viernes, 12 de febrero de 2016

CÁNDIDO ROSELLÓ DOMINGO, FUNDADOR DE “CARNES ROSELLÓ” DE TORREBAJA (VALENCIA).


Conversación con un empresario jubilado del Rincón de Ademuz.




“Sí, pese a las críticas y los problemas que tuve,
estoy muy orgulloso de haber pasado por el Ayuntamiento,
aunque abandonas mucho tu casa, la familia y el negocio”
-del contenido de la entrevista-.




Palabras previas, a modo de introducción.

Cuando propongo una entrevista a alguien, mentalmente ya lo sitúo en uno de los dos grupos en que suelo colocar a las personas a este respecto. Los hay “francos”, aquellos que aceptan sin apenas pensárselo, y los hay “reticentes”. Los primeros son los que yo llamo espléndidos, liberales y dadivosos; los segundos son los circunspectos, reservados y evasivos. Se trata de una clasificación de andar por casa, particular en cualquier caso, sin asomo de calificación moral ni de otro tipo.

Habitualmente acierto en mi predicción, debe ser por la experiencia que uno acaba adquiriendo al hacer algo, no por ninguna cualidad especial que yo posea. Debo reconocer, sin embargo, que a veces me equivoco, y un “franco” acaba convirtiéndose en un “reticente” –y viceversa-; pero ya digo que no suelo equivocarme. En el caso de mi invitado de hoy –me refiero al señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943)-, acerté de pleno, pues la entrevista le pareció bien de inmediato, ningún inconveniente me puso; al contrario, me invitó a subir a su casa cualquier tarde para charlar.

Las conversaciones que les propongo a mis entrevistados son sencillas, abiertas, coloquiales. Nada de preguntas enjundiosas, que suelen conducir a respuestas grandilocuentes. Ni demasiado íntimas, pues todos tenemos nuestro pudor y lo demasiado personal no puede interesar más que a los indiscretos y fisgones. En cualquier caso, cada cual es como es, y nadie está obligado a aceptar mi invitación.

Decía que había quedado para hablar con el señor Cándido cualquier tarde en su casa, sólo tenía que llamarle antes por teléfono; pero la conversación tuvo lugar en la mía, una tarde fría y ventosa de principios de febrero. Tenía preparada una cafetera con café recién hecho, pero sorprendentemente, mi invitado prefirió té -digo que me sorprendió, porque yo le hacía bebedor de café-. Los prejuicios sobre las personas son frecuentes, incluso en las cosas más nimias. La conversación que mantuvimos fue del tenor siguiente.


El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), posando junto a un almendro en flor (2016).

Contenido de la entrevista.

Anticipadamente, cabe decir que el señor Cándido es persona muy conocida en Torrebaja, y en todo el Rincón de Ademuz, hasta el punto de poder decir que si alguien no sabe de él es que no es de la zona. Unos le conocen como Cándido, aunque otros, por razones inconcretas, le nombran como Roselló. Podría decir que le conozco de toda la vida, no en vano somos del mismo municipio; sin embargo, no tengo recuerdos de su juventud. Las primeras imágenes que poseo de su persona son ya de mayor. Tengo, no obstante, imágenes nítidas de su madre, a la que evoco despachando en una carnicería que la familia regentaba en la calle San Roque. Mi madre me mandaba de niño a comprar una cuarta de carne a la tienda, y la señora Francisca -me refiero Francisca Domingo Gómez (1910-69)-, así llamaban a su madre, me la daba desde un alto mostrador, más bien una ventana apaisada, a la que yo apenas llegaba. También recuerdo a su padre, el tío Cándido -me refiero al señor Cándido Roselló Gabalda (1907-85)-, al que evoco garrote en mano por los campos, siempre con su ganado...

El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), en la cámara de "estufage", posando junto a paletillas y jamones en su empresa  (2016).

-- Cándido, cuéntame algo de tu infancia, ¿dónde naciste, quienes fueron tus padres, cuántos hermanos fuisteis?
  • Nací en Torrealta, el 8 de mayo de 1943, pronto haré los 73 años, y soy hijo de Cándido Roselló y de Francisca Domingo: Mi padre era de Torrealta y mi madre de Los Santos... Fuimos cuatro hermanos: Francisca (1935-66), la mayor, que no estaba bien, ya fallecida, Manolo, Lola y yo, que soy el menor. Vivimos en Torrealta hasta que yo tuve sobre quince años, en que nos bajamos definitivamente a Torrebaja, donde mis padres tenían una pequeña carnicería. La carnicería que tú recuerdas estaba en una casa de Pinazo y nosotros vivíamos enfrente, en una casa del tío Vidal, debajo de la vivienda teníamos una pescadería, y en la parte de arriba vivíamos. En aquella época, te estoy diciendo de mediados los años cincuenta, no era fácil encontrar vivienda en Torrebaja, entonces había aquí unas ochocientas o novecientas personas, mucha gente. ¡Ojalá hubiera ahora tanta como en aquel tiempo! Sí, se vendía mucho pescado de todo tipo, no te puedes imaginar la cantidad que vendíamos. Traíamos bonitos que pesaban hasta treinta kilos, y se cortaban en rodajas; mucho, pero mucho pescado. Ya te digo, había mucha vida aquí...

La población censal de Torrebaja en 1950 y 1960 era de 947 y 783 habitantes respectivamente.[1]


-- ¿Qué otros recuerdos tienes de tu infancia, de la escuela, de tus maestros?
  • Como te digo, mi padre tenía ganado, lo compraba en pueblos de la sierra y lo tenía aquí hasta que llegaba la hora de matar, la carne de cordero era la materia prima de la carnicería de mis padres. Recuerdo que de chavalote iba yo con mi padre a comprar los animales, a Valdemeca, La Laguna del Marquesado y esos pueblos de Cuenca. Íbamos en el coche de línea hasta Cañete y después subíamos hasta esos pueblos. Claro, dormíamos en las posadas, comprábamos los animales a los pastores de por allí y nos bajábamos andando hasta Torrebaja, dos o tres días tardábamos... Tendría yo entonces unos doce o trece años, porque me salí muy pronto de la escuela. La escuela era obligatoria hasta los catorce, pero yo dejé de ir a los diez o doce. Lo poco que sé se lo tengo que agradecer a Vicente el Gasiosero, el maestro, que nos daba clases particulares a unos cuantos. No, aquí en Torrebaja no llegué a ir a la escuela, fui en Torrealta: Recuerdo a una maestra de nombre Pepita, que se casó con Pepe, un hermano de Miguel Sánchez Calvete. Y a otra a la que decían doña Marina, no he conocido otros maestros, además de a Vicente el Gasiosero que te digo, que subía a la aldea a dar clases de repaso; después, al bajarnos a Torrebaja, continué aquí con él.
El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), envasando embutido al vacío (2016).



-- ¿Cómo fueron tus comienzos como empresario?
  • Mis comienzos como empresario fueron muy temprano, empecé haciendo una pequeña granja en la parte de atrás de la casa donde vivíamos, y como no quería que la mili me cortara el desarrollo del negocio, me fui voluntario con apenas diecisiete años. Sí, tuve que conseguir el consentimiento de mis padres. Los papeles me los preparó Escrivá, un guardia civil que vivía aquí en la Plaza. Claro, yo ya tenía idea de hacer mi propio negocio, por eso fue presentarme voluntario, para que el servicio militar no me cortara la marcha y pudiera continuar con lo mío... No, yo no me conformaba con una carnicería pequeña como la de mis padres, tenía ideas más ambiciosas, siempre dentro del negocio de los animales y la carne, aspiraba a algo más... Cuando empecé en el negocio de mi padre tenía que ir a comprar los cerdos a pueblos y aldeas de la zona, Riodeva, Mas del Olmo... Para ir a Mas del Olmo, subía con las caballerías por Torrealta -en dirección a Los Molares y la Loma del Romance- porque entonces no había carretera. Allí sacrificaban los animales, recuerdo que los mataba uno al que llamaban tío Morales; y una vez muerto y despiezado el animal, lo cargaban y me bajaba. Las carnes se colocaban en cuatro cajas de aquellas que había de las manzanas. Ten en cuenta que yo iba sólo con el macho, salía a las cinco de la madrugada, todavía de noche, y me encaminaba monte arriba, de forma que al hacerse de día llegaba a la aldea. Tengo que confesarte que tenía miedo, porque yo era entonces un chavalote de diez o doce años y no hacía más que mirar hacia atrás, por si me cogían. Claro, el animal sabía el camino mejor que yo. Me costaba dos o tres horas subir, pero a las diez de la mañana ya estaba de vuelta en Torrebaja. Me bajaba por el mismo sitio, pero en Los Molares cogía un desvío del camino que bajaba por la Cuesta de La Palanca. No, lo que hacía yo entonces no lo haría hoy un crío de esa misma edad... Es como lo de andar, antes se iba andando a todas partes, hoy le dices a alguien de ir caminando a Torrealta y no va...

