sábado, 18 de agosto de 2012

LUCAS CARRIÓN-VÁZQUEZ, (a) LUCAS KARRVAZ (y II).


Una charla con el escultor, 
a propósito de su estancia en Torrebaja (Valencia).




            Después de aquello, imagino tuviste otros trabajos.
  • Claro, de allí me marché a "Lladró", donde hacía modelos para las figuras de su estilo... Sí, eran unas figuritas finas, muy estilizadas, de un género muy particular. Trabajaba con plastilina, buscando las formas... Bueno, yo no era un primer espada y me daban figuras de relleno o de segunda línea. Hubiera podido hacer otras cosas, pero me di cuenta que aquello no era lo mío, por eso no fui constante, ni quise encasillarme en lo que me mandaban hacer... Además, yo quería encontrar mi propio estilo, no me importaba tanto que fuera mejor o peor, pero que fuera el mío. De allí me fui a una fábrica de bronce muy importante entonces –"Lafuente"-, que tenía unos noventa empleados; allí hice lo mismo que en "Lladró" pero con el bronce. Claro, allí conocí este material, lo que fue muy interesante para mí, lo trabajaba directamente, como el hierro: calentando el metal, doblando las piezas, puliéndolas, etc. Esto lo hace muy poca gente, porque es muy difícil. Estando allí tuve problemas con el gerente... Resulta que el director de la empresa me vino un día con una piedra que dijo haber encontrado en el río y que tenía cierto parecido con la cabeza de una mujer. Y me la dejó para ver si se me ocurría hacer algo con ella... Yo la cogí y le puse un pañuelo atado bajo la barbilla y varios elementos del campo, un escabillo y eso, como si fuera una mujer del campo. La termino y se la entrego al gerente, diciéndole que era la pieza que me había encargado el director, que era Enrique Lafuente. El gerente se la lleva y al cabo del rato viene con la figura y me dice: Deposítela cuidadosamente en el cubo de la basura... Yo cogí la pieza y le di unos martillazos, porque no quería que nadie tuviera una figura mía, le puse un saco y le di varias pasadas con goma-laca, de forma que se quedara rígida... Bueno, la figura todavía la tengo en casa, simboliza el paso del tiempo, algo que madura y finalmente se pudre... Sin embargo, aquello me produjo cierto fastidio. El caso es que pensé en marcharme de la empresa, porque yo quería hacer otras cosas. Así que subí a despedirme del director, aduciendo los motivos que me llevaban a tomar esta determinación, y aproveché para decirle que lamentaba que no le hubiera gustado la figura que me encargó. Entonces me comentó algo que me sorprendió, pues dijo: Pero, ¿hiciste algo con aquella piedra? Y le expliqué lo que me había dicho el gerente, "que la depositara cuidadosamente en el cubo de la basura...". Anécdotas como estas te van descubriendo cómo es la vida...
El escultor José Lucas Carrión Vázquez (Torrebaja, 1951), alias Lucas Karrvaz, tras la entrevista (2012).

            Entonces, ¿cómo fue que comenzaste a hacer las esculturas de hierro que caracterizan tu estilo?
  • Después de marcharme de "Lafuente" es cuando comencé a hacer las esculturas de hierro que constituyen mi estilo... Por entonces conocí al mejor crítico que he tenido. Aunque no soy partidario de utilizar esta palabra, porque eso de criticar es una falacia... ¿Cómo va alguien a criticar la Gioconda o una pintura de Miguel Ángel, la Maja de Goya o cualquier otra obra clásica? Pienso que el crítico debiera llamarse cronista o de cualquier otra manera... Resulta que un grupo de artistas hicimos una exposición en el bajo del Ayuntamiento de Valencia; sí, en unos locales que dan a la calle de la Sangre. Yo presenté una figura inspirada en la Venus del Espejo de Velázquez, donde se ve una figura femenina tumbada, pero sustituyendo el espejo por un libro. Y para pasar el rato, otro escultor y yo nos pusimos a criticar nuestras propias obras, haciendo broma del asunto. En ese momento había por allí un señor contemplando la escultura con mucha atención. Entonces el señor, mirando por encima de sus gafas se dirige a nosotros, diciendo: Señores, deberían ustedes sentirse afortunados de poder contemplar esta obra, porque ustedes no saben lo que están viendo, el arte que tiene esta figura, porque fíjense ustedes en tal y cual... –entonces yo le explique que era el autor y la broma que estábamos haciendo-. El hombre se me acercó y me dijo: Permítame que le dé un abrazo de felicitación, joven... –y me abrazó-. Este hombre resultó ser Manuel Real Alarcón, que era quien organizaba la Tertulia de Artistas en la radio valenciana, y que tanto ha hecho por la mayoría de artistas de nuestra generación, hasta el punto que junto a nuestro nombre deberíamos poner el suyo en pequeño. Este hombre me organizó una exposición en el palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia, y a partir de ese momento el público valenciano comenzó a conocer mi obra, y que yo existía...
           
            Se nombra aquí al célebre ceramista conquense, Manuel Real Alarcón (Cuenca, 1917-Valencia, 1986), importante personaje y de gran influencia en el mundo artístico valenciano.[1]-[2]

            Me decías que también estuviste en París, y que montaste tu propio estudio en Mislata (Valencia).
  • Si, bueno, lo de montar mi estudio fue antes de ir a París... Alquilé un bajo en Mislata y empecé a trabajar en algo “seguro”, esto es, un modus vivendi que me permitiera sobrevivir, a la vez que hacer lo que quería. Porque era consciente que lo que yo hacía no me lo iban a comprar, al menos de inmediato, y tampoco quería encasillarme haciendo algo como lo que había hecho en "Lladró" o "Lafuente". Fue entonces cuando comencé a diseñar y fabricar medallas y trofeos deportivos. Tuve la suerte de conocer a unos empresarios italianos y empecé a fabricar este tipo de objetos para Italia, que luego, por cierto, se vendían en España como italianos... Por entonces diseñé también un abrecartas para la FIAT, que era muy curioso y elegante. Conmigo trabajaba Paco Soriano –se refiere a Francisco Soriano Calomarde (a) el Tracas- que era de Torrebaja, fallecido hace poco... Paco era una gran persona y muy buen profesional, trabajaba la talla de madera y montó su taller en el bajo que yo tenía en Mislata; sí, a veces también trabajaba conmigo, incluso su padre, que ya era mayor, y su esposa... Claro, él tenía allí su banco y hacía sus encargos de talla, pero cuando yo tenía mucha faena me ayudaba... Un día se presentaron en el taller unos representantes de la SEAT con uno de aquellos abrecartas que yo había hecho para los italianos, diciendo que querían lo mismo pero que en lugar de FIAT tuviera sus siglas. Entonces le dije a un ayudante que me trajera un cajón que había debajo del torno, donde yo guardaba una treintena de aquellos abrecartas, pero sin pulir... Al verlos, dijeron: Pero, ¿cómo es que tienes esto aquí? Cómo va a ser, porque los fabrico yo... –les respondí-. Claro, se quedaron de una pieza.

            Desde luego, José Carrión es una caja de sorpresas, pues tienen anécdotas de todo tipo. Durante el relato de estos sucesos, mi entrevistado se ríe con ganas y su risa resulta contagiosa, pues lo cuenta con mucha gracia y todo tipo de imitaciones. Y sigue diciendo:

  • Vaya que sí, y tengo otra que me sucedió con unos franceses... Resulta que yo gané en Francia un concurso para diseñar una medalla con motivo de celebrar el bicentenario de la Revolución Francesa; y cuando los franceses vieron que Lucas Karrvaz era un español se quedaron de piedra... Sí, esto de tener tantas anécdotas que contar significa que nos estamos haciendo viejos, ¡seguro...!
El escultor José Lucas Carrión Vázquez (Torrebaja, 1951), alias Lucas Karrvaz, tras la entrevista (2012).


            ¿Qué puedes decirme del conjunto de esculturas que tienen tu firma en los Jardines de la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia, cómo surgió aquello?
  • Verás, un amigo mío arquitecto, cuando le preguntan qué es la ciudad de las Ciencias de Valencia, responde que son unos edificios muy bonitos que ha construido Calatrava junto a las esculturas de Lucas Karrvaz... Bromas aparte, allí tengo varias esculturas y, según dice Elena de las Heras Esteban en su obra -“La escultura pública en Valencia. Estudio y catálogo” (Valencia, 2003)-, yo soy el artista que tiene más esculturas en aquel complejo. Todo surge a raíz de la urbanización de la zona... Los arquitectos que llevaban el tema contactaron con algunos escultores valencianos para mantener una entrevista y exponerles lo que pretendían, colocar una serie de esculturas cuyo tema genérico sería la pretecnología, y en un segundo momento, la música... De esta forma empecé a trabajar, diseñando varios dibujos, siendo así como presenté los inventos que allí se exponen: El Fuego, donde se ve una mujer soplando sobre un montoncito de ramas; después La Caza, basado en una pintura rupestre, donde se ve un ciervo herido por una flecha y un cazador que se acerca a rematarlo con una lanza; después La Siesta, representado por un pastor con el botijo al lado –aunque aquello no les parecía un invento-; luego está La Siega y El Llanto del agricultor ante la cosecha perdida y Las Inclemencias: la lluvia, el trueno, el rayo, las nubes... Esta última es una escultura de catorce metros que está algo deteriorada, porque todos estos elementos que tenía eran móviles y la gente se colgaba de ellos... Por esta razón, el Ayuntamiento los ha ido retirando, para evitar algún accidente. Después está la escultura del caballo, cuando se incorpora al campo... Aquí se ve un hombre junto a un caballo, pero no domándolo con un látigo, sino negociando con el animal. El hombre le entrega una herradura a cambio de su trabajo y el animal acepta el trato a cambio de que el hombre lo cuide y se ocupe de él: así se explica esta fusión, pues las patas delanteras del animal se hacen unas con las del hombre –justamente, el nombre de la escultura es Aliados-. Después está El Espantapájaros, que no deja de ser un invento... Allí se ve la bufanda del monigote arrastrada por el viento, y también el pelo y el vestido del mismo, buscando el movimiento, pues figura que está en un campo, al aire libre... Y así varias esculturas más. Me gustaría añadir que en este proyecto de la pretecnología trabajé junto con Antonio Marí, un escultor de Jávea (Alicante); cada uno elegimos un tema, de forma que nuestros trabajos resultaran armónicos y complementarios. Él es el autor de obras tan estupendas como "Andante", "Pescador", "Forjador", "Escritura" y "Azada"; todas ellas se exponen en el mismo entorno. Fue una experiencia muy interesante, donde se demuestra que la suma de un escultor más otro no da dos, como cabría esperar, sino alguno más; porque, en lo que hace a la colaboración artística, como en tantas otras cosas de la vida, si se abandona el egoísmo personal, los  trabajos conjuntos se enriquecen...

            En este punto se hace referencia a las esculturas que el artista tiene en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia. El conjunto de figuras se halla tras la fachada oriental del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, una extensa zona de césped donde crecen distintas variedades de árboles, con riachuelos artificiales de agua corriente, bancos, puentes, grupos de piedras, etc. Las figuras escultóricas responden al estilo figurativo, tan peculiar del autor, construidas en hierro y dispuestas sobre un poyo circular de obra. Se alude arriba al libro de Elena de las Heras Esteban, una tesis doctoral dirigida por D.F. Javier Pérez Rojas y editada por el servicio de publicaciones de la Universidad de Valencia (2003), en cuyo catálogo aparece nuestro autor.[3] Asimismo, el artista dice que "la suma de un escultor más otro no da dos" aludiendo a lo que en biología sería la Teoría General de Sistemas (TGS), del austriaco Ludwing von Bertalanffy, donde se demuestra que la suma de las células de un organismo vivo es algo más que el cómputo numérico de ellas.

"El Pastor" obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).

Detalle del perro en "El Pastor", obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).

            José Carrión, ¿cómo surgió el acrónimo Lucas Karrvaz con el que firmas tus obras?
  • Bueno, esto también tiene su historia... Mi primer nombre es José y podría decirse que éste murió en Teruel. Yo tenía una moto y me la robaron y el que me la robó tuvo un accidente de tráfico y se mató. Este individuo fue dado por muerto y enterrado con el nombre que figuraba en la documentación de la moto, José Lucas Carrión Vázquez. En aquel momento yo iba camino de Zaragoza con unos amigos, para las fiestas del Pilar... Ya puedes imaginar el follón que se preparó en casa, pues fui dado por muerto; pero a los pocos días aparezco yo... Hubo que buscar una fe de vida y todo el papeleo necesario para demostrar que yo estaba vivo. El caso es que a partir de entonces firmé como Lucas Carrión Vázquez, pero como resultaba muy largo como firma artística, lo resumí poniendo Lucas Carrvaz. Esto fue poco antes de la época en que estuve en París con un grupo de artistas. Allí hicimos una exposición en la calle –fuimos precursores de este tipo de exposiciones al aire libre, que se ha popularizado después-, y en el cartel donde se anunciaban las obras de cada artista, el que hizo el cartel, que era un polaco, escribió mi nombre como Lucas Karrvaz, porque en polaco se escribe así. Yo fui a quejarme del error, pero los compañeros me convencieron de que así sonaba mejor, con más fuerza, y así se quedó... Lo de unir mis apellidos con un guión proviene de una cuestión semántica, y también estética; fue mi hermano Mariano quien comenzó a escribirlo así en sus publicaciones científicas en Estados Unidos, porque resulta que "Carrión" en inglés significa "carroña", y la verdad es que no suena bien. En definitiva, se trata de una cuestión menor y de marketing, pero mi nombre completo y  verdadero es José Lucas Carrión Vázquez y el de mi hermano, Mariano Sixto...


