jueves, 4 de diciembre de 2014

DESDE EL MIRADOR DEL CASTILLO DE CASTIELFABIB (VALENCIA) [y III].



A propósito de una visita a la villa y al solar de la antigua fortaleza.


“Pero ocupados posteriormente estos fuertes por las tropas naciones,
les minaron arruinando las nuevas obras fabricadas”
-Pascual Madoz, Diccionario (1847)-.



---->> Viene de II.
       Respecto de los castillos musulmanes, el hispanista Pierre Guichard (La Côte-Saint-André, 1939), esboza una estructura general:
--1) Un recinto habitado, la medina rodeada de muralla (posteriormente, la villa cristiana).
--2) Un recinto superior fortificado, formado por dos elementos: el denominado albacar/albacara (zona relativamente amplia, incluyendo aljibes, establos, almacenes y mezquita), con función defensiva temporal para los moradores de la villa, donde se refugiaban con sus rebaños y otras posesiones materiales en momentos puntuales de peligro), y la saluqiya (nivel más elevando de la fortaleza y con mejores fortificaciones, que los cristianos conservaron con el nombre de celloquia/celoquia), donde se alojaba la guarnición que la defendía y la autoridad militar que la mandaba.

            Dicho así, el medievalista francés incluye bajo el término castillo el conjunto de la villa habitada y la estructura propiamente militar y defensiva: el albacar/albacara y la saluqiya/celoquia. De esta forma, el albacar de la fortaleza de Castiel podría corresponder al recinto inferior que hemos descrito desde la base de la torre-campanario (que dicho sea de paso también formaba parte de la estructura defensiva). Mientras que la saluqiya/celoquia incumbiría al espacio superior, la parte más elevada y mejor fortificada. Para Guichard, el albacar musulmán estaba gestionado por los moradores de la villa, mientras que la celoquia sería de la exclusiva competencia militar (alcaide), nombrado por la autoridad central, en nuestro caso el rey. El mismo autor opina que tras la conquista el albacar se abandonó, a favor de la celoquia.[1]
Sin embargo, el supuesto albacar de Castiel resulta un espacio muy reducido como para albergar a los moradores de la villa, incluyendo sus rebaños y posesiones materiales, aunque ello sólo fuera en momentos de especial peligro, pues ya hemos visto que debía contenía además aljibes, establos, almacenes... Resulta más razonable pensar que el conjunto de estructuras sitas sobre el peñasco amurallado constituiría propiamente la celoquia, mientras que el albacar se hallaría al pie del castillo, extensivo incluso a lo que se denomina Villa Vieja, recinto ubicado al norte de la actual-iglesia fortaleza y en un plano inferior respecto del cerro. Pero esto es sólo una hipótesis, que los arqueólogos deberán dilucidar mediante prospecciones y a la luz de los documentos...

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Vista aérea nor-occidental de la iglesia-fortaleza y castillo de Castielfabib (Valencia), con el caserío de la villa en posición inferior [Tomada del Servicio de Patrimonio Cultural de la Generalidad Valenciana].
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Vista frontal de la fachada occidental de la iglesia-fortaleza de Castielfabib (Valencia), después de la restauración, con detalle del "paso de ronda" en la parte superior del cubo, las ventanas geminadas en gótico rural aragonés, la cúpula octogonal de la capilla de los Espejo y el capitel piramidal de la torre-campanario (2013).
 
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Vista de la parte alta del caserío de Castielfabib (Valencia), desde la base del Torrejón con detalle de la iglesia-fortaleza y castillo al fondo (2014).
El castillo medieval constituye un símbolo de poder o domino territorial, y en una zona montañosa como la nuestra, su ubicación no podía ser otra que en una altura, desde la que dominar el entorno y las vías de comunicación junto al río, además de servir de refugio en momentos de peligro. Ello no significa que desde el castillo debiera verse todo el territorio de su jurisdicción, ya que en su entorno existirían otros pequeños castillos o torreones más o menos alejados, pero vinculados al principal: “Todos esos enclaves conformarán el conjunto castral cuya misión será ejercer una acción directa sobre el territorio que se le adscribía. De ahí que todo castillo principal deba tener en el área de su dominio otra serie de construcciones secundarias, y éstas, a su vez, unos puntos estratégicos en los que se situarán torres de vigilancia”.[2] El castillo de El Cuervo y el de Tormón debieron cumplir esta misión en el “conjunto castral” respecto al de Castiel y Ademuz, junto con distintas “torres de vigilancia” hoy desparecidas por la debilidad de los materiales con que fueron edificadas.
Del castillo de Castiel sólo se conserva una parte de los muros exteriores, un fragmento de pared en la zona más alta de la celoquia, dos aljibes y algunas estancias en la zona oriental, además del cubo de muralla o presunto torreón del Homenaje donde se aloja la iglesia parroquial, así como la torre-campanario -que también formó parte de su sistema defensivo: al menos la que autorizó construir Alfonso IV el Benigno en 1333-.[3] Estos últimos se han conservado porque tuvieron utilidad posterior como edificios religiosos, pues sin la iglesia el torreón también hubiera desaparecido. Pero al ser habilitado como iglesia en fecha temprana, se conservó… Los muros exteriores han permanecido por el tipo de materiales empleados en su construcción, la mampostería de cal y canto, y también por su grosor. Los aljibes se hallan en la parte más alta, y debían formar parte de otras edificaciones, desde cuyas cubiertas se canalizaría el agua hasta los depósitos. El resto de edificios interiores –habitaciones, establos, almacenes...- han desaparecido, básicamente por la escasa consistencia de los materiales con que se levantaron: “Lo único que se conserva a veces de esas estructuras son las marcas que las cubiertas han dejado en determinadas paredes interiores” (López Elum, 2004:109).

Dado lo perdido de sus ruinas no se puede saber cómo fuera el castillo musulmán de Castiel, pero en general, “es totalmente absurdo pensar que los escasos restos que actualmente se pueden contemplar (en estos castillos) fueran los únicos que los conformaban en la época musulmana”. Asimismo, “es erróneo suponer que estos castillos islámicos, utilizados posteriormente por los cristianos más de forma esporádica que continua, vieran después de la conquista –salvo casos concretos- aumentar sus instalaciones interiores para transformaciones llevadas a cabo por los repobladores del norte”. Y sigue diciendo, “En términos generales se puede afirmar que pocos castillos cuya datación se remonte a época musulmana, tuvieron después de la conquista, una situación de mantenimiento y conservación superior o mejor a la que habían disfrutado antes. La actuación cristiana rara vez mejoró la existente, y a lo sumo evitó, en escaso grado, que se fuera arruinando más” (López Elum, 2004:108).