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  • Ya te digo, mi padre y yo veníamos andando con los ganados desde Tejadillos, Valdemeca, Tragacete y más allá, hasta Torrebaja. El viaje nos costaba dos, tres o cuatro días de marcha. No, nada de machos, íbamos andando. Se dormía en las posadas, la comida nos la preparaban allí, la llevábamos en una bolsa, para comer por el camino. Un borrego bueno valía entonces unas veinticinco pesetas, hoy un cordero del mismo peso vale ochenta o noventa euros... ¿Qué hacíamos con las pieles?, pues las vendíamos en Teruel, a Mariano Rillo, que tenía un almacén... Entonces se vendían las pieles, el sebo de los corderos... De los cerdos se vendía el pelo, las pezuñas..., no sé lo que harían con ellas. Los cuernos de los corderos merinos, que eran muy grandes, también los compraban. No, sólo los cuernos. La cabeza se vendía aquí en la carnicería, para asar en el horno y comerla... Las cabezas de los corderos estaban muy solicitadas, como las patas. Las patas no iban con la piel, se les cortaban las pezuñas y una vez peladas servían para guisar. Mi madre las pelaba con agua caliente, yo no he llegado a hacerlo. A la cabeza, las patas, el liviano y las tripas les llamaban el menudo –costaba tres o cuatro pesetas-: Estaba muy solicitado el menudo, había cola para conseguir uno... Con el menudo había para una semana, entonces muchas familias se apañaban así, como podían. Te estoy hablando de la posguerra, años cuarenta y primeros cincuenta. Para pelar las patas hay hoy unas máquinas, estuve tentado de comprar una, pero para el volumen de venta de aquí no salía rentable... Del cerdo también se aprovecha todo, hasta la manera de andar... Cada parte del cerdo tiene su sabor, del morro al rabo, hoy es el producto estrella, junto con el pollo. La venta de cordero ha caído mucho, también la ternera. En otra época he llegado a matar cuatro terneras de quinientos kilos a la semana, y se vendía enseguida. Claro, venían a comprar de otros lugares, no sólo de Torrebaja. Hoy una ternera te dura quince días... Porque la economía está mal. Mira, un kilo de lomo, la flor del cerdo, todo molla, lo tienen esta semana en la carnicería a cuatro ochenta euros el kilo, pero un kilo de carne de cordero está a dieciséis y pico, sebo y hueso incluido. Si miras la economía, con lo que vale un kilo de cordero compras cuatro de lomo de cerdo... –hoy todo eso la gente lo mira-.

El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), posando junto a embutidos de ciervo (2016).

Detalle de jamones y paletillas de cerdo, en la cámara de "estufage" en el matadero del señor Cándido Roselló Domingo (2016).


-- Entonces, para que el servicio militar no te interrumpiera en tu proyecto empresarial te marchaste voluntario.
  • Claro, por eso me marché a la mili voluntario... Estuve en Paterna, en el XVII de Artillería. Primero formé parte de unas brigadas especiales, nos presentamos más de trescientos: Nos sometieron a unas pruebas, hacíamos la instrucción, gimnasia, teórica, ejercicios de tiro, esto sin ser soldados todavía. Pero cada día acudíamos menos, al final quedamos unos sesenta, y nos explicaron aquello de las brigadas especiales que pretendían hacer, previa selección. El Tte. Coronel era don Guillermo Stuyck Caruana, que después fue Gobernador militar de Zaragoza. Su hijo era arquitecto y estaba en el mismo grupo que nosotros, muchos años después fue Arquitecto Municipal del Ayuntamiento de Torrebaja, el que hizo el proyecto del Cuartel nuevo. Pero entonces era uno más con nosotros, sin distinción alguna con los demás, y ya nos advertía de que su padre era muy duro... Bueno, a los quince días de estar con aquellas pruebas de selección nos admitieron como soldados e hicimos la mili normal. Estando allí conocí al sargento Evaristo Tortajada Aliaga y a su hermano Enrique, militares de Torrebaja y a Justo Gonzalez Tregón, el Varela que decimos. Cuando yo llegué al cuartel ya estaba allí Daniel Aparicio, que se había marchado también voluntario, pero antes que yo. Después vino su hermano Julio. Toda la mili estuve en Paterna, me destinaron al Economato. Estuve en Paterna veinte meses, lo que duraba la mili en aquella época, año 60 y 61...

Se nombra aquí al Tte. Coronel don Guillermo Stuyck Caruana (1915-2006), que posteriormente tuvo otros cargos. En enero de 1973 se le promovió al empleo de General de Brigada, nombrándole subinspector de tropa y servicios de la VI Región Militar, y Gobernador Militar de la plaza y provincia de Burgos.[2] También se hace mención del señor Daniel Aparicio Sánchez, de Torrebaja.[3]


-- Entiendo que tras licenciarte del ejército volviste a Torrebaja, para continuar con la idea de negocio que llevabas en la cabeza.
  • Claro, tras licenciarme regreso a Torrebaja y comienzo con el negocio, primero comprando ganado y llevándolo a Valencia con una furgoneta que tenía, para revenderlo. Así hice mis primeros dineros, unas doscientas cincuenta mil pesetas de entonces gané en un par de años... Con ese dinero compré un terreno en la parte de Las Eras donde todavía tengo el matadero: Sí, comencé con unas granjas y un pequeño matadero, eso sería por el año sesenta y siete, el año próximo hará cincuenta años... Allí criaba los animales –pollos, gallinas, cerdos, cerdas, toros, vacas...- y los vendía en Calamocha y otros lugares. Tuve muchos animales, hasta treinta mil pollos. Las vacas daban leche y también la vendía, claro, se ordeñaban las vacas y la leche se vendía en la pescadería que te decía antes... Fue una época de mucho trabajo, así me fui liando y liando, hasta la actualidad. Claro, aquello fue muy duro, porque yo me metí fuerte, entonces se asociaron conmigo mi hermano Manolo y José, mi cuñado. Pero las cosas no fueron bien y cada uno siguió su camino, mi hermano se marchó a trabajar en cosa de banca y mi cuñado ingresó en la Guardia Civil. Entonces me quedé yo sólo con el negocio...


-- Recuerdo que también tuviste tienda en la planta baja de una casa al inicio de la cuesta de San Roque.
  • Cierto, allí había tenido su primera carnicería Pepe Licer, de Ademuz, que se subió a la carretera. Yo compré el local que era de Pepe Casto y construí allí la carnicería, en la planta baja puse la tienda y arriba la vivienda. El problema que tenía el local era el aparcamiento, y que se nos quedaba pequeño; por eso hace unos cinco años nos trasladamos a la tienda actual, en la carretera, frente a la Cruz Roja que decimos. Este es más local y no hay problema de aparcamiento. Aquí tenemos tres dependientas, y funciona perfectamente, pese a ser un pueblo tan pequeño... Claro, hay momentos de mucha venta y otros de menos, pero hay que buscar la media del año. En algún sitio he leído que los americanos buscan la media de cinco años para ver si un negocio es o no rentable. Hoy mucha gente que monta negocios y quiere hacerse rica al año siguiente, y eso no puede ser...
El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), posando en su matadero de Torrebaja (Valencia), 2016.

