miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL CAMINO DE LA "VERA CRUZ": DE ADEMUZ A LANDETE [I].

Descripción del camino peregrinal,
en su primer tramo conquense





A mi hijo Alfredo-Ferran Sánchez Sendra
que me acompañó en este viaje.


            Palabras previas.
Recientemente escribí acerca del Camino de la Vera Cruz a su paso por el Rincón de Ademuz, lo que me llevó a recorrer antes su trazado entre Libros (Teruel) vía Torrealta (Torrebaja), Torrebaja y Ademuz, siguiendo el cauce del río Turia, que atraviesa la comarca de norte a sur.[1]
El presente artículo tiene por objeto describir el trayecto que sigue el camino peregrinal, y lo que puede verse a su paso, entre Ademuz (Valencia) y Landete (Cuenca). La marcha tuvo lugar una despejada mañana de mediados de septiembre y la realizamos en bicicleta: partimos de Ademuz por la ermita del Rosel, subimos por el cerro de Horca hasta el Pinar Llano, pasamos frente a las ruinas del rento de Benarruel, las aldeas moyanas de Pedro Izquierdo, Santo Domingo, El Arrabal, Los Huertos y Landete. La hora de comer nos cogió visitando las ruinas de Moya, allí comimos y sesteamos.
Para llevar a cabo el trayecto, tanto si se realiza andando o en bicicleta, el peregrino o caminante debe ir bien provisto de lo necesario para este tipo de marchas -me refiero a vestido, calzado y protección contra los elementos-; debiendo insistir, no obstante, en la necesidad de ir acompañado y bien provisto de agua, pues no encontraremos ninguna fuente hasta la aldea de Pedro Izquierdo, lo que supone un trecho considerable en despoblado.

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Vista meridional de Ademuz (Valencia), desde el camino que asciende al cerro de Horca y el Pinar Llano, donde se inicia el Camino de la Vera Cruz en su tramo de Ademuz a Landete (Cuenca), 2012.
Una descripción del camino.
Propiamente, el Camino de la Vera Cruz comienza en la salida meridional de Ademuz, frente al Instituto, donde podremos ver unos de los pilones de piedra que lo señalan. Tomaremos el camino que baja hacia la Residencia de Ancianos y continuaremos por el llano, atravesando el Boilgues –también llamado río de Vallanca- por un somero puentecito. Se trata de una pista de tierra entre huertas que conduce hacia la ermita de Nuestra Señora del Rosel, un edificio de planta cuadrangular con cobertura a cuatro aguas, en cuya fachada principal puede verse un arco adovelado con dos aberturas rejadas laterales. Se trata de una ermita sin culto, sin nada notable que reseñar en su interior. El ermitorio queda a nuestra derecha, y ascendiendo una somera costanilla damos a la carretera que conduce de Ademuz a Casasaltas y Casasbajas. La salida a la carretera se produce en medio de una importante curva. Al otro lado de la vía veremos una carreterita asfaltada que asciende por una umbrosa ladera hacia el cerro de Horca, en cuyo inicio veremos un poste con una señal roja aflechada, indicándonos la dirección del camino peregrinal.

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Vista parcial del caserío de Ademuz (Valencia), sobre el cerro de los Zafranares (759 m), con el Pico Castro (897 m) al fondo (2012).


Yendo en bicicleta hay que poner una marcha larga o blanda, como dicen los ciclistas, y concentrarse en la subida; eso sí, sin mirar demasiado hacia delante… La costanilla es ciertamente muy empinada, razón por la que hace falta cierto entrenamiento previo que, por otra parte, se le supone al peregrino que utiliza este medio de locomoción. En cuanto ascendamos unos cientos de metros, pasando por una zona de eras y pajares abandonados, observaremos que el panorama se ensancha, ampliándose el horizonte y la vista del caserío de Ademuz. Durante la ascensión hasta el Pinar Llano (1.042 m), tramo que durará tres cuartos de hora bien cumplidos, tendremos ocasión de detenernos para descansar, lo que aprovecharemos para admirar el majestuoso espectáculo paisajístico que se ofrece a nuestra contemplación.