Respecto a la tipología, ya hemos dicho que se trata de un castillo roquedo, adaptado al terreno, cuya misión era controlar el territorio y las vías de comunicación, además de servir de refugio a la población que vivía bajo su protección en momentos de especial peligro, razzias/cabalgadas, invasiones, etc. Poseía los elementos estructurales clásicos: celoquia, albacar, medina o conjunto de viviendas distribuidas por la parte baja (villa, en la época cristiana), esto es, un “hábitat asociado” permanente dedicado básicamente a la agricultura y ganadería, todo ello rodeado de una muralla; aunque dada la disposición abrupta del terreno alguna de sus partes, tal el albacar no esté bien definido. Vemos así que el castillo de Castiel puede incluirse entre los comunes del interior del territorio valenciano:
  • <Se situaban en la zona más montañosa del país, menos poblada, más alejada de la costa, y de menor relevancia económica y política. Concentraban un poblamiento con economía agro-pecuaria, y sus construcciones pueden englobarse bajo el epígrafe de castillos rurales. Dada su escasa importancia política y económica, su superficie era más reducida y sus elementos simplificados notoriamente en cuanto a tamaño>.[4]

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Vista aérea sur-oriental de la iglesia-fortaleza y castillo de Castielfabib (Valencia), que se alzan sobre un peñasco por cuya base discurre el río Ebrón [Tomada del Servicio de Patrimonio Cultural de la Generalidad Valenciana].
El castillo de Castiel como centro de poder.
Según el historiador que venimos siguiendo, vemos que “en la zona del Sharq al-Andalus que aquí estudiamos (el territorio que después sería el reino de Valencia), el poder se concentraba en los centros urbanos o en las ciudades más relevantes, tanto en el siglo X como en el XIII”, ya que “En ellas residían las personas que ejercían el control sobre aquel espacio geográfico dentro del ámbito islámico” (López Elum, 2004:114-115). Al respecto, el autor se pregunta: “¿Dónde se ubicaban esos puntos neurálgicos entre los siglos X y XIII? Indiscutiblemente en las ciudades más importantes de cada cora”. A lo largo del tiempo estas “ciudades” no fueron siempre las mismas (la negrita es mía):

  • <En el siglo XII al-Idrisi -se refiere al geógrafo y viajero hispanomusulmán, Abū Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī (1100–ca.1165-66)- más prolijo, hace una relación más detallada, refiriéndose a las ciudades de Orihuela, Elx, Alzira, Xàtiva, Valencia, Borriana, Denia, Alicante, Alpuente y Onda y a los castillos de Aspe, La Mola, Petrer, Crevillent, Biar, Cullera, Ontinyent, Llíria, Domeño, Chulilla, Ademuz, Castielfabib, Orba, Bairén, Palma de Gandía, Ayora, Cortes de Pallás, Torís, Olocau, Buñol, Almenara, Sagunt, Ifach y Morella>.[5]


El autor nos recuerda que “ciudad era un centro administrativo y militar”; asimismo, "aquélla (la ciudad) era considerada por los árabes como una residencia fortificada que irradiaba poder”. Pues “en la España musulmana, las ciudades sustituyeron a las provincias como unidades administrativas” (López Elum, 2004:115-117). Respecto al sistema defensivo, éste dependía de si el centro de poder (“ciudad”) se encontraba en llano o en una zona montañosa: en este último caso, “la posición geográfica determinaba que aquellos puntos defensivos y de control se situaran allí donde la orografía del terreno lo determinara” –tal el caso de los castillos de Ademuz y Castielfabib, para nuestra zona-. Y en relación con los cursos de agua: Ademuz controlaría el paso del Turia y Castielfabib el del Ebrón, afluente del Turia en Torrebaja.

“¿Qué fue de estos castillos, una vez realizada la conquista cristiana?” –se pregunta el autor-. La pregunta es pertinente, pues hay interpretaciones distintas: para unos, los castillos se adaptan a las necesidades de una sociedad distinta de la musulmana, siendo lo más notable que “la parte central de la fortificación se convierte en castillo señorial” (Guichard y Bazzana). Para otros, sin embargo, lo que se produce es “un general abandono”, con la excepción de los donados a ordenes militares, hasta el punto “que la documentación de los siglos XIII y XIV no sólo se expresará reiteradamente en esos términos, sino que advertirá de las consecuencias negativas de ese abandono”, hasta el punto que “Esta documentación inmediata a la conquista ofrece la visión de unas construcciones que, al pasar a manos cristianas, ya estaban muy deterioradas. Las obras que se realizaban tenían la finalidad, no siempre conseguida, de reparar los elementos existentes”. […] En este sentido hay que entender los dos diplomas de 22 y 23 de marzo de 1296 referentes a Ademuz: in opere et reparatione.[6] Asimismo, “en 1297 el estado de deterioro del castillo de Castielfabib era tan grande, que a veces ni siquiera tenía agua.[7] Así se desprende de un documento por el que se entregaban 400 sueldos para la actuación destinada a tal provisión: ab defectum et in ipsa aqua in dicto castro necessaria quedam aljupum (López Elum, 2004:123-124 y 127). Los documentos citados son de finales del siglo XIII, ya en tiempos de Jaime II el Justo (1291-1327), y deben verse en relación con la contienda contra Castilla para conquistar el reino de Murcia, conflicto que terminaría con la Sentencia Arbitral de Torrellas (1304) y el Tratado de Elche (1305).

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Vista aérea de Castielfabib (Valencia), con detalle de la iglesia-fortaleza y castillo a la derecha de la imagen [Tomada del Servicio de Patrimonio Cultural de la Generalidad Valenciana].
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Vista aérea de Castielfabib (Valencia), con detalle de la iglesia-fortaleza y castillo en la parte central de la imagen [Tomada del Servicio de Patrimonio Cultural de la Generalidad Valenciana].
 
Respecto de los castillos de Sharq al-Andalus (siglos VIII-XIII), y en concreto los del reino de Valencia (siglos XIII-XIV), tras la conquista cristiana, López Elum, concluye:

  • <[...], el sistema de castillos musulmanes se vio deteriorado en los últimos momentos de su dominación, lo que se agravó aún más durante el siglo XIII por lo costoso de su mantenimiento. Esta centuria fue nefasta. Por una parte, la descomposición política anterior a la conquista incidió negativamente en muchos de ellos, ya que se vieron privados no sólo de la fuerza militar, sino también de las reparaciones y mantenimiento adecuado, con lo que se acentuó su deterioro. A esto habría que añadir las destrucciones más o menos amplias que los musulmanes debieron llevar a cabo antes de ser desalojados [y los daños ocasionados por la propia conquista]. Pero el golpe más duro lo recibirían de los conquistadores. Jaime I y sus inmediatos sucesores se encontraron con un territorio que poseía un elevado número de fortificaciones y en el que iba a seguir viviendo una gran parte de la antigua población musulmana. De ahí que tuviera que destruir algunas de ellas, al resultar peligrosa su ubicación, o porque todas no se podían ocupar militarmente, dada la escasez repobladora. Su eliminación se presentaba como una necesidad para evitar riesgos. Por eso Jaime I, en algunas donaciones, dejaba a voluntad del nuevo propietario quedarse con uno y destruir otro. La política real sería, en todo caso, clara en cuanto a los restantes, ya que se debían reparar las partes más dañadas. Muchos diplomas consultados insisten en este aspecto, pero en pocos casos se llevó a la práctica>.[8]


