viernes, 5 de junio de 2015

CASASALTAS HOMENAJEA A FRANCISCO CANDEL.


A propósito de la placa puesta en la fachada de la casa natal del escritor,
en el nonagésimo aniversario de su nacimiento.
 




Palabras previas, a modo de introducción.
A las dos horas del día 31 de mayo de 1925, en el número 17 de la calle del Molino de Casasaltas (Valencia), tuvo lugar el nacimiento de un varón, al que pusieron por nombre Francisco Candel Tortajada, hijo legítimo de Pedro y de Felipa, ambos naturales y vecinos del lugar, como sus abuelos maternos y paternos. Poco podían imaginar sus padres, amigos y vecinos que noventa años después aquel niño iba a tener una calle con su nombre en el lugar, y una placa en la fachada de la casa donde nació. 
Hace unas semanas me llamó por teléfono el señor César –me refiero a don César-Vicente Sánchez Blasco, alcalde de Casasaltas-,[1] para hacerme saber que con motivo del nonagésimo aniversario del nacimiento de Francisco Candel, el Ayuntamiento había decido colocar una placa en su casa natalicia, y de otros proyectos que había, como una exposición itinerante sobre el escritor que estaba montando la “Fundación Paco Candel” en Barcelona -cuya primera parada habían pensado fuera en Casasaltas-; así como de un documental que la televisión catalana pensaba rodar sobre el escritor -en el que se incluirían escenas del pueblo donde nació el autor-. El objeto principal de su llamada, sin embargo, era para pedirme que, con motivo del descubrimiento de la placa, dijera yo unas palabras. Y qué digo –le pregunté-: Di lo que te parezca–me dijo él-, tú te escribías con él y le conocías mejor


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Vista parcial del caserío de Casasaltas (Valencia), pueblo natal del escritor Francisco Candel (1925-2007), desde la CN-330a (2013).

Tiempo después recibí un Saluda del señor alcalde, invitándome a una comida de gachas que tendría lugar el día del descubrimiento de la placa, sería con motivo de las fiestas de la Santísima Trinidad. La “gachada” tuvo un éxito inesperado, se vendieron alrededor de quinientos tiques, y tuvo lugar en el local donde habitualmente se celebran este tipo de actos, justamente en la calle Francisco Candel.[2] Ya digo que la comida fue multitudinaria, y las gachas resultaron estupendas. La bebida estaba incluida en el menú, un vino cosechero aceptable. El postre y el café corría por cuenta propia. Al comienzo de la comida se produjo un fuerte chaparrón que refrescó algo el ambiente; un ambiente por lo demás cálido, alegre y festivo. Es de pensar que por la mañana, antes de la comida habría celebración religiosa, misa y procesión.


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Vista parcial del caserío de Casasaltas (Valencia), pueblo natal del escritor Francisco Candel (1925-2007), desde el Cementerio Municipal (2013).

No entiendo bien qué pasó, me refiero a la organización del acto; el caso es que cuando comenzó el homenaje a Candel yo no estaba presente, no me encontraban por ningún lugar, y tuvo que hacerse sin mis palabras. Lo cual, dicho sea de paso, no creo que tuviera más importancia; alguien diría lo que hubiera que decir en mi lugar. El evento fue en el mismo recinto de la comida –después me dijeron que por temor a la lluvia-, pero yo estaba esperando junto a la casa natalicia del escritor, donde la placa que debía descubrirse, allí es donde entendí que debía decir las palabras que llevaba preparadas. Es cierto que llevaba preparadas unas palabras, tan cierto como que después hubiera dicho otras distintas. Al menos es lo que me suele suceder cuando me veo en estos compromisos. A todo esto bajó la charanga hasta el lugar de la placa, cantaron la albada a Candel y el señor alcalde descubrió la placa. Aplausos y se acabó. Con todo, el acto fue sencillo y emotivo. La placa estaba formada por ladrillos de cerámica con ribete o marco azul, y un texto bilingüe, en español y catalán. Conociendo a Candel, creo que el acto le hubiera gustado, básicamente por su sencillez; él era persona humilde, poco amigo de homenajes y fanfarrias.


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Vista parcial del caserío de Casasaltas (Valencia), pueblo natal del escritor Francisco Candel (1925-2007), con detalle de la parroquial (2015).