El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), posando en su matadero de Torrebaja (Valencia), 2016.



-- Cándido, háblame del matadero, ¿cuántos trabajadores tienes allí, cómo funciona aquello?
  • Arriba en el matadero tenemos once trabajadores, pero hemos tenido más... Nos harían falta dos personas más, pero el momento no es bueno para contratar. Ahora tenemos uno de baja y nos vemos bastante acosados... Pero ya te digo, las circunstancias del momento económico actual no aconsejan poner más gente. Me preguntas cómo funciona lo del matadero, pues puedo decirte que al principio compraba cerdas y las ponía a criar, luego engordaba el recrío. Igualmente con las vacas, primero compré novillos pequeños, hice vacas y fueron aumentando. Llegué a tener cincuenta cerdas criando, y cerdos llegaron ha haber quinientos y más, en engorde. Vacas llegué a tener doce, y novillos de recrío, hasta una veintena. Todos los animales se sacrificaban aquí, al principio en una escala pequeña que con el tiempo fue creciendo. Claro, el negocio está en hacer todo el proceso... Bueno, el desarrollo del negocio incluye haber ideado propios productos, dándoles un toque especial. No sabría decirte cuál es nuestro producto estrella, porque tenemos muchos. El secreto de nuestro éxito, además de en el trabajo, está en la variedad de productos que tenemos. En embutidos está la longaniza de la zona, y otra que llamamos “extra”, desarrollada por nosotros: Ésta tiene muy buena aceptación en Teruel, un lugar difícil de introducir productos de este tipo, porque los aragoneses son muy suyos, además de que hay mucha competencia... La longaniza de aquí es la tradicional, la que se suele meter en la orza, sí, la del frito, que también vale para comer cruda una vez seca. La otra sólo vale para comer cruda, está muy buena y tiene mucha aceptación. Claro, yo he leído mucho sobre estas cosas, hacemos pruebas y al final conseguimos los productos que pretendemos. Tenemos también chorizos, fuet, salchichón, sobrasada, salchichas, morcillas de cebolla, arroz y de harina... Claro, los embutidos son el sistema para aprovecharlo todo de los animales. En los mataderos grandes tiran muchas cosas, aquí aprovechamos todo...

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  • No, ahora ya no tenemos lo que entendemos por granja, compramos los animales para sacrificar: en Aliaguilla, en Torres de Albarracín, en unas granjas muy buenas que tienen allí, y en la parte de Calamocha y Daroca. Ahora sólo trabajamos el cerdo, el pollo ya desapareció... Matar pollos es complicado, hay que tener un matadero autorizado y eso. El pollo que vendemos en la carnicería procede de unas granjas de Utiel, también de Sarrión: Lo traen fresco y se vende directamente... Pero ya te digo, los principios míos fueron muy duros, detrás de todo esto que te cuento hay mucha dedicación, mucho trabajo... También hay rachas, momentos en que el negocio funciona mejor y otras en que peor, o surgen imprevistos y problemas. En cierta ocasión se prendió fuego una cambra que tenía alquilada a Elpidio con gallinas ponedoras, ardió todo, cinco mil pollos incluidos, y el tejado se vino abajo. Hubo que limpiar todo, reparar el tejado, calcular las pérdidas y empezar de nuevo... No, en aquellos tiempos no era tan fácil ser empresario. Hoy día la gente estudia una carrera, pero si no les das una oficina no se lanzan.
Detalle del logotipo de "Carnes Roselló" en el papel de envolver  (2016).


-- ¿Cómo es un día normal de trabajo en tu negocio?
  • En la actualidad estoy jubilado y el negocio lo llevan mis hijos, mi hija y mi yerno... Pero mi vida sigue siendo la misma de antes. Todos los días me levanto sobre las seis y media, tanto en invierno como en verano, así lo he hecho toda mi vida, y lo sigo haciendo, como si trabajara. Me aseo y a la marcha, eso de sentarme a desayunar no lo he conocido nunca... Para que te hagas una idea de cuál ha sido mi vida, puedo decirte que siendo fiestas por Santa Marina, con la música de la orquesta sonando, tenía que dejar a la novia para ir a ordeñar las vacas... Igualmente a la hora de tener que ir a echarles a los animales. Son trabajos que no se pueden dejar, hay que hacerlo en su momento. Mi mujer ha sido una persona extraordinaria, no sé cómo me aguantó, además de buena persona ha sido muy trabajadora. Ella procedía de otro negocio, su padre era sastre, ¡quién iba a pensar que se adaptaría a mi negocio y a mi sistema de vida! Ya te digo que en mi negocio se almuerza sobre la marcha, siempre hay cosas que hacer... Podría decirte que he dormido más horas con las cerdas que en la cama con mi mujer... Que había una cerda a punto de parir, pues tenía que estar con ella para ir recogiendo los lechones y poniéndolos en un cajón, porque si no podía chafarlos. Y una cerda pare en cualquier hora del día o de la noche. Como tenía muchas cerdas, cuando no se ponía a parir una se ponía otra, porque ya te digo que llegué a tener hasta cincuenta... Mi trabajo es muy esclavo, de mucha obligación, pero me gustaba. Eso en un momento del día, pero también había que matar animales, tenía a Ventura, a Pepe el Zapatos, y empecé a tener algún empleado. El primero que tuve fue Elías Lagunas, no sé si te acordarás de él, sí, que también tuvo vacas... Era buena persona, muy majo, como todos los que hemos tenido. Por nuestra empresa han pasado muchas personas del pueblo... Cuando se pelaban los pollos, pues subían muchas mujeres, Manuela la de Leoncio, Maruja la de Luis, Carmen la de Marcial, Isabel la de Julio, Pilar la Paticorta, unas mujeres que había del Val de la Sabina... Todas ellas han estado trabajando en mi casa durante muchos años. Ya te digo, subían muchas mujeres y había faena para todas... Claro, hoy hay máquinas que hacen ese trabajo, pero entonces todo se hacía a mano. Les venían muy bien esas horas de trabajo..., a la gente, a las familias y al pueblo.

Tras el receso de la comida, el trabajo continuaba por la tarde:
  • Claro, por la tarde igual, se continuaba matando y se hacían embutidos, lo que llevara consigo o tocara ese día... Ayer por ejemplo estuvieron matando y mientras unos mataban otros descuartizaban. Y de las carnes que se mataron ayer, hoy han hecho embutido, y mañana vuelven a matar otra vez... Esa es la rutina, unas carnes se venden en fresco, otras se pican para embutido; así funciona la marcha de este negocio. Para los embutidos, hay fórmulas cerradas, pero aunque fui poco a la escuela, me ha gustado leer y experimentar en este sentido, para darles un toque personal a mis productos. Claro, la teoría no es lo mismo que la práctica, ello me ha llevado a tener que tirar alguna remesa de productos que no salió bien. La curación de ciertos géneros es muy delicada, hay algunos que no puede tocarles el aire directamente, por ejemplo, a un salchichón le da una volada fuerte de aire y lo puede estropear, esto puede pasar en veinticuatro horas. Una vez embutido y colgado, un salchichón debe mantener cierto grado de humedad, del 80-90 incluso del 100%. La humedad se consigue con agua y calor... Para que las especias liguen y el producto cure bien necesita una temperatura determinada.

Detalle de jamones y paletillas de cerdo en la cámara de "estufage", en el matadero de "Carnes Roselló" en Torrebaja (Valencia), 2016.

El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), posando junto a jamones y paletillas de cerdo en la cámara de "estufage" (2016).


