martes, 24 de noviembre de 2015

PLAGA DE PROCESIONARIA DEL PINO EN EL RINCÓN DE ADEMUZ.


A propósito de una excursión a la zona nororiental de la comarca.


“la mayor riqueza del Rincón de Ademuz es potencialmente su paisaje y medio ambiente,
un patrimonio natural legado por la Naturaleza y la geografía,
y por los que nos precedieron sobre este paisaje”.



Aprovechando la bonanza del tiempo en estos últimos días de noviembre, ambiente cálido y cielo despejado, decidí dar un paseo por el monte en motocicleta. La ventaja de ir en moto es que te permite hacer un amplio recorrido en poco tiempo. Aunque procuro ir despacio, de una parte por precaución; también para disfrutar del paisaje; y por el ruido, pues me disgusta asustar a los animales del bosque con los estampidos del motor. Éste es el mayor inconveniente que le encuentro a este medio de locomoción...

Para ir en moto por el monte cabe ir preparado, con el vehículo a punto y bien protegido contra el viento y el frío de la cabeza a los pies. Vestirse para ir en moto es todo un ritual, el verdugo es esencial, el casco obligatorio y las gafas de sol aconsejables para evitar deslumbramientos y los peligrosos ultravioleta, que dañan la retina. El cuerpo debe ir bien cubierto con la ropa acrílica adecuada, guantes para las manos, botas para los pies y rastrojeras en las piernas. Yo siempre llevo una mochila, muy útil para portar diversos objetos, la documentación personal y del vehículo, agua, un impermeable, una navaja, el móvil, etc. Conviene ir con poca carga, procurando que cuando vamos montados el peso repose sobre el asiento, no sobre la espalda. Para ello basta con aflojar los tirantes de la bolsa...

Mi idea, decía, era dar una vuelta por el sector nororiental de la comarca, para disfrutar del paisaje y del día tan hermoso que lucía, aprovechando de paso para hacer alguna fotografía para un libro de imágenes que tengo in mente sobre el otoño en el Rincón de Ademuz. Aunque la estación ya está avanzada y gran parte del colorido otoñal desparecido de los árboles, desvestidos éstos de sus hojas doradas por los vendavales de las últimas semanas.

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Almendral en otoño junto al camino de Mas del Olmo en "Los Molares" de Ademuz (Valencia), 2015.

Los caminos de montaña en el sector oriental de la comarca.
Para ir a Mas del Olmo (Ademuz) o Puebla de San Miguel (Valencia), desde el valle del Turia, mi trayecto preferido es por Torrealta, aldea de Torrebaja (Valencia). Dado el tráfico pesado que suele transitar por la carretera, prefiero los caminos y pistas del monte. Es por ello que para salir de Torrebaja utilizo habitualmente la calle Fuentecillas hasta la bajada del Pasillo, allí dejo el asfalto y sigo por el camino de tierra hasta el río, continúo por la izquierda hasta el puente de La Palanca, que atraviesa el Turia bajo el viaducto de la variante de la CN-330 de Manzaneruela, en Landete (Cuenca) a Torrebaja. Hace por lo menos dos legislaturas que las barandas del puente fueron destrozadas por algún vehículo que pasó por allí, sin que nadie se haya preocupado de su reparación. Su tránsito podría resultar peligroso, ¡habrá que esperar alguna desgracia para repararlo! Desde este punto continúo por la izquierda, ya en la ribera izquierda del río, yendo por el camino de Torrebaja a Torrealta, en término de Ademuz. A medio trayecto de este hermoso paseo, con pinos a la derecha y restos de antiguos cultivos en la alta ribera del Turia a la izquierda, encontraremos un recinto vallado correspondiente a un antiguo vertedero: está clausurado, pero lleno de todo tipo de objetos de desecho al descubierto. No obstante hallarse cerrado, hay quien continúa echando todo tipo de cachivaches por la valla, cuando no los dejan directamente a las puertas del basurero. El espectáculo es ciertamente lamentable, por lo que sería aconsejable eliminarlo; el paisaje y el medio ambiente lo agradecerían.

Decía que el camino, una pista con el piso en estado aceptable, lleva hasta Torrealta, y forma parte del camino peregrinal de la "Vera Cruz" a su paso por estos términos.[1] A la entrada de Torrealta por el sur encontraremos a nuestra izquierda la carreterita que procede de la CN-330-420, que atraviesa el Turia unos cientos de metros más abajo. En el punto de confluencia del camino y la carretera puede verse a la derecha un pilón encalado en cuya hornacina lucen unos ladrillos cerámicos representando a san Roque. Poco más adelante hay otro casilicio similar, éste con la imagen de san Antonio Abad. Entre ambos pilones nace el camino de Mas del Olmo, que discurre por la Dehesa de los Terreros, vía la fuente de Vallurgo, los Molares y la Loma del Romance.

Ascendiendo por la pista asfaltada la aldea de Torrealta queda a nuestra izquierda. Poco antes de llegar al desvío del camino que conduce a la rambla de Riodeva, donde la gravera, termina el asfalto. En el desvío seguiremos por la derecha, enseguida llegaremos a la parte alta desde donde puede disfrutarse de una estupenda vista del valle del Turia, con la vega y las distintas poblaciones que pueden verse: Torrealta (hacia el norte), Mas de los Mudos (al oeste, frente a nosotros) y Torrebaja (al sur, poco más abajo). Lo más novedoso del paisaje en este punto, quizá sea la silueta del gran viaducto que atraviesa la vega por encima de Torrebaja, uniendo las vertientes orientales del valle con las occidentales. En la occidental destacan las naves del "Parque Artesanal", el pequeño polígono industrial del municipio, sito al norte del cementerio de Los Llanos. Por debajo de ambos discurre la antigua CN-420 procedente de Cuenca, que en este lugar confluye con la variante de CN-330, en dirección a Teruel. El lugar constituye un embudo, verdadero cuello de botella para dichas vías durante unos cuarenta kilómetros, lo que pone en evidencia la apremiante necesidad de la autovía de Cuenca a Teruel; no en vano el tráfico por estas vías se ha triplicado en las últimas décadas.