La imponente mole de los Zafranares o Azafranares (759 m) sobre cuya vertiente oriental asienta la villa y del Pico Castro (897 m), que resguarda el caserío por el norte, se van empequeñeciendo conforme ascendemos por el repecho de Horca. Desde una planicie que se abre a la derecha –donde una caseta de cazadores- ya nos encontramos por encima del nivel del caserío, hasta que poco a poco, remontando por entre labradas de almendros, superamos las mencionadas alturas –Zafranares y Castro-: desde este punto, sentados sobre el quitamiedos de madera que protegen la carreterita que venimos siguiendo, la vista es espléndida. El paisaje viene enmarcado de forma natural por el pico Javalambre y las estribaciones de la Sierra de Tortajada, que quedan al levante, esto es, a nuestra derecha; mientras que a nuestra izquierda, esto es, al norte y poniente, el horizonte nos lo cierran la serranía de Albarracín, los montes del Rodeno, el Javalón y la serranía de Cuenca, representada por los montes de Santerón y la cumbre del Talayón (1.602 m). En el centro de la panorámica queda la feraz vega del Turia a su paso por el Rincón de Ademuz, el Pico Castro y Azafranares, por cuya vertiente se descorre hasta el río el caserío de Ademuz: el cerro viene limitado por el barranco de la Virgen, al norte, y el barranco Seco, al suroeste. Por debajo de Ademuz, a la altura de Los Arenales, cruza la vega el imponente puente por donde discurre la carretera nacional de Alicante y Murcia a Francia por Zaragoza, en su tramo de Manzaneruela (Cuenca) a Torrebaja (Valencia).

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Vista del caserío de Ademuz (Valencia), desde el la carreterita que asciende al Pinar Llano,


Del caserío de Ademuz cabe destacar el cementerio parroquial, cuyo camino viene perfectamente señalado por una hilera de cipreses que llega hasta la misma puerta del camposanto. Por debajo del cementerio se hallan las ruinas del castillo, de origen árabe, en cuyo interior se hallaba la antigua iglesia parroquial de San Pedro, derruida por el terremoto de 1656. El caserío lo centra la nueva parroquial de San Pedro y San Pablo, construida extramuros en el Seiscientos. Aguzando la vista podríamos ver también la ermita de la Virgen de la Huerta, que se halla en la parte baja del pueblo, junto al Turia, según se accede a la villa por la entrada norte. Para conocer con detalle el rico patrimonio histórico y artístico de Ademuz resulta apropiada –y recomendable- la lectura del ameno libro de Raúl Eslava Blasco (Ademuz, 1965), historiador licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valencia (1989).[2]
            El encosteramiento de la villa ademuceña y su difícil urbanismo hacen que no sea un pueblo especialmente cómodo para vivir; sin embargo, y precisamente por ello, visto en la distancia resulta de una gran belleza plástica. Algo parecido le sucede a Castielfabib, la otra antigua villa histórica de la comarca. La belleza estética de Ademuz la rompe un feo edificio –estirado y níveo, en contraste con los tonos térreos del caserío y del entorno- que se ubica en la parte baja, entre la avenida de Valencia y la huerta: se trata del nuevo instituto, centro de enseñanza media recientemente inaugurado. No pretendo valorar sus características arquitectónicas y constructivas, que seguramente serán las adecuadas a su función, pero desde una óptica estrictamente formal –estética y ornamental- se merece un cero rotundo. ¿Acaso no se podía haber levantado un edificio más integrado con el entorno en que se halla? Con toda seguridad que sí, pero el arquitecto que lo diseñó y los políticos que lo suscribieron no debieron visitar nunca la villa...

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Plantaciones de almendros en el Pinar Llano (Ademuz), con detalle de una barraca de piedra en seco, junto al Camino de la Vera Cruz de Ademuz a Landete (Cuenca), 2012.

