lunes, 24 de octubre de 2011

EL CENSO ECLESIÁSTICO DE 1878 EN EL LUGAR DE TORREBAJA (VALENCIA).

Torrebaja, una localidad del Rincón de Ademuz 
en la segunda mitad del "Ochocientos".


I.- Amodo de introducción.

A finales de los años setenta del siglo XIX el lugar de Torrebaja ya se hallaba constituido como municipio independiente de Castielfabib (Valencia), gozando de Ayuntamiento propio y un ajustado territorio, basando su término en los límites del antiguo mayorazgo de los Ruiz de Castellblanque. Por entonces ya se la había agregado también el escueto término de Torrealta, territorio limítrofe por el norte, asimismo de origen señorial, éste en la jurisdicción de Ademuz y que había pertenecido a los Garcés de Marcilla turolenses. El pequeño lugar de Torrebaja también disfrutaba de templo -Santa Marina de Jerusalén-, cuya parroquia se hallaba separada de la de Torrealta –Santa Ana-, siendo ambas de fundación patronal, a las que consta la visita de los obispos de Segorbe desde los años treinta del siglo XVI, cuando Torrealta era conocida como Torre somera y Torrebaja como Torre hondonera, en tiempos del obispo don Gaspar Jofre de Borja (1534).[1]


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Vista parcial de Torrebaja (Valencia), desde el antiguo puente del Ebrón (años 60, principios).

El propósito del presente trabajo es examinar el censo eclesiástico del lugar de Torrebaja, parroquia de la diócesis de Segorbe, según la memoria del párroco don José Aznar (1878), compuesta con motivo de la visita del obispo, don Mariano Miguel Gómez (1876-1880).[2] El informe posee múltiples puntos de interés, singularmente el poblacional, permitiéndonos observar además el protocolo que se seguía con motivo de este tipo de inspecciones pastorales. Según veremos, el párroco, los señores del Ayuntamiento y la casi totalidad de los vecinos acudieron a recibir al prelado “al otro lado del río, Blanco o Turia donde (el río) divide término” con Ademuz. Allí le dieron la bienvenida y ofreciéndole sus respetos regresaron al pueblo, “acompañándole hasta la puerta de la Iglesia Parroquial”. Es de suponer que el obispo vendría montado a lomos de alguna caballería, pues se trataba de un camino de herradura, siendo ésta la forma más común de transporte entonces. Una vez en la iglesia, el señor obispo “adoró, besó é incensó un crucifijo de plata que había preparado al efecto en una mesa altar”. Asimismo, veremos al párroco cantar una antífona, en tanto el obispo se reviste de pontifical –anillo, mitra y báculo-: la entrada en el templo tuvo la solemnidad acostumbrada, con el prelado bajo palio, portado éste por los señores del Ayuntamiento, mientras se entonaba un Te-Deum en acción de gracias. A continuación, el prelado hizo un recorrido por el tempo: visitó el Santísimo Sacramento, que se hallaba reservado en el viril y copón, con el que dio la bendición –more episcopali- al Pueblo. La visita continuó con la “absolución de los difuntos” y la inspección de la “pila bautismal, los santos óleos y crisma, los altares y Sacristía”. Posteriormente predicó “un notable sermón […] que el Párroco leyó en la función del mes de María”.


Al día siguiente por la tarde, administró el “Santo Sacramento de la confirmación a los niños y niñas”. Lo habitual era hacerlo por la mañana, pero no lo hizo “porque predicó en la misa conventual sobre el misterio de la Ascensión del Señor que la Iglesia celebraba en ese día”. Otros puntos de interés fueron los propiamente burocráticos, como la inspección del “Estado personal y cumplimiento de Parroquia”, el examen de la contabilidad del “Curato”, la “Administración de almas”, la “Celebración cantada y rezada”, las “Misas testamentarias”, los “Oficios”, “Hermitas” y el análisis de “Cuenta de los derechos de Defunción y Nuncio de los adultos fallecidos”, con el que concluye la Santa Visita.