El entrevistado hace mención a su estancia en París (1975-78), donde se integró en el Colectivo de Artistas de "Le Chichy", lo que le dio la oportunidad de exponer su obra en distintas ciudades francesas, además de en Italia y Suiza, llegando a exponer en el Salón de las Naciones de Ginebra.

            Aparte de en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias, ¿en qué países podríamos encontrar alguna obra significativa tuya?
  • Pues, en treinta y tantos países... Una de las obras más significativas o internacionales que tengo es una escultura inspirada en la Grupa Valenciana de Sorolla, que hice para el Valencia FC. Sí, los directivos del Valencia querían una figura, algo representativo de Valencia que entregar como regalo a los clubes extranjeros que visitaban. Primero hice una serie de veinticinco y luego otras tantas, pero tenían el problema de que pesaban mucho, unos veinticuatro kilos cada una, pues eran de metal macizo; la segunda serie la hice hueca, pero no conseguí que bajaran de los quince kilos... Sí, algo parecido a lo que pasa con “El Torico” de Teruel, que parece pequeñito sobre la columna, pero pocos saben que pesa cincuenta y cuatro kilos... También tengo una obra en el Museo Vaticano, lo que no deja de ser un gran honor para mí, pues muchos pagarían por tener allí una obra suya. Se trata de una escultura de san Daniel Comboni, santo italiano que estuvo de misionero en África. Cuando me propusieron hacer la imagen del santo, yo no sabía qué hacer, tuve que leerme su biografía y tratar de encontrar lo más significativo de su vida para tratar de representarlo con sus características... Bueno, no me encargaron la obra directamente, primero hubo un concurso, donde yo participé junto con otros artistas italianos, pero eligieron mi boceto. Al final hice al santo con una cruz detrás, más insinuada que hecha, acogiendo con los brazos a unos niños que buscan amparo en él, lo que representa los más caros valores del santo... Hice dos imágenes, una para el Vaticano y otra para Brescia, su lugar de nacimiento; sí, una ciudad junto al lago Garda, al norte de Italia. La obra me supuso una gran satisfacción, más personal y artística que económica; porque ya sabes como son los curas...

            Se alude aquí al célebre lienzo de Joaquín Sorolla –“Grupa Valenciana” (1906)- en el que el artista pintó a sus hijos, Joaquín y María, montados en un caballo, ricamente enjaezado al estilo del país.[4] Asimismo, se menciona a san Daniel Comboni (Brescia, Italia, 1831-Sudán, 1881), sacerdote misionero y obispo italiano en África, fundador de los Misioneros Combonianos, beatificado y canonizado por Juan Pablo II (1996-2003).[5] Según noticias emitidas por la Agencia AVAN (Noviembre, 2003), el Ayuntamiento de Roma premió una imagen dedicada al fundador del Instituto misionero de los Combonianos, obra del artista valenciano Lucas Karrvaz, por haber sabido expresar "de forma extraordinaria los valores y labor evangelizadora" del personaje "tal y como reconoció el jurado integrado por miembros del instituto misionero y del consistorio romano". La escultura de Comboni está labrada en hierro, mide 1,20 metros y pretende ser instalada en el Museo Africano de Verona (Italia). Se trata de un grupo escultórico donde la imagen del santo "rodea con una mano una cruz y en su lado izquierdo figura un corazón cuya forma dibuja el relieve del continente africano". Una réplica de esta escultura, en menor tamaño, será colocada en Limone sul Garda (Brescia), el lugar de nacimiento del santo.[6] El premio a nuestro artista le fue concedido en el contexto de la "Grande Mostra D`Arte" celebrada en el Palacio de la Cancillería del Vaticano en Roma, entre los días 28 de septiembre y 7 de octubre. La mencionada exposición fue organizada por el Ayuntamiento romano y los Institutos Misioneros Cambonianos, "con motivo de la canonización del santo", el pasado 5 de octubre (de 2002). Al acto asistieron importantes personalidades del mundo cultural, político y eclesiástico, y tuvo un gran éxito de público y de crítica, lo que traduce el alto nivel de las obras seleccionadas. Entre las más de cien obras presentadas, de artistas europeos y africanos, el jurado decidió otorgar la Mención de Honor a la obra "Padre Comboni" de Lucas Karrvaz, basada en hierro forjado, por manifestar "con explicito realismo los valores más queridos del santo" -así lo reconoce una nota de prensa publicada en Italia con motivo de esta muestra, a finales de 2002-.


            Aquí en el Rincón de Ademuz hay varias obras tuyas: “La cigüeña que trae el euro” y “Trujalia: la Vaca Loca”, ambas en Torrebaja y “El Caminante”, en Casasbajas, ¿qué puedes decirme de ellas?
  • Sí, estas obras se encuadran en aquella I Bienal de Escultura al aire libre que hicimos, donde expusieron artistas de muchos países... “El Caminante” es una obra simbólica, pues, en tanto caminante, para llegar a cualquier sitio lo primero es dar el primer paso... De ahí la firmeza y determinación que transmite esta escultura, que personalmente me gusta mucho... A partir de ahora voy a tratar de venir más por Torrebaja, porque lo sucedido con algunas personas en relación con la Posada del Arte no tiene por qué afectar a todos. Sabes que fui nombrado, creo que inmerecidamente, "Hijo Predilecto" de Torrebaja; lo acepté porque había que aceptarlo, aunque no me gusta mucho esa designación, porque creo que un padre o una madre no debe tener predilecciones por un hijo. A raíz del Parque Escultórico en el Rincón de Ademuz, yo intenté comprar el edificio de la posada, para hacer aquí una residencia de artistas, porque yo tenía entonces mucha relación con la UNESCO, y la posibilidad de conseguir becas y becarios, etc.; pues aquella idea estaba funcionando bien en USA. Pero cometí el error de confiar demasiado en los políticos, y no sólo me sentí ninguneado, sino como si me hubiera intentado llevar algo de aquí con todo aquello. Hace tiempo me llamó por teléfono Javier Varela –se refiere a don Francisco-Javier Varela Tortajada-, el anterior alcalde, invitándome a volver al pueblo y reconociendo que estaban en deuda conmigo, que qué podían hacer... Yo le dije que no volvería hasta que me nombraran Tonto del pueblo... Pero lo he pensado mejor y en agradecimiento a los que me nombraron "Hijo Predilecto" voy a volver... ¡De hecho, aquí estoy!
"La cigüeña trae el euro", obra de Lucas Karrvaz en Torrebaja (Valencia).
"Trujalia, la vaca loca", obra de Lucas Karrvaz en Torrebaja (Valencia).
Detalle de "Trujalia, la vaca loca", obra de Lucas Karrvaz en Torrebaja (Valencia).

¿Tienes algún proyecto inmediato?
  • Actualmente, estoy embarcado en un proyecto con la fundación MOMA, para construir un museo de mi obra y una casa de acogida para artistas emergentes. Se trata de un proyecto muy ambicioso -lo primero que me propusieron fue hacer un templo del arte, como homenaje a la obra de Lucas, aunque a mí me parecía demasiado-. Pero ya te digo, todavía estamos en conversaciones y todo esto es sólo un proyecto...

            Para concluir, dime algo de tu vida personal y familiar.
  • Bueno, puedo decirte que “cometí” matrimonio... Mi esposa se llama Paloma y tenemos un hijo de 22 años, Alejandro... Compré una casa en La Malvarrosa; se trata de un edificio emblemático donde estuvo viviendo Manuel Azaña durante la guerra. Tiene un jardín enorme y esta al lado de la casa-museo de Blasco Ibáñez. Allí tengo también el taller...

            A modo de epílogo.
            En alguna ocasión he propuesto públicamente a José Lucas Carrión Vázquez (a) Lucas Karrvaz como artífice de una escultura para colocar en “La Cruz de los Tres Reinos” (Arroyo Cerezo-Castielfabib), un monumento que hubiera podido inaugurarse con motivo del VIIIº Centenario de la Conquista Cristiana de Ademuz y Castielfabib por Pedro II de Aragón (1210-2010).[7] Cuando le comento al artista mi proposición, reconoce que es cierto, pues se habló de esta idea, incluso mantuvo una conversación al respecto con el maestro Gonzalvo, pues su idea era que en aquel proyecto trabajaran tres artistas, uno por cada comunidad: Gonzalvo lo haría por Teruel y él por Valencia, otro lo haría por Cuenca. Aquello no cuajó, pero todavía estamos a tiempo...
            En nuestro somero repaso de la vida y obra de nuestro autor, le hemos visto rememorar sus recuerdos de infancia en Torrebaja y su formación inicial en Santa Emerenciana de Teruel. Desde aquellos lejanos días nuestro artista ha ido madurando como persona y como creador, descubriendo su propio estilo y el material con el que expresarse, hasta el punto que hoy podemos disfrutar de una amplia y rica producción suya de "esculturas vivas". Entre sus obras proyectadas, merece la pena recordar que participó en el concurso organizado por el Word Trade Center Memorial, en homenaje a las víctimas por los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York, del 11 de septiembre de 2001: su maqueta quedó finalista, entre los ochenta y cinco mil proyectos presentados de 165 países.[8]  


En suma, nuestros recuerdos de infancia se desvanecieron, como nos esfumaremos nosotros. Pero el nombre de Lucas Karrvaz y su ingenio merecerá pasar a las enciclopedias, y parte de su obra quedará en los museos. Pues lo que crea es arte elevado a la más alta expresión, con la particularidad de ser construido en parte con materiales de desecho, esto es, con hierros viejos y oxidados, "dándoles -como él dice- una segunda oportunidad". Todo un símbolo para nuestra sociedad. Gracias, José Carrión por tu obra y por honrarnos con tu amistad. Que el primer paso de "El Caminante" propicie tu regreso a esta humilde tierra que te vio nacer... Vale.





[1] DE LA RICA, Carlos. Ceramistas conquenses: Manuel Real Alarcón. (Consultado el 27 de mayo de 2016)
[2] La cerámica alrededor del grupo Parpalló: El Grupo Parpalló y la Cerámica. (Consultado el 27 de mayo de 2016)
[3] DE LAS HERAS ESTEBAN, Elena (2003). La escultura pública en Valencia. Estudio y catálogo. Servicio de publicaciones de la Universidad de Valencia, Valencia,  p. 108, 484 y 497. Dicho catálogo contiene algunos errores que conviene rectificar, pues obras como "Andante", "Pescador", "Forjador", "Escritura" y "Azada" se adjudican a Lucas Karrvaz, cuando en realidad son de Antonio Marí, escultor de Jávea (Alicante) con el que trabajó nuestro autor. Al respecto, puede consultarse una web, que recoge el contenido del texto de referencia, donde se mantienen los deslices mencionados. Vid Jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia. (Consultado el 27 de mayo de 2016)
[4] Grupa Valenciana. (Consultado el 27 de mayo de 2016)
[5] Daniel Comboni. (2012, 23 de junio). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 09:06, agosto 18, 2012.
[7] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. De Ademuz y Castielfabib a las Navas de Tolosa, del lunes 16 de julio de 2012.
[8] WORD TRADE CENTER SITE. Memorial Competition. (Consultado el 27 de mayo de 2016)


- GALERÍA FOTOGRÁFICA -

"La Caza" obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).

Detalle de "La Caza" obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).
"La Siega" obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).

LUCAS CARRIÓN-VÁZQUEZ, (a) LUCAS KARRVAZ (I).


 Una charla con el escultor, 
a propósito de su estancia en Torrebaja (Valencia).




"Un amigo mío arquitecto,
cuando le preguntan qué es la ciudad de las Ciencias de Valencia,
responde que son unos edificios muy bonitos que ha construido Calatrava
junto a las esculturas de Lucas Karrvaz..."
-del contenido de la entrevista-.



