miércoles, 26 de octubre de 2011

LA CASA GRANDE Y EL TORREÓN DE LOS PICOS DE TORREBAJA (VALENCIA).

 A propósito de los edificios civiles más emblemáticos 
de la localidad.


Sin la menor duda, el edificio civil más emblemático de Torrebaja (Valencia) es la Casa Grande y el anexo torreón de Los Picos, de este nombre por los adornos (piramidales y bolados) que lo coronan, típicos de la arquitectura del Seiscientos, hasta el punto de servir de referencia para citar el lugar: propiamente llamado Torrebaja del Villar de Orchet... –como el señor del mayorazgo -don Diego Ruiz de Castellblanque- lo denomina en su testamento (1638).[1] El mismo don Diego se dice hijo legítimo de don Diego Ruiz de Castellblanque y de doña Ana Muñoz de Castellblanque, a los que reconoce como sus “padres y señores que fueron de este dicho lugar...”. Según parece, los progenitories de don Diego fueron los fundadores del mayorazgo de Torrebaja, pero el territorio tuvo antes otros dueños, entre los que conocemos a los Ruiz de Lihori (en tiempos de la conquista o inmediatamente posteriores) y los Heredia (en el último tercio del siglo XIV), procediendo, sin embargo, de una donación real cuando la conquista cristiana de estos lugares, en tiempos de Pedro II de Aragón (1210). Asimismo, sabemos que los Ruiz de Castellblanque poseyeron los castillos de Tormón, Tramacastiel y Valacloche (Teruel), de quienes pasaron a sus sucesores, los mencionados Heredia de Mora de Rubielos (Teruel),[2] los cuales tuvieron el lugar de Torrebaja con anterioridad a los Ruiz de Castellblanque.

La Casa Grande se halla en la plaza del Ayuntamiento, anteriormente plaza de Ramón y Cajal (seguramente a partir de 1906, cuando le concedieron el premio Nóbel de Medicina al investigador aragonés), aunque antaño era más conocida como plaza del Señor, aludiendo a su origen señorial. Se trata de un edificio situado en la parte baja del pueblo, ubicado en la margen norte de la mencionada plaza, orientado de este a oeste, planta rectangular con tres alturas (baja, piso y cambra), fábrica con gruesos muros mamposteros y cubierta de teja árabe a tres aguas. La fachada principal de la casa solar mira a la plaza (sur), mientras que por detrás (norte) se abre a corrales, descubiertos y huertas. En la fachada principal posee las entradas propias a la planta baja, con balcones en la primera y ventanas horizontales en la alta, bajo el alero, vertiendo éste directamente sobre la plaza, pues carece de canalones.
El torreón de Los Picos se adosa a la Casa Grande por levante, en línea con la fachada principal, posee base cuadrangular, paramentos de mampostería y esquinales de piedra tallada y cuatro alturas (baja, dos pisos y terraza), la última con cornisa labrada, donde lucen los citados adornos barrocos (bolados en las esquinas y piramidales en el centro). La fachada del torreón muestra cuatro aberturas, una de acceso (en la planta baja), dos balcones con baranda de hierro (primera y segunda planta) y una pequeña ventana para el piso alto: todas han sido modificadas y ampliadas, excepto la del balcón de la primera planta, que conserva su aspecto abocinado. Por el contrario del torreón de Torrealta (de claro origen defensivo), el de Torrebaja fue concebido más como alarde señorial que para la defensa. Propiamente, sin embargo, dicho torreón no es el que dio origen al nombre del pueblo, pues debió existir otro con anterioridad, en el mismo lugar o cerca de él: de hecho, cuando el obispo de Segorbe, don Gaspar Jofre de Borja (1530-56) giró la Santa Visita Pastoral a las parroquias del Rincón de Ademuz (1534), pasó por Torrebaja, a la cual se la denomina en el dietario de visita Torre Hondonera, aludiendo ya a la existencia en el Lugar de una torre, atalaya o fortificación que evidentemente no corresponde físicamente a la actual.[3]
El conjunto arquitectónico se hallaba originariamente exento, limitando al norte por los citados corrales y descubiertos, al sur por la plaza del Señor, al este por el camino viejo de Ademuz a Teruel, y al oeste por un cerrado, al que se accedía mediante un portón: en dicho solar se construyó una vivienda a comienzos-mediados los años setenta del pasado siglo. Contiguo al torreón por su equina sureste se halla la actual Casa Consistorial, que se alza en el mismo solar donde estuvo el antiguo Ayuntamiento (planta baja) y las Escuelas de los niños (pisos altos), cuya fachada occidental servía de frontón para el juego de pelota.