Los obispos de Segorbe o sus vicarios giraban visitas pastorales por la diócesis con cierta regularidad, de esta forma la autoridad diocesana tomaba contacto con las parroquias de su circunscripción, con el objeto de recabar la información precisa para cumplimentar las Relaciones de las visitas ad limina Petri el Pauli Apostolorum que cada cinco años debían hacer obligatoriamente a Roma, para informar al Papa del estado espiritual y material de la diócesis, a la vez que venerar las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo.[3] A los efectos del trabajo propuesto, conviene saber que según el censo del año anterior (1877) poblaban entonces el lugar de Torrebaja unas 769 almas (incluida Torrealta), cuando el Rincón de Ademuz se hallaba habitado por unos 9.524 habitantes, lo que suponía el 8,07 % del cómputo comarcal.

El padrón diocesano de 1852, pontificando en Segorbe el obispo don Domingo Canubio y Alberto (1847-1864), se hizo por parroquias, Torrebaja censó 140 vecinos (unos 700 hab.) y Torrealta 25 vecinos (unos 125 hab.). Para tener un punto de referencia posterior reseñamos el censo de población de las parroquias de Segorbe de 1885, que se hizo por casas, lo que plantea el mismo problema metodológico que cuando se hace por vecinos. En este registro Torrebaja censó 205 casas (unos 820 hab.) y Torrealta 40 casas (unos 160 hab.).


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Iglesia parroquial de Torrebaja (Valencia), fachada de levante (2009).

II.- Trascripción documental, análisis y comentario.

El manuscrito base del estudio es un cuadernillo compuesto de 8 folios (recto y vuelto) más las tapas y cosido con hilo, en el que sólo están escritos las cinco primeros. Concluye con la firma y rúbrica del párroco [José Azar, Pbro.], datado en Torrebaja a 29 de mayo de 1978. Posee una nota del secretario y la firma y rúbrica del señor obispo [Mariano, Obispo de Segorbe] junto al sello episcopal, y dice lo que sigue:
  • En el día veintinueve de Mayo de mil/ ochocientos setenta y ocho, haciendo la Santa Visita/ de toda la Diócesis el Ilustrísimo y Revmo. Sor. Dr/ D. Mariano Miguel Gómez, Obispo de Segorbe, lle-/ gó á este Pueblo, entre seis y siete de la tarde, acom-/ pañado del Párroco, Señores de Ayuntamiento y de/ casi todos los vecinos que salieron a recibirle al otro/ lado del río Blanco ó Turia donde divide el término:/ y, presentándole los honores correspondientes, continuaron/ acompañándole hasta la puerta de la Iglesia Parroql./ en donde, flexis génibus, adoró, besó é incensó un cruci-/fijo de plata que había preparado al efecto en una/ mesa altar. Habiéndose revestido con los ornamentos pon-/ tificales, mientras el Párroco, revestido con capa blan-/ ca, cantó la antífona Sacerdos et Pontifex&., entró/ S.S. Ilma., en la Iglesia bajo de palio que llevaban/ los Sres., de Ayuntamiento cantándose al mismo tiempo/ el Te= Deum. Hizo la visita del Santísimo Sacramen-/ to reservado en el viril y copón y dio la bendición al/ Pueblo con Aquel, more episcopali. Acto continuo hizo/ la absolución de los difuntos, pasando luego á visitar la/ pila bautismal, los santos óleos y crisma, los altares y/ Sacristía. Después de haber tomado un corto descanso,/ predicó S.S. Ilma., un notable sermón sobre el único pun-// (fol. 1v) to de meditación que el Párroco leyó en la funcón del/ mes de María. Por último, al día siguiente, día treinta/ administró por la tarde el Santo Sacramento de la Con-/ firmación á los niños y niñas, no habiéndolo hecho por la/ mañana porque predicó en la misa conventual sobre el/ misterio de la Ascensión del Señor que la Iglesia ce-/ lebraba ese día.