            Palabras previas.
         Desde hace tiempo venía pensando en entrevistar a José Lucas Carrión Vázquez (Torrebaja, 1951), escultor torrebajense más conocido por Lucas Karrvaz, su nombre artístico. Pero no resulta fácil, pues vivimos en lugares distintos y nuestras ocupaciones no favorecen la relación. Providencialmente, sin embargo, hace unos días nos encontramos en la plaza del Ayuntamiento de Torrebaja. Yo estaba aparcando mi vehículo, con la intención de ir a una reunión informativa convocada por la alcaldía, cuando me lo tropecé. Después de saludarnos me dijo que había venido para hablar con el alcalde -don Octavio Gómez Luis-, en relación con una propuesta que pretende hacerle el Consistorio. Yo le manifesté mi deseo de charlar con él, y así surgió esta entrevista, aprovechando un hueco entre el comienzo de la exposición de la alcaldía y el fin de la misma, en la que el escultor debía intervenir.
La conversación la mantuvimos en mi casa, sentados en torno a una mesa de la entrada. Le ofrecí a mí entrevistado algo de beber –cerveza, vino, un refresco...- pero a esas horas de la mañana él sólo quiso agua, agua fresca... En los prolegómenos de la charla me hizo saber que tenía la garganta algo delicada, en relación con una intervención de hombro que había sufrido, y de la que todavía se hallaba convaleciente: Sí, el tubo que me pusieron para la anestesia me dañó la faringe, y todavía voy a rehabilitación, por lo del hombro –me comenta-. Encuentro a José Lucas muy bien físicamente, prácticamente como la última vez que le vi, aunque de esto hace ya tiempo. La misma sonrisa, pues es persona sonriente, de los que miran la vida con cierta distancia, esto es, con agudeza e ironía. Algún cabello de menos, quizá algún kilo de más, pero el mismo de siempre, comunicativo y locuaz, expresivo y cordial hasta la afabilidad.

El escultor José Lucas Carrión Vázquez (Torrebaja, 1951), alias Lucas Karrvaz, durante la entrevista.

Conozco a José Lucas desde la infancia, pues somos de la misma generación e íbamos juntos a la escuela del pueblo. Para los niños del pueblo era simplemente Carrión, “un muchacho llorón y curioso, cuya personalidad denotaba ya entonces abundantes rasgos de genialidad”, al que denominábamos por el apellido paterno; su peculiaridad le evitó el apodo. Respecto a la presunta chifaldura o excentricidades de los artistas, dice: Sí, los artistas podemos permitirnos estar un poco locos, pero para un loco es demasiado lujo ser artista... Desde la infancia, sin embargo, no le volví a ver hasta hace unos años, en que nos hallamos en Torrebaja con motivo del I Encuentro en el Medio Rural celebrado en la localidad a mediados de octubre de 1998. De aquel encuentro dejé constancia en un artículo para Diario de Teruel, en la sección Desde el Rincón de Ademuz, que yo escribía en aquel periódico los jueves;[1] este mismo artículo formó parte de mi primer libro Desde el Rincón de Ademuz (2000).[2] En aquél suelto decía:
  • <[José Carrión] nació en Torrebaja [...], hijo de un guardia civil que vino al puesto el año anterior. Mi relación con él fue la de cualquier niño de la misma edad con sus compañeros de escuela y juegos; aunque yo le recuerdo siempre llorando a moco tendido, o corriendo –perseguido por algún otro niño que pretendía darle algún coscorrón- mientras (él) iba delante a prudente distancia, girándose y amenazando con ir a buscar la escopeta de su padre... [Pero] enseguida bajaba jugando tan tranquilo a la plaza, mordisqueando un bocadillo de dos palmos y olvidado de la pelea... José Carrión no era un niño común. Andaba siempre metido en algo, inventando cachivaches de dudosa utilidad que difícilmente funcionaban. Tenía un lugar secreto en la parte alta de un viejo transformador que había al pie de la carretera de Cuenca a Teruel, bajo la acequia de Castielfabib, donde parecía conseguir realizar sus sueños y fantasías; atendiendo al tiempo unos conejos que criaba>.[3]

            Han transcurrido más de tres décadas desde entonces, y aquel niño llorón que conocía, compañero de juegos y fechorías, se ha convertido en un hombre maduro, de estatura media alta, más recio que flaco, con barba entrecana e incipiente calvicie; a la vez que en uno de los artistas valencianos más importantes que trabajan el hierro en España.

El autor del artículo-entrevista junto a "El Caminante", obra de Lucas Karrvaz, en la Feria Comarcal de Casasbajas (Valencia), otoño de 1999.


            Contenido de la entrevista.
        José Lucas, ¿qué recuerdas de tu infancia en Torrebaja, cuándo naciste, dime algo de tu familia?
  • Yo nací aquí en Torrebaja el día 4 de junio de 1951, a las siete de la tarde para ser exacto, en una casa de la calle Fuente que hace esquina con el callejón de la Talega, al menos eso es lo que me contaron mis padres. Sí, mi padre era guardia y estaba destinado en el puesto de aquí. Tengo un hermano, ocho años menor que yo, y que también nació aquí en Torrebaja. Bueno, en realidad nació en Teruel, porque entonces las madres ya iban a parir al hospital de Teruel, pero a la vida, esto es, en su corazón lleva marcado Torrebaja como su verdadero lugar de nacimiento... Él es biólogo, ha estado varios años -diez o doce- investigando en la Clínica Mayo (Rochester, Minnesota) y también como docente en la Universidad de Columbia (Nueva York), en Estados Unidos. Sí, su jefe fue propuesto para el Nóbel y se lo llevó con él... Después le surgió la oportunidad de volver y ahora está trabajando aquí en España, donde tiene su propio laboratorio; su nombre es Mariano, Mariano Carrión Vázquez.
           
            Se nombra aquí a Mariano Carrión Vázquez, del que su hermano  José Lucas habla con orgullo y pasión, responsable del Departamento de Neurobiología Molecular, Celular y del Desarrollo, del grupo de investigación Nanomecánica de Proteínas del Sistema Nervioso en el Instituto Cajal (CSIC).[4]-[5]

            Y continúa:
  • Como te digo, mi padre era guardia civil y le llamaban José Carrión Valiente, ya fallecido y mi madre Concepción Vázquez Sánchez, que falleció joven, a los 57 años. Mi madre puso una peluquería en la planta baja de aquel transformador que había en la carretera y que tú nombras; lo de los conejos estaba arriba, subiendo por una escalera, formada por peldaños de hierro clavados en la pared... Lo de los conejos surgió porque le regalaron a mi padre una pareja de animales y cuando nos dimos cuenta teníamos setenta u ochenta, y claro había que alimentarles: yo iba con una bicicleta y una corbella a segar alfalfe a un campo que él había concertado. Sí, entonces apareció una enfermedad que se les hinchaba la cabeza... Claro, yo fui a la escuela de aquí: primero a la que había en la plaza, donde el Ayuntamiento, con don Luis, y después nos bajamos a las Escuelas Nuevas: allí fuimos con don Eladio y también con don Lisinio, que fueron mis maestros en Torrebaja. Entonces se les tenía mucho respeto a los maestros, sabían mantener la autoridad, una autoridad que ahora han perdido. Sí, de entonces tengo muy buenos recuerdos y todavía mantengo contacto con algunos compañeros de entonces... Recuerdo que Torrebaja era entonces un pueblo muy tranquilo, donde los niños jugábamos a los juegos de entonces en la calle; en los recreos los mayores jugaban a la pelota en el frontón, a churro y al galope y los pequeños al tejo... Me acuerdo de las fiestas, de montar en bicicleta, de ir a nadar a la Presa... En Pascua íbamos toda la chiquillería a merendar a Tetuán, y también a la Presa, donde el río Ebrón; allí poníamos las sandías a refrescar. Íbamos a la fuente por agua y de vez en cuando rompíamos un botijo, después en casa nos arreaban con la alpargata... Estando ya en el cuartel, frente a la casa de don Manuel –se refiere al médico, don Manuel Fernández Arraiza-, recuerdo que en las noches de verano nos tumbábamos a ver pasar el satélite, que franqueaba el cielo como un puntito blanco intermitente... Y también cuando íbamos a buscar escarabajos, de esos que tienen un cuerno, o luciérnagas, o los sapos que cruzaban la carretera... Entonces había escasez de muchas cosas –al fin y al cabo fueron años marcados por una posguerra tardía-, pero yo creo que no nos dábamos cuenta de ello, porque realmente no necesitábamos tantas cosas como ahora... Sí, sabíamos ser felices con menos cosas: si no teníamos un juguete, lo hacíamos nosotros. Con una lata de sardinas construíamos un coche, con un trozo de madera o corteza de pino hacíamos una barca y formábamos carreras por la acequia... Recuerdo que en una entrevista un joven le comentaba a una persona mayor la cantidad de cosas de las que habían carecido en su infancia y juventud, pues entonces no había ninguno de estos aparatos modernos, y el viejo le contestó: Es verdad, entonces no teníamos nada de eso, por eso tuvimos que inventarlo...

"Aliados", obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).

            Se hace mención aquí de distintas personas –don Luis Perpiñán Aguilar, don Eladio Arnalte Vicente y don Lisinio Aliaga Gimeno-, maestros de primaria del entrevistado, durante su estancia en las Escuelas Nacionales de Torrebaja.[6]


            Entonces, aquí en Torrebaja pasaste la infancia, pero ¿cómo fue marcharte a Teruel?
  • Como recordarás, en la escuela de entonces se estaba hasta los 14 años, luego ya tenías que marcharte a otro sitio. Por esa época nos marchamos muchos chicos del pueblo, unos se incorporan al mundo laboral y otros fueron a estudiar... Yo me marché a Teruel, para estudiar Maestría Industrial en la especialidad de metal en la escuela de Santa Emerenciana, que está frente al Hospital General Obispo Polanco de Teruel, donde el campo de fútbol; nosotros jugábamos allí. Las clases las dábamos en Santa Emerenciana pero la vida la hacíamos en la Residencia Pizarro, que está un poco más lejos, pero en la misma zona. Al verano y durante las vacaciones bajaba a Torrebaja, esto durante un par de años; pero luego destinaron a mi padre a Rubielos de Mora y la familia se trasladó allí, entonces dejé de bajar a Torrebaja. Sí, tengo muy buen recuerdo de aquella época, porque yo siempre he sido muy polifacético y me adaptaba a lo que había... Estando en Santa Emerenciana me metí en el grupo de teatro, allí me encargaba de los decorados de las obras y eso... Sí, me iba eso de las tramoyas y los decorados, hacerlos, montarlos, quitarlos... Recuerdo que por las tardes iba donde los franciscanos a preparar los decorados para una obra que teníamos que hacer allí; me tenía que cruzar toda la ciudad andando... Con aquella actividad empezó a despertarse mi faceta artística, aunque la vocación me viene de cuando acompañaba a mi madre al horno a amasar pan, ya entonces me divertía haciendo figuritas con la masa. También hacía coches antiguos con la maquinaria de los despertadores, pues siempre he tenido mucha imaginación...

            ¿Qué más recuerdas de esta época turolense?
  • Me acuerdo también de don Avelino, se refiere a don Avelino Guillén Gea (Torrealta, 1920-2006)-, que fue mi profesor en Santa Emerenciana. Cuando hice la exposición de Torrebaja vino a verla y tuve ocasión de abrazarle, pues yo tenía buen recuerdo de él, ya que durante mi estancia en el colegio se portó muy bien conmigo. De aquella época tengo una anécdota que me sucedió... Resulta que yo siempre he tenido mucha habilidad para hacer cosas con las manos y en una ocasión, en unos ejercicios con los alicates, teníamos que hacer una figura. Yo terminé la mía y ayudé a varios a hacer la suya, con la particularidad que la que hice para uno de aquellos compañeros se llevó el premio... No, la mía no ganó, sino la que hice para otro. Claro, cuando le conté esto a don Avelino no reímos de buena gana los dos...

            ¿Cómo fue encarrilarte por las esculturas de hierro?
  • Bueno, las esculturas de hierro vinieron después... Resulta que estando en Rubielos de Mora tuve la oportunidad de conocer a Pepe Gonzalvo, que era de allí, donde el maestro tenía su taller. Para mí Gonzalvo es uno de los mejores escultores que hemos tenido. Sí, tuve la suerte de conocer su obra y lo que él hacía, aunque fui muy pocas veces a su taller, pues no quería que al verle trabajar el subconsciente me traicionara y fuera influido por su trabajo; aunque admiraba su obra, porque su obra es de admirar. Claro, si él era de Rubielos de Mora y yo vivía allí, fácilmente podía convertirme en un artista de su escuela; y yo quería diferenciarme. Como vi que él se expresaba mediante volúmenes, yo pensé que debía hacerlo mediante los huecos..., un poco como hacía Gargallo... Sí, aquello fue una decisión meditada. Un día mi padre lo trajo a mi casa –se refiere a Gonzalvo-, para que le diera su opinión de algo que yo había hecho. No sé cómo valoraría mi obra, pero me dijo algo que nunca he olvidado: Lo que puedas decir con cinco hierros, no lo hagas con siete ni diez... –eso fue decisivo para mí, pues siempre he tratado de quitar hierro al asunto, esto es, a mis obras; y nunca mejor dicho-. Es como si a alguien que ha hecho un buen informe en diez folios le dicen que diga lo mismo en cinco, o en uno... Si lo consigue, ahí está la genialidad.

