martes, 1 de abril de 2014

LA PASIÓN DE JESÚS DE NAZARET EN EL RINCÓN DE ADEMUZ (I).


Una lectura comentada,
a propósito de su representación en Ademuz.



“A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz:
Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?
-que quiere decir- Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado,
-del Evangelio de san Marcos 15,34-.


            Palabras previas.
           Decir que la vida y pasión de un judío llamado Yeshúa (=Jesús de Nazaret), es la historia más grande jamás contada es un lugar común, con la salvedad de que a todos los efectos para los cristianos lo es, lo ha sido y lo será hasta el día tremendo en que los tiempos se consuman. ¡Esta es la creencia firme de los que comparten esa fe! Es por ello que con motivo de la próxima Semana Santa tendrá lugar en Ademuz, capital comarcal del valenciano Rincón de Ademuz, la segunda representación de este drama intemporal, humano y divino a la vez, ocurrido en la Jerusalén de los primeros años treinta del siglo I de nuestra Era, esto es, hace poco más de dos milenios.
        El propósito de la obra tiene una finalidad esencialmente evangelizadora y catequética, para dar a conocer y difundir el momento culminante del misterio cristiano. Pero también es un acto lúdico y cultural, abierto a la participación de todos los moradores y visitantes de la comarca: ateos y creyentes, agnósticos e indiferentes.
          El evangelio de Marcos, considerado el más antiguo y menos metódico de los sinópticos, comienza con la predicación del Bautista y el bautismo de Jesús en el Jordán, y concluye con su Pasión y muerte en el monte Calvario, drama que se consuma en la Resurrección triunfal de Dios. Si la narración concluyera en la muerte y entierro del Crucificado, la historia sería igualmente atrayente, paradigma de la muerte del justo, pero carecería del ingrediente principal, la Resurrección –hecho que la sitúa por encima y a mucha distancia de todas las demás-. Pues sin Resurrección no hay esperanza de justicia suprema ni de vida futura más allá de la muerte...
        De esta forma la pasión, muerte y resurrección de Cristo se constituye en el núcleo del kerigma primitivo, me refiero a la primera predicación apostólica, pues dicho término indica proclama, a la vez que difusión del mandato y predicación de la fe, lo que implica enseñanza y comunicación de lo sagrado.[1]
           La primera representación de la obra tuvo lugar en la plaza del Ayuntamiento de Ademuz –el sábado, 23 de marzo de 2013-: el hecho constituyó un éxito artístico y de público, aunque como todo, siempre mejorable. Tuve el placer de asistir a aquella representación, pero recuerdo que al final me castañeaban los dientes, en parte por la impresión, aunque también por el frío.
           Las fotografías utilizadas para ilustrar la entrada corresponden a la representación de la obra el año pasado, fueron bajadas de facebook por el autor y no consta que posean copyright. En cualquier caso, pueden utilizarse citando la procedencia.

Detalle del Cartel anunciador de la Primera Representación teatral -Sus heridas te han curado- en Ademuz (Valencia), 2013.

            La obra de teatro: estructura orgánica y contenido.
            A modo de introducción, al comienzo del libreto de la obra “Sus heridas te han curado” se explica que ésta fue representada por vez primera en la plaza de la villa de Ademuz, “como preparación a las solemnidades del Santo Triduo Pascual”, “en el marco del Año de la fe y del tercer curso del Itinerario Diocesano de Renovación”. El actual guión, corregido, se edita “para las siguientes representaciones, como recuerdo de lo que fue la inolvidable experiencia de la primera representación y como agradecimiento a todas las personas de las parroquias del Rincón de Ademuz, que de una manera desinteresada colaboraron en este proyecto” –datado en Ademuz, 14 de septiembre de 2013, festividad litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz-. Escrito, dirigido y producido por Parroquias del Rincón de Ademuz.


Esquema de la estructura orgánica de la obra: escenas y cuadros.

ESCENAS

EPÍGRAFE

Escena I

Domingo de Ramos

Cuadro 1º
Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén: Aclamación
Cuadro 2º
Reunión del Sanedrín: coloquio de fariseos, Caifás, José de Arimatea y Nicodemo
Escena II

Lunes Santo

Cuadro 1º
Unción en Betania: Jesús con algunos amigos y apóstoles
Cuadro 2º
Traición de Judas: pacto con Caifás
Escena III

