domingo, 11 de noviembre de 2012

EL SÍNODO DE CASTIELFABIB DE 1358.


 A propósito de las Constituciones del obispo de Segorbe,
don Elías de Perigueux (1357-63).







 Palabras previas.
 El propósito del presente trabajo, como el de tantas otras entradas de esta página, es exclusivamente divulgativo -para dar a conocer la historia de nuestras villas, pueblos y lugares-: aunque se trata de una recopilación bibliográfica, pues nada nuevo conocemos que no haya sido ya dicho al respecto. Debo reconocer, sin embargo, que mi afán de difusión tiene su origen en mi propia curiosidad, a la vez que en un estricto sentido de la responsabilidad, pues estimo que una de las funciones del Cronista es estimular en los más jóvenes el deseo por conocer nuestro pasado. En este caso aprovechando los nuevos medios y tecnologías a nuestro alcance, como un blog: éste resulta más sencillo, cómodo y barato de consultar que un libro, que debe comprarse en una librería o examinarse en la biblioteca. ¡Aunque los libros siempre serán los libros, sin que ningún nuevo soporte puede comparársele!

Hay hechos y sucesos llamativos sobre los que retornamos una y otra vez, tratando de abrir siquiera un pequeño orificio en las tinieblas del pasado, para iluminar ciertos momentos lejanos de nuestro acontecer. Uno de esos momentos es el Sínodo de Castielfabib, que tuvo lugar en esta villa -en mayo de 1358-: fue convocado por don Elías de Perigueux (1357-63), personaje de origen francés y primer prelado segobricense nombrado por un Papa. Y, ¿qué tiene de particular ese sínodo como para seguir rastreándolo a cabo de tantos siglos? –se preguntarán algunos-. Para los que no estén interesados en el conocimiento de nuestra historia, probablemente nada; para los que sí lo estén, absolutamente todo; pues se trata de un retazo de nuestro pasado. El estudio metodológico de la historia y su devenir sirve para conocer las circunstancias que intervinieron en el desarrollo de un territorio y de sus gentes,  para explicarnos de dónde venimos, el por qué somos así, y en última instancia el presente. El presente es el punto de inflexión del segmento temporal donde el pasado se proyecta hacia el futuro... De ahí que la proyección del porvenir sea tan difícil -aunque no imposible-: porque sin saber de dónde venimos no podremos saber con alguna seguridad adonde vamos.

Vista de Castielfabib (Valencia), desde Los Planos (2012).

En primer lugar, llama la atención que el nuevo prelado, recién posesionado de su mitra, señalara una conferencia de clérigos en un lugar tan apartado de su jurisdicción. ¿Por qué no convocó la asamblea en Albarracín o Segorbe, las capitales diocesanas? No lo sabemos, pero elucubraremos al respecto; en todo caso, la elección de Castielfabib no fue casual. Otro asunto de interés puede verse en las “Constituciones sinodales”, esto es, en el propio contenido del Sínodo. Su análisis puede servir para iluminar el estado de la clerecía diocesana, el nombramiento de nuevas dignidades y el funcionamiento de ambas catedrales, pues no debemos olvidar que desde su artificiosa unión –en 1259, según bula de Alejandro IV (1254-61)- la diócesis se denominaba de Albarracín y Segorbe, es decir, Segobricensis et Sanctae Mariae de Albarrazino, y contaba con dos templos catedralicios, pudiendo sus canónigos y prelado residir indistintamente en una u otra ciudad, aunque constituyendo un solo capítulo y con las mismas obligaciones y derechos.[1] Y por último, conviene decir algo del momento en que se convoca la asamblea, justamente en una pequeña tregua que se dio al comienzo de las disputas entre Aragón y Castilla, lo que conocemos como Guerra de los Dos Pedros (1356-69): contencioso entre reinos que se desarrolló en varias fases, inscritas en otros conflictos contemporáneos más amplios, y cuyas consecuencias para nuestra zona fueron muy graves.[2]

Mapa de la doble diócesis de Albarracín y Segorbe -Segobricensis et Sanctae Mariae de Albarrazino- en el momento de su máxima expansión (siglo XV) [Tomado de La Luz de las Imágenes-Segorbe, Valencia, 2001, p. 31].

Primeras noticias del Sínodo castielfabiense.
La primera noticia que tuve del Sínodo de Castiel la hallé en “Historia Viva de Valencia” (1989), serie de fascículos publicados por el diario valenciano Las Provincias, anuario donde se reseñan los acontecimientos más significativos en el Reino de Valencia, bajo el siguiente epígrafe: El obispo de Segorbe hace sínodo en Castielfabib (1358):
  • <Segorbe 23 de mayo. El recientemente nombrado obispo de Segorbe, don Elías, por decisión del papa Inocencio VI, ha celebrado un sínodo diocesano con el fin de reestructurar su diócesis y potenciarla con nuevos vicarios perpetuos en Castellnovo, El Toro, Vall de Aín, Algimia, Matet y Almedíjar, así como también ha dispuesto que los eclesiásticos se rasuren la barba por lo menos una vez cada mes, que en la iglesia lleven birrete y no capuz en la cabeza, y que la caperuza no pase de un palmo>.[3]
Vista de Castielfabib (Valencia), desde el mirador de Los Toscares (2012).