El resultado de la falta de mantenimiento, la inactividad y el abandono de los castillos valencianos tras la conquista tuvo efectos nefastos en épocas inmediatamente posteriores, “como se puso de manifiesto a mediados del siglo XIV en la guerra con Castilla. Solo en periodos de guerra o conflictos internos cobraron cierta relevancia”. Ello tiene su explicación, pues “Los castillos valencianos se levantaron para hacer frente a unos enemigos concretos, los estados cristianos del norte, los reinos musulmanes colindantes [en la época de las taifas] y, finalmente, los almohades [1147 a 1269]. Tras la conquista desapareció el potencial peligro que les podía sobrevenir por la zona septentrional. Al extinguirse los reinos musulmanes y sólo quedar el de Granada, la fuerza islámica disminuyó, aunque no el peligro de Castilla” –véase la guerra castellano-aragonesa de los dos Pedros (1356-69) y la Guerra con Castilla (1429-30), pues ambas afectaron de lleno a las villas del Rincón de Ademuz-.

Sabemos que Alfonso el Benigno (1327-36) concedió permiso “a los clérigos de Castro-Habib” para levantar una torre nueva, “de las primicias del lugar”, cerca de la puerta del castillo, “el cual castillo es contiguo a la iglesia del citado lugar”, añadiendo que “esta torre será para el citado castillo muy útil y participará en la gran fortificación y en la defensa de este castillo” [1333, febrero 17].[9] Asimismo, tenemos constancia de la “asignación de réditos y primicias” del lugar de El Cuervo y otros lugares “para reparar el castillo de Castielfabib” [1336, febrero 7];[10] y de la “aprobación de arbitrios para apresurar las obras de las murallas de Castielhabib” [1336, septiembre][11] y del “permiso para invertir el producto de las salinas en construir una torre y muralla en Castielfabib” [1337, febrero 7].[12] Registros que nos informan de obras previstas o realizadas, esto es, de obras de nueva planta y más de reparación, y de las fuentes de financiación que se propusieron: primicias del lugar de Castielfabib y El Cuervo, arbitrios y el producto de las salinas. También conocemos que el rey Pedro el Ceremonioso (1336-87) estando en Barcelona, ordenó “que los costos de las obras para reparar los aljibes del castillo de Castielfabib fueran a cargo del obispado de Albarracín, puesto que tenía los derechos de las primicias” [1378, junio 25].[13]

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Vista occidental de la iglesia-fortaleza y castillo de Castielfabib (Valencia), con detalle del peñasco calizo sobre el que asienta (2004).
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Vista posterior (oriental) del conjunto arquitectónico de la iglesia-fortaleza y torre-campanario de Castielfabib (Valencia), con detalle de las cúpulas del presbiterio (izda.) y capilla de los Espejo (derecha).


Con posterioridad, “ya en 1425, y ante el peligro de una posible confrontación en las comarcas del Rincón de Ademuz y de los Serranos –esto en relación de la Guerra de Castilla (1429-30)- el rey, a través del baile general, ordenó que se repararan y mantuvieran a punto los castillos fronterizos, citándose en concreto al de Castielfabib, algunas de cuyas partes amenazaban ruina y necesitaban urgentes arreglos”.[14]

Por otros documentos anteriores, referentes a distintas obras de reparación que se llevaron a cabo en el castillo de Castielfabib durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XIV (1349-52)[15] y posteriores, años cincuenta del XV (1452-58)[16] sabemos que dos siglos después de la conquista la fortificación conservaba una estructura similar a la que tuvo en tiempo de los musulmanes, pues en la memoria de las obras se citan espacios del castillo con funciones bien diferenciadas, típicas del castillo musulmán. Por la memoria de las primeras obras reseñadas, comenzadas el 26 de agosto de 1349, vemos que estas "Començaren en las casas y palacios del dicho castello (de Castielfabib)".[17] Las expresiones "casa y palacio" no deben entenderse en sentido literal, sino "para distinguir dos tipos de construcciones". Para aquellas obras se compraron "Uns tapials, IIII aguelles de ferre, VIII costals de fust y Un frontal de fust", materiales por los que se ha deducido que la técnica a emplear era el tapial (López Elum, 2002:66). El mismo autor dice que el registro de las obras contiene el nombre de los obreros, hombres y mujeres que intervinieron en las mismas. Asimismo, relata el texto que al final de la obra (1352) "se comenzó a escombrar la torre sobre la puerta del castillo en la casa de la entrada de la celoquia". Sabemos que la celoquia era la parte más elevada y mejor obrada de la fortificación, y que la torre a escombrar se hallaba "sobre la puerta del castillo en la casa de la entrada de la celoquia"; no obstante las precisiones, dado lo perdido de las ruinas resulta muy difícil, por no decir imposible, situar con seguridad cada elemento sobre el terreno.


Durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-69, al final de la segunda fase del conflicto (1362-63), concretamente el 11 de febrero de 1363, Pedro IV el Ceremonioso insta a los jurados de Castielfabib "para que en los momentos de asedio, tanto el castillo como la población se proveyese de agua del río (Ebrón), ya que le habían hecho saber que el canyo qui fue feyto antigament per tomar la dita agua no es apparellado ni adobado,[18] ordenando su reparación "por la manera que se fazia antigament en tiempo de moros".[19] Asimismo, con la misma fecha pide se le informe "sobre los lugares y castillos de Alpuente, Ademuz y Castielfabib y de las obras y avituallamiento que necesitaban". A tal fin manda "visitar y destruir todos aquellos edificios que estuvieran situados en la cercanía del de Castielfabib". (López Elum, 2002:66-67). Esta fase del conflicto castellano-aragonés concluyó con la Paz de Murviedro (1363). 
Al final de la tercera fase de este mismo conflicto (1363-69), un documento de fecha 22 de noviembre de 1369 evidencia el estado del castillo de Castiel: "Pedro IV le indicaba al lugarteniente del gobernador que el alcaide (de Castielfabib) le había dicho que está muy mal hobrado entre las cosas que no y puede haver agua, e indicaba que las obras de los aljibe concluyeran porque es cosa de poca mission, segun habemos hentendido, es la que es mas neccessaria a toda fuerza de castiello... e si d`aqui por todo el mes de mayo primo vinient no hauremos feta acabar los dits aljups la hora puda detenir e dexar el castiello".[20] Como concluye el autor, de las palabras del texto "se puede constatar que el sistema de aprovisionamiento de agua no llegaba al castillo cuando en época musulmana funcionaba sastisfactoriamente" (López Elum, 2002:67).