Jueves Santo

Cuadro 1º
Lavatorio y última cena

Escena IV

Getsemaní: en el huerto de los olivos

Cuadro 1º

Oración de Jesús en el Huerto: tentación

Cuadro 2º

El beso de Judas: Prendimiento

Escena V

Noche de la Pasión

Cuadro 1º

Jesús ante el Sanedrín: negación de Pedro

Cuadro 2º

Juicio de Jesús: preside Caifás

Cuadro 3º

Pedro sigue negando

Escena VI

Viernes Santo

Cuadro 1º

Mañana de Pascua: Jesús ante Pilato

Cuadro 2º

Jesús camina hacia el Calvario

Cuadro 3º

Judas y el Demonio: desesperación y muerte de Judas

Cuadro 4º

Jesús camina hacia el Calvario: encuentro con la Verónica

Cuadro 5º

Jesús llega al Calvario: Crucifixión y muerte

Cuadro 6º

Lanzada al costado de Jesús

Cuadro 7º

Descendimiento: Piedad y entierro de Jesús

Escena VII

Resurrección

Cuadro 1º

De la traición en el Paraíso a la traición de Getsemaní: de la muerte a la redención por la Resurrección.
Tomado del libreto de la obra “Sus heridas le han curado”. Elaboración propia (2014).


            Acerca de la estructura de la obra.
            Según vemos, la obra se organiza en torno a siete escenas, con uno o más cuadros cada una:
I.                           Domingo de Ramos: incluye la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y su aclamación (cuadro 1º), y la reunión del Sanedrín (cuadro 2º).
II.                        Lunes Santo: la llamada “Unción en Betania” (cuadro 1º): Jesús con sus amigos y algunos apóstoles.
III.                     Jueves Santo: Lavatorio de pies (redención) y Última Cena, institución de la Eucaristía y del ministerio sacerdotal.
IV.                     Getsemaní: en el Huerto de los Olivos: Oración y tentación de Jesús (cuadro 1º) y beso de Judas: Prendimiento (cuadro 2º).
V.                        Noche de Pasión: Jesús es llevado ante el Sanedrín. Negación de Pedro (cuadro 1º), Juicio de Jesús: preside Caifás (cuadro 2º) y Pedro sigue negando a Jesús (cuadro 3º).
VI.                     Viernes Santo: Jesús ante Pilato (cuadro 1º), Jesús camina hacia el Calvario (cuadro 2º), muerte de Judas (cuadro 3º), encuentro con la Verónica (cuadro 4º), llegada al Calvario, crucifixión y muerte de Jesús en la cruz (cuadro 5º), Lanzada en el costado (cuadro 6º) y Descendimiento: Piedad y entierro de Jesús (cuadro 6º).
VII.                  Resurrección: De la traición en el Paraíso a la traición de Getsemaní: de la muerte a la redención por la Resurrección (cuadro 1º).

            Desarrollo y comentarios al contenido.
        Las diferentes escenas y cuadros de la obra tuvieron lugar (el año pasado) en la plaza del Ayuntamiento de Ademuz, teniendo como escenario principal la lonja, la entrada por la puerta del Solano, la bajada desde el portal de san Vicente y calle Empedrado, el balcón de la Casa Abadía y el recinto o solar anexo a la Casa Consistorial. La puesta en escena, singularmente el vestuario, túnicas y mantos evocan “The Passion of the Christ” (Mel Gibson, 2004), una obra absolutamente recomendable, pese a los excesos.

            Escena I: Domingo de Ramos:
Cuadro 1º.- La representación constituye un viaje, en el que actores y espectadores recorren un camino mental y espiritual... Los narradores explican que con motivo de la Pascua “Jesús y sus discípulos caminan hacia Jerusalén para celebrar allí estos días tan especiales” para los judíos. Van pensando en la celebración religiosa de siempre, sin sospechar que van a la “verdadera Pascua”. Consciente de ello, “Jesús camina deprisa”, como si tuviera premura en llegar. Él ya había anunciado lo que iba a suceder, su pasión, muerte y resurrección, pero sus apóstoles, aunque le habían oído no le entendieron: “Jesús se daba cuenta de ello por eso no insistía en explicarles más de lo que podían soportar”. Se trata de un cuadro sencillo, alegre y tranquilo en apariencia, con los apóstoles caminando plácidamente, van a la fiesta anual de la Pascua judía, nada presagia lo que iba a suceder. Jesús, sin embargo, aparece impaciente, lo evidencia la rapidez de su marcha, “adelantándose al paso de los demás”, como ansioso por arribar.

"Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén", obra de Giotto di Bondone (1267-1337), capilla Scrovegni de Padua (Italia) [Tomado de Wikipedia, La enciclopedia libre].
Jesús siempre “había rechazado cualquier manifestación de gloria hacia Él. Pero esta vez es distinto...”, pues para dar cumplimiento a las Escrituras “es necesario que los que han creído le aclamen como Rey”. Se trata del “plan de Dios, como lo predijo el profeta Zacarías”. A la llegada a la ciudad el ambiente es de alegría, festivo –entre palmas y ramas de olivo-: Jesús entra en Jerusalén aclamado como Rey, un rey muy especial, pues no monta un brioso corcel engalanado con rica montura, sino un humilde pollino. Pero Jesús no podía estar alegre, ya que sabía lo que le esperaba. En contraste con la alegría del pueblo, se muestra la preocupación de “las autoridades y magistrados de Israel”, que “también se conmueven pero... en otro sentido”. A la vista de Jerusalén, Jesús llora por la ciudad, anunciando su destrucción: “llegará el día en que te rodearán de trincheras y tus enemigos te atacarán por todos los lados...”. La iglesia de Dominus Flevit, sita en el monte de los Olivos conmemora aquel suceso: a través de la vidriera del altar mayor se disfruta de una hermosísima vista de Jerusalén, más allá del torrente Cedrón, ceñida la ciudad por su muralla... Los romanos se asentaron sobre esta misma zona cuando el asedio y destrucción de la ciudad en el año 70...

"Flevit super illam" (Lloró por ella -se refiere a Jerusalén-), obra de Enrique Simonet (1886-1927), Museo de Bellas Artes de Málaga [Tomado de Wikipedia, La enciclopedia libre].

"Sus heridas te han curado": Detalle de la entrada de Jesús en Jerusalén, el Domingo de Ramos... (Ademuz, 2013).
 
Cuadro 2º.- Se desarrolla a modo de coloquio entre varios fariseos con Caifás (Sumo Sacerdote, de la secta de los saduceos), José de Arimatea (el que cederá su sepulcro para el entierro de Jesús) y Nicodemo (un fariseo, miembro importante del Sanedrín). Los fariseos se preguntan qué hacer con Jesús de Nazaret, pues temen que pervierta al pueblo. Por “perversión” entienden que las gentes “acuden a Él más que a nosotros”, para consultarle asuntos y escuchar sus enseñanzas en el Templo, además de seguirle “en masa a dondequiera que va”. No saben de dónde le viene su sabiduría a Jesús, ni quién ha sido su maestro, pero Caifás sabe “que hace muchos milagros” y teme que si no hacen nada todos acabarán siguiendo a Jesús, “y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación”. Lo que realmente temía el sumo sacerdote era perder su influencia y el favor de los romanos, con los que parece mantenía una excelente relación; prueba de su connivencia es su largo pontificado. El de Arimatea duda del argumento del taimado Caifás, quien le manda callar. El sumo sacerdote continúa su argumentación, acusándole de que cree que el encausado pueda ser el Mesías, lo cual es imposible, pues las escrituras dicen que Éste debe venir del linaje de David y de Belén. El argumento es contundente, pues Nazaret se halla en la alta Galilea, muy lejos de Belén, que está en Judea. Quizá no sea éste el lugar para analizar la cuestión, pero el asunto del nacimiento de Jesús en Belén es lo que los especialistas denominan un teologúmeno, esto es, una narración en clave histórica de un hecho teológico. Jesús nace probablemente en Nazaret, de hecho en todo en Nuevo Testamento (NT) se le conoce como Jesús Nazareno o Nazoreo, no Jesús de Belén, como debería ser nombrado de haber nacido en esta pequeña localidad. Sabemos que José (=Yosef), el esposo de María (=Miryam), era de la estirpe de David, de ahí que acudiera a empadronarse a Belén en aquel censo, pero José es sólo el padre putativo (legal) de Jesús, no su padre carnal (biológico). No obstante, entre los judíos la estirpe se establecía por la línea legal paterna. De ahí que para vincular a Jesús con la estirpe davídica deba nacer en Belén.[2]

"Sus heridas te han curado": Detalle de fariseos con antorchas... (Ademuz, 2013).
 