            Se menciona aquí al escultor aragonés José Gonzalvo Vives (Rubielos de Mora, 1929-Valencia, 2010),[7] con el que el entrevistado tuvo cierta relación. Y al escultor y pintor Pablo Gargallo (Maella, Zaragoza, 1881-Reus, Tarragona, 1934), uno de los artistas más geniales y significativos del siglo XX.[8] De hecho y salvando las distancias, la obra de Lucas Karrvaz se halla más próxima a la de Gargallo que a la de Gonzalvo, no hay más que ver, por ejemplo, la imponente escultura de El profeta (1933) en el museo Gargallo de Zaragoza.
"Trujalia, la vaca loca", obra de Lucas Karrvaz en Torrebaja (Valencia).
            Dime, ¿cómo va evolucionando tu formación técnica y artística?
  • En Rubielos de Mora tenía un estudio en la parte alta de la casa donde vivíamos, y como los medios de que disponía eran escasos, empecé a trabajar la piedra, que era un material barato y accesible. Sí, piedra arenisca que labraba con formones y cinceles pequeños... En la fábrica de lanas me daban unos usos de acero que venían con las piezas de lana, y yo los afilaba y preparaba para labrar las figuras. Lo que hacía entonces eran reproducciones de objetos arqueológicos –mayas, aztecas, egipcias...- que preparaba en forma de bajorrelieves. De este tiempo conservo una reproducción que hice de la Dama de Elche... Sin embargo, esto me sirvió para darme cuenta que la piedra no era mi camino. El artista siempre hace sus obras con los materiales que tiene más a mano, y el mío era entonces la piedra... Es como el que tiene un limón y quiere hacerse un refresco, pues se hace una limonada. Sí, hay que ser práctico... Estando en Rubielos, durante las vacaciones iba a Alcalá del Júcar en Albacete, el pueblo de mi padre, donde mis tíos regentaban una herrería; esta fue otra forma de familiarizarme con el hierro...

            Entonces, ¿tú ya habías terminado los estudios de Maestría en Santa Emerenciana?
  • No, yo continuaba en Santa Emerenciana... Tampoco es que fuera una lumbrera, pero fue por entonces cuando comencé a aprender los rudimentos técnicos de mi arte. En aquella escuela, la especialidad de forja y soldadura se destinaba a los que no podían hacer otras cosas, quiero decir que la gente prefería hacer otra casa, electricidad, carpintería, fontanería, torno, fresa... Yo era un alumno bastante adelantado, aunque ya te digo que no era una lumbrera, pero me dieron a elegir de los primeros. Por eso los profesores y mis propios compañeros se sorprendieron tanto cuando elegí forja y soldadura, porque estas especialidades eran para los que no podían optar a otra cosa...

            Y continúa:
  • Por aquella época empecé a construir algunas esculturas por mi cuenta, en los recreos y en algunos ratos que me quedaba en el taller... Y también durante el horario lectivo, porque la faena se me acumulaba. Entonces mis compañeros vigilaban para que no me pillara don Severiano, que era el jefe de taller. Yo, entonces, me ponía a soldar detrás de la cortina de las cabinas que se utilizaban para esa técnica... De entonces data una moto sin guardabarros que hice... Un día don Severiano me llama a su despacho y me dice: ¿Por qué no me enseñas la moto...? –a mí se me cayó el mundo encima, pensando que me iban a expulsar del colegio, que perdería la beca y todo lo peor-. Claro, alguien le había hablado de la moto y por eso quería verla... Voy  por la moto y se la enseño. Él la mira y me pregunta: ¿Esto, lo has hecho tú...? –claro, le dije-. Y cuándo la has hecho: Pues en los ratos libres –le contesté-. Y cuál no sería mi sorpresa cuando añadió: Pues a partir de ahora tienes mi permiso para hacer lo que quieras, con la cortina abierta y encima de la mesa... –claro, porque le gustó mucho la pieza-. Entonces me dijo: Mira, te voy a enseñar un perro, en el que llevó años trabajando, pero no acabo de encontrar la forma de hacerle la cabeza y el collar –y me enseñó la figura y el dibujo en que se basaba-. Ese día se fueron todos al recreo y yo me quedé a trabajar en el perro, de forma que lo acabé y se lo dejé encima de la mesa. Enseguida me llamó y me echó una bronca de miedo, porque lo había hecho sin estar él presente. Sí, le gustó la solución que le presenté, y él hubiera querido ver cómo la hacía... Claro, porque la característica del artista es que puede hacer en un momento lo que otros no harían nunca... Pero la condición de un artista no es algo que le viene dado, antes tiene que trabajar mucho; en estas condiciones puede surgir la chispa de la genialidad, en la solución de un problema artístico concreto.
 
Estamos conformes, porque detrás o debajo de una obra artística genial siempre hay mucho trabajo y esfuerzo, y una gran dosis de ocurrencia y creatividad. En todo caso, como decía Giorgio Vassari (1511-1573), entendemos que la función del escultor es sacar lo superfluo y reducir el material con el que trabaja a la forma que existe dentro de su mente.[9]

"El Espantapájaros", obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).


¿Qué otros recuerdos tienes de esa época en Teruel?
  • Por aquella época se celebraba en Madrid la Feria Internacional del Campo –la Primera Edición se celebró en 1954-, donde cada provincia llevaba algo representativo... Entonces, el director de Santa Emerenciana –don Antonio Bea Casinos- me propuso hacer un escudo para la Organización Sindical, y yo acepté, siempre que me mostrara algún dibujo o idea de lo que quería y me proporcionara el material. Hice el escudo, y fue el emblema de Teruel en la Feria; esto sería en la VI edición, año 1965... Sí, llevaba algo relacionado con el mundo del trabajo: un martillo, un yunque, una hoja de laurel, una espiga y cosas de estas... No, no tengo ninguna foto del escudo y nunca más lo he vuelto a ver, pero recuerdo la obra.


            ¿Cómo fueron tus primeros pasos en el mundo laboral, profesional?
  • Pues resulta que el responsable de la restauración del Monasterio del Puig fichó para los trabajos de forja a mis tíos, los herreros de Alcalá del Júcar en Albacete; ellos tenían que hacer los forjados, los rosetones de las puertas, una gran lámpara que debía tener los escudos de todas las provincias de España, con unas cadenas enormes... Aprovechando esta circunstancia nos trasladamos al Puig, para estar cerca de Valencia y que nosotros -mi hermano y yo- pudiéramos tener más posibilidades, tanto para el estudio como para la vida laboral. Sí, mi padre ya estaba jubilado por entonces... Así fue como me puse a trabajar en la restauración del monasterio del Puig; allí hice mosaico bizantino, cortando y poniendo las piezas que forman los dibujos, un trabajo muy laborioso: había que mojar las piedras para ver el color exacto que tenían para hacer las caras, los vestidos y formas de los personajes. Era muy costoso, después de trabajar una semana veías que apenas habías avanzado un palmo..., pero eso me ayudó a buscar y encontrar las soluciones a pequeños problemas técnicos y artísticos, es como la búsqueda de uno mismo, donde incluso los traspiés te ayudan en ocasiones a avanzar más rápido... Allí conocí a Scals, el maestro de maestros del socarrat, una técnica cerámica medieval... Hice una escultura de hierro y restauré otras de piedra. Había que tener mucha imaginación, porque a veces te encontrabas una a la que faltaba un brazo y había que buscar la solución, pensar en la posición, en si llevaría algo en la mano, el tipo de ropaje, la forma del peinado, para lo que tenía que consultar libros con imágenes de la época, etc. Claro, había que reconstruir lo que le faltaba, eso significaba tener que investigar y experimentar con resinas y demás. Date cuenta que si la hora de salida eran las seis, pues yo salía a las once de la noche, porque me quedaba allí horas y horas por mi cuenta, y disfrutaba mucho...


Cuando el entrevistado dice “Allí conocí a Scals, el maestro de maestros del socarrat, una técnica cerámica medieval...”, se está refiriendo al célebre ceramista alicantino Jaume de Scals Aracil (1913-78), al que conoció durante los trabajos de restauración del Monasterio del Puig.[10]





[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Lucas Karrvaz: el arte de la chatarra, en: Diario de Teruel, jueves 5 de noviembre de 1998, p. 20.
[2] ID. Lucas Karrvaz, el arte de la chatarra, en: Desde el Rincón de Ademuz, Valencia, 2000, pp. 25-26.
[3] Ibídem, p. 25.
[4] Instituto Cajal: Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): Grupo: Nanomecánica de Proteínas del Sistema Nervioso: Departamento: Responsable:  Mariano Carrión Vázquez, del martes 12 de julio de 2016.
[5] Mariano Carrion-Vazquez. Fernández Lab
[6] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. De las escuelas y maestros del Rincón de Ademuzen otro tiempo (I y II), del miércoles 15 de febrero de 2012.
[7] José Gonzalvo Vives. (2012, 12 de julio). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 15:49, agosto 16, 2012.
[8] Pablo Gargallo. (2012, 25 de julio). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 16:00, agosto 16, 2012.
[9] Escultura. (2012, 4 de agosto). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 18:26, agosto 19, 2012.
[10] [Scals trabajó en el Museo de Cerámica “González Martí” de Valencia, fue profesor de dibujo en la Escuela de Arquitectura, en la Universidad Politécnica y en el instituto de enseñanza media de Algemesí; estaba especializado en cerámica antigua valenciana y “socarrats”, tipo de azulejos usados en los artesonados medievales. Su obra se halla esparcida por diversos lugares públicos de Valencia, en especial retablos de cerámica o paneles de azulejos –muro exterior de la Catedral de Valencia y de la iglesia de San Esteban; placa rotuladora de la plaza de la Virgen y “carrer Pouet de Sant Vicent", Capilla del Fossar en la iglesia de San Nicolás de Bari...-]. Vid Jaume de Scals Aracil. Retablo cerámico y Personajes valencianos.

- GALERÍA FOTOGRÁFICA -

"El Fuego", obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).
"El Llanto", obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).
"La Siesta", obra de Lucas Karrvaz en los jardines de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias en Valencia (2001-2002).

martes, 14 de agosto de 2012

RAMÓN MAÑAS AGUILAR, NATURAL DE LOS SANTOS (CASTIELFABIB) Y VECINO DE MALLORCA.

A propósito de un homenaje a 
don Bernardo-Manuel Pérez Gimeno,
su maestro de infancia.

"Yo era muy tenaz, porque hay un dicho en el oficio que dice:
A mayor número de visitas mayor probabilidad de venta...".
Ramón Mañas Aguilar (Los Santos, 1946).


Palabras previas.
El otoño pasado recibí una llamada telefónica de alguien que se identificó como Ramón Mañas Aguilar, natural de Los Santos (Castielfabib), que me requería desde Palma de Mallorca. No nos conocíamos -al menos yo no le recordaba-, pero él sabía de mí por algún libro mío que tenía;[1] y me pidió si estaría dispuesto a entregar a don Manuel –me refiero a don Bernardo-Manuel Pérez Gimeno (Torrebaja, 1919-2012)- una placa o diploma que proyectaban hacerle sus alumnos de Los Santos.
La llamada en cuestión me sorprendió, y en la misma medida me alegró, pues no deja de ser sorprendente y agradable que unos alumnos pretendan homenajear a su maestro de infancia después de tantos años. Y, todo hay que decirlo, también me enorgulleció que alguien pensara en mí para tan noble propósito... La placa de homenaje que pretendían entregase yo a don Manuel debía hacerse en el transcurso de una comida en un restaurante de la localidad. Faltaba acordar el día, pues había que reunir a varias personas que vivían en distintos lugares del país, y que yo estuviera disponible. Aquella primera llamada se siguió de otras posteriores, hasta que se acordó la fecha, pero lamentablemente yo no pude asistir, como hubiera sido mi deseo. Además, don Manuel tampoco se encontraba en condiciones, por sus muchos años y delicado estado de salud. No obstante, los antiguos alumnos fueron a casa del maestro y le entregaron su diploma, se hicieron una foto con él y después celebraron la comida. El propósito inicial se cumplió, el maestro fue homenajeado como pretendía y los alumnos se reunieron para rememorar los recuerdos de su infancia en la escuela de su aldea.

El señor Ramón Mañas Aguilar (Los Santos-Castielfabib, 1946), durante la entrevista.