            Bajo un cielo azul, que resalta las formaciones térreas rojizas y el intenso verdor de la vega, continuamos nuestra ascensión, camino del Pinar Llano. Poco más adelante la carreterita asfaltada se convierte en camino pedregoso, aunque perfectamente transitable. El punto más elevado del Pinar Llano sobrepasa los mil metros de altitud, bastante por encima del cerro de los Zafranares y del Pico Castro. Pese a su nombre, la zona tiene poco de llana, más bien se trata de una sucesión de suaves subidas y bajadas, que en la distancia producen la impresión de cerritos alomados y desiguales, aterciopelados por el verde pajizo de los almendros que los cubren. Detenemos nuestra marcha en un punto del Camino, cerca de una de las muchas barracas de piedra en seco que siembran estas altas partidas. Se trata de una construcción circular cubierta de tierra y coronada por una falsa cúpula de lajas, similar a otras muchas que hemos visto en otras zonas de ambas vertientes del Rincón de Ademuz.[3] Estas edificaciones protohistóricas de tradición celta dulcifican el paisaje, humanización que completan los cientos de miles de almendros que pueblan estas cumbres, y que a estas alturas de la estación ofrecen su fruto maduro al cultivador. Bajo la benévola sombra de uno de estos sufridos árboles de rugoso tronco, contemplamos el paisaje reseco y pedregoso, evocando uno de esos hermosísimos versos de la liturgia de las horas que rezan los católicos por la tarde (vísperas):

“Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que Él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador”.
[Salmo 71]

            El año ha sido extremadamente seco; sin embargo, los almendros no han dejado de producir su fruto, en mudo homenaje a los que los cultivan, podan, labran y varean con esfuerzo. Durante nuestro trayecto encontraremos algunas barracas más -unas circulares y otras cuadrangulares o alargadas-, todas con la misma técnica constructiva, ya sea junto al camino ya en la distancia, dispuestas en las márgenes de las labradas. Merece la pena detenerse un momento junto a ellas, acariciar sus piedras, observar la belleza y solidez que demuestran, con sus paredes rectas al exterior y curvadas al interior, viendo cómo se aproximan las lajas para formar la seudo cúpula. Dichas construcciones fueron levantadas lejos de las poblaciones, para servir de refugio a los campesinos que trabajaban en estas latitudes, hasta el punto de que en tiempo de labranza o cosecha pasaban varios días en ellas, sirviéndoles de refugio y para guardar el hato. Asimismo para los pastores que pacían sus rebaños, caso de tormenta... Fueron construidas por expertos alarifes locales con los materiales que afloraban en las roturaciones y están tan bien dispuestas e integradas en el paisaje que resultan consustanciales al mismo, hasta el punto de pasar desapercibidas.

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Vista frontal de una barraca, construcción de piedra en seco en el Pinar Llano, que se halla en el Camino de la Vera Cruz de Ademuz a Landete (2012).
            Dejamos la zona de cultivos y nos internamos en un paraje de páramo y monte bajo, sembrado de romeros y aliagares resecos, entre pinos, sabinas y enebros que forman manchas verdioscuras en la planicie. De trecho en trecho partidas de almendros, barbechos y pedregales. El Camino está bien señalado, mediante chapas clavadas en los postes o directamente pintadas sobre las rocas que limitan la vereda. Pero hay que estar atentos, especialmente en los cruces de caminos, pues toda la planicie se halla surcada por una compleja red de caminos. Con todo, para no perderse hay que ir siempre en dirección meridional... Al frente derecha tenemos los montes de Santerón, atrás hemos dejado la villa de Vallanca y la aldea de Negrón, cuyos caseríos se vislumbran entre almendrales en la lejanía. Si giramos la vista atrás, hacia el noroeste veremos las familiares siluetas de los montes del Rodeno, con su peculiar aspecto de sierra, y el Javalón, que tiene forma de naveta invertida. En la vertiente opuesta, esto es, al levante, podemos distinguir el Javalambre, el Pico Calderón y las estribaciones más bajas de la sierra de Tortajada.