Del personaje y su obra.
En diversas ocasiones he tenido el placer de escribir sobre Candel. Cabe decir una vez más que para comprender cabalmente la obra de un autor hay que conocer su vida, sus orígenes y circunstancias. Al menos es lo que yo pienso, y creo no equivocarme –aunque siempre caben otras opiniones-. Por lo demás, es comprensible que Casasaltas y los rinconademucenses en general pretendan reivindicar a Candel como un autor propio, ya que aquí nació. La vinculación del escritor con su tierra natal, sin embargo, fue escasa, discontinua, poco frecuente. Lo cual es también manifiesto, pues la mayor parte de su vida se desarrolló en Barcelona, y más concretamente con la Zona Franca y Hospitalet, que constituyeron los panoramas de su infancia y juventud. Prueba de ello es que una biblioteca de la Zona Franca, y una sala de lectura para niños en Hospitalet y otra para adultos en Santa Perpetua de la Moguda (Barcelona), llevan su nombre: Francesc Candel –propiamente, en catalán-. Ello no significa que tuviera olvidada su tierra, ni que se avergonzara de ella o la menospreciara, solo que le caía algo lejos, a trasmano.

Sus orígenes familiares eran ciertamente humildes, como la mayoría de los de esta tierra. Y como tantas otras gentes del Rincón de Ademuz, su familia emigró a Barcelona cuando él tenía apenas dos años, en 1927. Por aquella época, en plena Dictadura Primorriverista, había mucho trabajo en la ciudad condal: obras en el metro y la incipiente actividad industrial. Su padre, que en el pueblo fue agricultor, en Barcelona trabajó como cantero, picapedrero, y su madre ama de la casa –aunque durante la guerra y después, “trabajó como una negra, siempre sin una queja”-. La familia se instaló en la zona de Montjuic, en Casa Antúnez -Can Tunis, después Zona Franca-. Su profundo conocimiento del mundo de la emigración nace en estos lugares donde transcurrió su infancia. En 1932, apenas comenzada la II República, Candel regresó a Casasaltas con sus padres y una hermana, fue un viaje de ida y vuelta, tenía él sobre siete años. Su comprensión de nuestra comarca es relativa, lo que sabía de ella era a través de sus familiares, padres y tías, que con relatos y conversaciones, le transmitieron ese conocimiento íntimo del pueblo que ellos habían dejado atrás, y que de alguna forma añoraban. Ellos, sus familiares, fueron también los que le transmitieron ese sentimiento de honradez y gente de bien que él sabía ver en las gentes del Rincón de Ademuz: La honradez por encima de todo... –le decían-. Vino después la guerra civil (1936-39), y la larga posguerra; cuando comienza la contienda Candel contaba 11 años y cuando termina, 14 años. Sus estudios fueron los primarios, y enseguida conoció el mundo laboral, desempeñando diversos trabajos: ceramista, mecánico ajustador, diseñador de bisutería, decorador de objetos de cristal y plástico, contable en una empresa de construcción, en un garaje... Puede decirse que su formación fue básicamente autodidacta, lo que hizo de él una persona polifacética, abierta y mundana, ya que ejerció también como columnista, y de periodista en diarios y en radios, como político y conferenciante, etc.

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Detalle de la charanga bajando hacia la calle del Molino en Casasaltas (Valencia), donde se halla la casa natal del escritor Francisco Candel (2015).

Su vocación como escritor comienza en fecha temprana, pero no fue hasta comienzo de los años cincuenta cuando se pone a escribir en serio, tenía ya sobre 26 años. Las primeras publicaciones, sin embargo, vinieron más tarde, con 30 años cumplidos: su primera novela fue Hay una juventud que aguarda (1956), la segunda Donde la ciudad cambia su nombre (1957), la tercera Han matado un hombre, han roto un paisaje (1959). Novelas sociales de títulos sugestivos, nacidas directamente de la realidad del barrio donde él vivía, con personajes inspirados en otros que podrían tener nombres y apellidos. No en vano la principal manifestación de sus novelas, de sus personajes, es la vida diaria, su realidad, frecuentemente amarga y rota.