-- Háblame de los jamones, ¿qué proceso sigue un jamón serrano hasta que puede comerse?
  • El proceso que sigue un jamón desde que se produce el despiece del animal hasta que puede comerse es largo, dura entre dieciocho y veinticuatro meses, y es costoso... Primero es degollar, pelar, colgar y descuartizar, y cada pieza va a su sitio. El jamón bueno, que no tiene rozaduras ni desgarrones, ese es el que se aprovecha para hacer el jamón. Otros muchos jamones se usan para otras cosas, embutir por ejemplo. La pieza que se destina a jamón es más selecta. La siguiente fase del proceso es el salado, nosotros dedicamos los sábados a salar. Este día salamos la matanza de toda la semana. Según el tamaño del jamón, se deja en sal alrededor de dos semanas, quince días. Una vez ha tomado la sal se lava y se seca, y se pasa a una cámara que llamamos de postsalado, donde los jamones están dos meses. Allí el calor y la humedad son constantes, porque si hace cierzo la humedad se va, si llueve el ambiente está muy húmedo. Hoy no es como antes, todo debe estar muy controlado. De allí pasan a otro secadero, donde pasan otros tres meses: Sí, siempre están colgados, excepto el salado en que están apilados, el resto del proceso están colgados. No, no pueden ni rozarse... De allí pasan a otro secadero, allí se pasan entre nueve y diez meses, luego se les da un “estufage” en una cámara de calor, entre 26-28 grados, durante otros tres meses: Esto se hace para que la grase penetre y tenga el sabor típico del jamón curado. En total, para que un jamón esté en su punto y se pueda comer deben pasar entre dieciocho y veinticuatro meses... Si tiene menos tiempo, no tiene sabor a jamón ni es jamón... Te lo digo porque antes de la crisis se abrieron muchos secaderos, el dinero era barato y los bancos daban préstamos con mucha alegría. Pero con la crisis llegó el frenazo, y muchos que no tenían el negocio consolidado tuvieron que cerrar. Si tienes que pagar intereses, tener un jamón colgado durante dos años, cuidadito... Claro, en mis principios pasé momentos muy difíciles, porque ibas al banco y tampoco te daban el préstamo. Porque no confiaban en mí, porque no se fiaban. Ahora que no me hace falta, me lo dan sin problema... Una persona que me avaló muchas veces fue Mariano Rillo de Teruel, le tengo mucho que agradecer a este hombre. Le conocía por la amistad que ya tenía mi padre con el suyo. Por eso en mis orígenes como empresario muchas veces subí a verle, a contarle lo que me pasaba, que no me concedían crédito. El me lo solucionaba con una llamada de teléfono... Por supuesto, yo le respondí siempre... No, murió hace un año o poco más, vive algún hijo. Pero para mí y para otros fue de gran ayuda; además de millonario era una gran persona... Comenzó con las pieles, pero después amplió su negocio, y era muy trabajador. Yo le he visto allí con las pieles, un oficio sucio, quitando las orejas a los pellejos hasta que se murió. Y siempre iba con corbata...


-- Decías que tu negocio pronto cumplirá el medio siglo, cincuenta años.
  • Sí, y me gustaría celebrarlo con una degustación para todo el pueblo, que subiera la gente y viera todo aquello, porque mucha gente no tiene ni idea de lo que hacemos. A veces se lo he dicho a los maestros, que traigan a los niños a ver el matadero, pera que aprendan de donde salen las salchichas y otros productos que fabricamos. Creo que podría ser muy útil para los niños, para que conozcan las empresas que hay en su pueblo y los productos que hacemos. No tendría inconveniente en enseñarles cómo se embute o cómo se secan los embutidos y jamones. Pero hasta ahora los maestros no me han hecho caso... Recuerdo que los maestros de mi infancia nos llevaban de excursión a las riberas para recoger plantas o insectos, y eso me parecía bueno para los niños. Bien, ahí está la idea, y la invitación.

Detalle de la entrada a la carnicería "Carnes Roselló" en Torrebaja (Valencia), 2016.


-- ¿Qué puedes decirme de tu vida familiar, de tu mujer, de tus hijos...?
  • Mi vida familiar ya la conoces, me casé con Mercedes, su padre era sastre, pero ella aprendió pronto lo referente a mi negocio y siempre me ha ayudado mucho. Nos casamos el día 8 de mayo de 1970, el mismo día que yo cumplía los 27 años. Nos casó don Gabriel Sancho Marín, aquí en Torrebaja. No teníamos intención de casarnos tan pronto, pero sucedió que falleció mi padre en noviembre del año anterior, y eso precipitó la boda. Al año siguiente nació mi hijo mayor, Paco, y tres años después mi hija Mercedes. Pero ya te digo, lo que más me sorprendió fue lo rápido que mi mujer aprendió las cosas del negocio, despachar, cortar la carne, pesarla, las cuentas. Porque entonces no era como ahora, que tenemos las básculas automáticas, entonces era todo a mano y las cuentas con un lápiz. En aquella época se hacían unas sumas largas de un palmo, mientras que ahora todo lo hacen las calculadoras... Hemos trabajado mucho, pero lo hemos hecho a gusto. Ten en cuenta que cuando empecé el negocio tenía veintipocos años y apenas doscientas mil pesetas, todo lo demás fueron préstamos que había que pagar. A nosotros nos sucedió lo peor que puede pasarles a unos padres, que es perder a un hijo, porque ya sabes que nuestro hijo Paco murió en diciembre de 1989, en un accidente, tenía dieciocho años... ¿Qué hice para superar aquello?, pues te lo voy a decir... Cuando volvimos del entierro regresamos a casa y me di cuenta de que mis trabajadores, todos jóvenes, compañeros de mi hijo estaban asustados, muy preocupados pensando que mi empresa no podría continuar. Entonces los reuní a todos, mi mujer incluida, y les dije: Pensad como si no hubiera ocurrido nada, tú Mercedes, mañana a abrir la carnicería y todos los demás a trabajar allá arriba. Claro, la procesión iba por dentro, porque esto de perder un hijo es algo que no se puede olvidar, pero sí puede superarse. Yo a mi hijo lo llevo siempre presente, forma parte de mi vida y así será hasta que me muera. Va para veintiséis años que sucedió aquello, pero es como si hubiera ocurrido hoy. Y a fuerza de trabajar superamos aquello... Porque es inimaginable lo que podemos aguantar, y la dedicación al trabajo nos sirvió para no tener la cabeza continuamente en lo ocurrido. De lo contrario no hubiéramos podido soportarlo, porque ya te digo que la muerte de un hijo es el golpe más fuerte que la vida te puede dar..., y el trabajo nos salvó.

Cuando dice de su hijo "Paco" se está refiriendo a Francisco Roselló Pérez, de 18 años, natural de Torrebaja, fallecido junto a Milagros Blasco Yuste, de 16 años, natural de Ademuz, el 8 de diciembre de 1989. Respecto a la continuidad del negocio, comenta:
  • Claro, con mi hijo teníamos nuestros planes, porque a él le gustaba el negocio, y al fallecer se quedó todo en el aire... Nos quedó una hija que estudió y finalmente se metió en el negocio con su marido. Al principio no les gustaba demasiado, pero ahora los veo ilusionados, trabajan y funcionan, esto para mí es tranquilizador, porque veo una continuidad en lo que mi mujer y yo hemos construido... De no haber habido alguien detrás hubiera pensado que todo estaba perdido, todo hubiera sido distinto. Piensa que yo ya estoy jubilado, pero tengo la ilusión de los veinte años y si las cosas no estuvieran como están probablemente contrataríamos más gente, y el negocio se ampliaría...
Vista posterior del antiguo Cuartel de la Guardia Civil en Torrebaja (Valencia), 2016



