viernes, 2 de diciembre de 2011

“VIVO Y ESCRIBO, MIS MEMORIAS”, LIBRO PÓSTUMO DE RICARDO FOMBUENA.

A propósito de la presentación de las memorias del poeta.

Sobre su lápida puede leerse un epitafio en el que estuvo trabajando algún tiempo, 
hasta que logró darle la forma y el significado que pretendía:
 “Mira, piensa y olvida –dice el poeta al visitante-/ 
a este todo de la muerte,/ y a esta nada de la vida”.


            El sábado, 29 de octubre de 2011, sobre las 18:00 horas tuvo lugar en la ludoteca “Río Ebrón” de Torrebaja (Valencia), la presentación de “Vivo y escribo” (Madrid, 2011),[1] libro póstumo del poeta Ricardo Fombuena Vidal (Barcelona, 1924-Madrid, 2011), recientemente fallecido.[2]
            Aunque no fuera la mejor estación para la presentación de un libro en Torrebaja, al acto asistieron numerosas personas -familiares, amigos, vecinos y conocidos del autor-. La presentación corrió a cargo de Ricardo Fombuena Licer, su hijo mayor. Como se suele decir en estos casos, fue un acto entrañable –íntimo, afectuoso y cordial- tanto por lo recogido del mismo como por las circunstancias del momento; pues se trataba de la exposición pública del último texto del poeta, sus memorias, donde se recogen sus impresiones y vivencias tras una larga vida. En última instancia, su visión del mundo y la forma en que él quiere ser recordado...
            La presentación comenzó con la lectura de un soneto que el poeta escribió a su esposa al poco de fallecida:
A Marina Licer Esparza
(Torrebaja, 1919-Madrid, 2010)

Desde esta extraña cárcel que es la vida
sólo el sueño escapado es un suspiro
cuando en rejas del SER a NO SER miro
Buscando sin cesar otra salida.

¿Por qué el beso o una lágrima sentida
no podrán dar al mundo un nuevo giro,
conseguir esa llave a la que aspiro
abriendo esta razón incomprendida?

Seguir sintiendo el alma del que se ha ido,
que no sea su añoranza mi agonía,
saber dentro de mí su contenido,

sentirlo mientras viva todavía,
que siga siendo el SER y no ese “HA SIDO”
que ha dejado mi vida tan vacía.