1) Respecto al “Estado personal y cumplimiento de Parroquia”: Para una mejor comprensión del análisis cualitativo debemos explicar que:
Cuando se dice de “Vecinos” se está refiriendo a los individuos que son “cabeza de familia y pagan impuestos”, concepto equivalente al más antiguo de “chimeneas”, “fuegos” o “casas” de los censos pretéritos. De esta forma, un vecino implica uno o más habitantes, el padre, la madre y varios hijos, incluso criados. En este caso, la relación Almas/Vecinos [637:193= 3,3] equivale a 3,3 almas por casa o vecindad, lo que supone una tasa aparentemente baja para la época.
Cuando se dice de “Almas” se está refiriendo a personas, esto es, habitantes de hecho.
Cuando se dice de almas de “no-comunión” se está refiriendo a personas/ habitantes que todavía no han hecho la primera comunión, versus que no han alcanzado la edad de la razón. El establecimiento de dicha edad resulta comprometido, por haber variado entre los 9-14 y más años, según las épocas, lugares y responsables religiosos.
Cuando se dice de almas de “comunión” se está refiriendo a personas/ habitantes que ya han hecho la primera comunión. Cuando se dice que “han cumplido” se refiere a que “han cumplido con parroquia”, esto es, que han cumplido con los preceptos pascuales de la Santa Madre Iglesia, lo que supone haber confesado y comulgado al menos una vez al año.


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Copia de la primera página del Manuscrito del informe para la Santa Visita Pastoral a Torrebaja (1878), realizado por don José Aznar (1869-1895), parroco del Lugar.

El análisis cuantitativo de las cifras expuestas permite ver que el “Número de Almas” es de 637, cifra equivalente a la suma de almas de “no-comunión” y almas de “comunión” [217 + 420= 637], cuyo monto supone el total de habitantes del Lugar. Del mismo modo, si admitimos como cierta la hipótesis propuesta para las almas de “no-comunión”, aceptaremos que más de la mitad de los habitantes tenía menos de 9-14 años.
Según el registro, el año 1878 “cumplieron” con parroquia 340 almas, cifra que debe deducirse de las almas de “comunión” [420-340= 80], de donde obtenemos el número de almas/personas/habitantes que han dejado de cumplir con parroquia.
Asimismo, resulta del mayor interés la relación y cómputo de los que “han dejado de cumplir” con parroquia por estar ausentes, viendo que:
  •  “por motivos de milicia” hay 12 personas.
  •  “por motivos de estudio” hay 2 personas.
  •  “Por ganarse el sustento conduciendo maderas por los ríos” hay 24 personas, diciéndonos de una arriesgada actividad que fue muy común entre la gente del Rincón de Ademuz en otro tiempo, transportando maderas por el río Turia, hasta Valencia.[4]
  • Por hacer largas salidas á pedir limosna” hay 4 personas, informándonos de la existencia de individuos a los que podría calificarse de “pobres de necesidad”, gente menesterosa que debía salir de la localidad para buscar el sustento pidiendo.
  • Dementes” hay 2 personas, concepto bajo el que podría englobarse a los individuos trastornados (perturbados, desequilibrados y locos en general), empleado aquí de forma inexacta, pues la demencia no es propiamente “locura”. [5] ¿Por qué coloca el párroco a los “dementes” entre los que han dejado de cumplir con parroquia? Sencillamente, porque las personas en esta situación difícilmente podían confesar y por consiguiente comulgar.
  • Sordo-muda” hay 1 persona, situación o estado personal que también impedía substancialmente la confesión y la comunión.
  • privados de conocimiento” hay 3 ancianos, a los que su situación mental impedía la confesión y la comunión. Dicha expresión correspondería al sujeto específicamente “demente” arriba comentado.


Observamos que de los 80 individuos incumplidores hay 48 que han justificado su falta de cumplimiento por ausencia o impedimento mayor (enfermedad), de donde surgen 32 personas que “Han dejado de cumplir sin causa justificada”: [80 – 48= 32].