Hace unos días recibí una nueva llamada del señor Ramón, que me requería desde Los Santos, con la intención de vernos, pues nuestro trato para este asunto había sido siempre por teléfono. Quedamos en Torrebaja para el día siguiente, con la idea de dar una vuelta en bicicleta por la zona y llevarle a don Manuel una fotografía con sus alumnos, en recuerdo de la entrega del diploma. Y eso hicimos, encontrarnos en el punto acordado y pasear un par de horas por la orilla del Turia, desde Torrebaja hasta Ademuz y volver. De nuevo en Torrebaja fuimos hasta la casa del maestro y su sobrina nos llevó delante de don Manuel: le encontramos sentado en un sofá, con su porte de siempre, pero muy cambiado desde la última vez que yo le había visto. Ante nuestro saludo sonrió y aún sin poder tuvo la intención de levantarse, pero su debilidad se lo impidió. Pienso que no nos conoció, aunque su sobrina agradeció nuestra visita y la fotografía. Mi acompañante, el señor Ramón, no pudo evitar emocionarse al estrecharle las manos en la despedida, intuyendo era la última vez que veía a su maestro. Y así fue, pues al día siguiente, 9 de agosto de 2012, don Manuel falleció...
Durante nuestro paseo en bicicleta de esa mañana, el señor Ramón me refirió algo de su vida -sus recuerdos de niño en la aldea, su estancia en Barcelona y su establecimiento en Mallorca- lo que me llevó a solicitarle se brindase a mantener una conversación más detenida conmigo, de cara a una entrevista, pues me pareció el prototipo de inmigrante de estas tierras al que le fue bien la aventura migratoria. Aunque también le sorprendió mi petición, estuvo conforme y quedamos en vernos un par de días después. La entrevista la mantuvimos en la parte alta de mi casa, en una antigua cambra habilitada como estudio. El señor Ramón es una persona educada, puntual y detallista –además de experto en vinos y en la comercialización de te y otros productos alimentarios-. Es de estatura media, lleva gafas y tiene el cabello entrecano, abundante y bien conservado. Me trae una guía de Mallorca como regalo, y una fotografía de las que se hicieron cuando el homenaje a don Manuel. Acomodados frente a una mesa, pongo la grabadora en marcha y comenzamos la conversación: no hace falta estimularle a hablar, pues mi entrevistado es buen conversador...

Cuadro con diploma de agradecimiento de los alumnos de Los Santos-Castielfabib (Valencia), al que fuera su maestro, don Bernardo Manuel Pérez Gimeno (2011).
Don Bernardo-Manuel Pérez Gimeno (Torrebaja, 1919-2012), en su casa de Torrebaja, durante el acto de homenaje que le brindaron sus alumnos de Los Santos-Castielfabib (Valencia), año 2011.


Contenido de la entrevista. 
Comencemos por el principio, ¿cuál es tu nombre completo, qué año naciste, quiénes eran tus padres?
  • Mi nombre completo es Ramón Mañas Aguilar y nací en Los Santos el día 18 de febrero de 1946... Según contaban mis padres, ese día hubo una nevada de medio metro; ya sabes que en aquella época llovía y nevaba mucho más que ahora. Yo recuerdo haber ido una semana entera a la escuela con los chupones de hielo colgando de las canaleras de los tejados; y para eso hace falta que haga mucho frío. Mi familia vivía en la parte alta de una casa que era el centro social de la aldea, llamada La Sociedad; allí nací yo. Mi padre era sastre, todavía conservo su máquina de coser, una “Singer” profesional muy buena... Mi padre era Ramón Mañas Tortajada y mi madre Pilar Aguilar Villalba, ambos de Los Santos. Soy hijo único, pero antes que yo mis padres tuvieron trillizos, pero los tres fallecieron por las condiciones de entonces: nacieron en época de frío y no pudieron tener los cuidados que hoy tendrían, incubadoras y eso... En mi casa hay un baúl donde aún se conserva toda su ropita, la guardaba mi madre. Allí está, no la he querido tirar. Recuerdo que mi padre era muy aficionado a los pájaros, le entusiasmaban, y yo heredé parte de aquella afición. Contaba una anécdota, confirmada por otras personas, referente a los pájaros... Resulta que en cierta ocasión, siendo él un muchacho, una tarde-noche se subió a un árbol muy alto de la ribera, seguramente un chopo, a coger un nido. Cuando alcanzó el nido cogió los parajillos y se los puso entre la camisa y comenzó a bajar. Pero ya te digo que el árbol era muy alto y difícil de escalar, hasta el punto que no pudo descender más, y tuvo que quedarse a dormir en el chopo... Lo descubrió de madrugada alguien que pasaba por allí y con las cuerdas de las samugas lo bajaron, no sin dificultad... Puedes imaginarte la noche que pasó, y la preocupación de sus padres, mis abuelos, al ver que no llegaba a casa a dormir. Sí, yo heredé aquella afición... Entonces era costumbre ir por nidos de cardelinas o jilgueros, cogíamos el nido y lo poníamos dentro de una jaula, de forma que los padres pudieran seguir alimentando a los pajarillos. Una vez fui a ver una de estas jaulas que tenía en un árbol y cuál no sería mi sorpresa cuando vi que los pajaritos se habían convertido en una culebra... Claro, la culebra entró en la jaula, se comió los parajillos y luego, con el vientre hinchado, no pudo salir entre los barrotes... ¡Al ver la culebra me llevé un susto de muerte...!
El señor Ramón Mañas Tortajada y su esposa, la señora Pilar Aguilar Villalba, padres del señor Ramón, en Los Santos-Castielfabib (Valencia).


¿Qué más recuerdas de los años de tu infancia en la aldea, cómo se vivía entonces?
  • En la época de mi infancia, años cuarenta y cincuenta, en Los Santos, aldea de Castielfabib (Valencia), habría unas setecientas personas y la vida era muy distinta de la de ahora. Entonces había mucha más relación y comunicación entre el vecindario, todo era más cercano: la gente se saludaba al salir de casa, decía dónde iba o te preguntaba lo que fuera... No es que ahora no se saluden, pero era distinto, ya que había más intimidad y confianza. A veces he oído que algunos llegaron a pasar hambre, pero no fue mi caso, pues mis padres se desvivían para que no faltara de nada en casa. Mi madre se iba los inviernos a Barcelona, a lo que llamaban “servir”, para ganar algún dinero para la casa, y nos quedábamos mi padre y yo solos en la aldea. Sí, ella se iba los tres meses de invierno, aprovechando que allí teníamos familia, unas hermanas de ellos. Mi padre cosía durante el invierno, pues en esa época no había tanta faena en el campo. Cosía lo que le encargaban, sobre todo pantalones y trajes de pana con chaleco. Yo venía aquí a Torrebaja, a la tienda de Los Ritos a buscar lo que necesitaba: tela de forro de tal color, hebillas, botones, hilo... Claro, él me daba una muestra y yo iba a buscarlo. Mi padre tenía crédito en el comercio y yo, con una hoja donde me apuntaba el material que necesitaba, bajaba a comprarlo. Bajaba con la bicicleta o andando y compraba lo que le hacía falta a mi padre. Recuerdo al dependiente que me atendía, al que llamaban Luis... De cortar y coser unos pantalones, poner el hilo y los botones cobraba unas 15 pesetas. Esto sin contar la pana, que se la aportaba el cliente: mi padre le decía los metros que necesitaba y el consumidor la traía del color que le gustaba, generalmente negra o marrón. Para que te hagas una idea del precio de la vida de entonces, un litro de aceite valía sobre 13 pesetas: yo recuerdo haber ido a la tienda de Albina, que estaba en la plaza, mandado por mi madre con una botella y la tendera me la llenaba con aquel sistema de bombeo que había desde el barril... Ya te digo, yo le repartía la faena a mi padre, llevando los trabajos a El Cuervo, Cuesta del Rato y Castielfabib, que eran los pueblos donde más clientes tenía; sí, mi padre era un sastre muy conocido. Iba en bicicleta, en una bicicleta que había comprado de segunda mano a uno de Tramacastiel, creo que por setecientas pesetas. Era una bici mala, muy mala, en la que los frenos apenas iban y tenías que frenar con el pie, colocándolo sobre la rueda de atrás...

Se menciona aquí al señor Luis Gómez Martínez (Torrebaja, 1926), dependiente de El Pequeño Siglo, la célebre tienda de los Ritos.[2]
Entrada principal a la aldea de Los Santos-Castielfabib (Valencia), 2012.

¿Cómo eras de niño, te gustaba la escuela, ayudabas en casa?
  • Yo de niño era muy activo, y lo sigo siendo. A los cinco años empecé la escuela, que estaba delante de mi casa, separada de la iglesia por un callejón. Las clases se daban en la planta baja, en un lado los chicos y en otro las chicas. En la planta alta vivía el maestro. Mi primer maestro fue don José Ibáñez, que era de Valencia. Era muy de Franco y nos llevaba como militarizados. Apenas fui un año y medio con él y aprendí muy poco, pues lo que más hacía era llevarnos de excursión a La Central, donde la fábrica de luz... Después tuve otro, que era de Ademuz, don Felipe le llamaban, y también estuvo poco tiempo. Ninguno de ellos mostraba demasiado interés por los alumnos... De esta época, cuando contaba unos cinco años tengo una anécdota triste, por lo que me sucedió... Resulta que durante un matacerdo mi madre estaba picando las carnes para hacer el embutido y yo me puse a jugar en la máquina, tratando de impedir con los dedos que salieran los chorritos de carne picada, con tan mala fortuna que se me metió un dedito dentro y al accionar la manivela el mecanismo me lo cortó, sí, por eso me falta una falange del segundo dedo de la mano izquierda. Mi madre notó el chasquido al crujir el hueso y se dio un susto de miedo: en la vida había visto ni vi nunca después a mi madre tan compungida, pobrecilla... Enseguida me vendaron el dedo y me subieron con una caballería al médico de Castiel, pero no pudo atenderme. Sí, salió su mujer y dijo que no podía atenderme..., porque estaba durmiendo la mona de la borrachera de la noche anterior, pues era muy bebedor y juerguista... Así que mis padres me llevaron al médico de Ademuz, uno que tenía la consulta en la plaza del Ayuntamiento: a Ademuz llegamos a las cinco de la tarde. El médico que me atendió dijo que había que cortar la parte del dedo que llevaba colgando, porque había pasado mucho tiempo desde el accidente y corría peligro de gangrenarse. Así que me cortó el colgajo y me quedé sin la última falange...
El señor Ramón Mañas Aguilar y su padre, en el puente sobre el Ebrón en Los Santos-Castielfabib (Valencia).
Se nombra aquí al médico de Ademuz que tenía la consulta en una casa frente a la plaza del Ayuntamiento, refiriéndose probablemente al doctor don Joaquín-Tomás Teruel Eslava. Sigue diciendo:

  • Cuando yo tenía sobre 8 años vino un nuevo maestro, don Manuel Pérez Gimeno, que vivía en Torrebaja y subía con una moto “Guzzi” que tenía. Muchas veces se le estropeaba a medio camino y tenía que continuar andando. Don Manuel fue mi mejor maestro y con él alcanzamos muchos de nosotros nuestro desarrollo. Él fue quien me hizo la Cartilla de Escolaridad, que todavía conservo con cariño... Un compañero mío, Luis Novella y yo éramos los primeros de la clase. Sí, yo con él subí como la espuma, teníamos muy buena relación y aprendimos mucho, todo lo que se podía aprender entonces en la escuela. Estudiábamos con aquellos libros de la Enciclopedia Álvarez, de los que había tres grados, y los ejercicios los hacíamos en unas libretas que comprábamos en la tienda. Entonces se escribía con pluma que se mojaba en un tintero que había en el pupitre, los bolígrafos no existían. En aquellas libretas hacíamos los ejercicios y don Manuel se las bajaba a Torrebaja para corregirlos, luego te ponía bien, mal o regular. Los lápices, gomas y plumas los llevábamos en un plumier. Yo tenía una cartera de cuero como no había otra en la aldea, una cartera que me había mandado alguna de mis tías de Barcelona. Nosotros les enviábamos manzanas y ellas nos correspondían con otras cosas, y un año fue la cartera que te digo, entre otras cosas. Cuando yo me marché a Barcelona la cartera se la regalé a Vicente (a) Faldetos, cada vez que nos encontramos me lo recuerda... Cuando ya fui mayorcito vino don Manuel varias veces a mi casa, para tratar de convencer a mis padres y que me enviaran a un instituto, pues decía que yo valía para el estudio; pero mis padres eran gente muy humilde y no hubo manera... 