Para los judíos de aquella época, Galilea era una zona poco desarrollada -en cualquier caso poco estimada-, de donde la expresión “De Nazaret no puede salir nada bueno”. El de Arimatea insiste en la defensa de Jesús, arguyendo que nunca nadie había hablado como Él, pues “hasta los espíritus inmundos le obedecen”. Pero sus contertulios le responden que es un timador, un charlatán, lo que para ellos equivale a “pecador” y “blasfemo”. Nicodemo está con el de Arimatea y también le defiende, replicando que las cosas buenas que hace Jesús (dar vista a los ciegos, hacer caminar a los paralíticos, curar leprosos...) no puede ser cosa del diablo, pues “Dios no escucha a los pecadores sino al que es piadoso y hace su voluntad”. Los fariseos no se rinden a la sensatez del razonamiento y porfían diciendo que “no guarda el sábado” y que “dice que Dios es su padre”. Lo de “guardar el sábado” es algo curioso, que todavía se practica entre los judíos devotos... Hace unos años, estando en Jerusalén con un grupo de peregrinación nos hospedamos en un lujoso hotel, donde había dos amplios ascensores, pero resulta que el sábado no funcionaban..., quiero decir que aunque apretaras las teclas de los pisos no paraban donde uno quería... La cosa tenía su quid, y no la entendimos hasta que nos la explicaron, pues resulta que ese día del sábado los ascensores funcionaban automáticamente: uno de ellos sólo se detenía en los pisos pares y el otro en los impares..., ¡para que los judíos que allí se hospedaban, que eran muchos y de clase alta, no tuvieran que hacer el esfuerzo de apretar las teclas del elevador, pues el sabbath -día sagrado de la semana judía- no deben realizar trabajo alguno! La anécdota es baladí, pero significativa...
Continuando el desarrollo de la obra vemos que Caifás, hombre astuto y con visión política, responde a sus contertulios que no entienden lo que está sucediendo, pues “Os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera”. Las palabras del sumo sacerdote encierran una profecía en aquel momento incomprensible, ya que anuncia la muerte de Jesús, que muere “no sólo por la nación sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos”. En aquel conciliábulo se decidió el destino de Jesús, siendo Caifás el principal responsable de la conjura. Pero no adelantemos juicios, pues aunque los judíos participaron en el contubernio, los que realmente mataron a Jesús fueron los romanos. No obstante, a tenor del decurso histórico, la propia Iglesia ha cargado las tintas sobre unos y otros -judíos o romanos-, según ha convenido al signo de los tiempos.

Escena II: Lunes Santo.
Cuadro 1º.- Se presenta como una excursión de Jesús y algunos de sus discípulos a Betania (localidad próxima a Jerusalén, sita al sureste de la ciudad), para visitar (y despedirse) de algunos de sus amigos: Lázaro, Marta y María. Esto fue unos seis días antes de la Pascua judía... Marta y María entablan un diálogo, comentando lo “enrarecido” del ambiente, la “tensión” que se respira, pues son conscientes de que Jesús tiene partidarios y detractores, y han oído decir que “los sumos sacerdotes y los fariseos buscan su muerte”. El complot ya era público... Las amigas de Jesús no conciben que el Maestro pueda ser muerto o destruido, están convencidas de que Él es el Mesías..., un Mesías capaz de destruir y humillar a cualquiera que se le oponga. Al mismo tiempo temen que alguien le entregue..., de que pueda ser apresado, burlado y muerto. En realidad se hallan confusas; aunque poseen la evidencia de que “Jesús es el Hijo de Dios” –no en vano ha resucitado a su hermano Lázaro, ¡ellas estaban presentes!-, temen al poder de las autoridades religiosas. En realidad pocos entendieron entonces que el Mesías no era un Cristo de rompe y rasga, de fuego y muerte, “y que la salvación no se realizará por la fuerza (de las armas o del terror), sino de alguna manera misteriosa que sólo Él sabe”.
Marta anda ajetreada con los preparativos (no era para menos, ¡tenía por invitado a Jesús!) y reprocha a María su desgana a la hora de ayudar. Jesús le responde que no se agobie, que haga lo que pueda. Seguidamente entra en escena Judas (se trata de Judas Iscariote, el administrador o tesorero del grupo de seguidores de Jesús). Este Judas siempre me ha provocado emociones contrapuestas, es un personaje misterioso, maltratado por la historia y por los Evangelios canónicos, pero existen otras interpretaciones de él y de su papel en el drama de la pasión...[3] Judas reprocha a María de Betania que derroche un caro perfume en Jesús, cuando hubieran podido venderlo y sacar buenos denarios para aliviar las penurias de los pobres. Se trata del mismo reproche que hoy se hace a la Iglesia institucional respecto de los tesoros que acumula en forma de obras de arte, edificios y bienes de todo tipo... Es una cuestión espinosa, pero lo cierto es que la venta de todos los bienes de la Iglesia no bastaría para solucionar el problema de la pobreza: “Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y los podéis socorrer cuando queráis...” –dice Jesús, imaginamos que con tristeza-. En la unción que María le hace con el caro perfume puede verse una premonición de la muerte y el embalsamamiento del cuerpo de Jesús...