          Por la memoria de las obras de 1452 vemos como el notario de Castiel, Pedro Vicente, por mandato del Baile General del reino, Berenguer Mercader, relata el progreso de los trabajos realizados en el castillo de la villa, anotando que se llevaron a cabo, “tanto en la celoquia como en otras partes de dicho castillo, de hacer ciertas paredes y cubiertas y reparar torres y cubiertas que estaban derruidas” –dichas obras comenzaron en marzo de 1452 y concluyeron “en el décimo día del mes de noviembre del año de dicha Natividad de Nuestro Señor”-.[21]

           Como oportunamente hace notar José Rueda (2002:29), aquí se hace mención de la autoridad central, el Baile General del reino de Valencia, por cuya autoridad se emprendieron las obras, y de su delegado local, el notario de Castiel. Se nombran aquí la celoquia (Del árabe: saluqiya), el recinto más alto y fortificado, con función estrictamente militar y defensiva, amén de otras partes como paredes, torres y cubiertas “que estaban derruidas”; se trata pues de obras de reparación, no de obra nueva.

          El domingo 26 de marzo del mismo año subieron al castillo las autoridades de la villa, el justicia, los jurados y otras personas notables, “para ver, reconocer y concordar el modo de la obra y las reparaciones más necesarias de dicho castillo”. Tras la inspección acordaron “que la primera reparación y obra fuera dicha casa de la celoquia, sin la cual el alcaide no podía habitar”. Ello significa que el responsable militar se alojaba habitualmente en esta parte del castillo. Asimismo, tomaron la decisión de que no se les diese de comer a los trabajadores, “solamente de beber". Al respecto, no debemos entender que se le impidiera comer, sólo que el jornal no incluia la comida. En razón del acuerdo, "fue comprado medio cántaro de vino”.[22] Curiosamente, la inspección de las autoridades tuvo lugar un domingo, quizá para no perder jornada de trabajo...
       Atendiendo a lo acordado, al día siguiente, “lunes 27 de marzo de dicho año” se subieron los materiales, “cal y arena”, elementos para elaborar el tapial. A propósito de dicho material y la técnica constructiva, dice López Elum:
  • <Los castillos musulmanes valencianos, realizados en su mayoría a base de mampostería, y, sobre todo, de tapial –técnica que permite introducir en sus encofrados materiales de diversa calidad– fueron construcciones sólidas, pero también muy perecederas. Esto último explica que en la actualidad no se puedan apreciar muchos de sus antiguos elementos y que únicamente se contemple parte de sus antiguas estructuras. Por lo tanto, si tenemos sólo en cuenta los restos visibles para realizar una valoración o clasificación, ésta será errónea, puesto que se basa en una parte reducida de lo que en su día existió>.[23]

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Vista sur-oriental del peñasco calizo sobre el que asienta el castillo e iglesia-fortaleza de Castielfabib (Valencia), con detalle de la carretera que conduce a El Cuervo (Teruel), entre ambos túneles, desde la ribera derecha del Ebrón (2004).


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Vista nor-oriental del peñasco calizo sobre el asienta la iglesia-fortaleza y el castillo de Castielfabib (Valencia), con detalle de la perforación correspondiente al segundo túnel y el mogote de la Villa Vieja (2004).

          Según esto, los cristianos utilizaron las mismas técnicas y materiales constructivos que habían usado los musulmanes. Según la descripción, las obras iban avanzando, de forma que el viernes 14 de abril, “fueron a hacer cimientos. Y como sobrevino gran lluvia y no obraron sino medio día, por eso sólo tuvieron medio jornal”. La incidencia resulta curiosa, poniendo de relieve que si no se trabajaba, en este caso por una incidencia meteorológica, no se cobraba. El martes siguiente (18) de abril, “fueron a reforzar los fundamentos y reforzar el pie de la torre maestra y a tirar arena”. Cabe preguntarse, ¿a qué parte del castillo se refiere cuando dice “la torre maestra”? No lo sabemos, tal vez alude a la torre del Homenaje en la celoquia u otro torreón importante. Seguidamente, en relación con una incidencia técnica, esto ya el lunes 25 de septiembre, “como no se encontrara quien osase subir las grandes vigas maestras alto al castillo [...] fue dada orden que todos los oficiales pusieran mano a las cuerdas para tirar de dichas vigas. Y los del pueblo, dándose cuenta, se acercaron mas de 30 y 35 hombres y en dos mañanas antes de la hora de ir a faenar en las viñas, a fuerza de brazos las dichas vigas fueron subidas alto al castillo, y por eso se les dio de almorzar cada una de las dos mañanas”. La anécdota no resulta baladí, ya que nos hace saber, de una parte, el material empleado, “grandes vigas maestras”, de otra, el personal técnico, “los oficiales”, y de otra, la colaboración de los vecinos, que durante dos mañanas ayudaron en la subida de las vigas, y el tipo de labor que realizaban en los campos de Castiel, pues su colaboración tuvo lugar “antes de la hora de ir a faenar en las viñas”, en compensación de su colaboración se les dio de almorzar (José Rueda, 2002:30). En el célebre documento datado en Castielfabib el 26 de agosto de 1210, mediante el que Pedro II de Aragón concede a los hospitalarios de San Juan de Jerusalén la iglesia de la villa, con sus diezmos y primicias, ya se menciona la existencia de viñas plantadas. [24]. Estamos diciendo de ciertas obras que tuvieron lugar en 1452 en el castillo de Castiel, y del rasgo de solidaridad que tuvieron los hombres de la villa al darse cuenta de que los obreros y oficiales no podían subir ciertas vigas a la celoquia... ¡No les pagaron nada por ello, sólo les dieron de almorzar! Ello nos lleva a pensar que las gentes de aquel tiempo tenían los mismos sentimientos que los de hoy: qué duda cabe que sentirían amor, odio, envidia, deseos de venganza, frustración, esperanza, solidaridad... Pero lo que no podemos saber es cómo vivían estos sentimientos, cómo eran sus relaciones personales, familiares, lo que pensaban, cómo veían su mundo y su sociedad; en cualquier caso hemos de pensar que serían muy distintos a nosotros, gentes del siglo XXI, pues somos antes hijos del tiempo histórico que nos ha tocado vivir que de nuestros progenitores...