-- Cándido, ¿cómo ves tú el Rincón de Ademuz en estos momentos?
  • Para qué vamos a andar con rodeos, lo veo mal, muy mal... Mal porque no hay nada, porque no tenemos nada. Se ha dicho que el Rincón puede ser un lugar de turismo, pero es que aquí no tenemos nada que ofrecer, apenas ninguna infraestructura. Hay mucha naturaleza y todo es muy majo, pero no hay empresarios de turismo que sepan de este negocio... Nosotros no sabemos explotar toda esa riqueza natural y del medioambiente que tenemos. Y no hay manera... Hay dos hoteles importantes en la zona –Casa Emilio en Torrebaja y Casa Domingo en Ademuz-; ellos sabrán cómo se sostienen... Desconozco los detalles, pero veo que las cosas no van bien. Y de la construcción qué puedo decirte, antes aún funcionaba algo, pero ahora nadie construye, sólo alguna chapuza: Porque todo lo que dependía de la construcción se ha venido abajo. Y de la agricultura qué voy a decirte que no sepas, nada de nada. Si no se crea alguna industria, aquí no han nada que hacer. Y las industrias son muy difíciles de crear, y los políticos no lo ven o no lo quieren ver, lo que sea... Por ejemplo, yo estoy cotizando unos seiscientos y pico de euros por trabajador cada mes. Si el Estado me dijera: Por cada trabajador que coja usted en vez de pagar seiscientos euros al mes pagará doscientos, pero deberá contratar a dos obreros... Yo los cogería, porque además me hacen falta. Si esto se propusiera a todos los empresarios y autónomos que hay en España, te aseguro que el paro desaparecía. Ten en cuenta que al día siguiente de empezar a trabajar ese trabajador contratado ya empieza a cotizar, a ganar y a consumir, porque ya estaría ganando mil o mil doscientos euros. De esta forma el Estado se estaría ahorrado los cuatrocientos o seiscientos euros que se les está dando a los parados como subsidio... Visto con mentalidad empresarial, esto no es ayudarles, sino crear vagancia. Con cuatrocientos o seiscientos euros, ¿qué pueden hacer? Te lo diré de otra manera, en vez de hacer pagar al empresario seiscientos euros de seguridad social por trabajador, ahórrale cuatrocientos euros y oblígale a coger gente... Es decir, lo que el Estado da a los parados, que nos lo rebaje a los empresarios y nos obligue a contratar. Calcula, si somos un millón y medio de empresarios y a cada uno le correspondiera coger uno, dos o tres trabajadores, según la categoría del negocio, en poco tiempo acabaríamos con el paro. Pero en las circunstancias actuales es imposible. A mi empresa le supone cada obrero unos cuatro millones de pesetas anuales de gasto, veinticuatro mil euros... Para compensar esto tiene que haber unos rendimientos muy fuertes. Claro, aquí entran las cotizaciones de la seguridad social, las vacaciones, las pagas extras..., cuenta además los gastos que de por sí lleva todo negocio.

Continua diciendo:
  • Mira, aquí no tenemos las personas, ni la iniciativa, ni el capital necesario para hacer del Rincón de Ademuz un lugar de explotación turística... Además, fíjate en una cosa, llegan los domingos y cierran todas las tiendas, y esto desde el sábado por la tarde. Sólo está abierta mi carnicería, y esto será así mientras yo viva... Luego los tenderos y comerciantes se quejan de que la gente no consume, de que se traen la comida de Valencia, pero yo digo: Si está todo cerrado, ¿cómo van a consumir, cómo no se lo van a traer de la ciudad...? Sólo tienes que irte a Albarracín, allí está todo abierto los sábados, domingos y festivos, como tendrían que hacer aquí. Porque en un sábado que se dé bien puedes hacer más venta que en tres días de la semana... Y si el lunes tienes que darle fiesta al trabajador, pues se le da libre... No, la gente no quiere sacrificarse.

El señor Cándido Roselló Domingo (Torrealta, 1943), posando en el matadero (2016).


-- ¿Qué puedes decirme de otros sectores, de la agricultura y la ganadería por ejemplo?
  • Aquí la ganadería tiene posibilidades que no se han explotado... Basta que subas hasta Manzaneruela, allí está todo lleno de granjas, huele a mierda y lo que quieras, pero es el pueblo con la renta per cápita más alta de Castilla-La Mancha, sí, Manzaneruela, yendo del Rincón a Landete... Sí, tienen granjas de pollos, gallinas, cerdos..., y les entran los billetes a capazos. Y otro tanto podría decirte de la agricultura, en todo el secano desde Manzaneruela a Landete hay una riqueza en viñedos y almendros que ya la quisiéramos para nuestra zona, y esto a pocos kilómetros de aquí... En el Rincón no hay ni una sola granja; de los animales que yo compro y mato, el dinero se queda en Aliaguilla, en Torres de Albarracín, cuando todo ese capital podría quedarse aquí; aquí sólo se queda el sueldo que se paga a los trabajadores... Hace unos años compré unos terrenos en la rambla de Riodeva, debajo de la gravera de Daniel Aparicio, para construir allí una granja, y no me lo autorizaron... No sé la catalogación que pretendieron dar al Rincón, pero aquí estamos copados: Con legislaciones que impiden el desarrollo industrial, la riqueza no puede desarrollarse. Además, el turismo tampoco funciona, no tienes más que darte una vuelta por ahí para comprobarlo... ¿Qué industrias podrían haber aquí?, pues yo había pensado en un matadero de pollos, claro, yo pienso en mi sector, en lo que conozco... Porque la carne de pollo y de cerdo son las que prevalecen, las que más salida tienen hoy. En Landete, por ejemplo, tienen ocho naves con treinta mil pollos cada una, todo automatizado... Aquí se podría haber hecho algo de esto, pero sin ayudas oficiales no hay nada que hacer, puedes tener la iniciativa, la ilusión y lo que quieras, pero sin ayudas no puede emprender un negocio así. Durante una temporada estuve pensando en el asunto, incluso hice mis números y se lo comenté a Octavio, el anterior alcalde. Con el proyecto que yo llevaba en la cabeza hubieran podido crearse unos treinta y tantos puestos de trabajo directo, lo que suponía sacrificar cinco mil pollos diarios, desplumado, despiece y eso... Como te decía, le comenté al alcalde que mirara lo de las ayudas oficiales, porque si quieren que se desarrolle la zona, ésta era una posibilidad, a ver quien se moja... Claro, yo ya estoy jubilado y no tengo necesidad de todo esto, pero hubiera podido participar... Parece que miró algo y hubo un compromiso de que viniera alguien a ver la zona; pero hasta hoy, el Ayuntamiento cambió y todo quedó en nada...

Se nombra aquí a don Octavio Gómez Luis, anterior alcalde socialista de Torrebaja.[4]

-- Hablemos ahora de tu época como alcalde de Torrebaja, ¿qué recuerdos tienes de aquella época, te mereció la pena?
  • Yo estuve de alcalde en Torrebaja durante dos legislaturas, en la primera tras la Constitución, con Unión de Centro Democrático (UCD), del 79 al 83 y en la siguiente, ya con Alianza Popular (AP), del 83 a 87. La siguiente ya fue la de Vidal Gimeno Casino... Cuando yo comencé mi alcaldía, el pueblo estaba muy pobrecico. Date cuenta que el alumbrado público era entonces el que habíamos tenido siempre, una bombilla con un platico en cada esquina... La iluminación comenzó a reformarse por aquella época, también el alcantarillado estaba muy mal, así comenzaron ha hacerse cosas. Se hizo el cuartel de la Guardia Civil, la Cruz Roja, el frontón y polideportivo municipal, la Casa de Cultura, etcétera. Lo que se me quedó en el tintero fue un proyecto para hacer aquí un Centro de Instrucción de Reclutas (CIR), estaba proyectado construirlo en la Dehesa de Torrebaja, que es término de Ademuz. El proyecto llegó a aprobarse por el Capitán General de Valencia, con capacidad para tres mil soldados... Pero en esto llegaron las elecciones generales del 82, cuando ganaron los socialistas, y el proyecto se vino abajo por la reducción de capitanías y cuarteles... El proyecto que te comento hubiera sido como una lotería para el Rincón de Ademuz, porque meter allí tres mil bocas, oficiales, suboficiales y todo lo que lleva aparejado, imagínate lo que hubiera supuesto. La gestación de todo aquello fue complicada... Comencé por tener relación con aquella gente, me refiero a los militares, la única que entonces tenía palabra, hoy ya no lo sé; pero daba gusto tratar con ellos... Los militares vinieron aquí, vieron todo esto, las quinientas y pico de hectáreas que nosotros tenemos en la Dehesa y les convenció: Sólo querían la cesión de los terrenos, de las instalaciones y todo lo demás se encargaban ellos... Reuní al pueblo en el Ayuntamiento y les expuse el asunto, y sólo hubo dos personas que se opusieron, esto fue durante mi primera legislatura... No, no recuerdo el nombre del Capitán General, pero sí el de su secretario, el Coronel don Antonio Rever Rever, con el que yo trataba, el que me introdujo en todo esto. Aquí estuvo don Demetrio Gil Espasa, un General de sanidad que también estuvo observando la zona para hacer un informe. Lástima que no me acuerde de los nombres, pero vino aquí gente muy importante, en el Libro de Honor del Ayuntamiento deben estar los nombres, porque yo les hacía firmar...