Hasta el presente desconocemos la fecha de construcción del primitivo edificio –Casa Grande y torreón de Los Picos-, pudiéndonos guiar sólo por el estilo de su fábrica para datarlo en su aspecto actual: ello significa que pudo ser erigido o remodelado entre los siglos XVII-XVIII: un amplio margen de tiempo, sin que pueda precisarse más por el momento. Sin embargo, habremos de reconocer que en tiempo de los Heredia de Mora de Rubielos ya habría alguna edificación en el Lugar, como predecesora de la actual. En el citado testamento de don Diego se alude, sin embargo, a los bienes que heredó en Torrebaja de su hermano don Juan (que murió sin descendencia, siendo esta la razón de su herencia y sucesión en el vínculo de su mayorazgo), diciendo de “las casas de su habitación, y fuera de ellas... [...] (y me) quedaron por bienes libres heredados del dicho mi hermano, el menaje de la casa ordinario que dicho mi hermano tenía al fin de su vida y una cama dorada con la colgadura de damasco con lamares de oro, rodapiés colcha y carpetas del mismo damasco...”. Ello no significa que se esté refiriendo al mismo edificio; pues, como se dice arriba, éste ha podido sufrir añadidos y remodelaciones desde su cimentación. Asimismo, en el libro de los arriendos (datado a finales de la primera mitad del siglo XIX), donde se alude a las partidas del término, se dice de la existente “Tras de Casa”, refiriéndose sin duda a la actual Casa Grande, sin que tengamos más referencias de la edificación.[4]

A tenor de lo que conocemos, el siglo XVII debió constituir una época difícil para el mayorazgo de Torrebaja, en especial tras la muerte del citado don Diego Ruiz de Castellblanque (ca.1643), que tuvo cuatro hijos y una hija: don Jaime, don Francisco, don Fernando, don Cristóbal y doña Margarita Ruiz de Castellblanque. Según el citado testamento, el heredero del mayorazgo fue don Jaime, el cual debía ayudar a sus hermanos en lo que necesitaren, pues parece que don Francisco y don Fernando “han tratado y tratan de entrar en religión y caballería de la orden de San Juan”, indicando que si alguno de ellos “se inclinara a ser religioso monacal o mendicante” hiciera previamente renuncia de su herencia a favor de los demás. En cuanto a la hija, en el momento de abrir el testamento se hallaba viuda de don Francisco de Espejo Ressa, vecino de Castielfabib. Sin embargo, los planes de don Diego para con sus hijos estaban muy lejos de cumplirse, pues don Jaime Ruiz de Castellblanque, heredero de su padre y titular del mayorazgo de Torrebaja (Castielfabib), junto con sus hermanos menores, don Francisco y don Cristóbal fueron miembros de la partida del célebre bandolero de Algemesí, Manuel Alapont, hasta que formaron su propia cuadrilla, siendo tal su ferocidad que acabó siendo ajusticiado en Madrid por bandolerismo (1672).[5]