"Cristo en casa de Marta y María" en Betania, obra de Johannes van Vermeer (1632-75) [Tomado de Wikipedia, La enciclopedia libre].
El cuadro termina con el alejamiento de Judas: Mateo le pregunta adónde va, pero él no responde. Bartolomé aventura si “irá a dar alguna limosna”. En este punto se anuncia la separación de Judas de Jesús, al que “antes seguía lleno de entusiasmo y de emoción”. ¿Acaso la custodia de la bolsa del grupo de seguidores de Jesús ha despertado en el apóstol el ansia de dinero? Algo grave (“que le abrasa por dentro”) debe estar pasando en el alma del desdichado Judas...
Cuadro 2º.- Caifás y algunos fariseos dialogan con Judas... Durante la conversación Él niega que sea su discípulo, sólo admite ir con Él, a la vez que confirma que hace milagros y que “la gente le sigue admirada”. Según parece, los guardias de los sacerdotes ya habían tratado de detener a Jesús, pero Él “se les ha escabullido de las manos”. Judas explica que si ha ocurrido esto es porque no conocen sus hábitos, y se ofrece a entregarlo a cambio de dinero... Es así como cierran el trato, treinta monedas “por una señal”. La traición se ha consumado, desde aquel momento Judas es ya otra persona, “la luz que el Maestro había hecho brillar en su corazón” se ha apagado, aunque por fuera sigue siendo el mismo. ¿Qué hubiera pasado de haberse negado Judas a consumar la traición? ¿Hubiera aparecido otro traidor ocupando su lugar? No sabemos; el cualquier caso, sin traición -entrega, pasión, muerte y resurrección de Jesús- la salvación no hubiera sido posible... Judas se convierte así en una pieza clave del drama de la pasión; por eso resulta tan enigmático su amargo papel.

"Sus heridas te han curado": Detalle de Judas Iscariote tramando la traición de Jesús con Caifás y algunos fariseos... (Ademuz, 2013).
"Sus heridas te han curado": Detalle de Caifás (sentado) y algunos fariseos... (Ademuz, 2013).


Escena 3: Jueves Santo.
Cuadro 1º.- A petición de Jesús, Pedro y Juan preparan lo necesario para la cena de la noche de Pascua, un acontecimiento muy especial: todo debía estar dispuesto y ordenado según unas “indicaciones muy concretas”. Los discípulos lo disponen todo según lo ordenado, quizá como en años anteriores, aunque “sin sospechar que Jesús realizará algo mucho más importante” en aquella ocasión. La tradición manda que haya “pan, vino y platos guisados”, labor de la que se encargan las mujeres. Las mujeres se han encargado siempre de la cocina..., hasta hoy día en que los hombres han entrado en el recinto de las féminas para compartir con ellas labor tan poco agradecida. Como era de noche, la cena debía celebrarse a la luz de las lámparas, por eso las encienden. Llegados los comensales se disponen alrededor de la mesa, sería una mesa baja y en vez de sillas utilizarían taburetes o cojines para reclinarse sobre ellos... Entre los comensales se halla Judas Iscariote, ¿llevaría con él el monedero con los dineros de la traición? No lo sabemos, aunque la iconografía siempre le ha pintado con una abultada bolsa colgando del cinto o agarrada con una mano, la cabeza girada, el rostro taimado, el perfil aguileño... ¿Es por eso que a los judíos se les personifica en la figura de Judas? Todos los judíos no van a ser como el apóstol traidor, pues las cualidades negativas que se le adjudican pueden estar en cualquiera. En todo caso pobre Judas, vaya papelón que le tocó, ¡vender a su maestro por unas miserables monedas! Pero no me extraña, ya que los hombres de entonces, de hoy y de siempre somos capaces de entregar cosas valiosas de nuestra vida por mezquinas expectativas...

"Sus heridas te han curado": Detalle de la Última Cena de Jesús con sus discípulos... (Ademuz, 2013).
Jesús manifiesta el deseo que tenía de cenar con sus apóstoles..., pero apenas comenzada la cena deja la mesa y, desvestido del manto, se ciñe una toalla y arrodillado comienza a lavar los pies de los comensales..., un acto “propio de esclavos”. Tan humilde acción debe verse como “signo de la Redención”; además de mansedumbre, pues implica vocación de servicio, “amor y ternura” infinita por los demás. Pues los pies suelen estar sucios y huelen mal... Un narrador explica el cuadro y su hondo significado..., el Hijo de Dios limpiando “los pies de cada hombre”, expresión de auxilio absoluto y de perdón, extensivo a la limpieza del alma, al alivio de su aflicción..., a la vez que símbolo de la entrega incondicional. Otro relator señala que “Pedro no entiende nada”, de ahí su negativa a dejarse lavar los pies: ¡No, Señor! ¡No me lavarás los pies jamás! –exclama jactancioso-. Pero cuando Jesús le advierte de las consecuencias de su negativa, Pedro se ofrece para que le lave de arriba abajo. Jesús dice que basta con lavarle los pies, ya que “uno que está limpio sólo necesita lavarse los pies”. Y añade, “Vosotros estáis limpios..., aunque no todos”. Obviamente, se refiere a Judas Iscariote, ¡desgraciado de Judas! Mientras come, sonríe y habla con los demás, al tiempo que aprieta su saquillo con los caudales de la traición. La desgracia de Judas está en que ha puesto el dinero por encima de todo, incluido Dios... -algo bastante común entre los hombres de ayer y de ahora-.

