jueves, 8 de mayo de 2014

DESDE EL MIRADOR DE SAN ROQUE EN VALLANCA (I).

Reflexiones de un lugareño –paisaje, historia y paisanaje-.


“Hállase Vallanca en una cuesta rápida;
sus calles y edificios sin gusto,
ni más comodidades que las precisas para el abrigo de [sus] vecinos,
de las caballerías y frutos”
-Antonio Josef Cavanilles (1797)-.



            Palabras previas.
            Para ir a Vallanca desde Ademuz escogeremos la carretera CV-478 que parte de esta población por la margen izquierda del barranco Seco, en dirección oeste... Podríamos subir andando, siguiendo el curso ascendente del Boilgues o río de Vallanca, que rinde sus aguas al Turia en Ademuz, pero ésta es una amenísima excursión a la que dedicar una mañana, y que dejaremos para otra ocasión.
            El propósito de la entrada es arribar al cerro de Vallanca donde se halla la ermita de san Roque, para observar el mirador y lo que desde allí puede contemplarse -la naturaleza, el paisaje y alguna noción de historia local-; pues no hay naturaleza sin historia, ni paisaje sin paisanaje.
            Vallanca es una de las poblaciones más antiguas del Rincón de Ademuz, territorio inicialmente formado por dos extensos municipio –Ademuz y Castielfabib-: con ocasión de su Iglesia, que tiene origen matricial, a Vallanca ya se la nombra en los años treinta del siglo XIII (1232), y le cabe el honor de haber sido la primera que se independizó de Ademuz, hecho que tuvo lugar en el Antiguo Régimen, a finales del siglo XVII (1695). Gozó por ello del título de Villa Real, al igual que Puebla de San Miguel, que también se segregó de Ademuz para constituirse en municipio independiente, ésta a mediados del siglo XVIII (1765). Los demás municipios comarcanos se constituyeron como tales ya en el siglo XIX, segundo cuarto de esa centuria.

Vista general de Vallanca (Valencia), desde el cerro frontero (2011).

            En busca de Vallanca, antigua Villa Real.
            Decíamos arriba que para ir a Vallanca elegiremos la carretera que parte de Ademuz, según salimos o entramos a ésta por el acceso meridional. El kilómetro 0 de la carreterita que lleva a Vallanca y su aldea de Negrón nace donde el puente por el que la avenida de Valencia salva el Boilgues antes de abocar sus aguas al Turia. Justo en este cruce de caminos nos encontramos a 6 kilómetros de Vallanca (oeste), a 8 de Torrebaja y a 44 de Teruel (norte). A 4 de Casasaltas, a 6 de Casasbajas, a 17 de Santa Cruz de Moya (sur) y a 92 de Requena (sureste).
            Esta parte del caserío de Ademuz que mira el barranco Seco se la conoce como La Solana, pues está orientada al poniente y prácticamente se ve bañada por el sol todo el día; gran parte de las edificaciones corresponden a antiguas eras y pajares. Al comienzo de la vía veremos un camino asfaltado a la mano izquierda, que conduce a la Fuente Vieja y al molino de la Villa, siendo por esta parte por donde se sube hasta Vallanca siguiendo el curso del Boilgues. La carretera de Vallanca continúa en llano durante más de un kilómetro, hasta que cruza el barranco y comienza la subida. Durante la ascensión por la ladera conviene detenernos en algún punto para contemplar el panorama, que se hace más agreste y escarpado por momento. Mirando hacia el sureste veremos la eminencia del castillo de Ademuz –donde la arruinada ermita de santa Bárbara-, con el caserío descorriéndose por la ladera, la Vega del Turia y el puente que la atraviesa a la altura de Los Arenales, correspondiente al tramo nuevo de la CN-330 de Manzaneruela (Landete) a Torrebaja. Frente a Ademuz se alza el cerro de Horca, por donde trepa la vía que conduce al Pinar Llano, en dirección a Moya (Cuenca). A nuestros pies y durante todo el trayecto discurren las hoces del Boilgues, mientras que en la margen opuesta la ladera se eleva en sucesivas e imposibles labradas escalonadas, hasta cerrar el horizonte al poniente.

Comienzo de la CV-478 que lleva a Vallanca (Valencia) desde Ademuz (Valencia), con detalle de la distancia a Torrebaja y Teruel (2014).
Vista de La Solana de Ademuz (Valencia), desde un punto de la carrera de Vallanca (2014).
Detalle del "Canto Gordo" en la carretera de Ademuz-Vallanca (Valencia), 2014.