            La noticia me llevó a indagar en el acontecimiento, lo que me condujo a consultar el texto del historiador y escritor liberal español Joaquín Lorenzo Villanueva (1757-1837), que en su célebre obra "Viage literario a las iglesias de España'' (1804), dice de Elías de Perigueux-:
  • <D. Elias, frances de nacion, de/ la diócesi de Perigeux (o Petragorien-/se), residente en Aviñon. Fue elgido por/ el Papa Inocencio VI en el mes de Abril/ de 1357. Este obispo es distin-/to de otro// Elias, Cardenal frances, y risidente en la/ corte de Aviñon, que fue juez en las ins-/rancias del nuestro para completar la obra/ de su antecesor. En los seis años de su pon-/tificado dexó algunas memorias de su zelo/ é ilustración, así en el aumento de canoni-/catos y creación de oficios, […], como en el sínodo que/ celebró en el año 1358 en Castielfabib, donde/ se venera el cuerpo de un S. Guillermo que/ muchos creen ser el de Aquitania, […] Murió este Pre-/lado el año 1363 en la provincia de To-/losa, donde exercia el oficio de Nuncio del/ Papa Inocencio VI>.[4]


Cuando Villanueva dice de "otro Elias, Cardenal frances", se refiere a Hélie de Talleyrand-Périgord (1301-1364), clérigo contemporáneo de Elías de Perigueux, hijo de Elías VII, conde de Périgueux. Al decir de Castielfabib nombra a san Guillermo, cuyo cuerpo se veneraba en la villa, y «que/ muchos creen ser el de Aquitania». El origen historiográfico del Convento de San Guillermo en Castielfabib data de finales del siglo XIV, aunque la devoción a su titular puede venir de principios de esa misma centuria. Espiritualmente se halla ligado a san Guillermo de Aquitania, personaje cuya hagiografía resulta una insólita mezcla de historia, tradición y leyenda de difícil elucidación.[5]

 
El historiador eclesiástico -a la sazón, Capellán de honor y predicador Real- sigue diciendo del obispo Elías:
  • <En el Segundo año de su ponti-/ficado, esto es, á 28 de Mayo de 1258 ce-/lebró Sínodo en la Iglesia de Castielfabib/ el Obispo D. Elias. Por el primer capítulo/ se ve que ántes de él solo el Obispo D. San-/cho habia celebrado Sínodos; y así queda/ averiguado que el primero de esta diócesis/ fue el que diximos de 1320.// Los capítulos I y II son dignos de referirse á la letra: De cetero, dice, omnes/ clerici in sacris ordinibus constitutis, et alii/ beneficiati nostrae dioc., deferant in Ecclesiis al-/mutias, vel birreta sine capucio: et cum dicent/ missas altas habeant clericum cum superpelli-/ceo: et quolibet mense adminus barbam radant./ Nullus clericus seu beneficiatus portet ultra/ unum palmum cugulae in caputio>.[6]
 
Posteriormente consulté el texto del sabio obispo de Segorbe, don Francisco de Asís Aguilar y SerratNoticias de Segorbe y de su obispado por un sacerdote de la diócesis (Segorbe, 1890/Valencia, 1975)- donde dice del prelado convocante y de aquella asamblea diocesana. Respecto al período de don Elías –francés de origen y miembro de la Curia de Aviñón, al que sitúa cronológicamente como XXIII obispo de Segorbe-, dice:
  • <La secularización de los cabildos catedrales, la influencia que en ellos ejercían los reyes y magnates –se refiere al cesaropapismo-, y los conflictos que de ahí nacían, indujeron á los Papas á reservarse generalmente la elección de obispos, en que hasta ahora solo habían usado de su autoridad suprema en casos de alguna conveniencia especial. D. Elías fue el primer obispo de Segorbe nombrado por el Papa, que era Inocencio VI, en Abril de 1357. De sus antecedentes solo sabemos que era francés, de la diócesis de Perigueux, y residía en la curia pontificia. En cuanto fue nombrado, trabajó con tanto celo por la diócesis, que sacó en el mismo año ejecutorias de sentencia dictadas en su favor, y se vino a Segorbe para ponerlas en planta. Restableció el antiguo arcedianato de Alpuente, cuyos frutos todavía se llevaba Valencia; puso en Alcublas un vicario para comodidad de los vecinos, hasta entonces obligados á acudir á Altura, dotándolo con la renta de nueve cahíces de trigo, cuatro tomados de la primicia de Altura y cinco pagados por los alcublanos; y fundó en nuestra catedral el oficio de Arcipreste, dotándolo con parte de las primicias recobradas de Altura>.[7]
Vista de Castielfabib (Valencia), desde el torreón del Hospital (2012).