Pérez Llorca (1998) recoge el caso de don Jaime Ruiz de Castellblach, del estudio sobre el bandolerismo (de los siglos XVI-XVII) que hizo Sebastián García Martínez (1991), el cual dice que el señor de Torrebaja “fue uno de los más patéticos, aunque, a la vez, más característico del turbulento discurrir del barroco valenciano”. Según parece, “don Jaime ya figuraba entre los bandoleros más buscados en una crida preconizada por el arzobispo-virrey Urbina en 1650 –esto es, pocos años después de recibir la herencia de su padre-. En aquellos días acababa de unirse, junto con sus hermanos [Francisco y Cristóbal] a la partida de Manuel Alapont, pero no tardaría en independizarse y en actuar por su cuenta”. Su lista de fechorías es larga, pues “tras casi veinte años de andaduras y con más de ciento ochenta muertes a sus espaldas, don Jaime trató de conseguir el perdón del rey poniendo en manos de la justicia a don Manuel de Córdoba, implicado –al parecer- en un atentado fallido contra don Juan José de Austria” –a la sazón bastardo de Felipe IV (1621-65), y por ende hermanastro del rey don Carlos II el Hechizado (1661-1700)-. Pensó que la denuncia le serviría de garantía, razón por la que se presentó en la Corte, pero “fue prendido y procesado”. La sentencia se cumplió mediante degollamiento, “que tuvo lugar el 14 de febrero de 1672 en la Plaza Mayor de la villa y Corte” (Madrid). Según el mismo texto, cuando fue ajusticiado don Diego tenía 76 años, luego había nacido en 1596, pero “su ancianidad y decrepitud” no le valieron... Su muerte adquiere el valor simbólico de un final de época, pues con él acabó la “criminalidad nobiliaria” que tan intensamente afectó a la violenta sociedad de su tiempo; en especial durante la mitad del siglo.
Ante lo expuesto cabe preguntarse por las causas o razones que llevaron a don Diego y sus hermanos a convertirse en bandoleros, siendo como era titular del mayorazgo de Torrebaja y habiendo pensado sus hermanos entrar en religión. Aparte de la inclinación personal que pudieran sentir por el tipo de vida que eligieron, o al que se vieron empujados, y desconociendo en principio las circunstancias concretas que les llevaron a ello, hemos de pensar que el mayorazgo de Torrebaja no debía ser muy productivo, pues, de haberlo sido, tal vez no se hubieran hecho malhechores. De hecho, el lugarcillo de Torrebaja, sito en la jurisdicción de Castielfabib, según el censo de población de la diócesis de Segorbe, durante todo el siglo XVII no tuvo más de 30 casas, equivalente a unos 150 habitantes (contando 5 moradores por vivienda).[6]
Sin embargo, rastreando en la bibliografía hemos hallado las causas probables que indujeron al señor de Torrebaja hacia la vida delictiva. Según García Martínez (1991), don Diego despeñó “por una sima a un clérigo llamado mosén Ignacio, que había raptado a la criada de un tío suyo y robado las alhajas familiares”; por este recurso a la violencia y la tendencia a tomarse la justicia por su mano en las ofensas personales o familiares, tan propio en la mentalidad de la nobleza de entonces, y por haber cobijado a unos bandoleros, “la justicia arrasó su casa en 1648, tras lo cual se lanzó al monte”. [7] Y añade una cita de Maura Gamazo (1911-15), que dice: “... y como todos los de su profesión –se refiere a los delincuentes y bandoleros- en aquella época fue a veces perseguido y a veces tolerado y aun utilizado por las autoridades” –hecho que explica la situación socio-política del momento histórico, a mediados del Seiscientos-.[8]

Con todo y haber hallado una probable explicación al caso concreto de la actuación delictiva de don Jaime Ruiz de Castellbalnque, no debemos descuidar el estudio de las causas generales que impulsaron las bandas de “roders” en el reino de Valencia por entonces: inundaciones, escasez de grano, hambruna y pordiosería, marginación social y revueltas campesinas contra los impuestos, facilidad para llevar armas blancas y de “chispa”, la escasez de guardias para enfrentarse a los malhechores, la falta de leyes adecuadas y la pugna de las distintas justicias, en especial durante la primera mitad, tras la superación de la llamada “crisis (general) del siglo XVII”. Pero el bandolerismo no afectó sólo a las clases menos favorecidas, como fuera de pensar: pues, la propia nobleza campesina y grandes terratenientes tuvieron, fomentaron o protegieron a bandas armadas con fines personales, para agredir o defenderse de otras familias (venganzas, ofensas de honor, banderías con carácter de vendettas mafiosas, etc.), hasta el punto de que la propia justicia, pese al endurecimiento de las penas y la voluntad de los virreyes (alguno de los cuales también estuvo implicado en estas partidas), no podía con ellos: visto así, “el primer tercio del siglo debe considerarse como un periodo preparatorio de la gran agitación delictiva y bandolera de los años centrales de la centuria” (Pérez Llorca, 1998).