Vista parcial del caserío de Vallanca (Valencia), desde el "Canto Gordo" (2014).

Vista de Vallanca (Valencia), desde la CV-478, con detalle del camino de la vega (2014).

Vista de Vallanca (Valencia), desde la CV-478, con detalle del camino de la vega (2014).

            En un punto del trayecto observaremos un enorme mogote de piedra que se alza sobre el precipicio, se trata del “Canto Gordo” que divide término entre Ademuz y Vallanca: sobrepasado este punto comienzan a verse las primeras casas de Vallanca. Poco más adelante, en torno al kilómetro 6 de la CV-478 ya puede verse la Villa en un plano general, dispuesta en la parte baja de una ladera, abocada a la Vega. Por la Vega discurre el riachuelo del Boilgues y junto al río el antiguo camino que viene de Ademuz y las fincas de cultivo, en cuyas márgenes crecen altos chopos y copudas nogueras. El caserío de Vallanca, que mira al poniente, se observa al fondo, en la confluencia de los montes de uno y otro lado, centrado por la torre-campanario de la parroquial, Nuestra Señora de los Ángeles, mientras que en la zona izquierda (noroeste) destaca el níveo edificio de la ermita de san Roque, dispuesto en un cerrito sobre el cantil.

Detalle del cartel que da noticia de la erección de Vallanca (Valencia) como Villa Real en tiempos de Carlos II el Hechizado en 1695 (2014).
            Poco antes de entrar en Vallanca observaremos un camino muy encosterado que nace a la mano izquierda de la carretera, éste baja hacia la Vega y conduce al molino de la Villa. Y poco más adelante, en un recodo a la derecha, un área de descanso, con bancos de hierro y jardineras. En un extremo veremos un cartel con estructura de metal y ladrillos cerámicos con un texto:

VILA REAL DE VALLANCA
Por Real Privilegio de Su Majestad
El Rey Carlos II [el Hechizado] dado en la Villa
de Madrid a los catorce días del mes de
octubre de 1695 quedó erigida en Villa
real el lugar de Vallanca, siendo
comisionado Bruno Salcedo, oidor de la
excelentísima y Real Audiencia de la
ciudad y Reino de Valencia.

El texto cerámico resulta manifiesto y de gran interés, explicando sucintamente cómo el último de los Austrias concedió el título de Villa Real a Vallanca en los últimos años de su reinado. Con todo,  la fecha de erección no es exactamente la que se anota, pues fue el 14 de abril de 1695. Valga como prueba una breve cita:
  • <En el Archivo de la Villa de Vallanca existe un Decreto R[eal] sobre pergamino, firmado por el Señor Rey Don Carlos Segundo [1665-1700] en el día 14 de abril del año 1695= y 13= de su Reinado, con su sello pendiente, y de el consta:// Que su Magd elevaba y elebó [fol. 25v] a Vallanca a la clase de Villa Real con los mismos derechos, y privilegios que gozan las dichas reales Villas de este Reyno; Y con separación ê independencia absoluta de la Villa de Ademuz â la qual prohíve que pretenda superioridad alguna sobre la de Vallanca>[1]
        El texto precedente fue escrito en fecha incierta por el doctor don José López, rector de Vallanca, aunque debió ser durante reinando Carlos IV (1788-1808), pues en dicho documento se le cita como “católico y prudentísimo monarca (que Dios prospere)” -de haber fallecido diría "que Dios haya o tenga en su gloria"; de vivir y haber cedido sus derechos al trono, no se le nombraría ya como "prudentísimo monarca"-. Del documento y de su autor se dice más adelante, sólo cabe anticipar que fue escrito en el contexto de un juicio promovido por el Comendador de Montesa en el Rincón de Ademuz contra los curas de Puebla de San Miguel, Torrebaja y Vallanca, con relación al reparto de ciertos frutos: el pleito se llevó en la Audiencia Real de Valencia y la sentencia -pronunciada el 24 de diciembre de 1815- fue favorable a los curas y vicarios de la demanda del Caballero Comendador, conde de Castellflorido. En cualquier caso, el pergamino original de concesión del villazgo a Vallanca todavía existía en el Archivo de la Villa a finales del siglo XVIII-principios del XIX.