Decía que su vinculación con el Rincón de Ademuz fue escasa, aunque algún conocimiento de sus circunstancias debió tener, pues en septiembre de 1964 estuvo aquí con unos amigos catalanes. En aquel recorrido, entraron en la comarca por Mas del Olmo, procedentes de Teruel, vía Riodeva, y vinieron caminando. Pasaron después a Puebla de San Miguel, Sesga, Casasbajas, Casasaltas, Ademuz, Torrebaja, Mas de Jacinto..., por donde regresaron a Teruel. Sus impresiones sobre los pueblos, aldeas y gentes de la comarca las plasmó en un libro que editó años después: Viaje al Rincón de Ademuz (1968). La edición que tengo de este libro es la de 1977, la que siempre he utilizado para citas y comentarios. Las impresiones de Candel sobre su tierra natal no son fáciles de digerir, aunque resultan comprensibles. Quiero decir que su descripción obedece a lo que vio o creyó ver, “sin adornos retóricos”, ni poéticos, para los que reconocía no estar dotado, mostrándonos “unas tierras dejadas no de la mano de Dios, sino de los hombres, y saqueadas, si no por causa del latifundismo clásico, sí por la inercia de un abandono secular, que las ha hecho casi inhabitables”. Las frases forman parte del texto de la contraportada de esta edición, aunque la realidad es algo más compleja. Él ya era un hombre de ciudad, su mentalidad ciudadana, no aldeana o lugareña, lo que explica su distanciamiento en el conocimiento y los afectos. Estando cerca de su Casasaltas natal, dice: El instante tendría que ser emocionante, pero no me emocionó. O no me emociono lo suficiente, lo que yo esperaba –en cualquier caso manifestó cierto desasosiego, y cuando llegaron al cartel anunciador que había en la carretera, se fotografiaron junto a él-. El mismo año de su viaje al Rincón de Ademuz publicó una de sus novelas más conocidas Els altres catalans (1964), obra que ha tenido diecisiete ediciones en catalán y nueve en español o castellano. Resulta curioso, pero uno no puede por menos que comparar la biografía del autor con la de uno mismo, ya que el mes y año en que Candel estuvo en la comarca con sus amigos catalanes, llegué yo a Barcelona para estudiar el Bachillerato, tenía 12 años. Y que recuerde, en ningún momento de los seis años que pasé en la ciudad tuve conocimiento del autor ni de su obra, ni a través de la familia ni del colegio, ni del ambiente en el que yo me desenvolvía, ciertamente poco literario y nada político. No fue hasta la primera mitad de los años setenta, con 20 años ya cumplidos, cuando supe de su existencia.

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Detalle de la placa en homenaje al escritor Francisco Candel (1925-2007) en Casasaltas (Valencia), en la fachada de la casa donde nació (2015).

Candel se sintió también atraído por la actividad política. El mismo año de la impresión de su ensayo Barrio (1977), se presentó a las elecciones por Entesa del Catalans, siendo elegido Senador constituyente por la provincia de Barcelona. Dos años después se presentó a las municipales por el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), saliendo elegido concejal por el Ayuntamiento de Hospitalet, donde se hizo cargo de la Concejalía de Cultura, llevando también el Museo de Historia de la ciudad. Asimismo, fue Diputado Provincial por Barcelona. De esta época datan sus publicaciones Un charnego en el Senado (1979), El Candel contra Candel (1981), Hemos sido traicionados (1982), El Jurament (1985), etc.

Una de las últimas veces que Candel estuvo en el Rincón de Ademuz fue en el verano de 1997, cuando dio una conferencia con el título De emigrante a escritor, que tuvo lugar el día 7 de agosto en Casasaltas, organizada por la Asociación Cultural y de Estudios del Rincón de Ademuz (ICERA), que presidía don Ángel Antón Andrés, de grata memoria.[3] Dos días después se le hizo un homenaje, “como muestra de confraternidad entre las gentes de nuestra tierra” y el escritor; hubo también una “gachada” de la que dio cuenta Ababol 11 (1997), 37. Contra mi voluntad, no puede asistir ni a la conferencia ni a la comida, aunque me hubiera encantado conocer personalmente a nuestro autor.

Un par de años después, con motivo de un artículo que pensaba componer sobre Candel, le escribí a Barcelona. La dirección me la proporcionó su pariente Abel Muñoz Sánchez, de Casasaltas. En aquella misiva le pedía datos sobre su persona y su obra. Me contestó con exquisita cordialidad y afecto, y con los datos que me proporcionó compuse un artículo para una columna -“Desde el Rincón de Ademuz”- que yo escribía entonces en Diario de Teruel.[4] Después de aquella primera carta hubo otras, naciendo así una relación epistolar y de amistad que mantuvimos unos años. La mayor parte del contenido de aquellas cartas lo publiqué con motivo de su fallecimiento, convencido de que colaborarían en el mejor conocimiento del escritor.[5]

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La charanga durante su actuación en el homenaje al escritor Francisco Candel (1925-2007) en Casasaltas (Valencia), con detalle de la placa en la fachada de su casa natal (2015).