Según vemos, Elías de Perigueux fue el primero de los prelados de Segorbe elegido por un pontífice –Inocencio VI (1352-62)-, y a tenor de lo que previamente dice, la elección del lugar pudo deberse a “alguna conveniencia especial”, como la propia situación de la diócesis, el conflicto con la de Valencia y la circunstancia más dramática del inicio de la mencionada guerra castellano-aragonesa (1356-69). De hecho, hay una clara coincidencia entre la política general del Papado con la que intentó llevar a cabo don Elías en Segorbe, pues según vemos: “Durante su pontificado abordó con fuerza la reforma de la administración eclesiástica, para lo cual prohibió la acumulación de cargos y beneficios, obligó a los obispos a residir en sus respectivas diócesis, luchó contra la corrupción y redujo la ostentación y el lujo en que vivía la sede pontificia”.[8]

            Y sigue:
  • <Al año siguiente 1358 estableció vicarios perpetuos en Castelnovo, en El Toro, en Vall de Air y sus anejos Algimia y Matet, en Almedíjar y anejos Soneja, Azuevar y Chovar, en Chelva y en Domeño, dotándolos con cóngrua sustentación tomada de los frutos de cada lugar. Fundó en la catedral cuatro oficios colativos dotados con las primicias recientemente sacadas de manos de los detentadores, el de Escolastre con las de Castelnovo, el de Obrero con las del Toro, el de Enfermero con las de Vall, Algimia y Matet, el de Sochantre con las de Almedijar, Soneja, Azuevar y Chovar, y el de Limosnero con las de Chelva y Domeño. Pareciéndole sobrado corto el número de doce canonjías para dos catedrales, creó cuatro nuevas. Así quedó el clero catedral constituido por Deán, Arcediano mayor, Arcediano de Alpuente, tesorero, chantre, diez y seis canónigos, los cinco oficios nombrados, y los beneficiados de fundación particular>.[9]
Vista de Castielfabib (Valencia), desde el torreón del Hospital, con detalle de la iglesia-fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles y del castillo (2012).

Respecto del parágrafo, conviene aclarar el significado de algunos cargos, oficios o dignidades de la Catedral creados en aquel momento por don Elías y su Cabildo -en la sesión del 24 de mayo de 1358-, mediante la constitución De creatione quorundam officiorum, cuya trascendencia habría de verse en el futuro:
-                   Escolastre: su función era todo lo relativo a “vigilar y promover” la enseñanza, aunque sin ejercerla directamente, sino a través de los maestros por él seleccionados. Esto es, su misión era “promover la enseñanza de los indoctos, valiéndose de los doctos, a los que el escolastre debía examinar y, en su caso autorizar para ejercer su delicada misión”.[10]
-                 Obrero: su función era la administración de las rentas de la catedral y fábrica del templo, evitando “se distrajesen para otros fines”. Dicho oficio fue suprimido por el Concordato de 1851, denominándose actualmente “fabriquero”: no está vinculado a ninguna canonjía, pudiendo recaer en cualquiera, según la elección anual del cabildo.[11]
-                Enfermero: contra lo que podríamos pensar, dicho cargo no se refiere a ninguna función sanitaria, pues “su finalidad era preocuparse del entretenimiento y reparación de toda clase de objetos del culto desgastados por el uso”, pues, etimológicamente, “enfermería” significa “mueble o alhaja que se ha entregado para su composición”. Además, el enfermero tenía otra misión fundamental, mantener en buen estado las campanas, algo de gran importancia entonces como medio de comunicación. Este oficio también desapareció con el Concordato de 1851. Como dato curioso, merece la pena reseñar que pocos años después –en 1381- el cargo de “enfermero” recayó en don Pedro de Luna, a la sazón Cardenal diácono de la basílica romana de Santa María “in Cosmedin”, y futuro Benedicto XIII (1394-1423), más conocido como el Papa Luna.[12]
-                      Sochantre o succentor: su función es ayudar al Chantre (preceptor, primicerio o capiscol), que es el máximo responsable del coro, “tanto en el aspecto técnico como en el del buen funcionamiento de los diferentes turnos, oficios, etc.”: señalar los “turnos de los hebdomadarios que habían de cantar la misa solemne, los diáconos y subdiáconos”: sancionar “las desobediencias y demás faltas de los corales”, y “el examen de los subalternos servidores del coro inferior”. Asimismo, guardar y “hacer guardar, en la ocupación de las sillas del coro, las reglas de la precedencia o la rigurosa antigüedad” y vigilar el cumplimiento de las normas de higiene personal: el afeitado de la barba y la corona en ciertas ocasiones (al empezar la Cuaresma, el Domingo de Ramos y en las solemnidades de cuatro capas). Otra función del Chante, ésta honorífica, “era la de proclamar el nombre del obispo elegido por el cabildo y entonar seguidamente el Te Deum, que se cantaba desde el aula capitular hasta la catedral”.[13]
-                      Limosnero: su función era doble, de una parte, se encargaba “de distribuir las limosnas que el cabildo quería dar a los pobres de las dos ciudades episcopales, Albarracín y Segorbe”; y de otra, se ocupaba de la inspección “de los hospitales de la ciudad y de la diócesis”. Estos hospitales de pobres los hallamos en muchas villas de la diócesis, siendo su misión básicamente de beneficencia, pues allí se solían atender pobres, transeúntes y peregrinos.[14]