Se menciona aquí al General don Demetrio Gil Espasa, nombrado por entonces Jefe de los Servicios de Sanidad de la III Región Militar (1981).[5]


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Vista frontal de la fachada del antiguo Cuartel de la Guardia Civil en Torrebaja (Valencia), s/f.

-- ¿Cómo se gestó la construcción del Cuartel de la Guardia Civil?
  • Bueno, pues aquello se gestó en torno a dos botellas vino... Nada más entrar yo en el Ayuntamiento nos comunicaron que quitaban cuartel de Torrebaja. Cuando se llevaban un cuartel de un pueblo era muy difícil de recuperar, pero yo entonces era joven y tenía ganas de luchar... Me enteré que esta zona dependía de la Comandancia de Teruel, que pertenecía al Tercio de Castellón. Subí a Teruel y me puse en contacto con el Tte. Coronel, don Mario Ramos y me dijo que esto no estaba en sus manos, además de que era muy difícil recuperar un cuartel que se hubiera eliminado, pero que si quería podía ponerme en contacto con sus superiores, así fue como conocí al Coronel Parra: Desde Torrebaja pedí audiencia con el Coronel y me la concedió, así que fui a Castellón a hablar con él, estaba en la calle Mayor... Durante la entrevista le expuse el asunto y el me contestó lo que ya sabía, que era muy difícil recuperar el cuartel suprimido, pero no imposible. Me dijo también que para iniciar las conversaciones tendría que mediar un informe favorable de la comandancia de Teruel, y que el Ayuntamiento de Torrebaja debería ceder los terrenos... Volví a la Comandancia de Teruel y le expliqué al Tte. Coronel Ramos mi conversación con el Coronel Parra, conforme podían iniciarse las gestiones si él lo autorizaba. Pero no vi mucho convencimiento, porque no hacía más que ponerme problemas... A todo esto, para que veas lo fea que es la política, en Ademuz se enteraron de que yo pretendía recuperar el cuartel de la Guardia Civil, y hacer un edificio nuevo. No, Ademuz no tenía cuartel. Entonces era alcalde de Ademuz Martirián, y me quería pisar el terreno. Claro, él tenía más fuerza política que yo, pues era Diputado Provincial. Y esa fuerza le perdió, porque pensaba que un Tte. Coronel era un muñeco, vamos que no tenía ninguna fuerza... Y sucedió que el Tte. Coronel Ramos bajó a Ademuz, por algún servicio que estuviera haciendo o porque le hubiera llamado el alcalde, no sé. Yo con el Coronel Ramos había tenido una cuestión, sí, porque ya sabes como pienso, y en cierta ocasión me explayé con él respecto a los socialistas. Él me dejó hablar, para decirme al final: Oye, yo soy socialista... Ya ves, hay que tener cuidado con lo que se dice cuando no conoces bien a una persona. Pero bueno, yo continué mi relación con él, incluso hicimos amistad...

Se nombra aquí a don Martirián Sánchez Monterde, alcalde de Ademuz durante dos legislaturas municipales: la primera por Unión de Centro Democrático (UCD), de 1979 a 1983, y la segunda por la Organización Independiente Valenciana (OIV), de 1983 a 1987. Tras un receso, sigue diciendo:
  • Volviendo al asunto, una noche, serían sobre las dos de la madrugada, llaman a la puerta de casa. Yo ya estaba en la cama y me asusté un poco, pensando que algo grave sucedía cuando alguien llamaba a esas horas. Me asomo al balcón y veo que eran el Tte. Coronel Ramos, un tal Vicente, secretario del partido socialista de Teruel, al que yo conocía, un ayudante y el chofer...El Tte. Coronel me dije que baje, que quieren hablar conmigo... Bajo, les abro y les hago pasar. A todo esto hice levantar a mi mujer, para que preparara algo... El Tte. Coronel venía muy cabreado y me dice: Qué tienes por ahí de beber... Le dije que vino, y saqué un par de botellas de “Vega Sicilia” que me habían regalado. Al verlo, el Tte. Coronel me dice: Vaya, alcalde, qué vino bebes tú –porque se sorprendió que tuviera aquel vino tan bueno-. Así fue la cosa, mientras bebíamos el vino y comíamos unos tacos de jamón que había preparado mi mujer, me dijo: Cándido, si me preparas los terrenos hacemos el cuartel en Torrebaja... Y le contesté: Hostia, mañana los tienes, pero me cumples la palabra... Por supuesto, porque ningún chulo se ríe de mí: Yo interpreté que el alcalde de Ademuz había intentado poner firme al militar, y éste no estaba dispuesto... Y esa es la historia, en poco tiempo hice las gestiones y le llevé las escrituras del terreno al Tte. Coronel Ramos. Claro, informé al Ayuntamiento y comenzamos las gestiones para comprar el terreno: Concejales míos eran Armando León, Luis el Rito y Pilar la maestra –los socialistas no quisieron saber nada-. Una parte del terreno era del tío Gregorio, y cuando le dije lo que pretendía y para qué iba destinando, dijo: Yo no lo vendería por nada, pero si es para hacer un cuartel, te lo vendo. Y cerramos el trato en trescientas mil pesetas. La otra parte del terreno era un solar de Eduardo el Tracas, que estaba en Valencia. A éste me costó mucho convencerle, porque no hacía más que dar vueltas y vueltas. Al final accedió, pero me sacó cincuenta mil pesetas más... Por eso, cuando volvimos al pueblo le pagamos al tío Gregorio otro tanto, para que no hubiera problemas. Hacemos las escrituras y las llevo a la comandancia... Y empezamos la construcción del cuartel, el proyecto lo hizo Guillermo Stuyck, sí, el hijo del Tte. Coronel del campamento de Paterna donde hice la mili, que era el Arquitecto Municipal de entonces... La financiación corrió a cargo de los planes provinciales de la Diputación de Valencia, del IRIDA y de otras fuentes. Claro, primero se hizo un anteproyecto para ir buscando el dinero, porque no teníamos un duro. No, el pueblo no tuvo que pagar nada. Del Gobierno Civil tampoco saqué nada, porque el Gobernador era socialista, contrario a la construcción del cuartel, y me dijo: No harás el cuartel en tu pueblo –y logró que me quitaran una subvención de ocho millones de pesetas-. El caso es que conseguimos la financiación suficiente y el cuartel se construyó. A todo esto, Martirián se empeñó en construir un cuartel en Ademuz, y como era Diputado lo consiguió y le mandaron fuerzas. Todo esto que te cuento sucedió durante mi primera legislatura, me presenté a la segunda para terminar las obras y fue cuando se inauguró. El edificio es muy grande, tiene una planta baja enorme y seis pisos de ciento veinte metros cada uno. Cuando llegó la hora de la inauguración, el Tte. Coronel Ramos me indicó las autoridades que debía invitar oficialmente, se prepararon las invitaciones y todo lo que llevaba de consigo el acto. Entre los invitados estaba el Gobernador Civil de Valencia, que me dijo que no vendría, pero el comandante de Teruel me dijo: Tú invítalo, si quiere que venga y si no que no venga... –y así se hizo-. No, no vino. Cuando faltaban pocos días para la inauguración subí a Teruel para ultimar detalles y me acerqué a la Comandancia, en la bajada de San Francisco...
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Detalle del acto de inauguración del nuevo Cuartel de la Guardia Civil en Torrebaja (Valencia), 1985.
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Detalle del acto de inauguración del nuevo Cuartel de la Guardia Civil en Torrebaja (Valencia), 1985