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Sello episcopal del obispo de Segorbe -don Mariano Miguel Gómez (1878)- en los libros sacramentales de Torrebaja (Valencia).


2) Respecto a la contabilidad del “Curato”, dice el registro:
  • Hay  en esta Parroquia un curato perpetuo que poseyó D. Anto-/ nio Valero y Soriano desde el 9 de Noviembre de 1816 hasta el 29 de Marzo de 1867 en que pasó á mejor vida. Le sucedió/ el Pbro. D. Dionisio Tortajada ahora difunto: el cual estuvo en calidad de Regente desde el 1º de Abril de dicho año 1867 hasta/ el 30 de Marzo de 1868, en que reemplazado por D. Benito Boné, actual Ecónomo de Santa Cruz, que estuvo de Regente/ hasta el 8 de Febrero de 1869 en que le sucedió el Pbro. D./ José Aznar que posee en la actualidad dicho curato con ins-/ tución canónica; colación y posesión.// Tuvo el Cura de esta Parroquia, entre las demás obligaciones, la general y comun de aplicar la misa pro pópulo en/ todos los domingos y fiestas del año, incluso las suprimidad/ y en el día 18 de Junio en que se celebra la fiesta de la Titular/ y Patrona Santa Marina V.// En los años que se visitan que son doce próximamente, á/ saber; desde el 4 de Julio de 1866 hasta el 29 de Mayo de/ 1878, han debido celebrar los Curas y Regentes 1021 misa/ distribuidas en la forma siguiente:


Relación de misas "pro populo" en la iglesia de Torrebaja (4 de julio 1866-29 de mayo 1879).
Curas y Regentes
Misas
Sr. Cura difunto [don Antonio Valero y Soriano]
60
Ecónomo D. Dionisio Tortajada
85
Idem. D. Benito Boné
77
Actual Cura Párroco [don José Aznar]
799
Total de misas pro pópulo
1.021
Elaboración propia (2011).

 Y termina diciendo:
  • Consta por los racionales haberse celebrado en los años que/ se visitan 946 (misas), habiendo por tanto un déficit de 85 (misas) que/ son las pertenecientes al Ecónomo D. Dionisio Tortajada, que,/// aunque las celebrara, como es de suponer, no dejó en la Parro-/quia racional ni nota alguna de su descargo.

 Parece haber un desliz en la contabilidad de los libros “racionales”, pues si sumamos las misas del cura difunto (60), las de don Benito Boné (77) más las del actual cura párroco (799), obtenemos 936 misas [60 + 77 + 799 = 936], cuando los racionales dicen de 946, diez más de las realmente celebradas. Si a esta cifra le restamos la totalidad de las misas que han debido celebrarse durante los 12 años que se visitan (1.021), comprobaremos que las misas previsiblemente celebradas por don Dionisio Tortajada son ciertamente 85 [1.021 – 936= 85].
Por lo demás, llama la atención la extensión temporal del curato de don Antonio Valero y Soriano, que regentó la parroquia de Torrebaja durante más de medio siglo (51 años), y la del cura actual, don José Azar, que llevaba casi una década (9 años), en contraste con los dos curas intermedios, que estuvieron alrededor del año (11 y 13 meses, respectivamente).