La charanga durante su actuación en el homenaje al escritor Francisco Candel (1925-2007), en Casasaltas (Valencia), 2015.

Palabras finales, a modo de epílogo.
Francisco Candel Tortajada -Paco para los amigos-, fue ante todo un hombre comprometido con su tiempo, hasta el punto de que su vida y su obra se hallan íntimamente unidas, no pudiendo comprenderse una sin la otra. Su filosofía  y pensamiento, su modo de entender el mundo que le tocó vivir, puede rastrearse en los protagonistas de sus novelas, basados en otros tantos personajes reales que él pudo conocer. No en vano tenía dicho: La realidad ha sido siempre mi argumento...
A Candel se le ha calificado de “escritor del proletariado”, de “portavoz de los desheredados y marginales”, imputándole que llegó a la literatura a través de la política, y viceversa... –tantas cosas se han dicho de él que sería prolijo siquiera enumerarlas-. De su peripecia vital cabe destacar, si embargo, su condición de emigrante -circunstancia a la que sobrevivió en un tiempo y en unas circunstancias adversas-, a la vez que su capacidad de adaptación a la nueva tierra, hasta el punto de haber sabido florecer en la sociedad que le acogió, merced a su esfuerzo y perspicacia, captando y transmitiendo la realidad social de su entorno, sin perder por ello sus principios morales y ciudadanos.
Escritor, periodista, político, analista social, conferenciante..., básicamente fue un hombre de bien. Esforzado y trabajador, incansable luchador por la democracia -desde la perspectiva de la izquierda-, aunque consciente que la democracia no es patrimonio de esa opción política. Ateo –irreligioso o cuanto menos escéptico-, pero nunca impío. Independiente también, pero desde legítimas posiciones partidistas. Como tal individuo de izquierdas, se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con él, con sus opiniones y manifestaciones, pero en lo personal e intelectual hay que reconocerle una gran integridad: La honradez por encima de todo... –había oído decir muchas veces a sus padres y tías-. Hombre sereno y portador de un elegante humor, solía responder con finura e ironía, eludiendo las preguntas estúpidas e indiscretas que a veces le formularon en docenas de entrevistas a lo largo de su vida.

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La charanga durante su actuación en el homenaje al escritor Francisco Candel (1925-2007), en Casasaltas (Valencia), 2015.
Paco Candel, el “charnego” universal –como también se le ha llamado-, resulta postreramente un personaje entrañable (cordial, amistoso y familiar), que hacía fácilmente amigos y trataba con deferencia y aprecio a los que se le acercaban: Aunque te advierto que los famosos desmerecen cuando los conoces de cerca –solía explicar-.
Más acreditado entre los catalanes que entre los propios rinconademucenses –no hay más que ver las noticias de prensa aparecidas con motivo de su fallecimiento y la multitudinaria ceremonia de despedida que tuvo, expuesto su féretro en el salón Sant Jordi del palacio de la Generalidad en Barcelona-, al que nosotros reivindicamos, no obstante, como nuestro: en tanto “oriundo de esta tierra magnífica y desgarrada del Rincón de Ademuz, como tantos de los personajes de sus obras” –y aunque fuera catalán de adopción-. Al fin, no lo podemos evitar, uno es de donde comen sus hijos... -como verosímilmente expresaría él-. 

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Detalle de la placa en homenaje al escritor Francisco Candel en Casasaltas (Valencia), sita en la fachada de su casa natal (2015).

Es por todo ello que el homenaje del Ayuntamiento de Casasaltas al escritor, dedicándole una calle del pueblo, y poniendo una placa en la fachada de su casa natal –en la que han colaborado también la "Fundación Paco Candel" e ICERA-, resulta absolutamente procedente. De alguna forma, calle y placa constituyen el reencuentro definitivo del escritor con su tierra. Vale.




[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don César-Vicente Blasco Sánchez, alcalde de Casasaltas (Valencia), del martes 20 de diciembre de 2011.
[2] ID. Francisco Candel Tortajada, un catalán de Casasaltas,  del viernes 6 de junio de 2014.
[3] ID. A Ángel Antón Andrés, in memoriam, del lunes 17 de octubre de 2011.
[4] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Francisco Candel Tortajada, un catalán de Casasaltas, en Diario de Teruel, jueves 6 y 12 de mayo de 1999.
[5] ID. Francisco Candel Tortajada, en la hora de las alabanzas: mi relación epistolar con el escritor, a propósito de su fallecimiento en Barcelona, en Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2008, vol. II, pp. 221-231.