Tras un receso para terminar la infusión, continúa:
  • Al entrar en el despacho del Tte. Coronel ya le vi mal aspecto, estaba amarillo: ¿Qué pasa, Mario? –le dije, porque entonces ya nos tuteábamos-. Y me dice: Pues que no podemos inaugurar el cuartel de Torrebaja, que hay órdenes de Madrid conforme no se inaugure... Imagínate cómo me quedé, con el cuartel construido y las invitaciones cursadas. Cuando reaccioné le pregunté si yo podía hablar con la persona que había prohibido la inauguración. Me dijo que sí, que era el ministro de interior, Barrionuevo. Cogió un teléfono rojo que tenía en la mesa del despacho y comenzó a marcar el número. Claro, el ministro lo había prohibido por informe del Gobernador Civil de Valencia. Mientras marcaba el número me di cuenta de la importancia que puede tener el alcalde de un pueblote. Mario habló con alguien y después de los saludos del protocolo me pasó el teléfono, diciéndome: Cándido, que es el ministro... Cogí el teléfono, me presenté y comenzamos a hablar del asunto. Yo le expuse mis razones y él me dio las suyas, conforme no lo veían conveniente... Claro, le dije que el edificio estaba construido y que sería bueno para el pueblo y para la zona. Así estuvimos hablando un rato, cada uno exponiendo sus razones. Al final me dijo: Oiga, bajo su responsabilidad, haga lo que quiera... –eso me dijo-. Yo estaba esperando algo así, y le cogí la palabra, le dije que bajo mi responsabilidad inauguraría el cuartel. Aproveché para invitarle: Porque sería un orgullo para nosotros que usted estuviera presente –le dije, pero él declinó la invitación-. Me indicó que podría estar el Gobernador Civil, pero que también estaba en contra, cosa que yo ya sabía. Así que le di las gracias y nos despedimos, antes me pidió que le pasara al Tte. Coronel, y le dijo: Habrá oído la conversación que he tenido con el alcalde, bajo su responsabilidad, procure que no ocurra nada –él le contestó que no se preocupe, que eso ya era cosa mía-. Don Mario me dijo: Cándido, esto ya está resuelto, ahora te pasaré con el General. Marcó el número correspondiente de Barcelona, y le dijo: Mi General, que le quiere hablar el alcalde de Torrebaja. Hablé con él le expuse lo que había y lo que el ministro me había dicho: Que bajo mi responsabilidad hiciera lo que quisiera, ahora sólo falta que ustedes me protejan. El General me dijo que por eso no me preocupara, que mandarían fuerzas. Y eso hizo, el día de la inauguración hubo militares de paisano vigilando las carreteras, los puentes y demás, en previsión de un atentado. No, no recuerdo el nombre completo del General, sólo que era Constantino... El caso es que la inauguración tuvo lugar, se hicieron los discursos de rigor, hablé yo y también mi mujer, que fue la madrina del cuartel, y después hubo algo de picoteo y comida. Claro, se invitó a todo el pueblo, vino el General y su señora, yo hice un baile con ella, era una mujer muy maja: parece que la generala era ella. Durante el baile, me dijo en tono de broma: Y al alcalde de Ademuz, que le den... –porque era sabedora de todo lo que había ocurrido-. No, Martirián fue el único alcalde de la comarca que no acudió... Bueno, el caso es que el cuartel de Torrebaja se inauguró y durante años hubo aquí fuerzas de la Guardia Civil. Después las cosas han evolucionado como han evolucionado y hubo que cerrarlo, como el de Villel y tantos otros. Pero el edificio está aquí, ha revertido al municipio y se le saca un buen rendimiento, la planta baja es ahora la Ludoteca Municipal y los pisos están todos alquilados, creo que los inquilinos pagan unos doscientos cincuenta euros cada uno, dineros que le vienen muy bien al Ayuntamiento.

Se hace mención aquí de don José Barrionuevo Peña, Ministro del Interior (1982-88) y Ministro de Transportes y Comunicaciones (1988-91) con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El Tribunal Supremo le declaró culpable como responsable de la guerra sucia contra grupos terroristas (ETA, GAL), en 1998.



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Detalle de la placa conmemorativa de la inauguración del nuevo Cuartel de la Guardia Civil en Torrebaja (Valencia), que tuvo lugar el 29 de junio de 1985.


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Detalle del público asistente a la inauguración del nuevo Cuartel de la Guardia Civil en Torrebaja (Valencia), 1985.

  
-- Para terminar, ¿puedes decirme brevemente cómo fue lo de la Cruz Roja, cómo se gestó aquello?
  • Pues fue algo parecido, y tuvo lugar por el mismo tiempo... Aquí intervino también el General don Demetrio Gil Espasa que te nombraba antes. Y también Paco el Pintor, que me puso en contacto con el mundillo de los militares y al que tengo mucho que agradecer. Paco era entonces teniente del grupo de Sanidad en Valencia, y cuando le comenté que pretendía traer aquí un puesto me dijo que era amigo del comandante de Cruz Roja, un tal Simón y que éste podría ayudarme. Así fue como me puse en contacto con el Tte. Coronel que llevaba el grupo de Sanidad en Cuart de Poblet, en Valencia. Con motivo de mi visita, aquel día los soldados tuvieron un menú especial. Yo me llevé de aquí a Pepe el Casetos de Mas de Jacinto y a Vicente el de Extensión Agraria. Comimos con la tropa, porque Paco el Pintor tenía allí su influencia, y conocimos al Tte. Coronel, que después estuvo en Torrebaja inaugurando los cursillos de socorrismo que se hicieron aquí. A todo esto, Paco me pidió permiso para hacer unas maniobras con su grupo en Torrebaja, y estuvieron unos días los soldados en sus tiendas de campaña, las pusieron donde están ahora las pistas y la piscina del Polideportivo, que entonces era un campo de alfalfe que habíamos comprado. Durante aquellas maniobras vino el General y estuvimos comiendo con ellos. Aproveché entonces para comentarle el asunto: Mi General, que yo pretendía poner aquí un puesto de la Cruz Roja... Al General le pareció bien y me entregó una carta de presentación para hablar en Madrid con el General Amaro de las Heras: Tú te presentas allí con la carta, que yo ya hablaré antes con él... –me dijo-. Recuerdo que la carta comenzaba: Mi querido, distinguido y admirado general... Me concedieron la audiencia y me presenté en Madrid, venía conmigo Daniel Aparicio. La misión de este General era sólo la de concederme tropas para el puesto de Torrebaja. Como viera muy entusiasmado con el asunto, me dijo: Sí, le voy a conceder tropas, en cuanto tenga usted construido el puesto tendrá asignados doce soldados... El solar era mío, se lo había comprado a José el de la Posada por cien mil pesetas, y por ese mismo precio se lo cedí al Ayuntamiento para que la construcción del puesto. La construcción corrió a cargo del Ayuntamiento, buscamos financiación de distintos lugares y se llevó a cabo. Al mismo tiempo me entrevisté con el Presidente Provincial de Cruz Roja en Valencia, para que autorizara el puesto, un tal Miravet, que nos regaló una ambulancia Talbot. Después hubo otra, nos la facilitó un tal Manolo, Inspector de Sanidad Mortuoria, que descendía de aquí de Torrebaja, familia de los Chullas. Claro, el puesto de Cruz Roja cumplió su misión, permitió que muchos mozos de la zona hicieran aquí su servicio militar, pero también me causaron algún dolor de cabeza: Porque era difícil controlar a los chavales, gente joven... Éramos unos quinientos y pico socios en todo el Rincón de Ademuz. También tuve problemas con Ademuz por este motivo, porque querían que el puesto estuviera allí; bueno, con Ademuz hemos tenido problemas siempre, qué te voy a decir...