Dejamos la vista de la vega del Turia para adentrarnos propiamente en la montaña. Circundado el montículo por cuya media ladera discurre la pista nos asomaremos a la rambla de Riodeva, que queda a nuestra izquierda, justo por encima de la gravera. La rambla, que sirve de linde entre Libros por Teruel y el Rincón de Ademuz por Valencia, rinde sus aguas al Turia frente a las Casas de Angelina, por debajo del puente de tablas que cruza el río en esta parte. A lo lejos puede observarse el caserío de Mas de Jacinto, aldea de Castielfabib, recostado sobre la vertiente izquierda de la rambla de Val del Agua, que los lugareños denominan de san Sebastián, en honor al patrón del lugar y titular de su preciosa ermita.[2]

La pista que venimos siguiendo posee un firme irregular, con abundante gravilla y frecuentes arroyadas, resultados de las últimas lluvias. A ambas márgenes de la vía veremos labrantíos de almendros, muchos de ellos abandonados. Allí donde comienza el repecho de la ladera del monte frontero veremos una bifurcación de caminos. El de la derecha proviene de la cuesta de La Palanca, por donde subían los trabajadores que iban a Las Minas de azufre de Libros. El de enfrente es un camino labrado en los años noventa, que discurre por la media vertiente de los Puntales del Mediero, en el límite oriental de la Dehesa de los Terreros,[3] comunicando esta parte con el camino de Mas del Olmo que asciende desde el de Guerrero, vía la Umbría de la Sagra. Nosotros continuaremos por el de la izquierda, el principal que venimos siguiendo. A partir de aquí nos internamos en una zona de pinos, yendo por la ladera meridional del monte, con frecuentes subidas y bajadas, empinados repechos y zigzagueos, por encima del desvío que lleva a la fuente de Vallurgo. Conforme ascendemos el paisaje se amplía y magnifica, singularmente hacia el noroeste, que queda a nuestra espalda, cuyo horizonte cierran las estribaciones de la sierra de Albarracín, el cerro Javalón (1.692 m), la sierra de Rubiales (montes del Rodeno), con la serranía de Cuenca y Santerón hacia el suroeste.

De este modo llegaremos a un gran edificio encalado, sito en una plantación de almendros propiedad de Miguel Yuste, alias el Ratón de Torrebaja. La casona almacén queda a la izquierda del camino, pero antes de llegar podremos ver a la derecha del mismo -aunque sólo si nos fijamos bien-, una cisterna que servía para recoger y almacenar el agua de lluvia, con un curioso techo de falsa cúpula, idéntico al de las barracas de piedra en seco que hay más adelante. Poco más arriba encontraremos el camino de los Molares, el que decíamos que sube del valle del Turia por la Umbría de la Sagra y el barranco del Charcal, que surge por la derecha y confluye en este punto con el que venimos siguiendo desde Torrealta.

El camino continúa ascendiendo hasta un punto en que se produce una gran depresión, para continuar luego otra pronunciada subida hasta enfilar el repecho final que lleva a la cima de la Loma del Romance. Antes de enfilar la subida de la Loma podremos ver a nuestra izquierda los restos de grandes construcciones y hornos de azufre del antiguo asentamiento minero de La Azufrera de Libros,[4] que quedan en la vertiente meridional, margen derecha de la rambla de Riodeva.

Tras las lluvias de verano los caminos de tierra quedaron muy afectados. Compruebo con satisfacción, sin embargo, que desde mi última subida los han arreglado bastante. Al menos el piso está llano, medianamente apisonado, habiendo desaparecido las arroyadas que los surcaban. Tras el penúltimo repecho antes de arribar a la cima de la Loma del Romance hay un gran piedra a la mano derecha del camino, a modo de mesa en un rellano. Me gusta parar en este sitio, porque es cómodo para aparcar y por la estupenda vista que desde aquí puede disfrutarse, singularmente desde el noroeste al suroeste. Lo más llamativo es la profunda hendidura del valle del Turia, los pueblos y aldeas que pueden distinguirse –desde las eras de Libros hasta la villa de Ademuz, incluyendo Mas de Jacinto, Torrealta, Mas de los Mudos, Torrebaja, Los Santos, Castielfabib, Vallanca, Negrón...- y la grandiosidad del panorama. Bajo un cielo azul pálido, el horizonte brumoso subyuga y estremece...

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Vista meridional del valle del Turia desde la "Loma del Romance", con detalle de la villa de Ademuz (Valencia), al fondo izquierda (2015).