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Señalización del Camino de la Vera Cruz en el Pinar Llano, con la silueta del Pico Javalón al fondo (2012).
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El Camino de la Vera Cruz a su paso por el Pinar Llano, con los montes de Santerón al fondo (2012).
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Otra barraca, construcción de piedra en seco junto al Camino de la Vera Cruz a su paso por el Pinar Llano, en dirección a Landete (Cuenca), 2012.
            La senda es pedregosa, con suaves repechos, pero perfectamente transitable. La marcha resulta así muy agradable en este tramo de altura, el cielo está despejado, intensamente azul, aunque con algunos retazos de nubes altas en la lejanía. El sol pega fuerte, si bien la brisa de montaña sosiega la canícula del medio día. El caminante o peregrino puede meditar, charlar, reflexionar o rezar, pues el panorama, tan abierto y diáfano invita a la intimidad y la oración. ¡Qué pequeño se siente uno en medio de estas cumbres, qué insignificantes los problemas en estas resecas soledades! Merece la pena disfrutar del silencio que aquí se respira, apenas roto por el vuelo rasante de algún pajarillo asustado... No hemos encontrado a nadie en todo el trayecto -ningún sonido humano nos ha perturbado- ni encontraremos a nadie hasta llegar a Pedro Izquierdo: de ahí que resulte aconsejable no emprender el trayecto en solitario, pues un mínimo percance podría ponernos en un serio apuro. Conviene, así, ir acompañado y con agua, pues tampoco hemos hallado, ni hallaremos manantiales –de los que, por otra parte, siempre es comprometido beber-.

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Vista de las ruinas del rento de Benarruel (Moya), desde el Camino de la Vera Cruz, dirección Landete (Cuenca), 2012.
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Posando junto a las ruinas del rento de Benarruel (Moya), con los montes de Santerón al fondo (2012).
            El camino que venimos siguiendo da a una humilde carreterita de asfaltado deficiente, frente a un ruinoso caserío: se trata de la carretera que viene de Negrón (Vallanca) y las ruinas corresponden al antiguo rento de Benarruel –sobrepasada la linde del Rincón de Ademuz con Castilla- que es ya término de Moya (Cuenca). Nos acercamos hasta el lugar de las ruinas, apenas unos muros desmochados con el interior lleno de escombros. Las edificaciones hoy arrasadas fueron casas de labranza con corrales y descubiertos, y estuvieron antaño pobladas por varios renteros, pues es zona de cultivo en secano, con una hoya regada por una somera fuentecita hoy perdida. El rento era propiedad de una señora de Casasaltas (Valencia) y el último rentero procedía de Negrón: el señor Eleuterio Férriz Sánchez y su esposa Victoria Adalid Orero. Durante las semanas iniciales de la Guerra Civil (1936-39), el lugar fue escenario de trágicos sucesos, pues en una de estas casas estuvo escondido un sacerdote –don Ramón Fos Adelantado (1891-1936), de 45 años, natural de Segorbe (Castellón) y párroco de Corcolilla de Alpuente (Valencia)-: el clérigo fue descubierto y detenido por unos milicianos de Ademuz, que le condujeron por el Pinar Llano hasta el rento de Borrachina, para asesinarle en la partida de Los Aljezares, un punto del camino que une dicho rento con Casasbajas. El sacerdote fue enterrado en el mismo lugar de su asesinato –que tuvo lugar el 16 de agosto de 1936- y allí permaneció hasta después de la guerra, momento en que sus familiares lo trasladaron al cementerio de Casasaltas, donde fue finalmente inhumado.[4] Otro hecho vinculado con el citado rento está relacionado con otro sacerdote –don Agustín Navarro Zapata (1871-1936), de 65 años, natural de Fuentelespino de Moya y párroco de Henarejos (Cuenca)-: el clérigo fue detenido por miembros del Comité Revolucionario de Moya y llevado a la villa, donde padeció arresto y humillaciones, hasta ser entregado por los del Comité a milicianos de Ademuz, los cuales le condujeron hasta el rento de Benarruel, allí fue muerto y enterrado –esto sucedió el 30 de agosto de 1936-. Y en este lugar permaneció hasta después de la guerra, momento en que la familia trasladó sus restos a un panteón familiar del cementerio de Fuentelespino, donde en definitiva fue inhumado.[5]