            Propiamente, la presentación del libro de Fombuena consistió en la lectura de varios folios, dando un somero repaso a la vida del poeta. Difícilmente podemos condensar la existencia de alguien en unas pocas páginas, máxime de un hacedor de versos, cuyos vericuetos mentales parecen discurrir por senderos ignotos a los que pocos mortales tienen acceso. Afirma el ponente que la fuerza que mueve al mundo es el amor –también el odio, por desgracia-; y se reafirma en ello, asegurando que es “un hecho cierto al igual que lo es la muerte a la que inexcusablemente todos llegaremos”.
            Los restos mortales de Ricardo y su esposa Marina descansan en un panteón familiar del cementerio de Los Llanos de Torrebaja, “donde era su voluntad recibir sepultura”. Sobre su lápida puede leerse un epitafio en el que estuvo trabajando algún tiempo, hasta que logró darle la forma y el significado que pretendía: “Mira, piensa y olvida –dice el poeta al visitante-/ a este todo de la muerte,/ y a esta nada de la vida”. Sus átomos se han desintegrado por efecto de la muerte, la gran disgregadora, pero hasta hace poco tiempo todavía podíamos verles, “caminando despacito por la calle Nueva, extremadamente cansados, y despertando en los que les conocían sentimientos de afecto y ternura”; sus maltrechos cuerpos descansan por fin, mientras sus almas -entidades deletéreas que el escritor siempre pretendió nombrar con su poesía- se disponen para el gran viaje: unos pensarán que al éter, otros que a la casa del Padre...
        Marina, la esposa del poeta, falleció en Madrid el 28 de septiembre de 2010; sus restos fueron incinerados y regresaron a Torrebaja, para descansar junto a los de su esposo en una urna: ésa era su voluntad y sus hijos la han respetado. Nacer, crecer, reproducirse y morir... En el caso de Fombuena –dice su hijo- “además escribe, lo hacía para manifestarse, como necesidad vital, tal vez porque no creía en el más allá –al menos no desde un punto de vista cristiano- de ahí el título elegido para sus memorias: Vivo y escribo”. Vivía y escribía, quizá porque no podía creer, porque en el fondo no quería dejar de ser; para seguir siendo en sus poemas, para intentar regresar cada vez que alguien los lea.
           Al poeta, la hora postrera le llegó siendo las 4,20 horas del día 9 de octubre de 2011, “pero su deseo hubiera sido irse en el mismo instante que su querida esposa, viajando sin limitaciones de ningún tipo, sin gasto energético alguno, haciendo el camino de vuelta a Torrebaja por la carretera de Teruel, que es como un paseo por un jardín, a la velocidad contemplativa...”.
          Fombuena hizo incursiones por diversos campos de la literatura –historia, viajes, paisaje, novela...-, pero su mejor cosecha la obtuvo en el jardín de la poesía, “siempre la poesía como testimonio de vida, y testamento” para los que le conocieron o deseen conocerle. Fue Cronista Oficial de Torrebaja, y por ende de la Asociación de Cronistas del Reino de Valencia: su mejor aportación en este contexto fue “La cruz de los tres reinos y el compromiso de Caspe”, obra antológica en endecasílabos, que incluye en sus memorias como “broche de oro a su vida literaria”.
            Algunos capítulos de sus memorias dicen de hechos personales, “y de la historia que le tocó vivir, y que a la mayoría de los mortales no sucede, como es el hecho de heredar una gran fortuna, y que la enorme codicia y el desagradecimiento de su primo arrebató” –el ponente manifiesta que lo que más dolió a su padre fue “la traición y las mentiras que lo mucho material que le quitó”-.
         El afincamiento definitivo del poeta y su esposa en Torrebaja data de los años ochenta, tras una temprana jubilación: “fueron sus años más felices, pues disfrutaban de todo aquello a lo que habían aspirado durante la vida: los hijos criados, largos paseos a pie o en coche en los que conoció profundamente el Rincón de Ademuz, y el trato, mucho trato con las personas...”. Su conocimiento y vocación social le llevaron a ser Juez de Paz municipal (1987-1994), a lo que contribuyó “su temperamento conciliador y bondadoso -pues era un hombre bueno, no un buen hombre-, y su inteligencia, que le hacía distinguir entre uno y otro término, ya que el hombre bueno esfuerza sus virtudes para conseguir el calificativo, mientras que el buen hombre se conforma con lo que la genética le ha aportado”. Merecidamente, su contribución poética y social le valió para ser nombrado Hijo adoptivo de Torrebaja (1994).
            De la vida profesional del poeta, cabe decir que fue enólogo en el laboratorio que su abuelo había fundado en Madrid, al poco de su traslado de la ciudad condal. Sus clientes eran fundamentalmente agricultores castellano-manchegos, “gentes humildes que conocían mejor la viticultura que la lectura”. Aquel laboratorio era conocido por todos los que hacían vino en Madrid, y estaba en el bajo de un edificio del paseo del Prado, construcción que desapareció con la vorágine urbanística, pese a estar catalogada.
         Fombuena valoraba enormemente la amistad, hasta el punto de considerarla como “una de las mayores riquezas que el ser humano puede poseer, y que muchos tienden a sustituir por bienes más prosaicos, sin caer en la cuenta que una gran amistad trasciende la tumba”. De sus recuerdos de infancia destaca los momentos trágicos que le tocó vivir en Oteniente/ Ontiyent como refugiado por la Guerra Civil (1936-39), “especialmente en el Colegio Nacional de Ciegos”, vivencias que “calaron profundamente en su espíritu”. Sin embargo, no se limita a relatar los acontecimientos felices de la infancia, aún en un ambiente de guerra, pues en los primeros capítulos del libro toca el aspecto más íntimo y devastador, cual fue el ser abandonado por su padre, “que llevó su egoísmo a extremos aborrecibles”.
            El prólogo de las memorias de Fombuena lo escribe su nuera Marita –me refiero a Margarita Arroyo,[3] farmacéutica y notable poetisa- que nos muestra su admiración por el escritor y poeta, a la vez que por el hombre, cuya palabra preferente –así lo reconoció también su admirado amigo el laureado poeta José Hierro (1922-2002)- era "amor", concepto y expresión que impregna tuda su obra, de la que dijo el místico: “Recordad que al atardecer de la vida os examinarán en el amor” –san Juan de la Cruz, dixit-. Vale. 

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


[1] FOMBUENA VIDAL, Ricardo. Vivo y escribo. Mis memorias, Madrid, 2011 [Ficha técnica: encuadernación rústica, tapa blanda, 14,5x21 cm., fotos B/N, 198 páginas].
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. A Ricardo Fombuena Vidal, in memoriam, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/10/ricardo-fombuena-vidal-in-memoriam.html, del lunes 17 de octubre de 2011.
[3] Margarita Arroyo (Madrid, 1947). Poeta española Cursa estudios de música, magisterio y farmacia, realiza su tesis doctoral en la cátedra de Historia de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. Directora de la revista “Pliegos de rebotica”. Colabora en revistas como “Tránsito”, “Nueva etapa”, “Río Arga”, “Dintel” y “Poesía Hispánica”. Ha sido distinguida con los siguientes premios: primer premio de poesía AEFLA (1986); Mini-hucha de Oro (1986); premio Ibn Jafaya (1987); Hucha de Plata (1988); premio Clarín (1992); medalla del Ateneo (1993); premio Francisco de Quevedo (1994); premio Hernán Esquío (1995); y medalla de poesía Nueva gente (1995). Su obra está compuesta por los libros Reducida a palabra (1983), El yelmo y sus adornos (1985), Sin mirar a los lados (1988) y Trilogía de la palabra, el yelmo y la mirada (1997). En el apartado de prosa, ha publicado El albarelo de la cruz lisiada: la Real Botica y la farmacia madrileña (1999). Fuente: Manuel Francisco Reina. Vid http://www.poemaspoetas.com/margarita-arroyo


Ricardo Fombuena Vidal (Barcelona, 1924-Madrid, 2011).

Ricardo Fombuena Licer, hijo mayor del poeta, durante la presentación del libro en Torrebaja (Valencia).
Ricardo Fombuena Licer, hijo mayor del poeta, durante la presentación del libro en Torrebaja (Valencia).
Portada del libro póstumo de Ricardo Fombuena Vidal -"Vivo y escribo" (Madrid, 2011)-.
Contraportada de libro póstumo de Ricardo Fombuena Vidal -"Vivo y escribo" (Madrid, 2011)-.
 

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