Volviendo al hilo de nuestros discurso vemos que, además del tapial, en las obras del castillo de Castiel se emplearon otros materiales, como la piedra, pues con motivo de otras obras que tuvieron lugar el domingo 19 de enero de 1455, “fue acordado que el portal más externo del castillo y la torre adyacente a aquel fuesen obrados y reparados, ya que estaban muy derruidos y mal parados, y es lo que debía estar más fuerte y más obrado. Así que por los honorables justicia, jurados y consejeros fue decidido con Pedro Climent, maestro de dicha obra, que él obrase tantas piedras picadas cantoneras que bastasen a las dos esquinas exteriores de dicha torre, dicho maestro ha obrado ciento cincuenta piedras de altura de dos palmos y algunas de un palmo y medio...”. Surge aquí otra pregunta, ¿a qué se refiere cuando dice “el portal más externo del castillo y la torre adyacente”? No lo sabemos con certeza, pero bien pudiera estar refiriéndose a la entrada del Carrerón o puerta de la Reja y al torreón en cuya base luce una entrada en arco de medio punto con dovelas. Las obras de reparación en el castillo de Castiel continuaron, pues dos años después, el jueves 24 de noviembre de 1457, “fue comprada a dicho herrero media arroba de clavos gruesos para clavar las barras de dichas puertas nuevas”, otros materiales para las puertas: anillas de  hierro para abrirlas, quicios, fajas de hierro de 42 libras y media de peso, etc. A tenor de lo visto hasta ahora podría pensarse que tras la conquista cristiana el albacar (Del árabe: al-baqqara, la vaquería o lugar del ganado), musulmán había desaparecido; pero no, pues vemos que el viernes 15 de marzo de 1458, “fueron subidos desde el albacar hasta arriba a la celoquia todos los postes y lo restante de las vigas...” (José Rueda, 2002:30-31). La cita no acaba de decirnos dónde se hallaba realmente el albacar del castillo de Castiel, sólo que éste estaba en un plano inferior, respecto de la celoquia, lo cual resulta indiscutible, ya que ésta era la parte más alta y mejor fortificada, donde residía el alcaide. Lo dicho se halla en relación con la afirmación de Guichard, quien afirma que tras la conquista el albacar se abandonó en favor de la celoquia: en el caso de Castiel vemos que a la fecha de mediados del siglo XV (1458), por lo menos todavía se conservaba el nombre del albacar. Con todo estimo que dicho recinto se hallaba al pie del castillo -en lo que hoy constituye la rampa de acceso al Carrerón y la zona correspondiente a la calle de la Reja-, no en lo alto del cerro; pues el espacio que resta a ambos lados inmediatamente por debajo de la celoquia resulta demasiado pequeño como para que en él pudiera guarecerse bajo techo el vecindario con sus ganados, caballerías y algunas pertenencias, ni aunque fuera temporalmente. Pues hemos de pensar que la función del castillo medieval –tanto del musulmán como del cristiano- era doble: de una parte militar y defensiva, y de otra, como refugio de la población en momentos de peligro, pero no sólo de la gente de la villa, también del poblamiento disperso, aldeas, rentos o masías del término.

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Vista occidental de la iglesia-fortaleza y castillo de Castielfabib (Valencia), datada a principios del siglo XX -en todo caso anterior a los años veinte, cuando se perforó el túnel de la Umbría, que aquí aparece todavía sin labrar-: la fotografía muestra el saliente del órgano, sito en la fachada de los pies del templo, y una estructura murada al pie del torreón, ángulo nor-occidental junto a la herrería, que demuestra que esta parte se hallaba también amurallada, conformando un recinto que bien podría corresponder al albacar (ca.1910-20) [Fotografía cedida por don Miguel Marín Adán (1907-2001), natural de Castielfabib].

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Vista nor-occidental de la iglesia-fortaleza de Castielfabib (Valencia), datada a principios del siglo XX: la fotografía muestra el saliente del órgano, sito en la fachada de los pies del templo, y una estructura murada al pie del torreón, ángulo nor-occidental junto a la herrería, que demuestra que esta parte se hallaba también amurallada, conformando un recinto que bien podría corresponder al albacar (ca.1910-20) [Fotografía cedida por don Miguel Marín Adán (1907-2001), natural de Castielfabib].
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Detalle de restos de muralla sitos en la parte alta, correspondientes a la zona de la Villa Vieja del castillo de Castielfabib (Valencia), 2004.

A tenor de la documentación conservada vemos que a finales del siglo XV (1480), el castillo de Castiel ya se hallaba en mal estado, pues consta un registro de esa fecha mediante la cual el rey Fernando el Católico escribe al baile general de Valencia, diciendo:
  • <Nos, havemos entendido que el rey, mi señor padre de inmortal memoria –se refiere a su padre y predecesor Juan II el Grande (1425-1479)-, ovo mandado que pues en el castillo de Castellfabib havia cal y otra manobra para obrar en el dicho castillo y porque aquell stava muy derribado, que las rentas reales de la villa de Castielfabib que antiguamente stan dedicadas para la reparación de dicho castillo fuesen distribuydas en la obra que stava empçada y no distribiessen en otra cosa>[25]
Nuevos datos acerca del material empleado en la reparación del castillo de Castiel a finales del siglo XV pueden verse en otros registros, pues consta una carta del baile general de Valencia a su lugarteniente en la villa, ordenándole que como sea que en el castillo hay cierta cal para hacer obras y no se efectúan, para guardar la cal, “se eche tanta arena como sea necesaria y la argamasa se guarde en lugar conveniente, para ser usada cuando se haga la obra” [1491, octubre 26].[26] El documento demuestra también que a finales del siglo XV el castillo todavía se hallaba activo, y todavía lo estaría a mediados del siglo XVI -al menos a efectos administrativos-, pues existe noticia de un registro datado en la fortaleza de Jovani, a 31 de mayo del año de la Natividad del Señor de 1540, por el que Carlos I de España y su madre la reina Juana I, conceden a don Francisco (Garcés) de Marcilla y Coalla, la Tenencia, Guarda y Castellanía (alcaldía) perpetua de Castielfabib, según la costumbre de España, con todos y cada uno de los derechos.[27]

Caminando por el alto del castillo de Castiel, desde la base de la torre-campanario en dirección meridional, veremos que a nuestra mano derecha quedan los muros arrasados de la fortaleza... En cierto punto hay una abertura en el muro, que permite el acceso desde la villa, siguiendo un camino cuasi vertical por la ladera. Toda es parte de la vertiente occidental del cerro se halla amurallada, muro que forma un semicírculo en la parte más austral. Ascendiendo una altura por la izquierda veremos que en el centro del cerro, en lo que podría corresponder a la celoquia, hay dos aljibes con el interior lucido, uno de ellos todavía conserva la cúpula... El centro del cerro lo constituye una zona rocosa más elevada, en cuyo centro luce un segmente o lienzo de muro solitario, correspondiente a alguno de los edificios o torreones de la celoquia. Por debajo de este pináculo, en la vertiente oriental del cerro, pueden verse otros tramos de muralla en la parte baja. Dicha zona ha sido excavada en tiempos recientes, hallándose diversos materiales, aunque no tengo constancia de que se hayan publicado los resultados...

            Por la base de la ladera oriental del cerro discurre la carretera que conduce a El Cuervo (Teruel), en su tramo entre ambos túneles, el de La Solana y el de La Umbría. Desde esta carretera parte una vía cementada que asciende en posición sur-oriental, hacia lo que probablemente fuera una de las entradas de la antigua muralla medieval. El cerro donde se ubica el castillo de Castiel resulta un lugar prácticamente inexpugnable, dada la fragosidad de su asiento. El punto de acceso natural desde la villa se halla interceptado por el conjunto monumental de la iglesia-fortaleza Nuestra Señora de los Ángeles, que ocupa una posición noreste, lo que supone hallarse en un punto medio entre la Villa Vieja y el cerro del castillo propiamente dicho.