Continuando con el texto de Aguilar (1890), vemos que dice:
  • <Aumentado el personal, hizo nuevas constituciones, cuyos principales puntos fueron: Que haya un ecónomo en Segorbe y otro en Albarracín encargados de colectar las rentas en su comarca respectiva, cuyos términos hubieron de señalarse, y que cada año el ecónomo que recogiese más diese al otro lo necesario para conservar la igualdad de rentas entre todos los partícipes de las de ambas catedrales; que la tercera parte de los frutos nuevamente recobrados y de los que en adelante se adquiriesen se aplicase á distribuciones cotidianas entre los asistentes; que la distribución diaria se dividiese en tres partes, Maitines, Misa y Vísperas; que se diese distribución al obispo, cuando asistiese al coro. También reglamentó las obligaciones de los prebendados de oficio.- Tal vez entonces se dividió el gobierno, poniendo un vicario general en Segorbe y otro en Albarracín>.[15]
Vista de Castielfabib (Valencia), con detalle de la iglesia-fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles, desde la eminencia de El Torrejón, que cerraba la muralla al poniente (2012).

Quizá debamos insistir en que estamos diciendo de la doble diócesis de Albarracín y Segorbe, la cual permaneció bajo una misma mitra hasta su desmembración –en 1577-: datando probablemente del pontificado de don Elías la creación de los dos vicariatos generales: uno para Albarracín y otro para Segorbe. Respecto al Sínodo de Castielfabib, dice:
  • <En 28 de Mayo de 1358 celebró en Castielfabib un sínodo diocesano, en que dispuso que los eclesiásticos se rasurasen la barba al menos cada mes (quolibet mense ad minus barbam radant), que en la iglesia llevasen birrete y no capuz en la cabeza, y que la capuza no pasase de un palmo (nullus clericus seu beneficiatus porten ultra unum palmum cugulae in caputio), y que les ayudase (en) las misas cantadas (Misas altas) un clérigo con sobrepelliz>.[16]

Según vemos, la mencionada constitución De creatione quorundam officiorum que recoge la creación de los cinco oficios mencionados –Escolastre, Obrero, Enfermero, Sochantre y Limosnero-, se dictó con fecha 24 de mayo de 1358, mientras que el Sínodo de Castielfabib comenzó el día 28 del mismo mes y año –esto es, cuatro días después-. De aquí que surja la pregunta, ¿tuvieron tiempo los clérigos, cabildo, obispo y séquito de trasladarse de Segorbe y Albarracín a Castielfabib en cuatro días por los caminos que unían estas localidades a mediados del siglo XIV? Creo que no. Ello hace pensar que dicha Constitución se dictó en el contexto del Sínodo de Castielfabib, villa del Rincón de Ademuz. Justamente, Helios Borja Cortijo (2001) recoge también alguna noticia del Sínodo de don Elías, datándolo en Castielfabib -del 23 al 28 de mayo de 1358-.[17] Según este autor, el propósito de las Constituciones del prelado francés era “revalorizar las primitivas (constituciones), mejorar la administración diocesana y dar mayor esplendor al culto catedralicio”. A continuación, convocó el Sínodo... El mismo autor destaca que el de Castielfabib fue “uno de los dos sínodos que no se realizan en una jornada, verdaderamente tiempo insuficiente para tratar en profundidad la situación del obispado”, lo que a su entender “demuestra que el primer obispo pontificio se tomó muy en serio la labor de renovación” de la diócesis.[18]

Vista de Castielfabib (Valencia), desde el camino de La Hoya Hermosa, con detalle del caserío en su vertiente meridional, propiamente denominado de La Solana (2012).