"Sus heridas te han curado": Detalle de Jesús lavando los pies a Judas Iscariote... (Ademuz, 2013).
"Sus heridas te han curado": Detalle de Jesús lavando los pies a Juan, el discípulo amado... (Ademuz, 2013).
 
"Sus heridas te han curado": Detalle de Jesús lavando los pies a Pedro... (Ademuz, 2013).
Jesús hace saber a sus discípulos que su hora ha llegado... Sus seguidores le preguntan qué quiere decir... Aunque les explica que adonde Él va ellos no pueden seguirle, el testarudo de Pedro insiste: “Estoy dispuesto a dar mi vida por Ti” –dice convencido-. Seguidamente, Jesús le participa lo que sucederá... “Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces”. Y anuncia a todos: “esta misma noche uno de vosotros me va a entregar”. Nadie quiere ser el traidor, por eso cuando le preguntan quién será Jesús lo identifica como aquel a quien da “un trozo de pan untado en salsa” –al tiempo que dice-: “Judas, amigo, lo que tengas que hacer, hazlo pronto”. Hubiera sido éste un buen momento para el arrepentimiento, arrodillándose a los pies del Señor y manifestado públicamente su felonía, pero Judas no está por la labor, sigue aferrado a su bolsillo de monedas, aunque quizá éstas ya empezaban a quemarle. El caso es que “deja escapar su última oportunidad”, pues abandona el Cenáculo y “se pierde en la noche”. Los demás comensales parecen no darse cuenta de nada, aunque Jesús ha indicado claramente quién es el que le entregará: “Es aquel a quien doy un trozo de pan...”. No, no se enteran de nada, y cuando Judas se marcha “piensan que tiene que salir a cualquier asunto” que le ha encargado el Señor.
El reproche no es sólo para Judas, lo es para todos los demás..., y les advierte de su renuncia y del abandono de que será objeto esa misma noche. Con todo, les pide que confíen en Él, y que aunque ahora “me voy al Padre”, “volveré a buscaros y os llevaré Conmigo”. ¿Está hablando de su segunda venida, de la Parusía del final de los tiempos? Cuando Tomás el Incrédulo le dice que no saben a donde se va, ni el camino que conduce a ese lugar, Jesús dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que cree en Mí, llega al Padre”. Muchos creemos en Él, pero por eso solo no llegaremos a la casa del Padre, pues no basta con profesar: creer en Él es escuchar y cumplir sus palabras..., ¡pero eso es harina de otro costal!
Cuando Felipe pide a Jesús que les muestre al Padre, Jesús le responde que no hace falta, “porque el que me ve a Mí ve al Padre”, ya que el Uno está en el Otro. Será un juego de palabras, pensarían los discípulos, ¿cómo puede ser esto, Uno que está en el Otro y el Otro en Uno? Impenetrable, pues es un asunto sólo comprensible por la fe y con ayuda del Espíritu de Dios, del Espíritu Santo, Tercera Persona de la Trinidad. Seguidamente, Jesús les da a sus seguidores un nuevo mandamiento: “que os améis los unos a los otros como Yo os he amado” –dice proponiendo el amor como signo distintivo de sus seguidores-. De ahí que los que no se quieren, cuánto menos los que odian, no puedan ser verdaderos cristianos.
Felipe le había pedido que les mostrara al Padre, pero que no se fuera Él... Como prueba de amor Jesús instituye aquella noche santa el Sacramento de la Eucaristía –para poder estar siempre con la humanidad-, y el Ministerio sacerdotal. Se trata de un pacto sellado entre Dios y los hombres, una Nueva Alianza basada en pan ácimo y vino, productos comunes convertidos en su Cuerpo y su Sangre: no se trata de una poción mágica compuesta de elementos esotéricos, extraños, misteriosos, sino de lo más vulgares... Tomad, comed y bebed todos de este pan (cuerpo) y de este vino (sangre) –dice Jesús fragmentando el pan y dando de beber de la copa-. Para poder estar siempre con nosotros, pide Jesús: “Haced esto en conmemoración mía”. De ahí que la repetición de este misterio en cada Sacrificio de la Misa constituya sacrificio incruento, un banquete en el que hay que participar. ¿Qué convidado no come en un fiesta de boda? Aunque los comensales deben estar limpios, por dentro y por fuera... Sucede lo que con la vid y los sarmientos: Jesús es la vid, nosotros los sarmientos: si no permanecemos unidos a Él, no daremos fruto: para dar fruto debemos estar con Él: para permanecer unidos nos obligamos a escuchar y cumplir sus palabras...