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El Camino de la Vera Cruz en dirección a Landete, vía Pedro Izquierdo y Santo Domingo de Moya, con la serranía de Cuenca al fondo (2012).
            Decía que las casas del rento son hoy un montón de ruinas, apenas unos muros desmochados y con el interior lleno de cascotes, enmarcados entre el cielo y los montes de Santerón, que le sirven de contrapunto... Continuamos nuestro camino por la carreterita mal asfaltada, que finalmente se convierte en un camino de tierra: ya nos encontramos en tierras de Castilla-La Mancha, en los dominios del antiguo marquesado de Moya. El paisaje se torna más seco y desolado por momentos, con predomino del gris pardo de los montes, en contraste con el tono azulenco del horizonte más lejano.


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Corrales y parideras junto al Camino de la Vera Cruz, dirección Landete -vía Pedro Izquierdo y Santo Domingo de Moya (Cuenca)- (2012).
            En un descenso del Camino encontramos a nuestra izquierda unas construcciones de piedra en seco con cobertura de teja árabe, cuyos tonos rojizos destacan en el árido paisaje: son parideras de monte, con corrales y descubiertos. Tras subir el repecho arribamos a un ceniciento edificio alargado junto al que se alza una torre de comunicaciones con grandes antenas circulares. El sendero –ancho y pedregoso, surcado por grandes arroyadas- inicia una fuerte pendiente, cuyo descenso nos lleva a una carreterita asfaltada, correspondiente a la salida de la nacional 330 y que conduce a Pedro Izquierdo, aldea de Moya. En el cruce del sendero con la carretera puede verse una cruz de madera en un lado (izquierda) y un poste señalizado del Camino de la Vera cruz que venimos siguiendo en el opuesto (derecha), indicándonos el camino hacia la aldea: un villorrio de apenas una cuarentena de vecinos, situado a 1.100 metros de altitud.

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Estación de comunicaciones junto al Camino de la Vera Cruz, en las proximidades de Pedro Izquierdo-Moya (Cuenca), 2012.

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Cruce del Camino de la Vera Cruz -procedente del Pinar Llano- con la carreterita que lleva a Pedro Izquierdo-Moya (Cuenca), 2012.


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Aldeanos de Pedro Izquierdo-Moya (Cuenca), posando junto al Camino de la Vera Cruz (2012).
            Entramos en la aldehuela por una calleja asfaltada circundada de casas bajas –fachadas de piedra o encaladas con cubierta de teja-, construidas en estilo tradicional, algunas con grandes portalones y descubiertos, hasta arribar a la calle del Olmo, donde se halla la iglesia del lugar, dedicada a Santa Elena. Dicha advocación resulta poco frecuente en la zona, por lo que merece la pena su reseña, singularmente cuando estamos haciendo un tramo del camino de la Vera Cruz, y dada su vinculación con el símbolo cristiano.[6] Se trata de un sólido edificio de medianas proporciones –planta alargada y cobertura a dos aguas-, con fachada mirando hacia poniente, entrada arqueada con dovelas y una espadaña de dos ojos en la parte alta. Frente al templo hay una fuente con pilón de la que mana un hilillo de agua. A nuestro paso nos encontramos con dos vecinos ancianos, que nos informan de la reciente colocación de las señales del Camino que venimos siguiendo, aunque desconocen su significado. Asimismo, nos hacen saber que la ermita que corona el cerro sobre el que asienta la población se halla bajo la advocación de San Cristóbal -el portador de Cristo-; y de que su lugar, junto con Santo Domingo, El Arrabal y Los Huertos son aldeas de Moya, pero el Ayuntamiento está en Santo Domingo.