Respecto a la elección de Castielfabib como sede del sínodo, dice que “se desconoce el por qué de su realización en esta villa”, pero que éste “se produce en un breve periodo de paz de la primera fase de la guerra de Castilla (1356-61)”. Al respecto, Aguilar (1890) comenta que “Desde 1356 castellanos y aragoneses se atacaban mutuamente en las fronteras, produciendo general perturbación y á veces todos los desastres de verdadera guerra”.[19] Salrach y Espadaler (1995), siguiendo a Mª Teresa Ferrer, dice de esta guerra:
  • <La Corona de Aragón, que no deseaba la guerra, en un primer momento defendió únicamente sus propios territorios, pero, ante la posibilidad de destronar a Pedro el Cruel y sustituirlo por el infante Fernando [el hijo de Alfonso el Benigno y Leonor de Castilla] o por Enrique de Trastámara [hermanastro de Pedro el Cruel], formuló posteriormente reivindicaciones territoriales a cambio de su ayuda a los pretendientes: el reino de Murcia y algunas plazas fronterizas>[20]
Ciertamente, durante esta fase inicial de la contienda se produjeron incursiones militares por parte de ambos reinos en el vecino, singularmente en las zonas fronterizas, aunque lo más notable fue el ataque castellano al puerto de Barcelona (1359), que contó con la colaboración de los genoveses. Esta primera fase de la contienda concluyó con la Paz de Deza-Terrer (1361), mediante la que los contendientes se restituyeron las plazas conquistadas e intercambiaron prisioneros. La segunda fase de la guerra (1362-63) se cerró con la Paz de Murviedro y la tercera (1363-69) concluyó con la Paz de Almazán (1375). Las dos últimas fases afectaron intensamente al Rincón de Ademuz, pues sus dos villas señeras –Ademuz y Castielfabib- fueron asediadas y tomadas por los castellanos, pero finalmente liberadas, aunque con muchos daños. De este tiempo existen diversos documentos que demuestran la estancia del rey castellano –Pedro I de Castilla (1350-69), apodado el Cruel por sus detractores y el Justiciero, por sus partidarios- en Castielfabib.[21]


Representación de un asedio medieval: el obispo de Segorbe, don Elías de Perigueux (1357-63) estuvo en las Cortes de Zaragoza –de 1360- donde puso de relieve “los agravios recibidos de los castellanos en varios lugares de la diócesis” [Tomada de Historia Viva de Valencia (1989)].


Decíamos que se desconoce el motivo por el que el don Elías convocó Sínodo en Castielfabib... Helios Borja (2001) propone que quizá se debiera a que “el clérigo francés no quiso beneficiar a ninguna sede, escogiendo un lugar intermedio” –debemos pensar que cuando dice “sede” se refiere a una de las dos ciudades episcopales de la doble diócesis –Albarracín y Segorbe-. Es posible, pues el Rincón de Ademuz constituía una zona intermedia entre ambas, habida cuenta que Teruel pertenecía a la sede de Zaragoza y de hecho la zona de Albarracín y la de Segorbe se hallaban muy separadas; aunque sin solución de continuidad, ya que de las parroquias de la sierra de Albarracín podía pasarse a las de Segorbe, precisamente a través del citado  Rincón de Ademuz. Tomás Laguia (1965), dice al respecto:
  • <Los mismos prelados, atendiendo al carácter y costumbres diversas de ambas regiones, a la distancia que separaba ambas ciudades y con el objeto de procurar una mayor eficacia en el gobierno del obispado, habían creado dos vicariatos u oficialatos, uno en Segorbe y otro en Albarracín, con sus respectivos consistorios o curias, y cada uno de estos oficiales o vicarios atendía las causas suscitadas en la región respectiva>.[22]

            Y sigue diciendo:
  • <Al principio, la extensión geográfica de la jurisdicción de estos vicarios variaba en cada pontificado a voluntad naturalmente del obispo, y aún hubo casos en que no hubo más que un solo oficial para ambas comarcas. Pero, andando el tiempo empezó a dibujarse una línea de separación de ambas Iglesias que llegó a ser completamente delimitada. [La de] Segorbe comprendía todos los pueblos de la diócesis pertenecientes al reino de Valencia [incluidos los del Rincón de Ademuz] y en Aragón los de El Cuervo, Tormón, Alobras y Tramacastiel [se refiere al Cuartillejo del Cuervo], quedando para Albarracín únicamente los de la Comunidad y Tierra, la villa de Gea, y Huélamo y Motos en Castilla>[23]

            Y añade:
  • <Esto históricamente no parece justo, pero tenía fundamentos muy tradicionales en la administración del obispado, al menos desde que cesaron las pretensiones valencianas sobre Segorbe y su comarca>.[24]
Vista de la Vega Zaragoza, frente a Castielfabib (Valencia), desde la eminencia de El Torrejón (2012).