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Vista noroccidental del valle del Turia desde la Loma del Romance, con detalle de varias poblaciones del Rincón de Ademuz (Torrebaja, Los Santos, Castielfabib), 2015.
El camino continua entre pinos de reforestación que lucen en sus ramas grandes bolsas sedosas, a modo de regalos de Navidad. Lamentablemente no son regalos, sino nidos de orugas de procesionaria (Thaumetopoea pityocampa Schiff), la más perniciosa de las plagas que sufren los pinares en todo el Mediterráneo. Enseguida encontraremos un desvío de este camino que surge a nuestra izquierda, junto a un cartel que indica la dirección del depósito de agua contra incendios y la pista de aterrizaje existente en la Loma. Merece la pena seguir este desvío para ver la pista, una amplia planicie que se extiende longitudinalmente de oeste a este, cuyo horizonte lejano cierra al levante la Sierra de Javalambre con sus picos cimeros –Javalambre (2.020 m) y Calderón o Alto de las Barracas (1.838 m)- y estribaciones de la Sierra de Tortajada. Al poniente de la pista hay un gran depósito circular que almacena el agua para caso de incendios, y un pilón que señala el vértice geodésico del Instituto Geográfico correspondiente a la Loma (1.210 m).

Además del espectáculo de la Naturaleza, a ambos lados de la cabecera de la planicie pueden admirarse dos espléndidas barracas de piedra en seco, una cuadrangular al norte y otra circular al sur. Para visitar la primera cabe recorrer unos cientos de metros entre labradas de almendros, para ver la segunda hay que perderse entre los pinos de reforestación. Ambas construcciones son magníficas, aunque puestos a elegir me quedo con la segunda, por su forma particular y por la vista que puede contemplarse desde sus aledaños, el extremo meridional del valle del Turia y el caserío de Ademuz: la diferencia en la altitud entre la villa y la Loma se aproxima a los 500 m. En toda la zona podremos ver muchas de estas singulares fábricas, algunas francamente notables como hemos destacado en alguna ocasión.[5]

El vehículo que utilizo en esta excursión me permite recorrer de alto en bajo la pista de aterrizaje, que sufre un suave declive hacia levante, incluso perderme por caminos laterales; uno de éstos, el de la derecha, abierto entre zonas de cultivo, me permite salir de nuevo al camino principal, por debajo de los corrales y parideras presentes en el ángulo que forma el desvío por donde se accede a la pista. Barracas, corrales, descubiertos y parideras son frecuentes en la zona, constituyendo muestras físicas inequívocas de la abundante actividad agropecuaria que hubo antaño por estos latitudes. Todas se hallan integradas en el paisaje, resultando muchas de ellas de gran belleza formal, paredes de mampostería, jambas de piedra labrada, dinteles de madera, coberturas de teja árabe dispuesta en canal y cobija, con la excepción de la barracas de piedra en seco (sin aglomerante), que lucen falsas cúpulas basadas en lajas de piedra coronadas por un piedra cimera denominada copete.

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Vista frontal de la barraca de piedra en seco sita en la ladera meridional de la "Loma del Romance", con la villa de Ademuz (Valencia), al fondo del valle (2015).

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Vista frontal de la barraca de piedra en seco sita en la ladera septentrional de la "Loma del Romance" en Ademuz (Valencia), con la sierra de Rubial al fondo (2015).
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Detalle de bolsones de procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa Schiff), en la "Loma del Romance" en Ademuz (Valencia), 2015.
Vuelto al camino principal, el paisaje se amplía de nuevo, pues durante un trecho discurre entre pinos. Son tierras pobres, blanquecinas, calizas, más propias para el centeno que para el trigo, que requieren del barbecho bianual. La amplia planicie desciende suavemente desde la Loma del Romance hasta Mas del Olmo, quedando las fincas abancaladas. Los muros de los abancalamientos, como las propias barracas de piedra en seco fueron construidas con las losas que surgieron en las roturaciones. Se trata de piedras calcáreas, planas, algunas de grandes dimensiones, lo que favorece su utilización para levantar los márgenes y las casetas. En un punto de la planicie tomo un desvío del camino principal, que surge a la mano derecha, dirección suroeste. El camino lleva a la vertiente occidental de la loma existente a la derecha del paisaje, viéndola desde la del Romance. Se trata de zonas de cultivo entre pinares reforestados en los primeros cincuenta del pasado siglo. Docenas de mozos de estos pueblos y aldeas participaron en las brigadas que realizaron las roturaciones y plantaciones de pinos.

Una plaga devastadora se come los pinares.
Al poco de internarme por este desvío del camino principal observo una cierta tristeza en el paisaje. Enseguida me de doy cuenta, no obstante, que se debe al color grisáceo que manifiestan los pinos, cuyas acículas aparecen deshilachada –roídas y mortecinas- sin su color verde habitual. Al mismo tiempo advierto a modo de ramas o cuerdas oscuras que atraviesan la calzada de tierra. Al aminorar la macha veo que no se trata de cuerdas o ramas, sino de orugas encadenadas en largas hileras, de las que pueden contarse cientos, miles, millones de ellas... El nombre de "procesionaria" con que se conoce a estas orugas se debe a su peculiar forma de desplazarse, en fila india, formando procesión. Lo cierto es que me invadió cierta aprensión, pues a mi paso y sin querer ni poder evitarlo las ruedas de la moto las iban machacando. Me pareció que las gusanos se estaban trasladando de una zona a otra del pinar, con la intención de construir sus nidos en los pinos en mejor estado, para pasar el invierno. Nunca había visto cosa semejante y debo confesar que me quedé sobrecogido al ver tantas orugas, y los efectos devastadores que causan en los pinos. Me detuve para observar de cerca el fenómeno y hacer alguna fotografía. Las orugas aparecían por el suelo, en los troncos y ramas, muchas de ellas apiñadas, construyendo en los extremos de las ramas sus bolsones de seda con febril efervescencia. No cabe duda que barruntaban un cambio de tiempo, con importantes bajadas de temperatura, como ciertamente sucedió en los siguientes días.