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Fuente con pilón y abrevadero (1925), junto al Camino de la Vera Cruz en Pedro Izquierdo-Moya (Cuenca), 2012.
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Señalización del Camino de la Vera Cruz en un imponente paredón del abancalamiento a la salida de Pedro Izquierdo-Moya (Cuenca), 2012.
            El camino peregrinal continua en dirección al cementerio del lugar, esto es, hacia el sureste: a la salida encontramos una sencilla fuente de obra, encalada, en cuyo frontis se indica una fecha en letras azules –1925-, con un pilón de dos caños y abrevadero a los pies; frente a la fontana, al otro lado de la calle, se halla el antiguo lavadero. Más adelante hallamos un ciclópeo paredón sujetando el abancalamiento del terreno y un chozo de piedra en seco, construcción similar a las previamente vistas en el Pinar Llano. El Camino se interna por entre labrantíos y plantaciones de almendros, que alternan con eriales y rastrojos, hasta que en un punto comienza a dibujarse la silueta del cerro de Moya con sus peculiares ruinas. Dicho tramo de Camino sale a la carreterita que une Landete con Algarra, junto por debajo de Santo Domingo.

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El Camino de la Vera Cruz a la salida de Pedro Izquierdo-Moya (Cuenca), con detalle de un chozo a la derecha (2012).
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Vista de Santo Domingo-Moya (Cuenca), con detalle de la señalización del Camino de la Vera Cruz en el tronco de un almendro (2012).
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Vista de Santo Domingo-Moya (Cuenca), desde el Camino de la Vera Cruz, procedente de Pedro Izquierdo (2012).
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Detalle de un caserón de Santo Domingo-Moya (Cuenca), junto en la salida del Camino de la Vera Cruz a la carretera de Algarra a Landete (Cuenca), 2012.
            Otra forma de llegar al mismo lugar desde Pedro Izquierdo es continuar directamente por la vía que conduce a Santo Domingo de Moya, bajando desde la iglesia por una mediana pendiente. Santo Domingo se halla en el valle, propiamente en la intersección de la carretera que viene de Pedro Izquierdo y la que conduce de Landete a Salvacañete, vía Casas de Garcimolina y Algarra. En Santo Domingo hay poco que ver, más allá del caserío tradicional, con algunas casonas notables y la iglesia de nueva planta, obviamente dedicada a Santo Domingo de Guzmán. Hacemos un alto junto a una fuente de obra, toda jalbegada, con frontis semicircular y un largo abrevadero sin agua a los pies. En el centro gotea un grifo común, junto al que revolotean docenas de avispas... La fontana se halla en un lado de la calle, frente a la farmacia del lugar. Es medio día, el sol cae de plano y en esta hora la botica está abierta. Calle arriba sube gente en varios grupos, hombres y mujeres que vienen de un entierro: algunos visten de luto riguroso, sin duda los familiares del fallecido.

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Posando junto a una fuente con abrevadero en Santo Domingo-Moya (Cuenca), 2012.
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Detalle de antiguo picaporte de hierro forjado en la puerta de un corral en Santo Domingo-Moya (Cuenca), 2012.
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Vista de la iglesia parroquial de Santo Domingo-Moya (Cuenca), con detalle del pórtico y torre-campanario al fondo (2012).
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Costanilla a la salida de Santo Domingo-Moya (Cuenca), camino de Landete, con detalle del cerro moyano al fondo (2012).
            Dejamos Santo Domingo por un camino asfaltado que conduce hacia el sur, tras un suave repecho arribamos de nuevo a la carretera que conduce a Landete, vía Moya y El Arrabal. Desde este punto se observa una hermosa vista del cerro de Moya en su ladera septentrional, donde destacan sus murallas y distintos edificios ruinosos. Tras una bajada con su correspondiente subida arribamos al poblado de El Arrabal, que se halla en la vertiente oriental del cerro de Moya y al que se accede por una carreterita que nace a la derecha de la que venimos siguiendo. Merece la pena detenerse un momento en este punto, pues la panorámica del caserío de El Arrabal, sito en la parte baja de la ladera oriental, con las murallas de Moya en la parte alta, recortándose contra el cielo azul intenso, es magnífica. Desdice el espectáculo una estridente construcción moderna a la derecha, blanqueada y con barras y asientos en azul: se trata de la parada del autobús. Por el mismo coste, ¿no hubiera sido posible construir otro edificio más congruente con tan histórico y hermoso lugar? Sin la menor duda que sí, pero en lo que hace a la estética, el mal gusto de la Administración es inconmensurable, como la estupidez humana... Poco más arriba, lado izquierdo del camino que asciende a El Arrabal y ruinas de Moya, hay un recinto cuadrangular, cerrado por tres lados con un pilón labrado en el centro –puede ser un crucero, pero a mí me recuerda a las "picotas" o "rollos de suplicio" de muchas villas castellanas-; junto al pilón, un arco de bardas secas, correspondiente al LIV Septenario de la Virgen de Tejeda (2011). Posteriormente me informaron que el recinto donde actualmente se halla la columna estriada corresponde a los muros de una ermita -de la Santa Cruz o de La Cruz-, y que la columna es un crucero al que le robaron la cruz, el cual se hallaba junto a la antigua ermita.