¿Qué otros recuerdos tienes de la escuela de tu infancia?
  •  Recuerdo que, periódicamente, los mayores de la escuela subíamos con un mulo a Castielfabib para recoger los sacos de leche y queso de la ayuda americana que llegaba a las Escuelas Nacionales de la España de entonces... Alguna vez subí con Luis Novella, pero otras veces iban otros: Los sacos de leche en polvo, que pesaban unos cincuenta kilos, los cargábamos en los cujones del serón, junto con unos bidones donde venía el queso... Don Manuel iba sacando el queso, que venía como embutido y lo cortaba a tajadas, para después trocearlo en forma de triángulo; el queso tenía un color entre anaranjado y amarillo, y lo comíamos por la tarde como merienda... Por aquella época decidieron reformar las escuelas viejas -el edificio estaba junto a la cabecera de la iglesia-: El tiempo que estuvieron obrando en las escuelas trasladaron todo el material a una casa del tío Avelino que hay a la entrada de la aldea, una que tiene la fachada de ladrillo... En el segundo piso se habilitó la escuela, y es ahí donde se hacía lo de la leche y el queso que te cuento... Para hacer la leche bajábamos a la acequia por agua y la subíamos con un cubo: El agua se echaba en una olla que poníamos sobre la estufa y cuando estaba caliente se le añadía la leche en polvo necesaria para hacer la leche, y se la batía para deshacer los grumos... Claro, los chicos llevábamos un tazoncito para poner la leche y un trozo de pan para hacer sopas; no sé si llevaríamos también azúcar, eso no lo recuerdo... Ya te digo que la leche se hacía sobre la estufa, pero los chicos no llevábamos un tarugo de leña tal en otros lugares: Como en Los Santos había una serrería, utilizábamos como combustible el serrín que se producía al cortar las maderas... Para recogerlo bajábamos a la fábrica un par de chicos mayores con un mulo, como en el caso de la leche a Castiel, llenábamos varios sacos y los subíamos a la escuela: La estufa era redonda, como de un metro de alta y con cuatro patas, para cargarla utilizábamos un cilindro que poníamos en el centro y el serrín alrededor, bien apretado... Después se sacaba el rulo con cuidado y se la daba fuego a través de la mirilla, prendiéndola por abajo: El serrín bien prieto ardía sin llama y producía mucho calor, suficiente para caldear el aula y calentar la olla de la leche... De todo lo referente a la estufa y a la leche nos encargábamos los alumnos mayores: Claro, era el sistema de calefacción de entonces, ecológico y barato; porque en la serrería no nos cobraban nada.
El señor Ramón Mañas Aguilar (Los Santos, 1946), durante su estancia en las escuelas de la aldea, curso 1950-51.
Cartilla de Escolaridad del señor Ramon Mañas Aguilar, portada.

Cartilla de Escolaridad del señor Ramon Mañas Aguilar, interior [La fecha de nacimiento es incorrecta, pues el entrevistado nació el 18 de febrero de 1946].

Y continúa:
  • Y claro, ayudaba en casa lo que podía... Tú sabes que en aquella época los recursos eran escasos y la gente aprovechaba todo lo que había para mantenerse. Cuando salía de la escuela iba a casa, dejaba la cartera y me iba a ayudar a mi padre, que ya me había dicho dónde estaría... Entonces las puertas de las casas estaban abiertas, con las llaves puestas o detrás de la gatera. Y nunca hubo ningún problema de robo y eso... A veces, cuando había mucha demanda de embalajes en la fábrica –se refiere a la serrería de Lucio Hernández Marín en Los Santos- algunos chicos íbamos a clavar cajones, nos paganas cinco, seis o siete céntimos por cada cajón que montábamos. Como quien dice, para ganar cien pesetas tenías que clavar mil cajones... Claro, entonces había mucha demanda, pues cada semana salían varias cargas de cajones en aquel camión “Pegaso” que tenían en la serrería –matrícula de Valencia 26.544-: todavía recuerdo el número, pues siempre he tenido mucha memoria... Aquello estaba preparado como una cadena de montaje moderna, con todas las tablas que se necesitaban perfectamente dispuestas: primero se hacían los costados, luego se iban ensamblando las tablas y finalmente había que clavarles la base... Yo les daba a mis padres parte del dinero que ganaba, pero otra la ahorraba. Con aquel dinero me compré un reloj “Tisot” en Teruel: eso fue cuando yo tenía sobre 14 ó 15 años. Cogí el coche de línea y me fui solo a Teruel, esa fue la primera vez que salí de la aldea... Llegué a la plaza del Torico y en una relojería que llamaban “Tena” o “Polo” me lo compré: me costó mil pesetas justas. De esta misma época o poco antes, tengo otra anécdota, que nos sucedió a mi padre y a mí yendo a recoger espliego a la parte de Tóvedas; esto sería en verano, seguramente en agosto, una vez terminadas las labores de la siega, el acarreo y la trilla. Resulta que mi madre nos preparó la comida para los días que íbamos a estar en el monte -cosa del frito, varios panes de aquellos de estrella y una torta dulce-: todo metido en un saco de talega, para que los panes se conservaran tiernos. El caso fue que poco antes de llegar al Colladillo mi padre vio un rodal de matas de espliego y no puedo evitar pararse a segarlo. Para ello atamos el mulo en alguna rama y fuimos a segar las matas, de forma que cuando volvimos donde habíamos dejado atado el animal, éste se había comido todo el pan que llevábamos. Sí, parece que percibió el olorcillo del pan tierno y comenzó a mordisquear el saco, hasta que lo rompió; sólo nos dejó la torta dulce; sí, de aquellas que se hacían con chichorritas y azúcar... Toda la semana estuvimos comiendo sin pan, con un trocito de torta como postre. Lo de recoger el espliego era una forma de conseguir algún dinero extra... Cuando llegábamos al tajo, mi padre subía al monte a segar las matas, que iba colocando en haces y atándolo. Se subía a lo más alto, pese a la dificultad que tenía para andar, pues iba algo cojo por una malformación que tenía en un pie. Luego lo cargaba en el mulo y yo me ocupaba de llevarlo hasta Tóvedas de Abajo, donde lo pesaban y me daban una nota con el monto de la carga. Así un viaje tras otro, y un día tras otro, hasta que se acababa el espliego. Luego bajábamos a Ademuz a cobrar el importe, a 10 ó 12 céntimos el kilo. Recuerdo que la empresa era de Castellón y se llamaba Destilerías Adrián & Klein. Sí, lo destilaban allí mismo en Tóvedas, mediante unas calderas que tenían... Dormíamos en un corral que había en la propia masía: abajo en la cuadra el animal y nosotros en la planta de arriba, sobre la paja.
Detalle del molino y monumental noguera (Juglans regia) existente a la entrada de la aldea de Los Santos-Castielfabib (Valencia), 2012.
El señor Ramón Mañas Aguilar (Los Santos, 1946), con su madre, la señora Pilar Aguilar Villalba.

 
Me contabas que por esa misma época te aficionaste a la música, ¿qué puedes decirme de esta inclinación, cómo nació?
  • No sé como nació esa afición, pues en mi familia no había ningún músico... Sí recuerdo que frente a la casa de mis abuelos había una familia de músicos, uno de ellos era ciego y tocaba el violín, otro la guitarra otro el saxo. Y los domingos, en un salón contiguo al bar de Elvira hacían música para bailar... En ese mismo local, durante la época de la fruta, se escogían las manzanas, y también se celebraban bodas: recuerdo que asistí a la de Carmen y Miguel el de la serrería: vine de Barcelona a Los Santos con un primo mío en un Seat 600 que me había comprado. Yo tenía entonces sobre 21 años más o menos, esto sería el año sesenta y seis o sesenta y siete. Para aprender música bajaba a Torrebaja, donde Justi –se refiere a Justiniano Hernández Rubio- me enseñaba a tocar el acordeón. Él tenía un acordeón bueno, marca “Frontalini”, de 41 teclados por 120 bajos, que es un modelo de acordeón. La mía era más sencilla. Claro, para aprender y practicar necesitaba una y me la compré. Primero bajaba andando a Torrebaja y luego en bicicleta. El solfeo lo aprendí con el padre Pinazo, que nos daba clase por las tardes a varios de Torrebaja y a mí... La clase se hacía en su casa, un chalecito que se hizo en la carretera a su regreso de América... Y cuando le trasladaron a Vallanca, pues yo subía hasta allí en bicicleta, llevando el acordeón en una caja que llevaba atada al portamaletas. Entonces la carretera no estaba asfaltada y el piso era de gravilla, en cuanto te descuidaba en una curva te caías. Sí, me caí un par de veces, una de ellas se rompió el amarre del acordeón y tuve que cargarla a la espalda... El acordeón me lo compré con lo que ganaba clavando cajones en la serrería, y cogiendo manzanas, pues también bajaba a coger manzanas para las Jacintas en una finca que tenían en Guerrero. Yo iba con Tomas el Primitivo -se refiere al vecino Tomás Martínez Casasús-, y anteriormente había bajado mi padre... Todavía conservo una fotografía suya con Armando -se refiere al señor Armando León Valero (Torrebaja, 1924)-, ambos subidos a un manzano... El acordeón me costó veinticuatro mil pesetas: pagué la mitad en efectivo y el resto en letras a doce meses: todavía guardo los recibos... Yo tendría entonces sobre 16 años. Sí, yo era -y lo sigo siendo- muy activo. Y a los 17 años me marché a Barcelona.

Se nombra aquí a don Guillermo Pinazo Martínez (1901-73), sacerdote paúl natural de Torrebaja, que estuvo regentando una parroquia católica en el distrito neoyorquino del Bronx, donde falleció después de haber estado de cura en Torrebaja y Vallanca a comienzos de los años sesenta.
El señor Ramón Mañas Tortajada, cogiendo manzanas en Torrebaja (Valencia), año 1950.

Don Guillermo Pinazo Martínez (Torrebaja, 1901-Nueva York, 1973), sacerdote paúl y  maestro de música del señor Ramón Mañas Aguilar.


¿Cómo fue lo de marcharte a Barcelona?
  • Lo de marcharme a Barcelona fue por una cuestión familiar... Resulta que una tía mía que regentaba una portería se había separado, y como en la portería tenía que haber un hombre y una mujer -no importaba la relación familiar que tuvieran-, pues al quedarse sola podían echarla... Claro, había trabajos, como bajar la basura de los pisos, que sólo podía hacer un hombre, porque se necesitaba fuerza. Por eso fue de ir yo con mi tía, para que ella pudiera continuar en la portería. No, ella no tenía hijos y era mi madrina... Pero la cosa no fue sencilla, porque mis padres no me dejaban ir, costó Dios y ayuda hasta que se convencieron. La más reacia a que me marchara era mi madre, pensaba que si me iba me perdería como hijo... Claro, yo estaba esperando aquel viaje con mucha ilusión, pues todos mis compañeros se habían ido ya y cuando volvían al cabo de uno o dos años ya tenían otra pinta.

¿Qué te pareció la Barcelona de los años sesenta?
  • Bueno, puedes imaginar, aquello era otro mundo difícil de concebir desde Los Santos... Ya te digo que eso fue en el año 63, cuando yo tenía 17 años. Mi tío Francisco era guardia municipal en el barrio de San Gervasio, y residíamos en la plaza Fernando Soler 6; él conocía todos los negocios que había por allí. Como te digo, mi tío era guardia municipal, pero también trabajaba de barbero en la peluquería de uno de Vallanca, que estaba en la plaza de Lesseps. Él fue quien me introdujo en el mundo laboral... Primero trabajé en un taller mecánico que había en el propio barrio. Me contrataron por 150 pesetas a la semana, entonces se pagaba los sábados. Al terminar la semana el dueño me pagó 200 pesetas, pero ya no volví. Porque a mí no me gustaba estar debajo de los coches con las manos sucias, llenas de grasa. El segundo trabajo fue en una fábrica de plásticos que estaba en la misma finca donde vivíamos. Allí hacían diversos artículos para la “SEAT”, tubos para la gasolina, gomas para las puertas, y todo tipo de plásticos inducidos: aquel fue mi segundo trabajo. Pero aquello tampoco me gustó, porque también era muy sucio, con mucho polvo y polución en el ambiente... Sí, ganaba bastante dinero, pero no me gustaba, por lo del polvo que te digo y porque tenía que estar todo el día encerrado. Entonces había mucho trabajo en Barcelona, así que le dije a mi tío que me buscara otro trabajo y al otro día ya tenía trabajo nuevo. Mi tercer trabajo fue en una empresa donde se fabricaban componentes electrónicos para radios y televisiones... Luego trabajé en una fábrica de radios y televisiones, Mundial Radio le decían, en la calle Escuelas Pías, esto ya en Sarriá, aunque bastante cerca de casa, pues iba y venía andando. Allí estuve alrededor de un año, este trabajo me duró algo más, hasta que me marché a una empresa del grupo Cedipsa, que comercializaban productos de belleza de la marca Eugène... Esto en la calle Balmes, cerca del paseo de la Bonanova. Allí estuve de ayudante de repartidor en una furgoneta DKV: ello me ayudó mucho para conocer el callejero de Barcelona.

Se nombra aquí el barrio de San Gervario, sito en el antiguo municipio de San Gervasio de Cassolas, el cual fue anexionado a Barcelona a finales del siglo XIX -en 1897-: se extendía por una buena parte del antiguo distrito III, al noroeste de la ciudad, entre los municipios, antes también independientes, de Sarrià, Les Corts de Sarrià, Gracia y Horta.[3]

El señor Ramón Mañas Aguilar (Los Santos-Castielfabib, 1946), durante la entrevista.