            Poco más adelante llegaremos a la entrada de Vallanca... De pretender visitar la Villa merece la pena seguir la calle que nace a nuestra derecha –por debajo del edifico de las antiguas Escuelas Nacionales-, y que conduce al centro, donde la plaza de España, el Ayuntamiento y la iglesia parroquial, para admirar el lugar y perderse por las callejas del caserío. Pero nuestro objetivo es ir al Mirador de San Roque, razón por la que continuaremos por la carreterita que conduce a Negrón y que circunda el caserío por la parte baja. Sobrepasada la Cueva de Tosca llegaremos al otro extremo del pueblo, donde la fuente de los Caños y la Avenida de la Virgen de Santerón: por aquí pasa la imagen de la Virgen sobre sus andas cuando la bajan de Santerón y cuando la vuelven a subir a su ermitorio durante los Septenarios. Poco más arriba puede otro edificio de los años cincuenta, correspondiente a la Casa del Médico, edificio de los años cincuenta sito a la derecha de la carretera. A la misma mano, bajo una frondosa noguera, veremos un pilón encalado con el frontis señalado por números romanos: se trata del último descansadero de la Virgen, el octavo desde Santerón, que luce el número del último Septenario (XLII) correspondiente a 2012. Poco más adelante, en la mano izquierda, veremos un puente que salva el Boilgues –se trata del viaducto de La Puente-, cuyo camino conduce hacia las cuestas de Moya. La carretera hace en este punto una cerrada curva a la derecha y otra también muy cerrada poco más adelante. Salvado este punto se verá un camino de tierra a la derecha, junto a una acequia de agua muy clara y fresca: se trata del comienzo del barranco del Nogueral, que lleva para Arroyo Cerezo y la carretera de Cuenca. La vía principal continúa en llano por la vega hacia la Fuente de la Teja y el Polideportivo Municipal, y sigue hacia la Fuente del Romero y el Prado Vega, que queda a la derecha. Desde este punto la vía continua cuesta arriba, camino de Negrón. 


Detalle de bancos y jardineras bajo una higuera a la entrada de Vallanca (Valencia), 2014.

Pero para subir hasta el “Mirador de San Roque” tomaremos el desvío cementado que nace a la derecha, poco antes del segundo recodo tras La Puente. Esta vía lleva al ermitorio por la ladera del cerrito que hay al oeste de la población, una zona de naves, eras y pajares bastante degradada. Enseguida llegaremos a la parte llana del cerro, donde se halla la terraza que venimos buscando y la ermita de san Roque.

Desde el Mirador de San Roque.
El “Mirador de San Roque” se halla en La Covatilla, un cerrito al noroeste de Vallanca... Se trata de una zona elevada con una parte relativamente llana donde se asienta la ermita de San Roque. Por encima del ermitorio veremos uno de los depósitos del agua potable que abastece la población y en su derredor una zona de recreo con columpios, balancines y otros artilugios de juego infantil. La carreterita que conduce a la ermita desde el pueblo y el cementerio municipal o la que hemos seguido nosotros desde la avenida de la Virgen de Santerón, se hace una en esta parte y continúa hacia el norte en arriscada pendiente por el monte público de El Cabezo y Los Calarizos, en dirección a Castielfabib, vía los rentos de Las Tóbedas [de Arriba y Abajo].

Vista parcial de la fachada de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia), con detalle del tronco del viejo olmo que había en la placeta y el caserío al fondo (2014).
Vista de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia) [Tomada de LLUCH GARÍN (1980), vol. I, p. 528].
Vista de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia), con detalle de sus fachadas frontal (meridional) y de levante (2014).

Vista de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia), con detalle de sus fachadas este y meridional (2014).