Volviendo a la edificación, cabe decir que aunque casa y torre constituye una unidad arquitectónica, en la actualidad se halla dividida entre cuatro propietarios, que la adquirieron de otros compradores, tras la venta de los Ruiz de Castellblanque: la última titular de este nombre fue doña Juana Casaus de Castilblanque, que en la segunda mitad del siglo XIX vendió tierras y casas a los colonos del lugar.[9]

La bibliografía tampoco se prodiga en informar sobre la Casa Grande y torreón de Los Picos, señalándose que no obstante que (1953):
  • Tiene torre y un lienzo de muralla con almenas. El escudo de piedra que surmontaba la puerta principal se desprendió o fue destruido. Hasta hace poco tiempo, todavía quedaba del escudo la corona de barón, pero hoy no queda rastro alguno”. Y se añade que “En el techo de la escalera se halla pintado a la cola un gran escudo cuartelado [...] Dicho escudo [...] Se halla dividido en cuatro cuarteles en cruz y representan: cinco torres, la del centro entre dos lises; un leopardo que apoya su garra derecha sobre un mundo; un caballo ensillado y, [...] las cuatro barras amarillas sobre campo encarnado [...]”. Y continua: “En las paredes de la escalera hay cuatro grandes dibujos a lápiz, [...], que se refieren, uno de ellos al sitio de Barcelona en 1713. Los otros tres son pasajes del Viejo y Nuevo Testamento.[10]

Dichas pinturas y dibujos fueron conocidos por mí, y las recuerdo de niño: eran cuatro grandes paneles, ocupando casi la totalidad de los muros internos, hallándose por encima de la escalera, que discurría bordeando el interior de la casona hasta la segunda planta. Recuerdo también el escudo, singularmente un caballo blanco ensillado y el leopardo con una bola en la garra, pintados con vivos colores sobre el techo alto, que formaban parte del escudo del señorío, similar al que puede verse en la ermita de San Roque (barrio de Los Pajares).[11]

En la época en que se escribieron estos textos (1953), “todas estas pinturas fueron renovadas”, lamentándose el autor, pues “ello equivale a sacrificar su misma esencia, esto es, su sabor histórico”, manifestando que “Las pinturas deben quedar como fueron hechas, con lo que se evita que manos caprichosas añadan o quiten a placer”.[12] Lo cierto, sin embargo, es que estas pinturas y dibujos no fueron renovados, sino destruidos, pues de ellos no queda más que el recuerdo. Se hallaban en la Casa Grande, exactamente en lo que hoy es la tercera vivienda, según contamos desde la parte baja.
El mismo autor dice que “Cuando los señores de Torre Baja vendieron el pueblo a los colonos, la Casa Señorial quedó en poder de los administradores”; de hecho, “la familia de don Francisco Valero adquirió de los últimos señores de Torrebaja grandes propiedades, entre ellas el Castillo o Palacio señorial”,[13] añadiendo que a principios del siglo XX (1910), el conjunto “fue adquirido por don José Sánchez a los herederos de don Joaquín Valero”.[14]

Referente a los administradores de los últimos señores de Torrebaja, el mismo autor dice, aun sin poder confirmarlo, “que un hijo de éstos, don Francisco Valero, pereció en la torre víctima de los azares de la (última) guerra carlista” (1872–1876).[15] En correspondencia con lo anterior, en un documento que recoge la relación de los prisioneros carlistas que se rindieron en el Castillo del Collado (Alpuente), en el que se reseña la clase, edad y pueblo de naturaleza, tomada del Boletín oficial de la Provincia de Castellón de la Plana, el miércoles 11 y viernes 13 de agosto de 1875 (números 18 y 19), aparece el Capitán don Juan Valero Arnau, de 40 años, natural de Castielfabib, provincia de Valencia, propietario. En el mismo listado figura don José Esparza Esparza, de 24 años, natural de Torrebaja, provincia de Valencia, jornalero. Un una nota final se dice: “El capitán carlista D. Juan Valero (Arnau), comprendido en esta relación, murió en Liria (Valencia) hoy día de la fecha”.[16] El mismo autor, en capítulo previo, donde se relata la toma del fuerte del Collado (Alpuente), recoge una nota que dice:
  • <<Algunos de los defensores debieron intentar huir, por cuanto sabemos –dice Melchor Ferrer- que el capitán D. Juan Valero Arnau murió asesinado en Silla (Valencia), cuando su caballo cayó muerto, en desesperada carrera. El capitán Valero pertenecía a la compañía fija de El Collado>>. Y en una nota, añade que “el capitán Valero nació en Castielfabib y sirvió en el ejército del Centro, mandando la compañía fija del Collado, en 1875”.[17]

Con anterioridad a la Guerra Civil española (1936-39), el torreón de Los Picos fue cuartel de la Guardia Civil, y durante la guerra sirvió de acantonamiento para los Guardias de Etapas.