Estas antiguas “pretensiones valencianas sobre Segorbe y su comarca” pueden estar también en relación con el motivo de que don Elías eligiera Castielfabib como sede para la celebración del Sínodo, “pues era una forma de mostrar la jurisdicción y autoridad de la Iglesia de Segorbe sobre la actual comarca de los Serranos que, desde 1347 y 1351, la Santa Sede le había otorgado, pero que el prelado valentino había retenido hasta 1355 una parte de las poblaciones, no devolviendo la totalidad hasta 1360”.[25] Las razones expuestas –la de no ofender a Albarracín ni a Segorbe y la de demostrar su autoridad sobre la zona- pueden estar en la raíz de la decisión del obispo; pero yo me inclino más por esta segunda posibilidad, aunque sin descartar una tercera más prosaica, como la simple centralidad geográfica, ya que Castielfabib se halla en el Rincón de Ademuz, una comarca natural en medio de ambas ciudades episcopales...

De facto, fue en este tiempo –19 de diciembre de 1357-, recién posesionado don Elías de la sede de Segorbe, cuando la Curia papal de Aviñón dictó sentencia definitiva en el asunto de estas parroquias, mediante la que “se obligaba al obispo de Valencia a retornar al obispo de Segorbe las parroquias usurpadas y a pagar una cantidad elevadísima, treinta y siete mil ochocientos setenta y cuatro florines de oro por las rentas de dichas parroquias durante las décadas que duró la usurpación”.[26] Según Pitarch (2001), el cumplimiento de esta sentencia supuso la recuperación de las depauperadas arcas de la sede de Segorbe, permitiéndole una serie de actuaciones en la catedral y en otros lugares. Justificadamente, “El 31 de enero de 1361 el obispo de Valencia, Vidal de Blanes (1356-69), hacía entrega a don Elías de Perigueaux de una primera cantidad (572 florines de oro), a cuenta de la deuda total”.[27]

Vista de Castielfabib (Valencia), con detalle del caserío, iglesia-fortaleza y castillo, desde El Torrejón (2012).

Del contenido del Sínodo de Castielfabib.
El objetivo de los sínodos episcopales era “asentar los principios jurídicos de la organización eclesiástica, para otorgar normas contra los errores procedentes de las comunidades judía y musulmana, y para instrucción del clero siguiendo las orientaciones pastorales”.[28] 

 El primer sínodo de la doble diócesis de Albarracín y Segorbe tuvo lugar en Albarracín -el 13 de abril de 1320-, y fue convocado por el obispo fray Sancho d`Ull (1319-56). Su interés radica en que apenas hacía unos meses que Segorbe había pasado a depender de Zaragoza, elevada a metropolitana en julio de 1319. El segundo sínodo fue convocado por el mismo obispo en Segorbe –el 18 de octubre de 1323-: su contenido capitular es similar al primero, lo que evidencia su incumplimiento, refiriéndose a la “reforma de la disciplina eclesiástica y la corrección de los fieles”. El tercer sínodo es el celebrado en Castielfabib, convocado por don Elías de Perigueux (1357-63), cuyo desarrollo tuvo lugar entre el 23 y el 28 de mayo de 1358: su contenido se refiere a “revalorizar las primitivas (Constituciones), mejorar la administración diocesana y dar mayor esplendor al culto catedralicio”; de facto, sus “nueve constituciones [...] reúnen las de los anteriores sínodos”, reincidiendo “en la disciplina eclesiástica” y prohibiendo “prácticas religiosas musulmanas en las iglesias”.[29]

Respecto a la disciplina eclesiástica, ya hemos visto arriba que se refiere a que “los eclesiásticos se rasurasen la barba al menos cada mes (quolibet mense ad minus barbam radant)” –lo que induce a pensar que los clérigos descuidaban el aseo personal-; y a ciertas normas de vestimenta, como “que en la iglesia llevasen birrete y no capuz en la cabeza, y que la capuza no pasase de un palmo (nullus clericus seu beneficiatus porten ultra unum palmum cugulae in caputio)”; y que en las misas cantadas los celebrantes fueran ayudados por un clérigo con roquete. Parecen normas de poca enjundia, pero lo cierto es que colaboraban en el bien parecer y la uniformidad de la liturgia. Asimismo se insistía en la obligatoriedad de ciertos cumplimientos canónicos, como que los clérigos debían leer diariamente el Breviario, el cual debía ser de propiedad personal de cada uno, hasta el punto de ordenar “que ningún clérigo sea promovido ad sacros ordines si no posee un breviario pergaminei vel papirii” –disposición séptima del Sínodo de Castielfabib-.[30]

Vista de la Vega Zaragoza, partida del término de Castielfabib (Valencia), desde El Torrejón (2012).