La infestación de la procesionaria castiga gravemente a una amplia extensión de pinos reforestados del sector suroriental de la Roma del Romance, aunque en mayor o menor medida afecta a casi todos los pinos de la zona. Observando las consecuencias no me cabe duda de que se trata del flagelo más importante que sufren los pinares españoles, y mediterráneos, una verdadera calamidad. La procesionaria pertenece al orden de los lepidópteros (insectos comúnmente voladores, vulgarmente conocidos como “mariposas”), familia thaumetopoeidae, especie Thaumetopoea pityocampa. Además de a los pinos afecta a todas las pináceas, y coníferas en general, como cedros y abetos. En nuestra zona, los pinos más afectados son los laricios (Pinus nigra) y el pino silvestre (Pinus sylvestris), también el pino carrasco (Pinus halepensis) y el piñonero (Pinus pinea).


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Detalle de pinos de reforestación afectados por la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa Schiff), en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2015.


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Detalle de pinos plagados de procesionarias (Thaumetopoea pityocampa Schiff), en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2015.

Introducción al ciclo biológico de la procesionaria del pino.
En el hemisferio norte, el ciclo biológico de la procesionaria del pino comienza en verano, con la aparición de las mariposas revoloteando en los pinares. Tras el apareamiento, la hembra pone sus huevos en las hojas (acículas) de los pinos, y cuatro o seis semanas después nacen las orugas, lo que viene a suceder entre mediados de septiembre y mediados de octubre. Las incontables procesiones de orugas que yo vi por los caminos, en el bosque de pinos reforestados por debajo de la Loma del Romance, correspondían a las nacidas este otoño. ¿Dónde iban las orugas en su procesión? Parece que se estaban trasladando de los pinos donde nacieron (y ya esquilmados) a otros en mejor estado biológico, para construir allí los bolsones o nidos de seda donde refugiarse para pasar el invierno. Con la llegada de la primavera (desde febrero a primeros de abril), las orugas salen de sus refugios invernales, siendo éste el momento en que son más voraces, y dañinas para los pinos, a los que defolian. Alcanzada su madurez bajan al suelo para enterrarse, crisalidando dentro de su capullo, algo similar a lo que sucede con los gusanos de seda, aunque estos no se entierran. Llegado el verano las mariposas salen para aparearse, comenzando así un nuevo ciclo biológico.

Se ha dicho que las orugas de la procesionaria del pino raramente matan los pinos de cuyas hojas se alimentan. Lo cierto, sin embargo, es que los debilitan considerablemente, exponiéndolos a otras plagas que son las que realmente los matan. Al ver la gran extensión de pinos afectados por la procesionaria me pregunté si las autoridades responsables del monte serán sabedoras de lo que está sucediendo con nuestros bosques de pinos. Y de saberlo, ¿qué están haciendo para combatir esta terrible plaga? Digo terrible, porque es realmente espantosa. Los pinos afectados, que son cientos y miles distribuidos por varias hectáreas, constituyen un espectáculo ciertamente penoso, escalofriante y sombrío, indefensos como se hallan los árboles ante la voracidad de las insaciables orugas. Estas orugas son también peligrosas para los humanos, singularmente para los niños, a los que producen alergias y urticarias, y para los animales, a los que pueden matar si las ingieren. Lo peligroso de las orugas son los “pelitos urticantes” que las recubren, pues es donde se encuentra el veneno que portan. Cada oruga puede llevar hasta medio millón de estos pelitos, denominados tricomas. En cuanto se sienten atacadas las orugas los sueltan, todavía más si se las toca, dispersándose y flotando en el aire, de ahí la irritación, picor y sensación de quemazón que producen en las mucosas al entrar en contacto con ellos.

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Detalle de hilera de orugas procesionarias (Thaumetopoea pityocampa Schiff), en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2015.

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Detalle de orugas procesionarias (Thaumetopoea pityocampa Schiff), en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2015.

Lucha contra la procesionaria.
Los expertos consideran que es muy difícil luchar contra la procesionaria del pino, prueba de ello es la gran extensión de bosques afectados por todo el Mediterráneos y sur de Europa. En su difusión está colaborando el cambio climático, la bonanza de las temperaturas invernales, consecuencia del calentamiento global. Para controlar la colonización de la procesionaria existen varios métodos, unos biológicos, otros químicos y físicos, y también naturales.