¿Cómo continuó tu vida laboral, encontraste algo que te gustase, te afincaste finalmente en algún trabajo?
  • Bueno, este trabajo como repartidor fue el último que tuve por influencia de mi tío, porque yo aspiraba a algo más y quería ver si era capaz de buscarme la vida por mí mismo... De hecho continué estudiando en una academia que había en la plaza Universidad, donde daban cultura general, allí iba por la tarde y por la noche, después de trabajar. También estuve en otra haciendo un curso en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE); todavía tengo en casa el diploma que me dieron. A todo esto me hice vendedor... Sí, encontré un anuncio en el periódico donde buscaban vendedores y me presenté. Nos hicieron una entrevista y de 25 ó 30 que nos presentaron seleccionaron a cinco. A mí me asignaron una buena zona de la ciudad, de la Diagonal para arriba, hacia el paseo de la Bonanova, donde había más poder adquisitivo. Yo llevaba una maleta con los productos alimenticios que se comercializaban -té, especias, quesos, güisqui, mostaza francesa...- pues se trataba de introducir marcas de alimentación poco conocidas en España. Barcelona ha sido mi escuela ética y profesional en este oficio... Si eras vendedor, tenías que aprender lo que la calle tenía que enseñarte. Yo era muy tenaz, porque hay un dicho en el oficio que dice: A mayor número de visitas mayor probabilidad de venta... Iba a las tiendas de alimentación de los barrios y a los restaurantes con mi maleta, donde llevaba las muestras de los productos, los listados con los precios y los albaranes, etc. Era una empresa de Albacete y se llamaba José Valeriano González, S.A.: la mayor empresa exportadora de ajos y azafrán de España. Los almacenes estaban en el Turó Park -distrito de Sarrià y San Gervasi-, allí tenían los productos y las oficinas. Pero en Albacete también tenían industria, allí hacían la manufactura de las bolsitas del té...

Se nombre aquí a la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), una institución académica privada de educación superior, que actualmente pertenece a la Universidad Ramón Llull, y que incluye una Escuela de Negocios y una Facultad Universitaria de Derecho.[4]

Entonces, ¿ese fue tu trabajo definitivo?
  • No, allí estuve unos dos años, pero quise probar otra cosa y, sin dejar definitivamente la empresa de alimentación, me fui a una agencia inmobiliaria, donde vendían terrenos, pisos y todo eso en las mejores zonas de Cataluña: Playa de Aro, Lloret de Mar, Cambrils, Reus, etc. Esta empresa inmobiliaria estaba en la calle Muntaner 270, tercera planta: allí me dieron un despacho, cuando tenía yo sobre veintiún años... Entonces la gente tenía dinero y quería invertir, había mucho afán por comprar. Trabajábamos a comisión -un dos o tres por ciento de la operación-, sin sueldo base, pero había meses en que me sacaba cincuenta, sesenta y setenta mil pesetas. En cierta ocasión llegué a vender una parcela por la noche, a la luz de los faros del coche. Esto fue a mediados de los años sesenta... Todas las mañanas llegábamos a las oficinas y allí despachábamos con el encargado, que nos daba los listados de la gente interesada en informarse. Claro, entonces se trabajaba así. La empresa insertaba un anuncio en el periódico sobre un terreno, finca, solar o lo que fuera, indicando una dirección para más información. Los interesados enviaban una cartita solicitando la información y esa carta es la que nos daban a nosotros, para concertar una visita con el presunto comprador. Cada día nos daban varias de estas cartas, porque no podíamos ir a ciegas... En esa época gané mucho dinero, porque el sector estaba en auge, y de haberme quedado en la inmobiliaria hoy sería probablemente multimillonario. Pero ya te digo, aunque se ganaba dinero yo no quería quedarme allí y como tenía mucha amistad con el hijo del contable de la empresa de alimentación de que te hablaba, pues volví a la empresa, porque pensaba que la cosa alimentaria nunca fallaría... Por eso fue de retornar a la alimentación; entonces tenía yo una “Lambretta” y con ella me desplazaba a todas partes. Con esta moto viene varias veces a Los Santos a ver a mis padres, con una maleta detrás. Una de estas veces, al llegar a Castellón vi un cartel anunciando Teruel a ciento y pico de kilómetros. Yo sabía que tenía que bajar hasta Sagunto y luego coger la de Teruel; pero como tenía tantas ganas de llegar tomé esta carretera. Antes de meterme, no obstante, pregunté a un guardia si estaba asfaltada hasta Teruel y me dijo que sí. Así que me metí... Pero a los 30 kilómetros se acabó el asfalto y comenzó la pista de tierra, puedes imaginarte el viaje que tuve. Total que de tantas piedras y baches que había, como aquella moto era dura de suspensión, se soltó el amarre del portamaletas y tuve que continuar con la maleta atada a la espalda... El viaje fue fatal, pero la ilusión de ver a mis padres superaba todas las penalidades.

¿Cómo fue el regreso a la empresa de alimentación?
  • Pues fue muy bien, porque yo estaba más seguro de lo que quería hacer y estaba más maduro como persona y como profesional; de hecho a partir de entonces yo ya hacía operaciones millonarias. Y a los dos o tres años de estar allí, el hijo pequeño de la familia me propuso marcharme a las Baleares, para abrir una sucursal en Mallorca. El caso es que la empresa ya tenía allí un representante, pero vendía muy poco en relación con el mercado existente. Por eso fue de enviarme a mí, para abrir un almacén con mercancía física en la isla, con una administrativa en la oficina, vendedores y repartidores. Inicialmente fuimos cuatro vendedores y nos repartimos la isla: yo me ocupaba de Ibiza y de la parte occidental de Mallorca. Otros dos se repartieron la otra mitad de Mallorca y un cuarto hacía Menorca. Así empezamos a funcionar... Entonces era un momento idóneo para expandirse comercialmente por las islas, había muchas posibilidades para todo, y el que quería trabajar no le faltaba trabajo. Yo entonces tendría sobre 23 años, y ya me fui con coche, un Seat 600 que me había comprado –B 526.347-: me costó ochenta y tres mil pesetas, que pagué por anticipado en una oficina del Banesto que había en la Travesera de Gracia. Al cabo de once meses me lo dieron... Bueno, yo me marché a Baleares con la intención de hacer una temporada y ver cómo me iba, porque me gustaba conocer lugares nuevos y cambiar de aires. Pero con la idea de volver, pues la parte de Barcelona que yo tenía asignada era la mejor para los productos de importación que comercializaba mi empresa. No, entonces yo estaba todavía soltero, tenía amigas, pero no salía formalmente con ninguna... Para mí, lo primero era el trabajo. De Barcelona a Mallorca fui en un barco de la Transmediterránea que me pagó la empresa. Yo llevaba una maleta con mis cosas personales y otra con el material de trabajo, folletos y demás. Después de instalarme, lo primero que hice fue ponerme en contacto con un administrador de fincas, para alquilar unas naves en nombre de mi empresa. Ese fue el comienzo de la delegación en Mallorca. Enseguida comenzaron a llegar los productos de Barcelona o de Albacete, pues el té creo recordar lo mandaban directamente de Albacete. Al mismo tiempo busqué gente para que colaborara conmigo en la venta... Yo le puse mucho entusiasmo al trabajo y pronto conseguimos hacer clientes en todas las cadenas hoteleras de la isla: el producto estrella era el té.


¿Cómo evolucionaron las cosas en Mallorca?
  • Pues muy bien... Ya te digo que pronto conseguimos hacernos con un mercado en las islas, ya que nuestros productos eran de alta calidad y muy apreciados. Yo salí de Barcelona con un sueldo mensual de 4.500 pesetas, más 250 pesetas diarias como dieta más un 3% de comisión de todo lo que vendía. Con la dieta pagaba la pensión donde me hospedaba –125 pesetas diarias- y aún me sobraba dinero; el resto, esto es, el sueldo base y la comisión lo ahorraba. Ello me suponía unas cincuenta mil pesetas mensuales, lo que era un buen sueldo, mejor que el de muchos profesionales. Ello fue la causa de envidias en la central de Barcelona, pues el jefe de ventas no ganaba más de veinticinco mil pesetas... El resultado de aquello fue que noté una pérdida de confianza en la empresa y como yo no sabía trabajar sin la confianza de los jefes, pues me marché. Sí, se lo dije claramente y me marche, estableciéndome por mi cuenta...


Podría decirse que, a partir de ese momento, al hacerte autónomo, comenzó una nueva fase de tu vida profesional.
  • Sí, así fue... Claro, yo no comenzaba de cero, pues conocía muy bien el mercado en Mallorca, estaba muy bien relacionado y tenía muchos contactos. Lo primero que hice fue ir a Londres, a ponerme en contacto con la segunda marca más conocida de té que había entonces. La primera era Brooke Bond P.G. y la segunda Typhoo Tea, propiedad de Cadbury Schweppes. Mi propósito era solicitarles me dieran la distribución de su producto para Mallorca. Claro, yo era buen conocedor del mercado en las islas y estas eran mis credenciales... No, yo no sabía inglés, pero lo chapurreaba un poco, lo suficiente para entenderme en asuntos de mi trabajo. Me presenté a ellos directamente en la sede central, aquello era como entrar en un ministerio... Hablé con ellos y me dijeron que ya tenían un distribuidor para España, que me pusiera en contacto con él, que estaba en Vilasar de Mar en Barcelona. Se trataba de la empresa "Barrosan", propiedad de Eloy Barros Sanmillán y de Daniel Sánchez Simón; posteriormente, el primero vendió su parte de empresa al segundo, que era el padre de los hermanos José y Daniel. Bueno, esta empresa ya tenía un distribuidor de Typhoo para Mallorca, aunque vendía muy poco. Resumiendo, los importadores y distribuidores de esta marca en España estaban en Vilasar y eran los hermanos José y Daniel Sánchez Libre, el primero era un político de CiU y el segundo presidente del Español. Me presenté a ellos y les dije quién era yo y que era capaz de vender la Biblia en verso..., esto es, que era un buen vendedor. Ellos me dijeron que habría que verlo... El caso es que el primer envío de mercancía que me hicieron a Mallorca tuve que pagárselo por anticipado, porque como no me conocían tampoco podían fiarse de mí... Les hice una transferencia por doscientas mil pesetas y enseguida me llegó el producto. El caso fue que en la primera semana vendí más té que el vendedor que tenían en un año. Desde ese momento que nuestra relación continuó e hicimos mucha amistad, pues su padre los enviaba de vez en cuando a Mallorca, para que aprendieran conmigo esta faceta del negocio y mi sistema de venta. Hasta tal punto hicimos amistad que estuve en la boda de ambos... Desde que me establecí por mi cuenta empecé con el té, pero antes del Typhoo yo vendía otras marcas de infusión, además de varios productos alimenticios, especias y bebidas. Por ejemplo, había una empresa de Madrid llamada Compañía Hispana que distribuía productos muy elitistas, como el güisqui Watts 69, que venía en una botella de diseño muy peculiar, etc. Tenía multitud de clientes y podía servirles muchos productos distintos y de gran calidad. Todo fue que con aquel té y los demás productos yo alcancé el máximo en mi profesión... Bueno, ya te digo que vendía mucho, pero llegó un momento que la delegación de Typhoo en Madrid me quitó la distribución, pues la tenía de palabra. De pronto me vi sin el té y con una gran cartera de clientes a los que no podía servir. Para poder atenderles estuve vendiendo otras marcas, pero con la idea de hacer la mía propia, para dejar de depender de los demás. Claro, esto es algo muy laborioso, lo primero era acudir a una casa que se dedicara al registro de marcas y patentes. Yo les mandé varios nombres pero todos me venían rechazados, alegando que tenían parecido con tal o cual otra marca existente. Hasta que encontré el nombre adecuado -Tewhis- combinando te con whisky, como si se tratara de un carajillo, basado en café y coñac. Mi marca es muy popular en Alicante y Murcia-: yo importaba containeres de té de Ceilán, lo envasaba y distribuía, para lo cual me compré una compleja máquina envasadora. Después había que preparar el diseño de los envases, hacer la publicidad, etc. Compré también una nave para el negocio, y todo esto lo simultaneaba con la venta de otros productos de alimentación que ya comercializaba, y abrí una delegación en Ibiza, donde tenía un empleado para la distribución. De esta forma, con cuatro empleados llegué a facturar alrededor de 150 millones de pesetas anuales. y este fue el momento de máxima expansión de mi negocio. En distintas épocas me traje a Mallorca algunos chicos de Los Santos, con la intención de sacarlos de la aldea y proporcionarles un trabajo; incluso los tuve en casa, les mantuve y di dinero, pero no dieron resultado. En otro momento me traje a uno de Ademuz, que tampoco resultó para el negocio pero que ahora es subdirector de un importante hotel de lujo. ¿Quieres creerte que pese a lo mucho que les ayudé nunca he vuelto a saber de ellos? ¡Nunca me han llamado para darme las gracias ni para interesarse por mi!  En este punto se complicó mi vida con asuntos personales...