3) Respecto a la “Administración de almas”: No han llegado hasta nosotros los llamados libros “racionales” de la parroquia de Torrebaja, pero sí los Quinque libri o libros sacramentales (Bautismo, Confirmación, Casamiento, Defunción y Excomunión). La partida más antigua de Bautismos que se conserva data del año 1851; la de Confirmaciones, del año 1865; la de Matrimonios y Defunciones, del año 1852. Está completa la serie de libros de Bautismos, Confirmaciones, Matrimonios y Defunciones desde estas mismas fechas. No existen documentos notables ni libros de valor extraordinario.
4) Respecto a la “Celebración cantada y rezada”: Había en la parroquia la obligación de celebrar 24 misas cantadas, entre “Doblas y Aniversarios” y 70 rezadas, “pero atendidas las vicisitudes por que/ han atravesado los bienes del Clero –se refiere alas desamortizaciones- hace ya años que/ no se descargan estas obligaciones”, quedando a cargo del Estado.
5) Respecto a las “Misas testamentarias”, dicho epígrafe aparece en blanco, indicando la inexistencia de este tipo de misas, tan comunes en tiempos pretéritos.
6) Respecto a los “Oficios”: Vemos que había en la parroquia la costumbre de celebrar un Septenario (Virgen de los Dolores), Misereres (en Cuaresma) además de Salves y Responsos, cuyo coste se cubría con ciertos bienes que por entonces ya se habían vendido.
7) Respecto a las “Hermitas”: Censa dos ermitas en el término parroquial –San José (en Los Villares) y San Roque (en “Los Pajares” de Castielfabib), ubicándose la última, no obstante, fuera del término municipal. Eran ermitas pobres, pues ambas carecían de bienes, incluso los ornamentos de las celebraciones debían llevarse de la parroquia. La costumbre antigua era celebrar en estos santuarios en la onomástica del santo, y en las rogativas.
8) Respecto a la “Cuenta de los derechos de Defunción y Nuncio” de los adultos fallecidos en la Iglesia Parroquial de Torrebaja desde la Santa Visita girada [4 de Julio de 1866]:
Basándonos en la relación de difuntos podemos efectuar un estudio antroponímico, para ver los nombres, apellidos y sexo de los enterraos “amore Dei” en Torrebaja durante el periodo histórico (1869-1878). Para el estudio se excluyen los dos pobres transeúntes, uno de Ademuz y otro de Liria (Valencia).
Acerca de los nombres, por orden alfabético y de frecuencia: Agustina, Ildefonso, Joaquín, José, Juan Antonio, Julián, Ramón, Rosa, Rosalía, Santiago, Valentina y Vicente (1), Antonia, Antonio y Manuel (2), Francisca y Josefa (3), y María (5).
Acerca de los apellidos, por orden alfabético y de frecuencia: Andrés, Eslava, Bea, Bonilla, Calvo, De la Torre, Esparza, Garcés, Gimeno, Lázaro, Lorente, Luis, Muñoz, Pérez, Rodríguez, Romero, Tortajada y Valdecebro (1), Arnalte, Blasco, Cañizares, Gómez, Morales y Pastor (2).
En cuanto al sexo, figuran: 17 mujeres y 12 hombres.


En el periodo de estudio el total de adultos fallecidos fue de 110, cifra de la que se restan los 31 fallecidos y enterrados “amore Dei”, esto es, por caridad y no cobrados. De ahí los 79 adultos fallecidos y cobrados. Dicha cifra la multiplica por el precio estipulado para este tipo de entierros (2 reales + ¾) de donde salen 158 reales + ¾. A esta cifra le suma 59 + ¼ de donde obtiene la cantidad de 217 + ¼, a la le añade 13 + ¾ (del anterior curato), de donde se obtiene un total de 231 reales. Pues 217 + 13= 230 + (¼ + ¾) = 231 reales.
El informe está datado en Torrebaja, a 29 de mayo de 1878, y lo firma José Azar, Presbítero.
Por debajo de la firma del párroco hay una diligencia del secretario de la Visita, junto con la firma del prelado y el sello episcopal, que reza:

+ DR. D. MARIANUS MIGUEL GOMEZ, DEI ET SANCTAE [ASG] EPISCOPUS SEGOBRICENSIS.


El obispo don Mariano fue después designado para la sede de Vitoria (1881) y falleció en Valladolid, siendo arzobispo de esta archidiócesis (1890).

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Firma autógrafa del obispo de Segorbe -don Mariano Miguel Gómez (1878)- en los libros sacrametales de Torrebaja (Valencia).
III.- Acerca de las confirmaciones del año 1878.