-Métodos biológicos:
--Entre estos destaca el compuesto por bacterias (Bacillus thuringiensis), que mezcladas con agua pueden pulverizarse con sulfatadoras convencionales o mediante cañones pulverizadores sobre tractores o todoterrenos (los tratamientos aéreos, con avionetas o helicópteros, en Ultra Bajo Volumen (ULV) están prohibidos en la Unión Europea desde septiembre de 2012). Para que el tratamiento sea efectivo debe efectuarse en los estadios larvarios iniciales, esto es, cuando las orugas son pequeñas (entre mediados de septiembre y mediados de octubre, antes que desarrollen los pelos urticantes, y en cualquier caso antes de embolsarse); al comerse las acículas del pino impregnadas del bacilo, las orugas mueren. Los tratamientos con bacilos thuringiensis son aceptados por la agricultura ecológicas, pues su incidencia sobre el medio ambiente y la salud animal es nula, o mínima.
--Dentro de esta clasificación se hallan también los insecticidas biorracionales, entre los que se hallan los inhibidores de la síntesis de quitina, su mecanismo de acción consiste en alterar la muda de las orugas y por ende el crecimiento. Para la procesionaria se emplea el “diflubenzuron”, utilizado de forma similar a la fumigación con bacterias. Es también respetuoso con el medio ambiente y resulta eficaz para grandes extensiones de bosque, cuando la orugas se hallan en los estadios larvarios iniciales. Para ello es necesario realizar muestreos en las puestas de huevos, para determinar el momento del nacimiento de los gusanos, o mediante trampas de feromonas, para obtener la “curva de vuelo de los machos”, lo que facilita la determinación del momento en que eclosionarán los huevos.
--Asimismo, se emplean las feromonas sexuales, método consistente en utilizar las hormonas sexuales de la hembra para atraer a los machos a unas trampas de las que no pueden salir. De esta forma la fecundación de las mariposas hembras no tiene lugar. Para ello se usa una feromona sintética, denominada “pityolure”. Se usa en pinares con bajo nivel de infestación, razón por lo que se aconseja una vez se ha controlado una plaga masiva, constituyendo un complemento ideal de la fumigación con bacilos o inhibidores de crecimiento. Como se dice arriba, dichas trampas con feromonas sirven también para determinar el nacimiento de las orugas, lo que permite elegir el momento adecuado para los tratamientos señalados. Las trampas de feromonas se cuelgan en las ramas de los propios pinos, bastando una por hectárea. Su colocación está indicada cuando las mariposas salen de los capullos, de ahí la importancia de determinar los vuelos iniciales.

-Métodos químicos:
--Para el control químico de la procesionaria se existen los insecticidas convencionales, tipo “piretrinas”: Alfacipermetrin, Cipermetrin o Deltametrin. Para grandes extensiones de pinar se emplean los cañones pulverizadores (sobre tractores o todoterrenos), dada la prohibición de los medios aéreos. Los tratamientos con este principio activo se realizan a lo largo del invierno (febrero y marzo), cuando las orugas jóvenes (más sensibles) están embolsadas, para lo cual hay que mojar bien el bolsón donde se resguardan. Con este método se pretende matar los gusanos antes de que bajen al suelo para la crisalidación, interrumpiendo así su ciclo biológico.

-Métodos físicos:
--Aquí se podrían incluir las actuaciones como la “eliminación mecánica de los bolsones”, esto es, cortar las ramas donde se instalan las bolsas de orugas, para lo cual existen una tijeras especiales, propiamente denominadas “orugueras”, caracterizadas por la longitud de sus brazos, al objeto de alcanzar las ramas más altas, evitando en todo caso las guías terminales del pino (que afectaría su crecimiento). Dicha actuación debe realizarse entre finales de noviembre y mediados de diciembre. Para completar el tratamiento, los bolsones con las orugas deben quemarse.
--“Rotura de bolsones”, acción reservada a los nidos más altos, para lo cual se utilizan sistemas varios (escopeta de perdigones, palos, etc.); al romperse la bolsa de seda en invierno, las orugas mueren de frío. Dicha acción debe realizarse por la tarde, con el fin de que las orugas no tengan tiempo de reparar las bolsas de seda rotas.
--“Barreras de contención”, sistema que consiste en colocar en el tronco del pino (a uno o dos metros del suelo), una pieza de plástico o similar en forma de cono truncado invertido, con la parte más ancha hacia arriba, con el objeto de interrumpir la bajada de las orugas al suelo para la crisalidación. De esta forma, los gusanos quedan aquí detenidos, muriendo de inanición. Una variante de este método es colocar una barrera de plástico o similar en el suelo, alrededor del tronco, con el objeto de evitar la dispersión de las orugas, aplicándoles después los insecticidas para matarlas. El sistema puede ser útil en jardines y áreas pequeñas, pero no en bosques de gran extensión.

-Métodos naturales.
--Bajo este apartado se incluyen los sistemas basados en la “protección y el fomento de las aves insectívoras”, conocidas como depredadoras de la procesionaria, entre las que destacan los herrerillos (Cyanistes caeruleus) y carboneros (Parus major), aves comunes especialmente voraces con estas orugas, cantoras y muy bellas. Para ello basta colocar en las ramas de los pinos cajas para la nidificación (anidaderas), singularmente en los pinares jóvenes. Existen, sin embargo, otras muchas especies de pájaros que se comen a las orugas: abubillas, críalos, cuervos, urracas, etc. Depredadores de las orugas de procesionaria son también las avispas, las cigarras y las hormigas, además de diversos parásitos dípteros e himenópteros.

La utilización de cualquiera de estos métodos de lucha contra la procesionaria del pino debe decidirla la autoridad competente, con el asesoramiento de los técnicos especialistas, que previamente habrán estudiado el ciclo biológico exacto del parásito en cada zona, y su estado larvario.

Más allá del camino de la procesionaria.
Salí de la pinada afectada por la plaga de la procesionaria con el ánimo compungido, ya que aunque conocía la existencia de esta plaga, evidente por los albos bolsones que penden de las ramas de los pinos, jamás había observado sus devastadores efectos. El camino que venía siguiendo me llevó hasta un cerro donde se hallan las antenas de comunicaciones que tiene instaladas la Generalidad Valenciana, sitas por encima de Los Planos y Las Clochas de Ademuz. Circundando el cerro llegué hasta una zona de sembrados, desde donde pueden observarse las laderas meridionales de la Loma del Romance. Durante este último tramo la panorámica por la izquierda (que es el poniente) resulta impresionante, en especial el valle del Turia y su vega, desde Torrealta hasta Ademuz. Por el mismo camino regresé hasta el principal de Mas del Olmo, atravesando de nuevo la zona de pinar afectada por la procesionaria. La atravesé rápido y apenado, aplastado con las ruedas las orugas que llenaban el camino...