Se nombra aquí a la empresa Cadbury Schweppes, una famosa empresa multinacional de alimentación.[5] En relación con esta célebre empresa, merece la pena decir que el actual alcalde de Torrebaja –don Octavio Gómez Luis (Torrebaja, 1946)- estuvo trabajando como ayudante de jardinero en la mansión que mister Peter Cadbury poseía en Ascot, una elegante ciudad al oeste de Londres.[6] Asimismo, se menciona a Josep Sánchez i Llibre (Vilassar de Mar, 1949), político y economista catalán y a su hermano Daniel (Vilassar de Mar, 1950), empresario catalán que fue presidente del RCD Español.[7]-[8] El entrevistado tomó contacto con la empresa de su padre, para hacerse con la distribución del té Typhoo en Baleares, cosa que consiguió. Dejamos en este punto el tema profesional y laboral de nuestro entrevistado, para pasar a otros aspectos de su vida.

Logotipo de Tewhis, s.a., marca comercial creada por el señor Ramón Mañas Aguilar en Palma de Mallorca.
El presidente del Gobierno de España -Leopoldo Calvo Sotelo- y el presidente de la Generalidad de Cataluña -Jordi Pujol- en la Feria de Muestras de Barcelona, con el nombre del señor Ramón Mañas Aguilar en un stand, ca.1981-82.
Bien, y de tu vida personal y familiar, ¿qué puedes contarme?
  • En cuanto a mi vida personal, puedo decirte que tuve muchas amigas y algunas medio-novias... Con una de Los Santos, a la que conocía desde niño, hubiera podido casarme, porque ya tuvimos relación familiar; pero la cosa no cuajó. A mi primera mujer la conocí en Barcelona, durante una sesión de trabajo en la empresa, pues ella estaba en la sección de relaciones internacionales, lo que era la importación y exportación. Y estando en Mallorca, durante uno de los viajes que hacía a Barcelona por cuestión de trabajo, pues la conocí... Sí, resulta que habíamos tenido una reunión y después nos invitaron a tomar algo, y se hizo muy tarde. Entonces el jefe de personal me pidió acompañara a aquella chica hasta una zona de Barcelona que llaman La Verneda; la acompañé y al día siguiente quedamos... Ella era nacida en Argel, pero de padres españoles... Total, que la relación continuó y de cara a casarnos ella se pidió el traslado a Mallorca, donde yo estaba. Nos casamos en la iglesia de San Marcos en Los Santos, el cura que nos casó fue don Jesús –se refiere a don Jesús Calvo Martínez (Torrebaja, 1903)-. Una vez casados nos pusimos a vivir en un piso alquilado y luego compramos una casa en una zona residencial de Mallorca –en Costa d´en Blanes (Calviá)-, y todo fue muy bien hasta que su madre vino a vivir con nosotros. Ella le dio tantas alas a su madre que mi suegra acabó haciéndose la dueña de la casa, eso pasó... Y conforme nuestro nivel de vida creció, pues las relaciones entre nosotros empeoraron. Sólo te diré que cuando daban un partido de fútbol por la tele me tenía que bajar a algún bar del barrio para verlo... Pero lo que colmó el vaso fue lo de mi madre. Bueno, mi padre ya había fallecido, le dio un infarto estando en el campo y entre que le subieron al pueblo y vino el médico, falleció. Mi madre se quedó sola y yo quise llevármela a Palma, pero de ninguna manera quería salir ella de su casa, pues era una mujer de pueblo y estaba muy arraigada a la tierra. Pero llegó un momento en que se hizo mayor y ya no podía estar sola, pues se le fue algo la cabeza... Te diré que mi madre era la hija mayor de varios hermanos y su padre, mi abuelo Ramón Aguilar Blasco, que era de Ademuz, se portó muy mal con ellos: con su mujer, mi abuela, que dicen eran una santa y con sus hijos. Durante la guerra había sido miliciano... Sí, maltrataba a su familia y según contaba, siendo ella de apenas 14 años, le arreaba cada zurriagazo de miedo, porque no podía cargar los mulos, ya que le exigía como si fuera una persona mayor. Sus hermanos, aborrecidos, se marcharon a Barcelona, pero mi madre tuvo que quedarse con mi abuelo... Sí, mi madre contaba barbaridades de él, cosas que me estremecían, como que tenía en un cuarto bajo llave todo lo de la matanza, el frito, los jamones y lo demás del cerdo, todo era para él, sólo para él: ninguno de la familia probaba nada del cerdo, sólo él... Sí, claro, yo todavía conocí a mi abuelo, recuerdo que le tenía terror... A veces me quería atraer con una rodaja de jamón, mientras con la otra mano pretendía sujetarme, pero yo me zafaba corriendo...
Boda de un primo del señor Ramón Mañas Aguilar (primero por la derecha, arrodillado) en Zaragoza, con los recién casados rodeados de varios vecinos y amigos de Torrebaja (Valencia).


¿Qué me querías decir de tu madre?
  • Sí, todo fue que llegó el momento en que mi madre ya no podía estar sola en el pueblo y tuve que traérmela a Palma y habilitarle una habitación en mi casa -antes había intentado que estuviese en una residencia en Landete (Cuenca), pero aquello no le probaba-. Cuál no sería mi sorpresa cuando mi mujer y mi suegra no me la dejaron tener en mi propia casa. Yo tuve que aguantar a mi suegra, que me hizo la vida imposible durante años, y luego no pude tener a mi madre... Claro, mi madre era mi madre y tenía que caber en mi casa: esa fue la causa principal de que nuestro matrimonio comenzara a resquebrajarse. Mi madre estuvo sólo una noche en mi casa y tuve que llevármela a una residencia. Eso me supuso una enfermedad, porque perdí las ganas de seguir trabajando, hasta el punto de tener que vender el negocio... Durante un año estuve con depresión, pero poco a poco me fui encarrilando de nuevo, porque tenía mucha voluntad y amistades que me estimulaban. Claro, yo tenía mucho patrimonio y la separación que tuve que forzar para casarme con mi actual mujer -una chica mallorquina estupenda y de buena familia-, me costó todo el dinero efectivo que poseía, quedándome con los almacenes, las deudas y demás. Todo aquello fue terrible, lo peor que me ha sucedido en la vida, además de la muerte de mis padres...
 

Para terminar, ¿has tenido hijos?
  • Sí, de mi primera mujer tuve tres hijas preciosas –Silvia (1970), Cristina (1972) y Sandra (1974)-, a las que quiero mucho y de las que estoy muy orgulloso, pues han sido muy buenas chicas y muy inteligentes, realmente brillantes. Estudiaron el bachiller en Mallorca pero los estudios universitarios los hicieron en Estados Unidos, licenciándose con muy buenas notas... Silvia fue la séptima de su promoción, estudió ingeniería en telecomunicaciones y la llamaron de una planta de Coca Cola en Atlanta para trabajar en un programa informático. Luego se casó con un chico americano, hijo de una familia fabricantes de maquinaria agrícola en Carolina del Sur, donde vive con su marido y sus dos hijos. Cristina estudió económicas y también está casada; vive con su marido y una niña que tienen en Inglaterra. Sandra estudió igualmente económicas y está en Mallorca, asimismo casada con un chico estupendo, hijo de unos empresarios que fabrican maquinaria para la construcción y la agricultura, y tiene dos niñas. Sandra se dedica a la fotografía, retratando eventos sociales de gente famosa, bodas y eso, y le va muy bien... No, de mi segunda mujer no tengo hijos.


Ramón, ¿quieres pronunciarte en temas ideológicos o de creencias?
  • Bueno, no tengo inconveniente... Soy del Partido Popular (PP) y voto a la derecha, y en cuestiones religiosas, soy católico, aunque poco practicante.

El señor Ramón Mañas Aguilar (Los Santos-Castielfabib, 1946), después de la entrevista, sentado en un banco de la plaza del Ayuntamiento de Torrebaja (Valencia).

A modo de conclusión.
La vida del señor Ramón Mañas Aguilar constituye el paradigma de tantos naturales del Rincón de Ademuz que tuvieron que salir de aquí a buscar otros horizontes para su vida. Hijo de un sencillo sastre y de una buena mujer de Los Santos (Castielfabib), le hemos visto sufrir de muy niño un accidente que pudo haber sido grave, siempre ayudando en casa, llevando a los clientes la faena que cosía su padre y haciendo mandados para su madre.
Fue a la escuela del pueblo, donde tuvo la suerte de conocer a don Bernardo-Manuel Pérez Gimeno (1919-2012), su maestro inolvidable recientemente fallecido, al que muchos años después tuvo la posibilidad de homenajear, junto con los compañeros de su clase... Le hemos visto en la serrería del lugar clavando cajones de manzanas para ganar algún dinero: con sus ahorros se compró un reloj de pulsera, y luego una acordeón... A los 15 años fue a Teruel, siendo esta la primera vez que salió de su aldea. Aprendió a tocar el instrumento con un músico de Torrebaja y solfeo con el padre Pinazo (1901-73), un sacerdote paúl que había regentado una parroquia en el distrito del Bronx de Nueva York, adonde regresó y donde falleció después de su estancia en Torrebaja y Vallanca (Valencia). Cogió manzanas, replegó espliego y realizó cuantas faenas requerían los campos de sus padres, hasta que marchó a Barcelona.

En la gran ciudad tuvo varios oficios, hallando su camino como vendedor de productos de alimentación e inmobiliarios. Como era habitual entonces, se compro una “Lambretta” y luego un Seat 600, el vehículo estrella de los trabajadores españoles en los años sesenta. Luego marchó a Baleares, donde montó una sucursal para la empresa que trabajaba, y fue un gran vendedor, lo que le llevó a establecerse por su cuenta y crear su propia marca de té. Afortunado en los negocios, no tanto en el amor, al menos inicialmente, tuvo tres hijas de las que se siente muy orgulloso y que le han dado cinco nietos. 


En suma: el señor Ramón se reconoce una persona de palabra, amigo de sus amigos, puntual, detallista y trabajador. Además de sensible, vitalista y muy locuaz. Hijo orgulloso de esta tierra humilde, cuando no desamparada, cuya presencia lleva enraizada en lo más hondo de su corazón, pues, además de esconder los más gratos recuerdos de su infancia, constituye para él un lugar santificado; no en vano contiene los venerables huesos de sus muertos. Vale.


© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).



[1] Puntualizando el hecho, aunque carece de importancia, el señor Ramón me hace saber a posteriori que él a mí sí me conocía, pues había asistido a la presentación que yo hice en la Casa de Cultura de Ademuz de un libro de poemas de Ricardo Fombuena Vidal -Mis huellas por el Rincón de Ademuz (Valencia, 2008)-, editado por el Ayuntamiento de Ademuz.
[2] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Luis Gómez Martínez, la persistencia de la memoria, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2009, vol. III, pp. 201-207.
[3] Sant Gervasi de Cassoles. (2012, 25 de mayo). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 15:25, agosto 13, 2012 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Sant_Gervasi_de_Cassoles&oldid=56471658.
[4] Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas. (2012, 26 de junio). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 15:38, agosto 13, 2012 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Escuela_Superior_de_Administraci%C3%B3n_y_Direcci%C3%B3n_de_Empresas&oldid=57320570.
[5] Cadbury plc. (2012, 11 de agosto). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 15:58, agosto 13, 2012 desde http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Cadbury_plc&oldid=58740009.
[6] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Don Octavio Gómez Luis, alcalde de Torrebaja (Valencia), en: http://sanchezgarzonalfredo.blogspot.com.es/2012/02/don-octavio-gomez-luis-alcalde-de.html, del martes 28 de febrero de 2012.
[7] Josep Sánchez i Llibre. (2012, 27 de març). Viquipèdia, l'Enciclopèdia Lliure. Data de consulta: 11:14, març 27, 2012 de //ca.wikipedia.org/w/index.php?title=Josep_S%C3%A1nchez_i_Llibre&oldid=9220014.
[8] Daniel Sánchez Llibre. (2012, 24 de març). Viquipèdia, l'Enciclopèdia Lliure. Data de consulta: 12:51, març 24, 2012 de //ca.wikipedia.org/w/index.php?title=Daniel_S%C3%A1nchez_Llibre&oldid=9171756.

Iglesia de San Marcos en la aldea de Los Santos-Castielfabib (Valencia), con detalle de la imagen del santo durante la celebración del patrón (2012).
Feligreses durante la celebración de la misa de San Marcos en la aldea de Los Santos-Castielfabib (Valencia), 2012.
Detalle de la imagen de san Marcos sobre sus andas durante la procesión por las calles de la aldea de Los Santos-Castielfabib (Valencia), 2012.