La Confirmación es uno de los sacramentos de iniciación en las iglesias cristianas, por el que las personas bautizadas se integran plenamente en la comunidad de los creyentes en Cristo. En el libro de Bautismos de la parroquia de Torrebaja constan los nombres de los confirmandos en el año 1878. Según los documentos fue una administración sacramental multitudinaria e interparroquial, pues se confirmaron niños y niñas de Torrebaja y otros pueblos y aldeas del entorno:
  • En el Lugar de Torrebaja, á los/ treinta días del mes de Mayo de mil ochocientos/ setenta y ocho, haciendo la Santa Visita el Ilmo. Sor./ Dr. D. Mariano Miguel Gómez por la gracia de Dios/ y de la Santa Sede Apostólica Obispo deSegorbe ad-/ ministró en esta Parroquia el Santo Sacramento de/ la confirmación á los siguientes, siendo padrino de/ los niñas D. Francisco Gimeno Martín, Alcalde y/ de las niñas, Engracia Gimeno Esparza, excepto de/ sus dos niñas o hijas./ Y para que así pueda constar lo firmo/ en Torrebaja á primero de Junio de mil ocho-/ cientos setenta y ocho. José Aznar, Pbro. [firma y rúbrica].


Según hemos visto arriba, las confirmaciones tuvieron lugar por la tarde del día siguiente de la llegada del obispo a Torrebaja. En total fueron confirmados 201 jóvenes [108 niños y 93 niñas], la mayoría de la parroquia Torrebaja, pero también los había de otros lugares, como Torrealta, Los Santos (Castielfabib), El Cuervo y Libros (de la diócesis de Teruel) y Val de la Sabina (Ademuz). Como padrinos actuaron don Francisco Gimeno Martín, alcalde de Torrebaja (1877-1879) y su esposa, que lo fueron de todos los confirmandos, menos de sus hijas. La relación se hace por sexos, reseñando el nombre y apellidos de cada uno, seguido del nombre de los padres. Gracias a tan detallada relación podemos ver que entre los niños y niñas que recibieron al Confirmación ese día se hallan muchos de los predecesores de los actuales torrebajenses, cuya relación serviría para un amplio estudio antroponímico.

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Don Mariano Miguel Gómez, obispo de Segorbe (1876-1880).

IV.- A modo de epílogo.