Vuelto al camino principal, éste continúa en suave descenso hasta la aldea de Ademuz, con amplias fincas de cultivo a cada mano de la vía. El paisaje otoñal ha cambiado radicalmente al compararlo con el de primavera, trocándose en campos recién labrados y apisonados los verdes trigales y cebadales, con el sempiterno horizonte montañoso de Javalambre al fondo. Durante el trayecto observé varias barracas de piedra en seco, algunas muy notables. En la bajada saludé a un tractorista procedente de la parte de la Loma, que se detuvo al verme parado al borde del camino. Me preguntó si necesitaba algo, al decirle que sólo estaba haciendo unas fotografías me ofreció agua para beber. No es fácil encontrase con alguien por estas latitudes, pero siempre es de agradecer un saludo, cuánto más un sincero ofrecimiento.

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Vista de pinos de reforestación afectados por la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa Schiff), en la "Loma del Romance" en Ademuz (Valencia), con el macizo de Javalambre al fondo (2015).
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Vista frontal de una magnífica barraca de piedra en seco en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (2015).

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Vista posterior de una magnífica barraca de piedra en seco en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (2015).

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Vista fronto-lateral de una magnífica barraca de piedra en seco en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), 2015.

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Vista posterior de una magnífica barraca de piedra en seco en las proximidades de Mas del Olmo-Ademuz (2015), con detalle de pinos de reforestación afectados por la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa Schiff).

Camino del rento de Altamira.
En cierto lugar próximo a Mas del Olmo el camino que venimos siguiendo se bifurca, mientras uno continúa hacia la aldea (sita al sureste) el otro se desvía hacia la izquireda en dirección Riodeva (sita al norte). Me decido por el último, que es por donde Francisco Candel (1925-2007) y sus amigos catalanes entraron en el Rincón de Ademuz en septiembre de 1964, procedentes de Teruel, en su célebre viaje. Mi intención no es emular su recorrido, ya que ellos vinieron andando, sino acercarme hasta Altamira, un rento en el extremo septentrional del término de Ademuz en el que estuve esta primavera pasada, recogiendo fotos para un libro de imágenes que hice en el que se dice de las aldeas y lugares del Rincón de Ademuz (2015). El propósito de hoy era fotografiar el despoblado, las ruinas y su copudo pino señero en otoño. El piso del camino es irregular, con profundas arroyadas en algunos tramos, producto de las pasadas lluvias estivales. Tiene un tramo de subida y otro de bajada, el de subida discurre en suave ascenso, rodeado de fincas de cultivo abancaladas, mientras que el de descenso es más agreste y encosterado, pasando entre encinas, quejigos y otras variedades de quercus.

En un punto del camino de bajada, poco antes de llegar a la fuente de la Canaleja, donde Riodeva toma el agua para el abastecimiento público, surge un desvío a la mano izquierda, que lleva hasta la masada de Altamira. Esta nueva vía tiene también un tramo de subida muy pedregoso, hasta una zona llana de tierra, ya a la vista del rento. Merece la pena detenerse un momento para contemplar una vista general del antiguo caserío, ubicado en la parte baja del cerro de Altamira. El de Altamira es un montículo cónico, como muchos otros de la zona, sito en la margen izquierda de la rambla de Riodeva. Desde la cima del monte, que fue un castro celtíbero, evidente por los restos de cerámica de arrastre de esta época que puede verse en superficie, puede admirarse una sorprendente perspectiva, con la población de Riodeva a la cabecera, que es el este, en las estribaciones de Javalambre, las minas de caolín al norte, en las laderas septentrionales de la rambla, que discurre hacia poniente, buscando rendir sus aguas al Turia frente a las Casas de Angelina (Libros) y Mas de Jacinto (Castielfabib). Llama poderosamente la atención la franja de las minas y los desmontes producidos por la actividad industrial, que dejan al descubierto las rojizas entrañas térreas, asalmonadas y blancas del monte.

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Vista meridional del caserío del antiguo rento de Altamira en Ademuz (Valencia), en el extremo septentrional del término (2015).

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Vista de la Hoya y Dehesa de Altamira en Ademuz (Valencia), desde los corrales del rento, en el extremo septentrional del término (2015).

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Vista parcial del caserío y corrales del antiguo rento de Altamira en Ademuz (Valencia), en el extremo septentrional del término (2015).
El caserío de la antigua masada de Altamira es hoy un despoblado formado por un conjunto de corrales, descubiertos, eras, pajares y otras edificaciones, agrupadas en torno de un secular pino. Inicialmente el rento estuvo habitado, constan los intentos del señor de Torrealta, don Francisco Garcés de Marcilla, a mediados del siglo XVIII (1760), por formar un asentamiento agropecuario permanente para explotar su hoya y dehesa. El intento de poblar la zona fracasó, y a principios de siglo pasado (1917), el barón de Andilla vendió su propiedad al Ayuntamiento de Riodeva. Hasta mediados de la pasada centuria, el rento estuvo ocupado sólo de forma temporal, permaneciendo hoy totalmente arruinado.[6]

Dejé la zona del rento de Altamira, regresando al camino principal de Mas del Olmo a Riodeva. Antes de emprender la vuelta bajé un trecho en dirección a Riodeva, hasta encontrar la fuente de la Canaleja, que queda a la izquierda del camino, al amparo de una chopera. La de la Canaleja es un hontanar de un solo caño con un alargado abrevadero, todo ello sombreado por álamos lombardos que a esta altura de la estación ya había perdido su follaje dorado. Pasé por este mismo lugar en verano, venía entonces de Riodeva, en dirección a Mas del Olmo. Me llamó la atención entonces la frondosidad del lugar, el verde oscuro de los chopos de la rambliza que forma el amanadero. Ya entonces pensé en volver en otoño, para recoger alguna fotografía con los chopos amarillos, pero he llegado algo tarde, ya que como digo la mayoría del ramaje otoñal ha desparecido. Lo intentaré el año próximo, Dios mediante, pues el lugar merece la pena...

