miércoles, 30 de noviembre de 2011

¡DEJADME VIVIR!, ÚLTIMO LIBRO DE ENRIQUE GIL BAZÁN.

A propósito de su último libro,
texto sobre ecología
 para poder salir a la calle con la conciencia tranquila.

"Bromas aparte, ¿para qué nos sirve la información? –se pregunta el autor-. 
Pues, como certeramente dice, para formar nuestra conciencia ecológica
 y pensar con sensatez...".



            El jueves, 11 de agosto de 2011, a las 19:30 horas tuvo lugar en la Ludoteca “Río Ebrón” de Torrebaja (Valencia), la presentación del último libro de Enrique Gil Bazán (Zaragoza, 1959), un trabajo de divulgación científica bajo el sugerente título: ¡Dejadme vivir! (Zaragoza, 2011).[1]
Entre otros méritos, nuestro autor es Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología) por la Universidad de Zaragoza (1987), cuya tesis Doctoral versó sobre Taxonomía y Bioestratigrafía de micromamíferos del Pleistoceno medio, especialmente roedores, de los rellenos kársticos de la Trinchera del Ferrocarril de la Sierra de Atapuerca (Burgos). Desde hace años ejerce como profesor Agregado de Bachillerato: actualmente desempeña su actividad docente como profesor de Biología y Geología en el IES “Ramón y Cajal” de Zaragoza (1988). Además de participar en numerosos proyectos de investigación paleontológica en la Universidad de Zaragoza, desde el año 1978 hasta 1990 pertenece al Proyecto de investigación “Pobladores del Pleistoceno de la Meseta Castellana: Atapuerca” (Burgos), dirigido por el profesor Dr. Emiliano Aguirre, tutela varios proyectos de investigación paleontológica y ha impartido cursos de doctorado y participado en cursos de Universidades de verano. Comparte el Premio Príncipe de Asturias concedido al profesor y equipo del profesor Aguirre (1997), ha publicado multitud de trabajos de carácter didáctico y científico, y una novela de trama científica: “Proyecto Homo. Atapuerca bajo la amenaza de un complot internacional” (Zaragoza, 2007).