"Sus heridas te han curado": Detalle de Jesús durante la fracción del pan... (Ademuz, 2013).
Aquella debió ser la cena más extraña a la que asistieron los seguidores de Jesús con su Maestro..., ¡no era para menos! Terminado el ágape nocturno se levantaron y se fueron a Getsemaní, un monte frontero de la ciudad, al otro lado del Cedrón. María, la madre de Jesús andaría por allí. En algún momento se acercó a Jesús y le preguntó: “Hijo mío, ¿qué va a ocurrir ahora? Jesús le respondió: “Madre, ha llegado la hora” ¿Qué sentiría María al oír estas palabras?, seguramente una opresión angustiosa en el pecho y deseos incontenibles de llorar. De seguida los hombres se fueron a Getsemaní, donde los olivos –las mujeres se quedarían en casa, recogiendo los cacharros y ordenando la estancia-.

Escena IV: Getsemaní.
Cuadro 1º.- El narrador advierte que “Apagadas las luces del Cenáculo, Jesús sale de la ciudad, cruza el torrente Cedrón, se adelanta en la oscuridad y se dirige al Huerto de Getsemaní, el huerto de los olivos” –Getsemaní es un jardín que se halla en el monte de los Olivos, el lugar donde según la tradición evangélica Jesús oró antes de ser detenido por los esbirros de los sacerdotes: se halla al este de la ciudad, separado de esta por el valle Cedrón o Kidron, por donde discurre el torrente de este nombre-: en sus inmediaciones hay en la actualidad tres conocidas iglesias: la Basílica de Getsemaní, Dominus Flevit y Pater Noster

"Sus heridas te han curado": Detalle de Jesús con sus discípulos... (Ademuz, 2013).
Otro narrador nos dice que con Jesús fueron sólo tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan –los demás se quedaron por allí cerca-. Una vez solos, “los apóstoles ven cómo el rostro de Jesús cambia”, “su gesto marcado de tristeza profunda, de angustia”-lo que debió asustarles, pues “ellos nunca habían visto así al Señor”-. Ante la pregunta de Pedro, Jesús les manifiesta su estado de ánimo, al tiempo que les pide que se queden con Él y recen. Dejándoles, se alejó internándose entre los olivos con paso vacilante, “porque ha tomado sobre sí nuestra debilidad” –nadie reconocería a Dios en ese hombre rendido de paso temblón, hasta el punto de poder exclamar, “¡Cómo se esconde la divinidad!”-. En momentos de tristeza y abatimiento el ser humano tiende a buscar la soledad, aún situándose cerca de los que uno quiere. Jesús no es distinto en esto al resto de los mortales... Para aliviar las penas, sin embargo, nos invita a la oración.

"Sus heridas te han curado": Jesús con tres de sus discípulos en Getsemaní... (Ademuz, 2013).

"Sus heridas te han curado": Detalle de la tentación de Jesús, durante la oración en Getsemaní... (Ademuz, 2013).
En medio del silencio de la noche Jesús se dirige al Eterno con una palabra aramea: “Abba, Padre, todo te es posible, pase de Mí este cáliz”. El Señor sabe que ello no es factible, pero preferiría evitarlo, lo cual resulta perfectamente acorde con su naturaleza humana. Se ha especulado acerca del idioma que hablaría Jesús, y de su formación, si era o no letrado... La respuesta más probable es que hablara arameo, con conocimientos de hebreo (imprescindible para leer e interpretar las Escrituras en la sinagoga), y algo de griego, lingua franca del Imperio Romano de entonces. De lo que no hay ninguna evidencia es que conociera el latín, la lengua de los invasores romanos...[4]
No sabemos lo que debió pasar por la mente de Jesús en aquellas horas terribles en Getsemaní..., aunque la tradición dice que sudó sangre, lo que prueba un sufrimiento extremo y angustioso, propio del que conoce “todo el poder del pecado y de la muerte”. Como si en aquellos instantes hubiera echado sobre sus hombros toda la amargura y el desconsuelo de la humanidad sufriente. En los momentos de extremo dolor somos más débiles, no es extraño que el Demonio, profundo conocedor de la frágil naturaleza humana aprovechara para manipularle: “¿Para qué dar tu vida? No sigas adelante. Ni a tus amigos les importa, mira cómo duermen”. Pero Jesús sabía cuál era su misión..., cumplir la voluntad del Padre.