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Vista  fronto-lateral derecha del edificio de la Cruz Roja en Torrebaja (Valencia), con detalle del nuevo Cuartel de la Guardia Civil al fondo (s/f).

Sigue diciendo:
  • He tenido muchas dificultades a la largo de mi vida, pero siempre he encontrado una salida, será por eso que dicen “Dios aprieta pero no ahoga”. Cuando lo del Polideportivo, igual. El nuestro fue el ultimo de la comarca que se construyó, yo era enemigo de que cada pueblo tuviera el suyo. Tuvimos una reunión en Los Santos y todos los alcaldes eran partidarios de tener frontón, piscina y lo demás. Les propuse mi idea de hacer un polideportivo en condiciones para toda la comarca, con piscina climatizada, pistas, frontón y eso. El sitio que yo tenía mirado era la explanada de La Loma del Montecillo, un lugar central bueno para todos los pueblos. Porque yo ya veía que construir un polideportivo en cada pueblo no tenía futuro, no había población para mantenerlo, aunque entonces había más habitantes que ahora. Ningún pueblo me apoyó, todos querían tener su piscina, su frontón... No tuve más remedio que construir el nuestro, y también hubo problemas, porque los de la Confederación no nos daban permiso: Está muy cerca del río... –decían-. Pero yo me lancé y mandé iniciar las obras. Enseguida vino un guardia forestal y mandó parar las obras. Avisado de lo que sucedía, bajo al frontón, me encaro con el forestal y le dijo: Qué es eso de parar las obras, su obligación es denunciar y largarse de aquí, porque si usted me para las obras los gastos mientras estén paradas van a correr a su costa... Al final, el hombre denunció y se marchó. Las obras continuaron. Al poco llegó una denuncia al Ayuntamiento, cinco mil pesetas de multa. Tuve que ir a Valencia, a la Confederación, allí yo conocía al Jefe, porque ya habíamos estado en tratos por lo de la concentración, y le expuse el tema. Me dijo que aquello no podía hacerse, y le contesté que estaba harto de que me rechazaran el proyecto una y otra vez, y que el frontón se tenía que hacer como fuera. Y él mismo me dio la solución: Mira, en el momento pagues la denuncia ya estás autorizado. Como le dijera que no estaba dispuesto a pagar la multa, me respondió: Pues haz un pliego de descargo –y lo hice, entonces me vino una multa de quinientas pesetas-. Pagamos la multa, mandé el resguardo a la Confederación y las obras se hicieron sin problema... Para que veas, después de tanto proyecto rechazado, la denuncia y demás, todo se resolvió con cien duros. Por eso te decía que por muy mala que sea una situación siempre hay una salida. Así te podría contar un montón de historias, como lo que me sucedió con el agua del cementerio municipal.


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Vista  frontal del edificio de la Cruz Roja en Torrebaja (Valencia), s/f.
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Vista fronto--lateral izquierda del edificio de la Cruz Roja de Torrebaja (Valencia), en la actualidad (2016).



-- ¿Qué pasó con eso de llevar el agua al Cementerio Municipal?
  • En este caso le pedí al técnico de la Diputación que me hiciera un proyecto, me lo hizo y valía millón y medio de pesetas; nosotros sólo teníamos que pagar el diez por ciento, ciento cincuenta mil pesetas. Claro, le dije que el proyecto no me servía, que era muy caro para Torrebaja. Llamo al Poncio y le digo: Paco, ponle las vertederas más grandes que tengas al tractor y hazme una zanja desde la conducción general del agua potable que va por El Carril hasta el cementerio. Y a Fidel el fontanero: Ve a Teruel y compra unos rollos de tubo de polietileno, con los empalmes y demás –el trazado ya lo habíamos medido-. Se hizo la zanja, se puso el tubo y el agua llegó al cementerio. Sí, la que hay, no existe otra. Sabes lo que costó, quince mil pesetas... De aquel proyecto el Ayuntamiento sólo hubiera tenido que pagar el diez por ciento del millón y medio que valía. Lo que me pregunto es, ¿dónde hubiera ido a parar el resto del dinero? Son cosas de la Administración que yo no entiendo... Así sucedió con la Casa de Cultura, y con el puente de La Presa...


-- ¿Y con el puente de La Presa sobre el Ebrón?
  • Pues eso, que me costó cuatro viajes a Madrid, entonces todavía no estaban las autonomías... Nosotros hicimos el camino de Los Albares y la Confederación el puente, y ahí está. Antes era un pontón de tablas por el que sólo cabía una persona. Ahora es un paso muy transitado, porque camino de Ademuz se evita subir hasta Los Santos. Carmen la del Bar Pegaso muchas veces me decía: ¡Cuántas cervezas me has quitado con el puente de La Presa...! –claro, porque antes de hacer el puente todos iban por Los Santos y muchos paraban en el bar-. Sí, pese a las críticas y los problemas que tuve, estoy muy orgulloso de haber pasado por el Ayuntamiento, aunque abandonas mucho tu casa, la familia y el negocio. Como imagino que te pasó a ti, que te bajaste Los Pajares de Castielfabib a Torrebaja. Son cosas de las que debemos estar orgullosos en haber participado, porque han sido buenas para el pueblo... En aquella época no era como ahora, con toda la tecnología: Entonces había que desplazarse a Valencia o donde fuera, muchos viajes, pérdida de tiempo y dinero...
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Vista occidental del puente de La Presa sobre el Ebrón en Torrebaja (Valencia), 2016.


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Vista del puente de La Presa sobre el Ebrón en Torrebaja (Valencia), desde el camino de Los Albares (2016).

Palabras finales, a modo de epílogo.

Mi entrevistado es un hombre de apariencia tranquila; aunque su aspecto puede engañar, ya que esconde gran personalidad y un carácter fuerte. De alguna forma es un individuo intemporal, de estos que surgen en cualquier momento de la historia de un lugar: emprendedor, con iniciativa, visión de futuro y una gran capacidad de trabajo. Hasta el punto que su entrega al trabajo le salvó en el peor momento de su vida personal y familiar.

Gran conversador y mejor narrador, de los que cuando toman confianza se lanzan a hablar y lo hacen con energía y pasión. Atrevido, mas no inconsciente. Es también un hombre de mentalidad antigua, aunque de ideas avanzadas; además, empeña su palabra como el mejor aval.

La conversación nos ha descubierto múltiples facetas de su quehacer, siendo de destacar su lado humano, su aguda visión como empresario y su ingenio a la hora de afrontar problemas de todo tipo. Paradigma del autodidacta, de los que saben que toda dificultad tiene su salida. Es también una persona directa y franca, de las que van al grano de las cosas, sin andarse con circunloquios ni evasivas. Si tiene que decirte que no, te lo dice sin más.

Nos hemos detenido en los aspectos que hacen a su negocio, en los tocantes a su paso por el Ayuntamiento de Torrebaja, y en su personal visión del Rincón de Ademuz. También en su peculiar forma de hacer, pues frente al “hombre que sabe”, mi invitado es un “hombre que hace”. Estimo que sus opiniones, dada su experiencia y buen juicio, son a tener en cuenta, en tanto proporcionan claves para entender la realidad de la comarca y su incierto futuro. Que cada cual extraiga sus conclusiones. Vale.



[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El Rincón de Ademuz agoniza, del martes 15 de diciembre de 2015.
[2] Diario Oficial del Ministerio del Ejército, del martes 30 de enero de 1973.
[3] ID. Daniel Aparicio Sánchez, organista de Torrebaja (Valencia),  del lunes 17 de octubre de 2011.
[4] ID. Don Octavio Gómez Luis, alcalde de Torrebaja (Valencia), del lunes 17 de octubre de 2011.