          La presentación del libro de referencia fue amena y pedagógica -basada en un power point muy dinámico, apoyando la exposición del autor-; y estuvo muy concurrida para lo que suelen ser este tipo de eventos, pues la cultura y difusión del conocimiento no es plato para todos los paladares, y por principio suele interesar a poca gente; sin embargo, hubo un gran aforo, ello evidencia que el tema del libro –la divulgación de conceptos ecológicos y medioambientales- puede llegar a interesar a muchos ciudadanos.
            Lo cierto es que en temas medioambientales muchos estamos a dos velas, nuestra formación, como la de muchos cristianos de base, no supera el catecismo de primera comunión. Nos dejamos llevar por lo que dicen los medios –me refiero a las voces interesadas de “teles” y periódicos- y a lo que entendemos por políticamente correcto, esto es, lo que dice nuestro partido político, el que lo tenga, o medio social. A priori debo confesar mi ignorancia en estos temas, pues mis nociones del asunto datan de cuando yo era “progre” o “moderno”, esto es, cuando leía las revistas “Integral” y “Ajoblanco”; entonces fumaba en pipa y lleva tirantes, allá por los primeros setenta; por ese mismo tiempo lucíamos aquella célebre chapita del ¡Nuclears, no gràçies!, prendida con un alfiler en el pecho –que era lo progresista en aquel tiempo-. Después vino lo de ¡No a la OTAN!, y fue cuando definitivamente muchos despertamos, dándonos cuenta que todos nos engañaban y manipulaban -o intentaban hacerlo-, aunque unos más que otros.
Por eso me interesó el libro de Gil Bazán, porque trata de educarnos – iniciarnos e  instruirnos- con prosa clara y sencilla en algo tan elemental y necesario como la ecología y el medioambiente, conceptos que paradójicamente están en boca de todos, aunque muchos no sepan bien de qué trata. Tengo la experiencia de haber presentado muchos libros, unas veces míos y otras de amigos o conocidos; y siempre que lo hago aconsejo a los asistentes que para ver si una publicación les interesa consulten en primera instancia el índice, pues allí se halla el contenido de la obra. Por otra parte verán que la exposición resulta agradable y su lectura muy amena, con dibujos e imágenes atractivos y elocuentes.
         Se diría que libro de Gil Bazán va dirigido a introducir “un poquito de sensatez” en el criterio ecológico de las personas comunes, de los ciudadanos normales y corrientes como pienso somos la mayoría. Desde el principio trata de deshacer la Gran Confusión en que muchos nos hallamos, analizando la información que sobre estos temas recibimos masivamente de los medios, sumergiéndonos de inmediato en lo que él llama “Nuestra vida ecológica”, diciéndonos con un lenguaje sencillo y asequible lo referente a temas tan habituales como: el “Ahorro de agua”, los “Trasvases”, los “Ríos navegables”, la “Remodelación de riberas fluviales”, los “Abrigos de piel”, “La fiesta de los toros”, los “Zoológicos y mascotas”, el “Carril bici”, acerca del “Reciclar”, los “Deportes de aventura”, las “Energías renovables: eólica y solar” y la “Energía nuclear” –sin la menor duda, temas que están al cabo de la calle, sobre los que continuamente oímos decir o comentar y acerca de los cuales no solemos tener una opinión personal, esto es, pensada y juiciosa-. Podremos coincidir o no con el autor, pero sería bueno reflexionar con él para opinar con criterio, pues no se trata de adoctrinar, sino de informar. Muchos ciudadanos gustan del espectáculo de los toros, sin preocuparse por el sufrimiento de los animales cuando los picadores les hinchan las puyas o los banderilleros les colocan las arponcillos de vistosos colores –simplemente gozan del espectáculo atávico-; de la misma forma que los comedores de carne no piensan en los animales que son conducidos al matadero en condiciones “infra-animales” –sólo disfrutan de unas ricas chuletitas a la plancha o de un tierno filete con patatas-: unos por diversión cultural y otros por estricto placer gastronómico: "Realmente -como decía Leonardo da Vinci (1452-1519)- el hombre es el rey de las bestias, porque su brutalidad excede la de ellas...".
Sí, me parece muy importante cavilar respecto de todas estas cuestiones, sobre las que solemos tener una opinión superficial, si es que alguna tenemos. Entre otras cosas para poder opinar con criterio y exigir con argumento a nuestros dirigentes políticos; de ahí la necesidad de formarnos... Me viene a la memoria el asunto del plan hidrológico y del trasvase del Ebro: rápidamente politizaron el asunto, y a partir de ahí la cosa ya no tenía solución. Algo parecido a lo que sucede con las madres, que cuando se politizan se convierten en suegras... Bromas aparte, lo sensato hubiera sido dejar que técnicos imparciales estudiaran el tema, ver las consecuencias que podía tener para la cuenca del Ebro, si era necesario para la huerta valenciana, y si era factible. Pero, ¡cómo vamos a fiarnos si la política y los políticos lo contaminan todo! Una vez más, en la base de la cuestión aflora la necesidad de formación..., pues sin educación todo se manipula mejor.