            Acerca del armamento y la poliorcética medieval.
            Espero que algún día podamos tener algún estudio serio y con profundidad sobre el armamento y el sistema defensivo de Castielfabib, así como del armamento utilizado por lo que en distintos momentos lo asediaron y conquistaron. Ya hemos visto cómo dicen los cronistas que fue la conquista cristiana a los moros valencianos en tiempos de Pedro II de Aragón (1210).
Gual Camarena (1953), siguiendo a Zurita (1512-80) afirma “que el monarca se encuentra en marzo del año citado en Monzón, allí reúne sus ejércitos, entra en el país valenciano y gana por conquista las citadas fortalezas, continuándose después la lucha con grande furia”.
Escolano en sus Décadas (1610-11) escribe: “Dio vuelta á su casa el rey don Pedro ganada la victoria; y por llevarse ayuda de costa se puso de camino con su ejército sobre dos castillos y villas fuertes del reino (moro) de Valencia, que son Castiel Fabib y Ademúz, en los confines de Aragón, y las entró á fuerza de armas”.
Francisco Diago en sus Anales (1613) escribe: “Entro por la frontera que confina con Aragon y Castilla, y continuando la guerra con grande furia, gano por combate y fuerça de armas tres castillos de importancia, que fueron Ademuz, Castielfauib, y Sertella”. En relación con la toma de Castielfabib por Pedro el Cruel en 1364, durante la segunda fase de la Guerra de los Dos Pedros (1356-69), relata López de Ayala (1332-1407):
  • <Capítulo VI. Como el Rey don pedro tomo castiel Habibi y otros castillos. Y lo que fizo este año. Este año en el mes de agosto, después q(ue) el rey de Castilla supo de como el rey de Aragón viniera sobre Monuiedro, partio de Seuilla donde estaua y vinose a Calatayud. E luego partio dende y fue cercar vna villa y castillo acerca de t(e)ruel castielhabibi por quanto el la auia ganado otra vez y derara ende vn Cauallero suyo natural de Toledo que la tuuiesse: y los de la villa mataron le al alcayde y alçaronse con la dicha villa y Castillo: y tuuolo vn mes cercado tirandole muchos engeños, hasta que la cobró/ y dende fue a entrar en el reyno de valencia y gano la villa y Castillo de tierra y otros castillos al derredor: y quando el rey partio de castiel habibi desque lo ouo ganado embio dende al maestre de alcantara que dezian don gutier gomez de Toledo para que pusiesse algunas recuas de viandas en monuiendro por quanto los que ay derara el rey le embiaron a dezir que auian mucho menester viandas: y el maestre de alcantara con otros caualleros vassallos del rey fueronse para legozue que es en la frontera de aquella comarca poz poner las viandas en nonuiendro: y alli llegauan las recuas para las lleuar>[28]

          A los efectos del epígrafe, lo que más nos interesa del texto de López de Ayala propuesto es la forma en que Pedro el Cruel tomó el castillo de Castielfabib: "y tuuolo vn mes cercado tirandole muchos engeños, hasta que la cobró".
       Según hemos visto arriba, un castillo bien pertrechado y fortificado era difícil de rendir, pues los defensores tenían ventaja sobre los asaltantes. Una cuestión de interés es que las murallas que cercaban la villa y el castillo debían estar despejadas, para que los defensores tuvieran el campo visual libre y los atacantes no tuvieran lugar donde esconderse. Esta es la razón por la que en 1363 Pedro el Ceremonioso manda destruir todos aquellos edificios que estuvieran situados en la cercanía del (castillo/murallas) de Castielfabib”. En aquella ocasión, el rey castellano cercó la villa y castillo de Castiel, pero no se conformó con cercarlo durante un mes, además ustuvo “tirándole muchos engeños, hasta que la cobró”. Cuando dice “engeños” debemos entender que se refiere a ingenios o máquinas de guerra.
            De la antigüedad se había trasmitido a la Edad Media europea el conocimiento de diversas máquinas de guerra, tal la balista o fundíbalo, que era un artefacto utilizado para arrojar proyectiles de piedra o metal, para lo cual había que tensarlo mediante correas fabricadas con nervios; el ariete, que servía para golpear y romper puertas o muros; los plúteos, tipo de escudos basados en estructuras entretejidas de cuero sin curtir y que servía para ponerse a cubierto los enemigos; los músculos, utilizados para perforar muros, aunque se desconoce su forma.[29]
           
García Fitz, siguiendo a Gil de Roma (1277-79) detalla algunas de la máquinas de guerra utilizadas durante la Baja Edad Media. Así distingue cuatro prototipos, todos ellos basados en el sistema de la balanza, que se diferencian según el sistema de propulsión empleado (la negrita es mía):
  • En función de éste, se distinguen dos modelos básicos de ingenios: los que funcionan mediante tracción humana y los que utilizan algún sistema de contrapeso. Los primeros son artefactos en los que el movimiento de la pértiga es accionado por hombres mediante cuerdas. Entre los que emplean el sistema de contrapeso señala a su vez tres tipos de máquinas distintos: el trabuquete, cuyo contrapeso está fijado a la pértiga; la bifa, de contrapeso móvil y unido la pértiga mediante goznes; el tripancio, que combina un contrapeso fijo con uno móvil. El empleo de uno o de otro depende de las circunstancias del asedio: los ingenios de tracción humana lanzaban piedras más pequeñas pero con una mayor cadencia que los de contrapeso; éstos podían arrojar proyectiles de mayor tamaño, con más potencia y a mayor distancia. Por su parte, el trabuquete otorgaba más precisión en la trayectoria, la bifa permitía lanzar a mayor distancia, y el tripancio aunaba ambas virtudes.[30]

      El daño material y humano que debían causar estos ingenios o máquinas de guerra debía ser considerable. En la rampa de acceso al Carrerón o puerta de la Reja del castillo de Castiel pueden verse unas bolas o esferas de piedra labradas que no puede ser otra cosa que bolaños o balas de artillería empleados por estos artilugios, singularmente fundíbalos o primitivas catapultas. Asimismo, Navareño Mateos (1992) dice de diversos ingenios relativos al armamento y poliorcéticas medievales, tales el fundíbalo, las catapultas, las escalas y torres, los arietes (basados en una cabeza metálica y tronco de madera), las mantas y bancos “pinjados”, armas incendiarias y armas de fuego.[31] Otras armas de la época eran las ballestas.. Su utilización se halla también documentada, pues según un registro del Archivo Municipal de Valencia, con motivo del asedio de Castiel por los castellanos, en 1364, hubo una petición del Ceremonioso a la Ciudad, solicitándole hombres con dicho armamento: el Consejo de la Ciudad debatió el asunto el 3 de noviembre de dicho año, pero de los 700 ballesteros que el rey pedía, la ciudad sólo pudo ofrecerle 400...[32]

         El castillo de Castielfabib sufrió básicamente asaltos y asedios durante la conquista cristina (siglo XIII) y en las guerras con Castilla, fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XIV (1356-69). Durante estos acontecimientos históricos no sabemos del empleo de armas de fuego en la zona, razón por la que nuestros castillos no padecieron los efectos de este tipo de artillería. Existe, sin embargo, un documento de principios del siglo XV (1506), relativo a daños y desperfectos en el castillo de Castiel, conforme  “la torre del omenaje está muy descarriada de tiros de pólvora y está toda para derribarse”.[33]

        El documento nos parece de gran interés: de una parte, porque documenta la utilización de armas de fuego contra el castillo, aunque no podamos decir en qué episodio histórico tuvo lugar este suceso; y de otra, porque menciona la “torre del omenaje”: si en 1506 estaba “toda para derribarse”, es muy probable que acabara derribándose. Ello viene a cuestionar la afirmación de que la iglesia-fortaleza se halla en la cuarta planta del torreón del Homenaje, porque aquel debía estar en la celoquia y como apuntamos, debió derruirse por efecto de los “tiros de pólvora” citados.
 
