hicieron en otra época... En todo caso, tener el terreno municipal catalogado es una tranquilidad y un compromiso para los Ayuntamientos, porque así ya sabemos lo que se puede o no se puede hacer; pero en cuestión de permisos, si antes lo tienen que dar las consejerías, se retrasarán mucho las actuaciones...>
  • <El proyecto de la Residencia de Ancianos, se ubicaría entre la carretera y la avenida de la diputación, en ese ángulo de suelo... Pero en la actual coyuntura económica es difícil que pueda hacerse, porque tendría que gestionarla una empresa privada y las empresas, si no hay beneficios, no las quieren, como es lógico: porque hay residencia que se están quedando sin gente, debido a que los familiares sacan a sus padres o abuelos, para comer de las pensiones de los mayores... Esto mismo me lo dijo la Alcaldesa de Navarrés, que tiene una residencia y se ha vaciando: la empresa que la gestionaba se ha marchado y ha dejado el marrón al Ayuntamiento. Porque hay familias que viven de la pensión de los padres o abuelos; claro, mientras les cuiden bien... No obstante, aunque sea mal momento para una residencia, ya estamos haciendo gestiones para comprar los terrenos; quizá se pueda hacer más adelante. También tenemos pensado reforestar esa parte de monte continuación del Vía Crucis y los miradores; toda esa parte ha quedado muy bien y están estudiando qué tipo de árboles irían mejor. Por esa zona están los depósitos del agua; también se ha ampliado el cementerio y cementado el Camino Viejo de Ademuz a su paso por el pueblo, con lo que se ha mejorado el acceso y la salida de la población>
  • <A falta de otros proyectos, lo que se pretende es mantener los servicios, calles, caminos, etc. Más proyectos no hay; además, tampoco podemos afrontarlos... Pero nosotros vamos capeando la crisis, pagamos las facturas y estamos al día en los pagos, con la excepción de las certificaciones de obra; si no nos llegan las subvenciones, pues tampoco podemos pagar... Diputación aún va pagando, pero Consejería no...>

-- Y de la Mancomunidad de Municipios, ¿qué puedes decirme?
  • <La Mancomunidad nace a partir de la Agrupación de Ayuntamientos que gestionaba unos servicios sociales desde Ademuz... Entonces surgió la idea de Mancomunar los Ayuntamientos del Rincón de Ademuz, lo que daría la posibilidad de gestionar más asuntos. Pero la verdad es que hasta ahora ha gestionado pocas cosas, siempre por desacuerdo entre los miembros... Lo de tener la sede aquí en Casasaltas fue porque así lo decidió el Pleno de la Mancomunidad: yo ya había pedido al arquitecto que me hiciera un anteproyecto y ofrecido un solar y se eligió mi propuesta frente a Ademuz... La verdad es que mi propuesta era mucho mejor que la de Ademuz, porque el solar de Casasaltas tenía mejores accesos y luz por las cuatro fachadas... La propuesta de Ademuz la votó Ademuz y Puebla de San Miguel y el resto de municipios votaron la de Casasaltas; por eso está aquí la sede... Las obras se retrasaron, y yo creo que fue por Diputación, que no le venía bien que el edificio se hiciera aquí...>
  • <Actualmente estamos intentando reflotar la Mancomunidad, para que gestione algo más, porque ahora sólo lleva la asistencia social y la guardería, cuando podría realizar más gestión, como la recogida de basuras... Sin embargo, el principal problema de la Mancomunidad son las deudas que tiene, y lo primero que debe hacer es reconocerlas y pagarlas. Claro, los Ayuntamientos que más deben son los mayores, y no pagan... Sí, los pagos se realizan con relación al número de habitantes; y cuanto más censo tiene un municipio, pues más votos tiene también ese Ayuntamiento en el Pleno de la Mancomunidad a la hora de decidir... Torrebaja creo que ahora ya está al día, pero otros no hay manera... Mira, la Mancomunidad del Alto Turia –con sede en Tuéjar- está compuesta por cinco Ayuntamientos, y funciona de cine... Además, nuestra Mancomunidad está a su vez mancomunada con la del Alto Turia y La Serranía para lo referente a la Ley de Dependencia: las trabajadoras sociales vienen aquí todos los meses y atienden los casos que hay; esto se gestiona desde Alto Turia, pero también tenemos el mismo problema económico: este año 2011 lo ha asumido la Mancomunidad con subvenciones, pero para el 2012, si queremos el servicio habrá que adelantar el pago para mantener las trabajadoras sociales, hasta recibir las subvenciones..., imagínate el panorama. Porque ahora el problema está en cobrar las ayudas..., así que llegaremos hasta donde podamos. Sí, van a venir años malos...>
  • <Recuerdo que hace unos años, con motivo de inaugurar la Depuradora, vino aquí el Presidente de la Diputación –se refiere a don Manuel Tarancón Fandos (1954-2004), que después fue Conseller de Cultura-; pues me dijo: “Si quieres puedo ponerte la iluminación del pueblo hasta la depuradora...” –pero le dije que no, porque eso sólo me supondría gastos de mantenimiento-. Entonces le pedí que me subvencionara el depósito del agua potable, porque nuestro problema no es de abastecimiento, sino de almacenamiento de agua; y me lo subvencionó... Ahora ya no tenemos problemas con el agua... Quiero decirte que hace unos años en cuanto abrías la boca te daban lo que pedías; pero aquellos fueron tiempos de vacas gordas, y ya se acabaron...>