Otro de los capítulos del libro de Gil Bazán es el de Conceptos básicos de Ecología; sin esas nociones elementales es difícil que el lector común pueda interpretar correctamente un simple artículo periodístico que diga del tema. De ahí la necesidad de comentar los conceptos ecológicos capitales: ¿Qué es un nicho ecológico? Es probable que muchos piensen que es el tipo de sepultura especial donde se inhuma a los ecologistas muertos en acción de protesta. Bromas aparte, ¿para qué nos sirve la información? –se pregunta el autor-. Pues, como certeramente dice, para formar nuestra conciencia ecológica y pensar con sensatez...
Cuando abordé el penúltimo capítulo: El hombre y su interacción con la naturaleza, lo primero que me vino a la mente fueron ciertas palabras del Génesis, mediante las que Dios entrega su creación al hombre para su uso, disfrute y cuidado; lo cual tiene su lectura teológica: no sólo vivimos en la naturaleza y de la naturaleza, somos parte de ella, hasta el punto que cualquier alteración en la misma nos afecta.[2] De ahí la necesidad de tener “conciencia ecológica”, concepto que el autor define en términos de “sensibilidad” –sensibilidad para con el arte, la música, la belleza, el trato entre personas...-; de ahí que la conciencia ecológica implique cierto grado de identificación con la naturaleza, a la vez que ternura y comprensión de su significado; y también respecto a su manejo, goce y protección, más allá de su explotación comercial y el aprovechamiento económico. Y como casi todo en la vida, la conciencia ecológica debe aprenderse y ponerse en práctica. Ello depende del grado de comprensión de cada cultura y de su interacción con la naturaleza. De hecho, ¿por qué hay pueblos, culturas y civilizaciones más sensibles y respetuosas con la naturaleza que otros? Seguramente depende de su vinculación tradicional con la misma, de su identificación y compromiso con ella. Gil Bazán se hace una pregunta al respecto: <¿Por qué la gente de los pueblos, que (presuntamente) deberían ser mucho más ecologistas que los de la ciudad por su contacto directo con la naturaleza, parece ser mucho más “tolerante” con los desarrollistas?> En mi opinión, porque la gente de los pueblos no está formada y han degenerado en su relación con la naturaleza: en el sentido que la tenían sus padres y abuelos, cuando el campo y su entorno era todo su mundo. La prueba la tenemos en Torrebaja donde, verbigracia, muchos venderían el pueblo, incluidos los huesos de sus muertos porque se llevara a cabo el denominado proyecto de “Campo de Golf” en aras de algunos puestos de trabajo y de un presunto desarrollo económico para la zona –desconociendo las condiciones y sin preguntarse por las consecuencias que dicho proyecto pueda tener para el futuro de la localidad-.[3]
Asimismo, el autor comenta otras cuestiones como el “Desarrollismo incontrolado”, el “Conservacionismo a ultranza”, el “Desarrollo sostenible” y “La alarma del cambio climático” con el que nos aterrorizan algunos seudo científicos y comunicadores.[4] Materias todas ellas  del máximo interés y actualidad, sobre las que también conviene tener un criterio. El mundo desarrollado occidental, y el mundo en general, no está dispuesto a renunciar a las ventajas y comodidades de la civilización, aún sabiendo que cierto mineral preciso para que funcionen los móviles y ordenadores lo extraen en África muchos niños en condiciones inhumanas que no toleraríamos para nuestros hijos. ¿Qué está pasando entonces, acaso somos unos hipócritas o sólo unos insensatos? Quizá ambas cosas a la vez...
Sin la menor duda, como finalmente nos hace saber el autor, hace falta una Conciencia para la convivencia pues en cualquier parte del planeta los hombres y mujeres son personas, y deberíamos tener los mismos derechos, deberes y prerrogativas para poder disfrutar de una vida digna y provechosa; pero, ello no será así mientras no tomemos conciencia de que nuestro estilo de vida –singularmente el occidental, dispendioso y consumista- influye en nuestro entorno inmediato y en el de todo el planeta, como si del efecto mariposa se tratara.


En suma: para poder salir a la calle con cierta tranquilidad de conciencia ecológica, afirmamos que “es necesario [trabajar y esforzarse para] alcanzar un equilibrio entre el desarrollo humano y la conservación de la naturaleza”, teniendo en cuenta que el planeta no es sólo nuestro, que únicamente estamos de paso; que tenemos que vivir aquí, y eso supone una actuación sobre el medio, pero que al marcharnos debemos dejarlo también en las mejores condiciones para las generaciones futuras: ésa es también nuestra responsabilidad. De ahí que la conservación de la naturaleza afecte y competa a todos los ciudadanos. Para ejercer este deber y este derecho debemos comenzar por informarnos y educarnos, que es lo que en última instancia pretende la agenda de este libro. ¡Gracias Enrique y felicidades por tan estupendo trabajo! Vale.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).