Respecto a las prácticas religiosas musulmanas en las iglesias, destaca una disposición –sexta del Sínodo-, ordenando a los párrocos, vicarios y curados “que si en las propias iglesias los musulmanes aclamaban en voz alta la çala (sic) o el pérfido nombre de Mahoma, que lo denuncien públicamente al bayle o al alcalde correspondiente”, lo que demuestra “la pervivencia de los cultos, rituales y oraciones de la población musulmana en las nuevas iglesias”[31] –nuevas iglesias o quizá antiguas mezquitas reconvertidas en iglesias cristianas, a las que asistirían los musulmanes recientemente convertidos-. Pues resulta evidente que había muchos moriscos o cristianos nuevos, los cuales se hallaban todavía apegados a sus ritos y tradiciones, hasta el punto de ser uno de los motivos que figura en el argumentario de Felipe II para solicitar al Papa la separación de ambas diócesis –hecho que tuvo lugar en 1577-: “para cuya formación religiosa y afianzamiento en la fe cristiana se requeriría la presencia de un prelado que pudiera visitar las parroquias con más frecuencia”.[32] Finalmente, cabe destacar la creación de cuatro nuevas canonjías, “con lo que el cabildo de cada una de las catedrales –Albarracín y Segorbe- quedó constituido por cinco dignidades y cuatro canónigos”: la existencia del canónigo “obrero” se ha visto como una muestra de que se pensaban realizar obras importantes en ambas catedrales “aunque fue Segorbe quien, en este momento y a lo largo de la segunda mitad del siglo XIV se adelantó a Albarracín”.[33] Asimismo respecto a la creación del oficio de “enfermero” y “sochantre”, el primero encargado del mantenimiento y reparación de los objetos litúrgicos, campanas incluidas, y el segundo del coro, de gran importancia en la liturgia catedralicia; del “limosnero”, encargado de todo lo relativo a las obras de caridad y del “escolastre”, responsable de la enseñanza.

Calle de Castielfabib (Valencia), con detalle de una antigua puerta apaisada, según  el estilo tradicional de la villa (2012).

Palabras finales.
A la vista de las actuaciones, no cabe la menor duda que los cinco días que duró el Sínodo de Castielfabib estuvieron bien aprovechados, lo que dice mucho en pro de aquel obispo francés, don Elías de Perigueux, primer obispo de Segorbe nombrado por un Papa, y de su preocupación por la administración y el funcionamiento de su diócesis. Poco después, don Elías estuvo en las Cortes de Zaragoza –de 1360- donde puso de relieve “los agravios recibidos de los castellanos en varios lugares de la diócesis”. 

Pero aquello fue sólo el principio, pues no vivió lo suficiente para ver los desastres que aquella guerra acabó produciendo, singularmente cuando la toma de Ademuz y Castielfabib, en que ambas villas fueron quemadas y arruinadas: de aquellos hechos quedó constancia en los Estatutos de las Cofradías de la “verge Madona Santa María e laltra del benaventurat Sent Guillén”, concedida por Juan I el Cazador (1387-96) a los de Castielfabib –el 12 de mayo de 1393-: “ipsa villa que bis per eum fuit terribiliter devastada igni”; “e per lo cremament, robament, presó e destrucció que per lo rey don Pedro de Castella fou feyt per dues veus en la dita villa en temps de la guerra”. Palabras similares constan en los estatutos de las cofradías de “la verge Madona Santa María i laltra del benaurat San Pere Apóstol”, concedidas a los de Ademuz por el mismo rey –el 20 de mayo de 1393-.[34]


Calle de Castielfabib (Valencia), con detalle de una casa restaurada en "estilo rural" (2012).


En suma: además del contenido sinodal y de la complejidad del momento histórico, lo que más llama la atención de esta singular historia es la elección de Castielfabib como sede del tercer Sínodo diocesano: un lugar en los confines del reino de Valencia, entre Aragón y Castilla: con toda probabilidad, la celebración tuvo lugar en la iglesia-fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles. Forzando ligeramente la imaginación podremos sospechar cómo debió ser aquello, la concurrencia de gentes a la villa -clérigos, canónigos, amanuenses y sirvientes, además del obispo y su séquito-, que acudirían desde distintos puntos por los caminos de entonces y lo que pudo suponer para los vecinos, sin duda un acontecimiento memorable. Aunque quizá pronto olvidado por los desastres de la contienda que siguió. ¿Dónde se alojaron los clérigos y sus sirvientes durante su estancia en la villa?, seguramente en las mejores casas particulares, aunque estas no debían ser muy numerosas. Acostumbrado a la comodidad de la corte pontificia en Aviñón, ¿qué pensaría el prelado francés al arribar Castielfabib, una pequeña villa amurallada de calles encosteradas, sita entre la eminencia del castillo y El Torrejón? No olvidemos que el Sínodo tiene lugar a mediados del siglo XIV: al final del período bajomedieval, en los umbrales de la modernidad... El pontificado de don Elías puede calificarse de muy productivo, aunque corto; pues poco después el Papa le reclamó, enviándole en una misión a Tolosa (Francia), donde falleció –esto fue en 1363-.[35] Vale.