La visita del obispo de Segorbe -don Mariano Miguel Gómez (1876-1880)- al Lugar de Torrebaja en mayo de 1878 se produjo en el contexto de la Santa Visita que el prelado giró por la Diócesis en su corto pontificado, cuya estancia quedó registrada en los libros sacramentales (Quinque libri) de la parroquia.[6] Del protocolo de la visita cabe destacar el recibimiento del vecindario -párroco, señores del Ayuntamiento y feligresía- que acudió a recibir al prelado “al otro lado del río Blanco o Turia”, el regreso de la comitiva al pueblo y la llegada a las puertas del templo, así como las ceremonias propias de la Visita. Resultan de interés los cánticos entonados: una antífona –Sacerdos et Pontifex- forma musical y litúrgica propia de la tradición cristiana, en este caso entonada por el párroco, y un Te-Deum, uno de los himnos cristianos más antiguos, utilizado para dar gracias a Dios, utilizado en momentos de celebración especial, como era el caso. Finalmente, el prelado “hizo la absolución de los difuntos”, y visitó la pila bautismal, santos óleos y crisma, altares y sacristía, para comprobar su estado.
Las cifras poblacionales del censo parroquial resultan de gran interés, pues este tipo de vecindario carece del margen de ocultación propio de los llevados a cabo por las autoridades civiles con finalidad fiscal. Sin embargo, plantean diversos problemas metodológicos, como el establecimiento de la edad “de comunión” y “no comunión” (lo que sirve para establecer el segmento de población infantil, habitualmente numeroso), y el concepto de “Alma” y “Vecino”, más sencillos de dilucidar.
De los epígrafes del “Estado personal de cumplimento de Parroquia” destaca la existencia de 24 personas, que se hallaban fuera de la localidad “Por ganarse el sustento conduciendo maderas en los ríos”, aludiendo a los “gancheros” actividad frecuente en las gentes del Rincón de Ademuz durante siglos; y la de 4 personas, asimismo ausentes “Por hacer largas salidas a pedir limosna”, lo que nos dice del estado de necesidad de algunos paisanos. Y los 32 que “Han dejado de cumplir sin causa justificada”, digamos los “alejados” de la Iglesia o bautizados no practicantes, que suponen el 7,61% de las almas “de comunión” y el 5,02% del censo.
Entre los párrafos del “Curato” destaca el que dice de las obligaciones del cura de la parroquia de Torrebaja que, además de las habituales tiene la “general y común de aplicar la misa pro populo en todos los domingos y fiestas del año, incluso las suprimidas y en el día 18 de Junio en que se celebra la fiesta de la Titular (del templo) y Patrona (de Torrebaja) Santa Marina V”. En el mismo apartado se informa de los curas habidos en la localidad, cuyos curatos abarcan desde mitad de la segunda década del siglo (1816) hasta la segunda mitad de los años setenta de la misma centuria (1878), llamando la atención el de don Pedro Antonio Valero y Soriano (1816-1867), “que pasó a mejor vida” el 29 de marzo de 1867, a la edad de 82 años, siendo inhumado en el antiguo cementerio de “Santa Bárbara”.
Resulta de interés la “Cuenta de los derechos de Defunción”, que se refiere a los adultos fallecidos en la iglesia parroquial de Torrebaja en el periodo visitado (1866-1878). Según vemos, en dichas cuentas no entran los niños o párvulos (menores de cinco años). Durante los 12 años que se visitan hubo 164 fallecimientos (unos 13,7 adultos por año), de los que 36 fueron enterrados “amore Dei”, por amor de Dios o por caridad, esto es, sin cobrar el cura estipendio alguno por ellos. La contabilidad parroquial lo deja bien claro, pues, dada la precariedad de los tiempos, ello iba en perjuicio del párroco, que veía limitadas sus ya escasas rentas. Por la “Administración de almas” vemos que el párroco completaba su sustento “de lo que la caridad de los fieles (daba) en las calles, hornos y cepillo”, y de lo percibido por las misas de encargo. Además, el párroco tenía obligación de celebrar cierto número de misas al año: 24 cantadas, “entre Doblas y Aniversarios” y 70 rezadas. Pero dadas “las vicisitudes por qué han atravesado los bienes del Clero (refiriéndose a las desamortizaciones), hace ya años que no se descargan estas obligaciones”, expresando que por esta razón deben quedar “á cargo del Estado”.
Referente a las ermitas que censaban en la parroquia –San José y San Roque-, vemos que ya entonces eran pobres, pues “Ninguna de ellas tiene alhajas ni ornamentos. Todo tiene que llevarse de la Parroquia en los días de Rogaciones” y otros en que era tradición celebrar, como también sucede en la actualidad. En cuanto al estudio antroponímico de los fallecidos y enterrados “amore Dei” en Torrebaja durante el periodo objeto de estudio vemos que hubo 17 mujeres y 12 hombres. Los nombres más frecuentes entre las mujeres fallecidas fueron: María (5), Francisca y Josefa (3), y entre los hombres: Manuel (2). Respecto a los apellidos, los más abundantes fueron: Arnalte, Blasco, Cañizares, Gómez, Morales y Pastor (2). La mayoría de los nombres y apellidos todavía siguen vigentes entre la población. Por frecuencia, según mes del año: octubre y diciembre (5), mayo (4), enero, abril y junio (3), marzo y agosto (2), febrero, julio, septiembre y noviembre (1). De donde vemos que la estación en que más fallecidos (y enterrados “amore Dei”) hubo fue otoño e invierno, seguida de la primavera, lo que podría servir para relacionar la climatología con el estado de necesidad y condiciones de vida de estas personas.
Referente al monetario, vemos que para la contabilidad se utilizan los reales y su fracción, aunque la peseta ya era oficial desde la década anterior (1868). Vale.