"Sus heridas te han curado": Detalle de Jesús orando en Getsemaní... (Ademuz, 2013).
Jesús regresa al lugar donde había dejando a los tres discípulos, con el encargo de que oraran con Él para resistir la tentación; pero los encuentra dormidos, vencidos por el sueño: ¡Ni una hora pudieron velar con Él! Abatido, Jesús vuelve a sumergirse en la oración, completamente abandonado a la voluntad del Padre, sabe que su destino es tomar sobre sí “los pecados de la humanidad”. Con esta actitud el Señor parece invitarnos a hacer lo mismo, sino por la humanidad, al menos por nuestros familiares, amigos y vecinos. El Maligno vuelve a la carga: “Deja a los hombres, que ellos elijan...”, es su problema –susurra al Señor-. “Nadie va a agradecértelo. Tanto sufrimiento va a ser inútil”. Cuando pienso en los “pecados de la humanidad”, esto es, en las ofensas a Dios, pienso también en su sufrimiento, en el frío y el hambre, en la enfermedad y la muerte de millones y millones de seres humanos que han poblado este mundo desde los comienzos de la humanidad... ¡Si fuera posible concentrar en un punto todo el dolor de la Humanidad, el planeta estallaría, se desintegraría...! El Señor conoce bien este sufrimiento, y a la hora de juzgarnos lo tendrá en cuenta... Por eso “mira a todos los hombres de todos los tiempos”, a nosotros, y nos pide que al menos no le carguemos más con nuestra “frialdad”, nuestra “superficialidad”, “falta de verdad”, “falta de caridad y de perdón”. Pero el Demonio es perseverante, nunca reposa: “No va a servir de nada, nadie va a aprovechar tu Sangre” –murmura al Señor-. “¿Qué utilidad hay en tu Sangre? Abandona. No sigas adelante, es inútil” –sigue diciendo al Señor en aquellos momentos de desmayo-. Pero la voluntad de Jesús es más fuerte que la del Maligno y su decisión está tomada: “Si este cáliz no puede pasar sin que Yo lo beba, hágase tu voluntad” –expresa invocando al Padre-.
Terminados sus rezos, Jesús regresa al lugar donde habían dejado a los suyos y los encuentra de nuevo dormidos: Están cansados, tienen sueño, no entienden nada... “Sólo vela Judas” –¡infortunado Judas!-.

"El beso de Judas", fragmento de la obra de Giotto di Bondone (1267-1337), capilla Scrovegni de Padua (Italia) [Tomado de Wikipedia, La enciclopedia libre].
Cuadro 2º.- Camino de Getsemaní, Judas acompaña a los soldados de los sacerdotes, para indicarles dónde se encuentra y quién es Jesús... Ya tienen acordada la señal: “Aquel a quien yo bese, Ése es; atadlo y conducidlo con cuidado” –en ese “con cuidado” pare haber una pizca de compasión-: sabe que lo delata para que lo detengan, pero quiere que lo hagan delicadamente. Jesús les ve venir y advierte a los suyos: “Ya está aquí el que me entrega. ¡Levantaos, vamos! –dice-: Ha llegado mi hora”. “¡Salve, Maestro! –exclama Judas, al tiempo que le besa en la mejilla-. Los soldados buscan a Jesús el Nazareno, el cual es detenido tras identificarle. Jesús pide a los soldados que dejen marchar a sus seguidores y manda a Pedro que envaine su espada..., pues la violencia no es la solución. Él sabe que ha llegado su hora, “la del poder de las tinieblas”. En este momento Jesús se abandona al mandato del Padre: “Aquí estoy, ¡Oh Dios!, para hacer tu voluntad. Llevo tu ley en mis entrañas. Por ellos Yo me entrego en sacrificio” -la decisión de Jesús es irrevocable, su cruce del Rubicón-.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).




[1] HERNÁNDEZ IBÁÑEZ, Alberto. El kerigma cristiano en la iglesia primitiva, en: http://www.vicariadepastoral.org.mx/proyectos/8a_semana/hojas/kerigma_iglesia_primitiva.htm, del 19 de mayo de 2009.
[2] MEIER, John P. Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Las raíces del problema y de la persona, Edita Verbo Divino, Quita Edición, Navarra, 2004, p. 243.
[3] Evangelio de Judas. (2014, 15 de enero). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 16:22, marzo 31, 2014 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Evangelio_de_Judas&oldid=71925963.
[4] MEIER (2004), pp. 266-297.

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