Desde la fuente de la Canaleja, en el extremo septentrional del Rincón de Ademuz, el camino de vuelta a Mas del Olmo constituye una penosa subida rodeada de zonas de cultivo alternadas con bosquecillos de chaparros, quejigos y otros quercus. Al llegar a la cima el camino continúa en descenso, y luego en llano, ya por la vertiente opuesta, en dirección meridional. En ningún punto del trayecto encontré a nadie, son lugares solitarios. De tener algún percance, aquí me quedo, pensé. La tierra es arcillosa, rojiza, para tornarse después blanquecina, caliza. El paisaje muy agreste, aunque humanizado por lo que resta de la actividad agraria; las fincas abancaladas, aquí predomina el cereal y los almendros, aunque ya nada es lo que fue, pues muchas propiedades se hallan baldías, con los portillos desmoronados. A lo lejos, esto es, al suroeste, se distingue la silueta de la Loma del Romance y la pista que baja hacia la aldea de Ademuz. Arribado al camino principal que venía siguiendo, dejo el de Altamira y continúo hacia Mas del Olmo por la izquierda. A unos cientos de metros arribo a una zona vallada denominada "Mal Paso", área de acampada sombreada por chopos lombardos y sargas, y centrada por una fuente, en cuyo entorno hay mesas, asientos y unas construcciones con servicios y quemadores. Junto al abrevadero veo a un vecino que está dando de beber a un animal que porta del ronzal, al que acompaña un perro nervioso de pelaje claro que acude al verme.

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Vista de la fuente de la Canaleja en Ademuz (Valencia), detalle del pilón y  abrevadero (2015).

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Vista de la fuente de la Canaleja en Ademuz (Valencia), con detalle de los chopos que la circundan (2015).

Detengo el vehículo, aparco y me acerco a charlar un momento con el vecino, ya que como digo no resulta frecuente encontrarse con alguien por estos andurriales. Además, me gusta conversar con la gente de cada lugar, siempre se aprende algo. Al acercarme, el vecino parece receloso, así que me identifico y explico el motivo de mi excursión. Al nombrarle a varios vecinos de la aldea a los que conozco parece sosegarse. Hablamos también del tiempo, del día tan estupendo que hace, aunque no es habitual en esta época, de la fiesta de Santa Bárbara que celebrarán dentro de poco, de los panes de la caridad y de los caridaderos. Varias veces he estado en la aldea para recoger los molletes.[7] El vecino, que reside habitualmente en la aldea, está casado y tiene un hijo fuera ya mayor. El animal que le acompaña es una burra de pelaje negro que compró a un vecino de Alobras, Teruel; la llama "Lola", parece un animal pacífico y tranquilo como suelen ser los de su especie. El hombre la utiliza como montura y le sirve de compañía, como la perra que le sigue. Mi contertulio nació al comienzo de la II República y después del servicio militar participó en los trabajos de reforestación de la zona a comienzo de los años cincuenta: iban cuarenta o cincuenta mozos del lugar, él entre ellos. Eran tiempos duros, de mucho trabajo y escaso jornal. Entonces la aldea rebullía de gente, con más de cien vecinos, lo que suponía unos cuatrocientos habitantes en 1950. Para dar de comer a tantas bocas cabe pensar que todo el término estaría cultivado, hasta las laderas más empinadas. Sin embargo, el mantenimiento de la dinámica poblacional en Mas del Olmo no se debió a la expansión agrícola, sino al auge de La Azufrera de Libros: el cierre de las minas y la crisis local de la agricultura suposo el progresivo despoblamiento de la aldea: 312 habitantes en 1960, cifra que descendió a 33 habitantes en los primeros años noventa (1991-96), y ello pese al centenar de casas censadas.[8] Asimismo, gran parte de las fincas se hallan yermas, abandonadas, por causa de la falta de brazos que las cultiven. Los vecinos que quedan podrían contarse con los dedos de las manos, estando la mayoría jubilados. Decía Homero de sus héroes que "la necesidad les obligó a ser guerreros". A los vecinos de Mas del Olmo, como a otros tantos de las aldeas, pueblos y lugares de estos pagos, la necesidad (de comer) les obligó a ser emigrantes, otra forma de ser guerreros; y se marcharon para no volver, pues fue un viaje sin retorno...