Vista de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia), con detalle de sus fachadas este y septentrional (2014).
Lo más llamativo del lugar es el edificio de la ermita, que destaca por el desafortunado jalbegado de sus paredes, pues para mi gusto no es el blanco el color más apropiado para su integración en el entorno. La primera descripción del edifico la hizo Lluch Garín (1966): La ermita pintada de blanco domina el buzamiento de la colina. Ella sola llena el cabezo pelado sin más compañía que la del viejo olmo...[2] La construcción es realmente singular, orientada de norte a sur, posee planta de cruz latina, como la neoclásica iglesia de El Salvador de Casasbajas. Ello supone que la cobertura resulte muy llamativa y laboriosa de montar. Para contemplar a placer la fachada podemos sentarnos en un de los bancos que hay enfrente, junto al tronco seco del secular olmo que había hasta hace unas décadas y que hubo de talar por la grafiosis. El frontis es plano, basado en mampostería con piedras labradas en las esquinas. Luce una entrada con arco de medio punto y dovelas enmarcando un portón de dos hojas forrado de cinc. El arco de formalete resulta anacrónico, quiero decir que no es el esperable en un edificio neoclásico como éste, donde entonaría más un arco recto, pues son rectas las líneas predominantes en la construcción. Arcos semejantes al de la ermita de San Roque pueden verse en la de San Miguel de Val de la Sabina (Ademuz)[3] y en la de San Cristóbal en Tormón (Teruel).  A ambos lados del portón hay dos ventanucos: el de la derecha, cegado. Sobre la piedra angular del arco hay una cruz latina labrada en piedra tosca, similar a otras que pueden verse en las demás fachadas. Sobre el hastial vemos una sencilla espadaña de ladrillo con una cruz en la parte alta, aunque sin campana. En la parte inferior derecha del arco de entrada hay un cuadro encristalado con texto y dibujos que ilustran someramente acerca de las características del edificio, y por encima de éste un cuadro de ladrillos cerámicos enmarcados en hierro con la representación de la XV estación del Vía Crucis: Resurrección de Jesús. Dicha Estación corresponde a la tradición larga, ya que la corta concluye en la XIV estación: Entierro de Jesús. Digamos que se trata de la culminación de la Pasión y Muerte del Señor, y la más importante, pues sin Resurrección no hay cristianismo que valga.

Detalle del plafón cerámico con la última Estación del Vía Crucis: Resurrección de Jesús -en la fachada principal de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia)-, (2014).
Decía que el plafón de la Pasión está compuesto por 12 ladrillos cerámicos encuadrados en hierro y con una cruz del mismo material en la parte superior. El cuadro posee una cenefa con motivos vegetales (amarillo y azul), centrando la figura de Cristo Jesús resucitado sobre la tumba de piedra abierta, en cuyo margen inferior izquierda hay un soldado con una lanza: “¡Verdaderamente, éste era Hijo de Dios!” –dice el centurión en el Evangelio mateano (Mt 27, 54-56) -. A Cristo se le representa envuelto en una túnica con el torso desnudo, la cabeza en un halo de santidad, la mano derecha levantada mientras en la izquierda sostiene un estandarte con una cruz roja... La representación evoca el Noli me tangere –que son las palabras del Evangelio joánico (Vulgata) con las que Jesús se dirige a María Magdalena tras la Resurrección: “Déjame (No me toques, suéltame, no me retengas...) porque todavía no he subido al Padre (Jn 20:17).[4] Los ladrillos vienen firmados por “Afar”, sin fecha (s/f). En una esquina de la fachada de levante hay un plafón semejante, correspondiente éste a la XIV Estación: Jesús es puesto en el sepulcro. Jesús muerto, envuelto en un sudario, es transportado entres dos varones al sepulcro. Una figura femenina se halla arrodillada delante, la cabeza baja, mientras la Virgen María contempla la escena. Jesús y María portan halos de santidad. Otro plafón, éste en una esquina de la fachado septentrional, representa la XIII Estación: Jesús adorado en la Cruz en brazos de su madre. Jesús es colocado a los pies de su madre, dos figuras femeninas se hallan a su lado. Al pie de la cruz hay otra masculina, con las manos en oración. La XII Estación: Jesús muere en la Cruz, está colocada en el depósito del abastecimiento de agua potable. Jesús crucificado y muerto en la cruz. María, su madre, aparece al pie de la cruz, rodeada de varias figuras, una de ellas barbada, mientras un soldado con lanza mira a otra que hay arrodillada al pie del madero.

Detalle del plafón cerámico con la XIII Estación del Vía Crucis: Jesús adorado en la Cruz en brazos de su madre -en la fachada este de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia)-, (2014).

Detalle del plafón cerámico con la XIV Estación del Vía Crucis: Jesús es puesto en el sepulcro -en la fachada posterior (septentrional) de la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia)-, (2014).