[1] GIL BAZÁN, Enrique. ¡Dejadme vivir! - Ecología para poder salir a la calle, Editorial StyloDigital, Zaragoza, 2010 [Ficha técnica: edición rústica, tapa blanda, 18x25 cm., 96 páginas].
[2] Los textos cristianos incluyen con frecuencia referencias a la naturaleza y a la necesidad de que cuidemos de ella, incluso con amenazas. Dice el Cántico, aludiendo al dies irae, cuando los siglos sean reducidos a cenizas: “Se encolerizaron las gentes,/ llegó su cólera,/ y el tiempo de que sean juzgados los muertos,/ [...]/ y de arruinar a los que arruinaron la tierra” [Cántico Ap. 11, 17-18; 12 10b-12º].
[3] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Acerca del proyecto “Campo de Golf” en Torrebaja, en: http://alfredosanchezgarzon.blogspot.com/2011/10/acerca-del-proyecto-campo-de-golf-en.html, del lunes 17 de octubre de 2011.
[4] Hace poco vi un documental en dos capítulos titulado “La pequeña edad de hielo”, periodo que se extiende entre principios del siglo XIV y mediados del XIX, que explicaba o trataba de explicar la evolución de las temperaturas y su influencia sobre el clima y la vida, en relación con distintos acontecimientos históricos -sociales, políticos y económicos-. Me pareció sumamente interesante, pues demuestra que el clima ha estado siempre cambiando y que la actividad humana puede tener muy poco que ver con este cambio. Ello no significa que debamos ser descuidados con el medio ambiente. De hecho, al final dice que aquella “pequeña edad del hielo” fue el resultado de golpear la campana del clima con un martillo (además de la actividad solar, volcánica...), pero que actualmente la estamos golpeando con un mazo. De ahí que las consecuencias puedan ser catastróficas para el planeta y por ende para la vida en un futuro...

Portada del libro "¡Dejadme vivir! (Zaragoza, 2010).

Contraportada del libro "¡Dejadme vivir! (Zaragoza, 2010).

5 comentarios:

  1. Muy buen articulo Alfredo y... yo tengo una chapita de nucleares no gracias que luzco muy orgulloso jeje. Un abrazo

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  2. Hola, Oscar: yo también tengo alguna chapita de aquellas por casa, pero ya no me la pondría... Pese al desastre de Japón (y Chernobil), creo que hoy por hoy la energía atómica es necesaria para el mantenimiento y progreso de la civilización humana, aunque lógicamente tendrá que mejorar en seguridad. No pensarás mantener todo el sistema industrial y extraer la energía que actualmente utilizamos de los "molinillos" eólicos, verdad? Ello no signfica que no haya que seguir investigando y buscando otras fuentes energéticas más baratas y menos contaminantes... Un abrazo.

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  3. Hola Alfredo! Leo tu "entrada" sobre mi libro y no tengo palabras para agradecerte tus comentarios y consideraciones. Gracias.
    Para Óscar: lleva con orgullo tus chapitas de "Nucleares NO", pero sabiendo lo que significa y dando alternativas energéticas que mantengan nuestro nivel de vida y conserven la naturaleza.
    Un abrazo para los dos.

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  4. Hola! Me gustaría tener ese libro Enrique. Y qué lástima no haberme enterado de la presentación, pues entonces estaba trabajando en Castielfabib.

    Respecto a la energía nuclear creo que nuestros herederos no se merecen recibir esa bomba biocida que resultan ser los residuos radiactivos solo porque nosotros nos merezcamos despilfarrar energía innecesaria en muchas ocasiones.

    Saludos

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  5. Hola, Ximo: si deseas tener el libro de Enrique Gil Bazán, cosa que te aconsejo, porque merece la pena, puedes ponerte en contacto con él, cuyo comentario puedes ver por encima del tuyo. Por lo demás, estoy conforme contigo, aunque es un asunto demasiado importante para despacharlo en una línea... Un saludo y gracias.

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