© Alfredo SÁNCHEZ GARZÓN.
De la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).



NOTAS:
[1] AGUILAR, Francisco de Asís. Noticias de Segorbe y de su obispado por un sacerdote de la diócesis. Segorbe, 1890/Valencia, 1975, vol. I, párrafo 222, Pp. 216-217. SÁNCHEZ GARZÓN, Alfredo. “Iglesias y ermitas del Rincón de Ademuz, origen y desarrollo histórico”. Ababol 35 (2003) 30-35 y Ababol 36 (2003) 21-27. Id., “Iglesias y ermitas del Rincón de Ademuz,...”. En Del paisaje, alma del Rincón de Ademuz, Valencia, 2007, vol. I, pp. 145-152.
[2] Don Mariano Miguel Gómez era natural de Cervera de Pisuerga (Palencia). Estudió derecho y teología en Valladolid, donde fue rector del Seminario. Consagrado obispo de Segorbe (1876). En cuanto a su pastoral, fomentó la enseñanza de la doctrina cristiana los domingos y festivos, el rezo del Santo Rosario, la frecuencia del sacramento de la penitencia, las conferencias morales y litúrgicas para los sacerdotes, el cuidado del traje talar, la limpieza de las iglesias y el arreglo de las Casas Abadías. Insistió en la importancia del mantenimiento del orden y la pulcritud en los libros parroquiales, los Quinque libri (Bautismo, Confirmación, Matrimonio, Excomunión y Defunción), y revisó los estatutos capitulares. Fue trasladado a la diócesis de Vitoria (1881). Aguilar, Op. Cit., vol. II, Pp. 911-939.
[3] CÁRCEL ORTÍ, María Milagros. Relaciones sobre el estado de las diócesis valencianas, Valencia, 1989, tomo I [Orihuela], p. 15.
[4] ANTÓN ANDRÉS, Ángel. “Ir a la madera”. Ababol 21 (2000) 18-20; Rueda, José. “Documentos del Aureum Opus”. Ababol 22 (2000) 14-20; Blasco Álvaro, Bienvenido. “Los gancheros del Rincón de Ademuz”. Ababol 23 (2000) 10-17. Martínez Alabau, Luciano. “Mi abuelo paterno, ganchero”. Ababol 24 (2000) 11-15; Antón Andrés, Ángel. “Ir a la madera”. Ababol 26 (2001) 11-15; Rubio Herrero, Samuel. Montes y gancheros de la comarca del Rincón de Ademuz, Valencia, 2006.
[5] Conceptualmente, el término “Demente” (Del latín, demens/ -tis), alude a un proceso degenerativo, normalmente progresivo e irreversible de las facultades mentales del ser humano, manifestado por trastornos de la memoria y la atención, empobrecimiento del lenguaje y de la capacidad de cálculo, además de la pérdida de los criterios éticos y sociales del comportamiento.
[6] Concluida al Santa Visita Pastoral, el prelado dio auto general, con los siguientes mandatos: “Que los párrocos ó ecónomos expliquen la doctrina cristiana todos los días festivos antes ó después del rosario, pues la ignorancia es grande; Que fomenten las cofradías, recomendando expresamente la Corte de María; Que se sienten en el confesonario sin necesidad de que los fieles les avisen; Que tengan dos veces al mes conferencias morales y litúrgicas; Que al principio del año se lea desde el púlpito una lista de los bautizados, de los casados y de los fallecidos en el año anterior, para advertir y corregir las omisiones; Que los curas rurales gasten cada año de dos á tres duros en reparar la casa abadía, cuatro los de entrada, y de seis á ocho los restantes, enviando recibo justificativo de haberlo hecho, á secretaría; Que no se fume en las sacristías”. El texto incluye otros preceptos, relativos al traje talar, la limpieza de las iglesias, los inventarios, etc. AGUILAR, Op. Cit., vol. II, pp. 934-935, párrafo 757.

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