          A través de la conversación mantenida con el señor Sánchez Blasco hemos podido comprobar que es una persona sencilla, que habla con claridad y conocimiento de los asuntos municipales, de la realidad de su pueblo y comarca. Su trayectoria vital es similar a la de tantos vecinos de su generación: un chico nacido en el seno de una familia de trabajadores, con un padre ebanista que también hacía de alguacil, de ahí que se criara entre virutas, y que desde niño tuviera la experiencia del trabajo en el campo y en la carpintería, "y también echaba bandos con la corneta cuando mi padre no podía...". Él quiso ser mecánico de coches, pero la vida le llevó por los caminos de la electricidad, montando paneles eléctricos industriales: aprendió a "golpe de chispazos...". Ha viajado por distintas provincias de España, y también al extranjero.
            Su experiencia como edil y Alcalde se remonta a los años noventa; ahora vuelve a repetir, por su innegable vocación de servicio y por amor a su tierra y a su gente: de ninguna manera admite que su pueblo pueda pasar a ser aldea de ningún otro... Se considera un hombre feliz, le gusta la vida tranquila del pueblo y la relación vecinal. Ideológicamente se considera conservador, lee La Gaceta y los periódicos provinciales, participa en las cosas de Iglesia, porque es un hombre de fe, católico y practicante que lleva camino de ser sacristán, pues su disposición es la de ayudar, colaborar y servir... Piensa que es querido y valorado por sus vecinos, y eso le produce gran satisfacción. Tiene confianza en el futuro y piensa que de esta situación de crisis vamos a salir, pero que nos esperan años malos.


En suma: don César-Vicente Sánchez Blasco de Casasaltas reúne las principales características del buen alcalde, pues es un hombre sensato, ama a su pueblo y comarca, conoce el municipio y los problemas y necesidades de sus moradores. Y por encima de todo es un hombre experimentado y realista, sabe que hay que ceñirse a lo que uno tiene, sin estirar más el brazo que la manga... ¡Muchas gracias señor Alcalde y suerte en su gestión! Vale.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).



[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Desagravio a la Historia, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2008, vol. II, pp. 37-40.
[2] ID., El Coro Arciprestal del Rincón de Ademuz en el LIV Septenario de Moya, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/10/el-coro-arciprestal-del-rincon-de.html, del lunes 27 de octubre de 2011.
[3] ID., El Coro Interparroquial y la Banda de Música de Ademuz, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/12/el-coro-interparroquial-y-la-banda-de.html, del viernes 2 de diciembre de 2011.