En suma: la Casa Grande y el torreón de Los Picos constituyen un emblema del pasado señorial de Torrebaja (Valencia), que fue desde sus inicios un pequeño lugar o caserío en la jurisdicción de Castielfabib. Aunque muy retocada, la casona solariega resulta el paradigma de lo que fue la pequeña nobleza terrateniente en el Rincón de Ademuz, además de una buena muestra de la arquitectura tradicional en la zona. Por lo demás, resulta indudable que la sencilla torre actual no es la originaria que diera nombre al pueblo –Torrebaja (Torre Hondonera), por confrontación a Torrealta (Torre Somera)- pues debió haber otra anterior, cuya hechura tendría mas carácter defensivo que de orgullo señorial. Vale.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).


[1] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Análisis del testamento de don Diego Ruiz de Castellblanque, señor de la Torre Baja del Villar de Orchet, en: Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 341-351.
[2] GUITART APARICIO, Cristóbal. Los castillos turolenses, Edita el Instituto de Estudios Turolenses (CSIC), Zaragoza, 1987, pp. 70-71.
[3] AGUILAR Y SERRAT, Francisco de Asís. Noticias de Segorbe y su obispado..., Segorbe, 1890, tomo I, párrafo 222, pp. 216-217. SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Iglesias y ermitas del Rincón de Ademuz, origen y desarrollo histórico, en: Del paisaje,..., Valencia, 2007, vol. I, p. 147.
[4] Ibídem, p. 359.
[5] PÉREZ LLORCA, Pablo. Reflejos en la cultura del seiscientos. La violenta agonía del héroe, en: Espills de Justicia, Valencia, Edita Fundació General de la Universidat de València, Valencia, 1998, pp. 171-172.
[6] CÁRCEL ORTÍ, Mª Milagros. Relaciones sobre el estado de las diócesis valencianas, Edita Generalidad Valenciana, Valencia, 1989, vol. I, pp. 246-247.
[7] GARCÍA MARTÍNEZ, Sebastiá. Valencia bajo Carlos II: bandolerismo, reivindicaciones agrarias y servicios a la monarquía, Ayuntamiento de Villena, 1991, p. 166.
[8] MAURA GAMAZO, Gabriel. Carlos II y su corte, Librería de F. Beltrán, Madrid, 1911-15, p. 100.
[9] ID. Estudio de la aparcería en la Torrebaja señorial, en: Del paisaje,..., Valencia, 2007, vol. I, pp. 355-359.
[10] BADÍA MARÍN, Vicente y PÉREZ TARÍN, José Alejandro. Torrebaja, mi pueblo, Edita Ayuntamiento de Torrebaja, Valencia, 1953, p. 25.
[11] SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. Rehabilitación del mural de la ermita de san Roque en Torrebaja, en: Del paisaje,..., Valencia, 2007, vol. I, pp. 375-379.
[12] BADÍA MARÍN, Ibídem, p. 25.
[13] Ibídem, p. 84.
[14] Ibídem, p. 24.
[15] Ibídem, 25 y 83.
[16] HERRERO HERRERO, Valeriano. La villa de Alpuente, aportación al conocimiento de un pueblo con historia, Castellón, 1993, 2ª ed., Apéndice IV, pp. 437-444.
[17] Ibídem, p. 219.

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Vista parcial de Torrebaja (Valencia), desde La Palanca.



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Vista parcial de la Casa Grande y torreón de Los Picos de Torrebaja (Valencia).
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Vista parcial de la Casa Grande y torreón de Los Picos de Torrebaja (Valencia).
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Detalle ornamental bolado en el esquinal suroriental del torreón de Los Picos de Torrebaja (Valencia).
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Plaza del Ayuntamiento de Torrebaja (Valencia), con detalle de la Casa Grande y torreón de Los Picos al fondo (años sesenta).
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Casa Grande de Torrebaja (Valencia), con detalle del torreón de Los Picos, antes de su última restauración.

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Vista parcial de la Casa Grande y torreón de Los Picos de Torrebaja (Valencia), en los años cincuenta (1953).

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