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Vista de El Arrabal-Moya (Cuenca), con las ruinas de la capital del antiguo marquesado en lo alto del cerro (2012).
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Detalle del cartel anunciador de El Arrabal-Moya (Cuenca), con la silueta de las ruinas moyas en lo alto del cerro (2012).

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Detalle de columna de fuste estriado al comienzo de la subida a El Arrabal-Moya (Cuenca), correspondiente a un crucero que hubo junto a la ermita de la Santa Cruz, con las ruinas de la antigua villa de Moya en lo alto del cerro (2012).
            Desde El Arrabal, un camino asciende entre las casas del poblado, atravesando el Tercer Recinto de  la muralla por la Puerta de la Villa. Pero nosotros vamos en bicicleta, razón por la que utilizamos la rampa que zigzaguea por la ladera y que en varios tramos nos conduce hasta la antigua población moyana. Ya en la parte alta cruzamos una zona de muralla por la Puerta de Carros -que tiene un cubo truncado en un lado-: viejas piedras grises, polvorientas y silenciosas, que señalan una historia larga, vetusta, perdida... ¡Cuántas cosas nos contarían estas ruinas, si pudieran hablar! El caso es que sí hablan, pero su lenguaje es difícil de entender y sólo lo conciben los arqueólogos e historiadores, y no sin trabajo.




[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. El camino de la“Vera Cruz” a su paso por el Rincón de Ademuz, del martes 11 de septiembre de 2012.
[2] ESLAVA BLASCO, Raúl (2007). Ademuz y su patrimonio histórico-artístico, Valencia.
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Las barracas de piedra en seco de Mas del Olmo (Ademuz), paradigma de riqueza patrimonial local,  del sábado 25 de febrero de 2012.
[4] ID. Don Ramón Fos Adelantado (1871-1936), cura párroco de Corcolilla de Alpuente (Valencia), en la Causa General, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2011, vol. IV, pp. 105-124.

 

3 comentarios:

Óscar Pardo de la Salud. dijo...

Hola Alfredo me ha encantado la ruta, y la descripción que haces de la misma; y cuando queráis me apunto como un peregrino más a hacer alguna de estas etapas, me traeré la bici de Valencia, que la que tengo en Torrebaja, no está para muchos trotes…
Como siempre un placer pasear por tu blog.
Un abrazo grande.

Alfredo Sánchez Garzón dijo...

Un placer saludarte, Oscar: en el Rincón de Ademuz tenemos multitud de rutas y senderos, que se pueden recorrer caminando o en bicicleta, la mayoría de ellos con estupendos paisajes y llenos de historia, como es el caso de la ruta peregrinal de Ademuz a Landete: si te decides, podemos hacerla, sólo hace falta un buen almuerzo, piernas entrenadas y una bici en condiciones. Saludos.

Celso dijo...

Hola Alfredo, me gusta mucho la descripción que realizas de este tramo y me recuerda mi paso por él en el pasado mes de junio.
Recuerdo ese día cuando llegué a Ademuz y paré a comer en el bar Pitoches.
Ya me advirtieron algunos paisanos de las duras rampas que me esperaban a la salida del pueblo, como así fue por cierto.
La enorme fortaleza de Moya me sorprendió, y me pareció algo increible que no sea más conocida.
Y ya, el bien merecido descanso y agradable trato en el Hotel Moya de Landete me recuperó de un largo día.
Saludos
www.caminoveracruz.blogspot.com