[1] TOMÁS LAGUIA, César. La desmembración de las iglesias de Albarracín y Segorbe, Edita Instituto de Estudios Turolenses (CSIC), Teruel, 1965, pp. 11-14.
[2] Guerra de los Dos Pedros. (2012, 22 de septiembre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 09:46, noviembre 7, 2012.
[3] El azote del hambre y la peste (1342-1368), en: Las Provincias, Historia Viva de Valencia [1238-1614], fascículo 5º, Valencia, 1989, vol. I, Año 1358.
[4] VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo. Viage literario a las iglesias de España, Madrid, 1804, tomo III, pp. 68-69.
[5] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. San Guillermo de Aquitania y el convento de Castielfabib (y II), del martes 24 de junio de 2014.
[6] VILLANUEVA (1804), pp. 120-121.
[7] AGUILAR, Francisco de Asís. Noticias de Segorbe y de su obispado por un sacerdote de la diócesis, Primera Parte, [Imprenta de F. Romaní y Suay] Segorbe, 1890/Valencia, 1975, parágrafo 135, pp. 119-120.
[8] Inocencio VI. (2012, 8 de octubre). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 11:25, noviembre 7, 2012.
[9] Ibídem, párrafo 136, p. 120.
[10] BLASCO AGUILAR, José. Historia y derecho en la catedral de Segorbe. Antecedentes histórico-jurídicos y derecho privilegiado [Tesis doctoral presentada en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid], Valencia, 1973, pp. 128-129.
[11] Ibídem, pp. 130-132.
[12] Ibídem, pp. 132-133.
[13] Ibídem, pp. 116-120.
[14] Ibídem, pp. 134-138.
[15] AGUILAR (1890), parágrafo 136, pp. 120-121.
[16] Ibídem, parágrafo 137, p. 121.
[17] BORJA CORTIJO, Helios. La Diócesis de Segorbe-Albarracín, en: La Luz de las Imágenes-Segorbe, Septiembre 2001-Marzo 2002, Edita Generalidad Valenciana, Valencia, 2001, pp. 23-24.
[18] BORJA CORTIJO (2001), p. 24.
[19] AGUILAR (1890), parágrafo 138, p. 122.
[20] SALRACH, Joseph M y ESPADALER, Antón M. La Corona de Aragón: plenitud y crisis. De Pedro el Grande a Juan II (1276-1479), en: Historia de España 12 (1995), 84-85.
[21] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Acervo historiográfico comarcal: Reyes aragoneses y castellanos en el Rincón de Ademuz, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2008, vol. II, pp. 17-21.
[22] TOMÁS LAGUIA (1965), pp. 14-15.
[23] Ibídem, p. 15.
[24] Ibídem.
[25] BORJA CORTIJO (2001), pp. 23-24.
[26] PITARCH, Antonio José. Los primeros tiempos (siglo XIII-último tercio del siglo XIV), en: La Luz de las Imágenes-Segorbe, Septiembre 2001-Marzo 2002, Edita Generalidad Valenciana, Valencia, 2001, p. 104.
[27] Ibídem.
[28] BORJA CORTIJO (2001), p. 23.
[29] Ibídem.
[30] LLORENS I RAGA, P. L. La morería de Segorbe. Rentas de su mezquita a fines del siglo XVI, en: Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, XLIX (1973), pp. 303-324. Citado por PITARCH (2001), p. 104.
[31] PITARCH (2001), p. 104.
[32] MANSILLA REOYO, Demetrio. La organización eclesiástica española del siglo XVI, Aragón-Cataluña, Roma, 1956, pp. 173-174. AGUILAR (1890), parágrafo 256, pp. 263-264. Citado por TOMÁS LAGUIA (1965), pp. 16-17.
[33] Ibídem.
[34] CODOIN (1910), vol. XLI, pp. 44-66. Citado por PITARCH (2001), pp. 103-104.
[35] AGUILAR (1890), parágrafo 137, pp. 121-122.

Calle de Castielfabib (Valencia) -denominada de La Reja-, sita en la base occidental del cerro del castillo (2012).

2 comentarios:

Ismael Roger dijo...

Hola Alfredo, me ha gustado mucho tu artículo. Desconocía lo relacionado con el Sínodo de Castielfabib de 1358. Se agradece también el lenguaje que usas, sobre todo para aclarar el significado de los cargos, oficios o dignidades de la Catedral.

Un abrazo.

Alfredo Sánchez Garzón dijo...

Hola, Ismael: gracias por tus palabras y por las preciosas fotos antiguas -años 60- de Castielfabib que me envías; espero poder utilizarlas en alguna próxima publicación. Un abrazo y gracias de nuevo.