El interior de la ermita de San Roque tiene poco que ver, lo más interesante es su planta en cruz latina y el maderaje de su cobertura, basado en el sistema de par-hilera típico del mudéjar aragonés: posee una viga central doble (hilera), que apoya en el arco de diafragma, mientras que los pares (alfardas) apoyan en los estribos laterales de las paredes, sin tirantes. Previo al arco toral, existe un sencillo púlpito de obra, sin tornavoz, ubicado en el lado de la epístola. El crucero posee cúpula semiesférica y dos arcos con bóveda de cañón en los brazos laterales. El ermitorio guarda la imagen del patrón durante todo el año, con la excepción del día de su onomástica en que es bajado a la parroquial en procesión: durante el acto se sube de la iglesia la imagen de los “santos de la piedra”, san Abdón y san Senén, que pasan el día en la ermita, mientras se baja el santo de Montpellier a la parroquial: se trata de un intercambio temporal, apenas una excursión de horas, pues por la tarde la procesión vuelve a subir a la ermita con san Roque, cuya imagen se deja en la ermita para bajarse la de los “santicos de la piedra”.[5] Y así hasta el año siguiente... Se trata de sencillas tradiciones heredadas del mundo rural de nuestros antepasados, y de las que somos sus legatarios. Me pregunto, no obstante, si tendrán algún sentido para los nuevos vallanqueros y rinconademucenses en general, pues el nuestro ya no es el ámbito de la ruralidad: ¿conocen los jóvenes los carismas del bueno de san Roque o el sentido de procesionar a los simpáticos "santicos de la piedra"? ¡Lo dudo mucho!, aunque creo habrá que adaptar la tradición de antaño al mundo actual, buscando nuevos sentidos a lo que creyeron nuestros padres y abuelos, rogando a nuestros patrones que nos libren, si no de la peste y el pedrisco, sí de las asechanzas de la nueva realidad: de la falta de confianza en la Divina Providencia, de la despoblación y el abandono de los campos, de la soledad y el desamparo de nuestros mayores -que pronto seremos nosotros-. No quisiera que mis palabras sonaran a sermoncillo, pues lo que quiero decir es que tanto los individuos como la sociedad necesitamos de vidas ejemplares -héroes, santos, mitos...- a los que emular por sus virtudes cívicas y sociales o por su santidad.


Detalle de monaguillos y feligreses en la ermita de San Roque en Vallanca (Valencia), esperando que saquen la imagen del santo [Tomada de Vallanca, un siglo de imágenes a través de la fotografía (2008), p. 123].
Detalle de la imagen de san Roque sobre andas en la ermita de su nombre en Vallanca (Valencia), camino de la parroquial [Tomada de Vallanca, un siglo de imágenes a través de la fotografía (2008), p. 124].
Respecto a la construcción de la ermita de San Roque, se ha especulado que pudiera ser una de las dos que cita el obispo de Segorbe fray Francisco Gabaldá Guarch en su Relación ad limina de 1656, aunque el prelado no menciona su advocación.[6] En ese caso podría pensarse si una sería la de San Antonio de Padua en Negrón y otra la de San Roque en Vallanca, aunque entonces tuviera ésta otra advocación. Sin embargo, la actual ermita se data en el primer tercio del siglo XVIII –aunque ello no significa que pudiera haber otra anterior más antigua, correspondiente a la que nombra el obispo-. Especulando sobre el tema vemos que Vallanca alcanzó su independencia jurisdiccional de Ademuz el 14 de abril de 1695, por concesión de Carlos II el Hechizado.[7] Curiosamente, su iglesia Nuestra Señora de los Ángeles era matricial, con territorio propio e independiente desde su fundación. Con motivo de la toma de posesión de su villazgo tuvieron lugar una serie de hechos, que cronológicamente reseñamos en la siguiente tabla:

Relación cronológica de los actos que tuvieron lugar en Vallanca con motivo de la toma de posesión de su villazgo (1695).
1695,
abril 14
* Real Decreto, concediendo a Vallanca el título de Villa Real, firmado por el rey Carlos II el Hechizado (1665-1700).
* Comisión Real al señor don Bruno Salcedo y Vives, miembro de su Real Consejo y su Oidor (Juez) en la Real Audiencia de Valencia, mandándole ir personalmente a Vallanca para el cumplimiento de las Letras Reales.
1695, diciembre 2
* Leandro Báguena, vecino de Vallanca y apoderado del Comisionado, presentó todos los enunciados al señor Juez Comisionado.
1695,
diciembre 8
* El señor Juez Comisionado llegó a Vallanca por la noche, acompañado de Alberto Colomer, su escribano, Notario Real y vecino de Valencia.
1695,
diciembre 9
* Elección de Pedro Espierrer como “trompeta público de Vallanca, para pregonar los convenientes pregones”.
* Entre lo que hizo, pregonó que todos los vecinos, bajo pena de 10 L, a las 9:00 horas del día siguiente deberían acudir a la Iglesia a los sones de la Misa Mayor, para oír leer los Decretos Reales.
1695,
diciembre 10
* Antes de las 9:00 horas se juntaron todos los vecinos, donde solían hacerlo, para elegir y nombrar Justicia y demás cargos del Ayuntamiento, “a fin de darles la verdadera Real, Actual y Corporal posesión”.
* Después fueron todos a la iglesia como estaba mandado, donde oyeron leer con voz clara e inteligible, los Decretos Reales; luego oyeron la Misa Cantada, y concluida la epístola el Señor Juez Comisionado, teniendo en sus manos un Misal abierto, juramentó a todos los cargos electos.
* Terminada la Misa el Juez Comisionado [Bruno Salcedo y Vives] dio a todos los electos posesión Real, verdadera, actual y corporal de los asuntos de su competencia [molino, horno, panadería, taberna, carnicería cárcel, casa de la Villa, aguas, mesón y tienda], ordenando a los arrendatarios, o que administraban dichas regalías, que desde ese momento y día no reconociesen a otro dueño que a la Villa de Vallanca, a la que debían acudir con todos los pagos, y recibir de ella todos los arriendo y ordenanzas que le corresponden.
* Aquel mismo día se fijó la horca en un cerro cercano a la población; haciéndose todo pacíficamente, sin contradicción, ni oposición de persona alguna, ni de los oficiales Reales de Ademuz.
1695,
diciembre 11
* Por mandato del señor Juez Comisionado, su secretario y notario [Alberto Colomer], a petición del síndico (representante) de la Villa [Leandro Báguena] se dio copia de todo lo realizado, guardándolo en el Archivo de la Villa.
1695,
diciembre 20
* La Villa tomó posesión de la “Dehesa de los Barrancos” (que es el Prado Vega).
Tomado de SÁNCHEZ GARZÓN (2002), p. 310.

Vista general de Vallanca (Valencia), desde La Cavatilla (2014).



Durante el Antiguo Régimen, la toma de posesión del villazgo era un acontecimiento de suma importancia para una comunidad -tanto desde el punto de vista político como social y económico-: pues de esta forma se constituía en municipio independiente. En el caso de Vallanca, el encargado de dar cumplimiento al Real mandato fue don Bruno Salcedo y Vives, miembro de su Consejo y su Oidor (Juez) en la Real Audiencia de Valencia, quien con fecha 2 de diciembre de 1695 se personó en la localidad para dar cumplimiento a las Letras Reales. El acontecimiento se desarrolló protocolariamente, "haciéndose todo pacíficamente, sin contradicción, ni oposición de persona alguna, ni de los oficiales Reales de Ademuz". De todo lo realizado se levantó acta, guardándose una copia en el Archivo de la Villa: el original de aquel documento no se ha conservado, pero todavía existía a finales del siglo XVIII-principios del XIX, como lo testimonia el expediente realizado por el doctor don José López, sabio rector de Vallanca.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).




[1]  SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Aportaciones al conocimiento de la Encomienda de Montesa en el Rincón de Ademuz, Valencia, 2002, p. 282.
[2] LLUCH GARÍN, Luis B. Ermitas y paisajes de Valencia, Edita Caja de Ahorros de Valencia, Valencia, 1980, tomo I, pp. 527-530.
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. La ermita de San Miguel Arcágel en Val de la Sabina (Ademuz), en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com.es/2013/03/la-ermita-de-san-miguel-en-val-de-la.html, del sábado 30 de marzo de 2013.
[4] Noli me tangere. (2013, 2 de noviembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 08:45, mayo 4, 2014 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Noli_me_tangere&oldid=70568417.
[5] Vallanca, un siglo de imágenes a través de la fotografía, obra conjunta Coordinada por Nuria Millán Eslava y Ruth Sánchez Férriz, con textos de Alfredo Sánchez Garzón, Editada por el Ayuntamiento de Vallanca, Valencia, 2008, pp. 120-122.
[6] CÁRCEL ORTÍ, Mª Milagros. Relaciones sobre el estado de las diócesis valencianas, Edita Generalidad Valenciana, Valencia, 1989, tomo III [Segorbe], p. 1.522.
[7] SÁNCHEZ GARZÓN (2002), p. 282 y 310.