Le comento al vecino la impresión que me ha causado la plaga de procesionaria que afecta a los pinos en cuya plantación intervino él. "¡Sí, es triste ver cómo los pinos se debilitan y mueren, con lo que costó plantarlos! Parece que la peste ataca más a los árboles de las tierras blancas, calizas. Otras veces han fumigado con avionetas para controlarla, pero ahora parece que no hacen nada". Conversando, conversando, resulta que conoció a mi padre, que fue tratante en los años cincuenta, cuando se celebraban ferias de animales en Ademuz. Como es conocido, éstas tenían lugar donde el molino Nuevo, y había dos anuales: una en marzo (por San José) y otra en noviembre (por Todos los Santos), a esta última se la denominaba "de los burros", porque acudían los comerciantes de animales para la carne, de asnos y machos viejos. Hay un tono de añoranza en la voz de mi informante, apenas queda nada de aquel mundo de su juventud. Desapareció el trasiego de gentes y animales por los caminos. Los campos están hoy en gran parte baldíos, las casas cerradas, las calles desiertas, el horno de pan cocer es hoy un "Museo del Pan" que pocos visitan, como las antiguas escuelas, también cerradas; sólo en momentos puntuales del año regresan algunos descendientes del lugar, al verano, por Santa Bárbara, en Pascua... El lugareño vive con su mujer en la aldea, se dedica a sus almendros, aunque en esta época sólo sale al campo por la mañana... Comentaba que en sus trabajos le acompaña siempre su burra y la perra vieja color canela que tiene. Me invita a tomar una cerveza a su casa, y se lo agradezco; le hago saber que tengo prisa, como ciertamente sucede; así que quedamos para charlar y tomar algo en otra ocasión. Antes le pedí que posara para una fotografía con la burra, aunque fuera de espaldas; mas celoso de su imagen no consistió, sólo me permitió sacar una foto del animal...


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Detalle de un corral-descubierto junto al camino de Mas del Olmo a Riodeva, vía rento de Altamira en Ademuz (Valencia), 2015.

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Vista parcial del área de descanso y acampada de "Mal Paso" en Mas del Olmo-Ademuz (Valencia), con detalle del abrevadero y los quemadores  (2015).

A modo de epílogo.
Tras despedirme del vecino de Mas del Olmo emprendí el regreso, dudando por un momento si hacerlo por el camino rural asfaltado que lleva a Ademuz vía Val de la Sabina o retornar por donde había venido. Me decidí por este último trayecto, vía la Loma del Romance, porque me pareció más corto, y rápida la bajada. No obstante, al llegar a Los Molares, donde lo de Miguel Yuste, en vez de seguir el camino de Torrealta (noroeste) tomé el de la izquierda (suroeste), para bajar al valle por la Umbría de la Sagra y el barranco del Charcal. Esta ruta ofrece además unas vistas estupendas de la vega del Turia, desde Torrealta hasta Ademuz, con Torrebaja a los pies. Al llegar al valle la vía pasa por debajo de la variante de la CN-330, para dar al camino de las Casas de Guerrero, y atraviesa el Turia por el puente de Guerrero, frente al molino de Abajo o del Señor, ya en Torrebaja. Al llegar a la Ermita de San José,[9] frente a la que luce un copudo castaño de indias (Aesculus hippocastanum) con un banco circular de obra entorno de su tronco, pueden seguirse dos vías: hacia Torrebaja, por la derecha, vía el molino de San José y hacia Ademuz por la izquierda, siguiendo el camino de Las Vueltas.

Los actuales caminos de la montaña recorridos en este trayecto se hallan en buen estado, aunque podrían estar mejor. Especialmente si se cuidaran los drenajes y se apisonara el piso con zahorra, así no se desharían ni se formarían las profundas arroyadas que se forman cada vez que cae una lluvia importante. Sopongo que ello supondría una inversión imposible de asumir, pues los recursos son limitados. En cualquier caso son de agradecer los trabajos realizados en estas vías rurales, y merece la pena conservarlas con mimo, pues aunque parezca que no conducen a ninguna parte, permiten llegar a muchos sitios, a los cultivos, a las aldeas y a disfrutar de las maravillas de la naturaleza en estado puro.

Desconozco si las autoridades responsables del cuidado y mantenimiento del monte son sabedoras del estado de los pinares existentes en esta parte nororiental del Rincón de Ademuz, en los que hemos visto una devastadora plaga de procesionaria asolando el bosque. Se trata de miles y miles de pinos, extendidos por muchas hectáreas, cuyas frondas han perdido su típico color verde y lustroso, para adquirir otro pardooscuro y exangüe, debido a la roedura de sus hojas por las orugas. Y de saberlo, me pregunto si tienen pensada alguna intervención urgente, pues el pinar, imperdonablemente, agoniza. En cualquier caso, los municipios afectados, o la Mancomunidad de Municipios en su conjunto, deberían exigir ante quien corresponda alguna solución.

En suma: la mayor riqueza del Rincón de Ademuz es potencialmente su paisaje y medio ambiente, un patrimonio legado por la Naturaleza y la geografía, y por los que nos precedieron sobre este paisaje. Nuestra responsabilidad como vecinos y moradores de estos pagos es cuidarlo y mantenerlo, para dejarlo a las nuevas generaciones, al menos como nosotros lo recibimos. Vale.




[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El camino de la "Vera Cruz" a su paso por el Rincón de Ademuz, del martes 11 de septiembre de 2012.
[4] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2008). El barrio minero y la Azufrera de Libros (Teruel), una visita guiada (I y II), en Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, vol. II, pp. 387-424.
[6] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo (2015). El Rincón de Ademuz en imágenes: aldeas y lugares (I), Valencia, pp. 281-293.
[7] ID. A Más del Olmo (Ademuz), por Santa Bárbara, del miércoles 7 de diciembre de 2011.
[8] RODRIGO ALFONSO, Carles (1998). El Rincón de Ademuz. Análisis geográfico comarcal, Valencia, pp. 91-92.
[9] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La ermita de San José en Torrebaja (Valencia), del miércoles 13 de marzo de 2013.