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Detalle del acceso oriental a la villa de Castielfabib (Valencia), desde la carretera de El Cuervo (Teruel), entre ambos túneles (2004).
 

            Últimos momentos del castillo de Castielfabib.
       Pascual Madoz (1806-1870), a finales de la primera mitad del siglo XIX (1847), al decir de Castielfabib, escribe:
  • <Por la parte del O(este) se levanta el cerro dicho del Castillo, por hallarse uno en su cumbre, el cual domina completamente la v(illa) y la defiende: su primitiva construcción se debe á los romanos, conociéndose desde entonces con el nombre de Castillo de Fabio, el cual fué reedificado por los carlistas; asi como una torre contigua llamada Torre Blanca, porque según es tradición fué en ella el arresto de Doña Blanca. Para ello pusieron en cont(ribución) a los pueblos circunvecinos, de los que concurrian multitud de pobres que se ocupaban en el trabajo, otros en clase de arrestados, y aun á las mujeres se les hacia subir cargas de agua para las obras que se preparaban. Con ese motivo se les prodigó á aquellos infelices un trato muy inhumano no solo obligándoles á trabajar mas de lo que podian, sino que puestos á disposición de unos capataces de tosco aspecto, les maltrataban con palos y látigos, y aun con cadenas. Pero ocupados posteriormente estos fuertes por las tropas naciones, les minaron arruinando las nuevas obras fabricadas>[34]

            El estadista recupera para el topónimo de Castielfabib la tradición antigua respecto del origen de su nombre, haciéndole derivar del latín Castellum Fabii, de donde Castillo de Fabio, tal como anotaba Escolano en sus Décadas (1610-11), aunque éste deja abierta la posibilidad a que sea palabra arábiga. Respecto a la “torre contigua llamada Torre Blanca”, podría estar refiriéndose a la torre que hoy suponemos del Homenaje donde asienta la iglesia, pero el hecho del “arresto de Doña Blanca” es simple tradición, esto es, historia no documentada, sin fundamento. Lo más interesante del texto del Madoz es lo que cuenta de los carlistas, su intento de hacerse fuertes en el castillo erigiendo algunas obras, en las que contribuyeron gentes de la zona, algunos pobres y otros en calidad de prisioneros, incluso mujeres, a los que “unos capataces de tosco aspecto” maltrataron, “con palos y látigos, y aun con cadenas”, “obligándoles á trabajar mas de lo que podian”. Aunque finalmente las “tropas nacionales” –isabelinas o cristinas, pues esto tuvo lugar al final de la primera guerra carlista (1833-40)- volaron las “nuevas obras fabricadas”. Este fue el triste fin y acabamiento del castillo de Castielfabib, que quedó prácticamente como le conocemos, preso de una absoluta ruina...

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Detalle de la zona occidental del caserío de Castielfabib (Valencia), desde la carretera de El Cuervo (Teruel), entre ambos túneles (2004).

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Detalle de la zona occidental del caserío de Castielfabib (Valencia), desde la carretera de El Cuervo (Teruel), entre ambos túneles, con el cerro del castillo da la derecha (2004).

            Prospecciones arqueológicas en el castillo de Castielfabib.
            -1998: Juan José Barragán: Arqueólogo-director de las excavaciones del Castillo de Castielfabib, para la Generalitat Valenciana. Período: Edad Media y Moderna: Islámico y Medieval Cristiano. Campo de Trabajo formado por voluntarios y una brigada de obras del Ayuntamiento de Castielfabib (Valencia).[35]
          -2008 y 2011: Xavier Laumain: arqueólogo-director, en colaboración con Ángela López Sabater. Tipo de trabajo: Restauración de Patrimonio Arquitectónico. Promotor: Ayuntamiento de Castielfabib (Valencia).[36]


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Vista aérea de la iglesia-fortaleza y castillo de Castielfabib (Valencia), con detalle de las murallas que circundan el recinto fortificado [Tomada del Servicio de Patrimonio Cultural de la Generalidad Valenciana].

            Palabras finales, a modo de epílogo.
            Lo poco que queda del castillo y murallas de Castielfabib constituye una sombra de lo que pudo ser este lugar fortificado en la Edad Media y principios de la Edad Moderna, hasta el punto de que al ser más la parte desaparecida que lo que se conserva, resultará imposible hacernos una idea siquiera aproximada de lo que fuera en sus mejores tiempos...
            Los orígenes de Castiel se pierden en la noche de los tiempos, y nunca mejor dicho, pues pudo ser un castro ibérico -como demuestran los hallazgos de cerámicas de este periodo en la Villa Vieja-, solar ocupado después por los romanos, según arguyen los que hacer derivar su nombre de Castellum Fabii/ Castillo de Fabio/ Castielfabib, y de los hallazgos de ciertas lápidas, entre las que se halla un ara votiva del siglo I de la Era Cristiana. Tras los hispano-romanos vinieron los musulmanes, que ocuparon el lugar estableciendo en él un hisn o qal`a –husum y qila, en plural-, términos que aluden a castillos y fortalezas alejadas de las grandes ciudades, cuya función primordial, además de la militar y defensiva –consolidar el territorio y defender los caminos-, era la de dar protección a la población rural que vivía en el entorno en caso de peligro. El recinto amurallado contaba ya con mezquita en el tiempo de la conquista (2010), lo que traduce su relativa importancia. Tras siglos de dominación musulmana, el territorio fue conquistado en tiempos de Pedro II de Aragón (1210), de forma que el hisn musulmán se convirtió en castrum cristiano, y ello sin aparentes cambios en la estructura y usos de la fortaleza.
Tras la conquista, Castielfabib fue cedida a la orden de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, que posteriormente establecieron un Priorato, circunscripción administrativa dependiente del Castellán de Amposta. Paralelamente, Ademuz fue cedida a la orden templaria... Con la desaparición del Temple, la zona del Rincón de Ademuz pasó a la recién creada Orden de Montesa (1319), que organizó en la zona una Encomienda, cuyo patrimonio se basaba en los bienes y derechos que habían poseído los templarios y hospitalarios.
El castillo y villa de Castiel, como la fortaleza y gentes de Ademuz, sufrieron los rigores de las guerras entre Castilla y Aragón –principalmente Guerra de los dos Pedros (1356-69) y Guerra de Castilla (1429-30)-, en razón de su estratégica situación entre ambos reinos, aunque perteneciente al reino de Valencia.
De la misma forma que con el castillo y fortaleza de Ademuz acabó el terremoto de 1656, con el de Castiel acabó el abandono y la falta de cuidados, sufriendo la misma suerte que docenas de fortalezas valenciana, pues con el advenimiento de las armas de fuego y la unificación de los reinos de España, las defensas fortificadas medievales se hicieron de escasa utilidad a los fines defensivos. El último servicio militar del castillo de Castiel fue durante la primera guerra carlista (1833-40), y en última instancia durante la última guerra civil española (1936-39), en que la iglesia-fortaleza sirvió de prisión y resguardo de soldados.

En suma: del castillo de Castielfabib y de su “fragoso asiento” en lo alto del cerro nos queda el halo romántico de sus asoladas ruinas, tan íntimamente unidas a la villa como las del convento de san Guillermo, sitas “en par del rio Ebrón”. Aunque quizá sea El Torrejón el último trazo de una historia inconclusa y poco conocida, que con su singular estampa nos invita a acercarnos para conocerla. Vale. 



[1] GUICHARD, Pierre. Al-Andalus frente a la conquista cristiana: los musulmanes de Valencia (siglo XI-XIII), Universidad de Valencia, Valencia 2001. Citado por RUEDA, José. Dos castillos medievales: Ademuz y Castielfabib (I y II), en: Scripta Manent, Ababol, 31 (2002) 27-32 y Ababol, 32 (2002) 22-27.
[2] LÓPEZ ELUM, Pedro. “Los castillos valencianos en el siglo XIII. Del hisn musulmán al castrum cristiano”, Saitabi 54 (2004), 104.
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El toque de campana, sonido rural por excelencia, en: Del paisaje,..., Valencia, 2007, vol. I, pp. 102-103 y 447-448.
[4] LÓPEZ ELUM (2004), p. 112.
[5] Al-IDRISI, Geografía de España, “Textos Medievales”, 37, Valencia 1974, 10-11. Citado por López Elum (2004), p. 115.
[6] ACA., Reg., 103, fol. 310, Reg., 263, fol. 88; AHM., 2-2-2-34. Citado por López Elum (2004), p. 124.
[7] ACA., Reg., 264, fol. 120 v.; AHM., 2-2-3-52.
[8] LÓPEZ ELUM (2004), pp. 127-128.
[9] ACA, Reg. 487, fol. 249r. Vid SÁNCHEZ GARZÓN, A., El toque de campana, sonido rural por excelencia, en: Del paisaje,…, Valencia, 2007, pp. 101-104.
[10] ACA, Reg. Cancillería, 860, fol. 124v.
[11] ACA, Reg. Cancillería, 862, fol. 24v.
[12] ACA, Reg. Cancillería, 863, fol. 142v-143r.
[13] ACA, Reg. Cancillería, 1.467, fol. 122v-123r. Ello fue durante el pontificado de don Iñigo de Valterra y Sánchez de Heredia (1370-87): Está probado que con anterioridad [para sufragar los gastos que se producirían con el objeto de recuperar diversos lugares de la diócesis, perdidos con motivo de las guerras con Castilla] el cabildo había cedido al obispo, por diez años, la parte capitular del diezmo de Castielfabib, Ademuz y Puebla de San Miguel [1372, noviembre 22].
[14] HINOJOSA MONTALVO, José. Las fronteras valencianas durante la Guerra con Castilla (1429-30), Saitabi 37 (1987), p. 155.
[15] ACA, Maestre Racional, Signatura actual nº 2.420, Sección: Real Patrimonio. Informe de los gastos de las obras del castillo de Castielfabib (1349-52).
[16] ACA, Maestre Racional, I, 9262.
[17] ACA, Real Patrimonio, 2420, fol. I. LÓPEZ ELUM, Pedro. Los castillos valencianos en la Edad Media. Materiales y técnicas constructivas, Valencia, 2002, vol. II, p. 66.
[18] ACA, Reg. 1385, fols. 79r-v. Citado por López Elum (2002), p. 66.
[19] ACA, Reg. 1385, fol. 79v. Citado por López Elum (2002), p. 66.
[20] ACA, Reg. 1385, fol. 79v. Citado por López Elum (2002), p. 66.
[21] ACA, Reg. 1465, fol. 107. Citado por López Elum (2002), p. 66.
[22] RUEDA, José. Dos castillos medievales: Ademuz y Castielfabib (I), en: Scripta Manent, Ababol, 31 (2002) 29.
[23] LÓPEZ ELUM (2004), p. 122.
[24] ACA, Reg. Chancillería, 309, fol. 59-60r. [AHN], Cod.871, fol. 89v. Vid SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Acerca de la conquista de Castielfabib: instrumento capital para la historiografía del Rincón de Ademuz, en Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, 2007, vol. I, p. 286.
[25] Archivo del Reino de Valencia [ARV], Bailía, L. 1156, fol. 762. <Nos, hemos entendido que el rey, mi señor y padre de inmortal memoria, mandó que pues en el castillo de Castielfabib había cal y otros pertrechos para obrar en el dicho castillo y porque aquel estaba muy derribado, que las rentas reales de la villa de Castielfabib que antiguamente estaban dedicadas para la reparación de dicho castilllo fuesen distribuidas en la obra que estaba empezada y no se distribuyesen en otra cosa> Vid  RUEDA (2000), p. 32.
[26] ARV, Maestre Racional, LL y P., XVII, fol. 38r.
[27] SÁNCHEZ GARZÓN (2007), pp. 305-306.
[28] LÓPEZ DE AYALA, Francisco. Coronica del rey do[n) Pedro de Castilla, Sevilla: en las casas de Jacome cro[m]berger, 3 Noviembre 1549, Año 1364.
[29] GARCÍA FITZ, Francisco. Tecnología, literatura técnica y diseño de máquinas de guerra durante la baja Edad Media occidental, en Anuario de Estudios Medievales, 2011, p. 821.
[30] Ibídem, p. 824.
[31] NAVAREÑO MATEOS, Antonio. El armamento y la poliorcética medievales en el Códice latino 197 de Munich, Norva: Revista de Arte, 12 (1992), pp. 29-66.
[32] Archivo Municipal de Valencia [AMV], Manuals de Consells, nº 14, fol. 50-55. Citado por José RUEDA (2000), pp. 26-27.
[33] ARV, Bailía, L. 1163, cuadernillo cosido entre los folios 216-217. Citado por José RUEDA (2000), p. 25.
[34]  MADOZ, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Madrid, 1847, tomo VI, pp. 166-166.
[35] Juan José Barragán: Vid https://www.linkedin.com/pub/juan-jos%C3%A9-barrag%C3%A1n/92/882/21a.
[36] Estudio, Consolidación, Restauración y Puesta en Valor del Castillo de Castielfabib: Vid http://www.arae.es/trabajo_restauracion_05.html.

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